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jueves, 26 de noviembre de 2015

SUSANA CHÁVEZ, VÍCTIMA EN CIUDAD JUÁREZ

25 de noviembre de 2015

SUSANA CHÁVEZ, POETA SILENCIADA


Familiares y amigos de mujeres asesinadas en
Ciudad Juárez ( México), en una manifestación




ALGUIEN HABLO DE TI

De la jaula escapó un pájaro
en un poema derramado por
una poeta estremecida de tu nombre.

La farsante tarde
en medio del viento
se hace pasar por tus ojos
vacilando muerta en el aire
que alguno uso para hablar de ti.

Alguien habló de ti
y María Dolores Pradera alargó la noche,
el mar devolvió a Alfonsina a través de la brisa,
sobre la palabra llovizna fantasma fuiste,
haciendo que la ausencia
no atravesará más la garganta.

Alguien habló de ti
incendiándose la carne
al definir escuetamente
su mano deslizada por tu hombro,
quedándose sin palabras
en medio de una conversación prohibida.

Siesta en el jardín de los alebrijes sépticos.



I

Esta tarde te pretendo en rencor,
olfateo el tedio revuelto con el agua
que desciende de tus ojos,
emerjo de tu pantano
apoyando las manos.

Salgo palpando a ciegas
un nuevo cuerpo
un nuevo barro.



II

Al lavarse los blanquecidos senos
recuerda su espejismo
se descifra real,
la ropa vieja se torna enredadera
ha masticado planicies lunares,
la lengua melosa de un gato de madera.
Bocados llenos de pulcritud
y dudoso deslumbre.
No responde,
ni burla su propia condena.
Acaso tal vez camaleón viste
de nuevo sus pechos
más insectos
insectos
insectos.


III

Arrojo los orines de mi deuda con dios
para envenenar a los que puedan ser sus cómplices,
Paso por la ausencia de seres susurrantes,
por no aplastarme por completo.
Los llevo de desdicha,
de gestos, inesperados
orines que humedecen el pecho
y se beben de mi mano,
que salen de mi boca suspendida
en la fijeza de su fuerza
los arrojo vencedora,
en un mutuo lenguaje con mi conciencia.



IV

Pudriendo bajo el sol su codicia
ellos abastecen su mesa de insectos,
sitio de poder contra poder,
silencio contra-silencio-contra-palabra
Se extiende en busca de prudencias perdidas
cuando se les resecan los labios.
Ellos aparecen por fruición
vuelan brotando del fondo
entonces todo lo inundan
los zopilotes del silencio
pasan sobre nuestras cabezas
buscando frases de carroña.


V

Las cucarachas son los reptiles de la lluvia
y la memoria-volatiza danzante
soy burguesa candil y olla
y reconozco la xilografía de mi vida sardinera,
sesgo inabordable la briaguez de las penas consonantes,
soledades de monolito perdido en sí mismo.

Qué le puedo entonces decir a los demás
de mi embalsamada palabra si poco sé de ella.
Tal vez que estaba durmiendo
y ahora la tengo ante mí
lepidosirena
saltando
atrayente
coqueteándole a mi silencio aquiesciente.



VI

La sedición comienza
en el encuentro de las hormigas rojas
con arañazul...

Jubilosas alcanzan victoria
arañazul postra su cabeza cerrando los ojos
mas aún escuchó por último el croar de las ranas
entre los lirios silvestres


La sedición comienza
arañasombrío
se han comunicado con grillos malhumorados
y en abrazo se dirigen a la tierra de hormigas rojas
unas heridas de entrañas,
otros con lenguaje de malquerencia hereditaria.
A su paso en el camino quedan larvas y ninfas
pero nadie retrocede por una especie inferior
pronto el polvo deja ver la tierra
y también la terquedad de la muerte
El cantar de los grillos malhumorados
eriza a la razón de cada hormiga roja
en tanto arañasombrío
marchan con el cuerpo inerte de arañazul
todo aunque no se crea en un orden universal,
concierto del canto grillero,
tembladera de ideas rojas,
despertar a destiempo para todos
en los inmensos territorios del sentir
y ahí en lo más hondo se acumula el rencor de unos,
con la retirada triunfal de otros.
En eso estaba la tortuga
cuando vio pasar al mito hombrelumbre
llevándose las entrañas de un árbol
la tortuga comprendió
que la sedición comenzaba de nuevo.





