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domingo, 5 de julio de 2015

LOS PAISAJES EMOCIONALES DE GUNTER GERZSO, Germaine Gómez Haro (La Jornada Semanal)

Germaine Gómez Haro
Gunther Gerzso, Autorretrato, 1945

A cien años de su nacimiento y 15 de su muerte

Este año se celebran el centenario del nacimiento y tres lustros del fallecimiento del pintor considerado pionero de la abstracción en México, Gunther Gerzso, nacido en Ciudad de México el 17 de junio de 1915. Hijo único de una pareja de emigrados centroeuropeos –el húngaro Óscar Gerzso y la berlinesa Dore Wendland–, su padre fallece cuando él tenía seis meses de edad y su madre se vuelve a casar con un empresario berlinés. Entre 1922 y 1924 pasan dos años en Europa. En 1927 su madre se divorcia y decide enviar al joven Gunther a Lugano, Suiza, con su tío Hans Wendland, quien se ocupará de su educación. En entrevista con Óscar Altamirano, Gerzso recuerda esta etapa: “Mis parientes tenían una casa que antes era un monasterio del Renacimiento. El terreno tenía más o menos un kilómetro de ancho por setecientos metros, en una colina, en el sur de Suiza. Recuerdo que había muchos criados. Y mientras jugaba con tres campesinos de la propiedad que trabajaban ahí en los viñedos (porque hacían vino, aunque no sé si era bueno), venía un criado a buscarme. Entonces entraba a un estudio donde estaba un restaurador, y me decían: ‘Pues, sabes, deberías interesarte más por las pinturas en vez de estar jugando, porque todo esto un día va a ser tuyo’.” Wendland era un importante coleccionista y marchand de arte, discípulo del historiador de arte Heinrich Wölfflin, y al recibir a su sobrino se propuso formarlo en su misma profesión para eventualmente convertirlo en su heredero.


México, cine y surrealismo
A causa de la crisis económica mundial, en 1930 el tío cae en la bancarrota y Gerzso, renuente a proseguir sus estudios en Europa, regresa con su madre a México y asiste al Colegio Alemán. Durante este período comienza a hacer dibujos en forma totalmente autodidacta. En 1934 conoce a Fernando Wagner, director del Teatro Orientación de la Secretaría de Educación Pública, quien le encarga los diseños para sus producciones. En 1935 decide viajar a Cleveland, Ohio, donde ingresa en la Playhouse como asistente del director de escenografía del programa de teatro. En cuatro años diseña la escenografía de cerca de ciento cincuenta y seis obras, y en sus ratos libres se dedica a dibujar y pintar. En 1940 se casa con Gene Rilla Cady, a quien conoció en la compañía teatral, y deciden volver juntos a México. Gerzso pretende dedicarse de lleno a la pintura, pero las dificultades económicas lo obligan a regresar a la carrera de escenógrafo y consigue un nuevo trabajo en Estados Unidos. Justo antes de partir lo contacta el productor cinematográfico Francisco de P. Cabrera, quien lo invita a participar en el rodaje de la película Santa, dirigida por Norman Foster, cuyo decorado tiene tanto éxito que se convertirá en uno de los más destacados escenógrafos de la llamada Época de Oro del cine mexicano. En los siguientes veinte años realizará alrededor de ciento cincuenta películas en colaboración con importantes directores, como Alejandro Galindo, Luis Buñuel, Roberto Gavaldón, John Huston, John Ford e Yves Allégret, entre otros. Por esos años conoce a Jacques Gelman, el célebre productor de Cantinflas, con quien establece una estrecha amistad y se convierte en su más importante coleccionista, seguido por Álvaro Carrillo Gil.


