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domingo, 23 de noviembre de 2014

ENTREVISTA CON JOSÉ LUIS RIVAS, Édgar Aguilar


Nacido en la región del subtrópico húmedo del Golfo de México, José Luis Rivas (Tuxpan, Veracruz, 1950) es sin duda uno de nuestros poetas más grandes y respetados de las últimas décadas. Realizó estudios de Filosofía y Letras en la UNAM. Fue coordinador editorial durante cinco años de la Gaceta del Fondo de Cultura Económica y posteriormente director editorial de la Universidad Veracruzana. Autor de una extensa y riquísima obra, a la vez cálida y rigurosa, desde muy temprana edad inició su labor poética con títulos ya emblemáticos de la poesía mexicana: Tierra nativa (1982),Relámpago la muerte (1985), La balada del capitán (1986), La transparencia del deseo (1987), Asunción de las islas(1992), Luz de mar abierto (1992), Río(1996), Estuario (1998), Un navío un amor (2004) o Pájaros (2005). Su quehacer como traductor no ha sido menos importante: entre otros, ha vertido excepcionalmente al castellano –en algunos casos íntegros– a autores tan disímiles como William Shakespeare, T. S. Eliot, Michel Tournier, Arthur Rimbaud, Georges Shehadé, John Donne, Andrew Marvell, Ezra Pound, Elizabeth Bishop, Emily Dickinson, Dylan Thomas
–y a propósito del centenario de su nacimiento–, Saint-John Perse, Aimé Césaire, Jules Superville, Joseph Brodsky, Derek Walcott o Tahar Ben Jelloum, lo que lo coloca como uno de los más destacados traductores de poesía en lengua española. Ha obtenido múltiples premios, como el Carlos Pellicer en 1982, el Nacional de Poesía Aguascalientes (1986), el Xavier Villaurrutia (1990) o el Nacional de Traducción de Poesía, por 
Poetas metafísicos ingleses, en 1990. Su obra está reunida en los volúmenes Brazos de mar (1990), Raz de marea (1993) yAnte un cálido norte (2006). En 2009 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes, y desde 2013 es miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. De trato cordial, de hablar pausado y particularmente cadencioso, la charla con José Luis Rivas se llevó a cabo una tarde en un café de la ciudad de Xalapa en que se soltó una lluvia torrencial, donde coincidentemente el agua una vez más acompañó a nuestro autor.



Entrevista con José Luis Rivas

Edgar Aguilar
–Adolfo Castañón ha señalado que en José Luis Rivas “naturaleza y lenguaje fraguan una historia otra; dejan luminoso testimonio de la sombra negada”. En este sentido, la poesía, su poesía, ¿es la sombra de la realidad?
–Sí, claro, todo cuerpo de algún modo presenta una cara a la luz y deja algunos aspectos a oscuras. Creo que a lo largo del tiempo esa sombra ha preexistido de alguna manera, ya no en mi escritura porque de alguna forma yo he dado paso también a todo aquello que en mi infancia no fue paradisíaco, sino la sombra del paraíso, es decir la muerte de mi madre, el progresivo deterioro del mundo natural en que viví, la pérdida de muchas de las cosas que me cautivaron de niño y, en ese sentido, la sombra en mi poesía ha ido apareciendo.
–La visión paradisíaca de la infancia presente en su universo poético, ¿es por tanto en su obra más simbólica que real?
–La poesía es sobre todo reinvención. Mucho de lo que he escrito parte de momentos vividos, pero en buena medida lo que he hecho es una serie de composiciones a partir de esa magia al alcance de todos que es la palabra. Y creo que es precisamente porque el lenguaje me fascina que sigo escribiendo, a veces en referencia a experiencias vividas, pero también a otras cosas que no atañen o que no tienen que ver con una experiencia vivida directamente. Quiero decir que esto viene también de lecturas, de conversaciones, de relatos escuchados en la voz de otras personas, etcétera.
–¿Qué tan cauto hay que ser con el lenguaje a la hora de escribir un poema?
–Recientemente veía en Facebook una lista, como todas arbitraria, hecha por un poeta joven, que recogía a su juicio los cien poemas más malos de los poetas mexicanos en activo, es decir, el poema más malo de cada uno de esos cien poetas en activo. Y bueno, curiosamente, me parece que su punto de vista se basaba sobre todo en esta exigencia que quiere, busca, que se esté siempre prevenido para la utilización de las palabras. Ahora bien, no sé si se tenga que ser cauto para escribir un poema. Borges decía que la primera línea y la última de un relato le eran regaladas, y que él se ocupaba de hacer las restantes, o sea las intermedias. A veces la escritura es una suerte de aventura que no sabes a dónde te pueda llevar, en otras ocasiones hay autores que buscan de antemano tener un dominio pleno sobre los materiales que emplean, aunque las palabras suelen ser reacias, suelen ser indómitas, suelen trastornar las intenciones primeras de muchos autores.
–En Un navío un amor, luego de describir la decepción amorosa y de afirmar que “ha muerto Helena”, ¿por qué pasar al final del libro de una postura en apariencia estoica ante el amor a otra casi jubilosa, para concluir el poema de una manera oscuramente dramática?
–Yo diría que ambas posturas están regidas más bien por las emociones, y respecto de que “ha muerto Helena” dan cuenta los versos de Alceo, poeta griego. El libro está construido en buena medida tratando de hacer actuales a esos autores (a varios autores: Safo, el mismo Alceo, y otros más), apropiándomelos de alguna manera, tratando de hacerme de su voz y trasplantarla al tiempo nuestro, al tiempo contemporáneo. Esto está en la poesía griega de la Antigüedad, pero creo que igualmente uno en la vida real también tiene momentos en donde parece que las cosas dejan de importar y que es muy fácil sumirse en una suerte de embriaguez, pero también hay un momento en que al pasar a la embriaguez uno hace una especie de elegía a lo perdido.
–Retomando a Castañón, él advierte que en su poesía se encuentra “no una historia personal cristianamente orientada a la muerte […], sino abierta y gentil, dionisiaca, inevitable y necesaria”. Esta noción de su poesía, ¿es consciente o deliberada?
–Para poder hablar de una noción deliberada plenamente consciente habría que tener a la mano todos los recursos de la escritura conscientes en el momento de escribir un poema. Partes de las cosas que he escrito no dejan de tener una complicidad inconsciente que proviene de la lengua misma, del lenguaje mismo.
–Usted ha mencionado que empezó a traducir a los autores que más admiraba por envidia.
–Por supuesto, me habría gustado escribir muchas de esas obras que después he traducido. Y las he traducido con la peregrina intención de que algo de la maravilla que acompaña a esas obras también se adhiera a algo de lo que escribo.
–La poesía de Dylan Thomas, por ejemplo.