Susana Chávez- México






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miércoles, 25 de noviembre de 2015

LA RAÍZ DE TU SALIVA, Susana Chávez (México)

LA RAÍZ DE TU SALIVA


LA RAÍZ DE TU SALIVA 
                                                           Poema a Arminé Arjona. 
  
  

Ciertas palabras vendrán un día 
a mover tu laberinto de imágenes 
para robarle a el lecho tu cuerpo 
estremeciendo otras palabras.

Tu pelo más largo atravesará el silencio 
de un viento que levante el agua del mar

He escuchado tu rostro 
solventar tus argumentos 
donde hay frases de recuerdo 
que peinan remolinos

Por eso escucho tus sitios 
antes que mi frase se encorve 
y tan sólo quede un zumbido

Ciertas palabras buscan tu boca 
y devoran tu respiración 
al sentirlas en la carne tomando vida, 
ciertas frases te reconocen 
contra ti misma. Por otra sangre, 
por otros libros, por otras frases.

Amanece y te buscan luchando 
doblando esquinas 
rompiendo el vidrio de tu ventana, 
están aquí como un fantasma 
en busca de un deslumbrante nacimiento, 
te aman y se dejan caer sobre ti 
como un hombre cegado por el deseo 
de tu cuerpo, 
deseando tocar tu fondo 
para producir el vértigo.

No quieren ser susurros 
no quieren otro espejo, 
quieren arrojarse a tus manos, 
detener la noche, 
separar tus muslos, 
quieren romperse en tu voz, 
para despertar la raíz de tu saliva.

Ciertas palabras te miran 
como un niño perdido y lloroso, 
ciertas palabras ven en ti su vuelo, 
rondan el alrededor 
de su propio deseo. 



Susana Chávez- México

LA AURORA, Federico García Lorca

LA AURORA
La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.
La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.
La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.
Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraíso ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.
La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.
---Federico García Lorca---

martes, 24 de noviembre de 2015

MAXIMILIANO BARRIENTOS (BOLIVIA), AUTOR DE UNA CASA EN LLAMAS, Silvina Friera (Página 12, Argentina)

MARTES, 24 DE NOVIEMBRE DE 2015
LITERATURA › MAXIMILIANO BARRIENTOS, AUTOR DE UNA CASA EN LLAMAS

“Me interesa la emoción, el impacto que produce un texto”

El escritor boliviano, también autor de la novela La desaparición del paisa, escribió cuentos sobre personajes acorralados por la violencia y una fragilidad que los empuja al abismo de la soledad. “Tengo fascinación por los derrotados”, confiesa.
 Silvina Friera
@¿Cuándo deja de sangrar una herida? Quizá nunca, si los heridos andan a la intemperie. Mark Hernández, el luchador derrotado –las huellas del ocaso en el rostro tanta veces destrozado, cortes en las cejas y la nariz quebrada–, no dejó que su entrenador de toda la vida tirara la toalla. Pero ni siquiera puede acceder al premio consuelo de transformarse en una leyenda. Una puñalada en el vientre, la pregunta de su madre, “¿te vas a quebrar ahora?”, y la descarga eléctrica de un epílogo cruel. El viejo tiene la cabeza abierta en más de un sentido: se cayó de la escalera y está internado hace tiempo en una institución psiquiátrica, desde que se le ocurrió quemar la casa en la que vivía con su hijo de 7 años. “Cuando el fuego se elevaba en el aire, mi padre daba pequeños saltos, como si fuera una fiesta a la que únicamente nos habían invitado a los dos”, recuerda el hijo ya adulto. Sara, la víctima de un secuestro y violación por una venganza a su marido, no puede olvidar. El ramalazo de un dolor que creía superado la empuja a una revancha desquiciada y a destiempo contra un niño. No es fácil ajustar las cuentas con el fantasma del hermano muerto, acribillado durante un robo en una licorería. Los personajes de los cuentos de Una casa en llamas (Eterna Cadencia) de Maximiliano Barrientos están acorralados por la violencia y una extrema fragilidad que los empuja al abismo de la soledad.
“El fuego está presente en cuatro de los seis cuentos. Ya me han acusado de pirómano, pero son mis personajes los pirómanos, no yo –bromea Barrientos en la entrevista de Página/12–. Desde la antigüedad el fuego es fascinante; representa algo que uno no sabe muy bien cómo explicar. Más allá de las interpretaciones, es una imagen bonita ver algo quemándose, impacta mucho. Las interpretaciones son secundarias y no me interesan tanto.” El escritor boliviano publicó también, a principio de este año, la novela La desaparición del paisaje (Periférica), una historia que despliega el extrañamiento de Vitor Flanagan al regresar a Santa Cruz de la Sierra –la ciudad natal de Barrientos–, de la que huyó despavorido para no convertirse en la réplica espantosa de su padre, un ser violento y alcohólico.

