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martes, 28 de febrero de 2012

OTRA ANTOLOGÍA PERSONAL




POESÍA DE BENJAMÍN ARAUJO


Benjamín Adolfo Araujo Mondragón

Nació en Toluca. Estudió en la Universidad Autónoma del Estado de México. Entre sus libros sobresalen: “Será mi asilo el mar. Biografía de José María Heredia y Heredia, 1803-1839” (ensayo); “Patíbulo de banqueta” (cuento); y “Vaivén” (poesía).

Ha realizado tareas editoriales y de difusión cultural en cuatro universidades autónomas del país: Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), Universidad Autónoma Chapingo (UACh) y Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco (UAM-A).

Fue director de la revista “Castálida” del Instituto Mexiquense de Cultura.

Recientemente (2010) fue incluido en la antología “Horizontes azules”, donde aparecen poetas de trece países.

Actualmente es consejero del Centro Toluqueño de Escritores (CTE); y labora en la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno del Estado de México. Está adscrito a la Coordinación de Estudios y Proyectos Especiales de esa dependencia.























BENJAMÍN A. ARAUJO M.
Escritor y periodista. Nació en Toluca, estado de México, México, el jueves 31 de marzo de 1949. Como autor ha abordado diversos géneros, en orden de prioridades: poesía, narrativa, ensayo, crónica, biografía y otras mixturas. Ha publicado nueve libros, entre los que destacan: -1981: A propósito (poesía) (UAEM). -1984: Surco de palabras (poesía) (Centro Toluqueño de Escritores). -1994: Frontera interior (poesía) (La Hoja murmurante). -1998:Vaivén (poesía) (Cuadernos de Malinalco) (IMC). -1999: Apetencias(poesía) (La Tinta del Alcatraz-UAEM). -1994: Patíbulo de banqueta(cuento) (La Tinta del Alcatraz). -2001: Será mi asilo el mar. Biografía de José María Heredia y Heredia. (1803-1839). Coautor: Periodismo regional en el Estado de México (Gobierno del Estado de México, 1992). Amistad y utopía (La vida de José Luis Guevara, una búsqueda constante). (Testimonios). (2003, Universidad Autónoma de Tamaulipas). (Roberto Arizmendi, compilador). Aves Nocturnas (diecinueve escritores del Valle de Toluca). (FONCA-Tunastral, 1998). (Autora: Luz del Alba Velasco).
Para ver su blog Las letras de BAAM, aplicar en el siguiente link:http://benjaminaraujomondragon.blogspot.com/













PESADILLA AUTOCRÍTICA

Fue una escena espantosa, más que un sueño: una pesadilla.
Me encontré, muy de pronto: ¡rodeado de mí mismo!
Enclaustrado en mi persona, que era un implacable juez,
de toga y birrete; rodeado de infinidad de “yos”,
todos, de toga y birrete…

Jueces todos de mi persona; ¡jueces de mí mismo!
Molestos porque, yo era yo, molestos
por mi persona: ¡¡¡enjuiciadores!!!

Críticos más acervos, no había tenido yo;
mis “yos” jueces, mis “yos” de mi mismo,
entablando mis personas, enclaustrando mi ser
en una jaula de culpas y de faltas,
de fallas y de ausencias,
de crímenes inmensos contra mi persona
y contra mi seres más queridos…
Fui saliendo de esa nebulosa de pesadilla,
en medio de un sudor intenso.
Pero la sensación fue ingrata,
sensación incómoda,
muy incómoda.
¿Por qué ocurrió? No lo sé,
a ciencia cierta. Pero, creo
adivinar que detrás de esos
sinsabores, están mis pobres
alcances. Mis metas no logradas;
mis ansias insatisfechas…
Eso creo. Pero me prometo:
¡portáreme mejor!








INCERTIDUMBRE
Adiós a las armas,
adiós a las almas;
confidente adiós a las muchachas y muchachos:
¿por qué? Porque me voy caminando
pa’ mi rancho, compañeras, compañeros…

Les digo adiós, porque nunca dije ¡hola!
Les digo hasta luego, porque acaso no hay un mañana;
todo es incierto, todo,
todo camina a tropezones y surge por la nada
y por la nada vamos navegando como cantinflas:
nada de nada por nada y…más nada…


























LA METÁFORA
Tuércele el pescuezo al mal fario;
písale los callos a la mala suerte.
Pícale el ombligo a la distancia.
Escúpele a la cara al destino
y apaga las condiciones y las concesiones
porque eres libre como un mirlo,
vuelas como un colibrí
y corres como un conejo
en pos de su hembra
para encontrar metáforas nuevas.






















A JOSÉ SARAMAGO
José Saramago (1922-2010) In Memoriam

Maestro de maestros,
predicador de textos
y verdades;
has emprendido el viaje
confortable,
más largo y
más extenso
de tus andares.

Te haz enfrentado
con El Hacedor,
al que negaste
tres veces siete
ó siete veces tres:
Te recibió
con bombos y platillos.

Una pléyade de lectores
alados
te acompaña.

Señor de las cegueras
más lúcidas;
predicador del Evangelio
según Tú mismo,
acompañador de las vicisitudes
humanas
del siglo XX/XXI.

Eres eterno;
eso dice tu obra.
Acompáñanos siempre
con tu bondad
desparramada ya
en tus libros.








¡¡¡LADRAN SANCHO!!!

Mientras vivo y contemplo,
muy despacio,
las vicisitudes del trueno y su prosodia;
mientras vivo y habito interjecciones,
como comas, y bebo interrogaciones…

Mientras vivo y contemplo,
muy despacio,
las hazañas de ayer de otros hidalgos;
mientras vivo y habito en otras vidas
logro mirar muy bien
otros ejemplos
y éticas qué seguir…

Mientras vivo y contemplo,
muy despacio,
las injusticias llanas de la vida;
y logro evaluar las costillas
de mis contemporáneos;
logro también vivir en otras vidas
y logro hojear y ojear
libros y libros…

Mientras vivo y contemplo,
muy despacio,
los atropellos que sufren pobres niños:
los golpes de adultos y de ancianos
por gente que vivo de esos males…






Mientras vivo y contemplo,
muy despacio,
me apresuro al galope, Sancho Panza;
vamos contra Molinos de Viento
y contra molinos de injusticias:
no importando que ladren, mi buen Sancho;
¡cabalguemos!
























