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viernes, 30 de marzo de 2012

PLENITUD



Quiero morir con plenitud del día,
la cara al sol y la fidelidad tardía;
siempre atento al paso del cielo
y la cara puesta y no mirando al suelo.

Fidelidad tardía, siempre tardía,
pues la fe nace con el sol
y oscurece por la tarde/noche...

miércoles, 28 de marzo de 2012

PENTÁLOGO



uno

Si tú quisieras emitir un juicio
si propusieras a tus elementos conjugarse
si permitieras que se interpretaran
si tú quisieras fallar sobre lo dado
si pudieras temer a tu silencio

dos

Deja ya
para mañana
para un otro día
aquella desgastada manera
de simplificarlo todo

tres

Opera
haz uso de tu mimetismo
confúndeme
créame complejo-de-culpa
dame por fin
el arma que
te-mate-me-mate-nos-mate

cuatro

Estoy segura de la vida
me dijiste firmemente un día
y al siguiente
no acudiste a la cita

cinco

Me gustas cuando callas
porque estás más presente

domingo, 25 de marzo de 2012

ESTAMOS

Estamos como siempre
plantados en el patio,
el camino es muy largo
y tal vez ya no avancemos.
Estamos muy conformes
con esta vida inherte,
pero algo nos impele
a buscar horizontes.
Estamos muy vistosos,
coloridos acaso; tal vez
metidos, perpetrados,
al acecho del ruido
como queriendo acallar
nuestras conciencias tardías...
Estamos, y no estamos,
casi, casi, paramos
en un hoyo quemamos
nuestras prisas por tiempo...
y ya no destrozamos
acaso nos morimos
y nunca nos velamos
tal vez ni lo sentimos...
Estamos dando gracias a la vida,
pero nunca perdemos el crítico
instinto, mordaz, siempre bufón
de lo que acaso ya es ida...

Estamos, por siempre agradecidos,
pero acaso el futuro se esconde
y enmohece por tantos tiempos idos...

miércoles, 21 de marzo de 2012

¡¡¡FELIZ DÍA DE LA POESÍA!!!

¡Día de la Poesía!



ESTAMOS COMO SIEMPRE,

A LA ESPERA DEL TREN;

UN TREN QUE NUNCA LLEGA

PORQUE SIEMPRE PASÓ...



ESTAMOS COMO ANTAÑO,

PERO AL FIN YA NO ESTAMOS;

SIN DARNOS CUENTA EL TIEMPO

PASA Y SE NOS ESCABULLE

MIENTRAS LAS COSAS PASAN

Y LA VIDA NOS HUYE;

NO OBSTANTE QUÉ BELLEZA

ES ESPERAR EL TREN

AUNQUE YA NUNCA PASE...



CREER QUE LLEGARÁ ES AL FIN

LO IMPORTANTE:

QUIERO TENER UN DÍA DE SOLAZ

CON MI VIDA, PARA TENER A UN PASO

A MI AMIGA DE SIEMPRE: ¡LA POESÍA!

martes, 20 de marzo de 2012

! PALABRAS INTERESANTES, HERMOSAS, RARAS Y DIVERTIDAS: SICALIPSIS

! PALABRAS INTERESANTES, HERMOSAS, RARAS Y DIVERTIDAS: SICALIPSIS: Sugerida por... Raison D'etre Malicia sexual, picardía erótica. Del griego sykon (higo) y aleipsis (frotar, untar) No nos engañemos; sica...

! PALABRAS INTERESANTES, HERMOSAS, RARAS Y DIVERTIDAS: SOLECISMO

! PALABRAS INTERESANTES, HERMOSAS, RARAS Y DIVERTIDAS: SOLECISMO: Sugerida por... Raison d'etre Falta de sintaxis; error cometido contra las normas de algún idioma. Del latín soloecismus : falta, pecado… ...

lunes, 19 de marzo de 2012

EL BLOG DE BEATRIZ: POESIA Y VOCES DESDE EL MAR: Si Y No

EL BLOG DE BEATRIZ: POESIA Y VOCES DESDE EL MAR: Si Y No: Si y No Te amo y no te amo, así es Sí tú estás,   mi dicha explota Sino no estás, el éxtasis me enamora Me miras… ven y vuélveme a mira...

domingo, 18 de marzo de 2012

http://vimeo.com/25563376

PoemasdeFranciscoPeiró: Me siento tierra

PoemasdeFranciscoPeiró: Me siento tierra: Yo ya me siento tierra,
más bien arena,
más bien ola,
más bien palabra,
más bien caricia,
más bien pasión.

Y sin embargo,
ni tan ...

martes, 13 de marzo de 2012

POEMAS DE SHEILA (Raquel Rueda Bohórquez).: ¡¡LLEGÓ MI AMOR!!

POEMAS DE SHEILA (Raquel Rueda Bohórquez).: ¡¡LLEGÓ MI AMOR!!: ¡¡LLEGÓ MI AMOR!! Publicado pors en enero 31, 2012 en 5:47pm Ver blog  . Como siempre… descansada sobre mi ventana… El ayer se esfumaba… L...

TRES POEMAS TRES de Ciprián Cabrera Jasso

TRES Poemas de Ciprián Cabrera Jasso (México)


LAS PALABRAS

Emanan las palabras de los labios y matan o salvan.
Las palabras presagian un desastre o una esperanza.
Las palabras se gritan en las plazas y enardecen.
Las palabras se silencian en las camas
Y los dedos que esculcan, descubren nuevos horizontes.

Las palabras, siempre las palabras,
Demasiado griterío,
Demasiadas voces en las radios y en las terminales,
En los televisores y en las calles, en los mercados,
En las masacres donde el silencio se levanta y se revela.

Las palabras, las primigenias de padre y madre,
Las palabras inocentes, los signos de una vida sin pasado ni futuro,
Sin rencores, sin odios, sin juicios y sin malo o bueno.

Las palabras que eran niñas crecen
Y dañan, aniquilan, destrozan, guardan rencores, ejecutan venganzas,
Designan fuego y fusilan, designan Dios y se levantan
Y creen tener la palabra verdadera y se separan.

Palabras que designan política y también dividen,
Elevan al ego más allá de los cielos que no terminan.

Designan manzana y la paladeo, la degusto.
Designan silencio y se detienen en la punta de la lengua
Y descansan en el corazón.
Designan canto y el aire se transparenta.
Designan amor y el alma resucita y se expande,
Designan vida y un relámpago fenece.


HA CAÍDO LA TARDE

La tarde ha caído en el jardín
Y mi mirada recorre en mi interior
Cada uno de los viejos rostros,
De los antiguos amores, muertos amores.

Soy una tumba donde el amor ha resucitado varias veces
Y sucumbe de nuevo. Y retorna, retorna
Cada vez más fuerte, más rojo.

Existe un espacio en mí sin espacio
Donde la luz se eterniza y renace el gozo,
La quietud del gozo, el rostro intangible de Dios
Que no tiene rostro ni cuerpo sólo viento.

En este letargo, en esta languidez donde estoy tirado,
Sólo tirado sin desear moverme y ocioso,
El amor esfuma toda desesperanza, todo desasosiego,
Toda neblina que oscurezca mi camino.

La tarde continúa expandiéndose en el jardín
Y las margaritas. Había olvidado las margaritas blancas
Que parecen mariposas aleteando en la brisa.

En mi ventana la noche.

En mi ventana el reflejo de la luna.

En mi ventana las luciérnagas.

Ah, silencio, silencio…


LA TRÉMULA VELA QUE ALUMBRÓ TU ADIÓS

Sobre la calle, asfaltada y húmeda,
Se esfuman tus pasos abuela.
Y hoy pienso que sólo queda de ti el abandono
De tu jardín de flores y de granadas,
El pasillo desnudo
Sin la foto de tu padre italiano y de tus hijos y sobrinos
De pie junto al genovés
Que enloqueció con los espíritus que invocaba.

Levanto la trémula vela que alumbró tu adiós
Y que fue señal de tu último silencio.

En murmullo te digo, porque sé que me escuchas,
“Ya nada queda como entonces, abuela,
Tu cabellera blanca
Se desmorona en la tierra oscura,
Tus nietos hemos crecido y procreado
Y en tu casa, que ya no es tu casa,
Aún se escuchan tus pasos sigilosos,
Tus dedos de pianista sobre invisibles teclados
Y tu lengua impregnada de olvidos,
De nombres que nos dabas sin ser los nuestros”.

Yo sé que tu embolia murió junto conmigo y ya sanaste,
Que mantienes largas pláticas con los ángeles.

Les preguntarás hijos de quiénes son, dónde viven,
Si tienen apellidos ilustres o comunes,
Si son del cielo o de la tierra,
Si sus padres también vuelan,
Si sus manos transparentes son herencia de sus abuelos
O de otro miembro de la familia.