–¿Por qué en los cuentos como en la novela se reitera un tipo de personaje que es el hombre violento, al borde del alcoholismo, agresivo y a la vez también muy frágil?

–Esa dicotomía está en casi todos los cuentos: la fragilidad emocional y la rudeza. El alcohol es como una patria para los personajes, un lugar de pertenencia que les permite mirar de un modo más lento. El narrador de la novela intenta redimirse y reconstruirse, por eso vuelve; hay un tema con la nostalgia y el regreso. En los cuentos ya no hay nostalgia, hay algo que llamo el dolor post nostalgia, lo cual me parece aun más duro. No sé si hay un intento de redención en los personajes de los cuentos, que sí está en el personaje de la novela, especialmente esa idea de no convertirse en el padre, pero al mismo tiempo de hacer las paces con la figura mental que quedó del padre muerto.

–En el cuento “Gringo”, hay una violencia que tiene que ver con el engaño, alguien que necesita formular una “pequeña mentira” para no perder cierta armonía, ¿no?

–Sí, lo que me pasó con ese relato es algo muy curioso... Llevo un cuaderno de apuntes, una escritura muy privada que no pienso hacer pública. A veces, parte de esa escritura puede funcionar integrada en ciertos relatos. Eso me pasó con las partes más líricas de ese cuento, que es el más violento del libro. Utilicé esas partes más líricas, y las inserté en los momentos más surreales y delirantes de la historia. Luego me di cuenta de que el cuento se trata de algo que se llama “parálisis del sueño”, un tipo de pesadilla muy frecuente; estás lúcido, sos consciente de estar en el cuarto, pero al mismo tiempo estás durmiendo y no puedes dormirte. Cuando escribo no planifico casi nada, me gusta improvisar. Me gusta tener un par de escenas que sirven como guía, pero en el fondo la escritura es muy improvisada. Soy muy obsesivo editando los textos, pero a la hora del primer impulso me gusta ir a ciegas.

–En el primer cuento, que tiene muchos climas, explora el eclipse de un luchador derrotado. ¿Qué encuentra en la derrota?

–Tengo fascinación por los personajes derrotados. Y más aún un luchador derrotado porque llega al final de su carrera muy joven. La conciencia del cuerpo en un deportista es mucho más fuerte porque un escritor o un pintor viven más en sus cabezas. Pero un deportista vive en su cuerpo y cuando se retira tiene que aprender a vivir desde un lugar que no sea sólo el cuerpo. Debe ser un momento muy crítico; me interesa trabajar con el dilema que tiene un luchador: el cuerpo se vuelve un límite, pero su voluntad está intacta. Entonces sigue con la misma sed que tenía a los 20 años, pero el cuerpo no responde. Eso debe ser algo tristísimo; un escritor a los 38 años sigue siendo joven, un peleador a esa edad está acabado.

–¿Por qué toman tanto alcohol sus personajes?

–En Santa Cruz se bebe mucho; el alcohol es como una compañía, como una patria prestada. Son personajes que están solos, que han perdido algo y se sienten desplazados. El alcohol conecta con la memoria y permite procesar la experiencia; es muy cómodo vivir en el pasado gracias al alcohol.