Foto: Sergio Hernández Vega
–El mismo Castañón me señalaba que respecto de Dylan Thomas, de quien yo he traducido algunos poemas relacionados con mi infancia, poemas eminentemente dentro, desde, por la infancia, hay otros poemas a los que, por alguna razón u otra, yo no he tocado. Cuáles son esas razones, se preguntaba él. La verdad es que uno establece un punto de parentesco con autores que admira, precisamente a partir de las cosas que le resultan más próximas, más cercanas, más emparentadas con las experiencias que uno ha disfrutado. En este caso mi infancia puedo decir que fue bastante luminosa, que estuvo marcada por una especie de atmósfera paradisíaca, en donde el agua juega un papel muy importante. Nací a dos cuadras de un río, a diez kilómetros del mar, en fin, mi vida de alguna manera ha estado marcada por el mar. Es curioso: Dylan significa mar en galés, significa marea también, y es aquel que una vez nacer se disuelve en el mar. Los críticos de Dylan Thomas han visto, algunos de ellos, que su afición tan marcada por el vino y la bebida es casi como una especie de destino ya implícito en su nombre. Dylan Thomas me atrajo desde el momento en que supe de él, hacia los quince, dieciséis años. Una de mis obsesiones cuando pasé a Ciudad de México era saber más acerca de este autor. Un autor que, curiosamente, su primera poesía se considera sumamente difícil y oscura, pero que tuve la fortuna de que uno de mis profesores, Ramón Xirau, hubiera traducido algunos poemas de Thomas en laRevista de la Universidad de México. Yo tomaba primero la clase de ética con Xirau, y más tarde otra que se llamaba filosofía y poesía. Y ahí me hice un alumno que tras sus clases de una u otra manera le preguntaba mucho sobre Dylan; me hice también de un ejemplar en inglés de Thomas, y yo quería traducirlo, y claro, escogí poemas singularmente difíciles a los cuales mi propio maestro me decía: es que esos poemas son sumamente difíciles, pues tienes que tener una gran preparación en el inglés para poder intentar traducirlos, y quién sabe si se dejen. Dylan Thomas en este sentido era a veces alguien que se dejaba cautivar más por la magia de las palabras para entrelazarse entre ellas, y algunos de sus poemas tienen un sedimento muy fuerte en ese plano. Pero en este momento, curiosamente al cumplirse el centenario de su nacimiento, me siento en deuda con él. Me gustaría traducir toda su poesía, no sé si esto pueda aún realizarlo, pero me ha venido la gana de hacerlo.
–¿Era usted tan inquieto como se describe en Tierra nativa?
–Yo era una persona sumamente inquieta, que lo fui casi hasta los cuarenta años. Como sabes, la vida de una persona está dividida en cuatro partes, la primera es de crecimiento. Precisamente, decía un autor caro a Dylan Thomas, O´Sullivan, que uno se pasa veinte años creciendo, veinte años en plena floración (eso ya es una interpretación de Forster), veinte años propiamente envejeciendo, y veinte años de decadencia. Así es que por lo menos los primeros veinte y los segundos estuve acorde con esa clasificación, con esa manera de dividir la vida, y creo que sí fui una persona de muchas inquietudes, conservo todavía algunas, pero, bueno, hay que rendirse a los poderes de la naturaleza. La vida te cobra también sus cuotas. Un poco el libro de Un navío un amor ya tiene pasajes que señalan esto, que aunque ahí todavía no están, se presienten o se prevén, y de algún modo es una manera de tratar, de estar a tono para cuando se den.

