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viernes, 26 de agosto de 2016

Continuación y final de EL CUERVO, Edgar Alan Poe

esperanzas". El pájaro dijo entonces: "¡Nunca más!".
Estremeciéndome al rumor de esta respuesta lanzada con tanta oportunidad, exclamé: "Sin duda lo que ha dicho constituye todo su saber, que aprendió en casa de algún infortunado, a quien la fatalidad ha perseguido ardientemente, sin darle respiro, hasta que sus canciones no tuviesen más que un solo estribillo, hasta que el De Profundis de su esperanza hubiese adoptado este melancólico estribillo: ¡Nunca, nunca, nunca más!".
Pero como el cuervo indujera a mi alma triste a sonreír de nuevo, acerqué un asiento de mullidos cojines frente al ave, el busto y la puerta; entonces, arrellanándome sobre el terciopelo, quise encadenar las ideas buscando lo que auguraba el pájaro de los antiguos tiempos, lo que este triste, feo, siniestro, flaco y agorero pájaro de los antiguos tiempos quería hacerme comprender al repetir sus ¡Nunca más!
De esta manera, soñando, haciendo conjeturas, pero sin dirigir una nueva sílaba al pájaro, cuyos ardientes ojos me quemaban ahora hasta el fondo del corazón, trataba de adivinar eso y más todavía, mientras mi cabeza reposaba sobre el terciopelo violeta que su cabeza, la de ella, no oprimirá ya, ¡ay, nunca más!
Entonces me pareció que el aire se espesaba, perfumado por invisible incensario balanceado por serafines, cuyos pasos rozaban la alfombra de la habitación. "¡Infortunado! - exclamé -, tu dios te ha enviado por sus ángeles una tregua y un respiro, para que olvides tus tristes recuerdos de Leonora, ¡Bebe! ¡Oh!, bebe esa deliciosa bebida para que olvides tus tristes recuerdos de Leonora. ¡Bebe y olvida a la Leonora perdida!". Y el cuervo dijo: "¡Nunca más!".
"¡Profeta! - dije -, ¡ser de desdicha! ¡Pájaro o demonio, pero al fin profeta! Que hayas sido enviado por el tentador, o que la tempestad te haya hecho simplemente caer, naufragar, pero aún intrépido, sobre esta tierra desierta, en esta habitación que ha sido visitada por el Horror, dime, te lo suplico, ¿existe un bálsamo para mi terrible dolor? ¿Existe el bálsamo de Judea? ¡Di, di, te lo suplico!". Y el cuervo dijo: "¡Nunca más!".
"¡Profeta! - dije -, ¡ser de desdicha! ¡Pájaro o demonio, pero al fin profeta! Por el cielo que se extiende sobre nuestras cabezas, por ese Dios que ambos adoramos, di a esta alma llena de dolor si en el lejano paraíso podrá abrazar a una santa joven, a quien los ángeles llaman Leonora. Abrazar a una preciosa y radiante joven a quien los ángeles llaman Leonora". El cuervo dijo: "¡Nunca más!".
"¡Que esta palabra sea la señal de nuestra separación pájaro o demonio! - grité irguiéndome -. Vuelve a la tempestad, a las riberas de la Noche plutónica; no dejes aquí una sola pluma negra como recuerdo de la falsedad que tu alma ha proferido. Deja mi soledad inviolada. Abandona ese busto colocado encima de la puerta. Retira tu pico de mi corazón y precipita tu espectro lejos de mi puerta". El cuervo dijo: "¡Nunca más!".
Y el cuervo, inmutable, continúa instalado allí, sobre el pálido busto de Palas, precisamente encima de la puerta de mi habitación, y sus ojos se parecen a los ojos de un demonio que sueña; y la luz de la lámpara, cayendo sobre él, proyecta su sombra en el suelo; y mi alma, fuera del círculo de esta sombra que yace flotante sobre el suelo, no podrá volver a elevarse. ¡Nunca más!