–Como sucede en el relato “El fantasma de Tomás Jordán”, donde un personaje roba en una licorería a tres años de la muerte de su hermano.

–Es curioso porque él desea quedarse en ese pasado y al mismo tiempo el hecho de celebrar la muerte del hermano le permite estar cerca de la mujer de su hermano. El está enamorado de la mujer de su hermano, aunque lo reprima continuamente. Necesita ese momento de dolor para estar cerca de aquello que ama. El problema es cuando ella conoce a otro hombre, y esa ceremonia de luto se rompe y él entra en una crisis. Ella lo deja solo en el centro del dolor y ahí él se ve obligado a volver al lugar donde mataron a su hermano para salir de eso. Me gusta esa idea de final abierto, de no saber qué va a pasar. Lo están persiguiendo y corre... En ese momento de acción física, de intensidad, la mente se diluye con el mundo. La mente siempre es el problema de todos los personajes.

–¿Por qué?

–Ellos viven continuamente en sus cabezas; son personas atrapadas en un tiempo que no es el presente. El pasado tiene una presencia gravitacional, incluso el alcohol los vuelve adictos al pasado. Hay una relación entre alcohol y pasado muy fuerte. Cuando sucede un acto de violencia, rompen ese círculo vicioso con el pasado y vuelven al presente. Algunos personajes no son violentos per se. El personaje de la novela es violento por un acto de venganza, pero no es un personaje que busca en sí la violencia. La violencia los saca de la cabeza y los devuelve al mundo; rompe esa construcción traumática de la identidad que los personajes han hecho y vuelve a ser en cierta medida redentora.
Cuando calla, el escritor baja la mirada como si buscara algún objeto extraviado. Barrientos pulsea contra un contrincante en retirada: los viejos resabios de una timidez que en el pasado fue un cerro inexpugnable. “En un cuento, una historia se agota en veinte páginas. Una historia que requiere 200 páginas para agotarse es una novela –compara–. Son dos retos distintos: el cuento desarrolla una situación hasta un desenlace. Una novela no es una situación; tiene muchas situaciones. Lo que importa más que las situaciones es explorar el personaje. Digámoslo así: un cuento es un viaje horizontal, una novela es un viaje vertical. Disfruto más escribiendo cuentos, porque si escribo un mal cuento, dedico un mes de mi vida a hacer algo malo. Una mala novela implica dos años de mi vida. La presión que tengo al trabajar un cuento es mucho más ligera que al trabajar una novela. El reto de tener que vivir en el mundo de la novela por mucho tiempo te da otro tipo de gratificaciones. Cuando uno escribe una novela, se vuelve residente de un lugar; cuando uno escribe un cuento, es un turista”. Los relatos de La casa en llamas y la novela La desaparición del paisaje han iniciado un camino que el escritor reconoce como un viraje hacia la violencia. “Tengo una gran fascinación por retratar la violencia, pero sin hacerla glamour, como Quentin Tarantino, ni utilizarla como una denuncia. Mi interés por la violencia va por una tercera vía –reflexiona–. A veces me gusta pensar que conecto mucho con lo que hacen directores de cine como Nicolas Winding Refn o Bruno Dumont.”

–Más allá de estas referencias cinematográficas, ¿cómo explica que su literatura sea tan visual?

–No me gusta la literatura abstracta. Si leo un cuento o una novela y soy consciente de que estoy leyendo lenguaje, se pierde el pacto de lectura y el libro me expulsa. Me interesa cuidar ese pacto de lectura –que es también una ilusión–, donde la historia te propone una experiencia y el lenguaje tiene que volverse invisible. Esto no quiere decir que el lenguaje no me importa, sino todo lo contrario: el lenguaje me importa y lo trabajo mucho. Hay dos cosas que me interesan en la escritura y que como lector también les pido a los escritores que me gustan: la narración tiene que ser visual, las escenas tienen que producir una emoción; y tiene que tener ritmo. La poesía para mí se logra con escenas contundentes y un ritmo.

–¿Escribe poesía?