Personaje en rojo y azul, 1964
Una vez que el artista consiguió la estabilidad económica gracias a su éxito en el cine, el oficio formal de pintor comenzó a consolidarse. En sus primeras obras se percibe la influencia de Carlos Orozco Romero, Julio Castellanos y Manuel Rodríguez Lozano, a quienes el pintor siguió con devoción, admirado por sus personajes enigmáticos y la carga simbólica y poética de sus atmósferas intimistas, opuestas al discurso nacionalista imperante en el medio. También estuvo muy cerca del grupo de artistas surrealistas que llegaron a México en los últimos años de la década de los treinta y principios de los cuarenta, huyendo de los conflictos bélicos europeos: Wolfgang Paalen y su esposa Alice Rahon, Benjamin Péret y Remedios Varo, Esteban Frances, Leonora Carrington y Chiqui Weisz, Edward James, Gordon Onslow Ford, José y Kati Horna. A través de Juan O’Gorman, Gerzso conoce a Benjamin Péret y Remedios Varo, quienes reúnen al círculo de exiliados en su casa en la calle Gabino Barreda en la colonia San Rafael. Gerzso participa en las tertulias surrealistas y pinta el cuadro Los días de la calle Gabino Barreda como homenaje al grupo. Influenciada por esta atmósfera surrealista, la pintura de Gerzso da un giro y comienza a explorar composiciones complejas derivadas del arte de Yves Tanguy, a quien siempre reconoció como una figura tutelar. La crítica estadunidense Dore Ashton se refiere a su etapa surrealista así: “Los cuadros de Gerzso siguen enraizados en la filosofía surrealista, donde se veneran la sorpresa y el prodigio, la exaltación dramática y la otredad; pero, sobre todo, los insólitos encuentros de imágenes. La importante función de la yuxtaposición en la teoría surrealista es desempeñada admirablemente en los cuadros de Gerzso, igual que en los poemas de Péret.” El descuartizado es otra obra de raigambre surrealista que asimila las enseñanzas de este movimiento tanto en su concepción formal como en el misterio que encierra, pero también se puede considerar una obra clave en el desarrollo de su pintura posterior, en la que el artista consideró el miedo a la nada y al vacío como una de sus principales obsesiones, como se lo expresó a la crítica Rita Eder: “Cuando usted quiere mirar hacia adentro de mis cuadros, siempre se encontrará con un muro que le impide pasar, la detendrá con el fulgor de su luz, pero en el fondo, hay un plano negro; es el miedo.” A pesar de la etiqueta que le confirieron los críticos, Gerzso nunca se propuso ser surrealista: “No soy un artista que se sienta a meditar sobre lo que va a hacer. Me dejo guiar por algo que, no sabría cómo explicarlo, pero imagino que es aquello a lo que Freud llama el inconsciente. Me dejo fluir y salen las cosas. Seguramente por eso piensa la gente que soy surrealista; aunque nunca me lo haya propuesto.”

Gerzso se cautiva con el arte y la arquitectura del mundo prehispánico a lo largo de sus viajes por nuestro país. Cuenta que el pintor y escritor Miguel Covarrubias fue determinante en su iniciación en esta pasión que, a partir de 1946, se convertirá, de una u otra manera, en el hilo conductor que hilvana sutilmente toda su obra posterior. Su pintura Tiahuanacu es la piedra de toque de una vasta producción en la que se palpan las formas de la arquitectura prehispánica sintetizadas en su mínima expresión. En 1950 presenta su primera exposición individual en la Galería de Arte Mexicano de Inés Amor, quien se interesó por él porque no encajaba en ninguna de las corrientes pictóricas de la época. Esa exposición, confiesa el pintor a la periodista Adriana Malvido, “fue un desastre”. Y agrega: “Asistieron 10 personas, de las cuales 9 eran cuates míos, así que seguí en el cine hasta que los escenógrafos dejaron de tener sentido importante; se empezaban a alquilar locales y para 1963 la situación no se alejaba de la crisis. Ese año enfermé de los nervios y al rehabilitarme decidí entrar totalmente en la pintura.” En 1959 viajó a Atenas con su tío Hans Wendland y quedó cautivado por la belleza de la arquitectura clásica, cuya abstracción de formas incorporó en su pintura a su regreso a México en lo que se conoce como su período griego. A partir de entonces comienza a ahondar en la complejidad de sus composiciones no figurativas, que poco a poco van adquiriendo un refinamiento técnico de una perfección asombrosa y se consolida su inconfundible estilo pictórico. En 1963 se organiza su primera retrospectiva en el Museo del Palacio de Bellas Artes, con su trabajo de dos décadas y una espléndida presentación de Luis Cardoza y Aragón, obteniendo el reconocimiento general. En 1970, el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México le dedica su segunda gran retrospectiva y en 1981 el Museo de Monterrey exhibe otra gran muestra que abarca cuarenta y dos años de trayectoria. En 1979 recibe el Premio Nacional de Ciencias y Artes, reconocimiento que lo coloca entre los artistas más destacados de nuestro país.


