Amazon Deals

domingo, 30 de octubre de 2011

VIENTOS DEL PUEBLO



A MIGUEL HERNÁNDEZ
VIENTOS DEL PUEBLO

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.
Miguel Hernández.
Tus recuerdos ya me llevan,
corriendo por la pradera
para gritar los dolores de gente
como tu gente; de gente como nosotros…

Tus dolores no son nuevos son dolores muy añejos,
que de tanto apacentarse ya se nos volvieron viejos,
y de tanto presumirse, ya se volvieron bronca,
pues son males de la gente, que son sociales y ronca…

Tus pasos me hacen cantar cuando recito tus coplas,
y me llevan a bailar, con arpegios populares,
para saber de tus cuitas, hay que mamar de tus coplas,
y esconderse tras la puerta, detrás de los lupanares…



Miguel, te estimo, te quiero, te alabo tu poesía,
pues tengo un dolor adentro que sólo con letra sale
aunque eso no sea remedio para el mal que nos acedia
y ojalá mi canto quede, como homenaje y ¡te vale!

Ay, el rincón de tu vientre;
el callejón de tu carne:
el callejón sin salida
donde agonicé una tarde.

Miguel Hernández

Tus pasos, son paso firme,
donde el ritmo se agradece,
y es que te leo antes de irme
a mecer, en tus versos, y me mece…

Quiero tener puño firme,
no blandengue y que no crece,
para escribirle a mi amada
todo lo que se merece.

Verso, habla, recita y lee
pero díselo muy fuerte
para que lo sepa Hernández
y se lo cuente a Miguel.

Sigo tus pasos, poeta,
por las calles de los libros,
sigo tu vuelo, saeta,
para aprender tus requiebros.

Sigo, miro, y no comprendo,
porque resulta te leo, y leo,
pero no te aprendo
por más que veo, leo y veo.

Schopenhauer

Lévi - Straus

Hegel

Fernando Savater

Nietzsche

Deleuze

Baruch Spinoza

Lord Byron

Nietzsche en poster

Miguel de Unamuno

Caricatura de Nietzsche

Mao Tse Tung

jueves, 27 de octubre de 2011

Clionáutica: ¡¡¡AVANDAROOOOO!!!

Clionáutica: ¡¡¡AVANDAROOOOO!!!: AVANDARO, Méx, 12 de septiembre- Cuando el baterista del grupo "Three souls in my mind" dio el último toque con sus platillos eran las 8 de ...

martes, 25 de octubre de 2011

NACER



Quiero nacer tres veces, otra vez,
nacer y revivir cada momento,
poder pasear los ojos por la vida
y recordarlo todo, y saborearlo;
poder pasear como recién nacido,
poder pasear como elemento nuevo
en un horizonte siempre vivo...

Quiero tener un soplo de inteligencia
en el corazón para hacer el bien
en todo momento, como ave de tempestades
al revés: siempre dispuesto a reconocer,
reconocerme y reconocer a los demás...

Quiero tener un ritmo mañanero,
al despertar sin deudas con el sueño
ni presiones sin par al mediodía...

Quiero ser otra vez como renuevo
que nazca con el sol de la mañana
y me apoden sol, luna o asteroide,
o alba humanizado por la brisa;
poder aspirar las dudas y recobrar
las señas...

UNO

Quiero querer pero no puedo nada
quiero nadar pero no existe el agua;
quiero querer pero no quiero nada
puedo querer pero no mojo a nadie...

DOS

Estoy aquí, plantado en este bosque,
como promesa que espera todo y nada.
Estoy aquí pero tropiezo en lodo
al respirar me vienen nubes en los ojos...

TRES

Quiero querer y quiero poder,
deseo querer, puedo poder...

CUATRO

Una nube oscura, muy negra,
se tiende al horizonte;
una nube nos tapa lo que viene:
son las vísperas, creo, del
gran fracaso...la humanidad
se hunde muy de prisa...

lunes, 24 de octubre de 2011

CORRIENTES

Todos los posts de blogMi BlogEditar entradas de blogAgregarOpciones▼.CORRIENTESPublicado por Benjamin Araujo Mondragon el octubre 25, 2011 a las 12:36am
Ver blog
.Miremos desde lejos; miremos desde fuera;

miremos desde dentro, miremos el entorno:

todo lo que ocurre pasa, pasa, pasa y deja huella,

todo nos marca como reses en corral,

todo,

todo,

todo...







I



Miremos porque sólo mirar promueve nauseas,

miremos, aunque las nauseas, ataquen nuestras

emociones por siempre; llevemos las huellas

del pensar, del decir y del quehacer

hasta sus límites.



Miremos porque sólo observar deja unas marcas

en la memoria fiel para que no olvidemos.

Miremos para saciar la sed de acontecimientos

que guardan nuestros genes; miremos...



Observemos las sensaciones de los sucesos,

observemos hasta sacar la médula a las cosas.



Observemos y hagamos de todo un monumento,

para formar la historia miremos, observemos,

absorbamos...



Ojos para la escalera, ojos para el desierto,

ojos en el infinito, ojos en el horizonte,

ojos en lo inmediato para hacer de todo

un hato...





II



Toquemos, palpemos, sintamos con la piel:

lo que pasa y sucede puede ser trascendente,

y de no tocar, acaso nos arrepentiremos

y el tiempo nunca, nunca, nunca, jamás,

jamás da marcha atrás...



Respiremos, con todo, los sentidos

inunden nuestras pieles;

hagamos de los sentidos una máquina

etérea que atrape los acontecimientos...



Tomemos del oxígeno ambiental

lo bueno y lo malo;

no dejemos que escape

pues acaso mañana no existe,

no existirá, nunca ha existido...



Sólo es tiempo de hoy,

un hoy eterno

que corre, que transcurre,

que no se deja atrapar...

sábado, 22 de octubre de 2011

MOLESKINE ® 32: NO HAY SEGUNDA OPORTUNIDAD

MOLESKINE ® 32: NO HAY SEGUNDA OPORTUNIDAD: La vida es ahora y no después. He conocido un montón de gente que, al parecer, está esperando una segunda oportunidad. Está esperando a que ...