–No, no escribo, pero soy muy lector de poesía. De hecho, los dos epígrafes de Una casa en llamas son de dos poetas que me gustan mucho: Héctor Viel Temperley y el polaco Zbigniew Herbert. Tengo un problema con la idea del lenguaje como artificio. Hubo una generación de escritores que defendía la espesura del lenguaje, la densidad del lenguaje. Pero a mí no me interesa. Cuando estoy leyendo, quiero tener una experiencia sensorial. Las ideas no me interesan. Si quiero ideas, leo un ensayo. Me interesa el impacto sensorial de estar oliendo lo que está ahí, viendo lo que está ahí, escuchando lo que está ahí. Me interesa más la emoción, el impacto que te produce el texto. La buena literatura es como un golpe.

–¿Quiénes lo golpearon en términos de influencias o de lecturas de alto impacto?

–No sé si me han influido, pero he leído con devoción a Cormac McCarthy, William Faulkner, Ernst Hemingway, Raymond Carver, Denis Johnson; a Juan Carlos Onetti, Juan José Saer, Agota Cristof; los colombianos Tomás González y Evelio Rosero. De los argentinos, Pablo Ramos me parece el escritor favorito de la generación nacida en los 60. Siento mucha admiración por la poesía y la prosa breve del boliviano Jaime Sáenz (1921-1986), un escritor muy raro y muy único en su cosmovisión.

–En los cuentos aparece algún personaje que escucha heavy metal. ¿Es material autobiográfico reciclado en la ficción?

–Sí. Cuando era adolescente, me encantaba la música. No me interesaba leer, me gustaba mucho el heavy metal. Hermética fue una banda muy importante para mí. Las letras de Ricardo Iorio fueron el primer contacto que tuve con el realismo sucio antes de Carver (risas). Una canción magistral como “En las calles de Liniers” es realismo sucio; la sigo escuchando ahora y está muy bien escrita. Yo quería tener una banda, pero nunca supe tocar ningún instrumento y era muy tímido. Escribía canciones para una banda imaginaria que iba a tener en algún momento y nunca tuve.

–¿Cuáles son los obstáculos que tiene que vencer un escritor cuando toma materiales autobiográficos? ¿El temor o la vergüenza de que busquen en los cuentos su vida familiar, por ejemplo?

–Lo primero que uno tiene que vencer es el pudor, que es el principal censor que tiene un escritor. Si uno tiene miedo de herir a otro, nunca va a escribir algo que valga la pena. Aprendí a ser egoísta: si tengo una historia, voy a llevarla hasta la última consecuencia. No me interesa la literatura que se hace con buenas intenciones. Ha habido una repolitización de la literatura en Latinoamérica en estos últimos años, lo cual me parece bien. Pero hay mucha pose también en esto, la pose del escritor que vive a miles de kilómetros de su país de origen y está todo el día en Facebook posteando noticias sobre la política de su país, cuando él vive en una situación completamente distinta y plantea que hay que utilizar la literatura para incidir socialmente. La literatura no incide en la sociedad. La literatura es un juego profundamente burgués. ¿Quién lee literatura? ¿Y a quién le importa? La literatura tiene otra función. Si uno tiene buenas intenciones y quiere escribir, mejor que trabaje en una ONG, que eso va a tener una repercusión más directa en la sociedad.

La ficha

Maximiliano Barrientos nació en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), en 1979. Estudió dos años medicina y luego se graduó en Filosofía en la Universidad Católica Boliviana. Sus artículos sobre literatura, música y cine, como algunas de sus crónicas, han sido publicados en las principales revistas y suplementos culturales de Bolivia. En 2009, su libro de relatos Diario (2009) recibió el Premio Nacional de Literatura de Santa Cruz. Sus dos primeros libros, Los daños (2006) y Hoteles (2007), fueron revisados, corregidos y transformados por Barrientos para convertirse en los volúmenes Fotos tuyas cuando empiezas a envejecer y Hoteles, ambos publicados en 2011 por la editorial española Periférica, y traducidos al portugués. Por una beca de escritura, vivió entre 2012 y 2014 en Estados Unidos.