Fragmento inicial de EL CUERVO, Edgar Alan Poe

El Cuervo Por Edgar Allan Poe
Una vez, en la lúgubre media noche, mientras meditaba débil y fatigado sobre el ralo y precioso volumen de una olvidada doctrina y, casi dormido, se inclinaba lentamente mi cabeza, escuché de pronto un crujido como si alguien llamase suavemente a la puerta de mi alcoba.
"Debe ser algún visitante", pensé. ¡Ah!, recuerdo con claridad que era una noche glacial del mes de diciembre y que cada tizón proyectaba en el suelo el reflejo de su agonía. Ardientemente deseé que amaneciera; y en vano me esforcé en buscar en los libros un lenitivo de mi tristeza, tristeza por mi perdida Leonora, por la preciosa y radiante joven a quien los ángeles llaman Leonora, y a la que aquí nadie volverá a llamar.
Y el sedoso, triste y vago rumor de las cortinas purpúreas me penetraba, me llenaba de terrores fantásticos, desconocidos para mí hasta ese día; de tal manera que, para calmar los latidos de mi corazón, me ponía de pie y repetía: "Debe ser algún visitante que desea entrar en mi habitación, algún visitante retrasado que solicita entrar por la puerta de mi habitación; eso es, y nada más".
En ese momento mi alma se sentía más fuerte. No vacilando, pues, más tarde dije: "Caballero, o señora, imploro su perdón; mas como estaba medio dormido, y ha llamado usted tan quedo a la puerta de mi habitación, apenas si estaba seguro de haberlo oído". Y, entonces, abrí la puerta de par en par, y ¿qué es lo que vi? ¡Las tinieblas y nada más!
Escudriñando con atención estas tinieblas, durante mucho tiempo quedé lleno de asombro, de temor, de duda, soñando con lo que ningún mortal se ha atrevido a soñar; pero el silencio no fue turbado y la movilidad no dio ningún signo; lo único que pudo escucharse fue un nombre murmurado: "¡Leonora!". Era yo el que lo murmuraba y, a su vez, el eco repitió este nombre: "¡Leonora!". Eso y nada más.
Vuelvo a mi habitación, y sintiendo toda mi alma abrasada, no tardé en oír de nuevo un golpe, un poco más fuerte que el primero. "Seguramente - me dije -, hay algo en las persianas de la ventana; veamos qué es y exploremos este misterio: es el viento, y nada más".
Entonces empujé la persiana y, con un tumultuoso batir de alas, entró majestuoso un cuervo digno de las pasadas épocas. El animal no efectuó la menor reverencia, no se paró, no vaciló un minuto; pero con el aire de un Lord o de una Lady, se colocó por encima de la puerta de mi habitación; posándose sobre un busto de Palas, precisamente encima de la puerta de mi alcoba; se posó, se instaló y nada más.
Entonces, este pájaro de ébano, por la gravedad de su continente, y por la severidad de su fisonomía, indujo a mi triste imaginación a sonreír; "Aunque tu cabeza - le dije - no tenga plumero, ni cimera, seguramente no eres un cobarde, lúgubre y viejo cuervo, viajero salido de las riberas de la noche. ¡Dime cuál es tu nombre señorial en las riberas de la Noche plutónica!". El cuervo exclamó: "¡Nunca más!".
Quedé asombrado que ave tan poco amable entendiera tan fácilmente mi lenguaje, aunque su respuesta no tuviese gran sentido ni me fuera de gran ayuda, porque debemos convenir en que nunca fue dado a un hombre ver a un ave por encima de la puerta de su habitación, un ave o un animal sobre una estatua colocada a la puerta de la alcoba, y llamándose: ¡Nunca más!
Pero el cuervo, solitariamente posado sobre el plácido busto, no pronunciaba más que esas palabras, como si en ellas difundiese su alma entera. No pronunciaba nada más, no movía una pluma, hasta que comencé a murmurar débilmente: "Otros amigos ya han volado lejos de mí; hacia la mañana, también él me abandonará como mis antiguas esperanzas". El pájaro dijo entonces: "¡Nunca más!".
Estremeciéndome al rumor de esta respuesta lanzada con tanta oportunidad, exclamé: "Sin duda lo que ha dicho constituye todo su saber, que aprendió en casa de algún infortunado, a quien la fatalidad ha perseguido ardientemente, sin darle respiro, hasta que sus canciones no tuviesen más que un solo estribillo, hasta que el

martes, 23 de agosto de 2016

ENTREVISTA A NACHO PADILLA, Javier Moro Hernández

Cultura

Entrevista a Ignacio Padilla, autor de Los reflejos y la escarcha 

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“La fantasía es una forma subrepticia, subterránea, discreta y menos dolorosa de confrontarte con el mundo real”


