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miércoles, 30 de abril de 2014

INFANCIA, Flor Cecilia Reyes

I N F A N C I A

Era un sueño de malva
y un tiempo de granadas.
Era un asombro vivo
desde donde el verano
pescaba renacuajos.
Era instaurar el reino
del sueño en la vigilia
y robarse las nubes
para comerlas todas
en un rosa algodón.
Algo me va dejando
algo me olvida.
FCR

TORMY, LA GASTA PRODIGIOSA, Benedicto Víquez Gusmán

Tormy, la gata prodigiosa, más que una historia de gatos y niños

Tormy 1BENEDICTO VÍQUEZ GUZMÁN [mediaisla]Agradable relato maravilloso que lejos de apartarse de la realidad, la incorpora y denuncia una relación muy importante entre la naturaleza y el hombre, en este caso a través de una mascota y dos niños y sus relaciones
La editorial EUNED recién publicó el año pasado una obra que llamaron sus autores, Rima Vallbona y su hijo Carlos F. Vallbona, Tormy, la gata prodigiosa-Líos en el Paraíso y la clasifican como cuentos costarricenses.
En realidad y para este comentarista es solo un cuento maravilloso contemporáneo que algunos podrían ubicar como literatura infantil pero que para mi criterio es más que eso. Si analizamos la estructura formal del cuento, verificaremos claramente que pertenece a los famosos cuentos maravillosos de hadas.
El relato parte de una situación inicial negativa donde tanto la gata Tormy, como sus amiguitos, Donaldito y Timoteo, pasan por una serie de situaciones peligrosas para su integridad ante un oso que amenaza con matarlos. Es así como el relato abre la virtualidad del conflicto y gracias a la astucia logran salir airosos. Toda la situación inicial reviste ese carácter negativo por parte, tanto de la gata como de los niños. Esto permite abrir un proceso de mejoramiento para salir de esa situación y es gracias a la astucia y la inteligencia de los tres que logran superar esa prueba particular, al menos por esos momentos pues tendrán, antes de resolver su conflicto principal que pasar por varias aventuras y lograr, al final del relato la satisfacción del éxito al vencer a su más acérrima enemiga, la bruja Maleva.
En los cuentos maravillosos de hadas, tradicionalmente la estructura plantea como primera prueba particular, el poner a los personajes bajo un código moral que le convierte no solo en vencedor de esa prueba sino en merecedor de un elemento mágico, capaz de resolver, ya en las aventuras posteriores, varias tareas-cumplimiento o luchas-victorias para alcanzar al final el total éxito de su empresa.
No es en este relato un código moral el que le posibilita el elemento mágico para futuras aventuras sino la inteligencia, la astucia, los atributos, sobre todo de la gata Tormy, pues es capaz por sus propios méritos de cantar, maullar y hasta roer como los ratones. Atributos que la hacen ser especial y merecedora de elogios por parte de autoridades y vecinos del pueblo, por lo que despierta el interés de Maleva, quien la secuestra y encierra en una jaula. Así los elementos mágicos están en la misma gata y no son otorgados por un dador extraño a su naturaleza.
Tormy 4Cabe destacar que la gata Tormy tuvo que vencer hasta la privación de la libertad y ser atada a una cuerda porque tanto a sus amigos como a la madre de estos, les desagradaban sus fechorías, propias del animal, que cazaba animalitos en los terrenos aledaños y los llevaba a su casa, con lo que causaba molestias a los adultos. Tanto es así que Maleva le declaró la guerra e impedía hasta que pasara al frente de su casa y por la acera. Fácilmente se observan en el comportamiento de ella las conductas insidiosas de los adultos contra los animales y su maldad con respecto a su misma naturaleza. Es un verosímil del relato que deja ver claramente esa dicotomía entre adultos, niños y mascotas.
“Era obvio que todos querían tocar a Tormy; incluso Maleva Calamitosa. Pero sus razones eran diferentes, pues tenía planes para Tormy: la quería para esclava, no para compañera. Además, a Maleva no le gustaban los animales.” p. 5.
Intentó  la bruja Maleva comprar la gata pero terminó secuestrándola. Fue así como los dos amigos de Tormy acudieron a un hada buena que les prestó ayuda y les ofreció consejo para conseguir ciertos elementos naturales con los cuales pudieran lidiar contra enemigos poderosos y vencerlos en luchas desiguales pero guiados por la astucia. Así, Zoraida, el hada madrina, asumió el rol de aliada y les dio los consejos necesarios y oportunos para alcanzar el éxito. Y afirma que ella no puede matar a la bruja Maleva, pues solo se le permite hacer actos de bondad y no de maldad.
Y solo observemos los elementos mágicos que concede esa hada madrina: primero detiene el tiempo para que los niños puedan realizar sus aventuras sin llegar tarde a su casa. Y gracias a una energía atómica pueden dejar de dormir, comer y viajar en el lomo de un enorme perro llamado Wáscar que se convierte en el transporte necesario para los grandes recorridos que deben emprender. Les da algunas recomendaciones para esos viajes, tales como cerrar los ojos mientras los realizan y les cuenta que Wáscar lleva en su cuello una mochila con todo lo necesario: unos polvos mágicos, un frasco piramidal, un escudo a prueba de fuego, una jarra de barro, una bolsa de cuero de culebra y  un espejo.
El viaje de los dos amiguitos de Tormy se ubica en tres puntos geográficos diferentes: La montaña de Pumamarca, “listada con los colores del arcoíris” en Argentina, el volcán Arenal en Costa Rica y una montaña llena de pinos y abundante vegetación y animales en Norteamérica.
En los dos primeros ya habían recogido el agua especial, la arena y otros elementos importantes para resolver la lucha-victoria que deberían realizar antes de partir para su casa de habitación, lejos de estos distantes lugares.
Tormy. Rima de VallbonaUna vez que vencieron al oso emprenden el viaje de regreso, a través del lomo y la velocidad de su aliado y amigo Wáscar, eso sí, después de obtener el agua clara del lago que era el tercero y  último elemento.
Y por último se llega a la situación final de mejoramiento y resolución de los conflictos: Zoraida mezcla la  tierra de colores del arcoíris con el agua cristalina del lago y la revuelve bien. Se dirigen a la casa de la bruja Maleva Calamitosa para rescatar a Tormy, e infringirle a Maleva un castigo:
Así fue como decidí que su castigo sería el de sufrir la persecución de Tormy, igual que su gatita la sufrió todo este tiempo. Ahora, como ratón (la transformó), Tormy la perseguirá a ella; vivirá el resto de su vida como un ratón gris oscuro que tendrá que andarse con cuidado de que no lo cace Tormy o cualquier otro gato. Tiene la suerte de que se le ha dado una segunda oportunidad de seguir viviendo. ¡Tal vez se compone mejor como roedor!” P. 85.
Y hasta aquí, para mi criterio, llegaría el relato al final pero el código de verosimilitud, gracias a las reflexiones y apreciaciones del narrador cambia, de pronto, y da unas explicaciones de índole religiosa que violan el mismo código que tan bien había desarrollado y transforma a Zoraida en ángel de la guarda y agrega tópicos de la Biblia que, repito, violan lo verosímil de todo el relato y lo finaliza con moraleja incluida.
Agradable relato maravilloso que lejos de apartarse de la realidad, la incorpora y denuncia una relación muy importante entre la naturaleza y el hombre, en este caso a través de una mascota y dos niños y sus relaciones que se tornaron conflictivas gracias a la insidiosa permisiva de algunos adultos con los animales y su naturaleza.
______________________________
BENEDICTO VÍQUEZ GUZMÁN, escritor costarricense, autor de Cómo leer novelas, 1998.-
Ficha
Vallbona, Rima de y Carlos F. Vallbona. Tormy, la gata prodigiosa – Líos en el paraíso. San José, Cosa Rica: EUNED – Editorial Universidad Estatal a Distancia, 2013. ISBN: 978-9968-31-950-8.