“...no representa, pero significa”
Gunther Gerzso, El descuartizado, 1944
Las pinturas de Gerzso encierran en sus composiciones de planos disímbolos el espíritu sagrado de los templos prehispánicos evocados poéticamente en sus formas geométricas superpuestas, cuadrados y rectángulos aparentemente simples, que se contrastan y complementan en una atmósfera densamente hermética. Aunque su pintura se clasifica dentro de la abstracción y ha sido considerado el primer pintor abstracto mexicano, sus cuadros remiten irremediablemente a paisajes y formas arquitectónicas. Sus cualidades plásticas son notables: sus pinceladas finísimas se superponen en tersas superficies en las que cada detalle ocupa un lugar preponderante. La construcción del cuadro obedece a rigurosas reglas de composición, como si se tratara de una obra arquitectónica monumental. Su paleta, también refinadísima, combina los colores de la tierra y de las piedras, pero también evoca la luminosidad del cielo y la frescura de la vegetación. Y no podrían faltar los rojos fulgurantes del fuego mítico. Sus formas entreveradas ocultan y revelan, creando una tensión entre las partes que esconde insinuaciones secretas. Hay algo más allá de la superficie que obliga al espectador a penetrar con la mirada esos pasadizos ocultos que se nos muestran como heridas o desgarraduras, como bien escribió Luis Cardoza y Aragón: “La pintura de Gerzso no representa, pero significa.”
El arte de Gunther Gerzso es un insondable pozo de alusiones, un universo preñado de misterios. A decir de Octavio Paz: “Pintura que no cuenta pero que dice sin decir: las formas y colores que ve el ojo señalan hacia otra realidad. Invisible pero presente, en cada cuadro de Gerzso hay un secreto.” El artista parte con sus secretos al otro mundo el 21 de abril de 2000, legando a la pintura mexicana un trabajo de seis décadas, de una belleza y originalidad sublimes. Pintura que seduce e intriga, cuya principal aportación es su profundo contenido emocional.

Gunther Gerzso, Cuatro bañistas, 1940
Los días de la calle Gabino Barreda, 1944

viernes, 3 de julio de 2015

SUTILEZA DUAL, Pedro gonzález López (Gran Canaria, España)

SUTILEZA DUAL







Autor.- Pedro González López.





Despiertas en mí, la vida,
absorbes mis pensamientos,
alumbras los sentimientos…
por unirnos ¡mi alma pida!

Nuestros labios, dan cabida…
y humedezcan “filamentos”,
juntos juegan ¡qué momentos!...
placer con amor….  ¡partida!

Se crea exclusiva en amantes,
Si abrazados, más, caricias,
No optan a “ella”, los tunantes.

Debe amarse, sin codicias,
“Todo” es acontecer, antes…
Y después ¡Buenas noticias!

jueves, 2 de julio de 2015

BILLIE HOLIDAY: LA CUMBRE Y EL ABISMO, Augusto Isla


 
Augusto Isla

Acaso la más original voz femenina, extática y quebrada, de la
historia del jazz. Cuarenta y cuatro años de fragilidad
y orgullo, de temperamento y claudicación

“Anda, ponme esa música frívola que te gusta”, me decía un amigo enamorado de Vivaldi, de Brahms, de toda esa seriedad que sonorizaba su elegancia cotidiana. Se refería al jazz: música de burdel, música de negros que, al decir de Herbert Marcuse, revoca la Novena sinfonía y “da al arte una forma sensual, desublimada, de atemorizadora inmediatez, conmoviendo, electrizando el cuerpo y el alma materializada en el cuerpo. La música negra es originalmente música de los oprimidos”. Música que no exige, a veces, saber leer las convenciones de su escritura; pero impone, sí, otras exigencias: cuando Billie Holiday cantaba, obedecía a su sentimiento. “No puedo cantar nada que no siento.” Nunca asistió a una escuela de música, pero tuvo dos inspiraciones geniales: Louis Armstrong y Bessie Smith, a quienes escuchaba en la atmósfera marginal de su niñez y adolescencia. Con ellos, en compañía de sus alegrías, de sus lamentos, forjó un arte radical, más allá de su destino trágico: violaciones tempranas, prostitución, droga, prisiones.

