Amazon Deals

lunes, 29 de septiembre de 2014

DUERS IN HANNOVER 1975, Joe Pass & Ella Fitzgerald

SILENCIO, Juan Jerónimo González Malmierca (España)

Silencio

Silencio…
Que la pluma duerme.

Silencio…
Que el poeta
ya se despierta.

Silencio…
La tinta ya borracha
se humedece de escarcha.

Silencio…
Que un sueño le atormenta.

Silencio…
Que la pluma ya se despeja.

Silencio…
Que la tinta resacosa,
se marea entre puntadas
de la pluma desenfundada.

Silencio… 
El poeta ya ausente
en su mundo de vocablos
todos ellos mudos.

Silencio, que se despierta
Cuidado!!
que el poeta piensa…

ODA AL AMOR, Pablo Neruda


Amor, hagamos cuentas.
A mi edad
no es posible
engañar o engañarnos.
Fuí ladrón de caminos,
tal vez,
no me arrepiento.
Un minuto profundo,
una magnolia rota
por mis dientes
y la luz de la luna
celestina.
Muy bien, pero, el balance?
La soledad mantuvo
su red entretejida
de fríos jazmineros
y entonces
la que llegó a mis brazos
fue la reina rosada
de las islas.
Amor,
con una gota,
aunque caiga
durante toda y toda
la nocturna
primavera
no se forma el océano
y me quedé desnudo,
solitario, esperando.
Pero, he aquí que aquella
que pasó por mis brazos
como una ola
aquella
que sólo fue un sabor
de fruta vespertina,
de pronto
parpadeó como estrella,
ardió como paloma
y la encontré en mi piel
desenlazándose
como la cabellera de una hoguera.
Amor, desde aquel día
todo fue más sencillo.
Obedecí las órdenes
que mi olvidado corazón me daba
y apreté su cintura
y reclamé su boca
con todo el poderío
de mis besos,
como un rey que arrebata
con un ejército desesperado
una pequeña torre donde crece
la azucena salvaje de su infancia.
Por eso, Amor, yo creo
que enmarañado y duro
puede ser tu camino,
pero que vuelves
de tu cacería
y cuando enciendes
otra vez el fuego,
como el pan en la mesa,
así, con sencillez,
debe estar lo que amamos.
Amor, eso me diste.
Cuando por vez primera
ella llegó a mis brazos
pasó como las aguas
en una despeñada primavera.
Hoy
la recojo.
Son angostas mis manos pequeñas
las cuencas de mis ojos
para que ellas reciban
su tesoro,
la cascada
de interminable luz, el hilo de oro,
el pan de su fragancia
que son sencillamente, Amor, mi vida.

YO ANTE EL ADIÓS DESHABITADO, Ricardo Álvarez Morel

No preguntes la verdad más que a tus enemigos
El - Din- Saadi escritor persa
Las frases espirituales
surcan las distancias esperanzadas.
Un torrente de promesas ilusorias
invade a los oyentes cabizbajos
y todas las puertas con esperas
se entreabren al sol de las palabras
Y la voz acaricia en su energía
portando cascabeles y guirnaldas.
La luz multicolor de lo imposible
forma rayos de ignotos querubines.
Pareciera que la selva despertara
y el oasis de Dios mojara el alma.
Y el gesto grave derrocha los discursos:
"Tendremos el hogar que merecemos
con cultura en las mesas desbordando.
Alcanzaremos las metas señaladas
por los padres que antiguo nos forjaron
y veremos pléyades  de flores
liberando perfumes en las aulas.
El jornal manejará el sustento
para que el pan atiborre los manteles.
La vid preservará al vino
y el trigo será harina en los costales.
Por cada esfuerzo consumido
una estrella de confort habrá que premie".
Y yo, el poeta, el renegado.
El rebelde enemigo de la estática
se estremece por tantas fruslerías
que adormecen las masas con mentiras,
mientras duelen los niños sacudidos
en el hambre genital de sus mañanas.
Y yo, el incrédulo de las dádivas
descargo mi verdad en cada llanto.
Presiento mil muertes desnutridas
en los campos de mendigos callejeros.
Y la penúltima espina ya se inserta
en la gélida realidad de tanto espanto.
Ricardo Alvarez Morel

domingo, 28 de septiembre de 2014

LÁZLÓ PASSUTH EL CRONISTA INSÓLITO, Edith Muharay M.


