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viernes, 19 de diciembre de 2014

LA INCONDICIONALIDAD ES UN OFICIO, Waldo Leyva (Cuba, 1943)

Waldo Leyva
Cuba - 1943
La incondicionalidad es un oficio

No olvides nunca que en la piedra está el hierro
y que la muerte es de metal.

La chispa y la madera son contrarios
de donde nace el fuego,
y la ceniza,
y cierto mito alado que es el hombre.

Si mandas, el leal será el sostén que necesitas.
No confíes jamás en quien te anuncia
sin condición su entrega.
Nunca el leal limpiará con su lengua tu camino,
ni aplaudirá tu soberbia o tus errores,

pero sabrá morir contigo.

FILOSOFÍA DEL OPTIMISTA, Fayad Jamis (México 1930-Cuba 1988)

Fayad Jamis
México – 1930 -1988 - Cuba

Filosofía del optimista



El optimista se sentó a la mesa, miró a su alrededor
y se sirvió un poco de lo poco que halló. Le dijeron
que había demasiado nada (en realidad había pocomucho)
pero él devoró su ración sin hacer comentarios,
abrió el periódico, se fumó su café y acabó
 

de cenar en paz. Pensó: tengo derecho a comer con alegría
lo pocomucho que me gano mientras llega la abundancia.
Sin embargo seguían hablando de todo lo que no hay
no hay no hay no hay. No hay esto ni lo otro.
Pero el optimista se levantó en silencio
y otra vez recordó aquellos años en que sólo comió
lágrimas. No había nadie para decirle no hay sopa o bistec
o tome un pedazo de pan duro para el perro de su hambre,
pero jamás de sus dientes salieron discursos.
Y ahora estaba satisfecho de la cena frugal. El hombre
salió a la calle y echó a andar mientras silbaba.
Las luces eléctricas le recordaron el porvenir

LÓGICA, Julio Carabelli (Argentina 1940-2014)

Julio Carabelli
Buenos Aires, Argentina - 1940 –- 2014
Lógica

Un hombre busca su pan
hurga en los tachos de basura
juega
su condición de niño
busca pertenencias en inventarios cósmicos
para él
para millones como él la vida está escondida
no la encuentra
antes solía sorprender a sus vecinos
-¿usted sabe quién soy cómo me llamo?-
está fuera de juego
duerme
sus dientes su paladar su hígado
dormitan en el intestino flaco
a la intemperie
no aprecia la lluvia ni el rocío
no tiene adonde ir y no camina
no piensa no mira no murmura
sólo oye voces afirmando

que está vivo.

LA MARCA DE LA LUNA DE AMELIA NOGUERA

viernes, 19 de diciembre de 2014

LA MARCA DE LA LUNA, de Amelia Noguera



DATOS TÉCNICOS:

Título: LA MARCA DE LA LUNA
Autora: Amelia Noguera
Editorial: Roca Editorial
ISBN: 978-84-9918-761-7
Páginas: 502
Presentación: Rústica con solapas






Muchas veces me habréis escuchado decir (o me habréis leído, para ser más concretos) que yo soy mucho más de canciones que de cantantes. Y en el caso de la lectura, soy más de libros que de autores. Por eso lo que me pasa con Amelia Noguera es raro porque consigue que me guste prácticamente todo lo que escribe, aunque he de confesar que “Oscuridad”, publicada en Amazon, fui incapaz de seguirla y mucho menos de acabarla. Ahí la tengo, durmiendo en mi Kindle, a la espera de una nueva oportunidad aunque sé que su temática, una distopía oscura y subyugante, no es mi favorita ni de lejos.

El primer libro de Amelia que leí fue Escrita en tu nombre y, como ya os conté en su momento, me enamoré. Del libro, del argumento, de los personajes, de sus protagonistas, de Omid. No conozco a nadie todavía que haya leído la novela y no le haya pasado lo mismo. Después me llegó La pintora de estrellas de mano de la propia Amelia, en versión autoeditada. Todos los que llevamos años siguiéndola sabíamos que tendría su oportunidad en una editorial fuerte, que sus historias llegarían a los estantes de las mejores librerías. Y por fin lo ha conseguido con Roca Editorial y con la novela que hoy os traigo: La marca de la luna.

