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lunes, 3 de noviembre de 2014

EL HACENDADO Y LOS CABALLOS FANTASMAS, Laura M. (San MIguel Ixtapán)

HISTORIAS de terror; el hacendado y los caballos fantasmas

Esta espeluznante historia sucedió en una hacienda en San Miguel Ixtapan, en el estado de México, fue enviada por Laura M. Que la disfruten
REDACCIÓN
02 de noviembre 2014
13:32

(Foto: Especial/El Universal)
Por Laura M.
En mi familia somos tres mujeres, desde niñas compartimos una amistad muy linda con tres amigos.
Unos meses antes de que yo me casara decidimos ir a visitar a unos amigos a una hacienda en San Miguel Ixtapan, en el estado de México, para pasar un fin de semana. Mis hermanas y los chicos se fueron un jueves y yo llegaría el viernes ya que tenía que trabajar.
Al llegar al pueblo tenía que tomar un camioncito que me llevaba a la hacienda.
Llegué a las 6 de la tarde y el conductor me advirtió que en la noche ya no debíamos salir a la carretera porque era peligroso, nunca me dijo por qué, pensé que lo decía porque era mujer.
Al llegar a la hacienda todos estaban en la alberca, la hacienda es hermosa y muy antigua. Al irnos a dormir todos quisimos quedarnos juntos en un salón con muchas camas, los techos eran altísimos y las puertas grandes y de madera muy pesada, tenían unas trancas gruesas.
En la noche platicábamos mucho, poniéndonos al día y con muchas carcajadas.
A eso de las 2:30 AM nos despertamos por el ruido de caballos muy cerca de la puerta, yo pensé que tal vez la pareja que ahí vivía había dejado abierta la caballeriza.
El ambiente era helado y uno de los muchachos salió para amarrar al caballo, cuando salió no había nada, ni nadie.
Obviamente nos pusimos nerviosos y cerramos bien las puertas, las cuales se conectaban con otras salas y la cocina.
Media hora más tarde se abrieron de golpe todas las pertas, eran cuatro y al mismo tiempo se escuchaba alguien pidiendo ayuda muy cerca de nosotros, yo me asusté mucho y casi vomito del miedo.
En ese instante salimos corriendo a buscar a la pareja que ahí vivía, en su recamara tocamos con desesperación y nadie nos abría, por un rato no escuchamos nada una hora después se escuchaba de nuevo un caballo que trotaba en la carretera, se oía como que iba y venía rápido, ninguno quiso asomarse de nuevo. Nos quedamos a dormir en la cocina con la luz prendida.
Al día siguiente, la pareja nos despertó sin mucho asombro y sólo nos preguntaron por qué no les habíamos tocado. En el desayuno nos platicaban que en ese pueblo y a unos metros de la hacienda había muerto un hacendado que se había caído de su caballo, algunas veces pasaba a las casas y haciendas abriendo las puertas para que le auxiliaran.
No volvimos a regresar a visitar a nuestros amigos a esa hacienda.
 

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