ESTACIONES
Desde la luz del alba de los tiempos
mi soledad se oculta en el silencio.
Tanta promesa advierto en el paisaje
que a la carne y la piel hace testigos.

Nada puede ofrendarse desde el caos
sino la filiación del mar,
la traición del desierto,
la selva como abrigo,
la desnudez del viento
y las montañas todas para orar.

No se ora en el litigio del hermano,
ni se apetece el caos con la mirada.
Sólo valen los cantos cuando se ama;
la eternidad de verme en esos ojos,
la suavidad del tacto en esos muslos,
el cuerpo en paz sin guerra en otros cuerpos.

Este volátil disco en que viajamos
desconoce la pobreza de huesos
que cargamos, cargamos y un día
hemos de abandonar en sitio yermo.

Esta nave intranquila que creemos
haber creado y nos crió
padece sin saber lo que somos,
y hacemos, en este caminar
de luna llena en noches incansables
en que las pieles arden
y se ofrendan
mientras dejamos
que el paisaje se caiga de nostalgia
y la lluvia
busque comprenderle en sus cuitas
y amarle y estrecharle.




I
Esa tristeza amarga por lo que no he vivido,
me pone en la nostalgia de otros besos,
en tanto nos besamos.

Tomé por la ventana al horizonte
y puse en el buzón otros recuerdos
para olvidar mi ausencia de mañana.

La noche es otra cosa con tus cartas.
Sale el sol más temprano
y una flor desde el suelo
se levanta y me besa.

II
Un libro se abre al centro y, al margen
de sus líneas, me miras y me inventas;
dos párrafos delante, melancólico,
me asomo a aquél cajón de la nostalgia
y logro desdoblarte y tenerte
mientras sueño.

Despierto y ya no estás.
Tal vez nunca estuviste;
y el libro que miramos,
cada quien en su “allá”
casualmente era el mismo.


III
Como me faltan manos cuando veo que te fuiste,
como me faltan ojos para ya no mirarte,
como me sobra el tiempo que perdí sin buscarte
y que pocos son mis índices para poder negarte.




IV
La pena en otro tiempo empañaba el delirio,
pero la entrega diaria se empeña en el ocaso
por ya no hacer escándalo, ni gritar;
se desviste, convierte todo en calma
un horizonte alado con su ruta y sus besos.

La entrega cotidiana parece un mueble triste
que un paño de sabores quita el polvo,
acurruca, acomoda, apapacha y desnuda.

Todo se ve tan fácil desde el rincón simplón
del amor que me has dado,
que mañana en la calle levanto la banqueta,
pongo a todos al sol
¡y que canten los mustios!

Nada que aquí se mire tendrá que ser en vano;
las tardes son iguales desde que tú naciste,
pero no son las mismas, y hasta cambia el país
si tú amaneces triste.



V
Después de ser tan fácil qué complejo es quererte,
me dijiste, mujer, ya muy de noche, un día;
me hiciste oler la luna y escuchar esas nubes
que son siempre más densas, muy oscuras y frías;
reflejos obtuvimos sólo en veces, a ratos,
en cambio fueron amplios momentos de agonía
los de la oscura ausencia;
supe entonces dispar acaecer cotidiano:
los lagos son momentos;
eternidad, en cambio, la soledad oceánica.




VI
Hay que amar como el mar, con ruido y sobresalto.
No tiene caso hacerlo pensando en el desierto
pues si se ama con olas, naufragios y honda calma
tendrá sentido luego arremeter las playas,
volcarse en arrecifes,
hundirse entre corales,
viajar lleno de peces, agonizar islotes
y vomitar lombrices.


Encallar: otra forma de exasperar al tedio.
El amor que se atreve, hace olas, trasciende,
porque su liquidez es siempre flor y canto.



VII
Corsarios atracaron en el viento,
la soledad en bóvedas de espasmo
retornaba al averno, el fuego derrotado
calmaba sus visiones danzarias
mientras todo anunciaba el final
con trompetas apocalípticas.

El corazón del hombre, sordo,
tranquilo, mudo,
ciego, decepcionado,
quebrantados sus huesos,
volvió al embrujo solo.
Detrás de las montañas,
caverna adentro,
una planta sin flor
ni fruto,
fuera de la tierra
seca,
sin aliento,
yace.
(DEL LIBRO APETENCIAS, 1999).

MORTAJA
Hemos de venir a menos,
cuando la montaña
deje que le alcancemos.

Mañana,
resulta un homenaje,
al apetito y la maña.
Sumemos.
Todo lo que hacemos aquí,
puede contar,
al momento en que
nos lleve el viento.
La mortaja prometida
es volver al viento.
El fuego habita
estancias de la
eternidad.
Pero la tierra es
pasajera:
volveremos al cielo,
que es de agua.
Compañeros peces,
hermanos acuáticos
de la eternidad.