"HE DISFRUTADO DE UNA VIDA PLENA, NO PLANA": HÉCTOR CRUZ, Entrevista en El Economista





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Héctor Cruz (1932) tiene más de 50 años de pintor, muralista y escultor, convivió con Diego Rivera y el poeta Carlos Pellicer fue un fiel admirador de su prolífica obra. Además, fue fundador del Consejo Mundial de Artistas Plásticos desde donde defendió los derechos de los pintores mexicanos para que tuvieran pago de regalías.
En entrevista, el artista habla un poco de su vida, de sus inquietudes artísticas, algunas vivencias y Presencia, su nueva exposición en el Museo del Centro Cultural Mexiquense Bicentenario, donde lo invitaron a presentar su trabajo.
En entrevista, Héctor Cruz nos comenta: “Uno siempre quisiera hacer muchas cosas… pero me siento muy contento de que mi vida no ha sido plana, sino plena, y la he gozado mucho”.
¿Cómo define su relación con la pintura?
He vivido diferentes etapas con la pintura, pero hoy más que nunca la siento viva. Yo siempre he seguido mi intuición, mí propio rumbo sin seguir corrientes o modas en mi trabajo artístico.
¿Cuáles han sido los temas que 
le apasionan para llevar al arte?
Muchos, he pasado por cuestiones apocalípticas, la violencia, la destrucción, la muerte… pero después me vino la idea del reencuentro con el paisaje y una nueva visión sobre el tema.
¿Renovó lo que hasta entonces era el paisaje en el arte mexicano?
Fui más allá del paisaje anecdótico y de los volcanes. Pinté un paisaje que no se ubica en un lugar geográficamente determinado y que puede ser en cualquier parte del mundo: un ocaso, atardecer, la lluvia, el drama de la naturaleza… lo veo como una ventana a la meditación.
Hábleme de su amistad 
con Carlos Pellicer
Él se apasionó por mi pintura y escribió bellos poemas sobre ella, como “¿Qué antiguo sentimiento se hace tan nuevo ahora? Pintura lujosa en el sueño”. “Una poesía lenta y profunda, hablando más hacia dentro que hacia afuera”, fue una amistad entrañable.
¿De dónde considera que le nació el espíritu rebelde?
Me formé con los grandes maestros, como Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, y me impregné de ese espíritu gremial, rebelde y de participar en temas sociales.
¿De ahí nació su necesidad de 
defender a los artistas plásticos?
Sí, de luchar por los intereses autorales de los artistas. Por eso acepté Sociedad Mexicana de Artes Plásticas, desde donde logramos grandes beneficios para los artistas para que les pagaran derechos de autor, se hicieron convenios equitativos y justos, pero hay mucho por hacer en estos temas.
¿Qué vamos a ver 
en su exposición?
Se llama Presencia y es una selección de lo que he hecho en estos años, escultura, algo de mi trabajo con los murales y distintos documentos; creo que es una exposición que muestra la búsqueda de un artista en su vida.
¿Se siente valorado por su país?
Me he definido como gato boca arriba. Yo he exigido exponer en el Palacio de Bellas Artes y se me ha dado. Pero en el Estado de México soy un pintor olvidado, nadie me había invitado a exponer… pero bueno, ahora, por fin, lo hacen y me da gusto.
Una vida dedicada al arte 
y la cultura.
Doy gracias a la vida, sigo trabajando con entusiasmo en el estudio y realizando exposiciones. Pero ojalá el gobierno se dé cuenta de que la cultura no sólo es entretenimiento, es mucho más… es el reflejo espiritual del avance o decadencia del espíritu humano.
Héctor Cruz
Vida plena
Héctor Cruz (México, 1932), pintor, muralista y escultor, cumple más de medio siglo de una carrera respetada y reconocida por pares y críticos.
Su camino artístico pasa por varias estaciones fundamentales del arte moderno mexicano: La Esmeralda (como estudiante y profesor), la Academia de San Carlos, el Taller de Integración Plástica y el muralismo, los postulados de la influyente Escuela Mexicana de Pintura, así como la búsqueda de lenguajes y estilos personales.
En su trayectoria gremial fue Presidente de la Sociedad Mexicana de Artes Plásticas y fundador-Presidente del Consejo Mundial de Artistas Plásticos.
Su pintura forma parte de las colecciones privadas más exclusivas de México y del mundo. Ha obtenido reconocimientos a nivel nacional e internacional.
“He disfrutado de una vida plena, no plana”: Héctor Cruz
Héctor Cruz (1932) tiene más de 50 años de pintor, muralista y escultor, convivió con Diego Rivera y el poeta Carlos Pellicer fue un fiel admirador de su prolífica obra.

