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sábado, 28 de febrero de 2015

PASTIZALES, Raquel Rueda Bohórquez (Barranquilla, Colombia)

SEGUNDO POEMA de la cadena literaria en la que me nominó mi compadreBenjamin Araujo ...

PASTIZALES [2]

Un grito me ha llevado a tu bosque
al salir del sol temprano,
cuando el invierno estaba cercano
apagando la sed de un gozque.
Fueron blancas las perlas que corrieron
la lluvia se desgranó como rosario,
te vi tan solitario, cual lirio blanco en un estero.
Un llamado precipitó el corazón
para ser río y fuente dentro de mí,
el amor se bendijo en otra estación
para quedarme contigo aquí.
Arribaron de otro mundo, miles de mariposas
cantando doblé ante ti las rodillas,
serenatas de amor me han despertado
para en mis ojos brillar como cerillas.
Es verdad, ese grito despertó mi letargo
al llegar el amor como fuego
arrasó con el pastizal de verano,
y nos juntó en la brisa sin miedo.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, febrero 27/15

viernes, 27 de febrero de 2015

COTIDIANEIDAD, Wálter Barrantes Chacón (San Ramón, Costa Rica)

COTIDIANEIDAD

Resultado de imagen de dialogo con dios
Vos bien sabés quien soy
Conocés más de mí  por lo que dice
la arcilla de mis versos
que por el aluvión de mi mirada
que arrastra musgo rancio.

Vos bien sabés quien soy:
Un mae, pura vida, con un celaje ardiendo
en la pupila y un colibrí descalzo,
ebrio
 y conquistando a su amada
en pleno vuelo.

No digás pendejadas
si lloro alguna noche.
Vos sabés que nací
un jueves de diluvio.
Mamá parió tan quedo la ternura
que me heredó la lluvia
entre los dedos.

Perdoná si te cuento
mis torpezas, si hay veces
no te creo.
 ¡Hay tantos dios con hambre,
Padre nuestro!
¡Tanto lloro sin nana y sin cebolla!
Tanto negro sin casa y sin diciembre
Tanto beso enterrado
en el olvido.

Perdoname,
Los cobardes solemos protestar
detrás del cobertizo del silencio.
Y tirarte las culpas como dardos
untados de ponzoña.


Perdoname,
Voy a salir ahora por la tarde
 a remover asfalto
con mis labios,
a apuñalar
las guerras con mi verso.
Voy a salir descalzo y sin espinas,
pedestre, humano …
Si vos querés
podés venir conmigo.
Si no  venís, salí de las iglesias,
los campanarios
son malos consejeros.

Wálter Barrantes Chacón (San Ramón, Costa Rica)

jueves, 26 de febrero de 2015

TU PASO POR MI VIDA, Carmen Hertmann Lopez

Me absorbiste toda la savia viva,
toda la que paseaba por mis ramas,
Me dejaste sin fuerzas, y gastada,
Sin poder revivir, ningún brote,
ni una yema, ni una pequeña hoja,
Me quitaste toda la savia 
que circulaba por mis venas
Ahora no tengo nada y estoy seca,
Seca de amor y fantasía.
Me hiciste tanto daño y tan profundo,
Nunca tu dimensionaras, aquello
No puedo reponerme, amor mío,
Hermoso oasis que duro un minuto,
pero que me dejo sangrando lentamente,
vaciendose  hasta la ultima gota de mi vida
Stgo 25 enero 2015 Carmen Hertmann Lopez

¿QUÉ HARÍA PARA CONSEGUIR TU AMOR?, Ligia Rafaela Gómez Deroy

¿Qué haría para conseguir tu amor? 

Para conseguir tu amor, con mis manos
abriría una brecha en el desierto para hacer
brotar agua, para bañar tu cuerpo de caricias mías
y lo secaría con los pétalos de mis labios.

Si el cielo me pidieras, me convertiría
en ángel para volar y llegar a la diestra
de Dios y pedírselo prestado, para ponerlo
a tus pies y adornar tus cabellos
con lágrimas de estrellas y colocar en
tu frente  una diadema bordada con rayos de luna.

Sólo para estar contigo, me lanzaría a la profundidad
de un mar bravío para rescatar la perla más
apreciada y colocarla en tu cuello como prueba
de este gran amor, que siento por ti.