(DEL LIBRO VAIVÉN, 1998)














RUECA
Sales como si nada sucediera
cuando amanece

Te escondes tras los destellos
del sol
y en la bruma interna
de tu persona

Arrastras la cobija
y el cuerpo del delito
tu cuerpo

A tanto haberlo habitado
te dices
se ha vuelto sombra raída
luz destroncada
húmeda soledad
viscosa compañía
adjetivo de tercera mano

Transcurre el día
te escurres entre sus horas
y minutos
y segundos
quieres volcarlo todo
para qué
te preguntas
y no tienes respuesta
y te sorprende la noche
más vago
aún más desprendido de todo
que cuando amanece

En la noche te topas contigo
de frente
cara a cara
y te tocas y no te reconoces
adivinas acaso
quién ese que te habla
siempre en prima persona



Callas
y no te atreves a salir
cierras puertas ventanas
de las habitaciones
que te conforman
Eres casa vacía
llena de ruidos
y te inventas fantasmas
que moren tus estancias

Te confundes
no sabes bien a bien por qué
pero te sienta
ser ruido o fantasma
ya no tú
casa deshabitada

Todo es irremediable
te anuncias
te repites
das vuelta a la rueca
y la única palabra
fatalidad
acomoda a la vuelta y vuelta
irremediable
te reiteras

La nada está contigo
en noche calurosa
piel a piel
en ese sofocante momento
compartiendo sudores
y delirios

Tu hermana
añorada
inevitable
desde un rincón sonríe
Sabes bien que amanece
y esa rueda
trituradora
de sueños
continúa su vuelta
Otra vez:
sales como si nada sucediera
cuando amanece
te escondes tras los destellos
del sol
y en la bruma intensa
de tu persona
*Del libro Surco de palabras, 1984. Centro Toluqueño de Escritores,
colección becarios































HOY, AL CUMPLIR 35 AÑOS DE CASADOS

A Emiret Millán Figueroa, mi esposa y madre de mis tres hijos…


Miro yo el tiempo en tus ojos azules:
veo claridad en nuestros horizontes;
es el futuro claro
que aparece con mucha luz
en tu mirada.

Creo en lo que veo.
Creo en lo que toco.
Te veo y te toco día a día;
todo parece como
un nuevo amanecer
en lontananza:
¡¡¡te amo!!!




















A VALLEJO
…mi defunción se va, parte mi cuna,
y, rodeada de gente, sola, suelta…
César Vallejo


A CÉSAR VALLEJO

Voy a vivir,
como quitado el día,
ardiendo en sol, pero extrañando luna.

He de morir,
que no te quepa duda,
para cumplir con la regla más obscena
que nos ha sido confiado desde los genes.

Quiero vivir como ermitaño ahora,
separado del mundo pleno y llano,
las injusticias me ahogan y más la falsedad,
las falsas miradas, los arrumacos infames.

Pero que voy a morir de eso no haya duda,
soy mortal y eso no es inmoral,
lo juro hermano,
pues ser inmortal sería obsceno…y aburrido…













ESTAMOS ASOLEADOS DE RECUERDOS
Para conseguir vibrar: competir con el futuro:
tortuga los malos recuerdos; victoria de la necesidad
sobre el tormento:
atardeceres con lluvia; placidez en las montañas:
solares de la infancia con un nido de águilas
en los atardeceres cotidianos.

Todo tiene el sabor de la nata
con el dulce olor del pan de los amaneceres.
Los verdaderos goces están detrás de la puerta
y solemos cerrar por fuera
como si desmereciera, para nosotros,
el postre de soñar despierto
desde la mañana y hasta el mediodía.

Ya con la tarde, una vez descubierto que somos marineros,
zarpamos sin sentido para aprender del viento en la cara;
creemos eterna la navegación y… anochece:
todavía guarda suaves fragancias la luna
para un loco enamorado del insomnio.

Estamos asoleados de recuerdos
cuando llega la noche.
No podemos dormir pues bailan los fantasmas
y se mezclan, a brincos,
con jarrones, y floreros del presente,
con barcos y sílfides del futuro,
con tristes empachos de lo que nunca,
jamás,
ni por asomo,
habrá de tropezarnos y envolvernos.
Estamos asoleados de recuerdos,
se nos levantan a golpes de olvido
las miradas de ayer:
una niña abismal hace suyo el paisaje,
saltan tras ella sus promesas de mañana,
ella no lo sabe,
muerde una manzana;
ya es mañana,
no existe la inocencia,
la ignorancia se fue con el sol;
la noche es plena en un paisaje nuevo,
la oscuridad nos pertenece a todos;
pero esa noche, por lo menos,
esa noche,
una mujer enseñó al mundo
que el paisaje puede ser eterno.
Vamos a ser eternos cualquier rato,
lástima que el viento haya acabado
desde hace un momento
en que me volví
recuerdo de mí mismo;
línea a línea,
verso a verso,
silencio a silencio,
recuerdo es silencio.


(DEL LIBRO VAIVÉN, 1998
Colección Cuadernos de Malinalco.
IMC, Toluca, México).






















MISTERIO
Nunca sucede nada en nuestra casa.
Todo se encuentra en orden, sosegado,
la piel ya es media piel de aburrimiento,
desplomadas las almas ya no vuelan
y resulta inasible la existencia.

Nunca pasa más nada en esta vida,
sólo la vida pasa; nunca a tiempo
vemos vibrar cometas en los ojos;
ni oímos el cristal fino del sentimiento;
jamás hacemos caso del secreteo
del viento, potente, lleno de augurios,
ni gozamos su roce en medias caras
llenas de medios besos aplazados.

Jamás nos pasa nada entre las manos
cerradas al misterio que se escapa
junto a la vida misma que nos pasa
como si nada pasa en esta casa.


Primera estancia
Todo cabe en un cuenco de la mano extendida:
hasta el amor que asoma por un suspiro ajeno.
No caben, pero sirven, los mortales aullidos,
el rechinar de dientes, la crispazón de nervios;
el dolor de ausentarse de los brazos queridos
apenas se parece al desierto paisaje o a los
árboles yertos o a los ríos desecados o a los
sombríos batracios entre dos mundos fríos.
Caben, en cambio sí, los besos más sinceros,
los terrores insomnes por aprehender aquello
cuya naturaleza llama a jamás tener jaula;
cabe el misterio mismo vuelto son, metáfora
que grita las voces de la selva, gemidos
erotizados que braman en los montes.
En aquella primera de las albas humanas,
apalabrados ya, supimos que callamos.