TOULOUSE-LAUTREC EL PINTOR POETA, Germaine Gómez Haro


Germaine Gómez Haro
Cuando Henri de Toulouse-Lautrec murió a la edad de treinta y seis años, en 1901, tras una vida profesional que no alcanzó las dos décadas, había concluido 737 pinturas, alrededor de trescientos grabados, 5 mil 84 dibujos y 275 acuarelas, según se consigna en su catálogo razonado. Esto contradice la leyenda que se ha forjado sobre el artista “genial” que desaprovechó su talento, dejándose llevar al abismo por una vida licenciosa, marcada por los excesos de alcohol. Se ha puesto demasiada atención en su breve, turbulenta y autodestructiva existencia y en sus desgracias físicas que, sin duda, influyeron en su estado psicológico. Sin embargo, habría que poner mucho más atención a su legado artístico –profuso y exuberante–, que lo ha hecho merecedor a un lugar privilegiado entre los precursores del arte moderno de fines del siglo XIX. Toulouse-Lautrec fue un creador cabal, un visionario que plasmó la extraordinaria crónica visual de un sector de la sociedad francesa de la Belle Époque a través de una obra que destila autenticidad y sinceridad, sin incurrir en el juicio moral, en símbolos o mensajes, ni en el sentimentalismo de muchos de sus contemporáneos. Lautrec vivió y pintó como quiso, sin importarle las modas ni el reconocimiento de la crítica. Fue un creador excepcional por su originalidad y por su audacia expresiva. A ciento cincuenta años de su natalicio, merece la pena hacer un recorrido por los entresijos de una creación marcada por los claroscuros del alma de los personajes que inmortalizó y que son el vivo espejo del núcleo bohemio parisino en el que eligió vivir.