Los reflejos y la escarcha es el más reciente libro de cuentos del escritor mexicano Ignacio Padilla (México, 1968) que se encuentra divido en dos secciones, “Los Reflejos solos” y “Sólo escarcha”, que abordan desde diferentes ángulos el tema de la hermandad entre hombres. Padilla es uno de los escritores mexicanos más reconocidos de la actualidad, maestro en Letras Inglesas por la Universidad de Edimburgo, es miembro de la llamada Generación del Crack y autor de Amphytrion (novela, Premio Espasa-Calpe), La Gruta del Toscano (novela, Premio Mazatlán de Literatura), El año de los gatos amurallados (cuento, Premio Kalpa de Ciencia Ficción), Las antípodas y el siglo, Micropedia I (cuento, Premio Gilberto Owen), entre otros, que conforman una extensa obra narrativa y ensayística, además también ha incursionado en la literatura infantil.
“Los reflejos y la escarcha -cuenta el autor en entrevista- es parte de una propuesta de muy largo término, que entre otras cosas pretende recuperar una tradición, que a mi entender se ha ido perdiendo, la de volumen de cuentos unitarios, pues siento como lector de cuentos y cuentista, una nostalgia brutal por la época de cuando podíamos hablar del libro El llano en llamas o Historia Universal de la Infamia o del Nocturno hindú de Tabucchi, porque me parece que nos hemos acostumbrado tanto los autores como los lectores y la crítica, a que el libro de cuentos sea un cajón de sastre, entonces yo propuse un proyecto de cuatro libros que llevo escribiendo durante décadas, que tengan cierto planteamiento monográfico, que sin ser novela, tengan una comunicación que permitan que el volumen sea unitario. Los reflejos y la escarcha es la tercera entrega del proyecto Micropedia y en este caso particular, a diferencia de los primeros volúmenes que son Las Antípodas y el siglo, que por cierto fue publicada hace ya 10 años y que se reeditará como parte de este proyecto, o como El Androide y las quimeras, este libro sí tiene como obsesión central o pretexto central, qué son los hermanos, la hermandad, pero yo ya tenía en mi haber cuatro o cinco cuentos que trataban sobre el tema de la fraternidad o sobre la ausencia de filiación sanguínea, por eso los retrotraje, la mitad de los cuentos son nuevos y fueron escritos dentro de los últimos cinco años. Pero como todos los escritores, tengo muy contadas obsesiones y una de ellas es justamente la fraternidad.”
Javier Moro Hernández (JMH): Es curioso que abordes el tema de la hermandad, que como vemos en tus cuentos pueden ser causa de conflictos espeluznantes
Ignacio Padilla (IP): Yo mismo me impresiono de lo duros que son estos cuentos, pues el libro está dedicado a mis propios hermanos con los que tengo una relación excelente, pero me ha entrado el prurito de qué van a pensar, porque todos los cuentos ponen en tela de juicio  la idea de la fraternidad y sus filiales, que en literatura son básicamente las filiales del gemelo o del doble, en ocasiones en la poesía la idea del incesto, por ejemplo, y de la idea de la fraternidad se deriva la idea de las sociedades secretas, que sí se encuentra en la tradición literaria pero de manera explícita, la idea del hermano de sangre está menos tratada y bueno yo escribo para entenderme, en primer lugar, y me sorprende mi escepticismo frente a la idea de la fraternidad de los hombres, pues este libro está lleno de desencuentros entre hermanos, crímenes entre hermanos, dudas entre hermanos, fragmentaciones y traiciones en grupos de amistad.
JMH: ¿Podemos decir que la fraternidad es un mito construido a lo largo de la historia?
IP: Yo creo que es una circunstancia necesaria pues necesitamos encontrar un otro siempre, construir un cómplice que puede ser la pareja pero que sea también para una relación fraterna, el amor puede terminar y suele terminar mientras que la amistad suele durar más, es una ironía pero así ocurre, necesitamos de otro cómplice y necesitamos descubrirnos en un otro, aunque hay ocasiones que ese otro nos revela cosas terribles de nosotros mismos y si  no somos capaces  de tolerar eso que nos muestran de nosotros mismos, entonces rompemos el espejo.
JMH: La idea de fraternidad es la semilla que encontramos en las sociedades secretas, tema que también abordas, y en ese sentido tu cuento de “Como un vago tatuaje” me parece muy interesante porque a pesar de que los dos son miembros de una fraternidad terrorista, grupo secreto, el que traiciona es el hermano.
IP: Exactamente, y sin embargo hay una especie de pacto de venganza del hermano, en la última línea de su vida, cuando ya nada vale la pena, cuando ya nada es necesario y su propio hermano es un vegetal, pero él prometió resarcir una traición y si es el hermano tiene que cumplirla.
JMH: También estas hermandades generan la idea de cumplir estas promesas justamente, son pactos que pueden trascender el tiempo
IP: O el sacrificio de un hermano en pro del otro; “El carcinoma de Siam” es finalmente destruir a tu hermano para sobrevivir tú, que eso finalmente se confronta con el cuento de “Trampantojo” en el que hay un pacto entre dos hermanos y se sacrifica uno en favor del otro para poder destruir a un sacerdote que había abusado de los dos cuando eran chicos.
JMH: ¿Cómo fue el proceso de decidir trabajar el tema de la hermandad?