Edith Muharay M.
La novela europea más imaginativa y a la vez realista sobre la historia de la Conquista de México fue publicada por primera vez en vísperas de la segunda guerra mundial en Budapest. El tema no podía estar más alejado de las preocupaciones apremiantes del momento. Sin embargo, salió a la venta, y dicen que los budapestinos amontonados en los refugios durante los bombardeos se lo pasaban de mano en mano. El libro los transportaba a un mundo totalmente desconocido; era como un punto mágico que desviaba la atención del angustioso presente y los ayudaba a soportar la incomodidad y el miedo.
Escrito por un empleado de banco húngaro autodidacta llamado László Passuth, que hasta entonces nunca había salido de Europa, El dios de la lluvia llora sobre México fue traducido después a más de diez idiomas empezando por el español, y le dio la vuelta al mundo. A pesar de su lenguaje un tanto barroco, se sigue editando todavía (la última edición en versión original es de 2011).

Lo que más llama la atención en esta obra voluminosa, aparte de la amplitud de conocimientos históricos del autor y más allá de la descripción basada en documentos auténticos de los acontecimientos, es su afán por penetrar en el mundo interior de los protagonistas. No solamente nos hace vivir en sus detalles cotidianos la increíble aventura de la Conquista de México, así como descubrir a través de los ojos de los españoles de entonces un país nuevo con su gente, su impresionante cultura y costumbres extrañas, sino también trata de acercarse a los protagonistas en sus rasgos humanos: a éstos los vemos en su calidad de seres humanos con sus debilidades, sus dudas y sus emociones, que los hacen más reales.

El orgulloso Cuauhtémoc baja de su pedestal del Paseo de la Reforma para volverse de carne y hueso. Cortés y Moctezuma dejan de ser lejanos personajes históricos del siglo XVI. Los vemos de cerca, entramos de pronto en su intimidad. Seducido por la belleza de la mujer indígena, vemos a Cortés aproximarse con gestos delicados a Marina en su primera noche de amor.