Entrenamiento de las novatas por Valentín el Deshuesado (1889-1890)
Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec nació en Albi, Francia, en la región de Mediodía-Pirineos, el 24 de noviembre de 1864, en el seno de una familia de larga tradición aristocrática. Sus padres eran primos hermanos y ostentaban el título de condes de Toulouse. Henri fue el primogénito y tuvo un hermano cuatro años menor, que falleció a la edad de un año. Al poco tiempo, sus padres se separaron y él se trasladó a vivir con su madre a París. A los diez años comenzó a manifestar una enfermedad genética, consecuencia de la consanguineidad de sus padres, que afecta irremediablemente el desarrollo de sus huesos. Esta es la causa de su corta estatura –alcanzaría apenas 1.52m– y de la marcada desproporción en su complexión física, que lo convirtió en un personaje grotesco. Adicionalmente, sufrió dos fracturas en los fémures de ambas piernas a los catorce y quince años, que lo confinaron a permanecer casi inválido durante un par de años. En ese encierro desarrolló su interés por el dibujo y la pintura y, ya sobrepuesto, en 1881, recibió las primeras lecciones formales al lado del pintor Léon Bonnet quien, poco después, cerró su estudio y Lautrec pasó al taller de Ferdinand Cormon. Aunque en su inicio recreó su mundo circundante a través de escenas ecuestres y algunos tópicos históricos, muy pronto se interesó por los temas urbanos que exploró y explotó hasta el fin de sus días. Siempre reconoció públicamente su admiración por Degas y sus pinturas relacionadas con el baile y el circo y, a través de éste, sin proponérselo, se vincula al neo-expresionismo.
A pesar de trascender como “pintor de la vida moderna” no le interesó recrear aspectos de la revolución industrial o comercial de su tiempo. Su pasión se desbordó en la exploración de la vida nocturna del barrio de Montmartre, que en esos años era el hervidero artístico e intelectual de la ciudad considerada capital del mundo. Ahí encontró la atmósfera y los personajes idóneos que fueron su fuente de inspiración a lo largo de su corta pero intensa vida.
La noche bohemia parisina
A partir de la Tercera República (1870), Francia había alcanzado un cierto nivel de crecimiento económico y el capitalismo y la industrialización transformaron la economía del país y las vidas de sus habitantes. El nuevo régimen político permitió a la adinerada burguesía francesa desplazar a la antigua aristocracia en cuanto a poder e influencia. El barrio de Montmartre, ubicado fuera de los límites de la ciudad y originalmente habitado por la clase trabajadora, se convirtió en el núcleo de la vida bohemia con la aparición de cabarets, cafés cantantes, salones de baile y tabernas, cuya atmósfera más relajada y permisiva contrastaba con los elegantes y rígidos centros de entretenimiento de la ciudad. En 1876 se inauguró el famoso cabaret Moulin de la Galette, inmortalizado en el espléndido lienzo festivo y luminoso de Renoir, y posteriormente recreado por Lautrec. El mundo de la farándula apasionó al pintor, que se convirtió en cliente asiduo de los cabarets donde admiraba las intrépidas coreografías de las bailarinas de chahut (versión popular del cancán), y los músicos y cantantes populares que evocaban los placeres y las tragedias de la pobreza, a la vez que insultaban a los clientes elegantes que llegaban de los barrios finos por una cierta nostalgie de la boue(nostalgia por el fango), como se llamó entonces a la curiosidad de la alta burguesía por las diversiones de los proletarios. Quizás esto fue lo que impulsó a Lautrec a realizar sus incursiones por los bajos fondos parisinos que, de alguna forma, también el artista despreciaba, pero que le permitió una vida cómoda sin preocuparse por la venta de sus obras para su sustento. En una de las numerosas cartas que se conservan del pintor, y que han sido la fuente más rica para la interpretación de su vida y obra, expresa que él fue “descubierto” no por un crítico, no por un galerista, sino por un actor: Aristide Bruant, célebre cantante que comisionó a Lautrec en 1892 la realización del cartel promocional para su presentación en el elegante cabaret Les Ambassadeurs en los Champs-Élysées. Esta obra emblemática marcó el inicio del diseño moderno del cartel que, en su momento, fue refutado por el público en general. Inclusive el dueño del establecimiento lo rechazó por considerarlo una aberración, en tanto que Bruant lo amenazó con cancelar su presentación si el cartel no era colocado en todas las calles de París. ¿Qué fue lo que causó tanto revuelo en esta obra, que a nuestros ojos aparece tan sencilla e inofensiva? Precisamente, su aparente sencillez y economía de formas y colores apuntan la gran audacia del genio creativo que inauguró un discurso expresivo sin precedentes, recurriendo al poder de la síntesis extrema. Gran conocedor y admirador del género artístico llamado Ukiyo-e (estampa japonesa), Lautrec adoptó una paleta restringida y la utilización de colores planos y puros, la ausencia de perspectiva y el grueso contorno negro, elementos que estarán presentes en toda su obra. El resultado es una obra maestra que ejemplifica la capacidad de síntesis que hace patente la fuerza y el atractivo del personaje en unos cuantos trazos y colores.