IP: Descubrí en esa recapitulación de mi obra cuentística desde el primer momento de mi escritura, de  mi descubrimiento de que soy, básicamente, un corredor de 100 metros, descubrí, entresaqué, que ahí había una obsesión y me dije que aquí había un tema, yo descubro que esta pregunta constante de la fraternidad estaba ahí, entresaco esos cuentos y luego me sigo hacia los nuevos cuentos, que siguen tratando ese tema que en ese momento me estaba agobiando, porque me estaba agobiando desde hace mucho tiempo.
JMH: Es curioso que abordes este tema de la fraternidad como uno de los elementos centrales de tu libro, pues es justo uno de los mitos que ha construido a la masculinidad a lo largo de la historia.
IP: Hay un elemento tribal que está presente en las sociedades secretas, que está presente en los scouts, como en las pandillas, como en la masonería, en cualquier tipo de grupo hay una tendencia que es, en efecto, sumamente masculina a reunirse en la cantina, en la logia, para que sea ese mundo, porque los varones no tenemos el secreto, el secreto lo tienen ellas, es curioso cómo El Androide y las quimeras que es libro previo, es mi pregunta y mis respuestas a mi obsesión por saber quién es la mujer, y este libro, en efecto, es un libro muy masculino, sobre una actividad y una idea muy masculina del hombre que se niega el amor al otro y que prefiere llamarla amistad, pero que puede llegar a ser más fuerte que el amor hacia una persona del otro sexo.
JMH: A pesar de que se busque el “secretismo” las actividades del hombre son hacia afuera, hacia el público, de cara a la sociedad.
IP: Pero tiene que aparentar que se tiene un secreto, yo he descubierto después de leer todas estas maravillosas novelas de las sociedades secretas, desde El Péndulo de Foucault de Umberto Eco, que es una gran parodia de las sociedades secretas, toda la obra de Dostoievsky, toda la obra de Chesterton, El hombre que fue Jueves, he descubierto después de hacer una revisión de las sociedades secretas en la historia, en la literatura, que el único secreto es que no hay secreto, pero el hombre para tener algún tipo de poder, sobre todo frente al sexo femenino que tiene el secreto de la vida, la mujer tiene el secreto, es el santo grial, nosotros no lo tenemos y entonces nos preguntamos cómo le hacemos para tener algún poder y la respuesta es la simulación de que tenemos un poder y que lo compartimos con una fraternidad y vivimos jugando, porque en ese sentido los varones también jugamos al inútil y desesperado juego de tener un  secreto compartido con otros de nuestro sexo, porque ellas en realidad sí tienen un secreto.
JMH: En tus cuentos siguen muy presentes las realidades alternas, distintas, hay un par de cuentos en los que aparece la ciencia ficción.
IP: No soy un escritor muy consciente de los rumbos que tomo, siempre he dicho que hay escritores de mapa y escritores de brújula, los de mapa saben perfectamente hacia dónde van antes de escribir la primer palabra, tienen en su pizarrón dibujado todo, y estamos los escritores de brújula que empezamos a escribir sin saber hacia dónde van, que nos vamos guiando por las estrellas o por la brújula, entonces yo descubro, como tú, como lector descubres, que en efecto hay un afán de provocar un efecto de separación, de extrañeza, desplazar mis relatos hacia mundos reconocibles pero desconocidos finalmente. Hay aquí un cuento que ocurre en Los Ángeles en los años 50, ¿por qué? No sé, yo no había estado en Los Ángeles cuando lo escribí y por supuesto no existía en los años 50, ésa también es una realidad alternativa. Yo creo que la literatura, o la literatura que a mí me gusta, principalmente desde el siglo XIX ha estado vinculada con lo que hay del otro lado del espejo, porque yo estoy convencido que del otro lado del espejo Alicia se encuentra a sí misma, entonces creo que la literatura necesita distanciar, extrañar un poco al lector, un poco para atrapar al lector, un poco para que el lector no tenga miedo de reconocerse, para que crea que está jugando a leer a alguien que no es él, que no es ella, entonces yo creo que ésa es la razón de que enrarezco la realidad. Yo creo que como lector eres más capaz de enriquecer tu realidad si no te das cuenta de qué es la realidad, la fantasía es una forma subrepticia, subterránea, discreta y menos dolorosa de confrontarte con el mundo real.
JMH: ¿Cómo trabajas los cuentos?
IP: Suelo trabajar tanto mis cuentos como mis novelas que en realidad, y siempre lo he dicho, son accidentes del cuentista que soy, me nacen porque se me desmadra el cuento, y lo mismo para mis ensayos y mi obra para niños, parto de la idea de que voy a escribir un cuento, con una fotografía mental que yo mismo no sé qué va a proceder, que va a nacer, escribo preguntándome quiénes son estos señores, qué va a suceder, qué pasó con el pollo sin cabeza o por qué de pronto veo a un hombre viejo sentado en una silla de ruedas que es cuidado por su hija y su hermano, escribo para saber y voy dejando que nazcan, y por lo general llegan a una cierta conclusión por mi propia fatiga o por mi propio tiempo terminan siendo cuentos, pero en ocasiones me dicen yo soy un ensayo o yo soy una obra de teatro, no funciono como cuento, o a veces también, menos veces afortunadamente, me dicen yo soy novela o así que déjate ir.

