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lunes, 20 de octubre de 2014

APROXIMACIÓN A LA OBRA DE AMADO NERVO, Justo Aldú (Panamá)

Por supuesto, ésta es una primera entrega ya que faltan otros temas que oportunamente complementarán el análisis de la obra en prosa de NERVO.
JUSTO ALDÚ ©
Panameño
*Nota: Esta publicación está protegida por el Derecho de Autor.
APROXIMACIÓN A LA OBRA EN PROSA DE AMADO NERVO
A mi hija Maria Mercedes
con todo mi amor.
Abordamos a NERVO en el mundo literario con un estilo netamente modernista. De hecho es uno de los más importantes representantes de éste periodo. Se recuerdan sus novelas como demostraciones de una ágil y sencilla prosa catalogada como poética. La verdad es que revelan su personalidad.
En sus primeros años, la misma tenía más de “desahogo romántico” que de objetivismo, pero en modo alguno es desdeñable, muy por el contrario, ya demostraba la creatividad literaria. Fueron reunidas en “LAS MAÑANAS DEL POETA”, Michoacán.
Poco se sabe de lo que escribió entre 1892 y 1894 en Mazatlán. El autor se refiere a esos años diciendo que dejaba gacetas, poemas y reseñas de manifestaciones artísticas en el diario EL CORREO DE LA TARDE y las catalogaba como llenas de romanticismo. Tal vez por eso escribió en 1904:
“Estaba yo tácitamente obligado a enumerar los encantos de todas, absolutamente todas las porteñitas, deteniéndome en aquellas gracias con las cuales sabían ellas, modestia aparte, que habían sido adornadas preferentemente por los dioses…”
Hay frases que se encuentran con frecuencia en esa época: “ojos aterciopelados”, “fresca boca”, “piel de seda”, “manos patricias” indudablemente estos epítetos de cajón son sus primeros registros.
En aquel entonces usaba el seudónimo de ROMÁN.
Se conoce que laboró entre 1894 y 1900 en EL MUNDO ILUSTRADO; y de 1895 a 1896 en EL NACIONAL.
La narrativa de los cuentos publicados en EL MUNDO ILUSTRADO se pudiese tomar como un anticipo para los publicados en años posteriores bajo el título OTRAS VIDAS y en cierta forma un ensayo para sus primeras novelas: PASCUAL AGUILERA, EL BACHILLER Y EL DONADOR DE ALMAS, puesto que no ofrece esas cualidades extraordinarias que pudiesen cimentar la reputación de un cuentista, sin embargo no desentonan al lado de esas magistrales obras. Incluso, se sabe que dos de esos cuentos forman parte de la colección “CUENTOS MISTERIOSOS”.
En EL NACIONAL, 1895, NERVO publicó una serie de críticas teatrales, ensayos y artículos relacionados a costumbres netamente mexicanas pero vistas de una forma humorística, un detalle innovador sin duda, en los que encontramos los rasgos de un avezado escritor. Una prosa ágil, toques humorísticos, etc.
Entonces su seudónimo era RIP-RIP, algunos aluden el mismo a un cuento de GUTIÉRREZ NÁJERA de título similar.
En aquel año publicó SEMBLANZAS ÍNTIMAS y luego una serie de artículos ligeros bajo el título de FUEGOS FATUOS con el seudónimo TRICIO que luego se transformó en TRIPEX, pero el seudónimo utilizado con más regularidad es RIP-RIP.
Las crónicas teatrales en relación a las de la época no sobresalen, apenas ciertas apreciaciones interesantes en su prosa. Igualmente comentó óperas y conciertos. La última crónica apareció el 31 de julio de 1895. Vale destacar que también escribió crónicas para EL IMPARCIAL en colaboración con LUIS URBINA.
Teatro mínimo
Llama poderosamente la atención una serie de artículos dialogados que fueron publicados en EL MUNDO, 1898, con un fondo costumbrista, muy semejantes a FUEGOS FATUOS. Fueron llamados “TEATRO MÍNIMO”. Los que he tenido acceso contienen muy buen manejo del diálogo.
Crónicas
En 1900 NERVO llega a París y empieza a escribir una serie de Crónicas de viaje que luego se compilan en una publicación llamada EL EXODO Y LAS FLORES DEL CAMINO, considerado hoy por hoy un auténtico emblema del modernismo y que fue publicado en EL MUNDO Y EL IMPARCIAL. Sin lugar a dudas son las mejores páginas de éste extraordinario escritor. Son crónicas matizadas de poesía, netamente MODERNISTAS.
Fue allí que confraternizó con RUBEN DARÍO escribiendo uno de sus poemas “inmortales” LA HERMANA AGUA.
De por sí la obra de AMADO NERVO está llena de crónicas de principio a fin. Con la diferencia que las primeras carecían de ese toque que lo identificaría como un gran escritor y a la postre representante del Modernismo.
Novelas:
En 1985, NERVO publicó una novela que hoy por hoy es considerada como una de sus obras cumbres, EL BACHILLER. Definitivamente lo llevó a la notoriedad porque define con mucha finura estados espirituales. Una prosa limpia y fluida que lleva de la mano al lector y lo atrapa hasta el final. A mi entender era la época novelesca ya que muchas se publicaron en éste periodo, sin embargo ésta en especial llamó la atención de los críticos, aunque algunos reprobaran su desenlace por ilógico.
Se sabe que otra novela corta, PASCUAL AGUILERA, fue escrita en 1892, pero después de haber saboreado el éxito de EL BACHILLER, se reescribió en 1896 y no vio la luz, sino años después incorporada al volumen OTRAS VIDAS y a decir verdad se observan rasgos antes de la influencia MODERNISTA, por sus rudezas. De éstos podría decirse, son sus REGISTROS.
EL DONADOR DE ALMAS, publicada en 1899 por la revista CÓMICO, fue repartida en dieciséis entregas. En sus páginas vemos amenidad y humorismo; también observamos que exploraba la imaginación Es una novela llena de fantasía. Queda evidenciado esa búsqueda y exploración de la imaginación del escritor con los cuentos posteriores EL DIAMANTE DE LA INQUIETUD, EL DIABLO DESINTERESADO Y OTROS.
Crítica Literaria
Desde muy temprano, el ejercicio literario dentro del periodismo, le llevó a esbozar opiniones acerca de escritores y libros, lo mismo que críticas certeras. La verdadera actividad como crítico empezó en la REVISTA MODERNA (1902 - 1903), publicando estudios e impresiones breves. Si hay algo que destacar es que con sus preferencias influyo en escritores jóvenes que se avocaron al MODERNISMO. Podríamos citar a MANUEL UGARTE, MANUEL DÍAZ RODRIGUEZ, LUIS G. URBINA Y EFRÉN REBOLLEDO, sin pasar por alto a JOSÉ ASUNCIÓN SILVA, quizá el más admirado por él, de quien decía “ese divino extranjero”. En mi opinión, dijo lo justo de éstos aún en su brevedad. Fue un verdadero caldo de cultivo en el cenáculo MODERNISTA.
Nervo dice de EFRÉN REBOLLEDO:
“Yo le llamaría más bien alto artífice que alto poeta, Fríamente cincela, pule, labra, disloca, ductiliza, engarza, Conoce muchos de los profundos secretos del ritmo y de la rima. El verso es su esclavo, paciente y tenaz obrero, persigue días y noches una cadencia nueva…”
También es interesante lo que manifiesta de MANUEL JOSÉ OTHÓN, en opinión de muchos, equivoca el camino de la crítica:
“Lástima que ese poeta tan noble y vigoroso sea enemigo jurado de las nuevas cadencias y combinaciones métricas”
Dice esto por sus alejandrinos, porque en su opinión, OTHÓN utiliza palabras agudas al fin de cada estrofa, sin embargo en el modernismo se gana en color, en ritmo y en sonoridades.
De JOSÉ ASUNCIÓN SILVA opinó:
“Es un deus absconditus que mora en ese espíritu que ha tenido aciertos muy grandes y ha dado con expresiones tan perfectas…”
En su estudio sobre LEOPOLDO LUGONES afirmaba:
“…me repugnan los críticos que eternamente están a la caza de influencias, de analogías, de ascendencias y descendencias. No hay alma de artista que no sea dinástica, y a cada una podemos encontrarle su genealogía, las influencias son mutuas, se compenetran, se enredan y se ligan. Estamos todos influenciados por todos, pero aún así, vamos amasando cada uno nuestra personalidad”.
Finalmente NERVO pensaba sobre la poesía modernista que se distinguía por lo comprensiva y se inclinaba hacia “el callado misterio de las cosas porque sondea el alma múltiple de cuanto existe y se compenetra con la naturaleza”.
Estas últimas son ideas comunes a los modernistas y algo característico de este autor.
Llama la atención El Segundo Libro de Lecturas mexicanas graduadas, porque contiene además de datos biográficos, esenciales juicios de cada autor. También figura en el libro arreglado para las escuelas, Lecturas literarias. Estos juicios son críticas muy importantes del autor a lo largo de su producción literaria y no solo se refieren a los autores mexicanos, sino a los hispanoamericanos con algunas excepciones como ALTENBERG y TENNISON, traducidos por MANUEL GUTIERREZ NÁJERA, JOSÉ ASUNCIÓN SILVA Y GUILLERMO VALENCIA.
Poco o nada mencionan todos los biógrafos de AMADO NERVO, sobre una serie de informes que éste enviaba desde España a la Secretaría de Instrucción Pública entre 1907 y 1911. Se conoce que sumaban 84. Son netamente literarios, algunos se refieren a la erudición, al estilo y al florecimiento de la poesía lírica en Italia, Portugal y España, en ellos habla de las nuevas combinaciones métricas, el unanimismo, la literatura infantil, el teatro poético, el casticismo y la uniformidad del léxico.
NERVO se confesaba como escritor de un castellano muy de él, ni bueno ni malo, simplemente de él, con reminiscencias de otros tiempos que estaban en su espíritu, y llegaba a la conclusión de que la originalidad iba de la mano con el temperamento y la sinceridad es la mejor originalidad.
“Huyamos del procedimiento, El procedimiento es el recurso de los que no tienen ya recurso mental ninguno. Merced a él, los que carecen de personalidad se embozan en la personalidad e lo demás. Los espíritus subalternos se enamoran del procedimiento.” (Las Ideas de Tello Téllez)
En modo alguno podemos hablar de la obra crítica de AMADO NERVO y obviar la más extensa y organizada, JUANA DE ASBAJE, publicada en Madrid con ocasión del Centenario de la Independencia de México.
Él lo catalogaba como el libro “de sus amores, erudito, ameno, hondo y amable”.
El epígrafe dice textualmente:
“En éste libro casi nada es propio:
con ajenos pensares pienso y vibro,
y así, por no ser mío, y por acopio
de tantas excelencias que en copio,
este libro es quizá mi mejor libro”
Y claro, no es un libro que encierra una investigación biográfica, ni penetra en la exégesis de la obra ni mucho menos. Lo que consigue es una simpatía reflexiva con el verdadero estudioso. A nuestro juicio no es su mejor libro. Hay intertextualidad con EL EXODO y LAS FLORES DEL CAMINO por el hecho de buscar y recoger impresiones de un viajero en la primera e incursionar en las poesías de Sor Juana en la segunda. En ambos libros se escucha la canción del recuerdo, el viaje a Francia y el viaje intelectual.
Discursos
NERVO, era un orador ocasional, por eso es menester mencionar dentro de su obra en prosa algunos de sus trabajos, como la conferencia ante la Sociedad Astronómica en la cual alude a WELLS, otro de los grandes autores ingleses y a pesar de que éstos pertenecen al campo de la divulgación, muchas de las frases encontradas están impregnadas de su lirismo característico.
Hay aspectos importantes a destacar. El amor a México, el amor a Francia, su afición a la astronomía y su amor a la mujer.
A México dedica algunos de sus discursos en los cuales alababa vestigios de las civilizaciones antiguas. Sobre Francia se expresaba como “la dulce madre latina portaestandarte del pensamiento del mundo”. Su afición a la astronomía le llevó a disertar sobre la habitualidad de los satélites y reconocemos una aspiración obsesiva hacia las estrellas. Casi al final de su vida vertía opiniones interesantes sobre la mujer moderna y su papel en la evolución del mundo.
Ensayos:
En 1912, fueron publicados ELLOS y MIS FILOSOFÌAS, cuya característica era la brevedad, curiosamente llamada por NERVO “homeopatía intelectual”, en ella fue persistente hasta sus últimos días.
RUBÉN DARÍO decía sobre él: “A usted se le lee siempre con gusto, porque es breve”. Esta opinión la corroboró en su ensayo sobre la brevedad: “Una novela mía se lee siempre en media hora a lo sumo”, por eso en las páginas de ELLOS Y MIS FILOSOFÍAS hablan de su deseo de condensación.
En sus obras póstumas constan de artículos, crónicas, ensayos y piezas menores, tal vez síntesis de sus lecturas, de meditaciones o sueños de poeta.
Si hay algo que resaltar en NERVO, es que en ningún momento mostró vanidad.
Otras narrativas
De toda la obra de NERVO, rescato un libro en especial publicado en 1918, su nombre: PLENITUD. Tal parece que el autor puso sumo cuidado al escribirlo ya que es muy sustancioso. Hay otros libros de ésta época como SERENIDAD Y ELEVACIÓN, pero PLENITUD sobresale por su prosa clara, dulce y diáfana. Es una obra digna de un pensador y hasta de un poeta lleno de misticismo.
Otra de sus publicaciones importantes cuyo marco es autobiográfico es LA AMADA INMÓVIL, un documento único, muy intenso y emocional. Escrito en 1912. Una auténtica reliquia del sentimiento amoroso. Consagrado por un público eminentemente femenino.
Las características fundamentales de este movimiento fueron el ofrecer una forma para evadirse temporal o espacialmente de la realidad cotidiana a través de la evocación de otras épocas y de lugares lejanos o incluso exóticos; además quienes lo adoptaron buscaban la perfección y la belleza a través de imágenes y colores. En la expresión lingüística se notó la fidelidad al tipo de estrofas clásicas con algunas variantes modernas; además se emplearon helenismos, cultismos y galicismos y el culto a la perfección formal, con poesía serena y equilibrada.
Autor: JUSTO ALDÚ (J.A.S.D.) octubre de 2014.