Después de estudiar por varios años la personalidad de Cortés a través de sus cartas y las descripciones que hacen de él los cronistas, Passuth no lo imagina comportándose con brutalidad con una mujer que, además, le gusta por su inteligencia, juventud y belleza. ¿Quién podría imaginar cómo fue esa primera noche entre el conquistador y su esclava? Passuth lo hace a su manera: entra sigilosamente en la tienda de campaña del capitán, los “ve”, y siente lo que ellos pudieron sentir o pensar en ese momento:
Ella era tan suave y perfumada, mujer codiciable y virginal a un tiempo, exhalaba todos los perfumes y esencias del mundo […] Todo le era nuevo: la forma de la tienda, la cruz sobre la mesa. Un cuarto varonil, sin flores […] la cama de campaña, con algunas prendas de vestir en desorden arrojadas encima. Cortés estaba allí con el cuello de la camisa desabrochado dejando ver la palidez de su piel. Y sobre ésta se posó la vista de la muchacha llena de curiosidad y de deseo. El miedo había cedido. Cortés se arrancó la almilla y quedó así con sus pantalones de soldado, su calzado sin espuelas, con la camisa de tela de Holanda abierta por el cuello [...] la acariciaba con aquella su mano pesada acostumbrada a las armas [...] en sus caricias apartó con cuidado la guirlanda de flores que adornaba sus cabellos, busco después el broche de sus vestidos y lo fue desabrochando con dedos pacientes y enamorados hasta que cayeron las telas [...] Marina quedó como embelesada mirando su pecho desnudo y como una niña curiosa extendió su mano como queriendo arañar aquella piel para convencerse que era realmente piel como las otras. [...] deslizó un dedo sobre el pecho de Cortés y por ese dedo debió subir una ola de ardor viril. Atrapó él aquel dedo y lo condujo hasta su corazón que palpitaba locamente [...] él entonces apagó la bujía. El cacique de Tabasco le había regalado una princesa encantada, tal fue su último pensamiento lógico.
¿Y cómo podía ser la última hora de Moctezuma, el monarca sagrado en su captiuidad? Passuth la “visualiza” también:
Innumerables recuerdos acudían a la memoria de Cortés ante aquel hombre que ahora estaba junto a la puerta de la muerte [...] Miró las almohadas amontonadas donde se apoyaba el rostro demacrado, iluminado, sin embargo, por una maravillosa mirada aterciopelada. Era el rostro del hombre que no había pestañeado ante la visión de millares de corazones arrancados en vida. Ese hombre había conquistado reinos enteros, adoraba a sus dioses y no se había humillado más que ante la memoria de Quetzalcóatl, cuando el pasado otoño había abrazado a Cortés a la entrada de Tenochtitlán [...] Allí estaba el gran señor con su aureola imperial [...] Dos muchachas, sentadas sobre cojines, cuidaban de cambiar los vendajes y de lavar la frente del herido. Era todo lo que éste permitía que se hiciera. Ambos hombres se contemplaron mutuamente. Moctezuma extendió la mano. Cortés comprendió el gesto y tomo aquella mano, como hacen dos camaradas cuando uno de ellos va a morir [...] Pensó en su alma que iba a desprenderse de su envoltura mortal y rezó entonces la oración de los agonizantes. Después sacó su puñal del cinto y aproximó a los labios de Moctezuma la empuñadura en forma de cruz. – Gran señor [...] piensa en tu alma. Es tu última ocasión. Te conjuro a que lo hagas [...] besa la cruz y tu alma se salvará. Moctezuma le miró. Dirigió después sus ojos a la ventana como para ver si llegaba ya el nuevo día [...] – Mis dioses me protegieron siempre mientras viví. No quiero abandonarlos en la hora de mi muerte. Gracias, Malinche, gracias por haber venido a verme [...] El intérprete iba traduciendo lentamente.
¿Y cómo se veía, qué decía Cuauhtémoc, el rebelde, cuando cayó prisionero de los españoles?:
Detrás de sus capturadores marchaba Cuauhtémoc con la cabeza erguida, su manto de plumas y su corona, y sus sandalias de oro, sucias ahora por el barro de las calles [...] En su rostro cansado brillaban, fuertes como siempre, sus ojos. Quedó frente a Cortés esperando. Su aspecto famélico y agotado indicaba bien las privaciones de las últimas semanas. Su gesto era duro, rasposo cuando se dirigía a Cortés. Hablaba lentamente, marcando bien cada sílaba. Hablaba en el idioma de la corte empleado solamente por los príncipes de sangre y los sumos sacerdotes: –Malinche (el amo de Marina). Yo debía defender este pueblo y a mi país, del cual era monarca. Así lo ordenaba la voluntad de mis antepasados. Ahora todo ha terminado, he caído en tu poder. Te suplico Malinche que no me hagas sufrir largo tiempo.

Avanzó dos pasos y, tomando con su mano el puñal que pendía del cinto de Cortés, lo sacó de la vaina. Cortés, inconscientemente, llevó rápidamente su mano a la espada. Águila-que-se-abate continuó: –Te suplico que uses esta arma que llevas al costado [...] que me quepa a lo menos el honor de morir de tus manos, ya que no pude caer en la lucha [...] Te suplico, acaba pronto. ¿Qué esperas?


Dos libros exóticos

László Passuth nació el 15 de julio de 1900. Vio la luz con el comienzo del siglo XX y pasó toda su vida en esa mittel Europa alborotada por las tensiones entre las diversas nacionalidades centroeuropeas, conflictos bélicos, cambios de fronteras y, finalmente, la ocupación soviética que condenó a su país a cuarenta años de aislamiento del resto del mundo, detrás de la cortina de hierro.

Passuth terminó sus estudios de derecho a los diecinueve años y a esa edad empezó a trabajar en un banco. Nada lo predestinaba a volverse un día el nuevo cronista de la Conquista de México, una especie de de Sahagún húngaro del siglo XX que hizo el gran viaje solamente en su imaginación.