FRAGMENTOS PARA DOMINAR EL SILENCIO, Alejandra Pizarnik

FRAGMENTOS PARA DOMINAR EL SILENCIO



FRAGMENTOS PARA DOMINAR EL SILENCIO

I

Las fuerzas del lenguaje son las damas solitarias, desoladas, que cantan a través de mi voz que escucho a lo lejos. Y lejos, en la negra arena, yace una niña densa de música ancestral. ¿Dónde la verdadera muerte? He querido iluminarme a la luz de mi falta de luz. Los ramos se mueren en la memoria. La yacente anida en mí con su máscara de loba. La que no pudo más e imploró llamas y ardimos.

    
II
Cuando a la casa del lenguaje se le vuela el tejado y las palabras no guarecen, yo hablo.
Las damas de rojo se extraviaron dentro de sus máscaras aunque regresarán para sollozar entre flores.

No es muda la muerte. Escucho el canto de los enlutados sellar las hendiduras del silencio. Escucho tu dulcísimo llanto florecer mi silencio gris.

    
III
La muerte ha restituido al silencio su prestigio hechizante. Y yo no diré mi poema y yo he de decirlo. Aún si el poema (aquí, ahora) no tiene sentido, no tiene destino.


Alejandra Pizarnik- Argentina 
De "La extracción de la piedra de la locura", 1968 


Documental en vídeo de la vida de la autora,
"Memoria iluminada, Alejandra Pizarnik"
https://www.youtube.com/watch?v=nIBNtGExLaw




Hoy, 29 de abril de 2014 es el 78º aniversario del nacimiento de Alejandra Pizarnik que nació el 29 de abril de 1936.


SÓCRATES, Amílcar Luis Blanco

Sócrates




Nada como lidiar hecho palabras,
pelear con frases contra oscuridades
para extraer la luz de la muda ignorancia.
Es decir, estar vivo frente al otro
de esa vida nerviosa y lacerante
y en la lucha ser verbo contra el llanto,
contra el dolor estéril, contra el grito
y contra la brutalidad y la desgracia.

Porque siempre hay  desgracia
y siempre la desgracia nos persigue
cual Diana cazadora
y nos clava su lanza de silencio en el centro del logos.
Así Sócrates tuvo la cruel incomprensión y la cicuta
rodeándolo aterido pero audaz defendiéndose
dentro de sus vocablos
blandidos como sables de filos elocuentes
contra la hipocresía y la malicia de sus jueces.

Y tuvo ese morir que da la vida
después de las palabras que hoy siguen conversándonos
y que derrumban las calladas sombras
y  los gritos sombríos de las turbas unánimes
cayendo como picos de cuervos sobre la inteligencia.
Les dio la contraluz de la eximia paciencia
la de aquél que dialoga, escucha y calla
y respeta y en cándida mayéutica
extrae del bruto el elixir del alma sabia
para verterlo en el abrevadero sin fin,
en el espejo donde todos nos vemos
sin ocultarnos nada.

Amilcar Luis Blanco (Pintura "La muerte de Sócrates" por Jacques Louis David)

LA NIÑA DE GUATEMALA, José Martí

La niña de Guatemala de José Martí

Quiero, a la sombra de un ala,
Contar este cuento en flor:
La niña de Guatemala,
La que se murió de amor.

Eran de lirios los ramos,
Y las orlas de reseda
Y de jazmín: la enterramos
En una caja de seda.

...Ella dio al desmemoriado
Una almohadilla de olor:
El volvió, volvió casado:
Ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas
Obispos y embajadores:
Detrás iba el pueblo en tandas,
Todo cargado de flores.

...Ella, por volverlo a ver,
Salió a verlo al mirador:
El volvió con su mujer:
Ella se murió de amor.

Como de bronce candente
Al beso de despedida
Era su frente ¡la frente
Que más he amado en mi vida!

...Se entró de tarde en el río,
La sacó muerta el doctor:
Dicen que murió de frío:
Yo sé que murió de amor.

Allí, en la bóveda helada,
La pusieron en dos bancos:
Besé su mano afilada,
Besé sus zapatos blancos.

Callado, al oscurecer,
Me llamó el enterrador:
¡Nunca más he vuelto a ver
A la que murió de amor!