ALDOUS HUXLEY

NUNCA TE FUISTE, (Soneto alejandrino) Pastora Herdugo

Mi querida Madre

Nunca te fuiste 
Soneto alejandrino 

El alba  se despierta en cálido paisaje 
un sereno y  naciente albor  se abre aterido        
matizado en rojizo, de encanto indefinido
óleo  de  mezclados rubores, homenaje.

Mis pasos van sin rumbo vagan, viendo el paraje
un arroyuelo   plácido,  va bañándose fluido
el sol cruza los  cristales moviéndose y  herido,  
en el   perpendicular rayo claro, salvaje.

Una vasta belleza se le rinde al  sentido
Y tan  grande no existe, seductor,  relajante
se abre lo idealizado al embrujo translúcido.

 En mágica  escalera de  terciopelo y ante,
y tú  Madre, desciende, bésame  mi sentido,
nunca te fuiste, vives  en mi más grande instante.
                                                              

Pastora Herdugo


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Title :: Nunca te fuiste  Soneto alejandrino

ADIÓS AL LENGUAJE, DE JEAN LUC GODARD, Naief Yehya

Adiós al lenguaje, de Jean Luc Godard

Jean Luc Godard lleva ya algunas décadas diciendo adiós al lenguaje, o por lo menos a las viejas concepciones del lenguaje y la comunicación. Su trabajo comenzó a dar un giro hacia el desmontaje de las palabras y la reinterpretación del idioma a través de una exploración de la imagen que ha resultado tan prolífica como influyente en la cinematografía mundial. A sus ochenta y tres años, Godard sigue siendo el cineasta inconforme, revolucionario y provocador que arrancó su carrera como uno de los autores centrales de la nouvelle vague. Su cine sigue girando en torno a sus preocupaciones políticas, estéticas y morales, las cuales en su trabajo siempre conviven con el sexo, el arte, la literatura y la música en fusiones y fricciones que ponen en entredicho la relación de la imagen y el sonido, desequilibran toda certeza en cuanto a la narrativa audiovisual y el proceso creativo mismo, con lo que prácticamente toda película de Godard, desde Le mepris (El desprecio, 1963) es un filme dentro de otro filme. Es un cineasta fascinado por confundir registros y parámetros, por componer y descomponer imágenes mediante la superposición de aforismos, citas y juegos de palabras; por provocar reacciones mediante parpadeos, sugerencias e insinuaciones visuales, así como por la continua fractura de la ilusión fílmica. Pero más que nada, Godard siempre ha estado obsesionado con la historia del cine y con contar esa historia a través del cine.