Pero, aunque no me pidieras nada, yo te regalaría
todo mi amor, abriría mi pecho y me arrancaría
el corazón para pegarlo al tuyo, para que
sus latidos se acompasaran en un mismo ritmo,
en un mismo sentimiento, en un mismo cariño,
sólo para conseguir tu amor.
Ligia Rafaela Gómez Deroy

CRISÁLIDA EN EVOLUCIÓN; Carmen Amarilis Vega Olivencia

Crisálida en evolución
Contabilizo las metáforas,
Se acumulan cientos de versos,
lágrimas sobre huesos tiernos,
vientres florecidos de vida,
almas al borde del espiral del viento.
Analizo el interior de mis cofres,
coloco mi lámpara sobre un limpio sanedrín,
miro el espejo del sol
sintiendo la tibieza de la soledad,
la angostura que deja la  ausencia,
oropeles de vida abundantemente necia.
Calculo la fórmula que me rige,
que rige las horas sintiéndome impotente,
inútiles horas rodeadas de estrofas.
No soy yo la que me llamo poeta,
Lo dices tú.
Tú que reflejas deseos de ensueños,
que necesitas un grito en el alma,
despertar del marasmo que te envuelve,
suspirar decorando ese  aletargado pasillo
por donde se  desliza la muerte,
deseando encontrar una imagen poética
que se acomode  entre el infortunio y la suerte,
una frase que sea capaz de iluminar
el camino que conduce al jardín
donde florece el amor.
Y te pido perdón por mi impotencia.
Soy crisálida en evolución.           

Carmen Amaralis Vega Olivencia

LA PALABRA, Miguel ängel Figueiras Gimenez (Argentina)

El 25 de Febrero de 2015 el “MUSEO de la PALABRA” con Sede en Toledo, España, publica en sus redes internacionales, el poema del poeta de Merlo “LA PALABRA” (Visitar: Museo de la Palabra, Twitter, Facebook, etc.)
Del Museo: La sede del “Museo de la Palabra” fue inaugurada por el Presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, el día 23 de noviembre de 2009. Situado en Quero (Toledo), en el corazón de la Mancha del Quijote, el “Museo de la Palabra” se erige sobre una casa-palacio de traza renacentista, raíces castellanas. Recordemos que el poeta y escritor Miguel Ángel Figueiras G. fue aceptado como miembro activo de tan magna Intitucion Literaria Internacional.
La Palabra

El ser humano
es la palabra,
ella anida en el
y de el nacerá el pensamiento,
decir lengua es decir evolución,
es la civilización, valores, devoción
 pasado, presente y porvenir,
es el linaje del conocimiento
que jamás debe de morir.

El hombre creo la palabra
luego la palabra moldea al hombre,
como amasijo de arcilla
 en las manos del aprendiz
da aliento de vida a un etéreo artista.
Hoy los humanos
oramos en altares de palabras,
con horribles palabras
 provocamos la guerra,
con sensibles palabras
logramos la paz.

Debemos rogar para poseer
el talento de hablar lo justo,
y el mismo talento para callar  a tiempo,
el lenguaje como el espejo
refleja al hombre,
existe un misterioso arte
-el de hablar y escuchar-
una palabra puede herir, matar o sanar.


Autor: Miguel Ángel Figueiras Gimenez (2015)
Poeta y escritor de Merlo, Buenos Aires, Argentina

EL ÁRBOL DE LA LITERATURA, En la Feria Internacional del Libro en Minería

  • La obra del artesano Miguel Ángel González posee la virtud de tener no una cara como los tradicionales árboles de la vida que han dado fama mundial a Metepec, sino que se puede admirar por ambos lados
México, 25 Feb (Notimex).- Cientos de personas visitan desde el pasado 18 de febrero el Pabellón del Estado de México en la XXXVI Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM), que inició ese día y terminará el 2 de marzo.

Lo primero que atrapa la atención de los asistentes a la feria que llegan al primer piso y se internan en el referido pabellón es el enorme y colorido "Árbol de la literatura", pieza creada por el artesano Miguel Ángel González, artista de Metepec, población que el 14 de septiembre de 2012 recibió el nombramiento de Pueblo Mágico.

Ismael Ordoñez Mancilla, secretario técnico del Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal del Estado de México, informó que la obra de aproximadamente 180 kilos de peso y 1.50 metros de altura, fue realizada por el artista luego de haber leído los 60 libros representados en el "Árbol de la literatura".