martes, 29 de abril de 2014

PONIATOWSKA Y LA POLÉMICA DEL CERVANTES, Rogelio Guedea

Poniatowska y la polémica del Cervantes


Agregado el 29 de abril, 2014 Categoria: Paracaídas
Fuente SinEmbargoMX
El otorgamiento en España del Premio Cervantes a Elena Poniatowska desató una polémica inédita. A quienes validaron tal reconocimiento se les ha tachado de lambiscones; a los que lo denostaron, de resentidos. Sandro Cohen, por ejemplo, emitió esta valoración literaria en Facebook:
«….no hallo ni una sola obra de creación literaria suya que merezca el Premio Cervantes. Al contrario: se trata de novelas y relatos de principiante que no resisten siquiera el mínimo escrutinio. Y si uno los considera en conjunto, no les llega ni a los talones de las obras de escritores como Ricardo Garibay, Rubén Bonifaz Nuño, Fernando del Paso, Eduardo Lizalde (para acercarnos un poco a la generación de Elena) o—entre los más jóvenes, aunque ya maduros— las de Marco Antonio Campos, Guillermo Fernández, Vicente Quirarte, Ignacio Padilla, Enrique Serna, Jorge Valdés Díaz Vélez, Adriana Díaz Enciso, Jorge Fernández Granados, Claudia Hernández de Valle Arizpe, Blanca Luz Pulido, Jorge Volpi o dos decenas más de poetas, ensayistas y narradores que sí podrían merecer la distinción que ofrecen los monarcas españoles».
Al no encontrar razones estéticas para el otorgamiento de este galardón,  hay quienes consideraron motivos extraliterarios, como los de su militancia política y el renovado activismo social de sus últimos años. Pero en este ámbito la autora de Hasta no verte, Jesús mío tampoco parece convencer a sus maldicientes. Para muchos resulta difícil creer que quienes «le dieron la llave para abrir México fueron los mexicanos que andan en la calle». Ésta es una afirmación que reblandece los sentimientos, además de ser políticamente correcta de boca de una extranjera que ha sido bien apreciada por los mexicanos, pero se le considera tan falsa como ésta: «Me enorgullece caminar al lado de los ilusos, los destartalados, los candorosos». Para comprobar tal impostura, algunos vuelven a colgar en el clavito de la pared aquella foto paradigmática en donde Poniatowska va tomada del brazo de Carlos Salinas de Gortari, rodeada por la élite cultural de México: Monsiváis, Tovar y de Teresa, Krauze. Aunque Elenita, como se le conoce con cariño, diga que «todos somos venidos a menos, todos menesterosos» y «en reconocerlo está nuestra fuerza», para muchos está muy lejos de ser pueblo y de representar a los indígenas de México, aunque use sus atuendos, de los que Gil Gamés hace mofa en su artículo “Sancho Panza de los pobres”. Sin embargo, en su más reciente artículo para Milenio, «Odio y envidia a la Poni», Braulio Peralta refuta esta guerra sucia y sale en su defensa:
Elena Poniatowska: traidora de su clase. Renunció a la nobleza y la burguesía que el mundo le deparaba. No vive en un castillo. Sale a la calle a marchar, a denunciar, a escribir de los que no tienen nada. Toma a caudillos y líderes de ejemplo para las nuevas generaciones. Está con Andrés Manuel López Obrador. Es fiel a sus amigos. No traiciona principios ni responde a sus detractores. Calla ante la avalancha de odios y envidias inmerecidas. Ella tiene un proyecto literario: en ello le va la vida»
Apenas ayer, Luis González de Alba, en el mismo Milenio, iniciaba así su columna “Los europeos nos roban la historia”:
En un pasmoso alud de mentiras y miel, ante los reyes de España Elena Poniatowska escamoteó con ágil capote la Conquista para banderillear a Estados Unidos como invasor tragón resistido por indios “con escudos de oro y penachos de plumas de quetzal”.
Será difícil, por lo visto, ponernos de acuerdo en los atributos estéticos de la obra de Poniatowska y si estos fueron suficientes para hacerla merecedora del máximo galardón de las letras en lengua española (así de mostrenco es el gusto estético), como también será difícil hacerlo con respecto a su integridad ética, pues los límites de la moral son resbaladizos. No creo, eso sí, que la obra de Adriana Díaz Enciso, Ignacio Padilla o Claudia Hernández de Valle Arizpe esté por encima de la de Poniatowska, como lo afirma Cohen, como tampoco creo que ésta sea una traidora de su clase, como lo sentencia Peralta, o que su discurso ante los reyes de España haya sido “un pasmoso alud de mentiras y miel”, como lo asevera González de Alba. Tales afirmaciones me parecen desproporcionadas. Creo, en cambio, en un aspecto que fue inobjetable y, ahora, encomiable: Poniatowska criticó duramente en las pasadas elecciones al fascismo panista, la neodictadura priista y a la envilecida Televisa, además de luchar sin dobleces por un proyecto (el lopezobradorista) que, en su momento, representó la mejor opción política para nuestro país, sobre todo ahora que aquellos presagios apocalípticos con que nos amenazaban empiezan a hacerse realidad. Ésta es la enseñanza: siempre será mejor tomar partido que quedarse escondido detrás de la infame sombra. Poniatowska perdió la contienda política de un país, pero ganó la batalla literaria de todo un idioma. Que Dios la agarre confesada.

lunes, 28 de abril de 2014

ALCALDÍA DE BOGOTÁ DISTRIBUYE CUENTOS DE GABO, Efe

Cuentos de García Márquez al viento


Libro al viento dedicará su edición de mayo a cuentos de García Márquez

Libros

La Alcaldía de Bogotá distribuirá 100.000 ejemplares de tres cuentos de Gabriel García Márquez en la edición de mayo del programa Libro al viento.

Por: EFE

Publicado el: 2014-04-25

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Los cuentos 'En este pueblo no hay ladrones', 'El rastro de tu sangre en la nieve' y uno más que aún no está definido serán entregados en bibliotecas, colegios públicos y "biblioestaciones" de Bogotá, según la secretaria de Cultura, Recreación y Deporte, Clarisa Ruiz.
La funcionaria dijo que la iniciativa representa "un homenaje que Bogotá le rinde a este gran escritor" y por eso se harán también tertulias, cafés literarios, talleres de escritura creativa en las bibliotecas de Bogotá y en colegios públicos.
Libro al viento es un programa de fomento a la lectura creado en 2004 para brindar una oferta gratuita de literatura a la ciudadanía bogotana.
Además de los tres cuentos se distribuirán 10.000 ejemplares de un folleto de ocho páginas sobre la vida y obra de García Márquez a los asistentes a la Feria Internacional del Libro de Bogotá, que se celebrará del 29 de abril al 12 de mayo, explicó el director de la Cámara Colombiana del Libro, Enrique González.
Según González, instituciones como el Ministerio de Cultura y algunas editoriales están preparando espacios específicos en el centro de exposiciones Corferias para recordar al ganador del Premio Nobel de Literatura en 1982 a lo largo de las dos semanas que durará la feria.
"Realizaremos una exposición en la Plaza de Banderas con gigantografías del Nobel para que el público pueda interactuar con las imágenes", aseguró González.
Además, se organizará un coloquio con cuatro de sus mejores amigos y el 9 de mayo se hará la "noche de los libros", dedicada al Nobel fallecido el pasado 17 de abril en Ciudad de México.
Durante la inauguración de la feria de Bogotá, los presidentes de Colombia, Juan Manuel Santos, y de Perú, Ollanta Humala, así como el ganador del Nobel de Literatura en 2010, Mario Vargas Llosa, harán un recorrido por el estand que el Ministerio de Cultura ha preparado en memoria de Gabo.

PARA QUIEN COMIENZA S LEER A OCTAVIO PAZ, Jair Cortés

Jair Cortés
jair_cm@hotmail.com
Twitter: @jaircortes
Para quien comienza a leer a Octavio Paz