lunes, 23 de noviembre de 2015

TRACCIÓN A SANGRE, Laura Yasán (Argentina)

LUNES, 23 DE NOVIEMBRE DE 2015

TRACCIÓN A SANGRE



TRACCIÓN A SANGRE

cargo en mi cuerpo una mujer inválida que baila cuando duerme
trenza el cabello blanco de la muerte para ganarse su favor
como una novia ciega que deba conformarse
con la corta memoria de sus dedos
                              despierta cuando miente
lleva un cascote atado a la correa de la lengua
va removiendo un surco tras de mí
una continuación que me persigue como una cola de chatarra
                              se enciende cuando callo
cargo su enfermedad en la penumbra de mis huesos
                      su equipaje de anemia
                      su andamiaje de circo
la quiero al otro lado pero el puente se ha roto
la primera mitad no le interesa
la segunda es negada
vuelvo sobre sus pasos cada noche
para ocultar la huella cada día
como el guardián de un ancla que se oxida
un perro encadenado a un desierto de vidrio
lamiéndose la sombra



Laura Yasán- Argentina
Del poemario "Tracción a sangre".

¿CÓMO SE LLAMABA?. un relato de Benjamín Adolfo Araujo Mondragón

¿CÓMO SE LLAMABA?
Un relato de Benjamín Adolfo Araujo Mondragón
"¿Que diferencia hay entre la hartanza y el estres?", me dijo; y agregó "realmente ninguna; son lo mismo". La escuché, medité y callé mientras ella interponía un largo discurso para convencerme de su aseveración. Mientra le escuchaba yo rumiaba ("No es cierto, de ninguna manera es lo mismo"). Pero sólo lo pensaba. No se lo decía, porque ella con tan larga lista de argumentos no me dejaba hablar prácticamente. 
Ciertamente yo ya le había comentado a mi interlocutora virtual que me encontraba yo en la hartanza de tanta falsedad en internet, tanta palabrería insulsa, vacía, sólo visible para adorno, meras charlas cosméticas, sin contenido. Fue el momento justo en que ella conectó "hartanza" con "estrés", para considerar su gemelidad.
Eso había sido así desde siempre. Hacía ya largos seis meses que, día con día, incluídos sábados y domingos, nos poníamos al habla con tanta fluidez que desperté las sospechas de mi amada mujer -cuarenta años ya de matrimonio-; hasta que lograba convencerla de la verdad: entre "ella" y yo no había nada, absolutamente nada, excepto claro la comunicación internacional.
Pero ¿cómo, le decía yo a mi dama, va a haber algo entre los dos si ella vive en otro continente y yo aquí, sin planes ni posibilidades de embarcar a sitio alguno? Sólo de ese modo calmaba yo a María.
El día del largo monólogo de "ella" conmigo sobre la naturaleza uniforme entre la hartanza y el estrés, decidí nunca más hablarlé; era inútil y era una gran pérdida de tiempo.
Era, lo supe hasta ese momento: un ejemplo claro de lo que me hartaba en el aparato ordenador...
...por cierto, hasta ese momento caí en la cuenta de que pese a haber pasado ya largos seis meses, nunca nos habíamos preguntado nuestros nombres... 