Segunda estancia
Zarpazos con la voz, codazos con los ojos,
la ternura no anida cuando faltan palabras.
El tedio llueve a cántaros mientras enmudecen
los filosos cardúmenes de palabras:
No hay con quién hablar, ni a quién
decirle nada sobre el fuego y la lluvia.
El tedio gana todo mientras dos flores,
en silencio, son germinadas por un colibrí.


Tercera estancia
Museo de ruinas son mi estirpe y mi pecho;
legión de sufrimientos, enjambre de desdicha,
la esperanza. Todo el dolor habita el horizonte.
Una corteza cerebral en llamas, Prometeo:
saber cuesta más, mucho más de lo supuesto.
Conocer es desdicha y amargura. La conciencia
danza con un tridente y pincha hasta dañar
la gracia, la sonrisa, la fuerza y el futuro.
Mirar atrás supone no pronunciar los nombres
de los ancestros tenues, fantasmas vacilantes,
que soñaron andar caminos con espinas
y abrojos para sembrar paraísos de herencia.
La verdad sabe a sangre. Tiene cara sin rostro.
















Cuarta estancia
Los sueños son regalo de los dioses
que nos sueñan a veces sin cuidado.
Ya no quiero soñar sueños ajenos
porque a tanto soñar los siento propios;
y no quiero que luego me reclamen
que esos sueños soñados no son míos,
cuando a tanto soñarlos ya me viven.
Vivo en los sueños propios aunque
algunos de ellos primero no eran míos.
Habito de puntitas, silencioso,
otros sueños, sueños de otros,
a hurtadillas.
Un dios sueña a otro dios y todos ellos
fueron soñados juntos, por el Dios primero.



















EMERGENCIAS
Ser poeta no es una ambición mía,
es mi manera de estar solo.
FERNANDO PESSOA


UNO
Cierren la puerta, corran los pestillos,
que no se transparenten los recuerdos;
apenas llegó arrastrándose la melancolía
traía cascabeles en las patas inválidas
y roncos atardeceres en el pecho.
Cierren la puerta, corran las cortinas,
que no asome el lucero de la dicha pasada;
alguien olvidó un sobre sin destinatario
por la rendija de mi pecho
y ahora gotean mis manos saludos cancelados.
No olviden cerrar las puertas,
póngale seguro a los suspiros:
no tiene caso recomenzar cenas nunca iniciadas,
ni querer beber de las copas infértiles:
aunque llegue la cama con la luna.
Es mejor no asomarse a los espejos,
rematar las puertas de sol,
vender amaneceres al mejor postor
y recomenzar este camino de cencerro sin reses,
de trovador sin canto,
de plañir sin sollozos
que es la vida.







DOS
Tomo un poco de cristalina, límpida voz,
del viento tardeado de los árboles
para, educado, dar gracias al destino;
cuevas son mirador,
lápidas tribuna sempiterna,
árboles sombra sol
viento pausa certidumbre
duda ensoñación
oscurece:
para antes de dormir:
mirar al Oriente:
maldecirlo todo
antes de entrar a lo impredecible
para siempre.


TRES
Un océano interior se vuelve buche de agua;
el oleaje es sonrojo por la inercia perdida;
un alma que nos sueña se embriaga y nos olvida;
pasa el tren de la noche…
¿acaso descarrila?
Escucha bien,
pelele ser:
trágate, apasionado olvídate;
un poco de humildad
te volverá al regazo
del paraíso inencontrado.


CUATRO
Acostúmbrate a mirar la noche
porque el olvido es eterno;
serena tu alma en la soledad
porque Dios puede estar en ningún lado
y entonces, gota a gota,
la mentira y el orgullo de la humanidad
van a chorrear
a crear un ídolo feroz
como una estalactita
que hará volcanes en el corazón
e interiores cascadas
hasta anegar la esperanza
y petrificar
todo posible recuerdo.
Acostúmbrate a mirar la noche,
a carecer de horizonte
y a confundir vèrtigos
con amores.
Petrifìcalo todo,
desde cada rincòn de la tarde
para asir la noche
desde el hondo placer
del fango inodoro
de la tristeza.


CINCO
Hace frío en lo que dices.
Ya no hay eco en tu pecho.
La nada está asomándose por nuestras azoteas.
Nos ronronea la muerte.
Candados, seguros, botones,
anillos, valen como ceniza
para este humo interior
que es desierto y clamor,
holganza de la compañía,
temblor por la prisa
e infantil sorpresa,
verde letanía
por estar cansado
de tanto nacer,
noche y día,
como si crecer
fuera lejanía.


SEIS
La dicha no habla, es muda.
La edad del sol resulta individual;
indivisible es una afirmación,
multiplicables son las negativas:
cuando quieres aprehender al pez
y describirlo:
en tus manos está la red vacía.
Si cantas por cantar, no tiene caso.
Si te obligas a orar por los amaneceres,
te enseñarás a vibrar al mediodía.
Las tardes apenas inician la lección,
cuando improviso: anochece.
Mejor duerme y calla:
la dicha es muda y canta.
La muerte coro y florece.


SIETE
Piensa despacio y canta.
No todo es prisa en esta vida
las cosas si no corres sí se alcanzan.


OCHO
Son silentes los sueños y las pesadillas;
carecen de olor y sabor los buenos recuerdos
y gritas para que te escuchen:
pero aquí no hay nada,
sino desierto.
El cuento ya empezó.
La historia se termina.
La esperanza está flaca,
enferma, en agonía;
y antes de que te cubras de gloria
exprésate,
no olvides:
el silencio al final
es la mejor lección
de honor,
color
y hasta sabiduría.



(DEL LIBRO VAIVÉN, 1998)
(Cuadernos de Malinalco, No. 35; IMC)
Benjamín Adolfo Araujo Mondragón




EL COLOR DE LA VIDA
Rojo frenesí:
de la furia del alma,
del coraje ciego,
de la pasión perdida...