Un año antes había realizado otro cartel hoy emblemático para el Moulin Rouge, cabaret donde encontró su mayor fuente de inspiración por sus inigualables bailarines La Goulue (La Glotona) y Valentin le Desossé (Valentín el Deshuesado), figuras protagónicas de este afiche y de otras obras. Lautrec se embelesó con los movimientos frenéticos de las bailarinas lanzando sus piernas al aire, en sintonía con los movimientos sinuosos de crinolinas, y los aprovechó para recrear la atmósfera festiva de los locales y su clientela variopinta. Mucho se ha discutido si se debe entrever una crítica social implícita, sobre todo en sus pinturas, aunque el artista no dejó testimonio de que hubiese sido su intención. A mi parecer la hay, aunque en forma velada.
Toulouse-Lautrec no fue el pintor diletante y frívolo como se le consideró en su momento. Aunque llevaba una vida de excesos en sus correrías nocturnas, se tiene noticia de que durante el día trabajaba intensamente, y se puede vislumbrar con claridad la evolución de su trabajo, que llegó a su punto culminante en la década de los noventa. Una de sus obras maestras esEntrenamiento de las novatas, por Valentín el Deshuesado (1889-1890), pintura que capta con inigualable frescura una escena en el Moulin Rouge, cuyo centro focal es el movimiento grácil y desenfadado de los bailarines. Al observar los rostros de los personajes en el fondo, se descubren sus rasgos caricaturescos, y llama especialmente la atención el personaje ubicado detrás de la bailarina, cuya faz cadavérica remite directamente a las máscaras del pintor expresionista belga James Ensor, que ya causaban revuelo por ese tiempo. Aparecen constantemente en sus pinturas y grabados –y sobre todo en sus ilustraciones para revistas y periódicos– esos rostros deformados y caricaturescos que bien indican que el autor lanzaba un comentario crítico en su obra.
Paralelo a sus recreaciones del mundo del espectáculo –cabarets, salones de baile, teatros y circos–, Toulouse-Lautrec pintó innumerables escenas en las Maisons closes (burdeles), donde encontraba las modelos ideales para representar el erotismo femenino con gran soltura y espontaneidad. Además de ser cliente asiduo y establecer relaciones sentimentales con algunas prostitutas, le gustaba instalarse a vivir por temporadas en las casas de citas; así consiguió recrear escenas de la vida cotidiana y la actitud desenfadada de las chicas de la vida alegre. Su impactante pintura En el salón de la Rue des Moulins, considerada la más ambiciosa en el tema, arroja muchas incógnitas. Existen numerosos estudios previos, lo que indica que Lautrec exploró a fondo la composición. Es una escena de gran ambigüedad, en donde la actitud pasiva e inanimada de las señoritas provoca desasosiego. La tensión en la atmósfera se palpa en la incomunicación entre ellas, ausentes y ensimismadas en sus dichas y desdichas. Mujer subiéndose la media es un claro ejemplo del trazo libre y osado que caracteriza la técnica del pintor, a través de la cual logra imprimir a sus figuras movimiento y expresividad.
El camino a la oscuridad
Los últimos años de Toulouse-Lautrec están marcados por su inevitable tendencia a la autodestrucción. Entre 1897 y 1899 sufrió un par de colapsos nerviosos, toda vez que su salud se vio afectada por la sífilis y seriamente agravada por los excesos del alcohol. Sus fieles compañeros de vida –su primo Gabriel Tapié de Céleyran y su íntimo amigo Maurice Joyant, también su promotor y biógrafo– dan testimonio de su comportamiento autodestructivo, diríase casi suicida. Tras haber sido internado unos meses en una clínica y luego de su aparente restablecimiento, Lautrec retomó el camino desenfrenado de los excesos y murió el 9 de septiembre de 1901, dos meses antes de cumplir los treinta y siete años.
Maurice Joyant, junto con la madre del artista, impulsaron la creación del Museo Toulouse-Lautrec en su ciudad natal, Albi, ubicado en un hermoso palacio episcopal del siglo XIII que alberga alrededor de mil obras del artista. En celebración de los ciento cincuenta años de su natalicio, se presenta actualmente ahí la exposición Toulouse-Lautrec/Maurice Joyant. El amigoel coleccionista con joyas poco difundidas del acervo de quien fue en gran parte el promotor de la gloria póstuma del artista. Otros museos importantes se han sumado al festejo, como el Kunst Forum de Viena, con la gran retrospectiva El camino hacia el Modernismo, el Museo de Bellas Artes de Budapest, con El mundo de Toulouse-Lautrec, y el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), con El París de Toulouse-Lautrec: Grabados y afiches.
Lejos de ser el “pintor maldito” y el frívolo diletante que algunos de sus detractores criticaron en su época –sin que al artista eso le quitara el sueño–, Toulouse-Lautrec es una figura central entre los creadores vanguardistas. El pintor taciturno que sus contemporáneos no entendieron es, hoy en día y a nuestros ojos, uno de los grandes artistas que marcaron una época y cambiaron el rumbo del arte. Toulouse-Lautrec, hedonista a fin de cuentas, es el cronista por excelencia de la Belle Époque, y el poeta visionario que nos legó una magnífica crónica visual de su época.