Fue Miguel N. Lira, poeta tlaxcalteca, quien publicó los primeros versos de Octavio Paz en 1933. Luna silvestre fue el título de esaplaquette que inauguraba el oficio del futuro (y único hasta la fecha) Premio Nobel de Literatura mexicano. Sin embargo, estos versos de juventud fueron suprimidos por el mismo autor cuando reunió su obra poética en el volumen Libertad bajo palabra (1935-1957). Respecto a lo anterior, Paz afirmó que:  “Los poemas son objetos verbales inacabados e inacabables. No existe lo que se llama versión definitiva: cada poema es el borrador de otro, que nunca escribiremos… pero hay poetas precoces que pronto dicen lo que tienen que decir y hay poetas tardíos. Yo fui tardío y nada de lo que escribí en mi juventud me satisface; en 1933 publiqué una plaquette, y todo lo que hice durante los diez años siguientes fueron borradores de borradores. Mi primer libro, mi verdadero primer libro, apareció en 1949: Libertad bajo palabra.”
La obra de Octavio Paz es de una inmensidad apabullante. Cualquier lector tiene ante sí una vasta y variada obra que puede invitarlo a sumergirse en ella o bien, puede desconcertarlo, hacerlo naufragar o extraviarse en sus profundas aguas. Cioran decía:  “Pobre de aquel escritor que no cultive su megalomanía, que la vea menguar sin reaccionar, pronto se dará cuenta que uno no se vuelve normal impunemente.” Esta idea ilustra las aspiraciones de Octavio Paz, un megalómano cuya obra cumple y rebasa las expectativas de la tradición literaria de nuestra lengua. A pesar de esta inmensidad, una gran cantidad de lectores acude a los mismos textos: “Piedra de sol”, en el caso de la poesía; o fragmentos de El laberinto de la soledad o La llama doble, cuando hablamos de ensayo. Por otra parte, muy pocos se aventuran a leer La hija de Rapaccini, la única obra de teatro que Octavio Paz escribió, o esa maravilla que cruza la frontera de los géneros titulada El mono gramático.

Lamentablemente, en estos festejos del centenario del natalicio de Octavio Paz, la mayor parte del público mexicano no lee al poeta, se limita a verlo y a escucharlo en los programas televisivos, una dinámica que fomenta ausencia de lectores y, por lo tanto, ausencia de crítica. A quienes estén interesados en abordar la poesía de Paz recomiendo que comiencen por el principio: Libertad bajo palabra, en donde el poeta afronta un amplio horizonte temático y explora las posibilidades formales que van del haikú al poema de largo aliento (al amparo del verso medido, el verso libre, la prosa poética y el cuento). Libertad bajo palabra es el libro capital de Octavio Paz, es la exposición de casi todas las preocupaciones que habrá de tratar en sus siguientes libros: la poesía como actitud crítica y manifestación lingüística del espíritu libertario, el amor y la memoria como elementos para develar la verdadera esencia de la realidad.



GARCÍA MÁRQUEZ Y LA SENSUALIDAD DE LA KLENGUA ESPAÑOLA, Antonio Rodríguez Jiménez

García Márquez y la sensualidad de la lengua española

Ilustración de Juan G. Puga
Antonio Rodríguez Jiménez



Gabriel García Márquez fue para nosotros la revolución de la narrativa. Representó la frescura, la sensualidad, el paladeo de las palabras, las descripciones fantásticas, pero sobre todo la bocanada de aire fresco al idioma español, a nuestra literatura, cuando olía a rancio en el panorama de postguerra y de la dictadura de los años sesenta. Ellos –los que protagonizaron el boom de la literatura hispanoamericana– llegaron como una ola de alegría que le dio placer al idioma, gusto a las palabras y orgullo a una lengua un poco anquilosada en aquella España politizada y estática. Los españoles nos creíamos propietarios de una lengua que hace siglos dejó de ser propiedad exclusiva y se ha ido convirtiendo en el idioma más hablado del mundo –después del chino y del inglés. Ellos llegaron, en un momento de cansancio, con fuerza, como ya lo había hecho antes Pablo Neruda con la poesía o César Vallejo o el propio Octavio Paz. Ellos significaron la renovación, el cambio. La narrativa de García Márquez nos inundó, literalmente. Aquellos Cien años de soledad eran insólitos, sorprendentes y todos nos apresuramos a leerlos cuando los tuvimos en nuestras manos. La novela narraba con pasión la vida de siete generaciones de la familia Buendía en el mágico pueblo de Macondo, y fue tan rotunda que le valió el Premio Rómulo Gallegos en 1972 y el Nobel de Literatura en 1982. No tardaron en multiplicarse las ediciones. Pero también llegó un tal Julio Cortázar que nos dejó anonadados o un Vargas Llosa o un Borges o un Juan Rulfo, o un José Donoso o un Carlos Fuentes, entre otros. Aquella generación arrasó literalmente y todavía seguimos con la boca abierta, pues ninguno de aquellos autores y los libros que crearon ha pasado de moda o se puede decir que están desfasados.

La narrativa española siguió un ritmo propio con Benet, antes Aldecoa, Camilo José Cela, Carmen Martín Gaite, Laforet y los jóvenes que vinieron después, como Mateo Díez, José María Merino, Javier Tomeo, Muñoz Molina, Pérez Reverte, Javier Marías, Vila Matas y muchos otros con libros de tema histórico, psicológico, policíaco, ecos de la Guerra civil, etcétera, pero nunca se superó en nuestra lengua la legión delboom, ni en cuanto a calidad ni en lo referente a frescura. Siempre nos quedamos boquiabiertos mirando la genialidad de estos narradores, como cuando pasó como un ángel de luz la Generación del ‘27. Son fenómenos inigualables y difícilmente superables. Vendrán otros períodos diferentes pero la generación de Gabo ha dejado una huella inigualable, inimitable.

García Márquez ha vendido más de 40 millones de ejemplares en más de treinta idiomas. Sus novelas nos dejaban sorprendidos y podíamos leerlas porque eran reeditadas una y otra vez. Muy pocas personas aficionadas a la literatura no leyeron o releyeron La hojarasca (1955), El coronel no tiene quien le escriba (1957), La mala hora (1961), Cien años de soledad (1967), El otoño del patriarca (1975), Crónica de una muerte anunciada (1981), El amor en los tiempos del cólera (1985), El general en su laberinto (1989), Del amor y otros demonios (1994) y Memorias de mis putas tristes (2004). Cuando le dieron el Nobel lo celebramos como si se lo hubieran dado a un español, pues era un galardón a nuestra lengua y estábamos orgullosos de él. Sus historias personales, políticas y literarias trascendían como las de Camilo José Cela, pues el colombiano ya era también español, lo mismo que los mexicanos lo sienten suyo o consideran mexicano al argentino Juan Gelman. Cuando hay un idioma común de por medio no hay fronteras de índole alguna.

Ahora se nos fue definitivamente, pero queda lo mejor de él, es decir, su creación. Las personas pasan, envejecen, desaparecen, pero dejan su huella indeleble en la obra. También está vivo Borges en su poesía, en sus cuentos. Veo a Rulfo cuando releo sus textos, Pedro Páramo y El Llano en llamas, o a Cortázar, que lo entendemos hasta en su idioma glíglico de La inmiscusión terrupta, aunque su obra de más impacto es Rayuela. Cuando releemos La muerte de Artemio Cruz vemos resucitar a Carlos Fuentes.
Ahora, pues, todos lloramos la muerte de García Márquez, como hace unos días ocurrió con Gelman o con José Emilio Pacheco, o hace unos años sucedió con Octavio Paz, del que recientemente hemos celebrado el centenario de su nacimiento.