En el sitio donde ahora te encuentras
Estarás con tus hijos y con mi abuelo
Y los llamas por sus nombres
/Porque recuperaste la memoria,
Porque ya no hay olvidos,
Porque no hay embolias
Ni enfermedades
Y uno no se muere de muerte alguna.

lunes, 12 de marzo de 2012

ESTACIONES

ESTACIONES
Desde la luz del alba de los tiempos
mi soledad se oculta en el silencio.
Tanta promesa advierto en el paisaje
que a la carne y la piel hace testigos.
Nada puede ofrendarse desde el caos
sino la filiación del mar,
la traición del desierto,
la selva como abrigo,
la desnudez del viento
y las montañas todas para orar.
No se ora en el litigio del hermano,
ni se apetece el caos con la mirada.
Sólo valen los cantos cuando se ama;
la eternidad de verme en esos ojos,
la suavidad del tacto en esos muslos,
el cuerpo en paz sin guerra en otros cuerpos.
Este volátil disco en que viajamos
desconoce la pobreza de huesos
que cargamos, cargamos y un día
hemos de abandonar en sitio yermo.
Esta nave intranquila que creemos
haber creado y nos crió
padece sin saber lo que somos,
y hacemos, en este caminar
de luna llena en noches incansables
en que las pieles arden
y se ofrendan
mientras dejamos
que el paisaje se caiga de nostalgia
y la lluvia
busque comprenderle en sus cuitas
y amarle y estrecharle.




I
Esa tristeza amarga por lo que no he vivido,
me pone en la nostalgia de otros besos,
en tanto nos besamos.
Tomé por la ventana al horizonte
y puse en el buzón otros recuerdos
para olvidar mi ausencia de mañana.
La noche es otra cosa con tus cartas.
Sale el sol más temprano
y una flor desde el suelo
se levanta y me besa.
II
Un libro se abre al centro y, al margen
de sus líneas, me miras y me inventas;
dos párrafos delante, melancólico,
me asomo a aquél cajón de la nostalgia
y logro desdoblarte y tenerte
mientras sueño.
Despierto y ya no estás.
Tal vez nunca estuviste;
y el libro que miramos,
cada quien en su “allá”
casualmente era el mismo.
III
Como me faltan manos cuando veo que te fuiste,
como me faltan ojos para ya no mirarte,
como me sobra el tiempo que perdí sin buscarte
y que pocos son mis índices para poder negarte.
IV
La pena en otro tiempo empañaba el delirio,
pero la entrega diaria se empeña en el ocaso
por ya no hacer escándalo, ni gritar;
se desviste, convierte todo en calma
un horizonte alado con su ruta y sus besos.
La entrega cotidiana parece un mueble triste
que un paño de sabores quita el polvo,
acurruca, acomoda, apapacha y desnuda.
Todo se ve tan fácil desde el rincón simplón
del amor que me has dado,
que mañana en la calle levanto la banqueta,
pongo a todos al sol
¡y que canten los mustios!
Nada que aquí se mire tendrá que ser en vano;
las tardes son iguales desde que tú naciste,
pero no son las mismas, y hasta cambia el país
si tú amaneces triste.
V
Después de ser tan fácil qué complejo es quererte,
me dijiste, mujer, ya muy de noche, un día;
me hiciste oler la luna y escuchar esas nubes
que son siempre más densas, muy oscuras y frías;
reflejos obtuvimos sólo en veces, a ratos,
en cambio fueron amplios momentos de agonía
los de la oscura ausencia;
supe entonces dispar acaecer cotidiano:
los lagos son momentos;
eternidad, en cambio, la soledad oceánica.
VI
Hay que amar como el mar, con ruido y sobresalto.
No tiene caso hacerlo pensando en el desierto
pues si se ama con olas, naufragios y honda calma
tendrá sentido luego arremeter las playas,
volcarse en arrecifes,
hundirse entre corales,
viajar lleno de peces, agonizar islotes
y vomitar lombrices.
Encallar: otra forma de exasperar al tedio.
El amor que se atreve, hace olas, trasciende,
porque su liquidez es siempre flor y canto.




VII
Corsarios atracaron en el viento,
la soledad en bóvedas de espasmo
retornaba al averno, el fuego derrotado
calmaba sus visiones danzarias
mientras todo anunciaba el final
con trompetas apocalípticas.
El corazón del hombre, sordo,
tranquilo, mudo,
ciego, decepcionado,
quebrantados sus huesos,
volvió al embrujo solo.
Detrás de las montañas,
caverna adentro,
una planta sin flor
ni fruto,
fuera de la tierra
seca,
sin aliento,
yace.


(DEL LIBRO APETENCIAS, 1999).

LLANTO POR LA MUERTE DE UN PERRO *

Llanto por la Muerte de un Perro

Abigael Bohórquez (1936-1995) *

Hoy me llegó la carta de mi madre
y me dice, entre otras cosas: —besos y palabras—
que alguien mató a mi perro.

“Ladrándole a la muerte,
como antes a la luna y al silencio,
el perro abandonó la casa de su cuerpo,
—me cuenta—,
y se fue tras de su alma
con su paso extraviado y generoso
el miércoles pasado.
No supimos la causa de su sangre,
llegó chorreando angustia,
tambaleándose,
arrastrándose casi con su aullido,
como si desde su paisaje desgarrado
hubiera
querido despedirse de nosotros;
tristemente tendido quedó
—blanco y quebrado—,
a los pies de la que antes fue tu cama de fierro.
Lo hemos llorado mucho…”

Y, ¿por qué no?
yo también lo he llorado;
la muerte de mi perro sin palabras
me duele más que la del perro que habla,
y engaña, y ríe, y asesina.
Mi perro siendo perro no mordía.
Mi perro no envidiaba ni mordía.
No engañaba ni mordía.
Como los que no siendo perros descuartizan,
destazan,
muerden
en las magistraturas,
en las fábricas,
en los ingenios,
en las fundiciones,
al obrero,
al empleado,
el mecanógrafo,
a la costurera,
hombre, mujer,
adolescente o vieja.

Mi perro era corriente,
humilde ciudadano del ladrido-carrera,
mi perro no tenía argolla en el pescuezo,
ni listón ni sonaja,
pero era bullanguero, enamorado y fiero.
A los siete años tuve escarlatina,
y por aquello del llanto y el capricho
de estar pidiendo dinero a cada rato,
me trajeron al perro de muy lejos
en una caja de zapatos. Era
minúsculo y sencillo como el trigo;
luego fue creciendo admirado y displicente
al par que mis tobillos y mi sexo;
supo de mi primera lágrima:
la novia que partía,
la novia de las trenzas de racimo y de la voz de lirio;
supo de mi primer poema balbuceante
cuando murió la abuela;
al perro fue en su tiempo de ladridos
mi amigo más amigo.

“Ladrándole a la muerte,
como antes a la luna y al silencio,
el perro abandonó la casa de su cuerpo
—dice mi madre—
y se fue tras de su alma —los perros tienen alma:
una mojadita como un trino—
con su paso extraviado y generoso
el miércoles pasado…”
Ay, en esta triste tristeza en que me hundo,
la muerte de mi perro sin palabras
me duele más que la del perro
que habla,
y extorsiona,
y discrimina,
y burla;
mi perro era corriente,
pero dejaba un corazón por huella;
no tenía argolla ni sonaja,
pero sus ojos eran dos panderos;
no tenía listón en el pescuezo,
pero tenía un girasol por cola
y era la paz de sus orejas largas
dos lenguas
de diamantes.