Godard comenzó a incorporar imágenes de video en sus filmes desde 1974 y siempre se ha mantenido a la vanguardia tecnológica, de ahí que no sorprende el hecho de que use tecnología de 3D (de hecho ya la había usado en el corto Los tres desastres, de 2013) y de la cámara del iPhone en su reciente Adiós al lenguaje, filme que fue parte del programa del Festival de Nueva York de 2014. Esta película, que para nada parece una despedida, es una reflexión apesadumbrada y a la vez cargada de ironía sobre la digitalización de la cultura y lo que significa la satisfacción intelectual instantánea, en una época en que llevamos en el bolsillo dispositivos superpoderosos que tratan insistentemente de convencernos de lo que es realmente importante. Adiós al lenguaje se dispara en muchas direcciones, desde un homenaje a Byron y Mary Shelley, hasta alusiones a un Estado entrometido y paranoico en donde la gente no sabe de qué trata El archipiélago Gulag. Godard va de la seriedad y el desconsuelo que le causa ver a una sociedad hundida en una ignorancia programada e hipertecnológica, al humor (Adieu au langage se vuelve "Ah Dieu Oh langage") escatológico cuando el protagonista habla de la importancia de la mierda en la cultura mientras defeca (este es un curioso eco de la nueva cinta de David Cronenberg, Map of the Stars, donde Julianne Moore hace algo semejante). La narrativa en este breve filme (de apenas 70 minutos) está desgarrada y re-ensamblada en forma de un collage radiante y vertiginoso, un caleidoscopio frenético, una cacofonía que no permite distracciones y cada palabra parece tener un peso específico fundamental, o bien nada tiene importancia por sí mismo y el todo es mucho mucho más que la suma de las partes. Sin embargo, rara vez es lo mismo para todos los espectadores.

El filme número 39 del autor de Sin aliento (1960) tiene como eje una relación amorosa en descomposición, una mujer casada y un hombre soltero, un tema que ha abordado antes en sus exploraciones de la infidelidad y la agonía, del lento enfriamiento del amor, de la pasión por los golpes, de la fascinación por el desprecio. Sin embargo, hay otro protagonista igualmente importante y cuyo punto de vista se vuelve más y más relevante a medida que avanza el filme, el del perro Roxy, que se convierte en una especie de observador neutral del mundo, liberado de cargas ideológicas. Un ser fuera de la cultura, sin prejuicios.

Godard no hubiera recurrido a la 3D si no pensaba emplearlo de manera radical y, si bien por un lado lo usa para añadir niveles de lectura y significado a sus composiciones ya de por sí saturadas de imágenes, texto e intervenciones, por el otro se vale de esta tecnología como un recurso para mostrar literalmente la “separación” de los amantes al panear con un ojo mientras deja estático el otro, con lo que se crea un efecto desconcertante, irónico y significativo (no tardarán los imitadores en apropiarse de sus descubrimientos). Así, nuestro campo de visión se extiende y se contrae, poniendo en evidencia los límites y posibilidades de lo observable. Más que una despedida, Godard está constatando que el lenguaje, como lo entendemos, nos está abandonando, para dejar su lugar a otra cosa que aún no hemos podido nombrar.

ALERTA: ¿NARANJA O ROJA?, Orlando Ortiz

Orlando Ortiz
Alerta ¿naranja o roja?

Si uno se pregunta desde cuándo hay literatura, de inmediato salta una respuesta: desde que se inventó la escritura, es decir, desde que hay letras. Si se piensa un poco más, podría argumentarse que el relato debe tener origen más remoto (la era de las cavernas). Así, es posible que la narrativa sea la primera expresión “literaria” sin letras. No obstante es imposible dudar de que la poesía es la expresión príncipe. Y si nos reducimos a la etimología, más aún, pues poesía, como todo lo saben, es creación. Así, la narrativa sería la primera expresión “literaria”, sin embargo, siempre se ha dicho que la poesía es la expresión príncipe. Y estoy de acuerdo, pues poesía es creación. Sin embargo, eso es lo que menos me preocupa ahora, pues en este momento mi pregunta es si habrá literatura en el futuro.
Aproximadamente a mediados del siglo pasado fue vaticinado, por muchos, intelectuales y todo lo contrario, el fin de la novela; es más, desde mucho antes se consideró que la novela, por ser la expresión más vulgar de la literatura, además de nociva para la moral, etcétera, estaba destinada a desaparecer. El caso es que a lo largo de varias centurias se ha seguido escribiendo novela. Escribiendo y publicándose, en preciosas ediciones, manuscritas –con viñetas policromas–; después, con la llegada de la imprenta, se imprimieron formando las páginas con tipos móviles; más tarde el linotipo facilitó el proceso, mismo que se alivianó con el offset y los actuales sistemas computarizados. En resumen, se puede decir que a lo largo de varios siglos la literatura se ha difundido y ha permanecido gracias a la letra impresa en papel. No se puede soslayar que la supervivencia de las obras también está en relación con su calidad, pero éstas habrían quedado en la oscuridad de lo ignoto si no hubieran sido impresas.