Explicó que el autor de la pieza leyó cada una de las obras, "pues de otra manera no habría tenido elementos de juicio suficientes para plasmar, a través del barro y el color, la esencia de cada autor y cada título". Cada figura y cada tonalidad refleja fielmente al autor y lo que quiso transmitir a través de su obra.

Comisionado por el Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal mexiquense al artista, el "Árbol de la literatura" rinde tributo a las letras universales de todos los tiempos. Obras y autores mexiquenses, mexicanos y del mundo, están representados en pulcras figuras de barro. De Sor Juana Inés de la Cruz a Juan Rulfo; de William Shakespeare a Julio Cortázar.

La obra posee la virtud de tener no una cara como los tradicionales árboles de la vida que han dado merecida fama mundial a Metepec, sino que se puede admirar por ambos lados. Una cara ostenta lo más destacado de la literatura mexicana, que inicia con Nezahualcóyotl Acolmiztli y Sor Juana Inés de la Cruz.

En el mismo plano principal la pieza muestra una representación del libro sagrado "Popol Vuh", y luego, en orden descendiente, figurillas policromadas de Octavio Paz ("El laberinto de la soledad"), Angel María Garibay Kintana ("El poema de los árboles"), Laura Méndez de Cuenca ("El espejo de Amarilis") y Alejandro Ariceaga ("El cuerpo de una mujer").

Luego están presentes Enriqueta Ochoa ("Retorno de Electra"), Rosario Castellanos ("Balún Canán"), Manuel Payno ("Los bandidos de Río Frío"), Elena Garro, Carlos Pellicer ("Hora de junio"), Carlos Fuentes ("Aura"), Juan José Tablada ("Li-Po y otros poemas"), José Emilio Pacheco ("Las batallas en el desierto") y "Fernando del Paso ("Noticias del Imperio").

Siguen Amado Nervo ("La amada inmóvil"), Jaime Sabines ("Los amorosos"), José Joaquín Fernández de Lizardi ("El Periquillo Sarmiento"), Juan José Arreola ("El guardagujas"), Juan Ruiz de Alarcón, Nellie Campobello ("Cartucho"), Josué Mirlo ("La Caballona"), José Revueltas ("El apando"), Alfonso Reyes ("Sol de Monterrey") y Rubén Bonifaz Nuño ("Amiga a la que amo").

Completan la cara "Arbol de la Literatura Mexicana y Mexiquense" Federico Gamboa ("Santa"), Concha Urquiza, Mariano Azuela ("Los de abajo"), José Gorostiza ("Muerte sin fin"), y Vicente Riva Palacio ("Martín Garatuza"). En la base de esta cara de la obra destaca particularmente Juan Rulfo con su emblemática novela "Pedro Paramo".

En el reverso, el "Árbol de la Literatura Universal" está coronado por La Biblia, que cobija a Rudyard Kipling ("El libro de la selva"), Julio Cortázar ("El perseguidor"), Antoine de Saint-Exupéry ("El Principito"), El "Lazarillo de Tormes", Mary Shelley ("Frankenstein") Franz Kafka ("La metamorfosis") y Johann Wolfgang von Goethe ("Fausto").

Igualmente, Edgar Allan Poe ("El cuervo"), Gabriela Mistral ("Lecturas para mujeres"), "Dante Alighieri ("La Divina Comedia"), Miguel de Cervantes Saavedra ("Don Quijote de la Mancha"), Rabindranath Tagore ("El jardinero"), Gabriel García Márquez ("El coronel no tiene quien le escriba"), Fiódor Dostoyevski ("Crimen y castigo") y Valmiky ("El Ramayana").

Alexandre Dumas ("Los tres mosqueteros"), "Las mil y una noches", Emily Bronté ("Cumbres borrascosas"), Gustave Flaubert ("Madame Bovary"), Lewis Carroll ("Alicia en el país de las maravillas"), Víctor Hugo ("Los miserables"), William Shakespeare ("Romeo y Julieta"), Marguerite Yourcenar ("Memorias de Adriano") y Giovanni Boccaccio ("Decamerón") también están presentes.