Sí, es verdad que Amelia ya es amiga mía. Sí, es cierto que me encantan sus historias y cómo escribe. Y sí, a pesar de ello me considero capaz de hacer una reseña objetiva aunque haya aspectos en ella en los que me deje llevar por esa pasión que compartimos por escribir y por crear otros mundos, por dar vida sobre el papel a quienes son sólo al principio meras ensoñaciones. La marca de la luna es una historia compleja, llena de matices, en la que su protagonista nace siendo alguien con un don especial y pasa a ser ella misma sin serlo, con otra vida y otra realidad. Lo sé, es una afirmación complicada de entender, pero a medida que os cuente cosas lo comprenderéis mejor.



LA AUTORA: AMELIA NOGUERA
Los poquitos datos que os dejo, para no resultar tediosa, son los que ya os expuse en la opinión anterior que escribí de La pintora de estrellas. Amelia, en su blog, se describe así:

“Inquieta, perfeccionista, sincera, crítica, tímida, soñadora, pertinaz. Mis novelas son yo misma y no pienso abandonarlas, a pesar del mercado, a pesar de las crisis. Hay que seguir creyendo en lo que te hace ser mejor, hasta el final. A pesar de. Y para todo lo demás, escribo, escribo y escribo. Y leo, leo y leo. Mi currículum literario: Estudio el Grado de Humanidades en la Universidad Carlos III de Madrid (Historia de la Literatura, Teoría Literaria, Lingüística, Lengua Española, Técnicas de Expresión Oral y Escrita, etc.) y asisto de vez en cuando a talleres de escritura, el último, el Taller de Escritura Narrativa organizado por El Círculo de Bellas Artes de Madrid, impartido por el profesor D. David Conte Imbert. También he ganado algún premio de relato breve, pero, sobre todo, escribo sin parar. En breve terminaré mi tercera novela y tengo ya el esqueleto de la cuarta. Y si algo tengo claro es que no dejaré de escribir jamás de los jamases.”

En su día estudió Ingeniería Informática y trabajó como programadora y analista, pero lo dejó para dedicarse a su pasión: la escritura. Y he de confesaros que la envidio profundamente y la admiro del mismo modo por ello. Por ser valiente. Por intentarlo y conseguirlo.


EL COMIENZO FUE EN LA INDIA…
Lila nace en la India y en el momento de ver su primera luz, su madre muere. Su destino parecía marcado: morir también por no ser un varón. Pero su abuela materna consigue quedarse con ella para criarla y verla crecer, algo que enfurece a su otra abuela que pronuncia una terrible maldición: Lila nunca podrá amar a nadie y cualquier hombre al que ame, morirá. Lila crece al amparo y amor de Asha, su abuela, una mujer especial con un don aun más especial: es una bruja. Igual que lo es Lila, tal y como pone de manifiesto la marca en forma de media luna plateada de su vientre.

Lila crece feliz a pesar del triste destino de las niñas en la India. Pero también pasará por momentos muy duros, como la muerte de su hermana mayor tras una boda pactada. Es la época en que aun los ingleses permanecen en el país y gracias a ello Lila conoce a Noa y a su familia. Noa es hija de Fernando y Katherina y tiene un hermano, Gabriel, y están en la India por los negocios de Fernando. Las dos niñas fortalecen una gran amistad y también Katherina coge un gran cariño a la pequeña Lila. Pero el destino es caprichoso y un suceso inesperado y desgarrador cambiará por completo la vida de Lila y de la familia a la que tanto aprecia y la cambiará con un giro copernicano. Lila abandonará la India para ir a vivir a Praga. Otra familia, otro país, otro clima, otras costumbres. Y las habilidades de Lila como bruja serán muchas veces determinantes en los sucesos que le irán saliendo al paso.

El nazismo, la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial, la persecución de los judíos… todo ello empieza a formar parte del paisaje vital de Lila y su nueva familia. Incluso los movimientos diplomáticos de la embajada española en Praga intentando conseguir apoyos para el gobierno republicano tras el levantamiento militar del 18 de julio. Escenarios y sucesos que irán marcando las vidas de los protagonistas a fuego.