viernes, 29 de julio de 2016

Siglo en la brisa: Góngora según Velázquez (y Antonio Carreira)

Siglo en la brisa: Góngora según Velázquez (y Antonio Carreira): No es que estuviera buscando el retrato, es que el retrato me salió al paso a mí. Ocurrió una tarde de principios de este mes, al final d...

miércoles, 27 de julio de 2016

PREOCUPANTE SE OLVIDA LO SUCEDIDO EN IGUALA Y LA FALTA DE JUSTICIA, Javier Moro Hernández



CULTURA

Lo preocupante es que olvidáramos lo que pasó en Iguala y no se hiciera justicia

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Entrevista a Tryno Maldonado, acerca de Ayotzinapa: El rostro de los desaparecidos

La noche del 26 de septiembre de 2014 la ciudad de Iguala, en Guerrero, se convirtió en el epicentro del peor terror proveniente de las fuerzas armadas estatales, que en connivencia con un grupo de sicarios pertenecientes al grupo del narcotráfico autodenominado como Guerreros Unidos, desató el infierno en las calles de la tercer ciudad más importante del Estado, un centro económico importante por la cercanía con las minas de oro que hay en la región, pero que además se ha convertido en epicentro del negocio ilegal de la heroína, que vive un boom de consumo en el vecino Estados Unidos. Todo ese caldo de cultivo explotó en la ciudad teniendo como víctimas a un grupo de estudiantes de la Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, que llegaron a la ciudad en la noche a botear para conseguir recursos para viajar a la Ciudad de México y participar en la marcha del 2 de octubre, como todos los años.
El infierno desatado esa noche dejó como saldo la desaparición de 43 estudiantes normalistas, más el asesinato de 6 personas, entre ellos el estudiante Julio César Mondragón, cuyo cuerpo, con el rostro descarnado, aparecería a la mañana siguiente en una calle de terracería de la ciudad.
Un crimen terrible, atroz, cometido por fuerzas policiales de la ciudad, que en coordinación con los sicarios, atacaron los autobuses que los estudiantes habían tomado en la central de autobuses, disparádoles y atacándolos durante varias horas, ante la mirada impasible (por lo menos) de las otras fuerzas de seguridad ubicadas en el estado, como la policía estatal y el Ejército Mexicano. Pero ¿Quiénes son estos estudiantes desaparecidos? ¿De dónde venían? ¿Quién los impulsó a estudiar en la Normal?
Estas son varias de las preguntas que el escritor mexicano Tryno Maldonado se dio a la tarea de responder en su más reciente libro Ayotzinapa: El rostro de los desaparecidos, (Editorial Planeta) en donde el también autor de las novelas Viena Roja, Temporada de caza para el león negro y Teoría de las catástrofes, entre otros libros:
“A los 43 desaparecidos yo les llamo por sus nombres, no les digo los “43 de Iguala”, no son un número, y hay libros y reportajes en los que ni siquiera se menciona su nombre, y creo que ahí hay una gran diferencia, darles un trato de seres humanos, contar su historia, darles voz, nombrarlos, eso ya es una gran diferencia a tratarlos como un índice, como un número o una cifra fría, no me gusta tanto el número 43, no me gusta mencionarlos así, aunque entiendo que engloba una metáfora de todo lo que ocurrió y que se ha vuelto un símbolo, pero sí vas a hacer un libro es importante tomarte tu tiempo para preguntar, para conocer la historia.” Nos dice el autor en entrevista.
Javier Moro Hernández (JMH): Nombrarlos me parece esencial para contarnos su historia, por ejemplo a Bernardo lo llamas siempre por su nombre y no por su apodo, nunca es el Cochiloco, es Bernardo.
Tryno Maldonado (TM): Es que a veces los periodistas solo utilizan los apodos que les dio la PGR, por ejemplo a Miguel Ángel nadie le llama Patilludo, su hermano está en la Normal, conocí a su familia y en ningún lado le dicen así, pero hay reportajes en donde se refieren a él así, lo cual es un error porque se utiliza la retórica de Murillo Karam que permeó a muchos de los reporteros que se nutrieron de fuentes de Internet, y esas pequeñas mentiras, que son detalles, terminan permeando las versiones públicas.
JMH: ¿Cómo se dio el proceso de acercarte a las familias, de conocerlos, ganarte su confianza?
TM: Cuando llegue a la Normal nadie me conocía, yo era el de los lentes que estaba ahí ayudando a cargar los víveres, había pasado el primer mes y los padres estaban cansados de hablar tanto para los medios y no obtener resultados, porque se dieron cuenta de que eso no servía para encontrar a sus hijos, que eran lo que ellos querían, y conmigo no querían ni hablar, entonces me puse a trabajar en el movimiento, a brigadear, estar en las marchas, a dar mi taller en la escuela, y poco a poco y gracias de estar ahí me fui haciendo amigo de algunas de las familias, y un día cuando ya estaba a punto de tirar la toalla se me acercó doña Blanca y me preguntó si no quería platicar de su hijo, y platicamos dos horas seguidas, así poco a poco me fui ganando la confianza de ellos, pero también lo importante es que yo estaba ahí, con ellos, en lo que les importaba que era estar en la búsqueda, en las marchas, el libro era lo de menos para ellos, pero te ven en las marchas, cargando los víveres, muchas de las familias ya son como mi propia familia, el primero que habló conmigo fue don Mario, con quien empiezo el libro.
JMH: La parte de don Mario González con la que inicia el libro me parece muy importante porque nos estás contando la cotidianidad de su hijo César Manuel, nos dejas ver el dolor que sintió desde el primer momento, el dolor de un padre que entera de la desaparición de su hijo, lo cual debe ser un momento de mucho dolor.