UN 12 DE MARZO, EN 1936...NACIÓ Abigael Bohórquez

Abigael Bohórquez (Caborca, 1936 - Hermosillo, 1995) fue un poeta y dramaturgo mexicano. En su obra poética sobresalen los motivos homoeróticos, la autocompasión del yo lírico, y las reflexiones metapoéticas. Gran parte de su poesía es lúdica, lo que complejiza su estructura y la hace más atractiva. Es poco conocido fuera de su estado natal, Sonora, a pesar de que vivió y trabajó varios años en la capital de país. Vivió alejado de los grandes círculos literarios de su época, y más bien se insertó en la llamada “corriente subterránea”. Fue amigo de Efraín Huerta, Carlos Pellicer y José Revueltas, siendo también uno de los primeros escritores que habló abiertamente su homosexualidad. Sus versos, que para muchos en su tiempo eran subversivos, son clave para comprender el devenir de la poesía en la literatura contemporánea mexicana.
Bohorquez fue también un apasionado del teatro experimental. Vivió durante mucho tiempo en el sur del país y publicó más de 18 libros de poesía y teatro. Perteneció a la llamada "corriente subterránea". Los especialistas consideran que su obra es clave para comprender la "renovación poética" de la literatura contemporánea en México. Carlos Pellicer afirmaba que Abigael Bohórquez era el primer vate importante que da el norte. "México tiene en este joven a un poeta extraordinario".
Pese a ello, Abigael fue relegado de la gran mayoría de las antologías importantes de la poesía nacional, y su obra se publicó en ediciones casi marginales, de escaso tiraje. Su vida transcurrió principalmente entre Sonora y la delegación Milpa Alta, al sur del Distrito Federal.

domingo, 11 de marzo de 2012

TRES POEMAS DE B A A M

A CÉSAR VALLEJO

ENFERMEDAD VITAL

Como horribles batracios a la atmósfera,
suben visajes lúgubres al labio.
Por el Sahara azul de la Sustancia
camina un verso gris, un dromedario.
CÉSAR VALLEJO


Tú naciste, César, cuando Dios enfermaba.
Un descuido muy grande promovió tu nacencia.
Estabas atrapado en la imposibilidad de ser,
cuando, de pronto, de improviso,
te diste a la tarea de entender la existencia
y tu misión fue infinita presencia,
basta paciencia de poetas, anclados,
atorados por siempre en el ser permanente.

¡La tumba es todavía
un sexo de mujer que atrae al hombre!
CESAR VALLEJO
Tu sexo te entregó culpas ajenas,
y placer inmenso; tu sexo, César, fue
nido de bromas entre tus amigos
y mucha ventura entre tus amadas.
La culpa te siguió, como ave sin nido,
de árbol en árbol, y en el árbol hiciste
madero para tu amada en turno,
dulce madero; pese a la amarga existencia,
dulce madero, que hizo crecer la paciencia…
Todos saben que vivo,
que mastico… y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de ferétro…
César Vallejo

Qué manera de amar a la muerte en la vida;
qué manera de ser un féretro futuro
con cada poema y con cada mirada;
qué manera de ser amargo acíbar
en la amarga vida; y todo por amor,
por amor a la muerte, a la siempre difunta
promesa de futuro…










PESADILLA AUTOCRÍTICA




Fue una escena espantosa, más que un sueño: una pesadilla.
Me encontré, muy de pronto: ¡rodeado de mí mismo!
Enclaustrado en mi persona, que era un implacable juez,
de toga y birrete; rodeado de infinidad de “yos”,
todos, de toga y birrete…

Jueces todos de mi persona; ¡jueces de mí mismo!
Molestos porque, yo era yo, molestos
por mi persona: ¡¡¡enjuiciadores!!!

Críticos más acervos, no había tenido yo;
mis “yos” jueces, mis “yos” de mi mismo,
entablando mis personas, enclaustrando mi ser
en una jaula de culpas y de faltas,
de fallas y de ausencias,
de crímenes inmensos contra mi persona
y contra mi seres más queridos…
Fui saliendo de esa nebulosa de pesadilla,
en medio de un sudor intenso.
Pero la sensación fue ingrata,
sensación incómoda,
muy incómoda.

¿Por qué ocurrió? No lo sé,
a ciencia cierta. Pero, creo
adivinar que detrás de esos
sinsabores, están mis pobres
alcances. Mis metas no logradas;
mis ansias insatisfechas…

Eso creo. Pero me prometo:
¡portáreme mejor!



















INCERTIDUMBRE

Adiós a las armas,
adiós a las almas;
confidente adiós a las muchachas y muchachos:
¿por qué? Porque me voy caminando
pa’ mi rancho, compañeras, compañeros…

Les digo adiós, porque nunca dije ¡hola!
Les digo hasta luego, porque acaso no hay un mañana;
todo es incierto, todo,
todo camina a tropezones y surge por la nada
y por la nada vamos navegando como cantinflas:
nada de nada por nada y…más nada…










viernes, 9 de marzo de 2012

UNOS POEMAS DE BENJAMÍN A. ARAUJO MONDRAGÓN

Para ver su blog Las letras de BAAM, aplicar en el siguiente link: http://benjaminaraujomondragon.blogspot.com/



A CÉSAR VALLEJO
ENFERMEDAD VITAL

Como horribles batracios a la atmósfera,
suben visajes lúgubres al labio.
Por el Sahara azul de la Sustancia
camina un verso gris, un dromedario.

CÉSAR VALLEJO

Tú naciste, César, cuando Dios enfermaba.

Un descuido muy grande promovió tu nacencia.

Estabas atrapado en la imposibilidad de ser,

cuando, de pronto, de improviso,

te diste a la tarea de entender la existencia

y tu misión fue infinita presencia,

basta paciencia de poetas, anclados,

atorados por siempre en el ser permanente.

¡La tumba es todavía
un sexo de mujer que atrae al hombre!

CESAR VALLEJO

Tu sexo te entregó culpas ajenas,

y placer inmenso; tu sexo, César, fue

nido de bromas entre tus amigos

y mucha ventura entre tus amadas.

La culpa te siguió, como ave sin nido,

de árbol en árbol, y en el árbol hiciste

madero para tu amada en turno,

dulce madero; pese a la amarga existencia,

dulce madero, que hizo crecer la paciencia…

Todos saben que vivo,
que mastico… y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de ferétro…

César Vallejo

Qué manera de amar a la muerte en la vida;

qué manera de ser un féretro futuro

con cada poema y con cada mirada;

qué manera de ser amargo acíbar

en la amarga vida; y todo por amor,

por amor a la muerte, a la siempre difunta

promesa de futuro…




PESADILLA AUTOCRÍTICA





Fue una escena espantosa, más que un sueño: una pesadilla.
Me encontré, muy de pronto: ¡rodeado de mí mismo!
Enclaustrado en mi persona, que era un implacable juez,
de toga y birrete; rodeado de infinidad de “yos”,
todos, de toga y birrete…

Jueces todos de mi persona; ¡jueces de mí mismo!
Molestos porque, yo era yo, molestos
por mi persona: ¡¡¡enjuiciadores!!!

Críticos más acervos, no había tenido yo;
mis “yos” jueces, mis “yos” de mi mismo,
entablando mis personas, enclaustrando mi ser
en una jaula de culpas y de faltas,
de fallas y de ausencias,
de crímenes inmensos contra mi persona
y contra mi seres más queridos…

Fui saliendo de esa nebulosa de pesadilla,
en medio de un sudor intenso.
Pero la sensación fue ingrata,
sensación incómoda,
muy incómoda.

¿Por qué ocurrió? No lo sé,
a ciencia cierta. Pero, creo
adivinar que detrás de esos
sinsabores, están mis pobres
alcances. Mis metas no logradas;
mis ansias insatisfechas…

Eso creo. Pero me prometo:
¡portareme mejor!




INCERTIDUMBRE


Adiós a las armas,
adiós a las almas;
confidente adiós a las muchachas y muchachos:
¿por qué? Porque me voy caminando
pa’ mi rancho, compañeras, compañeros…

Les digo adiós, porque nunca dije ¡hola!
Les digo hasta luego, porque acaso no hay un mañana;
todo es incierto, todo,
todo camina a tropezones y surge por la nada
y por la nada vamos navegando como cantinflas:
nada de nada por nada y…más nada…




LA METÁFORA
Tuércele el pescuezo al mal fario;
písale los callos a la mala suerte.
Pícale el ombligo a la distancia.
Escúpele a la cara al destino
y apaga las condiciones y las concesiones
porque eres libre como un mirlo,
vuelas como un colibrí
y corres como un conejo
en pos de su hembra
para encontrar metáforas nuevas.



A JOSÉ SARAMAGO


José Saramago (1922-2010) In Memoriam

Maestro de maestros,
predicador de textos
y verdades;
has emprendido el viaje
confortable,
más largo y
más extenso
de tus andares.

Te haz enfrentado
con El Hacedor,
al que negaste
tres veces siete
ó siete veces tres:

Te recibió
con bombos y platillos.

Una pléyade de lectores
alados
te acompaña.

Señor de las cegueras
más lúcidas;
predicador del Evangelio
según Tú mismo,
acompañador de las vicisitudes
humanas
del siglo XX/XXI.

Eres eterno;
eso dice tu obra.
Acompáñanos siempre
con tu bondad
desparramada ya
en tus libros.




¡¡¡LADRAN SANCHO!!!