LILA Y NOA
Hasta hace unos días no tuve claro cómo iba a encarar esta reseña. Es complicado, muy complicado, hacerlo de la novela de una amiga, mucho más difícil que hacerlo de un libro con el que no te une ningún sentimiento previo. Tenía claro que me iba a gustar pero siempre procuro mantener la mente abierta, quizá por llevar leyendo desde una edad absurdamente temprana. Y una noche de cierto insomnio una idea se abrió paso. Las protagonistas de las novelas de Amelia siempre son mujeres con más de una mujer dentro. Lila es una superviviente, una bruja buena, una niña y luego una mujer capaz de cualquier cosa por los que ama. Pero también es Noa, la hija amada, el recuerdo, el regreso a casa. Igual que en Escrita en tu nombreMalena escondía a Magda y a Magdalena dentro, tratando de dominarlas y de evitar que le boicotearan la vida. Igual que Elisa, de La pintora de estrellas, guarda dentro a la heroína en tiempos oscuros, capaz de una tarea que pocos se atrevieron a realizar. Lila lleva siempre consigo a Noa. Son dos y son una.

El inicio de la novela en la India es absolutamente luminoso. Podemos casi ver los colores, oler lo que Lila huele, sentir el calor y el polvo al respirar. Ese caos de un país único que esconde tantas cosas que nos resultan incomprensibles. Amelia nos contó en la presentación que basó su historia en una noticia que leyó acerca de la muerte de una niña de ocho años en la India, desangrada tras su noche de bodas. El impacto de tal atrocidad le hizo crear a Lila, su entorno, su vida. Pero Lila escapará de la posibilidad de un matrimonio concertado gracias a un giro del destino tan doloroso como providencial para ella. He de decir que esta primera parte es la que más me ha gustado por todo lo que cuenta y por cómo lo cuenta.

Recuerdo que el día de la presentación en Madrid se habló de lo que podía significar que en el resumen de la novela apareciese el términorealismo mágico. La marca de la luna no entra en ese género ni creo que siquiera se acerque. Con ello no estoy diciendo nada negativo y lo voy a explicar. Lila es una bruja, cierto. Y, a veces, hace uso de la magia sobre todo a través de plantas o fórmulas magistrales que su abuela le ha enseñado a hacer. También es capaz de tener visiones de futuro o de ver a los espíritus de su madre y su abuela. Pero esa magia es algo innato en Lila, no es el hilo de la historia ni la envuelve por completo, como sucede con el realismo mágico. Se cuentan las cosas que Lila hace o ve, pero sin rodear con esa pátina de real irrealidad cada línea.

La estancia de Lila y su nueva familia en Praga, en principio amable y llena de cariño, se irá oscureciendo por la llegada de los grandes conflictos bélicos que empiezan a asolar Europa. '''Fernando, el padre de familia, es gran amigo de Jiménez de Asua, embajador de España allí. Asua, republicano comprometido, se ve en duras tesituras por intentar conseguir apoyo, armas y dinero para el gobierno español acorralado tras el golpe militar'''. Se nos contarán con detalle sus movimientos y sus angustias, el modo en que va perdiendo la influencia. También la familia de Lila verá comprometida su seguridad: Fernando es judío aunque no practicante y los nuevos vientos crueles que soplan en Europa le ponen en el punto de mira.
La novela está escrita en primera persona, siempre desde la perspectiva de Lila. Incluso en momentos en los que Lila no está presente. Ella es, desde ese punto de vista, la narradora omnisciente de toda la trama. La conoce, la cuenta, la desarrolla. Desde mi punto de vista no resulta extraño visto cómo está contado porque a veces pareces estar leyendo dos voces narradoras distintas: la que Lila vive y la que Lila sabe. El lenguaje, como suele ser norma de la casa, está cuidado al detalle. El estilo de Amelia es adictivo, de los que te crean una burbuja para perderte en lo que estás leyendo. La documentación y la ambientación, fantásticas. Hasta la ciudad de Praga en esa época se nos dibuja con detalle hasta en los rincones de las calles, en los cafés, en los parques. Ese es el gran mérito de Amelia, el cuidado y el amor que pone en lo que escribe y que trasciende del papel para llegarnos con fuerza.