TM: Ha sido un proceso muy complicado para los padres, que han estado conteniendo el dolor, tratando de esforzarse en mantener la esperanza, y eso es algo que yo pude ver y me compartí en una especie de esponja que absorbía todo, pero lo más duro fue platicar con los chavos que sobrevivieron a la noche del 26 de septiembre, no querían hablar con nadie, pero una noche pude hablar con todos, a los casi ochenta sobrevivientes de esa noche, y les platiqué del proyecto, les dije que quería escribir y que me interesaba tener la versión de ellos, y estuvieron de acuerdo, hicimos una lista y poco a poco empezaron a platicar, aunque algunos seguían renuentes, porque es muy doloroso para ellos, hay un chico al que le dispararon en el antebrazo, es el único sobreviviente del tercer autobús, son chicos que no han querido hablar, quedaron muy golpeados por lo que les pasó a ellos y a sus compañeros y no querían hablar, tenían miedo por su seguridad, entonces fue un proceso de ganarse su confianza y asegurarles que no los iba a poner en riesgo, hay varios chicos que después de un tiempo se fueron acercando y se sentían en confianza para platicar lo que vivieron esa noche, ellos mismos me iban presentando a sus amigos y los animaban a hablar. Hay historias muy dolorosas, que no se conocían, y por esa razón tuve que cambiar los nombres, para proteger sus identidades, hay un chico que en el libro se llama “Ricardo”, que es sobreviviente del tercer camión, a él le dispararon en el antebrazo y es el único sobreviviente de ese tercer camión, ese es un testimonio que no se conocía, él no había hablado con nadie, hay muchos sobrevivientes que tienen muchas secuelas psicológicas producto del ataque. Está la versión del chico al que le dicen Pulmón, esa es otra versión inédita, que nos cuenta una parte del ataque que no se conoce, él vio la balacera desde el otro lado porque tiene una enfermedad respiratoria, de hecho fue operado poco antes de entrar a la Normal, y los policías le permiten alejarse de los autobuses y desde ahí ve la balacera mientras espera una ambulancia, y Güicho y Ernesto me ayudaron mucho.
JMH: Es un libro que nos permite conocer la vida que tenían antes de entrar a la Normal, pero también es un libro, que a partir de esta diversidad de testimonios, nos permite reconstruir lo que sucedió en esa noche en Iguala.
TM: Fue un trabajo complejo, largo, porque a veces tenía que trabajar entre ocho y diez horas diarias, buscando información, rastreando datos, porque tengo muchas horas de conversación grabadas, el libro está construido con base en perfiles, entonces yo tomaba a uno de estos perfiles y hablo sobre todo lo que lo rodeaba, su vida previa, su familia, su entrada a la Normal y el lugar que ocupaban en el camión, y tenía que revisar muchos datos, porque quería que tuviera un nivel de detalle que le permitiera al lector sentirse ahí, junto a ellos, en ese sentido quise ser muy estricto con la información, pero yo no tengo oficio de periodista, así que tuve que hacerlo por primera vez.
JMH: Ese nivel de detalle da la sensación de que el narrador estuviera junto a ellos en los autobuses, de que supiera lo que estaban pensando o sintiendo en determinado momentos, lo cual me hace pensar en la mezcla de géneros narrativos y periodísticos para permitir al lector conocer más de la historia.
TM: Busqué justo eso, al estilo de Gay Tallese, de Truman Capote, por ejemplo, tomarte libertades estilísticas para contar las cosas sin falsear la realidad, por ejemplo algún diálogo que se haya sostenido en los autobuses, aunque el autor de esas palabras está desaparecido, yo sé que lo dijeron, está sustentado en los testimonios de los otros chicos que sobrevivieron, no alimenté cosas que no existieron, todo está cotejado, argumentado en tres versiones distintas, por ejemplo en el caso de Julio César Mondragón, que fue el caso más difícil de reconstruir, porque él corrió hacia otro lado y lo vieron pocas personas, pero hay testimonios de sobrevivientes que estaban cerca de él que lo vieron, de maestros que lo vieron pasar, por ejemplo, o sea fue un trabajo de reconstrucción fragmentaria que me permitiera construir todo el perfil del chavo desaparecido en cuestión, fue un trabajo de investigación que te permite especular qué estaban pensando, qué estaban sintiendo.
JMH: Reconstruir los perfiles nos permite conocer quiénes eran estos chicos, qué hacían en su vida cotidiana antes de entrar a la Normal, qué querían hacer de sus vidas, cuáles eran sus sueños, sus preocupaciones, sus planes, y desmentir las versiones periodísticas que los han acusado de ser parte de algún grupo delincuencial, por ejemplo de Bernardo al que llama Cochiloco y que ha sido señalado por medios de ser parte de un grupo del narco.
TM: Conozco a la familia de Bernardo, a su mamá la conozco muy bien, y por eso me parece absurdas esas declaraciones que han manejado varios medios a lo largo de la investigación; Bernardo es hijo de familias de maestros, de campesinos, su tía es profesora, hablé mucho con la maestra Isabel, su mamá, porque traté de que fuera lo más amplio el espectro de personas con las que platicaba para que el perfil fuera lo más amplio posible, lo otro pues ya es una campaña de desprestigio para Ayotzinapa en la que mucha gente cae, aunque la sociedad mexicana es más madura y está indignada ante las mentiras recurrentes que han manejado las autoridades.
JMH: Una de las cuestiones que resaltan en tu investigación fue una acción coordinada entre diferentes dependencias del estado de seguridad, tanto federales como estatales, las imágenes que nos muestras de los autobuses destruidos a balazos por el ataque son terribles y debería permear el imaginario colectivo de los mexicanos.
TM: Si se revisa el mapa de Iguala y checas los lugares de los ataques te das cuenta de que es un círculo, una zona que estaba cerrada, encapsulada, por eso es muy extraño lo del quinto autobús que nadie toca y que después en el peritaje, porque queda como evidencia, es cambiado, entonces ¿hasta dónde está involucrado el mismo estado para que ellos mismos estén manipulando la evidencia que quedó? Porque la información de lo que sucedía en Iguala la noche del 26 de septiembre le llegaba en tiempo real a Osorio Chong, entonces por falta de acción también el estado es culpable, y sigue siendo el estado el mismo el que trata de manipular las investigaciones, incluir testimonios hechos en base de tortura sin que medie el Protocolo de Estambul, basándose en la palabra de sicarios que no queda claro cómo fueron interrogados y para ellos eso es la “verdad histórica”, y el libro intenta ser un contrapeso, ver la otra parte, porque no les han preguntado a los familiares, a la mamá de Bernardo, ver su pueblo, platicar con su familia, porque nadie lo ha hecho, y creo que era importante abordar el otro lado, saber quiénes son estos chavos, de dónde vienen, para darnos cuenta de que en realidad no eran miembros de ningún grupo de la delincuencia organizada como se ha dicho por ahí, el dinero de la droga es algo que no se puede ver, y la escuela Normal de Ayotzinapa es un lugar muy pobre económicamente, y es justo la pauperización de todas las escuelas normales, que están siendo abandonadas por el estado, no se sostiene la versión del 