También nos quedarán de García Márquez sus libros de reportajes: Relato de un náufrago (1970), Noticia de un secuestro (1996), Obra periodística completa (1999), o sus memorias Vivir para contarla (2002). Fue un creador que no paró. Amaba el periodismo hasta la extenuación. Se entregaba a sus escritos con su memoria prodigiosa, y como cuentista fue genial: Ojos de perro azul (1955), Los funerales de la Mamá Grande (1962), La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada (1972), Doce cuentos peregrinos (1992). Fue grande por su trabajo, por su originalidad y por su amor a la literatura.
Hace unos años leí en alguna parte que un amigo le preguntó a Gabo: “¿Fue tu abuela la que te permitió descubrir que ibas a ser escritor?”, y él, con mucho desparpajo, en tono más serio que burlesco, le contestó: “No, fue Kafka, que, en alemán, contaba las cosas de la misma manera que mi abuela. Cuando yo leí a los diecisiete años La metamorfosis descubrí que iba a ser escritor. Al ver que Gregorio Samsa podía despertarse una mañana convertido en un gigantesco escarabajo, me dije: Yo no sabía que esto era posible hacerlo. Pero si es así, escribir me interesa.” Así se inicia la vida de este escritor que dejó la universidad para escribir en los periódicos y dar, veinte años después de tomar esa decisión, uno de los mejores libros escritos en el siglo XXCien años de soledad. “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.” Sería apasionante saber qué pensaba García Márquez antes de despedirse de este mundo. Se siente miedo, paz, recogimiento, horror, alegría, amor. Ya no podremos preguntarle, pero sí podremos indagar en su obra, acariciarla, recrearla y aprender a amar el idioma español como él lo hizo.

LA SAGA QUE LATINOAMÉRICA VIVIÓ PARA EXISTUIR, Antonio Valle

La saga que Latinoaméricavivió para existir
Antonio Valle


Cien años de soledad: ensamble de realidades múltiples
Hace más de tres décadas, escuchaba a “Unión Latina”, concepto en el que un artista fantástico de Juchitán se “incorporaba” con un artefacto ensamblado con un palo y una cuerda tensa que percutía en una tina de aluminio para interpretar algunas piezas musicales cercanas al jazz. Entonces, un querido amigo zapoteco me dijo que este cuadro escénico podría incorporarse a Cien años de soledad. Los críticos que habían designado a la literatura de García Márquez con el nombre de realismo mágico habían dado en el blanco. En los mundos que inventó Gabo no sólo cabían algunas páginas de la vida cotidiana de este pueblo mágico y rebelde, sino de un sinnúmero de aldeas, ranchos, villas, barrios y comunidades que brillaran por su ausencia en el concierto de América Latina hasta que apareció la saga portentosa de García Márquez.


Tal vez el coronel no tenga quien le escriba,
pero los pueblos sí
Los treinta millones de ejemplares que se han impreso de Cien años de soledadhablan del poder de la poesía en un mundo donde impera la ley monopólica de los sistemas audiovisuales. Lo real maravilloso ha sido una de las alternativas estéticas y conceptuales que, después de décadas, ha sido plenamente incorporada a la visión existencial, política y cultural de los latinoamericanos. Una experiencia del poder de seducción y de la esperanza que ha generado la saga de Macondo puede ser ilustrada en la historia de la Unión de Comunidades Indígenas Cien años de Soledad que, a principios de la década de los años ochenta, se organizó en la costa oaxaqueña. En esta organización participaban campesinos, pescadores, productores de un café sabrosísimo, por supuesto indígenas, jornaleros, pequeños propietarios, así como algunos jóvenes libertarios, miembros de las comunidades cristianas y hasta algunos hipsters trotamundos, que en este gran mosaico intercultural se habían propuesto encontrar algunas rutas para definir una identidad comunitaria y regional, que evidentemente habían encontrado inspiración poética, así como en el imaginario social e histórico, en la obra clásica de García Márquez. En 1982, cuando le otorgaron el Premio Nobel a Gabo, en las reuniones que parecían verdaderos arcoíris populares, se reflexionaba en torno a los conceptos de soledad y de aislamiento mediante análisis comparativos con las situaciones que vivían algunos grupos y personajes de Macondo. Esta unión trataba de reinventar un lenguaje nuevo que fuera menos rígido que el discurso marxista, que ya para esas fechas agudizaba su retórica repetitiva que no encontraba correspondencia con la maravillosa realidad que vivían estos pueblos costeños.



Cronistas de indias
Una de las cosas que seguramente causaron asombro en los ciudadanos de estos pueblos y aldeas mágicas (el mismo asombro que causaban en las legiones de lectores de las grandes ciudades) fue saber que la narrativa de García Márquez abrevaba en los textos que habían escrito los primeros conquistadores, frailes, etnólogos, cartógrafos e historiadores que habían llegado a América. Especialmente las descripciones alucinantes que hacían de la orografía y la riqueza de los mundos minerales, vegetales, animales y humanos con los que se toparon en el “nuevo continente”. En el texto que García Márquez leyó al recibir el Premio Nobel destacan algunos elementos y expresiones que encontraban resonancias con la narrativa que los pueblos costeños sostenían con la fuerza de su tradición oral, ya fuera con los relatos de origen precortesiano narrados en zapoteco o en los relatos donde todavía se utilizaban arcaísmos y expresiones usadas por la novela de caballerías o en el Siglo de Oro español. Sin duda, tanto la obra de García Márquez como los relatos sostenidos por la tradición oral, de alguna manera se alimentaban, para nuestro regocijo y asombro, con las crónicas de aquellos remotos conquistadores y humanistas. En este sentido, destacan los textos que escribió el italiano Antonio Pegafetta, quien venía registrando –obviamente empleando palabras y conceptos alucinantes– algunas de las cosas increíbles y asombrosas que observó durante los recorridos que hizo con Magallanes.


Las manos del Gabo. Foto: Fabrizio León/ La Jornada
Buena parte de los movimientos culturales que se vivieron durante las décadas de los setenta y los ochenta, explícita o implícitamente habían sido contagiados por el entusiasmo que generó lo “real maravilloso”. De esta forma, la obra de García Márquez le daba expresión a un verdadero paraíso de realidades objetivas y subjetivas que los pueblos habían vivido desde tiempos inmemoriales. Por supuesto, este fenómeno no sólo se experimentaba en Oaxaca, sino en toda la región de América Latina y el Caribe. Jugando con el concepto del artista popular de Juchitán, al fin se lograba condensar una vieja aspiración: llevar a cabo la Unión Latina. Por otra parte, la narrativa del maestro colombiano no sólo mostraba el carácter erótico y festivo de los pueblos, sino también el rostro violento y siniestro de un conflicto ancestral que tenía que ver con las formas más rudimentarias y salvajes de ejercer el poder por parte de los caciques y dictadores a nivel regional.