La literatura es letra, sería mi primera aseveración, de carácter perogrullesco pero emitida con plena convicción.
Desde hace algunos años, los jóvenes aspirantes a ser escritores –novelistas, poetas, dramaturgos, ensayistas, cronistas– me señalan que el libro como tal, en papel impreso y encuadernado, ya pasó a la historia; la digitalización es lo de ahora y lo del futuro. (Sin embargo, curiosamente, estos defensores a ultranza de la digitalización han seguido buscando –y algunos lo han logrado– que su obra sea imprimida a la usanza tradicional, y de preferencia por una editorial “reconocida en el mundo” –regional o nacional, valga el rebuzno.

Algunos editores han incorporado a su catálogo editorial versiones digitalizadas de algunos o de la mayoría de sus títulos. Versiones que se venden a un precio poco menor que el de las versiones impresas en papel. Hasta aquí la literatura sigue siendo letra, legible en pantallas pero letra al fin, y su calidad sigue estando en la liza para determinar su permanencia. Puede argüirse que esta característica es la respuesta a una nueva realidad, es decir, responde a las peculiaridades de la vivienda contemporánea, pues la reducida dimensión de las mismas imposibilita a los lectores tener libreros amplios, en cambio un CD o un USB, conteniendo varias obras, cientos de páginas, será lo más indicado. El libro impreso en papel quedará en los museos o, en el mejor de los casos, en algunas bibliotecas que por falta de presupuesto no tengan una buena dotación de equipo electrónico. (Nunca faltarán los “retro” que prefieran tener un libro en las manos a cargar con una tablet o una laptop, es más, habrá los que, como yo, se deleiten con el aroma de un libro recién impreso).

Hasta aquí es evidente el papel que han jugado los editores e impresores en la producción y difusión de la literatura. Buenos o malos, justo o injustos –con los autores– su desempeño ha sido decisivo. Sin embargo, hace algunas semanas me alarmó que una reunión internacional de editores, uno de ellos declarara que en el siglo XXI se llegará a la “edición” de libros con nuevas manera de contar historias, quizá con geolocalizadores para que en función del lugar donde se encuentre el lector pueda cambiar la trama, o “volúmenes” de ensayos que se completarán con palabras claves. Otro de los asistentes a esa reunión aclaró que todavía no estamos en la era digital, pero ya la tenemos enfrente y “vamos por la creación de relatos sin texto, con audio, voz, animaciones…” Llegados a ese momento, ¿que será la literatura, si ya no habrá letras, tampoco una habilidad narrativa para tramar o capacidad para manejar el lenguaje o crear personajes o preocupación por el estilo?

  ¿Se habrán preguntado los editores, entonces, qué función van a tener?

ENTREVISTA CON CARLOS ARELLANO, Porfirio Miguel Hernández Cabrera



Foto Ludwin Cuevas. Fuente: Poblano.mx
El maestro Carlos Arellano (México, DF, 1957, pero “poblano por adopción”) es uno de los más vitales cantautores mexicanos independientes. A contracorriente del difícil medio musical, empezó a componer y a cantar sus rocanrolas y a moverse en los ámbitos de la marginalidad. Ha continuado creando su obra y luchando por difundirla entre quienes estén dispuestos a escuchar una alternativa alejada del simplismo y del comercialismo del gran circuito musical mexicano. A propósito de su primer disco, José Agustín escribió: “Con el brío del grupo o con los acordes de su lira, Carlos Arellano ha llegado a un espléndido inicio de carrera musical: dueño de su propia concepción del arte, fiel a su mundo más íntimo, talentoso en la composición, sabio con las palabras y rico en matices, su álbumCanciones domésticas [1987, Pentagrama] llega para fortalecer el dinámico y renovado rock mexicano.”
Sus siguientes producciones fueron El baile de las cosas (1990, Pentagrama) y Nada en su sitio (1994, Metztli). Escribió “El Boiler” y “Dámelo”, dos canciones que Nina Galindo incluyó en su disco Antropofagia amorosa (1993). Después grabó La miscelánea de la física (1996, inédito) y varios álbumes publicados en edición de autor: En vivo en La Ciudadela (1996); La jauría(1998), un excelente disco de duetos con cantautores como Rafael Catana, Fausto Arrellín, Roberto González, Gerardo Enciso y Armando Rosas, entre otros; y Zombra 0 (2009), grabado en vivo y en estudio en Puebla.
Con el tiempo, el maestro Arellano devino en un solitario cantautor, y en la nomenclatura musical actual es más conocido como trovador, parte de la “trova contemporánea”, que como rockero del célebre Movimiento Rupestre; olas y etiquetas musicales a las que se sobreponen la honestidad y la vigencia de su propuesta.
Esta entrevista tuvo lugar el 1 de febrero de 1995, cuando Arellano acababa de publicar Nada en su sitio y estaba a punto de cumplir treinta y ocho años. Sin embargo, “por azares de la vida”, como se suele decir, la entrevista se quedó archivada por casi dos décadas. Hoy que cumple treinta años de carrera artística como solista y cuarenta de sus inicios tocando en grupos, La Jornada Semanal publica un fragmento del largo diálogo que tan amable y pródigamente me concedió, el cual es no sólo una muestra de la apreciación que hace de su obra hasta ese momento, sino también parte de la historia del movimiento sonoro independiente mexicano. Valga este pequeño homenaje para festejar que el “treintañero” maestro Arellano sigue acompañando melodiosamente a los entonces treintañeros (retratados en su homónima canción) de los años noventa del siglo pasado (y a los de este siglo), pero también para celebrar a toda una generación de hacedores/as de música que ha dejado una huella importante y que debe dejar de ser vista como el “Lado B” de la cultura musical de nuestro país.