lunes, 25 de julio de 2016

VAMOS, Benjamín Araujo Mondragón

VAMOS

Vamos pues, tú y yo, 
cuando la tarde contra el cielo se tiende
como un anestesiado sobre una mesa;
vamos, a travpes de esas calles medio desiertas,
los murmurantes refugios de noches sin descanso
en baratos hoteles y restaurantes con aserrín y conchas...

T. S. Eliot en La Canción de amor de J. Alfred Prufrock (1917)

Caminemos, un paso y otro paso.
No dejemos que el tedio nos domine
mandamos al carajo a todo mundo
y enlodemos de amor
nuestras paredes.

Vamos, andando, vamos, abramos
esos hoteles aún no inaugurados
convirtamos en templos los burdeles
y gocemos en paz con tu sonrisa
de luna llena y tus piernas sobre
mis hombros; vamos, ¿qué esperas...?
Vamos. No pares que la muerte nos
llega y nos asalta por paredes sin tedio
con música muy suave, digna de ser
escuchada en otras vidas que no sean
las nuestras de opresión y miedo.

Vamos, vamos, no pares ¿qué te ocurre?
¿No puedes más? No me desanimes,
temo caer en esa maraña de desesperanza
en que se ha convertido tu descanso
y
mi tedio; ¡fascinerosos: vamos, vamos...
vamos...! 

jueves, 14 de julio de 2016

DOS POEMAS DE JUANA PAVÓN (Honduras)