En el canto se buscó y se exigió a sí misma trascender, sin importarle el qué dirán, insumisa, renuente a ser una criada como su pobre madre, madre casi niña. Billie cantante de jazz, original como ninguna otra, con un registro vocal limitado pero poderoso, sin el timbre cristalino de Ella Fitzgerald, los amplios atributos de Sarah Vaughan, la dicción esmerada de Carmen McRae. ¿Cantaba o vivía las canciones?Don’t explain, con letra suya, es el testimonio de un amor indulgente cuando descubre las huellas del lápiz labial en la camisa de Jimmy Monroe, su pareja. “No expliques nada. Me complace que hayas vuelto. Eres mi alegría y mi dolor. Amor.” Otra canción, emblema suyo como “God bless the child”, nace de una frase pronunciada por la madre, fervorosa católica.

en un mundo dominado por los blancos, terco en sus políticas segregacionistas que reemplazan a la esclavitud, Billie no parecía encontrar su lugar, ni siquiera la definición de su color: demasiado blanca para los negros, demasiado negra para los blancos; a pesar de su éxito, entraba a los hoteles por la puerta trasera, comía en la cocina si bien le iba. “Humillación” era la palabra que la perseguía; la droga, el recurso para sobrellevar aquella realidad insoportable: era la tentación de otros mundos, de unas gotas de felicidad instantánea.

después de pasear entre las mesas de varios centros nocturnos de Harlem o de recorrer largos trayectos como vocalista de bandas como las de Count Basie o Artie Shaw, Billie se mueve a sus anchas en el club Café Society en Washington Square. En una atmósfera liberal promovida por C, aquella negrita herida por tanta discriminación se convierte en una gran estrella. Allí, como lo señalado por Luc Delannoy, se forja la imagen mítica de una Billie con las flores de gardenia sobre la oreja izquierda; allí luce impecablemente vestida, digna y serena; allí también nace “Strange Fruit”, un poema de Lewis Allen, seudónimo de Abel Meespol, que denuncia el racismo y nos habla del cuerpo de un negro que pende de un árbol en aquel territorio sureño enfermo de prejuicios étnicos; cuando Billie estrena esta canción deja estupefacta a una audiencia acostumbrada a escuchar de ella, en la línea del song, canciones de amor, baladas comerciales, por así decirlo, aunque de autores talentosos como Gershwin o Porter que Billie, al igual que Armstrong, transforma con el pathos propio del jazz. Y es que Billie es más que una intérprete: reinventa aquello que canta, lo hace suyo, personalísimo, con un toque de excentricidad, si se quiere, que a veces gustaba y a veces no. Pero fue esto lo que sedujo lo mismo a un John Hammond, su descubridor, que a un Norman Granz, productor de sus últimas grabaciones en Verve, cuando Billie, ya un poco o un mucho marchita, conservaba la identidad de su estilo, sensibilidad melódica, fraseo.

Aunque inclasificable, joachim berendt considera a Billie como la gran cantante delunderstatement: elegancia, sensibilidad, refinamiento, a veces roto por los arrebatos, como aquello de levantarse el vestido y mostrar los glúteos cuando le disgustaba la reacción del público. Pues Billie, aunque amada por sus oyentes, nunca abandonó su temperamento irritable, crecido con los años cuando descendía de sus paraísos.
para el gusto de muchos, los mejores años de Billie fueron aquellos en los que celebró nupcias musicales con Lester Young, cuando el saxofón de éste, protector, acentúa los valores sonoros de su voz con un swing cadencioso y tranquilo. Cuatro años, de 1937 a 1941, duró la fraternidad de una “realeza” en la que ella pasó a ser Lady Day y éste Prez, el presidente; fraternidad cómplice en la música y en la droga que nos dejó versiones inolvidable de “Man I love”, “Time On My Hands”, “Fine and Mellow,” “I Can’t Get Started”… En el seno de la orquesta de Teddy Wilson, ella alcanza la cima de su arte; una cima que la  llevaría a la escena del Metropolitan Opera de New York en ocasión de un concierto organizado por la revista Esquire, a las páginas centrales de la revista Life, a reconocimientos aquí y allá, como aquel recibido de manos de Jerome Kern.