Os decía que es muy complicado reseñar el libro de una amiga porque todo lo que te sale es bueno. Y es verdad, la novela es muy buena. Una gran lectura de la que disfrutar. Pero creo que también es bueno exponer algunos pequeños detallitos que, desde mi humilde opinión, quedan un poco menos atados. Por ejemplo, lo poco que sabemos de la historia de Fernando y Katherina antes de conocer a Lila. Incluso después. Son importantes en todo lo que sucede pero quedan un poquitín desdibujados y creo que dan para mucho más porque caen maravillosamente bien. También y, por favor, que nadie lo tome como un ataque de envidia galopante por mi parte (que también, para qué negarlo): me parece un poquito exagerado el poder de seducción de Lila. Hombre que pone los ojos sobre ella cae rendido a sus pies. O, al menos, se queda impactado. Vale, sí, es envidia pura y dura. Pero a lo que me refiero es a que no era necesario porque a veces parece que nadie es más digna que ella de ser amada. Como tampoco me lo parece cierta escena con el pintor que está haciendo los retratos de la familia de Fernando y Katherina en la que Lila es elemento detonador. Supongo que Amelia lo usa para mostrar hasta dónde llega ese poder, pero no me convence por lo que os decía, para mí era innecesario.

A nivel personal tengo un serio problema con la historia del siglo XX y es que me parece aburrida hasta la saciedad. Guerra tras guerra, como una sucesión de barros que lo tiñen todo de gris. Me apasiona la historia, pero de 1880 hasta ahora me agota. La conozco, la entiendo y hasta la explico poniéndole gracia, pero no puedo con ella. Quizá por eso los sucesos de Praga, las explicaciones políticas, todo lo que Amelia cuenta de la “guerra sucia” hecha entre embajadas y gobiernos no me engancha tanto como la primera parte. Pero no lo hace porque a mí no me gusta, imagino que a la mayoría de vosotros os apasionará. Me gusta la historia que subyace, la de los protagonistas, pero no el envoltorio de la época.

Estos pequeños detalles no empañan en absoluto lo mucho que me ha gustado “La marca de la luna”. Es una gran novela, muy trabajada, maravillosamente documentada y ambientada, con unos protagonistas creíbles, sólidos, con muchos matices. He amado a muchos y odiado a algunos. He sufrido y he reído. Me he emocionado. Y, sobre todo, el texto me ha llevado lejos de mi mundo de pies en el suelo que es lo que más valoro en una lectura. Ahora que llega la época de regalar y regalarse, dadle una oportunidad a Lila de enseñaros lo que puede hacer la magia de una estupenda novela.



KODAMA SIN BORGES, Laura Panqueva O. (Madrid)