¿Qué fue lo que llevó al joven funcionario bancario, que hasta entonces nunca habia dejado Europa, a encapricharse con ese tema tan extravagante para su tiempo y su medio? A finales de los años veinte del siglo pasado, el tema de las culturas precolombinas era totalmente desconocido en Hungría, no formaba parte de la cultura general, ni siquiera existía el término en el vocabulario húngaro de entonces. Prácticamente no había publicaciones sobre descubrimientos arqueológicos ni se veían fotografías de las obras encontradas. La mayoría de las ruinas estaban, además, todavía inexploradas, escondidas bajo la maleza tropical.
Para Passuth todo empezó con un libro encontrado por azar. En ocasión de un viaje a Londres, cuando tenía veinticinco años, le llamaron la atención dos libros expuestos en el escaparate de una libreria de Oxford Street : Historia de la conquista del Perú e Historia de la conquista de México, ambos de William Prescott.

“No conocía el autor, pero me fascinaron los títulos”, cuenta Passuth en su epílogo a la reedición en húngaro de su novela mexicana en 1973. “Desde niño ansiaba saber más de esas civilizaciones exóticas de lo que me dejaban adivinar las novelas de indios que devoraba entonces.” Compró primero el tomo sobre Perú y se quedó leyendo toda la noche hasta terminarlo. “Entonces supe que tenía que comprar el otro tomo también, ya que el autor hace a menudo referencia a los aztecas.” Al día siguiente regresó a la librería, pero el libro ya se había vendido. Debido a su tenaz insistencia, el librero terminó por encontrarle un ejemplar un poco averiado que quedaba en el depósito de la tienda.

Curiosamente, la historia del Perú no le llamó tanto la atención como la de México. “Ni la cultura inca, ni el personaje del conquistador áspero e inculto que fue Pizarro me atrajo especialmente –comenta–. En cambio, la historia y la cultura de México me fascinaron desde el primer momento, y se volvió la gran pasión de mi vida [...] Así empezó, como un capricho, para convertirse en verdadera pasión.”

Passuth quiere explorar toda información accesible sobre el tema de su interés. El primer obstáculo que encuentra para seguir adelante en su búsqueda es el idioma, ya que las fuentes más interesantes sólo existían en español, un español arcaico del siglo XVI. Si quería leer las cartas de Cortés y los cronistas señalados por Prescott en su libro como fuentes, tenía que aprender su lengua. Había estudiado latín en el liceo y dominaba bien el alemán y el italiano. Con mucha aplicación y tenacidad, se pone a estudiar la lengua española. El primer autor español que terminará leyendo íntegramente en versión original será nada menos que Cervantes.

Mientras seguía siempre en su empleo en el banco, Passuth pasaba todo su tiempo libre profundizando sus conocimientos de la historia mexicana. Por mediación de un amigo vienés pudo entrar en el archivo cerrado al gran público de la Biblioteca Nacional de Austria y consultar los originales de las famosas cartas números 2, 3 y 4 de Hernan Cortés, así como el maravilloso Códice Vindobonensis. Su emoción es grande cuando depositan en su mesa las preciosas reliquias: las cartas escritas de puño y letra por Cortés, con tinta roja pálida extraída de algunas bayas del bosque, y el largo biombo en piel curtida de venado del códice mexicano mejor conservado.

También en Viena pudo contemplar el verdadero penacho de plumas de quetzal que Moctezuma mandó a Cortés para que éste lo llevara de regalo a su rey en España. Visitó todos los museos, bibliotecas y archivos de Austria y Alemania buscando obras referentes a su pasión. Vio las colecciones más importantes de arte precolombino que tienen los museos de París, Florencia y Londres. En una tienda de libros antiguos de Budapest encontró los dos tomos en traducción alemana del príncipe historiador Ixtlilxóchitl, Obras históricas, donde el descendiente de familias reales relata la historia y las costumbres del reino de Texcoco antes de la Conquista.
Durante más de un decenio, Passuth siguió recopilando datos y tomando notas sobre sus descubrimientos, formando carpetas que se amontonaban en su mesa de trabajo, sin tener una idea precisa de lo que habría de hacer más adelante con tanto material reunido.
Más que los meros hechos históricos, lo que le interesaba era el perfil humano complejo y contradictorio de ambos protagonistas. Le intriga y conmueve “la exquisitez espiritual de Moctezuma que no tiene nada que envidiar al hombre europeo del Renacimiento”, y quien al mismo tiempo fue “uno de los asesinos rituales más sangrientos del mundo. La noción del valor de la vida humana no llegó a su conciencia cuando se trataba de servir a sus dioses sedientos de sangre”1.