Verde amanecer,
de la calma transparente,
del sorbo cariñoso
y la amistad plena.

De la calma total,
de la observación,
del combate callado...

Amarillo tenaz:
del pleito incesante,
del calor infernal;
del dolor,
de la falta de paz.
De la calma infeliz;
de la impaciencia...



Gris mortaja:
de la obediencia ciega,
del insensato obediente.

Del rapaz clemente,
de la indolencia infinita...

Son los colores de la vida.
El testimonio de nuestros caracteres.
Firma legible
de nuestros padeceres
y placeres...























ESQUIVO

Con temor voy remando por la vida,
boga que boga mi barco en el sendero;
un tiburòn y otro y otro
y otro,
aparecen a babor y a estribor...

...pero el coraje no quiere que yo me vaya,
ni que baje los brazos en esa aventura;
sólo quiere mantenerme firme
y vital...
...para que pueda avanzar contra
viento y marea.

No estoy aquí,
desaparezco un rato:
logro borrarme de la vista ajena,
no hay enemigo que me busque
y amenace,
ni rastro ajeno que me pida
avance...

Con el amor en el puño
voy preso del coraje
siguiendo con la vista
en torno mío lo que pasa...

Nunca más...no, más no,
nunca más, no, nunca,
nunca...
...ya dije;
¡basta!












TIBIEZA
Estoy entre dos fuegos,
el de mi cuerpo
y el de tu recuerdo.

Lástima que te has ido,
temí muchas veces perderte,
pero tú te desapareciste de mi horizonte,
sin casi darme cuenta.

Sigo entre dos fuegos;
el de mi esperanza y
mi necesidad inmediata de amar.









El fuego me consume.
Se abaratan las noches
con otros cuerpos
que no son el tuyo.
Temo perderte,
es más creo que te perdí
pues no volverás:
¡¡¡Es una pena...!!!




























MISTERIO

Nunca sucede nada en nuestra casa.
Todo se encuentra en orden, sosegado,
la piel ya es media piel de aburrimiento,
desplomadas las almas ya no vuelan
y resulta inasible la existencia.

Nunca pasa más nada en esta vida,
sólo la vida pasa; nunca a tiempo
vemos vibrar cometas en los ojos;
ni oímos el el cristal fino del sentimiento;
jamás hacemos caso del secreteo
del viento, potente, lleno de augurios,
ni gozamos su roce en medias caras
llenas de medios besos aplazados.

Jamás nos pasa nada entre las manos
cerradas al misterio que se escapa
junto a la vida misma que nos pasa
como si nada pasa en esta casa.


Primera estancia

Todo cabe en un cuenco de la mano extendida:
hasta el amor que asoma por un suspiro ajeno.

No caben, pero sirven, los mortales aullidos,
el rechinar de dientes, la crispazón de nervios;
el dolor de ausentarse de los brazos queridos
apenas se parece al desierto paisaje o a los
árboles yertos o a los ríos desecados o a los
sombríos batracios entre dos mundos fríos.






Caben, en cambio sí, los besos más sinceros,
los terrores insomnes por aprehender aquello
cuya naturaleza llama a jamás tener jaula;
cabe el misterio mismo vuelto son, metáfora
que grita las voces de la selva, gemidos
erotizados que braman en los montes.

En aquella primera de las albas humanas,
apalabrados ya, supimos que callamos.


Segunda estancia

Zarpazos con la voz, codazos con los ojos,
la ternura no anida cuando faltan palabras.

El tedio llueve a cántaros mientras enmudecen
los filosos cardúmenes de palabras:
No hay con quién hablar, ni a quién
decirle nada sobre el fuego y la lluvia.
El tedio gana todo mientras dos flores,
en silencio, son germinadas por un colibrí.


Tercera estancia

Museo de ruinas son mi estirpe y mi pecho;
legión de sufrimientos, enjambre de desdicha,
la esperanza. Todo el dolor habita el horizonte.

Una corteza cerebral en llamas, Prometeo:
saber cuesta más, mucho más de lo supuesto.
Conocer es desdicha y amargura. La conciencia
danza con un tridente y pincha hasta dañar
la gracia, la sonrisa, la fuerza y el futuro.

Mirar atrás supone no pronunciar los nombres
de los ancestros tenues, fantasmas vacilantes,
que soñaron andar caminos con espinas
y abrojos para sembrar paraísos de herencia.
La verdad sabe a sangre. Tiene cara sin rostro.



Cuarta estancia

Los sueños son regalo de los dioses
que nos sueñan a veces sin cuidado.

Ya no quiero soñar sueños ajenos
porque a tanto soñar los siento propios;
y no quiero que luego me reclamen
que esos sueños soñados no son míos,
cuando a tanto soñarlos ya me viven.

Vivo en los sueños propios aunque
algunos de ellos primero no eran míos.
Habito de puntitas, silencioso,
otros sueños, sueños de otros,
a hurtadillas.

Un dios sueña a otro dios y todos ellos
fueron soñados juntos, por el Dios primero.


























Dame más



Quiero tenerte aquí en mi cama,

rendida a mis placeres

prohibidos.


Urgarte con mis manos,

mis labios,

todo el cuerpo

hasta que seas

parte de mi cerebro

y mis entrañas.


Tomarme todo el tiempo del mundo

para postrarme ante tu desnudez

pálida e insigne

como una bandera

en patria recientemente liberada.











Tenerte aquí,

en la cama,

para gozar de todos tus placeres

extraños,

siempre nuevos;

pero redivivos

todos los días.


Tú,

mujer,

la siempre-viva.























Número equivocado

Estoy seguro
comprobado lo tengo
cuando nací
el vientre de mi madre
marcaba
número equivocado















OBSESIÓN POR LOS NÚMEROS

Obsesión por los números;
la numeralia
como una manera
de dar vuelta a la vida:
para no mirarla
de frente,
cara a cara,
cifra a cifra...
con puntos y detalles...