Mientras vivo y contemplo,
muy despacio,
las vicisitudes del trueno y su prosodia;
mientras vivo y habito interjecciones,
como comas, y bebo interrogaciones…

Mientras vivo y contemplo,
muy despacio,
las hazañas de ayer de otros hidalgos;
mientras vivo y habito en otras vidas
logro mirar muy bien
otros ejemplos
y éticas qué seguir…

Mientras vivo y contemplo,
muy despacio,
las injusticias llanas de la vida;
y logro evaluar las costillas
de mis contemporáneos;
logro también vivir en otras vidas
y logro hojear y ojear
libros y libros…

Mientras vivo y contemplo,
muy despacio,
los atropellos que sufren pobres niños:
los golpes de adultos y de ancianos
por gente que vivo de esos males…

Mientras vivo y contemplo,
muy despacio,
me apresuro al galope, Sancho Panza;
vamos contra Molinos de Viento
y contra molinos de injusticias:
no importando que ladren, mi buen Sancho;
¡cabalguemos!




ESTACIONES
Desde la luz del alba de los tiempos
mi soledad se oculta en el silencio.
Tanta promesa advierto en el paisaje
que a la carne y la piel hace testigos.

Nada puede ofrendarse desde el caos
sino la filiación del mar,
la traición del desierto,
la selva como abrigo,
la desnudez del viento
y las montañas todas para orar.

No se ora en el litigio del hermano,
ni se apetece el caos con la mirada.
Sólo valen los cantos cuando se ama;
la eternidad de verme en esos ojos,
la suavidad del tacto en esos muslos,
el cuerpo en paz sin guerra en otros cuerpos.

Este volátil disco en que viajamos
desconoce la pobreza de huesos
que cargamos, cargamos y un día
hemos de abandonar en sitio yermo.

Esta nave intranquila que creemos
haber creado y nos crió
padece sin saber lo que somos,
y hacemos, en este caminar
de luna llena en noches incansables
en que las pieles arden
y se ofrendan
mientras dejamos
que el paisaje se caiga de nostalgia
y la lluvia
busque comprenderle en sus cuitas
y amarle y estrecharle.

I
Esa tristeza amarga por lo que no he vivido,
me pone en la nostalgia de otros besos,
en tanto nos besamos.

Tomé por la ventana al horizonte
y puse en el buzón otros recuerdos
para olvidar mi ausencia de mañana.

La noche es otra cosa con tus cartas.
Sale el sol más temprano
y una flor desde el suelo
se levanta y me besa.

II
Un libro se abre al centro y, al margen
de sus líneas, me miras y me inventas;
dos párrafos delante, melancólico,
me asomo a aquél cajón de la nostalgia
y logro desdoblarte y tenerte
mientras sueño.

Despierto y ya no estás.
Tal vez nunca estuviste;
y el libro que miramos,
cada quien en su “allá”
casualmente era el mismo.

III
Como me faltan manos cuando veo que te fuiste,
como me faltan ojos para ya no mirarte,
como me sobra el tiempo que perdí sin buscarte
y que pocos son mis índices para poder negarte.
IV
La pena en otro tiempo empañaba el delirio,
pero la entrega diaria se empeña en el ocaso
por ya no hacer escándalo, ni gritar;
se desviste, convierte todo en calma
un horizonte alado con su ruta y sus besos.

La entrega cotidiana parece un mueble triste
que un paño de sabores quita el polvo,
acurruca, acomoda, apapacha y desnuda.

Todo se ve tan fácil desde el rincón simplón
del amor que me has dado,
que mañana en la calle levanto la banqueta,
pongo a todos al sol
¡y que canten los mustios!

Nada que aquí se mire tendrá que ser en vano;
las tardes son iguales desde que tú naciste,
pero no son las mismas, y hasta cambia el país
si tú amaneces triste.

V
Después de ser tan fácil qué complejo es quererte,
me dijiste, mujer, ya muy de noche, un día;
me hiciste oler la luna y escuchar esas nubes
que son siempre más densas, muy oscuras y frías;
reflejos obtuvimos sólo en veces, a ratos,
en cambio fueron amplios momentos de agonía
los de la oscura ausencia;
supe entonces dispar acaecer cotidiano:
los lagos son momentos;
eternidad, en cambio, la soledad oceánica.
VI
Hay que amar como el mar, con ruido y sobresalto.
No tiene caso hacerlo pensando en el desierto
pues si se ama con olas, naufragios y honda calma
tendrá sentido luego arremeter las playas,
volcarse en arrecifes,
hundirse entre corales,
viajar lleno de peces, agonizar islotes
y vomitar lombrices.

Encallar: otra forma de exasperar al tedio.

El amor que se atreve, hace olas, trasciende,
porque su liquidez es siempre flor y canto.

VII
Corsarios atracaron en el viento,
la soledad en bóvedas de espasmo
retornaba al averno, el fuego derrotado
calmaba sus visiones danzarias
mientras todo anunciaba el final
con trompetas apocalípticas.

El corazón del hombre, sordo,
tranquilo, mudo,
ciego, decepcionado,
quebrantados sus huesos,
volvió al embrujo solo.

Detrás de las montañas,
caverna adentro,
una planta sin flor
ni fruto,
fuera de la tierra
seca,
sin aliento,
yace.

(DEL LIBRO APETENCIAS, 1999).




MORTAJA
Hemos de venir a menos,
cuando la montaña
deje que le alcancemos.

Mañana,
resulta un homenaje,
al apetito y la maña.

Sumemos.
Todo lo que hacemos aquí,
puede contar,
al momento en que
nos lleve el viento.

La mortaja prometida
es volver al viento.

El fuego habita
estancias de la
eternidad.

Pero la tierra es
pasajera:
volveremos al cielo,
que es de agua.

Compañeros peces,
hermanos acuáticos
de la eternidad.

(DEL LIBRO VAIVÉN, 1998)




RUECA
Sales como si nada sucediera
cuando amanece

Te escondes tras los destellos
del sol
y en la bruma interna
de tu persona

Arrastras la cobija
y el cuerpo del delito
tu cuerpo

A tanto haberlo habitado
te dices
se ha vuelto sombra raída
luz destroncada
húmeda soledad
viscosa compañía
adjetivo de tercera mano

Transcurre el día
te escurres entre sus horas
y minutos
y segundos
quieres volcarlo todo
para qué
te preguntas
y no tienes respuesta
y te sorprende la noche
más vago
aún más desprendido de todo
que cuando amanece

En la noche te topas contigo
de frente
cara a cara
y te tocas y no te reconoces
adivinas acaso
quién ese que te habla
siempre en prima persona

Callas
y no te atreves a salir
cierras puertas ventanas
de las habitaciones
que te conforman

Eres casa vacía
llena de ruidos
y te inventas fantasmas
que moren tus estancias

Te confundes
no sabes bien a bien por qué
pero te sienta
ser ruido o fantasma
ya no tú
casa deshabitada

Todo es irremediable
te anuncias
te repites
das vuelta a la rueca
y la única palabra
fatalidad
acomoda a la vuelta y vuelta
irremediable
te reiteras

La nada está contigo
en noche calurosa
piel a piel
en ese sofocante momento
compartiendo sudores
y delirios

Tu hermana
añorada
inevitable
desde un rincón sonríe

Sabes bien que amanece
y esa rueda
trituradora
de sueños
continúa su vuelta

Otra vez:
sales como si nada sucediera
cuando amanece
te escondes tras los destellos
del sol
y en la bruma intensa
de tu persona

*Del libro Surco de palabras, 1984. Centro Toluqueño de Escritores,
colección becarios




HOY, AL CUMPLIR 35 AÑOS DE CASADOS
A Emiret Millán Figueroa, mi esposa y madre de mis tres hijos…

Miro yo el tiempo en tus ojos azules:
veo claridad en nuestros horizontes;
es el futuro claro
que aparece con mucha luz
en tu mirada.

Creo en lo que veo.
Creo en lo que toco.
Te veo y te toco día a día;
todo parece como
un nuevo amanecer
en lontananza:
¡¡¡te amo!!!




A VALLEJO
…mi defunción se va, parte mi cuna,
y, rodeada de gente, sola, suelta…
César Vallejo

A CÉSAR VALLEJO

Voy a vivir,
como quitado el día,
ardiendo en sol, pero extrañando luna.

He de morir,
que no te quepa duda,
para cumplir con la regla más obscena
que nos ha sido confiado desde los genes.

Quiero vivir como ermitaño ahora,
separado del mundo pleno y llano,
las injusticias me ahogan y más la falsedad,
las falsas miradas, los arrumacos infames.

Pero que voy a morir de eso no haya duda,
soy mortal y eso no es inmoral,
lo juro hermano,
pues ser inmortal sería obsceno…y aburrido…




ESTAMOS ASOLEADOS DE RECUERDOS



Para conseguir vibrar: competir con el futuro:
tortuga los malos recuerdos; victoria de la necesidad
sobre el tormento:
atardeceres con lluvia; placidez en las montañas:
solares de la infancia con un nido de águilas
en los atardeceres cotidianos.