“Oh qué será, qué será...”
Esta canción inolvidable de Chico Boarque hace una síntesis poética de lo real maravilloso que García Márquez inauguró. Sus versos, levemente ácidos, aluden a una situación violenta pero no exenta de belleza: “Oh qué será, qué será, que anda suspirando por las alcobas,/ que anda susurrando en versos y trovas, [...] que está en la romería de mutilados, [...] lo sueñan de mañana las meretrices, [...] es la naturaleza, será que será, que no tiene vergüenza, ni nunca tendrá, porque no tiene juicio.”

Esta composición poética parece la versión brasileira de algún cuento de Gabo.



Pedro Páramo
Dice García Márquez que Pedro Páramo fue la obra que lo ayudó a salir del impassecreativo en el que se encontraba al llegar a México a principios de los años sesenta del siglo pasado. Esta pieza, que posee una historia decisiva en el canon de la narrativa y la poética moderna de los mexicanos, le ofreció las claves, así como el empuje anímico e intelectual, que el maestro necesitaba para dar inicio a los trabajos de creación de Cien años de soledad.



Boom latinoamericano y simultaneidad histórica
Este movimiento tiene como origen el abandono y explotación ancestral de los que la región había sido objeto. Aunque con diferencias culturales y socioeconómicas nacionales y culturales que, por ejemplo, como dice Octavio Paz en torno al proceso nacional, en México se viven simultáneamente distintos tiempos, y por tanto distintas realidades en las que se encuentran algunos mexicanos viviendo en el siglo XXI y otros que comen y se visten de modo parecido a como se hacía en el siglo XVI. Esta es una de las razones por la que los escritores del boom, Julio Cortázar, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, junto a García Márquez, estudiaron las historias no sólo de las comunidades marginadas y de los grupos deprimidos (como se les decía en los ochenta), es decir, de las realidades que sobrevivían en “la más espantosa soledad”, sino que también eran objeto de su narrativa las grandes urbes como París, Montevideo o Ciudad de México. Así, Julio Cortázar en Rayuela, y Carlos Fuentes enLa región más transparente, abordan, desde diferentes perspectivas, la soledad, así como los problemas de identidad en la que se encontraban algunos héroes y los hombres comunes y corrientes en las grandes urbes. Mientras que Mario Vargas Llosa, desde una opción política, que hoy llamaríamos neoliberal, ponía bajo asedio y cuestionaba –empleando un lenguaje más realista y menos mágico, pero igualmente poderoso– el atraso endémico de Perú.
No sobra recordar que el boom tuvo importantes precursores artísticos e intelectuales. Entre otros escritores, además de Rulfo, destaca la obra realizada por Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Miguel Ángel Asturias y Octavio Paz, quienes al lado de poetas como Pablo Neruda, Lezama Lima y César Vallejo llevaron a cabo las más audaces tentativas literarias que los autores del boom recuperarán e impulsarán a partir de los sesenta. Sin embargo, los autores del boom no sólo abrevaron en las obras de sus precursores de Centroamérica, el Cono Sur y el Caribe, ya que ellos reconocen y manifiestan en su obra y en su proceso de formación la importancia de novelas como En busca del tiempo perdidoUlisesLa montaña mágica, El extranjero y La náusea, entre otras novelas legendarias. Es el boom el que, a decir de Carlos Fuentes, hace un prodigioso trabajo de síntesis de más de cuatrocientos años de evolución cultural de esta parte del continente, que pretende ordenar y profundizar en “eso” que Álvaro Mutis, poeta y extraordinario narrador, ha calificado como algo que late en el inconsciente colectivo de Latinoamérica –a propósito de Cien años de soledad. En este sentido, la saga literaria de García Márquez aborda las aventuras y desventuras de toda una genealogía de coroneles y dictadores, tema que literalmente podía hacer la diferencia entre la vida y la muerte, en la que Gabo se sumergió durante muchos años de estudio, lo que sin embargo dio como resultado una singular épica que refería guerras civiles y atentados, así como la violencia ejercida por dictadores y revolucionarios. Al parecer, el nivel más alto que alcanzó el boom de la literatura latinoamericana comenzó a decaer al hacerse público el escándalo (proceso y juicio) que vivió el poeta Heberto Padilla en Cuba.




Literatura y realidad
No parece un exceso decir que la obra literaria –y los buenos oficios políticos y diplomáticos de García Márquez–, además de generar una enorme visibilidad de la durísima situación que vivían muchos pueblos de la región, participó de manera importante en la caída que tuvieron las dictaduras en la región a finales y hasta mediados de los ochenta. De manera significativa se vinieron abajo dictadores y avatares, de Maximino Hernández Martínez, Anastasio Somoza, Fulgencio Batista, Leonidas Trujillo, Efraín Ríos Mont, Hugo Banzer, Manuel Noriega, Rafael Videla y Augusto Pinochet, entre otros. Esta pléyade siniestra ha quedado atrás para dar paso a procesos electorales más o menos democráticos que han generado las condiciones para la alternancia, y para algo que una pinta resumió en una barda de Buenos Aires: “No queremos realidades, exigimos promesas.” Esta frase sintetiza la soledad que, como una ley amarga, vivieron durante décadas muchas naciones del continente.




La lengua de Cervantes y el realismo mágico
Como aquí se ha dicho, las historias de amor y de violencia que encarnaron en los cuentos y novelas del boom venían abriéndose paso desde los relatos que los cronistas de Indias se encargaron de registrar para beneficiar a la memoria universal de la humanidad (aunque también en buena medida colaboraron en la historia universal de la infamia). Con Cervantes compartían no sólo el tiempo histórico, sino el espíritu de la época; por ejemplo, el gusto, el estilo y la necesidad crítica de los libros de caballería, sino también el pensamiento fantástico que en el siglo XVI inauguraba la novela fundacional El Quijote. Así como Cervantes alentó a su novela con los múltiples afluentes culturales que luchaban y se fundían entre sí en el espacio mítico de La Mancha, de igual forma con García Márquez se tramaba una zona imaginaria, pero igual de contundente, llamada Macondo. Desde ahí partían y se multiplicaban historias y relatos del “realismo mágico”.

Dice Gabo que al escribir sólo trataba de hacer creíble nuestra vida, es decir, de volvernos tangibles para alcanzar a ser modernos. En este sentido, Cien años de soledad es la continuación imaginaria del Quijote. No es casual que la etimología de mirar sea, en su raíz latina: “ver con admiración.” Tampoco lo es que el smei-roindoeuropeo informe que es aquello que –al mirar– hace sonreír. Como dice Ana María Morales, apreciada maestra de literatura fantástica y de lo maravilloso: “A lo mágico le es factible transformar la realidad porque ésta responde a sus mismas leyes, sólo que con relaciones más profundas que evidentes.” Esto explicaría el feliz despliegue que la saga de Gabriel García Márquez ha tenido no sólo en la historia de la literatura, sino especialmente en la vida y el destino de la gente común y maravillosa de nuestros pueblos, gente que ha encontrado ahí el espejo de palabras, amoroso y diáfano, que necesitaba para expresarse y revelarse. Así nació el fin de la soledad en nuestro continente.