Kodama sin Borges

María Kodama Schweizer nació el 10 de marzo de 1937.
Entrevista
Como los negativos de las fotos, la historia de una de las viudas literarias más polémicas guarda secretos que seguramente nunca revelará. La mujer que un día se hizo heredera de una de las obras narrativas más significativas del siglo xx habló en Madrid con Arcadia. ¿La idea? Retratarla sin la omnipresente figura de Borges. Aquí el improbable resultado.
Por: Laura Panqueva O.* Madrid
Publicado el: 2014-12-10
Me dice que se quedó dormida. Que la víspera se acostó tarde y que se le pasó la hora de nuestra entrevista. Que bajará pronto. Espero en la recepción del hotel Palace de Madrid, mientras pienso en cómo abordarla para que hable de ella, de sus preocupaciones, de quién es más allá de Borges pues esa es la idea de esta entrevista. María Kodama Schweizer, ojos rasgados e imponente cabellera blanca, hija de Yosaburo Kodama y María Antonia Schweizer; nieta de Dorilan López; lectora incansable de la tragedia griega, fotógrafa de lo inesperado y un personaje todavía desconocido para muchos.
Difícil de descifrar, Kodama es en el presente su pasado; es su infancia y juventud; es, también, aprendiz, heredera y amante del universo narrativo que decidió hacer suyo mucho antes de que Borges partiera. Ese lugar, de ficción y realidad, será su habitación, con seguridad, hasta el final de sus días.
Su llegada al Palace, entonces, no es una casualidad. Se hospeda allí porque ya la conocen; pero sobre todo porque le permite regresar a esos tiempos cuando viajaba al lado de Borges. Hoteles como L’Hotel en París y el Londra Palace en Venecia, atizan su memoria, ya sea para mantener un discurso preconcebido, o su vida misma. Parece que no se puede escapar de la época en la que compartía su trasegar con el más celebrado de los escritores argentinos. Quizá, después de todo, estas palabras que le dedicó hace ya tanto tiempo siguen vigentes: “Aunque parezca una paradoja, la muerte y la vida no son signos opuestos, sino que son un solo fluir, y el vínculo entre el ser que parte y el que se queda es el amor”.
Kodama camina sin prisa, como si cargara en su espalda las horas que le robó al sueño. Se disculpa de nuevo por su tardanza y me cuenta que estuvo hasta las 5:00 de la mañana con unos amigos que discutían acaloradamente sobre política. “A mí no me importa hablar de eso. Nunca me ha importado. Y tampoco me gusta discutir”, dice mientras se dirige al comedor principal, en donde busca una mesa.
La mujer, limpia de maquillaje, saluda con amabilidad a la mesera, recoge su plato de cereal y pide un café. Esta vez, no hay cámaras ni espectadores. Es ella después de una larga tertulia; después de levantarse sola y decidir que quería hablar con alguien desconocido, a pesar de su cansancio…
¿Quién era usted antes de conocer a Borges?
Una niña que iba al colegio y estudiaba. Una niña a la que le gustaba viajar y leer.
¿Y cómo aprendió a leer?
Fue una cosa maravillosa. Mi abuela me leía todas las noches y yo imaginaba las escenas. Una vez, cuando abrí los ojos vi que el libro que me leía no tenía figuras. Así que le pregunté si ella veía imágenes como yo. Me dijo que sí, que cuando fuera a la escuela iba a aprender a leer y que una vez supiera, toda la biblioteca iba a ser mía. Ese año, como regalo de Navidad, pedí aprender a leer. Lo curioso es que hace unos días encontré un cuaderno mío de esa época, y me di cuenta de que dibujaba la letra A con un punto en el medio, no sé por qué.
Su abuela fue, entonces, una de las primeras personas que despertaron su curiosidad por los libros y la literatura…
Sí. Los que tuvieron más influencia en mi formación fueron mi abuela y mi padre. Mi padre, nacido y criado en Japón, fue una persona muy especial. Él me enseñó cosas maravillosas y me hizo libre.
¿Cómo le enseñó a ser libre?
Al principio era durísimo conmigo, pero luego, con los años, comprendí por qué se comportaba así. Por ejemplo, cuando le llevaba notas buenas, él abría el cuaderno, lo miraba y me decía: “Puede estar satisfecha, ha cumplido con su deber”. Y luego de varios meses me hacía un regalo. Nunca asocié que una cosa estuviera conectada a la otra, pero sí. Además, me formó muchísimo en el arte. A él le hubiera encantado que fuera pintora. Le gustaba llevarme a exposiciones y regalarme libros de artistas.
¿Qué más le enseñó su padre?
El significado de la belleza. Un día, cuando era chica, le pregunté: “Kodama, ¿qué es la belleza?” y me dijo: “La semana que viene le voy a mostrar”. No lo olvidé nunca. Algunos días después, me trajo un libro de arte griego para enseñarme la imagen de la Victoria de Samotracia. Entonces, cuando vi la estatua le pregunté por qué no tenía cabeza y me dijo: “Quién le dijo a usted que la belleza es la cabeza. Tiene que aprender a mirar. Fíjese en la túnica y en el movimiento de los pies. Detener en el movimiento de la túnica la brisa del mar para la eternidad es la belleza”.
¿Su padre le heredó algún vínculo con la literatura japonesa?