Obsesión o nó,
los números tienen su lenguaje
que asfixia.









Juega a tomarnos
por el cuello,
aprieta hasta ahogarnos...
Los números tienen carácter
y espíritu;
saben de navegaciones,
de batallas,
de cruentas luchas
y de paz total:
como la paz
sepucral del cero...



















ANÓNIMO UNO

Por el camino umbroso aprendió a ser huella,
sin paso, sin peso, ni rostro.
Por los caminos llanos se confundió
con el olor de yerba
hasta llamarse pasto.
Nunca supo qué es siempre,
ni probó del fracaso dulzón
de la palabra "mientras".
Así murió. En una fecha sin nombre,
sin día, sin número;
y ahora es
recuerdo.












PACÍFICA

En la penumbra del amanecer
te imploro;
te añoro con la complacencia de mis ansias,
con el dolor de no tenerte aquí;
y quiero doblegarme a mis impulsos
y te recuerdo plena,
con luz entorno tuyo
rodeada de pájaros y mariposas.

Creo en lo que veo,
considero lo que me da muestras
de existencia
y tiemblo.

Quiero tener a puño
en la garganta
la sensación de paz
si logro amarte;
estacionado estoy
en tus garras
y no deseo volar
ni predicar maldades
sólo tenerte a puños
en mis ojos.

Mujer,
mujer divina,
ven a mí:
dame paz,
desventurada;
dame la paz que no logras
para ti.
Bendíceme con tus ojos.
Ámame con tus manos dulces,
entretenme con tu cuerpo:



quiero amarte por siempre,
enamorada del amor;
loca de celos por la paz
de este mundo
y de los sepulcros
venideros.

viernes, 24 de febrero de 2012

LA NIÑA CANTA

Una mujer cansada, con la mirada triste y el rostro ensimismado, va por la tarde recorriendo vida mientras su hija, la toma de la mano y va cantando, con los ojos en flor y la mirada puesta en el futuro.

No sabe, ni imagina, que su madre se irá, al otro mundo en unas horas y que su tristeza, que ni siquiera advierte, es sólo premonición, atisbo apenas de la muerte que llega.

La niña canta una canción que le aprendió a su padre, ya muerto, cuando él le cantaba en la cuna; y aunque ella bien lo recuerda lo siente vivo...y cerca...cuando canta...

...pero la madre eso no lo sabe; y ni siquiera oye a su hija. La enfermedad la ha atrapado y ya no ve, ni observa, ni mira, sólo sus ojos fijos en el interior la convierten en una sombra de sí misma...

Y esa mujer cansada llega a ningún lado, en esa tarde que es su última tarde. Pero la niña canta, canta y canta...

jueves, 23 de febrero de 2012

POEMAS DE YOSIE CRESPO

POEMA DEL MARTIRIO

Es un pájaro la vida
como una sombra se nos va.

Si al menos quedara del tiempo
el delirio, su delirio, mi dolor.

Tres voces sueñan y cantan todo
menos el amor.

La aurora, asesina la aurora
Ha abierto un hueco para verse.

Me pregunto si lo ha hecho dentro de mí
o si son mis oídos o mi boca
o mi hígado que ya no responde estas últimas veces.

Se sienta a fumar cada amargo veneno.

He ahí su figura de ciprés
ha dejado en el viento
toda buena obra.

Un poeta ya mató la quinta luna
un sabio se ha quebrado en su silencio
tu alma amor, tu alma
recién ha muerto boca arriba

(como lo habían indicado)


Conozco un hombre que todos los días
adivina su propio miedo.

Ya de noche quiere volver
pero el espejo desaparece.



LA PUERTA
Una mujer vive detrás de una puerta
con la mala costumbre
de amar a quien le abra el camino.
El sueño lleva y trae consigo
extrañamente el don de la promesa.
No es nada extraño que la ciudad sea el pozo
donde hunda fugaz todo su invierno.
El verbo destroza su pasado aunque parezca luz.
Aún espera.
Lo detiene.
No deja que el imperio del caos
enumere las cosas señaladas por el viento.
Flota la palabra a pesar del hielo
incansables noches
detenidas para siempre.
La vieja puerta tiene muchos nombres.
Un mujer con su voz
se marcha y se ve partir.

Dentro de su propio pecho duerme.


Así continúa su vida,
donde hace cien años nadie entra.



© Yosie Crespo

Poeta y escritora. Pinar del Río, Cuba, 1979. Ganadora del Primer Premio "Nuevos Valores de la Poesía Hispana" (Diciembre 2011) de Ediciones Baquianas y el CCE (Centro Cultural Español) por su poemario Solárium (a publicarse en Abril, 2012). Primer Premio del IV Concurso Juvenil de Poesía Federico García Lorca 2011, Finalista del Premio Poesía Atiniense 2010 Argentina, Premio Internacional de Cuento 2010 Feria del Libro, Buenos Aires, Argentina, Finalista del Premio de Poesía 2011 Gertrudis Gómez de Avellaneda, España, Premio Luis Felipe de Cuento Corto 2011, Miami Fl, Finalista del 1er Concurso Hispano-Francés/Antonio Machado 2011 entre otros varios premiados en el último año. Colaboró en el libro Antología de la poesía cubana del exilio de Aduana Vieja, España, 2011, editada y concebida por la poeta Odette Alonso y en la Antología Gaceta Virtual, Buenos Aires, Argentina 2011.

miércoles, 22 de febrero de 2012

TU SONRISA

TU SONRISA ES OXÍGENO PURO

Tu sonrisa,
querida,
me tiene fascinado;
tu sonrisa,
es un sol en la noche,
es un aviso y premonición
de cosas bellas.