Todo tiene el sabor de la nata
con el dulce olor del pan de los amaneceres.
Los verdaderos goces están detrás de la puerta
y solemos cerrar por fuera
como si desmereciera, para nosotros,
el postre de soñar despierto
desde la mañana y hasta el mediodía.

Ya con la tarde, una vez descubierto que somos marineros,
zarpamos sin sentido para aprender del viento en la cara;
creemos eterna la navegación y… anochece:
todavía guarda suaves fragancias la luna
para un loco enamorado del insomnio.

Estamos asoleados de recuerdos
cuando llega la noche.
No podemos dormir pues bailan los fantasmas
y se mezclan, a brincos,
con jarrones, y floreros del presente,
con barcos y sílfides del futuro,
con tristes empachos de lo que nunca,
jamás,
ni por asomo,
habrá de tropezarnos y envolvernos.
Estamos asoleados de recuerdos,
se nos levantan a golpes de olvido
las miradas de ayer:
una niña abismal hace suyo el paisaje,
saltan tras ella sus promesas de mañana,
ella no lo sabe,
muerde una manzana;
ya es mañana,
no existe la inocencia,
la ignorancia se fue con el sol;
la noche es plena en un paisaje nuevo,
la oscuridad nos pertenece a todos;
pero esa noche, por lo menos,
esa noche,
una mujer enseñó al mundo
que el paisaje puede ser eterno.

Vamos a ser eternos cualquier rato,
lástima que el viento haya acabado
desde hace un momento
en que me volví
recuerdo de mí mismo;
línea a línea,
verso a verso,
silencio a silencio,
recuerdo es silencio.

(DEL LIBRO VAIVÉN, 1998
Colección Cuadernos de Malinalco.
IMC, Toluca, México).




MISTERIO
Nunca sucede nada en nuestra casa.
Todo se encuentra en orden, sosegado,
la piel ya es media piel de aburrimiento,
desplomadas las almas ya no vuelan
y resulta inasible la existencia.

Nunca pasa más nada en esta vida,
sólo la vida pasa; nunca a tiempo
vemos vibrar cometas en los ojos;
ni oímos el cristal fino del sentimiento;
jamás hacemos caso del secreteo
del viento, potente, lleno de augurios,
ni gozamos su roce en medias caras
llenas de medios besos aplazados.

Jamás nos pasa nada entre las manos
cerradas al misterio que se escapa
junto a la vida misma que nos pasa
como si nada pasa en esta casa.

Primera estancia

Todo cabe en un cuenco de la mano extendida:
hasta el amor que asoma por un suspiro ajeno.

No caben, pero sirven, los mortales aullidos,
el rechinar de dientes, la crispazón de nervios;
el dolor de ausentarse de los brazos queridos
apenas se parece al desierto paisaje o a los
árboles yertos o a los ríos desecados o a los
sombríos batracios entre dos mundos fríos.

Caben, en cambio sí, los besos más sinceros,
los terrores insomnes por aprehender aquello
cuya naturaleza llama a jamás tener jaula;
cabe el misterio mismo vuelto son, metáfora
que grita las voces de la selva, gemidos
erotizados que braman en los montes.

En aquella primera de las albas humanas,
apalabrados ya, supimos que callamos.

Segunda estancia

Zarpazos con la voz, codazos con los ojos,
la ternura no anida cuando faltan palabras.

El tedio llueve a cántaros mientras enmudecen
los filosos cardúmenes de palabras:
No hay con quién hablar, ni a quién
decirle nada sobre el fuego y la lluvia.
El tedio gana todo mientras dos flores,
en silencio, son germinadas por un colibrí.

Tercera estancia

Museo de ruinas son mi estirpe y mi pecho;
legión de sufrimientos, enjambre de desdicha,
la esperanza. Todo el dolor habita el horizonte.

Una corteza cerebral en llamas, Prometeo:
saber cuesta más, mucho más de lo supuesto.
Conocer es desdicha y amargura. La conciencia
danza con un tridente y pincha hasta dañar
la gracia, la sonrisa, la fuerza y el futuro.

Mirar atrás supone no pronunciar los nombres
de los ancestros tenues, fantasmas vacilantes,
que soñaron andar caminos con espinas
y abrojos para sembrar paraísos de herencia.
La verdad sabe a sangre. Tiene cara sin rostro.

Cuarta estancia

Los sueños son regalo de los dioses
que nos sueñan a veces sin cuidado.

Ya no quiero soñar sueños ajenos
porque a tanto soñar los siento propios;
y no quiero que luego me reclamen
que esos sueños soñados no son míos,
cuando a tanto soñarlos ya me viven.

Vivo en los sueños propios aunque
algunos de ellos primero no eran míos.
Habito de puntitas, silencioso,
otros sueños, sueños de otros,
a hurtadillas.

Un dios sueña a otro dios y todos ellos
fueron soñados juntos, por el Dios primero.




EMERGENCIAS
Ser poeta no es una ambición mía,
es mi manera de estar solo.

FERNANDO PESSOA

UNO

Cierren la puerta, corran los pestillos,
que no se transparenten los recuerdos;
apenas llegó arrastrándose la melancolía
traía cascabeles en las patas inválidas
y roncos atardeceres en el pecho.

Cierren la puerta, corran las cortinas,
que no asome el lucero de la dicha pasada;
alguien olvidó un sobre sin destinatario
por la rendija de mi pecho
y ahora gotean mis manos saludos cancelados.

No olviden cerrar las puertas,
póngale seguro a los suspiros:
no tiene caso recomenzar cenas nunca iniciadas,
ni querer beber de las copas infértiles:
aunque llegue la cama con la luna.

Es mejor no asomarse a los espejos,
rematar las puertas de sol,
vender amaneceres al mejor postor
y recomenzar este camino de cencerro sin reses,
de trovador sin canto,
de plañir sin sollozos
que es la vida.

DOS

Tomo un poco de cristalina, límpida voz,
del viento tardeado de los árboles
para, educado, dar gracias al destino;
cuevas son mirador,
lápidas tribuna sempiterna,
árboles sombra sol
viento pausa certidumbre
duda ensoñación
oscurece:
para antes de dormir:
mirar al Oriente:
maldecirlo todo
antes de entrar a lo impredecible
para siempre.

TRES

Un océano interior se vuelve buche de agua;
el oleaje es sonrojo por la inercia perdida;
un alma que nos sueña se embriaga y nos olvida;
pasa el tren de la noche…
¿acaso descarrila?
Escucha bien,
pelele ser:
trágate, apasionado olvídate;
un poco de humildad
te volverá al regazo
del paraíso inencontrado.

CUATRO

Acostúmbrate a mirar la noche
porque el olvido es eterno;
serena tu alma en la soledad
porque Dios puede estar en ningún lado
y entonces, gota a gota,
la mentira y el orgullo de la humanidad
van a chorrear
a crear un ídolo feroz
como una estalactita
que hará volcanes en el corazón
e interiores cascadas
hasta anegar la esperanza
y petrificar
todo posible recuerdo.

Acostúmbrate a mirar la noche,
a carecer de horizonte
y a confundir vèrtigos
con amores.
Petrifìcalo todo,
desde cada rincòn de la tarde
para asir la noche
desde el hondo placer
del fango inodoro
de la tristeza.

CINCO

Hace frío en lo que dices.
Ya no hay eco en tu pecho.
La nada está asomándose por nuestras azoteas.
Nos ronronea la muerte.
Candados, seguros, botones,
anillos, valen como ceniza
para este humo interior
que es desierto y clamor,
holganza de la compañía,
temblor por la prisa
e infantil sorpresa,
verde letanía
por estar cansado
de tanto nacer,
noche y día,
como si crecer
fuera lejanía.

SEIS

La dicha no habla, es muda.
La edad del sol resulta individual;
indivisible es una afirmación,
multiplicables son las negativas:
cuando quieres aprehender al pez
y describirlo:
en tus manos está la red vacía.

Si cantas por cantar, no tiene caso.
Si te obligas a orar por los amaneceres,
te enseñarás a vibrar al mediodía.
Las tardes apenas inician la lección,
cuando improviso: anochece.
Mejor duerme y calla:
la dicha es muda y canta.
La muerte coro y florece.

OCHO

Son silentes los sueños y las pesadillas;
carecen de olor y sabor los buenos recuerdos
y gritas para que te escuchen:
pero aquí no hay nada,
sino desierto.

El cuento ya empezó.
La historia se termina.
La esperanza está flaca,
enferma, en agonía;
y antes de que te cubras de gloria
exprésate,
no olvides:
el silencio al final
es la mejor lección
de honor,
color
y hasta sabiduría.