Tomado de la Revista Archivos del Sur







Homenaje a Miguel Hernández

Qué cantos, qué sirenas…
¿Qué aullidos, del recuerdo, romperán las cadenas?
Y en los muros de tu sagrado encierro
¿Qué secretos funestos escondidos te llevas?
¡Ah Miguel, el de Orihuela…!
Ah poeta -en compromiso de una idea-
Si los ángeles acunaran tu marcha de pastor
Y Góngora te hablara, como ayer, al oído
Creeríamos, todos, que aún no estás vencido.
Tu caminar poético nos muestra la contienda:
Poesía y palabra: Machado. Rubén Darío.
Y en el verso creyente, el abrazo al amigo…
Una fuerza fluyendo entre pastos pisoteados.
Por cabras abonados, en tus sueños de niño….
Las letras españolas acunaron tu esencia
Y lamentan el sino de tu partida enhiesta
Guerrero enamorado del poema naciente
Tu recuerdo acaricia la humanidad doliente…
Un Neruda, en la historia,
va contándonos cuitas de luna paseandera.
De tu luna ¡Maestro! De tus versos geniales
De esa sombra, entre luces, de esa luz entre cruces…
¡Oh Miguel de la historia!
Como un rayo certero, penetras la palabra
Y un soneto de muerte se agita en la memoria
¡Ah Miguel de Orihuela!
Cabalgata nocturna de romántica espuela.



(c) María Alicia del Rosario Gómez de Balbuena

REVISTA ARCHIVOS DEL SUR: Una obra teatral recreará a Ana Magnani y a Teness...

REVISTA ARCHIVOS DEL SUR: Una obra teatral recreará a Ana Magnani y a Teness...: (Buenos Aires) Una obra teatral del autor americano Franco D`Alessandro recreará la relación entre la actriz del ne...

jueves, 20 de octubre de 2011

A PABLO NERUDA

Amigo, Pablo,

a la distancia del tiempo

te invoco,

maestro,

amigo,

hermano,

poeta,

mucho aprendí de tí

sobre todo el placer

del ritmo

la letra hecha música.


Pablo,

te invoco y te recuerdo,

enaltecidamente;

no soy capaz

ni siquiera de ver el talón

de tus pies de poeta

chileno universal.

FIN



El vacío está presente,
se oyen ya los ecos del precipicio.

El vacío está llegando,
se huelen ya los pasos del terror.

El vacío ha llegado,
se precipitan a nuestros oídos los signos
y los efectos de las mutilaciones
y de las ausencias...

El vacío está presente:
ha llegado la hora,
no esperemos más...
¡es la hora final!

miércoles, 19 de octubre de 2011

POEMA DE RONALD BONILLA

A N D E N E S

Ese fue el carrusel,
quizá el columpio que mecimos
interminables en la sonrisa de los hijos.
Eso que hoy la lluvia
se llevó al desfiladero del orín o el abandono.

Aún está aquí
nuestro viejo patio de tan antiguas claridades,
los gatos rondando el sopor
acaso para inventar nuevos niños.
Aún cuando llueve,
el limonero del vecino extiende
sus amarillas yemas de exquisita acidez
y antoja a la ventana.
El pequeño galerón con sus latas al sol
tiende esas ropas en aburrimiento total.
No ves que ya crecieron los muchachos
y nosotros no tenemos nada de qué hablar
que no sean las trifulcas de gastos y de objetos fallidos.

Perdona,
hace tiempo te dejé pero estoy aún atado
a los rincones obtusos de mi tedio.

Soy el que te anula, el que se mata,
el que no tiene adónde ir si no a los versos
que el revés de esta historia dejó en viejos andenes
que nunca se marcharon.

martes, 18 de octubre de 2011

A JOSÉ SARAMAGO



José Saramago (1922-2010)In Memoriam


Maestro de maestros,

predicador de textos

y verdades;

has emprendido el viaje

confortable,

más largo y

más extenso

de tus andares.



Te haz enfrentado

con El Hacedor,

al que negaste

tres veces siete

ó siete veces tres:


Te recibió

con bombos y platillos.



Una pléyade de lectores

alados

te acompaña.



Señor de las cegueras

más lúcidas;

predicador del Evangelio

según Tumismo,

acompañador de las viscicitudes

humanas

del siglo XX/XXI.



Eres eterno;

eso dice tu obra.

Acompáñanos siempre

con tu bondad

desparramada ya

en tus libros.

domingo, 16 de octubre de 2011

A WALTH WITHMAN


"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
Walth Withman

HOMENAJE A WITHMAN

Abre tus ojos grandes, vuélvelos a la vida,
maestro de maestros, poeta de infinitas voces
y sonidos agudos sobre problemas graves.

Eres tú una réplica exacta de tus antecesores:
sabes solfear sin música,
caminar sin pies
y ver sin ojos;
eres exacto amigo, eres preciso,
como un reloj Big Ben…
eres la precisión para saber de migas y diretes,
eres la exactitud para saber de abismos y de alturas…
eres tú, Walth, amigo, maestro de maestros…
el único que supo condenar a la estrofa
y poner acento preciso en el verso libre…

Hojas de hierba en tu mirada,
hojas de hierba en tu respiración,
tus pasos signados por la hierba,
no sabían, ni imaginaban,
que tendrían como seguidores
a gente grande, como:
Rubén Dario,
León Felipe,
Federico García Lorca,
Jorge Luis Borges,
Wallace Stevens,
Allen Ginsberg,
a Neruda, a Lawrence, a Elliot o a Pessoa y sus ramas…

Podríamos decirte, hoy,
a la distancia del tiempo:
¡Oh capitán, oh, capitán
¿por qué nos abandonas cuando la marea es alta?
Oh, capitán, oh capitán,
¿por qué nos dejas a expensas del mar revuelto
y de la tempestad?

Oh capitán:
tú bien sabes, como amigo y maestro,
pero sobre todo como poeta
que la pobreza es extrema
si no se atiende el alma;
que la miseria es una cadena
si no se acude al oxígeno de la lectura.
Bien, muy bien que lo sabes, Walter querido,
Mi camarada amigo, maestro de tropelías
en las letras…

Walter, enséñanos a vivir,
de pie, ante los problemas;
enséñalos a respirar ante las tempestades…
enséñanos a leer la Biblia
con ojos de poeta;
enséñanos a mirar a todos
sin prejuicios
y a comer los platos esenciales
de la sexualidad,
sin cubiertos, ni arneses…

Y, qué suenen tambores…
a duelo por tu muerte;
que suenen para atajar
las voces del silencio.
Qué suenen, suenen fuerte,
tambores de poesía,
por todo el mundo y por todo el planeta,
para acallar infernos silenciosos
que atentan contra la poesía,
y ¡contra tu memoria!