Tu sonrisa,
amor mío,
es el pan de cada día,
es el aire que respiro;
tu sonrisa
es algo necesario
e inolvidable:
es oxígeno para mi vida

jueves, 16 de febrero de 2012

PALABRAS

Ayer, apenas, vi las sombras del patíbulo;
eran verdes, eran rojas, eran blancas,
tricolores eran;
eran como el color de mi bandera...

Ayer, apenas ayer, las vi ondeando sobre mis recuerdos;
eran verdes, eran blancas, eran rojas y fosforecían
como amenazando al horizonte y a mí, en particular...

Las vi ayer apenas, ondeaban tranquilamente sobre la calle,
en las banquetas del pueblo, ondeaban y parecían
enorgullecerse por sus augurios, nefastos en todo caso...

Miradas en mi entorno, las banderas se ondeaban
sobre mi pensamiento, como fantasmas al viento
que corren en retirada, aceleradamente, en pos de algo...

Ayer, siempre ayer, nunca hoy, tampoco mañana;
menos mañana que hoy, ayer siempre,
como un recuerdo que fustiga mi mente,
que le acosa, le cierrra el paso,
tiende a inmovilizarle, llenarle de miedo,
de temor, de angustia, de pavor.

Nunca sabré acaso de dónde provienen esos miedos.
Nunca. Tal vez estén sembrados en mi conciencia
desde que era sólo promesa inacabada, inalcanzable.

Vi desde lejos un mañana luminoso.

¿Lo vi o lo soñé? Era sólo un sueño:
pero resultaba tan feliz como una pintura al óleo.

La Jornada: La cultura de los mexicanos olvidados

La Jornada: La cultura de los mexicanos olvidados

Viaje por Africa: Amman, la pensión de los locos y Herr Profesor...

Viaje por Africa: Amman, la pensión de los locos y Herr Profesor...: Herr Profesor y Fede compartiendo un cafecito... Amman ... Arribamos a la capital del reino de Jordania recién pasadito el mediodía y co...

sábado, 11 de febrero de 2012

jueves, 9 de febrero de 2012

T. S. ELLIOT

T.S. Eliot
(Missouri, USA, 1888-Londes, 1965)
PRUFROCK Y OTRAS OBSERVACIONES (1917)

LA CANCIÓN DE AMOR DE J. ALFRED PRUFROCK
Si yo creyera que mi respuesta fuera
a una persona que alguna vez podría retornar al mundo,
esta llama, sin más, quieta estuviera;
pero ya que jamás desde este fondo
escapa un ser humano, sí escuché verdad,
sin temor a la infamia te respondo.
VAYAMOS, PUES, TÚ y yo
cuando la tarde se haya tendido contra el cielo
como un paciente eterizado sobre una mesa;
vayamos, entonces, por calles casi desiertas,
murmurantes retrocesos
de noches inquietas en hoteles baratos y de una noche
y empolvadas fondas con conchas de ostras;
calles que se prolongan como un argumento aburrido
de intención tediosa
que te llevan a una pregunta abrumadora...
Oh, no preguntes “¿Qué es?”
Vayamos a hacer nuestra visita.

En la habitación, las mujeres vienen y van
hablando de Miguel Ángel.

La niebla amarilla que lava su espalda en el cristal de las vidrieras,
el humo amarillo que lava su hocico en el cristal de las vidrieras
pasó su lengua por el interior de las esquinas de la tarde,
se quedó suspenso largo tiempo sobre los charcos de las cunetas,
dejó caer sobre su espalda el tizne que cae de las chimeneas,
se deslizó por la terraza, dio un salto súbito,
y, viendo que era una noche suave de octubre,
se enroscó una vez a la casa y se quedó dormido.

Y, en verdad, habrá tiempo
para el humo amarillo que se desliza a lo largo de la calle,
frotando su espalda sobre el cristal de las vidrieras;
habrá tiempo, habrá tiempo
para preparar un rostro que acepte los rostros que encuentres,
habrá tiempo para matar, habrá tiempo para crear
y tiempo para todas las labores y los días hábiles
que levanten y dejen caer una pregunta en tu plato;
habrá tiempo para tí y habrá tiempo para mí,
y habrá tiempo incluso para cien indecisiones,
y habrá tiempo para cien visiones y revisiones
antes de que tomemos una tostada y té.

En la habitación, las mujeres vienen y van
hablando de Miguel Ángel.

Y en verdad habrá tiempo
para preguntarse “¿Me atrevo?” y, “¿Me atrevo?”
Habrá tiempo para volverse atrás y bajar la escalera
con un lugar calvo en mitad de mi pelo.
(Dirán: “¡Qué ralo se le está poniendo el pelo!”)
Mi traje matinal, mi cuello que sube firmemente al mentón,
mi corvata, rica y modesta pero asegurada por un simple alfiler.
(Dirán: “Pero, ¡qué delgados son sus brazos y sus piernas!”)
¿Me atrevo
a perturbar el universo?
En un minuto hay tiempo
para decisiones y revisiones que un minuto revocarán.

Porque ya las he conocido a todas, a todas ellas:
he conocido las noches, las mañanas, las tardes,
he medido mi vida con cucharillas de café;
conozco las voces que mueren poco a poco
bajo la música llegada de un cuarto distante.
Entonces, ¿cómo podría yo atreverme?

Y he conocido ya los ojos, todos ellos:
los ojos que nos fijan en una frase formulada,
y cuando esté yo formulado, debatiéndome en un alfiler,
cuando yo esté clavado y retorciéndome en la pared,
¿cómo podría entonces empezar
a escupir todas las colillas de mis días y de mis costumbres?
¿Y cómo podría atreverme?

Y he conocido ya los brazos, todos ellos:
brazos con brazaletes y blancos y desnudos.
(¡Pero bajo la lámpara poblado de claros vellos castaños!)
¿Es acaso el pefume de un vestido
lo que así me hace divagar?
Brazos que reposan sobre una mesa o se envuelven en un chal.
¿Y podría yo entonces atreverme?
¿Y cómo podría empezar?