(DEL LIBRO VAIVÉN, 1998)
(Cuadernos de Malinalco, No. 35; IMC).

LIGAS



Estoy ligado a ti,
como fenómeno simbiótico,
ligado a ti...y pleno:
con el gozo de estar en tus ojos
y en tu pensamiento...

Tengo aún el calor de tus besos,
y el roce de tu piel en mis manos;
quiero saber de ti todo, todo:
saciarme de tu biografía
hasta sentir que soy ya parte de ella.

Estoy ligado a ti:
tengo el cordón umbilical de los sentimientos
atado irremediablemente a ti
y muy bien me sabe...

No me quejo, peor aún me felicito
por estar ligado a ti por siempre
en un hoy eterno. Eterno. Eterno....
eterno, sin que cuente el tiempo;
ni la división entre día y noche...

jueves, 8 de marzo de 2012

República Amorosa: Piden a la Virgen de Guadalupe que no les mande a ...

República Amorosa: Piden a la Virgen de Guadalupe que no les mande a ...: Para muestra del fracaso del gobierno panista en México solo hace falta un botón: esta manta que pide cualquier castigo, excepto otro gobie...

MUJER *

*En el Día Internacional de la Mujer.

Eres madre, amiga, hermana, amante y compañera;
una flor siempre dispuesta a llenar de fragancia femenina el ambiente. Siempre capaz de ser y estar, contra viento y marea. Pero el mundo no es justo: discrimina. El machismo, que no es otra cosa que la incapacidad de ser y estar; el complejo de inferioridad y la incapacidad de comprender la grandeza de la mujer, te discrimina, sin darse cuenta que el macho que discrimina se quita la máscara y muestra de cuerpo entero su rostro y su piel, inferiores, chabacanos, soeces, corrientes...tres, cuatro, ocho...

La piel de una mujer está siempre dispuesta a dar felicidad: amor, placer, dicha y esfuerzos para que el hombre sea y haga...

Por eso, concluyo: debemos convertir todos los días del año en un eterno 8 de marzo.
Vivan las mujeres: hoy, mañana y siempre...

lunes, 5 de marzo de 2012

TRAS EL CRISTAL...



Tras el cristal….

Siempre tras el cristal. A uno y otro lados. Todo ojos. Mirándolo todo, con la condena de ser sólo testigo de los acontecimientos. Vivir para ver. Esperar si acaso la ruptura de la densa tela de la rutina. Estar en pos de la sorpresa y el sobresalto, buscar cubrirse -así sea por unos instantes- de curiosidad.

El ojo alucinado por la vida, fidelidad letal a la observación, eterna envidia por el cuerpo yerto. Ojos sin cuerpo, la mirada se goza en sí misma y alucina por ser la visión propia en lontananza.

El cristal no sucumbe ante el impacto; ser visto no es su misión, pero no importa, crece su curiosidad: sueña que mira. No evita, no obstante, las miradas ajenas. Ser visto también es otro modo de confirmar la tarea que consiste en capturar imágenes y reflejarlas con el sueño. Ganarle tiempo al tiempo: hartarse de imágenes, contar en el proyecto las imágenes pasadas. Todavía más: inventar las posibilidades futuras. El ojo crispa su visión, salta desde el altar del recuerdo y sucumbe al presente: una lágrima, tinta en sangre, hace chirriar los goznes del futuro. La pestaña se aleja, brinca y vuela; carece de sentido -piensa-: el espejo, aquél ojo y este destiempo fatal.

Tras otros cristal inexistente un ojo irreal guiña. Es la nada, es la mortalidad absoluta; es la muerte con disfraces infinitos, son los múltiples tonos del negro y el gris. Es la oquedad del frío. Es la tapia altísima de la soledad. Son tus ojos no vueltos a ser mirados. Es tu voz no recordada. Es una mujer en un lóbrego callejón creyendo que carga al niño ya perdido. Es la fatalidad vestida de infortunio. Es el infortunio descarnado. Es el azar con sonrisa de enemigo. Es una roca helada que colocan ante mi tumba. Es la falta de datos en mis funerales. Es el oprobio con piel, huesos y sangre. Es el desdén por la obscenidad de la noche.

Risas tras del brumoso andar de la luna. Narciso y la luna son humillados por el río y descubiertos en su fragil relación pasajera. Narciso es humilde por trece segundos y reconoce que amanece. La luna se escapa dejando algunos velos tras la bruma. Sabe llegar a ninguna parte. Altamar es la utopía. Pero correr es su destino, su pasado se lo recuerda. De pronto, improviso, un cristal que se soñaba espejo cae al río, en una rama de un árbol seco queda, pendiendo de un trozo de párpado, un ojo que dormita. Narciso es mortal: nadie llora: todos los árboles del entorno desaparecen convertidos en un torrencial aguacero.

Los árboles se arriman a la filosofía para no perecer. Una tía se baña en el río. Canturrea mientras recoge sus ropajes de las ramas de un añoso ejemplar. Crece el susurro del viento. La tía cesa en su canto. Dos mariposas sonrojadas acuden hacia el sol por no querer sacar su infancia a relucir. Trasluce sin embargo, en el río, luego del baño de aquella tía: Heráclito de Efeso qué hubiera deseado, con el amor que guarda de cuando niño, poderse bañar en aquellas aguas, las mismas: pero no es posible, todo mundo lo sabe.

Confundidos, el sueño y la vigilia se estremecen. No es posible meditar si hay temas prefigurados. El alcance máximo de nuestras eternidades es la nada. Un punto fijo en el espacio se pinta solo de blanco y llama que le sigamos. Mal haríamos en no dar crédito a la única invitaciòn que nos hará humanos. La posibilidad de la humanidad se renueva como flor exótica cada trescientos Apocalipsis…


sábado, 3 de marzo de 2012

NARRATIVA DE BAAM



PRESENCIA


Aquella viejecita, encorvada, casi ciega y desdentada que vivía junto a la casa de mis padres, cuando era niño, siempre me pareció un dechado de jovialidad, pese a su aspecto.

Me agradaba. Simple y llanamente, me caía bien. Era una tipa amable, muy platicadora, que siempre buscaba el modo de contarnos -sobre todo a los niños del vecindario- alguna anécdota vivaz, alegre, con alguna carga de moraleja con que la salpicaba.

Hasta después de que dejé la casa. Cuando estuve estudiando y trabajando en la capital, y más tarde en Guatemala, inopinadamente me llegaba su imagen y me hacía preguntarme cómo era posible que mantuviera ese talante cuando que todos sabíamos que vivía sola.

Sola y su alma, con un gato de angora y un par de canarios -¿serían siempre los mismos?-, como únicas compañías.

Me lo pregunté de modo recurrente en la medida en que me fui haciendo adulto y, precisamente por la soledad, el carácter se me fue agriando día con día.

El tiempo pasó. Volví al pueblo. Mis padres ahora eran lo más parecido a aquella anciana, por lo menos por los años que cargaban a cuestas. Luego de una larga plática con ellos que duró varias horas, y de externarnos mutuamente el gusto por el reencuentro, salió a colación el caso de doña Rosita, que así se llamaba.

Fue el modo en que me descubrí por qué, hasta su muerte, ya nonagenaria, consiguió permanecer con esa alegría que le iluminaba la mirada.

La anciana había muerto de improviso, víctima de un problema cardíaco. Los vecinos, que en general le guardaban un grande afecto y una consideración entrañable, bien ganados por su manera de ser, se encargaron de los funerales. No parecía tener parientes, ni jamás habló con nadie de ellos. Pero una vez cumplida la solidaria tarea vecinal, los más cercanos a doña Rosita se reunieron, entre uno y otro rezos del rosario, para repartirse los escasos bienes de la anciana. Una comisión de mujeres se dio a la tarea de hacer una rápida limpieza del lugar para separar en dos simples rubros los enseres: los que habrían de repartirse y los que irían a la basura o a una pila que sería respetuosamente quemada para que los recuerdos no quedaran dispersos y volaran a anidar a sitio alguno que no les correspondería en todo caso.

El hallazgo lo hizo mi madre. Horrorizada me contó cómo en un enorme y bello ropero de cedro, junto a cartas de amor y el no menos amoroso diario de doña Rosita estaba, perfectamente momificado, de pie, el que fuera marido de esta señora. Los vecinos, luego de hablar con la policía, ya no quisieron guardar ningún recuerdo de la difunta.
















































SILENCIO


Cuánto tiempo había tardado para poder acallar aquél ruido que taladraba su cerebro. Era imposible precisarlo. Los parámetros con los cuales nos hemos acostumbrado a medir todo se pierden en situaciones irregulares. Y aquella lo era, sin duda alguna.