Entrevista con Carlos Arellano
Porfirio Miguel Hernández Cabrera


–Carlos, ¿cómo arranca tu carrera musical?
–Ora sí que es un asunto viejo. En el ‘94 cumplí veinte años de haberme iniciado en este rollo de empezar a hacer grupos. En el ‘74, cuando entré a la prepa, hice mi primer grupo, que se llamó Tortuga. Luego surgió una especie de moda por este asunto de recuperar los ritmos latinoamericanos, junto con una posición política en las canciones. Yo fui arrastrado por esta ola y me metí con varios grupos a esta onda –todo esto en Puebla–, y formé un grupo que se llamaba Nuevo Gallo, luego otro que se llamaba Teotonatli, aquellos nombres que se usaban. Era una cosa muy curiosa porque, a la par de estar tocando este género, seguía comprando mis discos de rock. Como yo seguía siendo rockero, aunque ejercitara otra música, tenía un afán por combinar la música que oía, que era rock, y este asunto. El último grupo en el que estuve en esa onda fue Nuevo Gallo –que duró como cinco años–, con el que al final de mi pertenencia empecé a fusionar cosas. De repente, la gente se empezó a abrir y a no ser tan dogmática, y más o menos como que gané la batalla entre estas dos vertientes. En el ‘83 trueno con el grupo, aunque éste sigue; regreso al rock como ejecutante, como músico, y junto con otros amigos formamos otro que se llamó Tierra Baldía. En el ‘84 dejo al grupo porque me voy ocho meses a vivir a España, en un viaje que es como mi recuperación como músico de rock. De hecho, desde mucho antes de entrar a ese grupo, y desde los anteriores, estoy haciendo mis canciones, y ya con Tierra Baldía gran parte del repertorio era mío. Me voy a Europa en el afán de ejercitar y mostrar mis canciones; se me habían juntado muchas porque siempre había sido parte de grupos. Regreso a finales del ‘84 y decido dedicarme de lleno a ser solista; me interesa cantar mis canciones y decido no cantar más las de otra gente.Canciones domésticas es el producto de un grupo de canciones que compuse al regreso de Europa. El disco lo hice a partir del apoyo de muchos amigos; los cuates me dijeron: “Oye, ¿por qué no las grabas?”, y yo: “Pero no sé cómo empezar.” Siempre el primer disco es muy difícil, no sabes qué puertas tocar, a quién le hablas, qué haces. Después de muchos apoyos, un amigo me dio lana para venir a grabar aquí en el DF, en un estudio de Antonio Russek, e hice un demo de esas canciones, nada más con guitarra. Con ese demo hice varias copias, una se la mandé a José Agustín, porque unos años antes lo había conocido en Puebla; otra se la mandé a Modesto López y otra a Memo Briseño. Hubo muy buena aceptación del demo con esas gentes, y el primero que me impulsó fue José Agustín, quien me dijo: “Oye, están suaves las rolas, pero por qué nos las arreglas un poco, las vistes más, les metes grupo como para venderlas ya más formalmente; así como están...” Entonces le hablé a Modesto y él me dijo: “Órale, le entramos”, y le hablé a Tierra Baldía y armamos el disco en una patada. Es muy chistoso porque, a la distancia, veo que el disco fue hecho a las totales carreras; lo grabamos en veinte horas, diez de grabación y diez de mezcla, y ahora que tengo un poco más de experiencia en esto digo que es una locura grabar así, pero creo que ganó en muchas cosas. Es un disco que ahora reivindico mucho por la frescura que tiene, a pesar de fallas de producción en general.


–De Canciones domésticas una rola que se escuchó mucho en la radio comercial del DF a finales de los ochenta fue “Nunca dejaré que te vayas”. ¿Cómo ocurrió esto y por qué no se te ha vuelto a programar?
–Es un caso muy curioso. Resulta que el disco salió y un día me dicen que la canción estaba sonando en la estación Espacio 59. Entonces, cada que venía sintonizaba la radio y varias veces la escuché; Fernanda Tapia me mandaba avisos, se echaba un rollito con alguna de sus locuras que siempre dice, por ejemplo: “Por ai le mandamos un aviso a Carlos Arellano, cuando andes por acá vennos a visitar.” Cuando por fin me conecté con Fernanda le pregunté que cómo había llegado el disco a sus manos, y ella nunca me supo responder, me dijo: “Bueno, llegó aquí, es parte del stock de la radiodifusora y yo no sé tampoco.” Entonces, bien a bien no sé cómo fue el asunto, fue un rollo muy natural; es decir, no hubo payola, la compañía nada pagó, yo no fui a entregarlo ni hablé con los directores de programación, fue un asunto sumamente fortuito. Creo que lo más lógico es que les gustó a los que programan, pero digamos que yo no moví nada más que las manos para hacer la canción y cantarla, y llegó sola ahí.


–Se podría decir que todo ese auge que había de “rock en tu idioma”, ¿de alguna manera contribuyó a que se te programara?
–Creo que sí, porque el tipo de programación de Espacio 59 respondía a eso, al auge que le intentaban dar al “rock en tu idioma”, como en ese momento lo publicitaban.


–¿Cómo ves el trabajo realizado en tu segundo disco?