Fuente: wikiwand.com

viernes, 21 de noviembre de 2014

INSTANTES DEL MITO, Ronald Bonilla (Costa Rica)

INSTANTES DEL MITO


I
(ORFEO)
Sueles cerrar la puerta
tras tus pasos de tacones indomables.
Ya no mires atrás, altiva sangre,
Eurídice perdida.
Sudor de espasmos siderales.
La última lágrima yo la pronuncié,
casi en silencio.
II
(A PENÉLOPE)
Cierra la herida, costurera del alba,
y teje tras la lluvia
la esperanza en el ardid
que preserve tu recuerdo.
III
(A LEDA)
No atices nunca
la febril añoranza del incendio:
llévate todo,
hasta la falda blanca que lucías
para recibir al cisne.
Llévatela y olvida
ante el trueno secular tu entrega.
IV
(VENCIMIENTO)
Vence los abismos de tu muerte;
no caigas, Andrómaca, al vacío.
Sostente en la fiereza de tu llanto.
V
(PETICIÓN)
No dejes, Pandora, salir a la esperanza,
quizás no sea tan bueno
tener un motivo
para sobrevivir.
VI
(PERSÉFONE)
Y si quieres quedarte en el invierno,
no cubras con los dedos los pequeños orificios
de la flauta, no vayas a soplar
que avivarás la primavera.
VII
(CEGUERA)
El viejo Tiresias está lanzando
sus ojos en el río.
Quizá ahora se ilumine el abisal sentido
de la turbulencia.
VIII
(A LA INTÉRPRETE)
Responde ahora, Malinche, Malinali.
Interpreta estos versos para que sueñe el pueblo
con algo más lejano que su muerte.
IX
(SUEÑO)
No despiertes, Galatea,
ya es difícil vivir herido por tu cuerpo.
¿Qué será de mí
si abres los ojos.
X
(A DANAE)
No creas, mujer, en esa lluvia dorada...
Detrás de la falacia
solo queda el dolor
que esparce tu semilla
en las mareas del destino.
XI
(TIEMPO)
No convoques a huelga, Lisístrata.
Ni agites el cincel de tu camino. Solo espera.
Un bardo llegará a cantarte:
dos mil quinientos años
son insuficientes para el olvido.
De mi libro APUNTES PARA UN GRAFITI
premio UNA PALABRA 2013
Editorial UNA, 2014

ALMA DESNUDA, Fabián Irusta (Argentina)

ALMA DESNUDA
Como ave confinada
exhalas ilusiones bajo tu cielo desnudo…
al nido abandonado
que se impregna del ayer
y huele
a aflicción
y a esencias esparcidas por el viento
donde se ciñe tu alma drenada al silencio…
Y la luna en tus hombros,
enmarca la silueta
entre trazos
y sombras
al alba
que sepulta los anhelos
al último suspiro.
Y elevas los brazos
a las alturas
donde contemplas el dogma
que profesas…
¿Y en tu ahora?
Derramas un toque de nostalgia
bajo ese imperio desarropado
donde callas
y delineas trazos amargos…
¡Ay!
de aquellas madrugadas
que rasgan el pasado y desabrigan el hoy.
Bajo el lecho
y en sueños peregrinos;
te quiebras
en tu punto volátil
donde expías tristezas.
Y desciendes lento…
y erosiona la piel
al tiempo de reparar las heridas.
Autor: Fabián Irusta (Argentina) D/Reservados
Fotografía de Jorge Marcote

LA PALABRA, Benjamín Adolfo Araujo Mondragón

LA PALABRA

En un principio fue el verbo...
y habitó este planeta con sus cantos,
era el silencio pero vino ella
y habitó entre nosotros para siempre.

Si el silencio fue el inicio,
la palabra fue el habitáculo
y pudimos vernos a los ojos,
mirarnos de frente
y respirarnos los pensamientos.

Juramos en ese momento
que el silencio vivía en
nuestras venas, pero que
la palabra florecía nuestras
vidas y le permitía retoñar
y hacer metáforas y olas
de lenguaje, y olas de paz
y olas de permanencia
y olas de ausencia;
el tiempo hecho palabra
habitó nuestros siglos:
y ¡nació la eternidad!

ESTAMOS ASOLEADOS DE RECUERDOS, Benjamín Adolfo Araujo Mondragón

ESTAMOS ASOLEADOS

DE RECUERDOS


Para conseguir vibrar: competir con el futuro: tortuga los malos recuerdos; victoria de la necesidad sobre el tormento: atardeceres con lluvia; placidez en las montañas: solares de la infancia con un nido de águilas en los atardeceres cotidianos. Todo tiene el sabor de la nata con el dulce olor del pan de los amaneceres. Los verdaderos goces estàn detrás de la puerta y solemos cerrar por fuera como si desmereciera, para nosotros, el postre de soñar despierto desde la mañana y hasta el mediodía. Ya con la tarde, una vez descubierto que somos marineros, zarpamos sin sentido para aprender del viento en la cara; creemos eterna la navegación y... anochece: todavía guarda suaves fragancias la luna para un loco enamorado del insomnio. Estamos asoleados de recuerdos cuando llega la noche. No podemos dormir pues bailan los fantasmas y se mezclan, a brincos, con jarrones, y floreros del presente, con barcos y sílfides del futuro, con tristes empachos de lo que nunca, jamás, ni por asomo, habrá de tropezarnos y envolvernos. Estamos asoleados de recuerdos, se nos levantan a golpes de olvido las miradas de ayer: una niña abismal hace suyo el paisaje, saltan tras ella sus promesas de mañana, ella no lo sabe, muerde una manzana; ya es mañana, no existe la inocencia, la ignorancia se fue con el sol; la noche es plena en un paisaje nuevo, la oscuridad nos pertenece a todos; pero esa noche, por lo menos, esa noche, una mujer enseñó al mundo que el paisaje puede ser eterno. Vamos a ser eternos cualquier rato, lástima que el viento haya acabado desde hace un momento en que me volví recuerdo de mí mismo; línea a línea, verso a verso, silencio a silencio, recuerdo es silencio.
(DEL LIBRO "VAIVÉN", 1998).