En tu nombre, Walter,
pidamos paz al mundo,
para que la necrosis no domina e invada
todo espacio pudiente…


Pidamos paz y oremos,
oremos con la poesía de
de nuestros corazones,
inflamados de amor por el mundo que es triste,
por el mundo que vaga,
sin abrigo y sin dueño,
como navegando a la deriva…

Canta a ti mismo, Walter,
canta a los oídos de todos los humanos.

jueves, 13 de octubre de 2011

¡¡¡Ladran, Sancho...!!!





Mientras vivo y contemplo,
muy despacio,
las viscisitudes del trueno y su prosodia;
mientras vivo y habito interjecciones,
como comas, y bebo interrogaciones...





Mientras vivo y contemplo,
muy despacio,
las hazañas de ayer de otros hidalgos;
mientras vivo y habito en otras vidas
logro mirar muy bien
otros ejemplos
y éticas qué seguir...





Mientras vivo y contemplo,
muy despacio,
las injusticias llanas de la vida;
y logro evaluar las costillas
de mis contemporáneos;
logro también vivir en otras vidas
y logro hojear y ojear
libros y libros...





Mientras vivo y contemplo,
muy despacio,
los atropellos que sufren pobres niños:
los golpes de adultos y de ancianos
por gente que vivo de esos males...

Mientras vivo y contemplo,
muy despacio,
me apresuro al galope, Sancho Panza;
vámos contra Molinos de Viento
y contra molinos de injusticias:
no importando que ladren, mi buen Sancho;
¡cabalguemos!

miércoles, 12 de octubre de 2011

¿Llegar?



El fin de todo paso es llegar;
el fin de todo amor es querer:
pero al iniciar el rumbo para amar
siento que todo viene a entorpecer...

martes, 11 de octubre de 2011

ENTREVISTA A THOMAS TRANSTRÖMER

Tomas Tranströmer (Estocolmo, 1931) ha respondido a mis preguntas por escrito. No por la moda electrónica de nuestra época, sino porque hace dos décadas que se comunica así con el mundo. Él mismo hará alusión en la entrevista al ictus, el stroke, que sufrió hace unos años. Aquello lo privó del habla, y dejó paralizada la mitad derecha de su cuerpo. Sus lectores siguen asombrados y desconcertados porque el propio poeta había publicado varios años antes unos versos que anunciaban una hemiplejia. Está reconocido internacionalmente como alguien que pone absolutamente al día las antiguas funciones del poeta.


Pregunta. Es muy horaciana su percepción del hielo y la nieve, en la medida en que propician el apartamiento. ¿Sigue usted reclamando diez minutos de soledad poética para inaugurar el día y clausurarlo?

Respuesta. Ahora, ya cumplidos los 80, tengo tiempo de sobra para satisfacer mi necesidad de soledad. Hoy son otras las dificultades para mi ejercicio de la escritura.

P. La sonoridad de su poesía es un placer. Por ejemplo "barkborrarnas protokoll" suena también rotundo en la traducción: "El protocolo de la termita".

R. ¡El sonido de las palabras me proporciona una inmensa alegría!

P. Imagino que haberse formado y haber ejercido su profesión fuera de la literatura le ha permitido mayor libertad. Me refiero tanto a la creación misma de los textos como a su independencia personal.

R. Siendo joven, reconocí que no podía mantenerme ni alimentar a una familia con la escritura de poesía; de modo que elegí una profesión que no perturbase la escritura, sino que le agregase experiencia. Por esto elegí la profesión de psicólogo, de lo cual nunca me he arrepentido.

P. Ante la fragilidad económica de Europa, ¿podemos pensar en una poesía europea, con independencia de los idiomas?

R. El poema va a depender siempre de la lengua en que nació. Pero tal vez en el futuro va a ser más fácil para el poema atravesar fronteras.

P. El sueño (de dormir) y los sueños (de soñar) son constantes en su obra. No ha tenido miedo a ver en el despertar una resurrección. ¿Es el poeta el que mejor puede convertir el sueño o los sueños en lenguaje?

R. Un poema no es otra cosa que un sueño que yo realizo en la vigilia. El sueño y el poema vienen de la misma persona. Tienen algunas leyes compartidas. Tengo una relación de mucho amor con el sueño. Me voy a la cama como si fuese a una fiesta. El despertar es casi siempre una desilusión.

UN POEMA DEL PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2011 *

*Thomas Tranströmer...

Poema 'Allegro'


Toco Haydn después de un día negro

y siento un sencillo calor en las manos.

Las teclas quieren. Golpean suaves martillos.

El tono es verde, vivaz y calmo.

El tono dice que hay libertad

y que alguien no paga impuesto al César.

Meto las manos en mis bolsillos Haydn

y finjo ser alguien que ve tranquilamente el mundo.

Izo la bandera Haydn -significa.

"No nos rendimos. Pero queremos paz".

La música es una casa de cristal en la ladera donde vuelan las piedras, donde las piedras ruedan.

Y ruedan las piedras y la atraviesan

pero cada ventana queda intacta.

Del libro El cielo a medio hacer (1962), incluido en la antología Deshielo a mediodía (Editorial Nórdica). Traducción de Roberto Mascaró.

E S T A C I O N E S

Desde la luz del alba de los tiempos
mi soledad se oculta en el silencio.
Tanta promesa advierto en el paisaje
que a la carne y la piel hace testigos.

Nada puede ofrendarse desde el caos
sino la filiación del mar,
la traición del desierto,
la selva como abrigo,
la desnudez del viento
y las montañas todas para orar.

No se ora en el litigio del hermano,
ni se apetece el caos con la mirada.
Sólo valen los cantos cuando se ama;
la eternidad de verme en esos ojos,
la suavidad del tacto en esos muslos,
el cuerpo en paz sin guerra en otros cuerpos.

Este volátil disco en que viajamos
desconoce la pobreza de huesos
que cargamos, cargamos y un día
hemos de abandonar en sitio yermo.

Esta nave intranquila que creemos
haber creado y nos crió
padece sin saber lo que somos,
y hacemos, en este caminar
de luna llena en noches incansables
en que las pieles arden
y se ofrendan
mientras dejamos
que el paisaje se caiga de nostalgia
y la lluvia
busque comprenderle en sus cuitas
y amarle y estrecharle.