En Cortés aprecia al hombre culto que se expresaba con elegante soltura, leía en latín y tenía muchos conocimientos jurídicos y económicos. Hace resaltar que pocos conquistadores tenían tanto interés verdadero por conocer la forma de vida y las costumbres de los pueblos que iban descubriendo, y tanto talento para describir en forma vívida lo que veían. Con todo esto, según Passuth, Cortés sobresalía entre los conquistadores en general, y no se le puede confundir con la masa inculta y rapaz de los mercenarios que lo acompañaban. Le simpatiza también el hombre enamoradizo, sensible a la belleza de las mujeres indias, y su valentía en las batallas.

Sin embargo, constata, Cortés era también hijo de su época. Determinado por su religión y su lealtad al rey de España, el mismo hombre fino llegado al Nuevo Mundo mandó a la hoguera a los caciques rebeldes, no hizo nada para impedir la ejecución de Cuauhtémoc, destruyó la ciudad cuya belleza y perfección admiraba, y masacró sin miramientos a los indios cuando se trataba de salvar la vida de sus hombres y asegurar su avance.
Desde 1932, Passuth empezó a publicar ensayos y cuentos en la prestigiosa revista literaria Nyugat (Occidente) en Budapest. En una ocasión decidió hablar de su tema mexicano y su deseo de escribir un cuento sobre eso a Zsigmond Móricz, jefe de redacción de la revista. El gran escritor húngaro le hace entender que su tema está demasiado fuera de la realidad para que tenga algún interés para el público lector. Empero, sensible al entusiasmo del cuentista talentoso, le aconseja dar rienda suelta a su pasión escribiendo una novela histórica, aunque no tenga perspectivas de publicación. “Cuando un escritor joven se obsesiona de esta manera con un tema tan rocambolesco, no hay más remedio que sacarlo de su cabeza escribiéndolo. Haz una novela con todo lo que tienes adentro, guarda el manuscrito en el fondo de un cajón y te aliviarás. Y podrás seguir adelante con otros temas”, le dice.

Así fue que Passuth empezó a escribir su gran novela mexicana, sin esperanzas de publicación ni posibilidad alguna de viajar al lejano país.

Después de la segunda guerra mundial, durante el régimen comunista, a pesar del éxito internacional de su novela, Passuth se ve relegado a la categoría de “escritor tolerado”. Trabaja en el Instituto Nacional de Traducción hasta su jubilación, en 1960. Mientras en Hungría no lo editan, varias de sus obras se publican en el extranjero.


Ilustraciones de Gabriela Podestá
Escritor prolífico, Passuth es autor de ensayos sobre historia del arte, libros autobiográficos y varias novelas históricas, todas escritas a partir de una sólida preparación filológica, sobre la vida y la época de personajes de la historia y del arte (Segismundo de Luxemburgo, Juana de Nápoles, Rafaello y Monteverdi, entre otros.)

Pasarían más de treinta años después de la primera publicación en Hungría de El dios de la lluvia llora sobre México, cuando por fin se le presenta la posibilidad de pisar tierra mexicana.Tiene ya setenta y un años de edad cuando, en noviembre de 1970, le llega la invitación oficial de la entonces Secretaría de Cultura, y el gobierno comunista húngaro le concede el pasaporte. Su emoción es indescriptible.