"CONDUCTA", CINTA CUBANA ¿PREMONITORIA?, Luis Beiro

«Conducta», una película cubana que avisa la Era del Cambio

Conducta 3LUIS BEIRO [mediaisla]«Conducta» es una cinta con muchos bemoles, demasiados. Sus valores extra cinematográficos no son inferiores a los artísticos. En ella se respira cine, un cine convencional desde el punto de vista de su puesta en escena
Los dos largometrajes de ficción de Ernesto Daranas (La Habana, 1961) hacen diana en el lado oscuro de la vida cubana de hoy. La primera de ellas, Los dioses rotos (2009), desafió códigos morales. Su pretexto fue traer al presente un clásico del teatro cubano, Réquiem por Yarini.Con ella como pretexto, Daranas demostró que el “chulo” cubano no ha muerto y que en los barrios habaneros perviven sentimientos humanos que superan, en tiempo y forma, la personalidad del que se aprovecha de los ritos religiosos para imponer su poder y sus códigos morales sobre los demás.
El “chulo” que presenta Daranas en su primer largometraje de ficción difiere sustancialmente al que se ha trascendido en la tradición cubana pre revolucionaria. Ese personaje que campea por las calles habaneras de hoy es todo un señor empresario moderno. Y actúa como tal, sin olvidar las prácticas de clientelismo, soborno, corrupción, tráfico de influencias y crímenes que entraña “el ejercicio de su cargo”, sin nada que envidiarle a cualquier político de turno. Actúa a la sombra de la ley, pero amparado por las élites del poder porque, a fin de cuentas, ese poder se sirve de personajes de su calaña para controlar cualquier tipo de efervescencia social.
Su segundo filme, Conducta, se acaba de estrenar en las salas habaneras. Y según me cuentan, el público abarrota los cines, aplaude determinadas escenas y, como si una vez fuera poco, visiona la cinta dos, tres y hasta cuatro veces, como para que no se le olvide ningún detalle. Según publica Yusimi Rodríguez en Diario de Cuba: “El Yara ha sumado una tanda más a las ya habituales, y en cada una, la sala se ha llenado más que en la anterior.”
En relación a esta película debo decir que estamos frente a una producción cinematográfica a secas. No importa lo rudimentario de su técnica, pues “solo pedantes y bribones se la sacarán en cara”. Los directores cubanos deben hacer sus obras “arañando la tierra”, sin un mercado que los apoye, sin una publicidad interna que invierta en su realización y con un personal técnico brillante, pero muy mal pagado. Sin embargo, lo hacen bien. Se diría que demasiado bien si tomamos en cuenta el contexto sociopolítico en que se desarrollan.
Conducta es una cinta con muchos bemoles, demasiados. Sus valores extra cinematográficos no son inferiores a los artísticos. En ella se respira cine, un cine convencional desde el punto de vista de su puesta en escena, pero inmenso en su discurso; un producto de calidad, muy bien dirigido, con un guion valiente, de factura perfecta, con un reparto de primer nivel y una fotografía que reitera la mayoría de edad del cine cubano. Es una obra donde “ciencia” y “técnica” se dan la mano en matrimonio armonioso. Tal vez esa sea una de las causas de su aceptación unánime.
Voy a apartarme del debate ideológico para comentar esta película cubana. Los problemas de las ideologías (o lo que ellas ponen en juego) no son de forma, ni de fondo. Pero sí son portadoras de un virus de identidad. Algo así como una especie de hipnosis que transforma al ser humano en “algo”. Y ese hombre, que solo mira el bien de los demás a partir de su propia perspectiva, pierde la noción de integralidad, es decir, juzga a quienes lo rodean sin tomar en cuenta sus puntos de vista individuales, sus principios de libertad, la facultad de disentir, de expresarse, de entender a sus semejantes y de respetar los derechos ajenos y humanos.
La película Conducta tiene un discurso ético donde se enfrentan lo políticamente correcto con lo académicamente correcto, a pesar de que los personajes en conflictos, puedan compartir o no la Conducta 2misma ideología.
La tragedia de los niños Chala y Yeni no es más que el telón de fondo de una Habana en ruinas; una Habana donde los niños mal visten, mal comen, mal hablan y mal piensan. Ese es el contexto que escoge Ernesto Daranas como centro de su historia. El filme puede leerse a partir del enfrentamiento de dos personajes, la maestra Carmela y la inspectora Raquel. La primera (representada por una depurada actriz llamada Alina Rodríguez, y la segunda, encarnada con acertada discreción por Silvia Ávila). Los parlamentos de ambas mujeres provocan flujos de conciencia que responden al desgarramiento interior; una joven funcionaria impotente por no poder aplastar a una veterana profesora con sus lecciones de burocracia e insensatez (Raquel) y la otra (“rosca izquierda”) por encontrar siempre las reflexiones humanísticas necesarias para rechazar las pretensiones oficialistas. Ese dueto actoral alcanza momentos de lucidez que obligan al espectador a vincularlos con sus perspectivas éticas.
Daranas provoca un juego de contrastes con sus personajes, sobre todo cuando ese aparente debate de deberes e inconductas crece en forma de arte. El ejemplo no puede ser más aleccionador: se enfrentan la rancia ortodoxia que promueve un personaje joven y la lucidez y la razón de una veterana. Es decir, ideas viejas en mentes jóvenes e ideas jóvenes en personalidades a punto de pasar a mejor vida.
Dentro del filme, se aplauden frases que habrían sido consideradas subversivas en tiempos de pasión verde olivo; otros las refieren como derivaciones propias de un ludismo mimético. Sea como fuera, lo importante es que el careo de ambas protagonistas, es un recurso de Daranas para hacer temblar a un espectador consciente de que, entre ellas, no habrá reconciliación. La rigidez de esos enfrentamientos tal vez pueda achacársele a Daranas como un exceso de coloraciones en la conformación de ambos personajes que, a fin de cuentas, quedan encasillados dentro de su propia certidumbre, recreando el pasivo enfrentamiento entre el bien y el mal que, a lo largo de la historia del cine, no solo ha dejado propuestas lamentables.
No estoy hablando de actuaciones, sino del propósito que persigue la película con esas actuaciones porque, a pesar de los aplausos delirantes, el filme pudo haberse enrumbado por trillos mucho más enyerbados, donde no solo se balbucean estados de ánimo o de opinión, sino donde la batalla sonara tan duro como las letras que salían de la vieja maquinilla de escribir de la maestra Carmela cuando redactaba, con elegancia y gallardía, su “testamento”, exigiendo no el retiro, sino la expulsión del magisterio que había ejercido de manera ejemplar por casi cincuenta años: “mucho menos tiempo que el que llevan en el poder los que gobiernan el país… ¿no parece demasiado?”.
La repercusión emotiva de esta obra no tiene discusión. Como tampoco su rol de válvula de escape para una sociedad que, dentro de la sala oscura, puede gritar y aplaudir a espaldas de personajillos que, como la inspectora Raquel, todavía son “gentes” en las calles habaneras.
