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martes, 30 de septiembre de 2014

MARIONETAS, Benjamín Adolfo Araujo Mondragón

MARIONETAS


Envuelta en el papel
mi visceralidad
salta
          y
             se agota

Envuelto en el papel
limitado por las aristas
de una hoja tamaño carta
tamaño mensaje
mi corazón
se alinea
se pone comas y puntos
se peina las metáforas
y sale horizontal
a caminar

Salobre por su llanto
río de reminiscencias húmedas
vado sin agua
recobra al mar
como meditación ancestral

Humilde y lóbrego
abre los ojos
para escucharlo todo
en el husmeo del viento
y tiembla al táctil paladeo
de ausencias
que infinitas
desfilan por las calles

Arrugado en un rincón
del papel
que es terso
sereno
abierto a toda tecla
universal
por hondo y blanco
el corazón se duerme
y sueña
sueña
sueña que es tinta
y pinta metáforas
y pensamientos


A tanto convocar
lo anega todo
vértice a vértice
orilla a orilla
doblez a doblez
línea por línea
de izquierda a derecha
incesante
incansable
obsesivo
arrebatado
arrebatado por un sueño
en un mar
de espacios repetidos
como olas
que van
y vuelven
que se van
por las esquinas
por los rincones
por los resquicios
los últimos renglones
de un papel
que acompasa
este sueño de muerte
que es la vida

Dices mal cuando interrumpes
tu sedante
noctivuelo

Las letras son la selva
donde se esconde la yerba
que es la selva misma
y en sus árboles brincan
micropaisajes y gigantes sentimientos
que visten de bastón
y bombín
que son sencillos
pero formales
peinan canas
son calvos
tienen damas entre las hojas
de elevadas ramas
anidan con sus hijos
en las raíces profundas
y otros en la superficie
pero siempre
se olvidan
de la selva

La estepa del silencio
también es bello truco
el silencio
prestidigitador
de rizados bigotes
flaco y enjuto
guiña un ojo
y hace malabarear
entre los llanos
pequeñas lomas
embarazadas de ruido
anunciadoras del fuego

Entonces
en la estepa
el corazón
cubríendose del frío
con el papel sarape
del poema
brinca al horizonte
y recrea su calor
en la tierra
que guarda
en ese instante de luna
recuerdos del calor
que silencioso
por dentro
la sujeta

Así en la selva
y
en la estepa
con el corazón en el papel
o
en la cama
nacen los hijos
nacen las letras

El corazón se asoma
a la siguiente línea
le duelen insistentes
premoniciones del ayer
recuerdos del mañana
y se vuelve
líquido al fin
agua sobre agua
ramillete de ausencias

Con la alteridad a ras de piel
mimético
se pone faz de mármol
alas de viento
y plumas
que son estancia del sueño
de mañana
para volar
recordando el instante

ME VOY, Zunilda Moreno

Me voy

En Septiembre, poemas totalmente Confidenciales con perfume a rosas




El viento del sur
Trajo el agua calma
No estabas tú,
Para cerrar la ventana.
Y mis versos volaron
Chorreando la tinta
Que la lluvia mojaba.
Con ellos, se fue  mi vida,
Perdí la partida,
Ya nadie podrá leerlos,
No estabas tú
Para retenerlos.
Hoy cerré mi casa,
Cargué mis libros,
Armé mis maletas
Y apagué la luz.
¿Para qué, escribir poemas?
Si no estás tú.

Septiembre 2011


SOMETHING'S COMING ON, Joe Cocker

"JOSEFINAS": LAS LOLITAS DEL XIX, Ana Clavel

» LAS LOLITAS DEL XIX «

“JOSEFINAS”: LAS LOLITAS DEL XIX

La autora es narradora. Su libro “Las ninfas a veces sonríen” obtuvo el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska
ANA CLAVEL La autora es narradora. Su libro “Las ninfas a veces sonríen” obtuvo el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska. (FOTO: )