La literatura japonesa es extraordinaria. Me interesa la novela psicológica que se originó allí y en otras islas como Islandia. De este género respeto mucho la manera, tan delicada, en la que se transmite lo observado.
Usted es un referente de la multiculturalidad; tiene raíces japonesas y alemanas. Pero, además, es ciudadana argentina, ¿Qué significa ser de tantas partes?
Una riqueza inmensa. Al principio, cuando era chica, sufría, pero al crecer me di cuenta de lo que tenía. No puedo ser rígida. Es decir, tengo una flexibilidad para comprender a los otros y verlos desde distintos ángulos, porque desde niña me acostumbré a aceptar a mis padres como eran, no había de otra. Eso es muy lindo.
¿Cómo es su relación con la enseñanza?
Estudié Literatura para enseñar. Esta es la profesión más noble a la que se puede dedicar una persona. Se trata de abrir la mente y enseñar a pensar; conocer el mundo a través de personas sensibles. Desgraciadamente, por el tipo de vida que llevo me queda muy difícil. Sin embargo, desde hace unos años, como directora de la Fundación Jorge Luis Borges, doy conferencias en algunas escuelas. Allí aprovecho y hablo con los chicos. Eso también es educar.
¿Y con la escritura?
No hago otra cosa que escribir conferencias. Hace poco terminamos de hacer la IV Bienal Borges-Kafka 2014 que se realizó en septiembre, en Buenos Aires. También, participé en la creación del Atrio de los Gentiles, el espacio de diálogo intercultural y responsabilidad social, patrocinado por el Vaticano, que se realizó entre el 26 y el 29 de noviembre en Buenos Aires y que presentó varios debates, entre ellos, “Borges y la trascendencia”.
Pero, más allá de las conferencias en las que participa, ¿escribe otra cosa?
Escribo cuentos. En algún momento, quise publicar un libro de cuentos, pero Borges quería escribir el prólogo y yo no quería que lo hiciera. Fui criada con un sistema espartano en el que cada persona tiene que abrirse camino sola, y no vale apoyarse sobre alguien para poder llegar. Entonces no lo dejé. Incluso, cuando estaba en la facultad de Literatura de la Universidad de Buenos Aires, esperé a que Borges se fuera para continuar con mis escritos.
¿Existe un cuento o relato suyo que le traiga algún recuerdo?
Una vez, en la Feria del Libro de Fráncfort, cuando Argentina fue el país invitado, por cosas de la vida terminé leyendo un cuento mío que se llama “El dragón”. Fue un momento lleno de fantasía, porque detrás de mí había una gran puesta en escena que simulaba el universo de mi relato.
¿Y por qué significó tanto ese momento?
Sabes…a mí me encanta que las cosas sean así, inesperadas. Yo nunca quiero algo. Soy como el río. Mi padre decía: “Lo que el río trae hay que aceptarlo y lo que se lleva desecharlo. Pero lo que queda hay que disfrutarlo”. Y yo llevo esa enseñanza a la máxima consecuencia.
¿Qué disfruta en este momento?
Según mis amigos, tengo un ojo especial para captar con mi cámara cosas en la calle que son diferentes. Te cuento una situación, quizás la más delirante de todas: un día salgo de mi casa en La Recoleta, un barrio tradicional de Buenos Aires, y veo, en la mitad de la calle, unas masetas con flores. Sigo caminando y me encuentro con un garaje. Al pasar por ahí, veo que hay una pareja de enanos negros sentados en banquitos tomando mate. No es normal eso. Luego, veo a un muchacho que me mira con insistencia, y para no quedarme con la curiosidad le pregunto: “¿Vos sos el autor de esta instalación?”, y me contesta una cosa alucinante: “Eso es un proyecto que pienso presentar para que no saquen los coches de los garajes”. Era más disparatada la respuesta que lo que creía. Inmediatamente saqué fotos porque, además, sabía que mis amigos no me iban a creer. Le dije al muchacho, con humor: “Te aconsejaría que pusieras personas más altas, porque vas a cargar con dos cadáveres en tu conciencia”.
¿Quiénes son sus amigos?
Mis marginales.
¿Cambiaría algo de su pasado?
No… sí, una sola cosa que tiene que ver conmigo.
¿Qué le gusta leer?
Mis obras preferidas son las tragedias griegas, son una perfecta disección del alma humana. Bueno, y “Las ruinas circulares”. La primera vez que leí ese cuento fue a los 10 años, no tenía ni idea que era de Borges.
¿Quién es María Kodama después de Borges?
Alguien a quien le gusta leer.
Kodama se mete a la boca una cucharada de cereal, parece que olvidó mezclar las hojuelas con el yogur que tiene justo al lado. Sin embargo, todavía no se percata de esto. Se las come como si nada. Para ese momento su atención ya no está en el desayuno, sino en un paquete que le entrega un amigo que viene de Barcelona.
En un principio, ella lo desconoce, pero unos segundos después lo saluda e invita a la mesa. Parece que lo que tiene en sus manos repletas de anillos es un manuscrito, un libro grande. No me sorprende que mencionen a Borges. Espero a que lo abra, pero no sucede. Entiendo que no hago parte del inesperado encuentro. Allí comienza otra conversación…