Con el entusiasmo de un adolescente goza cada momento de su viaje, que durará un mes. Desde que aterriza el avión se alegra por haber “ganado ocho horas más de vida”, debido a la diferencia del horario. Unas cuantas horas para ver el país de sus sueños. “Cierro los ojos. En el fondo de mí no puedo creer que estoy aquí de verdad“, escribe en su diario de viaje.2

Incansable, visitará los escenarios que describe en su novela. Pasa largas horas en el Museo de Antropología, va a Teotihuacán, llega a Veracruz... En el mercado de Toluca se maravilla al encontrarse con el mismo ambiente descrito por Cortés en sus informes al rey: “No hay diferencia. Casi todo es igual. A lo más los aztecas aprendieron desde entonces a usar la balanza para pesar sus mercancías.”

El último día de su estancia se va caminando solo al Zócalo, por la calle Madero para despedirse de la ciudad. La tristeza del adiós inevitable queda plasmada en su diario: “¡Qué ciudad tan bella! En este momento no debería pensar en que según las probabilidades del destino humano nunca más volveré a ver esta plaza, esa catedral, esos palacios y tiendas de joyas, esas caras humanas... Sentí que en ese preciso minuto terminó mi viaje a Mexico.”

Passuth muere en Budapest en 1979. Desde los años setenta, su novela ha tenido varias reediciones en diferentes países.

Notas:
1. Epílogo escrito en mayo de 1973 para la reedición de la novela en Budapest.
2. Találkoztam Esőistennel, Budapest, 1972. (“Me encontré con el dios de la lluvia”, Diario del viaje a México.)