I

Esa tristeza amarga por lo que no he vivido,
me pone en la nostalgia de otros besos,
en tanto nos besamos.

Tomé por la ventana al horizonte
y puse en el buzón otros recuerdos
para olvidar mi ausencia de mañana.

La noche es otra cosa con tus cartas.
Sale el sol más temprano
y una flor desde el suelo
se levanta y me besa.



II

Un libro se abre al centro y, al márgen
de sus líneas, me miras y me inventas;
dos párrafos delante, melancólico,
me asomo a aquél cajón de la nostalgia
y logro desdoblarte y tenerte
mientras sueño.

Despierto y ya no estás.
Tal vez nunca estuviste;
y el libro que miramos,
cada quien en su "allá"
casualmente era el mismo.



III

Como me faltan manos cuando veo que te fuiste,
como me faltan ojos para ya no mirarte,
como me sobra el tiempo que perdí sin buscarte
y que pocos son mis índices para poder negarte.



IV

La pena en otro tiempo empañaba el delirio,
pero la entrega diaria se empeña en el ocaso
por ya no hacer escándalo, ni gritar;
se desviste, convierte todo en calma
un horizonte alado con su ruta y sus besos.



La entrega cotidiana parece un mueble triste
que un paño de sabores quita el polvo,
acurruca, acomoda, apapacha y desnuda.



Todo se ve tan fácil desde el rincón simplón
del amor que me has dado,
que mañana en la calle levanto la banqueta,
pongo a todos al sol
¡y que canten los mustios!



Nada que aquí se mire tendrá que ser en vano;
las tardes son iguales desde que tú naciste,
pero no son las mismas, y hasta cambia el país
si tú amaneces triste.



V

Después de ser tan fácil qué complejo es quererte,
me dijiste, mujer, ya muy de noche, un día;
me hiciste oler la luna y escuchar esas nubes
que son siempre màs densas, muy oscuras y frías;
reflejos obtuvimos sólo en veces, a ratos,
en cambio fueron amplios momentos de agonía
los de la oscura ausencia;
supe entonces dispar acaecer cotidiano:
los lagos son momentos;
eternidad, en cambio, la soledad océanica.




VI

Hay que amar como el mar, con ruido y sobresalto.
No tiene caso hacerlo pensando en el desierto
pues si se ama con olas, naufragios y honda calma
tendrá sentido luego arremeter las playas,
volcarse en arrecifes,
hundirse entre corales,
viajar lleno de peces, agonizar islotes
y vomitar lombrices.

Encallar: otra forma de exasperar al tedio.

El amor que se atreve, hace olas, trasciende,
porque su liquidez es siempre flor y canto.



VII

Corsarios atracaron en el viento,
la soledad en bóvedas de espasmo
retornaba al averno, el fuego derrotado
calmaba sus visiones danzarias
mientras todo anunciaba el final
con trompetas apocalípticas.

El corazòn del hombre, sordo,
tranquilo, mudo,
ciego, decepcionado,
quebrantados sus huesos,
volvió al embrujo solo.

Detras de las montañas,
caverna adentro,
una planta sin flor
ni fruto,
fuera de la tierra
seca,
sin aliento,
yace.



(DEL LIBRO APETENCIAS, 1999).

M O R T A J A

Hemos de venir a menos,
cuando la montaña
deje que le alcancemos.

Mañana,
resulta un homenaje,
al apetito y la maña.

Sumemos.
Todo lo que hacemos aquí,
puede contar,
al momento en que
nos lleve el viento.

La mortaja prometida
es volver al viento.

El fuego habita
estancias de la
eternidad.

Pero la tierra es
pasajera:
volveremos al cielo,
que es de agua.

Compañeros peces,
hermanos acuáticos
de la eternidad.


(DEL LIBRO VAIVÉN, 1998)

INTIMIDAD

Atila canta, reza Hitler, musita Pinochet, todos reímos. Hace el amor Julio César, come insaciable Jesucristo, se tira un pedo Alfonsina: nos miramos los unos a los otros. El desconcierto es mayor cuando Siddartha aplaude. Jean Paul Sartre, en un rincón de esa amplia sala, retuerce la boca, tira al piso sus lentes y en pleno mohín, da la espalda a los demás, sentado en el piso, para rayar con un bolígrafo, página a página, un libro de Sòren Kierkergard.

La tormenta, allá afuera, ha pasado. Dentro sólo lo puede adivinar cada cual...y en veces...ni eso...


*Del libro Vaivén, 1998.
Instituto Mexiquense de Cultura.
Colección Cuadernos de Malinalco, No. 35.

sábado, 8 de octubre de 2011

RODOLFO GARCÍA GUTIÉRREZ (1920-2003)

Benjamín A. Araujo Mondragón

La obra de Rodolfo García Gutiérrez (1920-2003).
Imagen del hombre

El 28 de noviembre de 2002, en el Museo Nishizawa, se presentó el último libro que se editó, en vida, de Rodolfo García Gutiérrez. Le acompañamos como presentadores de Imagen del hombre, porque él así lo quiso, Alfonso Sánchez Arteche y el que firma esta nota.

Fue un acto de justicia poética esa reunión que coordinó Augusto Isla Estrada. Se trató de una velada cálida. Envolvió al autor un halo de reconocimiento en una sala pletórica de asistentes. En el ambiente, era unánime el homenaje a uno de nuestros mejores prosistas, a un poeta en el mejor sentido del término. Rodolfo García corrió con la memoria sus avatares literarios durante su fecunda vida, durante ese acto, según me lo refirió días más tarde.

Curiosamente, Sánchez Arteche y yo, sin ponernos de acuerdo, coincidimos en buscar, porque así lo precisa, un contexto nacional a la obra del vate, y particularmente a la novela que esa noche se presentó al público de Toluca.

Me parece importante aprovechar la invitación de la revista La Colmena para, en un acto pequeño pero significativo, reproducir un fragmento del texto que leí aquella memorable ocasión; más ahora que García Gutiérrez, desde el pasado 23 de abril, ya no está con nosotros. Se trata, es cierto, apenas de un primer intento por acercarse al legado colectivo que nos ha dejado con su obra. Adjunto, asimismo una parte de la entrevista que, en 2001, le hice a mi amigo y maestro, pues me parece que dice mucho de su formación como escritor.