Billie Holiday en el Tribunal a finales de 1949, llevada por una disputa de contrato
No dudo que, en aquellos días, Billie haya logrado sus mejores frutos; pero, como apunta James Isaacs, la pérdida de aquella exuberancia la compensó, más tarde, en los años cincuenta, con una entrega conmovedora. De suerte que las grabaciones con sus amigos Ben Webster y Benny Carter en el saxofón, Harry Edison en la trompeta, Jimmy Rowles en el piano y Barney Kessel en la guitarra, suenan formidables en baladas como “Prelude to a Kiss”, “I Don’t Want to Cry Anymore”…
y a pesar de todo, la insatisfacción, la soledad, los matrimonios fallidos, los amantes ocasionales, la heroína como consuelo, que en 1947 la conduce a prisión. Sociedad puritana y represiva, la estadunidense criminaliza su adicción. La policía, obscenamente dura, como diría Vicente Verdíu, entonces como ahora mismo, pasa por alto el renombre o, tal vez por eso, la persigue, y los médicos nunca comprenderán la raíz de ese drama individual, “nunca llegan tan a fondo como para saber qué es lo que en verdad te corroe el alma”, dice la propia Billie. Cuando sale de prisión al año siguiente ha perdido la licencia para cantar en centros nocturnos neoyorquinos; sólo le quedan el Carnegie Hall y el Teatro Apollo.
fortaleza y vulnerabilidad. quien se inventó a sí misma, se dio una identidad y con sobresaliente intuición pudo encumbrarse, nunca dejó de ser aquella criatura vulnerable maltratada por la prima Ida y, después como mujer, víctima de parejas infieles, de vividores como John Levy, que le administraba hasta el último centavo. Billie lo tuvo todo: la fama, el Cadillac, los visones. Y a la vez careció de lo esencial: una intimidad plena, esa capacidad para vencer la melancolía que produce, casi irremediablemente, la estúpida historia de Estados Unidos. Como todos los iconos de una sociedad promisoria y cruel, Billie sólo sobrevivió con el apoyo del artificio de las drogas en la entraña de una sociedad opulenta y, al propio tiempo, pobre. La redimió el canto; la mató la heroína.

en 1956, billie publicó sus memorias bajo el título de Lady Sings the Blues. Producto de las conversaciones con William Dufty, la narrativa es una mixtura de confesión sincera, fabulación, reflexiones, descripción de atmósferas, anecdotario dudoso, como aquello de pasear con Orson Welles. ¿Cuánto hemos de creerle? Cada lector desprenderá sus conclusiones. ¿Qué pretendió? ¿Sincerarse, obtener un poco de dinero en el tiempo aquel en que Nueva York le cerró las puertas, conmover a la opinión pública con un texto explosivo? No importan etiologías. Nos es entrañable de cualquier manera. ¿Su verdadera historia? Tal vez ni ella la conocía.
el crepúsculo de su vida fue previsiblemente triste. Eleonora Fagan –pues tal era el nombre con que fue registrada Billie– muere en un hospital de Nueva York a los cuarenta y cuatro años, en 1959. Vivió entre la Depresión amenazadora y el optimismo de la postguerra en un país que acarició el sueño planetario. ¿Cuál sería el balance de su existencia en el lecho de muerte? ¿Había sido vana o, pese a las adversidades, se sintió plena? Acaso llegó a pensar que su nación no era lugar para la esperanza.

miércoles, 1 de julio de 2015

CÓMO RESISTIR A LAS FUERZAS DEL OLVIDO, John Berger


La mirada de Berger. Foto: Víctor Camacho/ La Jornada
John Berger

de la naturaleza leída como un texto no escrito que sin embargo nos habla.
De la deshumanización debida a la abstracción de las cifras,
por el espectáculo impactante sin desciframiento


Hace unas semanas el cuadro Les femmes d’Alger, pintado por Picasso en 1955 (hace sesenta años), se vendió en Christie’s de Nueva York por la suma de 180 millones de dólares. Parte de la decisión de pintarlo fue inspirada por el deseo de anunciar su respaldo al pueblo argelino en su lucha y su guerra contra el colonialismo francés, que comenzara un año antes.

Yellow rose
Stone with holes
Hoy es día de la Ascensión, cuarenta días después de la Pascua. Según los Evangelios, ése fue el día en que Cristo, como lo testimoniaron sus discípulos, ascendió por el aire hacia los cielos. Y en la tierra la gente quedó abandonada a su suerte.

La semana pasada estuve dibujando, más que nada flores, motivado por una curiosidad que poco tiene que ver con la botánica o la estética. Me he estado preguntando si las formas naturales –un árbol, una nube, un río, una piedra, una flor– pueden mirarse y ser percibidas como mensajes.
Mensajes –no hace falta decir más– que nunca pueden verbalizarse, y que no están dirigidos particularmente a nosotros. ¿Es posible “leer” las apariencias naturales como textos?