Foto: Pau Macias. Fuente: Poblano.mx
–Este disco es también muy ecléctico, respondió a lo que venía saliendo enCanciones domésticas. De hecho, el primer disco me dio chance de conocer a muchos músicos, me permitió venir a tocar más seguido al DF. Entonces, cuando estaba preparando El baile de las cosas se me antojó mucho invitar a muchos amigos que había conocido, que ya los conocía como músicos, pero no los conocía como cuates. Quise hacer un gran mitin de músicos que me gustaban e hice un disco que salió así. Si le ves los defectos, le falta unidad de sonido, va saltando por muchos lados porque van metiendo la mano muchos músicos, desde un rocanrol que toca Briseño hasta una balada como “María Eugenia” –que toca un trío que se llamaba Tránsito, que era un grupo, ¿qué será?, de nuevo canto o algo así–, que es un rollo un poquito más fresón; a mí se me antojó mucho ese toque porque es una canción más íntima, más tierna, más suavecita. Invité también a Daniel Tuchman –a mí siempre me ha gustado mucho su trabajo– y a Luis Rojas, un amigo que me parece un extraordinario pianista de rocanrol, un chavo de una trayectoria larguísima, que luego se desaparece mucho. Conocí a Federico Luna, quien me dio todas las facilidades para hacer este segundo disco; me dejó meter mano y hacer y deshacer. Claro, de algún modo él iba cuidando muchos aspectos musicales y me conectó con músicos que en ese momento yo no conocía.


–¿Qué diferencias encuentras entre Nada en su sitio y las dos producciones anteriores?
–Muchas. Te voy a contestar un poco con la historia de este disco. Antes de grabarlo yo venía trabajando durante dos años con el grupo con el que lo grabé. Tenía rato de no estar con un grupo y desde un principio empezamos a inventar este disco los tres: el baterista, que es Mario Chánez; el guitarrista, que es Olinto Montiel; y yo. Quise hacer un ajuste de cuentas con los grupos de rock pesado que había escuchado, y esos dos músicos eran muy adecuados para eso, porque de algún modo nos unía ese gusto. Aquí sí busqué mucho volver al sonido, que fuera un disco muy marchoso, con mucha energía, que fuera un disco plenamente rockero, que por cierto me ha traído críticas de mucha gente.


–¿En qué sentido?
–Dicen que me encuentro mejor, y que me es más natural, el asunto acústico que el pesado; críticas que acepto, pero finalmente funcioné a base del capricho, de decir: “Tengo estas ganas, entonces voy a hacer un disco de este tono”, y desde un principio sabía que corría el riesgo con este asunto, porque nadie más que yo dice cómo voy a hacer los discos. Hubo una participación sumamente importante de los músicos; yo compuse las letras de las canciones, aunque en tres de ellas la música la compuse con el grupo. El blues “Qué será” lo fuimos haciendo juntos Diego Rosas y yo, pero él me ayudó muchísimo, por eso la coautoría. Fue un trabajo colectivo y se nota mucha distancia entre los dos discos anteriores y éste. Es un disco completamente rockero, sin concesiones, muy eléctrico, e incluso de repente agarra tanta velocidad que hay canciones, como “No te quedes con él”, que me costaba trabajo cantarlas porque no tengo la tesitura adecuada, allí yo me imaginaba a Robert Plant cantándola. Todas estas cosas que te platico iban siendo actos conscientes y son parte de lo que otra gente vio como lados flacos, pero así se me antojó hacer este disco.


–¿Hasta dónde quieres llegar musicalmente?
–Mi conflicto está siempre en la supervivencia económica, también tengo conflictos a nivel de producir mejor mis discos. Uno de los problemas que tenemos los que andamos en este territorio de la marginalidad, es el de producir con mejor calidad. Espero que desde la independencia se puedan ir resolviendo estas cosas. Es decir, no es necesario estar en una gran compañía para hacer un disco competitivo a nivel de sonido, de calidad auditiva, y poder seguir haciendo realidad mis proyectos. Claro, a la par, estos caprichos siempre te van llevando, y ese es el gran problema, porque siempre se desfasa el lado económico, va por detrás. Además, conforme van pasando los años, te vas haciendo más viejo, el rollo del éxito se te va haciendo más lejano y hasta chance es sano ese alejamiento, desdeñarlo, ningunearlo, ese es un mecanismo mental medio extraño. Entonces, eso: seguir grabando, que se me sigan ocurriendo cosas.

MAROSA DI GIORGIO DIEZ AÑOS DESPUÉS, Alejandro Michelena

gio
diez años después
Marosa di Giorgio
diez años después

Alejandro Michelena

El 17 de agosto del año 2004 amaneció húmedo y brumoso, con una llovizna sutil que le daba a Montevideo un tono de misterio poético. En esa jornada dejaba este mundo Marosa di Giorgio, una poeta en cuya originalísima obra lo cotidiano se imanta de misterios insondables. Había nacido en 1932 en la ciudad de Salto, por ese entonces la más importante del norte del Uruguay, y residía en la capital desde 1978. Cultora de un estilo considerado “inclasificable”, llamó la atención de los más exigentes lectores de poesía a mitad de los años sesenta; fue a partir de un libro intenso y deslumbrante de prosa poética titulado Historial de las violetas (1965). A partir de esta obra se multiplicó el culto y la admiración por esta escritora enigmática, que evocaba una y otra vez en su extraña y sugestiva poesía un ámbito original y pletórico de vibraciones panteístas, inspirado en su infancia rural en la zona de quintas de los alrededores de Salto.