I
Imagen del hombre, novela de Rodolfo García Gutiérrez ha aparecido finalmente. En una bella edición del Instituto Mexiquense de Cultura, fechada en julio de 2002; en mil ejemplares, se hace retardada justicia a la literatura regional. Se trata de la segunda edición de esta obra, la mejor novela del siglo XX en nuestro panorama regional; pero en sentido estricto, esta segunda edición es realmente la primera. Díganme si no: Imagen del hombre apareció por vez primera en 1954, hace 48 años, con sólo 50 ejemplares que rápidamente desaparecieron en manos de amigos y familiares del autor. ¿El público? No la conoció; excepción hecha de algunos curiosos privilegiados que logramos asomarnos a ella, al paso de las décadas, merced a la fotocopia, como don preciado. Por eso no resulta complicado que me otorguen el privilegio de la razón: esta segunda edición es realmente la primera de Imagen del hombre. Se trata, si somos estrictos, de un texto inédito de amplio interés para las escuálidas generaciones de lectores jóvenes, y no tanto, que los hay sin duda, pese a todos los pesares.

Entonces no exagero si comienzo indicando que esta presentación de Imagen del hombre de Rodolfo García Gutiérrez es un acontecimiento. Y que quienes estamos aquí acudimos a una cita postergada casi medio siglo. Ya asomados al siglo XXI, de cuerpo entero, husmeamos en una novedad literaria del siglo XX, de la mitad del siglo XX, para ser precisos.

La novela Imagen del hombre es un libro que tiene un sitial, no reconocido todavía, en la literatura de su momento en el país. Se trata de una novela breve, en este caso en una edición corregida y aumentada, así sea levemente, en sus 94 páginas, sin división capitular alguna, aunque marcada por el ritmo narrativo que vuela prácticamente de un texto a otro por medio de irrupciones constantes, para armar una prosa intimista, no obstante intensa, en la descripción objetiva del paisaje –tanto urbano como rural; como interno del hombre, del personaje, del narrador; del ser humano.

Ese encuadre devela, y revela, al lector un poco avezado, las íntimas complicidades literarias, las afinidades e influencias, en el mejor sentido del término, de la literatura europea de la primera mitad del siglo XX, particularmente francesa e italiana, sobre el ávido lector, en este caso autor, Rodolfo García Gutiérrez.

El libro, no hay espacio para la duda, forma parte del cuidadoso trabajo de revisión que el autor realiza sobre su obra. Los pulquérrimos afanes de dar lustre al metal, son obsesión en la alquimia del poeta García Gutiérrez. Muchos lo saben, es un poeta en esos afanes de conseguir música con la palabra; en esta obra que nos ocupa, para nuestra fortuna, hay correspondencia con lo que afirmo; como para demostrar que no riñe la narrativa, la prosa, cuando hay oficio y talento, con la poesía.

Se trata de un intenso monólogo interior. Claudio Ferrer, el personaje central, único, del texto, desde su tono personal, específico, particular, individual, permite la metáfora de la singular universalidad del hombre como creatura. Una voz subrayada, desde la racionalidad, sufre y se desespera por su condición humana. Imposible hacer a un lado la fuerza del existencialismo en sus múltiples presencias literarias. La tragedia del ser; la dimensión de nuestra estancia poblada de interrogaciones no despejadas.

He dicho que Imagen del hombre, muy probablemente, sea amén que el libro, o uno de los libros, más importantes del autor, la mejor novela del siglo XX mexiquense. Me atrevo a decir, en ese mismo sentido, que este texto, desde su dimensión, tiene un lugar importante en la literatura mexicana de su momento. En la narrativa de la época, al aparecer secretamente Imagen del hombre, sus contemporáneas son, entre otras, Entresuelo y Milpa, potrero y monte de Gregorio López y Fuentes; pero sobre todo Al filo del agua, de Agustín Yáñez, parteaguas en la narrativa mexicana, con la que se inicia una clara perspectiva cosmopolita, sin abandonar la enraizada visión nacionalista de nuestra literatura.

Imagen del hombre, en ese contexto, resulta una veta más elaborada al exterior; con bronca ninguna para dejar ver destellos de nuestra identidad; aunque ausente sí, del leit motiv nacionalista que, acaso, logra desprenderse del todo de nuestras letras hasta la década de los sesenta del siglo pasado.

Es esta característica la que otorga validez narrativa intrínseca a Imagen del hombre. Novela sobre la angustia existencial, sobre la avasalladora tormenta de la vida intelectual. Escritura sobre la escritura. Claudio Ferrer es un hombre desdichado porque está consciente de su ser; quiere convertirse en escritor y le angustia la claridad con que mira la mortalidad, su mortalidad, la constante presencia de la muerte, atemporada por la luminosidad del paisaje montañés que no es otro que el del Valle de Toluca.

Imagen del hombre es heredera fiel de El luto humano, de José Revueltas. Aunque es evidente, reitero, que sus parentescos sanguíneos más cercanos están en Europa, más que en nuestras tierras, de ahí que de pronto parezca a nuestros dedos analíticos, y sea, frente a las novelas coetáneas, extemporánea y ajena, en apariencia inaprehensible al análisis.

Desde un horizonte más amplio, Imagen del hombre es contemporánea de El reino de este mundo, de Alejo Carpentier; consigue afirmar que la asimilación cultural de otras presencias, las influencias literarias de otros continentes en buena digestión creativa, no desdicen la posibilidad de identidad propia. Al contrario, fortalecen la personalidad de un trabajo que ha dejado de ser provinciano en el sentido peyorativo del término para asumirse universal, con naturalidad, sin pedanterías. Eso se explica sólo con un elemento complejo en su simple enunciado estético: calidad.

Imagen del hombre se anticipa a El libro vacío de Josefina Vicens, por cuanto a la obsesión, más señalada sobre todo en las últimas páginas del libro de Rodolfo García, por la solución, la exposición y el análisis del proceso creativo literario; el libro que es objeto de estas líneas está por concluir, y al lector, la extraordinaria voz narrativa le asegura que no hay tema (p. 74), que no se localiza el centro del acto creativo, que no se tiene nada que decir. El libro se permite, además, el lujo de experimentar con los géneros; mezclarlos, colocar espejos entre ellos, llevarnos a una exposición breve, de carácter teórico, sobre algunos aspectos estéticos o éticos; dejarse llevar por la poesía en la descripción del entorno; entregarnos un cuento breve que podría presentarse libre y ágil, como universo propio, alejado de su contextualidad.

