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lunes, 27 de octubre de 2014

LOS PUENTES DEL ANSIA, Ronald Bonilla (Costa Rica)


LOS PUENTES DEL ANSIA
I
Este puente tendido de barcazas e hilachas,
estas caderas solas que me rozan la noche,
este beso empezado que quizá no nos muerde,
esta tibia manzana,
este alud del encuentro
que a veces malogramos,
esta sed que nos cerca cuando ansiamos asirnos
y esta boca toda llena de luz que me entregas
y estas manos redondas que se vuelven planetas,
tus ojos que preguntan por mis campanas mustias,
por el amor que se pierde o reencuentra,
que se dilata o empina, este puente tranquilo
que no cede al embate de los locos torrentes,
son solo signos para que el amor no se caiga,
no se abrume, no se ahorque con sogas espurias,
son símbolos que tan solo encendemos
con los leños del viento,
con la sed que nos insta
a cubrirnos de abrazos
para que la mañana,
al final de la diáspora,
nos ame.
II
Este puente, este terraplén,
esta terracilla que pusimos sobre tejas y olvidos,
y el viento ululando en las noches
con su diatriba azul, con sus fantasmas,
este sol saliendo a las seis
sobre la carpintera del mundo,
este andrajo del miedo asolando el afuera,
y nosotros, al fin silentes
orando porque la noche oculte su ribete de sangre,
porque se haga la luna con su ovillo del ansia
un acordeón insólito que visite la casa.
Nosotros ya un poco cansados,
un poco asediados por las ruinas y el ocre,
un poco aturdidos por las viejas mareas
que al fin deciden volver a su siesta,
nosotros, digo, nosotros…, no lo olvides…,
dulzaina de redes que envolvieron al cielo,
ancla de mis pasos, frontera para el choque
de equinoccios lascivos, fuente de besos
que a morir se resisten, remo a remo
nos abrimos al ciego porvenir de las horas:
corazones pulsantes de la sed que se aviva.
III
Y si después de cruzar tanto puente derruido,
de acariciar sus barandillas ficticias
o de nobles maderas o de rústica sed,
si después de sortear las tablas del vacío
y arribar a la orilla de estas noches,
si después de tanta palabra convocada
no quedaran gargantas,
no hubiese corazones para vibrar al unísono,
no sería mejor que apagaran todo,
que pagaran las cuentas que debemos al mundo,
que desconectaran ya todos los artefactos,
digo… que apagaran todo y nonada,
como dijo el poeta peruano,
“¡que se lo coman todo y qué más da…!”,
no dar más vueltas y vueltas al cercado del alma,
si después del encuentro solo fuéramos tedio…
no estaríamos cediendo nuestra sed al olvido.
Deja ya tanta inopia; es mejor esperarte,
escondido en la sombra
con el ansia misma del origen,
y seguir desordenándote, amor,
las lunas en la alcoba,
en la vorágine misma donde late el poema.

De mi libro APUNTES PARA UN GRAFITI
PREMIO UNA PALABRA 2013
Editorial Universidad Nacional (EUNA) 2014
(APARECIENDO EN ESTAS FECHAS)

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