POESÍA COLOMBIANA FEMENINA DEL SIGLO XX, Guiomar Cuesta Escobar y Alfredo Ocampo Zamorano

Finalmente! Antonieta Villamil en antología de poesía publicada en Colombia, despues de 30 años de labor en poesía y con más de 11 libros publicados. Se publica en Colombia: Poesía colombiana del Siglo XX escrita por Mujeres TOMO 2. POETAS NACIDAS APARTIR DE 1950 Selección y edición de Guiomar Cuesta Escobar y Alfredo Ocampo Zamorano



Poesía colombiana del Siglo XX escrita por Mujeres
 TOMO 2. POETAS NACIDAS APARTIR DE 1950
 Selección y edición de Guiomar Cuesta Escobar 
y Alfredo Ocampo Zamorano

Esta Antología nace de muchas semillas y experiencias a lo largo de la vida poética de sus investigadores y compiladores. Por ejemplo, los contactos de Alfredo Ocampo Zamorano con el Grupo de la Revista Vivencias, de Cali, y el interés desde ese entonces, de hacer una gran Antología de Mujeres poetas, que debido al cierre de dicha Revista, nunca llegó a concretarse. Luego, los contactos con Claude Couffon en Cali, y Marie Chevalier en París, los cuales dieron como resultado la publicación de: Antología de poesía colombiana, editada por Cahiers de poetique et de poesie iberique et latinoamericaine, París, Francia, en 1977.

En 1987, Teresa Rozo Moorhouse se contacta con Guiomar Cuesta Escobar, a raíz de su viaje de investigación a Colombia, buscaba las mujeres poetas para su Antología: Diosas en broncesPoesía contemporánea de la mujer colombiana. Irvine, 1995. Se inicia así el contacto de Guiomar con el Encuentro de Poetas Colombianas del Museo Rayo, al cual ha asistido durante 27 años consecutivos, con el propósito de conocer a fondo la poesía de las mujeres de nuestro país. Desde la fundación de nuestro sello, Apidama Ediciones en 2002, hemos estado investigando la producción de nuestras poetas. La misión y el principal propósito de nuestra editorial, es y ha sido, publicar la poesía de las mujeres poetas colombianas. Como antecedente inmediato está la publicación de nuestra ColecciónAntologías del Nuevo Milenio. Además, la larga investigación realizada para la publicación de nuestras dos Antologías sobre Mujeres Poetas afrocolombianas, en 2008 y 2010.

Esta es, hasta el momento, la primera y más completa Antología publicada en Colombia, sobre sus mujeres poetas. Y no por ausencia de talento y producción poética, como podrán darse cuenta por las conclusiones de este libro, sino por la falta de reconocimiento y aceptación de la Mujer como poeta, que a pesar de los avances para ella en tantas áreas del conocimiento, así como su participación laboral en cargos directivos de alto rango, en la poesía aún no es considerada siquiera su publicación en Antologías en las cuales figuren los poetas varones de nuestro país.

Hemos dividido esta Antología: Poesía Colombiana del Siglo XX escrita por Mujeres, en dos tomos. En el Tomo 1 compilamos 84 poetas, con 454 libros publicados. En este Tomo 2, reunimos 153 poetas de todas las regiones del país, nacidas a partir de 1950, con 490 libros de poesía publicados. Para un gran total de 237 poetas reunidas en estos dos Tomos, con 944 poemarios publicados. Una cifra contundente y suficientemente importante, para marcar su legado en la poesía colombiana.

Porque la poesía es un misterio que se revela en el silencio y no se puede ni divulgar ni forzar. No se desentraña, florece. Se cultiva, pero no se reemplaza. No puede copiarse ni falsificarse porque quien trate de hacerlo, perderá su ritmo, su oído, su fuerza interior y su verdadero hallazgo poético. Porque es en una continua dedicación al misterio de creación poética misma, como semilla silenciosa, la cual germina en los límites mismos del alma con el cuerpo y el espíritu, en el secreto profundo de nuestro ser interior.