DESEOS IRREVERENTES
Cómo me hubiera gustado
estar en la cama con Walt Whitman,
beber en las cantinas de Malcom Lowry
o “Bajo el Volcán”.
Procesar a mi manera a Frank Kafka.
Observar sigilosamente y detenidamente
a Francis Bacon.
Estar con Salvador Dalí
en una tarde de toros
y tocarle el trasero
mientras pensara en Gala
o en Federico García Lorca.
Cantarle a Pablo Neruda
mis poemas de amor
y otras canciones desesperadas,
repetirle “De Profundis”
con todos mis secretos sexuales
a Oscar Wilde y su amante maldito.
Cómo quisiera estarme riendo
Junto a Baudelaire
Con mis quince años en su cama.
Tal vez me hubiera gustado
cogerme a Hitler, Calígula
a Napoleón, a vos
y a otros hijos de putas.
Filmar con Pier Paolo Passolini
un Decamerón diferente.
Estar acariciando y besando
a Rabindranath Tagore.
Hablar de amor con Juan Ramón Molina.
Condenar sin clemencia
a los Jesuitas Pederastas.
Echarle en cara a Marlon Brando,
el no haberme conocido.
Perseguir a Felipe Buchard,
a Ezequiel Padilla y a Simón,
de cantina en cantina
de barrio en barrio
de santuario en santuario.
Conspirar con la sangre latina
de Gabriel García Márquez.
Desarmar a un mílite como Fernando.
Respetar a las mujeres de 1+1
mas no a todas
como dice María Ester
con venia de Leslie.
Enojarme con Ramón Matta
por no haberme invitado nunca a un pase.
Quisiera mentarle la madre a tu padre,
a Nietzsche, a Gorky,
y a Simone de Beauvoir.
Respetar aún a Marx, a Lenin,
a la lucha de clases.
Y reírme de los comunistas criollos
pese a la Perestroika.
Con comprender nunca las debilidades de Woody Allen
cortarle un huevo a Van Gogh
y no la otra oreja.
Romper a llorar, escribir mierdas
bailar mambo, salsa, y más salsa
y jugar con muñecas aun siendo abuela.
Pedirle perdón a mis mejor amiga,
a Monseñor Santos y a otros Rodríguez,
volver a ser buena, cursi y pendeja.
Seguir soñando, amando y fornicando
y contar chistes hasta llegar
a la hilaridad.
Volar y volar muy lejos
hasta encontrar a ese todopoderoso
que me hiso a su imagen y a su todo.
Amén.
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JUANA LA LOCA
(Emulando a Federico García Lorca)
Estoy loca
porque nadie podrá darme
distancias, ni límites, ni futuros
eso sólo yo puedo dármelos.
Quiero que todas se enteren
que estoy loca
por no encontrar lo que yo buscaba.
Lo busqué debajo de las piedras
debajo de las raíces
de la médula del aire
y lo que encontré
fue la verdad
de las cosas equivocadas.
Por eso estoy loca
por no poder irme con el primer paisaje
y volar mezclada con el amor
el vuelo de siempre
sobre mi lecho vacío.
Por querer mi libertad
mi amor humano,
porque la aurora llegó
y no la recibí en mi boca.
Porque aquí en mi locura
no hay mañanas
ni esperanzas posibles
sólo ese rumor de suicidio
que anima mis madrugadas.
Porque tengo océanos de ternura
para aquellos que arrugaron mi corazón de niña
y me negaron una vida más digna.
Si, estoy loca
porque amo a Tchaikhosky
Jacobo Cárcamo
Roque Dalton
y a Morazán.
Porque amo la luna
el sol, las estrellas
la música
y las montañas.
Porque amo a pucho
a los niños a Walda
y a Pink Floyd.
Estoy loca
porque me alimento de muerte
y miseria en el guaro.
Porque amo a Dios
y admiro a Marx
porque amo la paz
de los cementerios.
Mi locura señores
es encontrarme pequeñas criaturas
enterradas bajo pedazos de cartón
Federico decía
estos niños cuando se levantan
parecen golondrinas con muletas.
Esa es mi locura
contrariar a chicos plásticos
que leen Vanidades, Cosmopólitan
y “Nuestra Tegucigalpa”
Mi locura está
en el humo asfixiante
que me da la zona peatonal
y el dolor cansado e infinito
que me dio la calle real.
Estoy loca porque salpicaron de lodo
mis pupilas límpidas
mientras esta agonía de dolor
siempre quiere acostarse conmigo.
Si, estoy loca de dolor
de amor
de rabia por mi impotencia
por mi resistencia de cucaracha
por los gemidos que golpean
las ventanas de mi alma.
Estoy loca por hacer rabiar
a las señoronas ignorantes
cada vez que sus maridos cornudos
fijan sus ojos
en mis tetas caídas sin sostén
Que se enteren que mi locura
sienta sus bases
en decir casi siempre lo que pienso
y si a veces callo
es por no herir susceptibilidades
o por consideración
– ¡Qué esfuerzo Dios mío! –
Estoy loca
por desenmascarar
a la gente y su indecencia
por corruptos
ladrones
asesinos
explotadores
vende – patrias
y sobre todo
porque odio los prejuicios
de aquellas y aquellos
que sólo saben señalar
mas no ven el tumor
que tienen en la próstata
y vagina.
Por todas esas cosas
que sé y me callo
es que estoy loca.
Juan Pavón
Juana Pavón. Nació el 19 de julio de 1945 en San Marcos de Colón, Departamento de Choluteca, Honduras. Ha publicado poemas en diarios y revistas nacionales y extrajeras. Ha publicado “Yo soy esa sujeto” (1994). Otras obras son: Deseos Irreversibles, Blanca, Choluteca, Desconcierto, Dos niños, una niña, Juana la Loca, Llegué sobre la Carne, Los Golpes, Mamita Querida.