NOCHE DE PAZ, (Cuento) Benjamín Adolfo Araujo Mondragón

Noche de PAZ


La noche es fría, Los luceros brillan con intensidad. No hay nubes en el horizonte. El frío ha sido anunciado por parte de todos los medios de comunicación, desde hace muchos días, Es el vigésimo frente frío de la temporada. Serán ochenta y ocho. Aún no inicia, oficialmente, el invierno.
En casa somos tres, Mi hijo, mi marido y yo. Nuevamente un ángel me ha anunciado la nueva, ¡veinte siglos después! Otra vez he dicho: "hágase en mi tu voluntad, Señor...".

José se va de un lado a otro. Ahora no estamos en un establo sino en amplia y acogedora casa, Con frío pero con todas las comodidades. El niño no pasará frío. A diferencia de hace siglo, ahora no hemos sido perseguidos. Pero queda claro que ahora los perseguidos son millones por todos los rincones de la tierra. Y resulta imperativo que llegue Jesús....

NAVIDAD EN BLANCO Y NEGRO, Liluian Viacava

El silencio
las calles
solitarias
contra el viento
Navidad en blanco y negro…

En la mesa muchas nueces
y el estómago
de ellos
¡hace ruido que ensordece!

El hambre y la justicia
se visten de la nieve
¡Feliz Navidad!
Se chocan las copas de champagne
¡y el árbol es bien verde!…

El hambre no conoce calendario
¡Feliz Navidad!
A lo lejos ojos brillan y la mesa está servida
allá muy lejos…

En la calle en  blanco y negro
Navidad
sigue su curso solitario…

Los locos marginados
se ríen bajo el blanco de selene
y lagrimas negras
se alejan de los rojos y los verdes…

En la mesa hay manjares
y turrones
en las calles Navidad en blanco y negro desamores
¡pero existe Navidad de otros colores!…

Carceleros acompañan a los presos
en sucias celdas se saludan
Navidad en blanco y negro ¡es inclemente!…

Mientras muere el paciente de la 9
y llora en los pasillos
con dolor  el corazón de quien no quiere
en blanco y negro Navidad festejar
el brindis del final, la túnica el doctor…
Y en el pasillo falta luz que los guíe hacia la muerte…

¡Feliz Navidad! En la mesa hay dulzor
frutas vino y calor…
Pero afuera
siempre hay alguien que no tiene salud para brindar
ni el techo de un portal
¡y es Navidad!
Porque existe ¡el blanco y negro! En un mundo que los hiere…

No todo es luz amor turrón, hay Navidad de otro color
en blanco y negro
un año más sin olvidar que es Navidad
y que hay dolor…

Ruge el cañón,
donde los niños mueren hoy
en una  guerra sin razón…
Suena a lo lejos “jingle bells” con metralleta y con fusil
¿donde la Paz
se ha de encontrar?
En blanco y negro ¡es Navidad!

En letra elevo hoy mi voz por la Justicia y por la Paz
Del mundo hagamos un Altar….
¡La Verdadera Navidad!

Y como hermanos revertir, a toda guerra
¡poner fin!
En la codicia no hay perdón y en la avaricia no hay honor…

¡Brindo por ti por mi por él!
Ajenjo o vino otra vez
sin olvidar
que Navidad en blanco y negro también hay
y en bendiciones transformar; la bella vida en una Navidad
con Espíritu de Luz y Espíritu de Paz.
By Lilian Viacava Dama de la Poesía Copyright