Para mí no hay nada místico en este ejercicio de dibujo. Es un ejercicio gestual cuyo propósito es responder a diferentes ritmos y formas de energía –que me gusta imaginar como textos de un lenguaje que no se nos ofreció para leer. Y no obstante, conforme trazo el texto me identifico físicamente con la cosa que estoy dibujando y con la inconmensurable lengua madre en que está escrita.


***
En el orden global totalitario del capitalismo financiero especulativo en el que vivimos, los medios no dejan de bombardearnos con información, pero esta información es casi siempre una diversión planeada, que nos distrae la atención de lo que es cierto, esencial y urgente.

Mucha de esa información tiene que ver con lo que alguna vez llamamos política, pero ahora la política fue subsumida por la dictadura global del capitalismo especulativo, con sus comerciantes y grupos bancarios de presión.

Clematis
Los políticos, tanto de derecha como de izquierda, continúan en sus debates, en sus votaciones, en la aprobación de resoluciones, como si no fuera así. El resultado es que su discurso no se refiere a nada. Es inconsecuente. Las palabras y los términos que utilizan y repiten –como terrorismo, democracia, flexibilidad– se vaciaron de cualquier significado. A lo ancho del mundo sus públicos siguen sus cabezas parlantes cual si atisbaran un interminable ejercicio escolar o una clase donde aprendieran retórica. Pura mierda.

Otro capítulo de la información con la que nos bombardean se concentra en lo espectacular, en los eventos violentos y chocantes dondequiera que ocurran por el mundo. Asaltos, terremotos, embarcaciones capturadas, insurrecciones, masacres. Una vez mostrados cualquier espectáculo es reemplazado por otro. Casi no existen explicaciones pacientes ni seguimientos. Nos llegan como impactos, no como historias. Son el recordatorio de la impredictibilidad de lo que puede ocurrir. Demuestran los factores de riesgo en la vida.

Añadamos a esto la práctica lingüística utilizada por los medios en su representación y descripción del mundo. Es muy cercana a la jerga y lógica de los expertos en administración y manejo. Cuantifica todo y casi no hace referencia a la sustancia o a la cualidad. Se ocupa de los porcentajes, de los virajes en las encuestas de opinión, de las cifras del desempleo, las tasas de crecimiento, las crecientes deudas, las estimaciones de dióxido de carbono, etcétera, etcétera. Es una voz que se siente a gusto con los dígitos pero nada tiene que ver con los cuerpos vivos, o con los que sufren. Y no habla ni de remordimientos ni de esperanzas.

Entonces, lo que se dice públicamente y el modo en que se dice promueven una especie de amnesia cívica e histórica. La experiencia nos es arrebatada. Los horizontes del pasado y el futuro se borronean. Estamos siendo condicionados a vivir en un interminable e incierto presente, reducidos a ser ciudadanos en el Estado del Olvido.

Mientras, lo que ocurre a nuestro alrededor va de mal en peor. El planeta se sobrecalienta. La riqueza del planeta está siendo concentrada en menos y menos manos, mientras la mayoría está mal alimentada, no encuentra sino comida chatarra o de plano pasa hambre. Más y más millones de personas están siendo forzadas a emigrar con ínfimas posibilidades de sobrevivir. Las condiciones laborales se tornan más y más inhumanas.

Aquellos que están listos para protestar contra lo que ocurre hoy, o resistir ante esas fuerzas, son legión. Pero los medios políticos para hacerlo son por el momento poco claros o están ausentes. Necesitan tiempo para desarrollarse, así que hay que esperar. Pero cómo esperar en tales circunstancias. Cómo esperar en esta condición de olvido.

Red rose
Dying camelia
Foto: Cristina Rodríguez/ La Jornada
Recordemos que el tiempo, como lo explicaron Einstein y otros físicos, no es lineal sino circular. Nuestras vidas no son puntos en una línea –una línea que hoy es amputada por la voracidad instantánea del orden capitalista global sin precedentes. No somos puntos en una línea, somos los centros de círculos.

Tales círculos nos rodean con testamentos dirigidos a nosotros por nuestros predecesores desde la Edad de Piedra, y por textos que no se dirigen a nosotros pero que nosotros presenciamos. Son textos de la naturaleza, del universo, y nos recuerdan que la simetría coexiste con el caos, que el ingenio puede burlar las fatalidades, que lo que deseamos nos tranquiliza más que las promesas.
Entonces, sostenidos por lo que heredamos del pasado y por lo que testimoniamos, tendremos el coraje para resistir y continuar resistiendo en circunstancias aún inimaginables. Aprenderemos a esperar en la solidaridad.