Con la devoción que se ha ganado, por su propio peso específico, la obra de Rodolfo García Gutiérrez sobresale porque deja demostrado, con creces, en su conjunto, que se trata de un poeta. El sustantivo está; ahora el adjetivo: si atendemos del mismo modo a la opinión de un número importante de sus críticos, la obra de Rodolfo es bucólica. Hablamos pues de un poeta bucólico; aquí la singularidad, y aparente anacronía –ruptura de las modas, diría yo–, que un hombre del siglo XX que creció y se desarrolló con el devenir urbano de Toluca vuelque su mirada a horizontes campiranos, ponga el índice sobre el paisaje y no parpadee al robar con la mirada de su pluma, uno a uno, los paisajes poéticos de la tierra, del terruño, de la patria chica. Sabia lección, me atrevo a saborear, en momentos de globalización e internet. Pero no se trata, como bien repara en ello Alejandro Fajardo, de desnudos paisajes, sino de habitados paisajes; de paisajes concretos, geográficamente ubicados, ahítos de humanidad, donde se dicen y enumeran nombres, mujeres y hombres de nuestra huella umbilical. Tampoco son sólo paisajes exteriores; los tórridos paisajes interiores, abracadabrantes, que aparecen, por ejemplo, en Imagen del hombre (1954, 2002) dicen mucho de la formación del autor que es motivo de una visión retrospectiva a los 80 años de su edad y a los, cuando menos, 65 de su iniciación en las letras. Esos paisajes interiores, muy presentes en la obra del co-fundador del grupo Letras y coeditor de los Cuadernos del Estado de México, entrañable amigo de otro poeta lírico indispensable en el siglo XX mexiquense, Josué Mirlo, nos hablan, nos gritan, de las desgarraduras del escritor que es tomado rehén por la poesía, tal es el caso de Rodolfo García Gutiérrez según puede confirmarse asomándose a esa obra en verso, prosa narrativa, crónica, ensayo y en historia.

II
Hijo de un ferrocarrilero, nieto de un lector irredento, alumno de Heriberto Enríquez, discípulo y amigo de Josué Mirlo, Rodolfo García Gutiérrez se planta modesto delante de su obra como literato en el Estado de México para decirnos que no haber escrito la novela de Toluca es su única frustración como escritor.

Renuente a buscar los reflectores de la palestra pública, Rodolfo García Gutiérrez accede a charlar con nosotros, según confiesa, por amistad y confianza, al entrevistador. La cita se desarrolla en la cafetería del Sanborn's del Paseo Colón, a la que Rodolfo, Presea "Sor Juana Inés de la Cruz", es asiduo; llega con su proverbial puntualidad inglesa y acota de inmediato "puntual no es sólo quien no llega retrasado, sino también quien no llega antes". La charla, sin mayores preámbulos, se desarrolla con la fluidez que caracteriza al poeta, cronista, narrador, historiador y periodista.

Ante la aparición (2001) del libro Rodolfo García Gutiérrez: visión retrospectiva, recientemente editado por el Instituto Mexiquense de Cultura, y que recoge la opinión de casi una veintena de escritores regionales sobre la obra rodolfiana en la segunda mitad del siglo pasado, resultaba obligado inquirirle al entrevistado sobre esa novedad bibliográfica; el poeta del paisaje mexiquense nos dice:

–Mira, esta es una compilación que hizo, hace más de diez años, mi hija Nydia. Tan es así que ella siempre me estaba insistiendo en su publicación cuando tenía yo muy buenas relaciones con el secretario de Educación, don Jaime Almazán Delgado. Ella me insistía en que abogara por la edición de su compilación y, la verdad, yo nunca quise hacerlo. ¿Por qué? Realmente los textos me parece que sobrepasan lo que he escrito; como que me hacen sentir incómodo, se dijeron cosas que no debieron decirse: halagos muy altos.

–Eres uno de los escritores del Estado de México más importantes del siglo XX, dicen muchos especialistas. Pese a la humildad que te conocemos y reconocemos, ¿qué opinas?

–Yo respeto mucho ese punto de vista porque proviene de mis amigos; sobre todo porque resultan de una gran generosidad esas opiniones. Las agradezco y las guardo con sentimiento fraterno.

La educación sentimental y el nacimiento de la vocación
–Nació a muy temprana edad, estaba posiblemente en tercero o cuarto año de primaria. Teníamos un libro de texto, de lectura, había ahí algunas lecciones... recuerdo una, llamada "La florecilla azul de las montañas", el sentimiento de un hijo para su padre que era botánico. A mí me gustó mucho porque yo iba cada fin de semana con mi padre, que era ferrocarrilero, al campo. Mi padre programaba las salidas por aquí, a sitios muy cercanos, de ocho a quince kilómetros a la redonda, porque sabía que a mí me gustaba mucho. Él aprovechaba para supervisar los trabajos del ferrocarril, mientras yo paseaba y divagaba; gozaba del paisaje, los bosques, los arroyos, las plantas, los animales, del Valle de Toluca. Así nació mi vocación por la literatura.

José de los Reyes García, abuelo paterno de Rodolfo, originario de Metepec, heredó al escritor su fruición por la lectura y, muy probablemente, sus afanes de bibliófilo.

–Llegué a encontrar en la casa de mi abuela algunos libros que fueron de José de los Reyes García, mi abuelo. Se supone que antes que yo, mis tíos o mis primos, no sé quién, habían recogido la biblioteca. Pero logré rescatar algunos libros con las anotaciones de mi abuelo al margen. Nací en un barrio del municipio de Huixquilucan, Ignacio Allende, ahora ya subió de categoría: ya es pueblo; en ese momento era el barrio de Ignacio Allende. Está a cinco kilómetros de Huixquilucan, sobre la carretera de La Marquesa a Dos Ríos. Primero está el pueblito, que era barrio, y luego ya Huixquilucan. Mucho antes se llamó Rincón de las Flores.

Pioquinto García y Altagracia Gutiérrez fueron los padres del escritor. Una familia tradicional con cuatro hijos. Rodolfo ocupó el tercer lugar en la descendencia.