La base está flanqueada por Virginia Woolf ("Orlando"), Julio Verne ("Veinte mil leguas de viaje submarino"), Ernest Hemingway ("El viejo y el mar"), Homero ("La odisea"), Jonathan Swift ("Los viajes de Gulliver"), Herman Melville ("Moby Dick") y finalmente, Oscar Wilde con uno de sus cuentos más representativos y famosos, "El gigante egoísta".

EL ENCUENTRO DE DICKENS Y DOSTOYEVSKI, Luis Miguel Aguilar (Revista Nexos)

El encuentro de Dickens y Dostoievski


Luis Miguel Aguilar

A finales de 2011 la reseñista del New York Times, Michiko Kakutami, encontró “un registro formidable” en una reciente biografía de Claire Tomalin sobre Charles Dickens. Durante una corta estancia en Londres el año de 1862, Fyodor Dostoievski había tenido un encuentro con Charles Dickens en las oficinas editoriales del escritor inglés.
En una carta escrita por Dostoievski a un amigo dieciséis años más tarde, Dostoievski refería cómo Dickens le había desnudado su alma creadora. Y la reseñista citaba el pasaje de la carta.
Profesores estadunidenses de literatura rusa escribieron en protesta al New York Times; el diario se retractó en su edición on line informándoles a los lectores que se había puesto en entredicho.
Para entonces, en el Times ya había aparecido una segunda reseña de la biografía de Tomalin, citando el mismo pasaje, escrita por David Gates. Poco después, el sitio web del Times le añadió a la reseña en línea de Gates la misma nota precautoria que a la reseñista anterior.
Sin embargo, en enero de 2012 la sección “Sunday Observer” del mismo periódico publicó un tercer artículo sobre Dickens que volvía a citar la carta de Dostoievski. Pronto le añadieron en línea el mismo aviso precautorio.
El Times le preguntó a la biógrafa de Dickens, Tomalin; ella fue a sus notas de investigación y admitió rápidamente que tal vez había caído en un engaño. Cuando la atacaron por ingenua e irresponsable, Tomalin se defendió diciendo que el “registro” le había parecido irresistible y había confiado en la seriedad académica de otros.
El encuentro de Dickens y Dostoievski lo describió por vez primera una autora de nombre Stephanie Harvey en un breve artículo, “Los villanos de Dickens” y publicado el año 2002 en el Dickensian, órgano de la Fraternidad Dickens, una sociedad fundada en Londres desde 1902.
Stephanie Harvey atribuyó este descubrimiento a un académico soviético, K. Shiajmetov, quien había publicado el pasaje de la carta en una revista, Noticias de la Academia de Ciencias de la República Soviética Socialista de Kasajistán, del Instituto de Historia, Filología y Filosofía. El título: “Dos cartas de 1878”.
Y el asunto hizo camino. Michael Slater incluyó el pasaje en su biografía de Dickens (2009). En cuanto aparecieron las reseñas, los expertos cuestionaron la autenticidad del encuentro. Una entre ellos, Sarah J. Young, señaló en su blog “Rusos en Londres” que la carta no se había incluido en la edición estándar de las obras completas de Dostoievski, cuyos volúmenes epistolares comenzaron a aparecer en 1988.
El profesor Michael Hollington leyó la biografía de Slater y se le hizo sospechosa la fuente de ese artículo firmado por Stephanie Harvey. Le pidió al director del Dickensian, Malcolm Andrews, más datos sobre la autora del artículo.
Cuando Andrews le escribió a Stephanie Harvey, recibió en respuesta una carta escrita con pulso temblante o caligrafía de enfermo mental. Harvey decía que ya no encontraba sus notas, tenía mala memoria y ahora estaba en otros temas literarios.
Hollington le pidió a un experto en estudios rusos de Cambridge que investigara sobre la publicación de Kazajistán, y este último le informó que no podía encontrar pruebas de su existencia.
Hollington se lo comunicó a Slater, quien en 2011 quitó la referencia al encuentro entre Dickens y Dostoievski en la reimpresión de su biografía.
Andrew insistió en hacer contacto con la señorita o señora Harvey y recibió un correo electrónico de su hermana informándole que Stephanie Harvey había quedado gravemente herida luego de un accidente automovilístico; tenía daño cerebral y a duras penas reconocía a miembros de su propia familia.