El influyente crítico Ángel Rama saludó entusiasmado la aparición de Historial de las violetas en el semanario Marcha. Amigo de agrupar a los escritores en categorizaciones operativas, ubicó a Marosa en un sector de excéntricos de la literatura nacional, a los que bautizó como “raros”. Le hacían compañía –en esa lista de Rama– desde Isidore Ducasse o Conde de Lautréamont, hasta Mario Levrero.

La mudanza de la poeta a Montevideo renovó el interés en su producción, que aumentaba en títulos pero seguía empecinadamente fiel a un estilo, un imaginario, un peculiarísimo uso de la fantasía. En ese microcosmos tan personal se amalgamaban la madre omnipresente, las magnolias y otras flores, los abuelos evanescentes y ciertos animales entre simbólicos y oníricos. La poesía de Marosa fue entusiasmando en esos años a grupos crecientes de lectores. Fueron los tiempos de su plenitud creativa y de su mayor actividad. Luego aparecieron Los papeles salvajes, publicado por Editorial Arca en 1989, donde se reunía todo lo que había escrito hasta el momento.


La tertulia del Sorocabana

Promediados los ochenta, otra faceta de Marosa que comenzó a destacarse fue la interpretación de sus propios textos. Había tenido formación y actividad teatral en Salto siendo joven, pero en esta nueva etapa evidenció un talento muy destacado. Realizó infinidad de recitales en Uruguay y en Argentina, pero el punto más alto se dio con el unipersonal titulado El lobo, que fuera puesto en escena por el dramaturgo y director Ricardo Prieto. Ese mismo texto fue llevado al cine más tarde a través de la cámara de Eduardo Pincho Casanova. Recibió la escritora en aquellos años importantes premios, como el Fraternidad de la organización judía B'nai B´rith (1982) y la beca Fulbright (1987), que le permitió viajar a Israel y de paso a Europa por primera vez, así como a Estados Unidos; en ambos casos fue objeto de notas críticas y de infinidad de entrevistas.

Mientras tanto, desde que llegó a Montevideo, ella reinaba cada atardecer en medio de la tenue bohemia montevideana, centralizando una tertulia en el café Sorocabana a la que asistían habitualmente el poeta Rolando Faget, el narrador Miguel Ángel Campodónico, el crítico Wilfredo Penco, el escritor Leonardo Garet, el actor Claudio Ross, la poeta Concepción Silva Belinzon, la narradora Paulina Medeiros, el dramaturgo y narrador Ricardo Prieto, el pintor Eduardo Mernies, el dramaturgo y erudito Ariel Mastandrea, y quien esto escribe. Al mágico conjuro de su presencia hierática y cargada de enigmas se acercaron también algunas veces el poeta Elder Silva, coterráneo de Marosa, y los narradores Mario Delgado Aparain y Hugo Fontana, así como desde fines de los ochenta la poeta e investigadora literaria Marisa Guevara, viniendo de Buenos Aires. Esta rueda de café fue un ámbito muy valioso de diálogo, tolerancia y libertad en medio de la dictadura, y durante los años que siguieron Marosa siguió irradiando inteligencia, creatividad y conocimiento. Ella era la figura central, más allá de que no siempre interviniera y nunca monopolizara la palabra; su magnetismo era suficiente para que todos la consideraran el fiel de la balanza del coloquio.
Por otra parte, su curiosa figura –piel pálida, labios pintados de un rojo subido, lentes estilo mariposa, ropa de colores contrastantes y sensualidad evanescente– se tornó habitual en las noches del centro capitalino. Saliendo de un cine, o entrando al teatro, o simplemente caminando por 18 de Julio.

Avanzaron los años y Marosa di Giorgio, ya considerada un referente de la lírica platense en su costado fantástico, siguió dando a conocer nuevos títulos. Poco a poco su prosa fue virando de lo puramente poético a los toques más decididamente narrativos. Surgieron de ese modo sus relatos especialísimos de El camino de pedrerías (1997). La intención narrativa y el bucear en el tópico de lo erótico la harían desembocar en el ejercicio de novela titulado Reina Amelia (1999). Y en su peripecia de cada atardecer, se la veía compartir mesas en el Sorocabana de la calle Yi, el Bar Mincho ubicado casi enfrente, y más avanzada la noche en el boliche Lobizón.


Triunfo en la orilla de enfrente

Promediados los años noventa se afirmó de manera inusitada su prestigio en Buenos Aires, donde no solamente se leía y lee su poesía, tal vez más que en el Uruguay, sino que se tornó –por su creativo decir y actuar sus textos en los recitales, por su talentosa capacidad performática– en artista de culto. Se le llegó a comparar con la mítica Vera Valdor, extraordinaria figura del under porteño de los años setenta y ochenta. Este impacto marosiano en la gran ciudad sigue vigente a través de las multiplicadas ediciones de sus libros, y de los grupos de teatro que año tras año adaptan sus textos a la escena.

En 1993 recibió una invitación a Francia, con beca de residencia por varios meses, y en 2001 la premió el Festival de Medellín, Colombia, el más importante de Latinoamérica en el género. Viajó la poeta a recibirlo y realizó allí recitales multitudinarios.

Han pasado diez años desde que Marosa di Giorgio nos dejó, tal vez escabulléndose de la mano de “la liebre de marzo”, o del brazo de algún extravagante animal brumoso de su creativo bestiario. En todo este tiempo se han multiplicado –casi todas en Buenos Aires, y desde allí proyectándose al mundo– las reediciones de sus obras. Es en el presente una de las poetas uruguayas de mayor proyección internacional.