Es a partir de 1975, el Año Internacional de la Mujer, y de 1984, año de la fundación de los Encuentros de Poetas Colombianas del Museo Rayo, en Roldanillo, Valle, que se consolida la presencia y la participación de las mujeres poetas, como parte esencial de la poesía colombiana. Es nuestra hipótesis que los poemas y poemarios de las mujeres poetas colombianas y su poética, reflejan un nuevo camino para consolidarlas como partícipes en igualdad de condiciones, hacia un mayor liderazgo suyo en la poesía colombiana. Además demuestran por una parte, una más activa presencia de las plurales y diversas voces en la poesía colombiana, y por otra, su riqueza regional y multiétnica. Es la gran renovación de nuestra Poesía la que aquí proclamamos. Estimamos que con estos dos Tomos de Poesía colombiana del Siglo XX escrita por Mujeres, estamos contribuyendo a construir una nueva Historia de la Literatura colombiana.

Dentro de este conjunto constitucional de retazos, es importante entender las diferencias que en esta antología constituyen, no solamente la división en cohortes según la década de nacimiento, vinculada a las transformaciones históricas del siglo XX, sino también, su procedencia raizal. Por ejemplo, nuestras poetas antologadas de la Costa del Pacífico, representan una migración desde sus aldeas y pueblos, hasta los grandes centros urbanos abiertos a su educación universitaria.

Las poetas nacidas en los grandes centros urbanos, y al éstos crecer van encontrando una nueva visión que se refuerza con la apertura de la educación universitaria para ellas, luego del Año Internacional de la Mujer, y los Movimientos de liberación femenina, los cuales afectan a todas las poetas aquí seleccionadas. Así mismo, esto sucede con el gran impacto del Encuentro de Poetas Colombianas del Museo Rayo.

En resumen son dos perfiles muy diversos que se plasman especialmente en los últimos 25 años del siglo XX: El primer perfil estaría representado por la actividad de algunos grupos herméticos de poetas varones, que desdicen de la mayoría de sus por ellos marginadas colegas mujeres; y que no siempre, pero en muchos casos llevarán al desasosiego que se describe en la visión del rumbo de la poesía colombiana, según ellos escrita principalmente por sus colegas hombres poetas, dentro de un canon poético que desciende de las confrontaciones entre las diferentes cohortes y agrupaciones poéticas masculinas, las cuales insistimos, y con algunas excepciones, han pretendido imponer su perspectiva unilateral, a espaldas de la realidad de la Poesía colombiana del siglo XX escrita por mujeres.

Y el segundo perfil está conformado por las mujeres poetas colombianas aquí antologadas, con su doble perspectiva humanística. Por una parte de visión y orientación valorativa de liberación y apertura más allá de todo canon. Y, por otra, de absorción y asimilación a las realidades del mundo postmoderno, a la revolución informática y a la globalización.

En total aproximadamente esta Antología contiene más de mil poemas escritos por mujeres poetas colombianas. Representan una muestra de los más de mil poemarios escritos y publicados por poetas mujeres en los períodos contemplados por los dos tomos de esta Antología de Poesía Colombiana del Siglo XX escrita por mujeres.

Con este Tomo 2 de Poesía Colombiana del Siglo XX escrita por Mujeres, se completa la labor iniciada el año pasado, al publicar el Tomo 1 de esta Antología, la cual incluye a 84 poetas con 454 poemarios editados, la primera y más completa recopilación publicada en Colombia. En este Tomo 2, reunimos 153 poetas colombianas, nacidas entre 1950 y 1989, y que a la fecha han publicado 490 poemarios. Para un total de 237 poetas con 944 libros de poemas publicados. Consideramos estas cifras como contundentes. Una demostración del oficio de poetas que ellas ejercen y han ejercido durante toda su vida. También es clara y evidente la intención y el logos poético de cada uno de sus poemas. Su dicción es amplia y muy variada, con voces múltiples de gran riqueza. Textualmente estos poemas y poemarios, configuran su propia realidad, vinculada a la evolución del lenguaje poético actual, por una parte. Y por otra, al contexto de los aconteceres presentes, como marco a la vivencia de la poeta en su propia creación, sabiéndose en un entorno sociológico propio, y en un instante histórico específico.

La evolución del nuevo canon poético está siendo impulsada hoy día, y desde hace muchos años, por las Mujeres Poetas, quienes actualmente producen y publican más que sus congéneres hombres. Con estos dos volúmenes de Poesía Colombiana del Siglo XX, escrita por Mujeres, pretendemos escribir una nueva Historia de nuestra Literatura.