Y al infinito seguiremos valorando que juremos y maldigamos en todas las lenguas que conocemos.
Traducción de Ramón Vera Herrera

martes, 30 de junio de 2015

DIVINA APARICIÓN, Ronny Levy Benlabrat (Israel)

DIVINA APARICIÓN


Dime Isabel qué destino conduce nuestras almas y nos hace
flotar sobre el aire en un amor más poderoso que la vida,
dime qué honor conyugal nos invita al óleo fugaz del encanto,
sabes que te vi caminando en mi tierra con coloquios amorosos,
estabas vestida de diosa erguida y ardiente, despeñada por el viento,
senos salpicados de sol y luna, una navidad en ecos de placer y deseo.

Mi cuerpo estaba en ruinas hasta ese día que apareciste como un himno,
yo era una estampa de delirio consumido mojado de lluvia silenciosa,
y fue en aquel instante preciso, ese justo instante de miedo y esperanza
que apareciste arisca y bella, una diosa de música y bandera parpadeante,
alguien inesperada que se imponía al estallido inefable de un nimbado milagro,
una diosa esbelta de rostro sedoso y ondulaciones en nalgas de sonrisa.

Así apareciste, un fabuloso espacio de blancas arenas entre el mar y el cielo,
me llevaste a un lecho de besos y vinos y volé contigo con alas de ave legendaria,
era todo un amor sujeto a tu piel floreada, una blanca novia de párpados azules,
una guardiana de sorpresas iluminando con su rocío la fuerza de la tierra,
una novia de agua y fuego cercana como el mar en sus altas olas transparentes,
una bella ninfa de miel y brisa diluida en su desnudez redonda.

Como un río dispuesto serpenté los rosados labios de tus húmedas orillas,
era el tiempo de cavar el fuego en sus llamas con el soplo de la lluvia,
con mi vocación de flecha y mi viril salitre en la hierba de tus estrellas,
era el tiempo de mi ritmo angustioso en tu arroyo de romero y jacinto,
una dulce llama de corales flameando en ráfagas de vapores espumosos,
dos dioses precipitados en ansiedad y azomados sobre los rios de Granada.


All rights reserved to Ronny@Levy Benlabrat, Israel.

lunes, 29 de junio de 2015

INVOLUCIÓN, Benjamín Adolfo Araujo Mondragón

INVOLUCIÓN
Pareciera, pareciera, que caminas para atrás,
sólo parece, o ¿perece?, nuestra "culta" humanidad;
salta pa'tras humanismo y voltea la vista al ras
para que notes y midas lo que tienes que avanzar.
La humanidad pareciera que vuela y conquista mundos
pero su ser tropezando demuestra que va pa'tras
pues vemos cada vez más pobres y cosas injustas
a la vista del más distraído y al de mirada voraz.
La humanidad no camina, no avanza, bien retrocede
y ante el mal no pelea, ni batalla, sólo cede
pues no vemos que la justicia y la paz sean los blasones
de este presente injusto que desgarra corazones...

OCTAVIO PAZ=DOLMEN, César Moheno (La Jornada)