Por eso cuando regresó a aquél agujero de donde nunca debió haber salido, pudo tomar algunas notas, garrapatear ciertos detalles, pero omitió, porque no había de otra, toda referencia a tiempo, clima y ciertas dimensiones espaciales.

Pocos podían haber sobrevivido a aquella experiencia. Era como haber sido enterrado en vida. Como quedar confinado en un apando existencial que no parecía tener el menor futuro; pero además, por el ruido infernal que parecía desplazar cualquier idea del cerebro, tampoco hubo, durante ese indefinido pero extenso lapso, posibilidad de acuñar algunos pensamientos, ciertas reflexiones; de aquella experiencia sólo quedaban sensaciones, profundos recuerdos de angustia y de dolor. Casi ninguna otra idea.

De aquellas notas habría de surgir todo un cuadernillo de deshilvanadas reproducciones de aquel tiempo. Cuando recogieron su cadáver, algún rescatista se echó en el bolsillo trasero del pantalón el cuadernillo. Nadie más reparó en él. En los diarios se habló, durante tres o cuatro días, de lo que mencionaba la policía: pudieron haber sido ocho meses o un año, acaso más, lo que duró aquella situación para el hombre desconocido que resultó víctima de no sabía quienes, ni por qué.

Si se les hubiera ocurrido preguntar a los rescatistas hubieran localizado al hombre que se llevó la libreta, y en ella hubieran encontrado, sin duda, la clave del misterio. Pero no lo hicieron. Ni el hombre que se hizo del manuscrito tuvo la sensibilidad para desentrañar aquellos mensajes. No le interesaron. No le importó que el autor de esos trazos pretendía comunicarse desde aquél más allá con el resto del mundo; ni mucho menos que algunas de las informaciones tuvieran como referente a familiares, amigos o vecinos. Si eso no les interesó, ya ni qué decir de los momentos, así fueran breves, en que desde aquél agujero pretendió tocar la inmortalidad con dos o tres frases bien pulidas.

El rescatista, luego de hojear la libretitita y desprender de ella un bostezo, se encaminó al calentador de leña y la arrojó al fuego. Mientras desaparecían aquellos indicios, se tumbó en la hamaca a leer su diario deportivo.

Casi al mismo tiempo, las autoridades correspondientes llevaban al cabo el depósito del cuerpo, en la fosa común, de quien no pudo ser identificado.

















































AUSENCIA



Toda la tarde leyendo, le había provocado a Andrés el crónico dolor de cabeza que si bien no era tan frecuente, pues aparecía por ahí cada uno o dos meses, dependiendo de la fruición con que se dedicara a leer y a escribir, resultaba no sólo molesto, sino exasperante.

Misántropo empedernido, Andrés se refugiaba en su soledad con la compañía de un diario personal que le obsesionaba desde hacía cuatro años. Buen lector, por lo menos constante y vicioso de los clásicos griegos, fatigaba sus angustias entre la una y la otra actividades. Horas y en veces días completos encerrado en su estudio, únicamente bajando a recoger los diarios para darles una mala ojeada -y una extensa deshojada- y para ingerir frugales dietas, le iban alejando de sus hábitos sociales.

Amigos, siempre tuvo pocos. Pero ahora prácticamente habían desaparecido de su panorama personal. Esas costumbres de Andrés promovían entre sus vecinos, ex-compañeros de oficina y poco frecuentadas amistades de antaño, el cuchicheo en torno a su persona. No faltaba en ese sentido quien se preocupara por el énfasis de este cuarentón, siempre libre de ataduras políticas o religiosas, puesto en haberse ausentado por un acto de voluntad del mundo cotidiano.

Ahora bajaba del estudio por esa chirriante escalinata de madera que tanto le gustaba desde niño y que le provocaba ramajes de recuerdos. Desde que decidió vivir con Laura, rescató la vieja casona familiar en donde dos generaciones de sus antecesores habían vivido. Ahí sus progenitores vivieron siempre, desde sus abuelos paternos; fue ese, en tiempos en que no se estilaban los sanatorios de maternidad, el lugar de nacimiento de él mismo y de dos de sus hermanos, y el de desarrollo para los cinco hijos que procrearan sus padres.

Pero todos, por causas diversas conectadas con la necesidad de huir de la asfixiante provincia, desde su párvula adultez habían emprendido el vuelo y, aún más, perdido todo contacto con los viejos y con aquella casona.

Luego vendrían el fracaso matrimonial de una de sus hermanas, los problemas legales con un banco del que fue gerente el hermano que seguía de Andrés y el accidente que provocó la muerte de sus padres, lo que reunió a su familia inmediatamente otra vez en la tierra natal, con excepción de él, prácticamente perdido en Italia, especialmente en Florencia, en donde se dedicó con cierto éxito, que le había permitido encarnar en Europa, a realizar trabajos de traducción, aprovechando el boom de la novelística latinoamericana. Allá conoció a Laura, chilena y traductora como él. En Florencia se enamoraron y se hicieron amantes. Pero fue hasta que regresó a la tierra nativa que tomaron la decisión de comprometerse a vivir juntos. Ella no conocía México, y él era prácticamente un fantasma, un desconocido con ciertas raíces sanguíneas, pese a lo cual decidieron correr el riesgo y vivir la aventura del retorno de Andrés, juntos.

Fueron largos dieciséis años sin el menor contacto con los suyos; ni parientes, ni amigos. Por un lado se encontró con la sorpresa de la muerte de sus padres, la vieja casona abandonada y cerrada desde el fallecimiento de ellos, a sus hermanos ya nuevamente prendados a su ciudad natal pero sin interés por remover los recuerdos, ni siquiera por pelear lo que hubiera sido magra fortuna, pero herencia al fin, de haberse decidido a vender la finca, con más de dos mil metros cuadrados de extensión, de los cuales por lo menos setecientos eran de construcción laberíntica, modestamente neoclásica, con extensos cuartos e infinidad de escaleras; el desinterés de los hermanos por la casa, cuatro años antes, había facilitado que él tomara la decisión, entre por la gana de reconquistar un espacio infantil que le agradaba e impelido por la necesidad, de vivir con Laura en la casona. Ninguna dificultad para realizar ese proyecto. Es más, sus hermanas fueron las primeras que le indujeron a hacerlo y ellas mismas, gustosas por ver al hermano pródigo, tomaron algo de sus ahorros para reacondicionarle el vetusto edificio.

Fueron años agradables los dos primeros que pasó ahí con ella. Consiguió para ambos, por vía de los contactos de otro de sus hermanos metido en la política local, sendos trabajos de corrección de estilo y pruebas en la editorial del ayuntamiento. No era mucho lo que pagaban. Pero como la misma Laura decía: con esta tranquilidad, un poco de queso y pan y de cuando en vez un buen vino, las cosas se acercan al paraíso terrenal, habiendo amor.
Y lo había. Andrés y Laura habían conseguido con la intensidad del trato y muchas cosas en común, a adivinar la manera para mantener al otro a gusto. Esto lo observaban los cuatro hermanos de Andrés y, aunque no dejaban de reconocer que luego de tantos años de ausencia les había llegado del cielo un hermano que muy poco reconocían, se solazaban en el hecho, procurando no interferir en las evidentes manías poco sociables que -decían ellos- había adquirido su hermano en Europa.

Pero al paso del tiempo, y con estrecho círculo de amistades conseguido en el lugar de trabajo, la pareja fue alejándose de la familia y más tarde incluso de ese pequeño círculo que quedó interrumpido justo en ocasión de una intempestiva decisión de los dos: dejar la tarea de correctores de estilo y pruebas en una inexplicable, tajante e irrevocable renuncia puesta en manos del jefe mutuo en un documento conjunto.

No hubo más. De ahí, casi enseguida, cuando llegaron a encontrarse ocasionalmente con Andrés, los antiguos compañeros de labores notaron el trato huraño, hosco, las desganadas explicaciones que eran inconclusas evasivas sin respuesta y sobre todo la reiterada actitud de nunca abrir la puerta cuando iban a tocar para visitarles, intentando reanudar lo que llegaron a hacer en ese breve período entre su llegada al trabajo y la renuncia. A Laura nunca más nadie la vió. Aunque él asegurara que se encontraba en casa, realizando trabajos personales.

Muchas cosas se dijeron. Pero todo eran rumores, chistes de factura negra, especulaciones.

Ese día, luego de leer intensamente y bajar del estudio para cenar un poco, pensando en que acaso eso le podría quitar el dolor de cabeza, Andrés cavilaba sobre su relación con Laura, y pensaba en ella, nostálgico. La verdad es que la ausencia de ella le pesaba, le dolía.
Después de cenar poco de pan de centeno con dos delgadas capas de jamón y un poco de queso, Andrés confirmó su idea, inaplazable: el diario le exigía contarlo todo: anotaría en detalle lo sucedido y con el cuaderno de notas iría a entregarse a la policía.