ARISTÓFANES: ACTUALIDAD DE LA SÁTIRA POLÍTICA, Fernando Nieto Mesa


Fernando Nieto Mesa
Por el volumen y calidad de su obra conservada, el representante más ilustre de la Comedia del Ática es Aristófanes. Los temas mejor representados en su obra son los políticos en su más amplio sentido. Sin pretensión de exhaustividad, indico algunos aspectos de la sátira política aristofánica de utilidad hoy día en nuestros regímenes democráticos modernos:
1. Los ideales del pacifismo, el antimilitarismo, el antiimperialismo y la concordia entre los pueblos.
2. La crítica de los problemas del funcionamiento de la democracia: sistema de elección de cargos públicos, problemas de representación de los distintos sectores de la ciudadanía, independencia del poder judicial, peligro de involución política antidemocrática, radicalización desestabilizadora de la democracia = demagogia, desencanto político y sus secuelas: desmoralización, abstencionismo y refugio en los ideales privados.
3. Crítica de la actuación de la clase política: acusaciones de ambición excesiva, corrupción, egoísmo, afán de lucro y medro personal, clientelismo, demagogia, utilización de ciertas instituciones como arma en la lucha política, acaparamiento de cargos públicos.
4. Problemas en el ejercicio práctico de la libertad de palabra en la crítica política.
5. Defensa, elogio e idealización de los valores democráticos.
6. Propuesta de regeneración y rearme moral de la democracia: papel de la educación y de los intelectuales en este terreno.
Expuesto brevemente, Aristófanes trata así estos temas:
1. Entre los temas políticos el más obsesivo para Aristófanes es la paz, porque casi toda su obra se desarrolla durante la Guerra del Peloponeso y porque sin la paz no pueden darse las condiciones para la vida libre, alegre y feliz, que la comedia preconiza. A este tema están dedicadas Los acarniensesLa paz y Lisístrata, y también, al parecer, Los babilonios. La Guerra del Peloponeso, iniciada cuatro años antes del comienzo de la carrera dramática de Aristófanes, era un tema insoslayable para el teatro ateniense contemporáneo, porque fue la más rabiosa actualidad de Atenas durante veintisiete años. La prolongación de la guerra se debe, según el poeta, a las ambiciones y manejos de los políticos de ambos bandos; en cambio, los pueblos de las ciudades beligerantes quieren normalizar sus relaciones comerciales interrumpidas por la guerra; los campesinos quieren volver a sus tierras esquílmadas; los soldados no quieren más campañas; las mujeres descubren que la guerra les concierne tanto o más que a los hombres y deciden unirse para acabarla y salvar a Grecia. En resumen, todo el mundo, menos algunas minorías egoístas, desea la paz. En estas obras los pacifistas son siempre los mismos: la gente que está al margen de las intrigas políticas. Los enemigos de la paz son también los mismos: los demagogos y sus secuaces los sicofantas o delatores profesionales, los aspirantes a cargos públicos, los fabricantes de armas, los jefes militares. En Lisístrata la heroína afirma que, para acabar la guerra, hay que limpiar la ciudad de los malos ciudadanos y de los que se afanan por los cargos.
2. El tema de la guerra lleva así al del mal funcionamiento de la democracia ateniense, que Aristófanes esboza en Los babilonios y Los acarnienses y desarrolla con más amplitud en Los caballerosLas avispasLas aves y, tras la guerra, en Las asambleístas y La riqueza. En estas obras Aristófanes critica el sistema de elección de cargos públicos, la manía pleitista de los atenienses y las mil trabas burocráticas que envenenan la vida de la ciudad, pero también la corrupción administrativa general, secuela del mal ejemplo de los demagogos, la sumisión a éstos de la Heliea, supremo órgano judicial, los problemas de representación de los distintos sectores de la ciudadanía en una democracia directa como la ateniense, en concreto, la escasa influencia del campesinado en las decisiones de la asamblea, la radicalización desestabilizadora de la democracia, e incluso satiriza los defectos del pueblo ateniense: egoísmo, codicia, volubilidad y excesiva credulidad en los malos políticos y en los tópicos de la propaganda demagógica, a saber, el presunto amor al pueblo, el igualitarismo democrático a ultranza, el supuesto peligro de involución política antidemocrática. Todo ello lleva, según Aristófanes, al desencanto político y sus secuelas: desmoralización, abstencionismo y refugio en los ideales privados.
3. Otro tema es el de la crítica de la actuación de la clase política expuesto principalmente en Los acarniensesLos caballeros y Las avispas: crítica feroz de los demagogos, sucesores de Pericles en la dirección del ala radical de la democracia ateniense. En Los caballeros se dice que el liderazgo popular no corresponde ya a hombres cultos ni honestos, sino a ignorantes y sinvergüenzas. Aristófanes, que es el primero en emplear los términos demagoguía y demagogós, opina que los demagogos carecen de preparación política y no se guían por el interés común, sino por su egoísmo y afán de lucro y medro personal, practican el clientelismo y utilizan las instituciones, por ejemplo, el ostracismo, como arma en la lucha política. En resumen, caracteriza a los políticos como gente poco recomendable y sospechosa de ambiciones turbias, sin que se vea una evolución en este juicio peyorativo que reproduce seguramente el sentir del hombre medio, ajeno a los entresijos de la política, pero que espera de ella el logro de su bienestar.
4. Otro tema de actualidad permanente tratado por Aristófanes es el de las dificultades en el ejercicio práctico del derecho de libertad de palabra, la parresía, uno de los pilares de la democracia ateniense. Los poetas cómicos, como los humoristas y comentaristas políticos contemporáneos, corrían el peligro de verse denunciados si su sátira se extralimitaba. La sátira política no fue una invención de Aristófanes; sus predecesores habían hecho ya uso y abuso de ella, hasta el punto de que se intentó limitar desde el poder, con escaso éxito, la libertad de palabra de la comedia.
5 y 6. Pero no todo era negativo en la democracia ateniense, como tampoco en las modernas. Finalmente podemos señalar como temas de actualidad, ya presentes en Aristófanes, la defensa de los valores democráticos y la idealización de la democracia en Los caballeros y Las aves. La postura democrática de la comedia del Ática antigua no ofrece dudas. Aristófanes no critica las instituciones democráticas, sino los abusos y desviaciones de poder que se cometen en su nombre. Sólo rechaza el sistema de sorteo de cargos por ineficaz y su remuneración por razones morales. Coincide con Sócrates en considerar la política como una actividad desinteresada que requiere cierta competencia y piensa, como Tucídides, que la responsabilidad de una mala política recae no sólo sobre los profesionales, sino también sobre el pueblo cuando se comporta insensatamente. La crítica política en Aristófanes, bastante justa en general, es intencionadamente exagerada y simplista por su propósito a la vez serio y burlesco. Sus soluciones, como corresponde a la comedia son utópicas: hay que expulsar del gobierno a los demagogos que corrompen y desmoralizan al pueblo y devolverle su vitalidad y esplendor antiguos, simbolizados paradigmáticamente en los buenos tiempos de la victoria de Maratón.
Entre los poetas cómicos atenienses fue Aristófanes quien tuvo una idea más clara de su función didáctica, rasgo tradicional de la poesía griega, pero difícil de aceptar en un género intrascendente, al parecer, como la comedia. Aristófanes defendió ante sus contemporáneos su derecho a hablar de justicia, es decir, de política, en serio, si bien de forma satírica, y tiene que defenderse de ciertos críticos contemporáneos que le niegan una ideología política o, por el contrario, lo toman demasiado en serio. Aristófanes cree en el papel de la educación como instrumento político y reclama su derecho al magisterio político de sus conciudadanos junto a los intelectuales de su época, los poetas trágicos, los historiadores, los filósofos.
Todas las virtudes y todos los problemas de la democracia se vivieron ya en la Atenas del siglo V, modelo de las democracias posteriores, y fueron reflejados humorística e irónicamente, pero con un fondo serio, por un poeta cómico como Aristófanes, cuya obra desempeñó en aquella sociedad un papel semejante al que en la nuestra realizan los medios de comunicación, los politólogos y los intelectuales en general, sin olvidar a los políticos regeneracionistas.