¿Diré: fui, al crepúsculo, por calles estrechas
y contemplé el humo que sale de las pipas de hombres solitarios,
asomados a sus ventanas, en mangas de camisa?..

Yo debí ser un par de manos andrajosas
que rasaron los suelos de mares silenciosos.

¡Y la tarde, la noche, duerme tan apaciblemente!
Alisada por largos dedos,
dormida... fatigada... o bien se hace la enferma,
extendida en el suelo, aquí junto a ti y a mí.
¿Tendría yo, después del té y los pasteles y los helados,
la fuerza para forzar el momento a su crisis?
Pero aunque he llorado y ayunado, llorado y orado,
y aunque vi mi cabeza (ya un poco calva) traída en una bandeja,
no soy profeta (pero esto no importa mucho);
he visto flaquear el momento de mi grandeza
y he visto al eterno lacayo recibir mi abrigo y sonreír estupida¬mente,
y, en suma, tuve miedo.

¿Y habría valido la pena, después de todo,
después de las tazas, la mermelada, el té,
entre la porcelana, entre alguna conversación sobre ti y sobre mi,
hubiera valido la pena
haber hincado el diente en el asunto con una sonrisa,
haber comprimido el universo en una bola
para rodarlo hacia alguna pregunta abrumadora,
para decir: “Soy Lázaro, vuelto de entre los muertos,
vuelto para decirsélo todo, se lo diré todo”.
Si una, acomodando una almohada junto a su cabeza,
dijera: “No es eso lo que quise decir, no es eso.
No se trata, en absoluto, de eso”.

Y hubiera valido la pena, después de todo,
hubiera valido la pena,
después de los ocasos y de los patios y de las calles regadas,
después de las novelas, después de las tazas de café, después
de las faldas que arrastran por el piso
(y esto, y tanto más).
¡Es imposible decir exactamente lo que quiero decir!
Pero como si una linterna mágica proyectara los nervios en
modelos sobre una pantalla:
¿Habría valido la pena
si una, acomodando una almohada o quitádose un chal
y volviéndose hacia la ventana, hubiera dicho:
“No es eso, en absoluto,
no es eso lo que quise decir, en absoluto”.

¡No! No soy el príncipe Hamlet ni es mi intención serlo,
soy un señor cortesano, uno que servirá
para llenar una pausa, iniciar una escena o dos,
aconsejar al príncipe; sin duda, un instrumento dócil,
obediente, contento de servir,
político, precavido, meticuloso,
lleno de altos conceptos, pero un poquito obtuso;
a veces, en verdad, casi rídiculo:
casi, a veces, el Bufón.

Envejezco... Envejezco...
Usaré enrollados los extremos de mi pantalón.
¿Me peinaré el cabello hacia atrás?
¿Me atrevo a comer un melocotón?
Me pondré pantalones de franela blanca y caminaré por la playa.
Allí he oído a las sirenas cantándose una a otra.

No creo que canten para mí.

Las he visto cabalgar sobre las olas, mar adentro,
peinando los blancos cabellos de las olas revueltas
cuando el soplo del viento vuelve el agua blanca y negra.

Nos hemos quedado en los dormitorios del mar
al lado de muchachas marinas
coronadas de algas marinas rojas y pardas
hasta que voces humanas nos despiertan, y nos ahogamos.

lunes, 6 de febrero de 2012

NÉSTOR GROPPA (1928-2010)

Néstor Groppa / Dos poemas





Esa mañana

Como un bien fregado piso de pinotea
huele la mañana
luego de la lluvia de anoche.
El cielo anegado, el paisaje sosegado
henchido de aromas
a barro, a aguas crecidas
botando su lecho.

Tal vez el mismo aroma haya tenido el aire
en aquel silencio
de luz,
anterior al mundo.

Lejos de aquel comienzo
paradas en el aljibe de la mediamañana
tersas, alegres
las pirinchas se interrogan
sobre los nidos de gorriones
en los altos del tipal.


La conexión eléctrica

Llovía.
Los obreros estaban con sus caparazones de plástico negro
y vivos anaranjados y azules y amarillos
subidos a un púlpito
casi al final de la escalera de la lluvia.
Manipulaban viboritas eléctricas
adormecidas en el interior de los cables;
separaban los voltios reacios; apartaban las chispas y sus almas
tratando de endilgar la procesión de la luz
hasta un fornido pacará
frente a la demolición de la casa vieja.

Tijereteaban savias magnéticas, potencias, tallos y voltios
en ese espinoso jardín de amperes
con flores mortales
acechando en la noche que conforma
el techo de las luces.
Desde aquel alto bajaban agua y neblina.
Fuerzas de seguridad provinciales
vigilaban la poda eléctrica, empalme e injertos en las alturas
entre todos los pájaros siempre con el amanecer encendido
en los ojos.

Ninguno advirtió que la maquinaria sosteniendo al púlpito
sería un caballo de Troya cargado de jardineros
electricistas
colgados del cielo por la cintura; pegados a los postes
con derrames de agua.
Y de pronto el grito y le aumentaron aplausos
por la hazaña de haber renovado la cadencia de la luz
sin despertar a las víboras del voltaje de su sueño continuado,
sin apagar los espejos de Emmanuel
que seguía cortando cabezas a la navaja en su peluquería
reciclada,
abajo -estilista él-
entre aerosoles, cortinitas, cremas y cumbias de la radio.

Néstror Groppa (Laborde, Córdoba, 1928 -San Salvador de Jujuy, 2011), Lucero del alba - Estrella del pastor, Ediciones buenamontaña, San Salvador de Jujuy, 2010

Ilustración: La ciudad en el cielo de tormenta, Ana Arana

La Marea - Revista de cultura, arte e ideas: Néstor Groppa: “El poeta debe abarcarlo todo”

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miércoles, 1 de febrero de 2012

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