Dolmen
César Moheno
E
n la mesa compartida con nuestras familias conversaba con Jean Meyer sobre las letras y el pensamiento de la segunda mitad del siglo XX mexicano y, claro, sobre uno de los humanistas más universales de nuestro suelo. Después de un silencio, mientras recogíamos platos, vasos y manteles, expresó: singular, él solo fue toda su generación, fue su cobijo. Se calló por un instante y, señero, en introspección, atravesando aún más el umbral de su reflexión, dijo de inmediato como en una plegaria: Sí, Octavio Paz es dolmen. Ante la imagen del milenario hogar al que nos llevó lo expresado, la quietud y el sigiloso sosiego nos invadió a los tres que lo escuchamos. Recordar es celebrar, creo que dijimos como en un susurro. Conmemorar es traer a la memoria común el recuerdo de dónde estamos y a quién debemos nuestra presencia como hombres y mujeres, como sociedad, como comunidad. Esa parece ser una de las razones por las que hace apenas unos días se celebró a la ciudad de Villahermosa que vivió, durante siglos, bajo la advocación de San Juan Bautista. Ajenos a lo que de ordinario se observa, los líderes del cabildo de ese tropical entorno, la capital de Tabasco, decidieron querer que las niñas, los niños y los jóvenes de esos lares también puedan ser atraídos por las palabras de la poesía y de los cuentos, de la música, de la historia y de la ciencia y así potenciar su creatividad y su libertad.
Hace años contaba Octavio Paz que siendo niño todavía, conocí la atracción por las palabras; me parecían talismanes capaces de crear realidades insólitas. Al llegar a la adolescencia, la fascinación ante el lenguaje se convirtió en tentación: quise escribir poemas en los que cada palabra y cada sílaba tuviesen un color y que fueran capaces de generar emociones, sentimientos, sensaciones, que de otra manera eran inexpresables. Movidos por tal aserto y como en Tabasco una golondrina nunca llega sola y así siempre sí hace verano, en el municipio de Centro decidieron entonces poner a disposición de todos sus ciudadanos la exposición Octavio Paz: semblanzas, territorios y dominios para sembrar el deseo de conocer la obra del Premio Nobel de Literatura 1990 e irradiar su grandeza con el afán de que la apreciación y la lectura de su obra, clásica ya, que tanta influencia inmediata y continua ha tenido en la literatura universal contemporánea, nos depare momentos de plenitud y emoción al experimentar el gozo de la escritura de uno de los grandes escritores de la historia de México y del mundo.
Al recorrer la exposición queda claro que la obra de Octavio Paz es un canto a la vida, a la paz, a la tolerancia, a la pluralidad, al diálogo como forma suprema de solución de diferencias, es un canto al amor y, ante todo, es un canto a la libertad.
El reconocimiento que la exposición expresa en cada uno de sus contornos nos reviste a todos por igual. Por allí se camina en memoria de uno de los escritores mexicanos más importantes del siglo XX. Por sus ámbitos, paso a paso, reconocemos en la obra y nombre de Octavio Paz al hombre comprometido con la expresión original y estimulante, al pensador que buscó en el pasado las raíces más profundas para entender en los tiempos presentes los segmentos más altos del tiempo histórico. Paz consagró su vida a la poesía, al ensayo como reflejo vivo de un lector consciente de su tiempo, de los signos que lo conforman, de los símbolos que generan las culturas y las tradiciones. Es su memoria, la que nos convoca en la exposición que lleva su nombre. Allí aprendemos que con frecuencia decía que el poeta no se sirve de las palabras. Es su servidor. Al servirlas, las devuelve a su plena naturaleza, les hace recobrar su ser.
Queda claro que Octavio Paz fue uno de los más grandes pensadores que ha dado nuestro país. No hubo campo de las humanidades que le fuera ajeno. Comprendió como pocos nuestro proceso histórico, así como la naturaleza y la identidad de los mexicanos. Su obra poética es profunda, lo mismo que su conocimiento del arte y de las letras. Fue un hombre crítico y abierto al mundo. Cultivó la pasión intelectual. Su vida y su obra nos siguen demostrando hoy que las esferas de nuestras emociones y de nuestros pensamientos no están separados; que pensar y hacer van de la mano.
Octavio Paz luchó por la libertad del hombre y fue un gran impulsor de nuestra democracia. Fiel a su pensamiento, combatió los absolutismos y los fanatismos de cualquier tendencia. Alzó su pluma contra un régimen que otorgaba dádivas a los mexicanos, pero que les negaba el bien más preciado que es la libertad. Con su trayectoria, Paz nos señaló que la divisa de todo ciudadano debe ser sostener las libertades del hombre y la democracia.
Octavio Paz: semblanzas, territorios, dominios es, sobre todo, una invitación a leer, a conocer y apreciar el poder estético e intelectual de un poeta mayor y uno de los grandes escritores universales de todos los tiempos. De allí sale uno convencido de que el libro y el poema son el vehículo privilegiado de la educación, el conocimiento y la imaginación. Que nos otorgan la posibilidad de aprender nuevas formas de ver, de sentir la vida, y entender el mundo. Que nos permiten vivir en el universo del gozo.
En Piedra de sol podemos leer que “la vida no es de nadie, todos somos/ la vida –pan de Sol para los otros,/ los otros todos que nosotros somos–”. Sólo estos versos, solos, otorgan razón a Jean Meyer. Sí, Octavio Paz es dolmen.
twitter @cesar_moheno
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