Un artículo anterior de Stephanie Harvey iba a dar en 1993 a la revista Critical Survey, donde comparaba a la escritora Doris Lessing, desfavorablemente para Lessing, con un ignorado cuentista de nombre Leo Bellingham, quien había publicado un cuento, según la fuente dada por Harvey, en una revista de nombre New Beginning. Esta revista, como la publicación académica de Kazajistán, no existía. (O las publicaciones de nombre New Beginning eran, una, de lactancia, y la otra se dirigía a un público de recién divorciados.) Sin embargo, Harvey citaba fragmentos del cuento de Leo Bellingham con certeza de existencia.
Ahora bien: Leo Bellingham era el autor comprobado de una novela, Oxford: The Novel pero, a la hora de averiguar quién era, su nombre resultaba tan misterioso como el de su admiradora Stephanie Harvey.
En su artículo Stephanie Harvey menciona a dos críticos que le permitieron citar de sus respectivos trabajos en curso sobre Bellingham: A. D. Harvey y Graham Headley.
De los dos, A. D. Harvey tenía publicados varios trabajos de historia y literatura inglesas, incluso una novela de ciencia ficción, Guerreros del arcoíris (2000), pero su nombre estaba asociado notablemente con su resentimiento contra las instituciones académicas de Inglaterra por no haberlo contratado, y contra la revista History por no publicarlo. La revista tiene en su lista negra al mencionado A. D. Harvey y a un Trevor McGovern.
Cuando History le negó a Harvey la publicación de un texto, envió una colaboración bajo el nombre de Trevor McGovern. Ya publicado, el editor de la revista tuvo que publicar un artículo, donde se disculpaba ante los lectores porque el texto de McGovern plagiaba un trabajo de Harvey.
En Google, hacia el año 2006, los nombres de McGovern y Harvey aparecían juntos como autores de textos eróticos.
Un texto erótico de Harvey decía en una parte: “Como Jackie, ella tenía aureolas rosadas en los pezones, con la diferencia de que las puntas de sus pezones se negaban a erguirse cuando uno jugaba con ellos. Ella me dijo que la única manera de que se pararan era humedecerlos con saliva y luego succionarlos con delicadeza durante cuatro o cinco minutos”.
Varios años atrás, en 1981, en la mencionada novela de Bellingham, Oxford: The Novel, podía leerse: “Era como si sus pezones se hubieran refugiado dentro de sus pechos. —Tus pezones no se paran —le dijo. —Siempre les pasa lo mismo. El único modo de lograr que se pongan puntiagudos es humedecerlos un poco con saliva y luego chuparlos con delicadeza. Entonces se paran”. Hay muchos pasajes así en los respectivos textos eróticos de Harvey y de Bellingham.
Otro autor de nombre John Schellenberger ha unido los nombres de Harvey y Bellingham; al segundo como un incomparable autor de ficción sobre la vida académica inglesa, y al primero como un crítico de esa vida y como autor de inmejorables textos históricos.
Schellenberger también ha reseñado con admiración una novela de Michael Lindsay, Mind-Sprung (1981), poniéndolo al nivel de George Orwell, y Harvey también ha elogiado a Michael Lindsay. Harvey tiene o tenía la costumbre de enviar cartas a las revistas y suplementos literarios con frases como: “…la conspiración… para elevar a William Golding o Iris Murdoch a expensas de un Michael Lindsay”.
Y aparece también Graham Headley, a quien Stephanie Harvey reconocía en su artículo inicial sobre Bellingham. La obra de Graham Headley consiste hasta ahora en las dos reseñas que ha publicado sobre A. D. Harvey; en ambas lo descalifica pero habla ya de “La tesis de Harvey” como algo atendible e importante, y justifica sus fallas como algo debido a su “intolerable aislamiento”. De paso, Headley descalifica a Harvey pero no sin igualarlo a la baja con otro autor: George Steiner.
El escritor Eric Naiman ha rastreado las conexiones entre A. D. Harvey, Stephanie Harvey, Graham Headley, Trevor McGovern, John Schellenberger, Leo Bellingham, Michael Lindsay (e incluso un académico italiano: Ludovico Parra), pero el círculo de amigos que se analizan, se apoyan y a veces “se critican” podría ser más amplio.