Meses después, ya en la celda, más solo que nunca y desdeñado por todos, Andrés se arrepentía con amargura por haber dejado ir a Laura. Su amor cambió fácilmente a odio. A fin de cuentas, pensaba, ella no va a cargar con el asesinato de mis padres, ni va a tener los remordimientos que me acechan, pese a ser tan culpable como yo...























VECINAS

Eran bellas, bellísimas. Llegaron más o menos poco después de que había empezado la primavera. Las dos con un porte y una sensualidad impresionantes. Una, de enormes pestañas y cabellera rubia; la otra, con una boca de una sexualidad apabullante y de una espesa, negra, abundante pelambre. Las miré, me miraron. Estoy seguro que no les caí mal, porque incluso tuve la impresión de que, coquetas, ambas me sonrieron, mirándome de soslayo; y aunque no me hubieran sonreído, me vieron, de eso estoy cierto y con eso me basta.

Cuando llegaron, no lo podía creer. Ese par de hembras tan bien dotadas, de pronto, de la noche a la mañana, convertidas en mis vecinas, a un lado de mi casa, que desde ese momento se convirtió para mí en una verdadera prisión por saberlas a mi lado y yo en la imposibilidad de hacer otra cosa que mirarlas, obsesiva y eróticamente: mirarlas.

Desde el día en que llegaron creo no haber hecho otra cosa que mirarlas. Si acaso interrumpía ese ritual admirativo sólo para medio comer y dormir un poco, dejaba a medias esas labores a las que la fisiología me obligaba y volvía a asomarme por una especie de ventana que me permitía indefectiblemente verlas, no perder ni uno solo de sus movimientos.

Es imposible mentir y dejar de confesar que a unos pocos días de la llegada de este par de virtudes corporales, yo era un enfermo enamorado que no podía hacer a un lado los sueños y las ideas eróticas. Deseaba poseerlas, no lo niego, ansiaba hacerlo; no pensaba en otra cosa que no fuera estar encima de ellas, copulando; primero sobre una, luego sobre la otra; así: de ser factible hasta la eternidad.

Me creía con tal ardiente deseo que hubiera apostado mis pobres posesiones a que tendría la fortaleza de estar en tratos carnales con las dos, al mismo tiempo, por siempre: incansablemente.

Creo que hasta perdí peso. Me puse triste y ojeroso. Y hubo ocasiones de desventura y desesperanza en que llegué a planear el suicidio. Pero la idea, ya un poco más reposado, me pareció ridícula: ¿qué se iba a decir, en un momento dado, en las páginas de los diarios, de un burro que se quita la vida en un zoológico, al parecer por el imposible amor que sentía por las yeguas de una jaula contigua?...

jueves, 1 de marzo de 2012

DE RENÉ PARA JUANA MARÍA ZÚÑIGA, SU HERMANA

Las ideas penden en el aire y ahora las empiezo asimilar
...
Modest Mussorsky



René Zúñiga


A mediados de los años sesenta, quienes tuvimos la fortuna de conocer y deleitarnos con el movimiento musical de esa época, no salíamos del asombro con la aportación musical de The Beatles, algunos niños, casi adolescentes, tarareábamos algunos covers de éxitos sajones muy ajenos a nuestra realidad social, sin embargo, esto poco o nada importaba; había que estar en la onda, consumiendo lo poco que llegaba desde afuera o lo que se editaba en el país.




No habíamos tenido un poco de sosiego existencial cuando se incursionó en el hades, cruzando en una balsa un extraño y oscuro río y escuchar los acordes de la música que se estaba creando en Europa y en los mismísimos Estados Unidos. Un subgénero del rock para algunos sesudos intelectuales o musicólogos de la época, para otros la locura total, sonidos infernales acompañados de letras impropias, aderezadas de viajes al infinito, acaso acompañando al Dante y en otros instantes, penetrando atrás del espejo para conocer otros mundos; platicar con el conejo blanco y ver perspectivas distintas de una realidad, en donde era necesario abrir el globo ocular con una navaja, al mejor estilo de Buñuel y taladrar los oídos para entender que hay otros mundos, pero están en este; acotaba Eluard con vehemencia.

Los sintetizadores de la primera generación y su antecesor, el melotrón hacía las delicias de los iniciados yogis, de los enajenados locos que quieren transformar el mundo, vociferaban nuestros padres angustiados, rogándole al santo padre que se diera el milagro de la multiplicación de los zombis, amén de darle gracias a Díaz Ordaz para que evitara a toda costa que nos volviéramos comunistas.
La música era, de alguna manera, la caja de Pandora que guardaba en sus adentros todos los males del mundo, pero también guardaba la esperanza, con sacerdotes oficiosos que ejecutaban esta nueva música clásica, como la promueve José Agustín y con una irreverencia, propia del que piensa por su cuenta, se editaron discos memorables.
Ya pudiera mencionar obra de Yes, Jetrhro Tull, Génesis y de los todavía contemporáneos King Crimson, pasando por Pink Floyd y por Procul Harum; pero no, quisiera hacer una remembranza de un ser nostálgico y terco ( me refiero al autor de este texto ), en buscar formas de relación entre autores clásicos y un grupo muy representativo del rock progresivo que me marcó y me permitió hacer una búsqueda entre los clásicos de todos los tiempos, sin embargo, lo que finalmente me permitió hacerlo, siempre lo tuve frente a mi y no lo discernía, hasta que puse más que atención en Picture at An The Exhibition de Emerson, Lake & Palmer, sobre la famosa – para los cultos de aquellos ensangrentados tiempos -, Cuadros para Una Exposición de Modest Mussorsky, pieza para piano que tuvo aportaciones importantes, ya que músicos de la talla de Ravel y del mismísimo Rimsky Korsakoff, realizaron sendas orquestaciones que vinieron a enriquecer la obra en cuestión.

El rock progresivo me pareció una oleada de frescura a la que ya tenía como característica fundamental el rock, pero con una innovación que poseía solamente el jazz: pondera la aportación individual del músico, me refiero a la improvisación, siendo, desde mi muy particular punto de vista, un acercamiento erótico al jazz. Pero además, decir progresivo, es que alude al carácter innovador y lúdico que lo caracterizó.



Justamente estas reflexiones fueron las motivaciones para escarbar en los textos sobre la música rusa. Ahí encontré importantes eventos que me permitirían ver la sociedad en otra perspectiva: conocer las valoraciones sobre la realidad social rusa del siglo XIX y esta expresada en música, fue revelador. César Cui y su estupendo texto sobre la Música en Rusia publicado en la colección Austral en 1947 y su trabajo junto con Alexander Borodin, Mili Balakiereff; Modest Mussorsky y Nicolai Rimsky Korsakoff , conocidos como el Grupo de los Cinco, sin dejar de mencionar a Glinka, de nombre Michail Ivanovich, que le dieron un rostro a la nación rusa con su creatividad y su revolucionaria concepción estética de la música nacionalista.

Mussorgsky y su extensa obra no tienen paralelo, oír, navegar, perderse en sus Cuadros para Una Exposición, es en realidad algo maravilloso y sería edificante mencionar que esta obra la escribió a propósito de la exposición de dibujos y grabados del Arquitecto Víctor Hartmann, fallecido en 1873. Mussorsky coloreó el trabajo de Hartmann, dotando su obra pianística de sonidos misteriosos, pareciera en algunas partes que el ambiente vivido por Modest durante su creación, se reprodujese para vivir esas vidas, esos tiempos. Obra evocadora que merece ser conocida y disfrutada en cualquier ejecución, pero sobre todo, para ser iniciado en lo gnóstico, será necesario conocer la grabación en vivo de ese clásico ya de Emerson, Lake & Palmer: Picture at An Exhibition.






*****




Tríptico Típico


a juanamaría

I

Parece un sueño, tu ausencia significativa

lacerante,

tu silencio .

La tarde fría

las noches más

las mañanas

gélidas

como las confusiones.

Espero

como se espera la muerte

en silencio.

Mientras tanto

afuera

en la calle:

El bullicio, la gente de compras y la estridencia

Shakira y Paulina Rubio

amenizando la ansiedad, la locura colectiva

Yo

Aprovecho el tiempo



deshojo

la cebolla de cristal

que cumple funciones específicas

ya de oráculo

ya de trompo

ya de transmisor

interestelar.

Percibo otros tiempos

enfrentando la memoria

que se niega a la seducción

a veces aromas, súbitamente sabores

que generan risas

suspiros

finalmente

la razón arbitraria:

debo dormir, se hace tarde para soñar.

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