–Salí de mi pueblo a Zitácuaro, cuando mucho de un año de edad o menos. Mi padre fue ferrocarrilero, como ya lo dije, y lo trasladaron para allá; y con él nos fuimos todos. Claro, regresábamos después a visitar a mi abuela y a mis tíos. Yo llegué a pasar temporadas cortas allá, de quince o veinte días, pero ahora como visitante. Procedente de Zitácuaro llegué a Toluca de cuatro años de edad. A mi padre lo trasladaron para acá. Entonces vivimos mucho tiempo en el campamento de los ferrocarrileros. Hasta que lo ascendieron al grado más alto de su especialidad, como guardavía, salimos del campamento; fue enviado como residente a Acámbaro. Pero él no quiso que nos fuéramos hasta allá, porque tenía interés en que yo estudiara en el Instituto Literario. Decidió que la familia se quedara en Toluca y él iba y venía con cierta frecuencia. Alquiló una casa en el centro; yo viví una buena temporada en Villada número 5, luego en la calle de Nigromante –adelante del Biarritz–. Más tarde, mi padre logró hacerse de una casa propia, cerca de la estación del ferrocarril, y allí nos asentamos en definitiva.

No es difícil asegurar que en lo que se ha dicho está el asiento de otra paralela vocación de García Gutiérrez como viajero, andarín de la geografía regional.

–Con mi padre visité gran cantidad de lugares por ferrocarril. Sobre todo, siendo un niño todavía, recuerdo que me gustó, me impresionó mucho Uruapan. Tan es así que, recuerdo, descubrí lo que en ese entonces se llamaba "Puente Eduardo Ruiz" y no estaba el Parque Nacional que está ahora. Acompañado de mi padre, brincando cercas, seguíamos el cauce del río, la limpidez de las aguas, el hermoso y cambiante paisaje, era una experiencia maravillosa.

La conciencia como escritor
–Posiblemente la primera ocasión en que yo sentí que podía ser escritor fue cuando comencé a escribir Margarita. Alejandro Fajardo estaba como director en una escuela en Valle de Bravo. Entonces, yo lo iba a visitar con mucha frecuencia. Por eso coincidió que yo escribiera lo que luego reseñaron como "la novela de Valle de Bravo". A pie recorríamos lo que ahora es el fondo de la presa "Miguel Alemán"; desde un lugar conocido como Tres Árboles hasta El Rincón de las Hadas, cantado por Pagaza. Pasábamos por todo el valle; cruzábamos puentes con vigas, el río del Molino, El Salitre, en varias de sus vertientes. El gusto por narrar, por describir el paisaje, nació en ese momento con toda su fuerza.

Al entrevistado, de prosa precisa, elegante pero exacta, conmovedora en su descripción de paisajes externos e internos, la crítica le reconoce como poeta. La poesía aparece en todos sus escritos, sin importar el género.

–Yo parto del supuesto de que la poesía no tiene necesidad de ser escrita sólo en renglones cortos, con determinada métrica o determinada rima. Se puede hacer poesía por lo que se dice. De ese modo puede aparecer la poesía en todo lo que se escribe. Por ejemplo, describir el curso de un río con su agua cristalina, el giro de las mariposas, las flores que hay en las riberas, el color azunenco de los montes... Y en realidad estoy haciendo poesía. No hago otra cosa que escribir. El poeta no es sino un hombre asombrado ante la naturaleza. El que ama a la naturaleza, ama a Dios, ahí está presente Dios.

–El paisaje. No hay ningún propósito deliberado de convertir en tema al paisaje. Yo veía y escribía. Si resultó una descripción de tipo paisajista, fue algo muy espontáneo. El paisaje tomó por asalto mis líneas.

Dos libros favoritos del autor: Margarita e Imagen del hombre
Rodolfo García Gutiérrez, en el curso de la conversación no repara en la grabadora. No parece interesarle. Bebemos café mientras me confiesa con absoluta certeza que, sin duda alguna, Margarita e Imagen del hombre, son, de entre sus libros, los favoritos. Explica sus razones:

–Por encima de todo me gustan dos obras: Margarita e Imagen del hombre. Margarita porque no volveré a tener la frescura con la que escribí esta novela. Yo no tenía entonces el propósito de asombrar a la gente, no tenía la intención de ser considerado literato, ni mucho menos. Yo me vi atrapado como escritor sin que eso importara más que a mi conciencia. Cuando se escribe en esas condiciones no estás pendiente de ver qué dicen los demás; eso se llama frescura. En Imagen del hombre, el fenómeno es distinto. La visión del mundo, del hombre, de las cosas que ahí aparece se debe a que leí yo, en ese momento o a partir de ese momento, muchas traducciones de Baudelaire, especialmente Mi corazón al desnudo, y de ahí también leí mucho a Proust a Sthendal, ellos fueron mis maestros, podría decir.

Las preferencias poéticas, las fuentes del escritor
–Están muy cerca de mis preferencias poéticas el español Machado y el francés Baudelaire; ellos en una primera línea. De ahí podemos colocar otras fuentes cercanas: Porfirio Barba Jacob y muchos poetas nacionales, que los hay muy buenos.

Resulta definitivo en mi formación haber conocido a Josué Mirlo. Fue fundamental para mí haberle tratado, haberme convertido en su amigo, en su discípulo. Yo conocí a Horacio Zúñiga, fue mi maestro, conocí a Heriberto Enríquez, también fue mi profesor. Pero yo coincidí, por encima de ellos, con Josué Mirlo.

A Josué Mirlo lo conocí porque era yo discípulo, en el aula, de Heriberto Enríquez, en el Instituto, en las clases de literatura. Entonces, él acostumbraba aparte de lo que el programa le marcaba, un apéndice de su curso para que conociéramos a escritores del estado, oriundos o habitantes. Así fue, por ejemplo, que conocí la poesía de Gilberto Owen, gracias precisamente a Heriberto Enríquez. Y, de esa manera, el maestro Enríquez nos enseñó, nos mostró, la presencia poética de Josué Mirlo. Nos deslumbró. Y yo me dije "voy a tratar de encontrar a Josué Mirlo". Fui a buscarlo a Capulhuac. Fui solo. Pero resulta que don Heriberto había omitido decirnos que Josué Mirlo era un seudónimo; yo creí que era su nombre; anduve preguntando, ¿quién, Genaro Robles Barrera?, no, yo busco a Josué Mirlo. Y así fracasé en algunos intentos. Hasta que hubo una persona que me dijo aquí vive, exactamente aquí, y me aclaró lo del nombre y el seudónimo. Toqué, salió Emilita, me parece, y le dije que procedía de Toluca en busca de Josué Mirlo. Le dije que deseaba platicar con él. Y me dijo: acostumbra a tomar su copa con los amigos en tal lugar; fui a una tienda y, efectivamente, ahí lo encontré. Localicé a un hombre campirano que era ajeno a la imagen que yo me había hecho del poeta. Se trataba de un hombre sencillo, vestido con modestia, con sombrero de palma. Pensé: "este hombre me está tomando el pelo a mí; cómo voy a creer que él sea el poeta". Comenzó a recitar: no había duda.