En 2012 apareció una nueva edición de Oxford: The Novel; se presenta como la primera edición y el nombre del autor es A. D. Harvey. El nombre de Leo Bellingham no aparece por ningún lado, y la solapa dice que la novela anterior de Harvey es Guerreros del arcoíris.
En la Biblioteca Británica hay un libro, poco más que una plaquette, titulada “Symbol and Narrative in Oxford: The Novel”. Tiene siete páginas. No aparece el nombre del autor, pero el nombre de Nold Jonson (la “A” en el nombre de Harvey es por “Arnold”) está escrito a mano en la parte de abajo. La tarea de la plaquette es demostrar que todos aquellos aspectos de esta novela que parecerían defectos inicialmente son, en realidad, manifestaciones sutiles de su grandeza.
En la portada hay una dirección. El director de la revista Dickensian confirmó que era la misma desde donde le habían enviado el artículo “Los villanos de Dickens: una confesión y una sugerencia”, donde aparece el encuentro de Dickens y Dostoievski.
En el pasaje, Dostoievski refería lo que Dickens le había dicho:
Toda la gente sencilla y buena en sus novelas, la Pequeña Nell, incluso sus simplotes como Barnaby Rudge, son lo que él (Dickens) quería haber sido, y sus villanos eran lo que él era (o más bien, lo que él encontraba en sí mismo), su crueldad, sus ataques de animosidad sin causa alguna hacia aquellos que estaban indefensos y que buscaban alivio en él, su apartamiento de aquellos a los que debía amar, consumido en lo que escribía. Había dos personas dentro de él, me dijo: una que siente lo que es debido y otra que siente lo opuesto. A partir  de la que siente lo opuesto hago mis personajes malignos; a partir de la que siente lo que un hombre debería sentir, trato de vivir mi vida. “¿Sólo dos personas?”, pregunté.
El inventor del falso encuentro, bajo el nombre de Stephanie Harvey, es el mencionado Arnold Jonson, creador también de la “cofradía” de comentarios y elogios mutuos. Frente a todos los otros autores que creó, la pregunta final de “Dostoievski” a “Dickens”, “¿Sólo dos personas?”, es como la burla en clave del mismo Jonson mientras fraguaba sus copiosas engañifas.
“Prefiero Dickens a Dostoievski”, dice un verso de la poeta polaca Wislawa Szymborska. Dostoievski también prefería a Dickens.
Durante una fiesta en 1880, cuando un mujer dijo no haber leído a Dickens, Dostoievski dio un salto para exclamar ante los invitados: “Entre nosotros se encuentra la persona más feliz del mundo. Anna Ivanovna es feliz porque no ha leído a Dickens y tiene esta felicidad por delante. Ojalá yo estuviera en su lugar”.
En una carta de 1867, mientras comenzaba su novela El idiota, Dostoievski escribió: “Sólo hay un hombre absolutamente bueno en el mundo: Cristo… entre las figuras buenas de la literatura cristiana, la más perfecta es Don Quijote. Pero es bueno sólo porque al mismo tiempo es ridículo. El Pickwick de Dickens (una concepción mucho más débil que Don Quijote, y no obstante inmensa) es también ridículo y está logrado por virtud de tal hecho”.
La esposa de Dostoievski escribió poco después de la muerte del novelista en 1881: “Durante el almuerzo hablamos sobre The Pickwick Papers. Luego salió a caminar. Fue su última caminata”.
Y sobre todo, la pobre biógrafa Tomalin que cayó en “el encuentro” de Dickens y Dostoievski, se habría librado del engaño con sólo reparar en esta otra alusión, entre las constantes alusiones, de Dostoievski a Dickens. Un amigo recordaba a Dostoievski diciéndole sobre Dickens: “Cuando no me siento bien, nada me da más gozo que este escritor, uno de los mejores del mundo”. Dostoievski no añadió: “Y también una persona encantadora”. Quedaba claro que solamente lo había conocido de leídas.
ReferenciasTimes Literary Supplement, abril 12, 2013 y junio 7, 2013; Wislawa Szymborska: “Possibilities” en People on a Bridge (trad. Adam Czerniawski), Forest Books, Londres, 1990; Charles Dickens: Pickwick Papers (epílogo de Steven Marcus), Signet Classics, NY, 1980. n

Luis Miguel Aguilar. Poeta y ensayista. Entre sus  últimos libros: Las cuentas de la Ilíada y otras  cuentas El minuto difícil.