Su ritmo es impresionante. Podría compararse con la intensidad de una búsqueda implacable en medio de la nada. Desde que se inicia el filme con imágenes de la profesora Carmela leyendo su propia “sentencia”, el director se dio a la tarea de otorgarle a su película un dinamismo irreversible. Para ello, escribió un guion lleno de simbolismos legibles, sonoros y cercanos a la cotidianidad antillana como el vuelo de palomas, el ladrido de perros, el correr de autos, trenes, carretas, bicicletas, triciclos, así como ese ronroneo citadino, la indócil inestabilidad y el fragor dentro de una escuela donde la maestra es algo más que una simple trasmisora de conocimientos.
Ese simbolismo no excluye ni subvierte. Puede llegar en forma de contrastes (peleas de perros/ vuelo de palomas) o con imágenes  violentas (peleas de perros/riñas infantiles/juegos/nados) siempre en función del desarrollo de la historia. Daranas enriquece sus contrastes dentro de las cuatro reglas que definen la conducta de un niño y que se encarga de poner en boca de Carmela: “casa-escuela-rigor-afecto”. La ausencia de estas categorías provoca el estallido social de personajes como el niño Chala, protagonizado por Armando Valdés quien, por su fuerza interpretativa, nos recuerda, salvando las distancias e intenciones al entonces infante español Juan José Ballesta en el memorable film de Achero Mañas El bola (2000).
Conducta 4.Daranas se esmeró en la conformación de su protagonista, llenando de claroscuros su presencia en la pantalla. Chala, sin un padre conocido y con su madre adicta, es el “que lleva los frijoles a la mesa de su casa”ejerciendo oficios como cuidador de perros de pelea, “coleccionista” de palomas y jugador de la lotería: Esas son las únicas oportunidades que le brinda la sociedad en que vive.
La personalidad histriónica de Valdez es tan fuerte que convence con sus maneras de sufrir, llorar, pelear, responder y codearse con gentes de todas las calañas. Lo mejor de todo es su buen corazón que no se cansa de buscar cariño y protección, en su caso, en la maestra Carmela. Además de ser maltratado e incomprendido, su sincera necesidad de afecto no es correspondida por quienes forman parte de su entorno. En otras palabras, el vive como adulto sin dejar de ser niño.
Sin llegar a las excelencias de Valdés, el personaje de la niña Yeni, interpretado por Amaly Junco es conmover por la tragedia que arrastra y que trata de disimular inútilmente, porque ya es un secreto a voces: ser Palestina. Esta es una simpática forma cubana de nombrar a quienes se atreven a violentar la ley que impide a los habitantes de una provincia que se trasladen a otra sin permiso estatal. Yeni y su padre son asediados por la policía, y tienen que acudir al soborno para poder quedarse a malvivir en un bajareque en ruinas… hasta un día en que el pobre hombre “tenía los bolsillos vacíos”.
Conducta 1“Conducta” se estrena a principios de 2014, cuando el cubano vive el día a día, sin importarle mucho la luz que llegará con el nuevo amanecer. Pocos años atrás, algunos esquemas han caracterizado tres propuestas cubanas con niños actores. Películas como Viva CubaHabanastation…sin Embargo han sido protagonizadas por el grupo de teatro “La Colmenita”, institución que le ha dado la vuelta al mundo como resultados de la generosidad gubernamental. No les restamos a esos infantes ni ápice talento, ni atacamos a los valiosos directivos de esta agrupación. La maquinaria estatal “presiona” y hay que estar dentro de la isla, haciendo cultura, para saber el precio que se tiene que pagar por ello. Y al igual que el final del filme Viva Cuba, esos niños ya no tienen para dónde escapar.
Se pudiera decir que Ernesto Daranas ha logrado una obra donde se puede ver el mundo de la sociedad cubana a partir de la experiencia de un niño y los conflictos que inevitablemente le vienen encima por lo que se mueve a su alrededor.
Porque su cinta no es una historia para “disfrutar” en una sala de cine tomando Coca cola, sino un pedazo de realidad arrancado del corazón de una ciudad, copiado por una cámara indiscreta.
El filme puede tener también otra lectura. Conducta, por mucho que se centre en las tribulaciones de cuatro personajes (Carmela, Raquel, Chala y Yeni), no es un relato explosivo en el sentido lineal de la palabra. La mirada del director sobre los graves problemas que afronta la educación escolar en Cuba se capta de una manera protagónica, resumida en el enfrentamiento entre utopía y razón. Por eso la cámara no se preocupa tanto por buscar exteriores, sino por sacar del alma humana la amargura y rabia acumulada.
El recurso del close-up para mostrar estados emocionales, así como la ausencia de clichés en el perfil socio cultural, no son una pieza más dentro de un juego de imágenes en movimiento. El discurso literario, filosófico y artístico que se mueve detrás de esta película (elaborada con un muy reducido presupuesto) ofrece una visión alternativa donde, cada escena, podría interpretarse como una ilustración de la anterior. Es decir, como un espiral que desata la rebeldía interior que persiste  en unos personajes convencidos de que dentro de la isla hay cosas que cambiar, desde hace mucho tiempo.
La profesora Carmela, a todas luces, la heroína, está trabajada con el propósito de trasgredir. Su cuestionamiento a la filosofía oficialista no parte de una militancia política adversa al régimen, sino de su sentir como ser humano. Ella no tiene límites a la hora de cruzar esas trasgresiones porque, en definitiva, sabe quién es y no está dispuesta a ceder sus puntos de vista aunque ello le pueda costar algo más que su empleo.
La decisión del director de otorgarle a su obra un final abierto, preparado para que la inteligencia del espectador se dirija no a la búsqueda de soluciones inmediatas, sino a la reflexión de los graves problemas que puede confrontar una sociedad que alguna vez en su historia decida seguir los rumbos de un régimen totalitario, es un rotundo golpe de éxito.
Conducta es cine por los cuatro costados. Cine pobre, pero nunca pobre cine. Más claro, ni el agua. No busque en ella el censor los fantasmas que no existen.
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LUIS BEIRO (Santiago de Las Vegas, Cuba, 1950), ha publicado, entre otros, Luyanó (2010), Cuentos cubanos(2011).
Ficha técnica.País: Cuba. Año: 2014. Dirección y guion: Ernesto Daranas. Duración: 100 minutos. Reparto: Alina Rodríguez, Armando Valdés, Yuliet Cruz, Amaly Junco, Miriel Cejas, Tomás Cao, Héctor Noas, Aramis Delgado y Silvia Ávila. Sinopsis: Un niño de once años (con un supuesto padre preso, vive con su madre adicta), entrena perros de pelea para buscar un sustento económico. Carmela es su maestra de sexto grado y el niño siente por ella un gran respeto; pero cuando ella  se ve obligada a abandonar el aula por un tiempo, las cosas camban y el niño es trasladado a una Escuela de Conducta. A su regreso, Carmela se opone a esta medida pero este compromiso pondrá en riesgo a ambos personajes.