–¿Cuál fue la actitud inicial de Josué Mirlo hacia ti?

–Fue muy cálido en su recepción. En ese momento casi adiviné que iba a ser discípulo de él. Lo que nunca me imaginé fue que llegara a ser confidente de él, no supuse que habría de contarme cosas muy personales. Por ejemplo, llegué a saber que tuvo un hijo, antes de su primer matrimonio, que llegó a ser jefe de los Servicios Coordinados de Salubridad en el estado de Querétaro o en Guanajuato.

Termina la entrevista. Entiendo que Rodolfo no la hubiera concedido a cualquiera. Me ha dado otra prueba más de su rotunda amistad con la que me honra.

Queden aquí estas líneas. Sean el testimonio pálido pero sincero de mi admiración, de mi reconocimiento a Rodolfo García Gutiérrez, de su lector que tuvo el privilegio de contar, por poco más de veinte años, de su impecable, limpia, ejemplar amistad.
LC

Imagen del hombre, Rodolfo García Gutiérrez, Toluca, Instituto Mexiquense de Cultura, 2002, 94 pp.

UN POEMA DE RONALD BONILLA (en honor a Vallejo)

CONTRAEJEMPLOS



Confianza en el anteojo y no en el ojo,

en la escalera nunca en el peldaño


C. Vallejo.



Homenaje.




Confianza en el reloj

mas no en el tiempo,

en la jauría pero no en las fauces.

Confianza en las solapas, los botones,

no en la sorda palabra de los viejos.

Confianza en tantos eufemismos como vidas,

pero no en los opacos adjetivos.

No tengas miedo a la palabra miedo,

tan sólo al que la dice solitario.

Confianza en el sermón

no en el milagro,

ni en el cura que duda del milagro.

Ten fe en los ascensores infalibles

y no en sus ocupantes matutinos

y abstractos para siempre.

Confianza en los aretes,

en el lápiz labial, en el ombligo,

mas no en el corazón que se te entrega.

En fin, confianza en la gramilla iluminada

no en el rebote loco de la bola,

confianza en la gabacha,

no en el señor que duda de tus ojos.



Ten fe en lo que ha pasado y no miraste,

no sólo en tu mirada.

No te opongas ya más,

debes creer globalizadamente

en los pro y los contra del discurso,

y no en tu desayuno disminuido.

Olvida tus preguntas de poeta,

y ten fe en la herejía pero nunca

en el juez invisible que te juzga.

Aprende de ese niño mentiroso

que te amonesta ahora.

Ten fe en tu mordisco cruel a la galleta,

mas no en el panadero que la incendia.

Confianza en este traje negro

pero no en las tijeras serviles de los sastres.

No creas sonámbulo en los catecismos.

Confianza en este mapa,

no en la vieja proclama de mármol de la patria,

en la cebolla ciega no en la lágrima.

en la soga sin aire,

no en la sonrisa triste del ahorcado.

Acude siempre puntual a las citas

que te niega el amor.



Confianza en el espejo,

no en la imagen que vuelve del revés.

Confianza en la camisa de tu padre,

no en tu padre dormido para siempre.

Y sobre todo,

no te fíes de ti si estás desnudo,

no te tomes en serio los poemas

cuando aprenden a hablar y te reclaman

y te piden la vida.

Te la piden.


INTIMIDAD

Atila canta, reza Hitler, musita Pinochet, todos reímos. Hace el amor Julio César, come insaciable Jesucristo, se tira un pedo Alfonsina: nos miramos los unos a los otros. El desconcierto es mayor cuando Siddartha aplaude. Jean Paul Sartre, en un rincón de esa amplia sala, retuerce la boca, tira al piso sus lentes y en pleno mohín, da la espalda a los demás, sentado en el piso, para rayar con un bolígrafo, página a página, un libro de Sòren Kierkergard.

La tormenta, allá afuera, ha pasado. Dentro sólo lo puede adivinar cada cual...y en veces...ni eso...


*Del libro Vaivén, 1998.
Instituto Mexiquense de Cultura.
Colección Cuadernos de Malinalco, No. 35.

lunes, 3 de octubre de 2011

MALAVIDA



Asimetría es el color del encuentro,
acìbar de la uniformidad que es blancoynegra;
calor de la soledad, la disparidad;
pobreza del alma humana: gemelidad.

Malavida, siempre ha sido, atarse a los demás.
Pobreza de alma se entiende, la amargosa soledad.

Edad del sol: soledad;
lunática compañía,
solo enfermar;
atájate niña mía
porque te quiero
justo en provecho heredad.

domingo, 2 de octubre de 2011

Contador de visitas gratis para blog y web

Contador de visitas gratis para blog y web

CONTRA LA AMNESIA



CONTRA LA AMENSIA

Vamos bregando como cangrejos
en la historia,
para atrás,
para atrás,
para atrás...
si antes no veíamos claro,
ahora no hay horizontes

El horizonte se nubla,
quiero pensarlo así,
porque la amnesia es neblina
muy densa
muy densa
muy densa
que tapa la luminosidad del futuro...

El horizonte no existe,
está nublado:
y como no se ve nuestras mentes lo borran...

Digamos, no, no, no.
Ya no a la amnesia.
Despejemos el horizonte
y recordemos, recordemos, recordemos,
lo que pasó hace cuaretaitrés años,
lo que sucedió hace treinaisiete,
lo que aconteció ayer, ayer, y antier.
y antes de antier;
no olvidemos las desgracias del mes pasado,
ni las del año antepasado...
Ni lo sucesos de inicios de siglo,
o de milenio.

No olvidemos,
hagamos memoria,
un ejercicio de memoria
en vez de un poema...
más memoria, memoria, en vez
en vez de una canción...

Los muertos nos cobrarán cuentas
cuando presumamos
que estuvimos vivos.
Pero no,
yacíamos muertos
postrados en la molicie
de la amnesia...