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ANA CLAVEL
| DOMINGO, 28 DE SEPTIEMBRE DE 2014 | 00:10
En 1923 el escritor y periodista austríaco Felix Salten (1869-1945) dio a conocer el que sería su libro más célebre: Bambi, una vida en el bosque, cuyos derechos vendería a Disney por una modesta suma para dar origen a uno de los hitos de la cinematografía infantil. Algunos años antes, en 1906, había publicado bajo seudónimo una obra de estilo muy diferente: la biografía novelada de una conocida prostituta vienesa de la segunda mitad del XIX: Josephine Mutzenbacher (1852-1904), quien luego de retirarse del oficio hacia 1894, redacta unas memorias que confía a su médico de cabecera. El médico decide entregarlas a Salten para que las reescriba en un estilo más literario. Mutzenbacher no llegaría a ver publicadas sus Memorias pues aparecieron un par de años después de su muerte.
Así es como nos enteramos de las aventuras infantiles de Josephine, una tierna Lolita de escasos cinco años que es contemplada por un cerrajero que gusta de observar su pubis desnudo. A los siete juega a “papás y mamás” con unos vecinos apenas un poco mayores que ella, juego que después repite con sus hermanos. Su primera relación consumada la tiene a los nueve con un hombre de 50 años. La lista aumentaría con un soldado, un cervecero, un vicario, un camarero, un profesor de religión, su propio padre y un proxeneta, que conforman las aventuras sexuales de su niñez, antes de obtener su licencia como prostituta a los 12 años. (Hay que recordar que el comienzo “oficial” de la edad núbil en varios países de la Europa del XIX se definía por la llegada de la menstruación que posibilitaba una “adultez“ súbita).
El punto de vista narrativo de las Memorias de Josephine Mutzenbacher es el de la propia menor que cuenta con lujo de detalle las experiencias vividas. Al decir de Pablo Santiago, autor de Alicia en el lado oscuro. La pedofilia desde la antigua Grecia hasta la era Internet (Imagine 2004), antes de la aparición de Lolita de Nabokov en 1955, las nínfulas llegaron a ser conocidas como “Josefinas”, en recuerdo de la novela erótica de Salten que gozó de una fama clandestina pero muy extendida entre los lectores de la época.
En un ambiente represor como el victoriano, en el que las mujeres “decentes” eran mantenidas en un estado de inmadurez mental, social y sexual permanente, era frecuente que muchos hombres hicieran uso de la prostitución como una vía de escape. En particular, la prostitución infantil se incrementó porque, frente a las condiciones de poca higiene que propagaron la sífilis y gonorrea, llegó a ser creencia popular que las vírgenes no sólo no podían contagiar las enfermedades venéreas, sino que incluso las curaban. Por otra parte, en círculos más selectos, la afición de algunos hombres por tener relaciones sexuales con pequeñas vírgenes era vista como una excentricidad, no una perversión malsana. Así, Oscar Wilde refiere el caso del ilustrador Audrey Beardsley en los siguientes términos: “A él le encantaban las primeras ediciones, especialmente las de mujeres: las niñas eran su pasión…”.
A la par del abuso y explotación sexual, la época vio surgir un culto a la infancia sin precedentes. En Los hijos de Cibeles. Cultura y sexualidad en la literatura de fin de siglo XIX, José Ricardo Chaves traza un mapa literario de la polarización de las representaciones femeninas. De la devoradora femme fatale a la idealizada femme fragile, cierta  mirada masculina atormentada por la angustia encuentra en la niñez uno de los pocos reductos de pureza. Se va abriendo así el cauce para las Josefinas, las Alicias como objeto de veneración y deseo, el mito de la enfant fatale que resplandecería de manera definitiva e inquietante en la Lolita nabokoviana.

lunes, 29 de septiembre de 2014

DUERS IN HANNOVER 1975, Joe Pass & Ella Fitzgerald

SILENCIO, Juan Jerónimo González Malmierca (España)

Silencio

Silencio…
Que la pluma duerme.

Silencio…
Que el poeta
ya se despierta.

Silencio…
La tinta ya borracha
se humedece de escarcha.

Silencio…
Que un sueño le atormenta.

Silencio…
Que la pluma ya se despeja.

Silencio…
Que la tinta resacosa,
se marea entre puntadas
de la pluma desenfundada.

Silencio… 
El poeta ya ausente
en su mundo de vocablos
todos ellos mudos.

Silencio, que se despierta
Cuidado!!
que el poeta piensa…

ODA AL AMOR, Pablo Neruda


Amor, hagamos cuentas.
A mi edad
no es posible
engañar o engañarnos.
Fuí ladrón de caminos,
tal vez,
no me arrepiento.
Un minuto profundo,
una magnolia rota
por mis dientes
y la luz de la luna
celestina.
Muy bien, pero, el balance?
La soledad mantuvo
su red entretejida
de fríos jazmineros
y entonces
la que llegó a mis brazos
fue la reina rosada
de las islas.
Amor,
con una gota,
aunque caiga
durante toda y toda
la nocturna
primavera
no se forma el océano
y me quedé desnudo,
solitario, esperando.
Pero, he aquí que aquella
que pasó por mis brazos
como una ola
aquella
que sólo fue un sabor
de fruta vespertina,
de pronto
parpadeó como estrella,
ardió como paloma
y la encontré en mi piel
desenlazándose
como la cabellera de una hoguera.
Amor, desde aquel día
todo fue más sencillo.
Obedecí las órdenes
que mi olvidado corazón me daba
y apreté su cintura
y reclamé su boca
con todo el poderío
de mis besos,
como un rey que arrebata
con un ejército desesperado
una pequeña torre donde crece
la azucena salvaje de su infancia.
Por eso, Amor, yo creo
que enmarañado y duro
puede ser tu camino,
pero que vuelves
de tu cacería
y cuando enciendes
otra vez el fuego,
como el pan en la mesa,
así, con sencillez,
debe estar lo que amamos.
Amor, eso me diste.
Cuando por vez primera
ella llegó a mis brazos
pasó como las aguas
en una despeñada primavera.
Hoy
la recojo.
Son angostas mis manos pequeñas
las cuencas de mis ojos
para que ellas reciban
su tesoro,
la cascada
de interminable luz, el hilo de oro,
el pan de su fragancia
que son sencillamente, Amor, mi vida.