viernes, 26 de septiembre de 2014

MARIO BOJÓRQUEZ, Antología Poesía Latinoamericana

Mario Bojórquez


            Mario Bojórquez (México, 1968)

Es autor de libros de poesía, ensayo y traducción, y su obra ha obtenido diversos reconocimientos, como el Premio Estatal de Literatura de Baja California (1991), el Premio Nacional de Poesía Clemencia Isaura (1995), el Premio Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa (1996), el Premio de Poesía Abigael Bohórquez (1996), el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (2007), y el Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas (2010). Recientemente recibió el Premio Alhambra de Poesía Americana (2012), otorgado por el Patronato de la Alhambra y Generalife y el Festival Internacional de Poesía de Granada, España y la Distinción Príncipe Tecayehuatzin de Huexotzinco. Entre sus libros de poesía destacan: Pájaros sueltos, Contradanza de pie y de barro, Diván de Mouraria, El deseo postergado y El rayo y la memoria. Es uno de los poetas más importantes de su generación. 



PARA UNA LECCIÓN DEL SUJETO POÉTICO

Pero cómo decirme, decirte, decirles,
que tengo, tienes, tienen, los ojos entornados,
si al final de los ojos, guardo, guardas, guardan,
la almendra de los días y los rotos veranos.

Pero cómo callarme, callarte, callarles,
estos silencios suyos, tuyos, míos,
si en mis, tus, sus, ojos, hay palomas abiertas
sobre campos de sangre, que yo, tú, ellos,
miran,
miras,
miro,

                        (De Pájaros sueltos)



CASIDA DE LA ANGUSTIA
I
Un ácido durazno
una escaldada lengua de durazno
un picante y ardiente y amargo y picante durazno
en la escaldada lengua, oh tristes,
eso es la angustia.
¡Ah! sonrisa estudiada, aligerada, ensayada en el espejo
de lo que no digo.
¡Ah! estúpida respiración despepitada, oprimida, deletreada
veneno inocuo
ulceración.
Qué frágil corazón para el que sufre angustia
qué lenta máquina, qué desastrada
y lenta máquina es el corazón.

II
No conoció la fiebre
mi lengua no conoció la fiebre
no se alzó enardecida para un canto febril
sólo un cantar alegre
oh tristes
sólo un cantar alegre
cantaba mi lengua en su canción.

III
Este veneno ya estaba en mí
en mi sangre
antes de mí, mi sangre ardió,
antes de mí, mi sangre envenenaba a otros,
mi padre y su padre y sus abuelos, todos heridos
hasta el principio primordial.
Todos ardían como yo
todos arden conmigo.

IV
Pero el veneno escalda la lengua más feliz
¡oh, tristes!
Hablo de mí, sólo de mí.

                        (De Diván de Mouraria)