EL QUIJOTE DE CERVANTES: EL VERDADERO ANIVERSARIO, Enrique Héctor González (La Jornada Semanal)



El Quijote de Cervantes: el verdadero aniversario

I

Hace diez años el mundo hispánico celebró con justicia, pero asimismo con una solemnidad que poco tiene que ver con el aleccionador donaire y el ánimo ameno de la novela más importante de la lengua española, los cuatrocientos años de la publicación del Quijote, de Miguel de Cervantes. Hubo de todo: estudios nuevos y no tanto, reediciones de cualquier índole, coloquios, encuentros, ciclos, rutas por los caminos del sur (de Castilla, en La Mancha y lugares aledaños), presentaciones disco-gráficas y fílmicas alusivas a la novela, bombo y platillo y un poco de alharaca de los dos lados del Atlántico: no en balde se trata de nuestra novela mayor, la única que podría codearse con la obra de Shakespeare, según los criterios caedizos del maestro Bloom.
Pero quizá olvidaron algunos que el Quijote es en realidad dos Quijotes, y acaso tres, si consideramos la novela apócrifa con la que Alonso Fernández de Avellaneda, seudónimo de un vivales de la época, se adelantó en poco más de un año a la publicación de la segunda parte de la obra cervantina. Tal amnesia debió ser resarcida este año pero no ha sido así, pues aunque, en efecto, se ha escrito bastante sobre el segundo Quijote, tanto en el mundo académico como en el de los hombres libres, nunca se alcanzó la parafernálica cuota de celebraciones centenarias de hace una década. Esta nota quiere denunciar tal atropello a la lógica, pues Don Quijote de La Mancha es una novela en dos libros, el de 1605 y el de 1615, y aunque sería discutible afirmar que el segundo, en su exquisita y pródiga confección narrativa, supera al primero, lo sería menos reconocer que un Cervantes más maduro, de pluma más segura e irónica y de un más acabado sentido del humor, es el que escribió y publicó, apenas unos meses antes de morir, la que podemos considerar una de las mejores segundas partes de la literatura mundial, una que deja muy mal parado al viejo adagio que desestima toda obra complementaria.

II

Si el Quijote de 1605 se publicó en los primeros días de ese año, fue en los últimos meses de 1615 que apareció la segunda parte de la historia del ingenioso caballero (la aprobación oficial para su impresión es del 5 de noviembre). Mucho se dice que Cervantes la escribió para desmentir y vituperar el falso Quijote del año anterior, el de Avellaneda, pero lo cierto es que ya tenía escrita casi toda la novela cuando se enteró del texto apócrifo y acaso lo único que hizo fue apresurar el parto. De capítulos en términos generales más breves pero más numerosos que los de la primera parte (que alcanza 52, mientras son 74 los de la segunda), la novela, que está cumpliendo por estas fechas cuatrocientos años de publicada, asume ciertos rasgos –y riesgos– que hablan de una lección literaria aprendida. Si bien Cervantes corrige algunos detalles señalados por la crítica respecto del libro de 1605 (ya no interpola tan amplia e inopinadamente historias paralelas al asunto central, aunque no deja de escaparse a menudo en sabrosísimas digresiones narrativas), tiende a jugar más bien con ellos, a incorporar sus desaciertos en la ensalada del nuevo Quijote para dimensionarlos como lo que eran y son: descuidos de alguna monta, es cierto, pero también materia literaria en sí misma, provechosos desajustes de los que sabe sacar partido con generoso talante y gran talento. El equívoco nombre de la esposa de Sancho, que es mencionada en la obra de cuatro o cinco maneras distintas; la socarrona alusión al extravío de su asno, reaparecido inesperadamente capítulos más tarde, en el mismoQuijote de 1605; las numerosas redundancias sintácticas (“apartándose aparte”, “desvalijando a la valija”), son equívocos que en absoluto menoscaban sino subrayan y aun enaltecen su genialidad, pues sirven para caracterizar a los personajes y dar fe de la poderosísima inserción del libro en los movedizos terrenos del habla coloquial y el lenguaje diario, donde los dislates se multiplican sin escándalo alguno.

III

La ambivalencia, que es la naturaleza propia de la creación cervantina, alcanza en la segunda parte notas de hipertrofia delirante, casi paroxística en muchos capítulos, en particular los que tienen que ver con los duques, que en conjunto rebasan la tercera parte del volumen. El “entreverado loco lleno de lúcidos intervalos” que es el protagonista a juicio del joven poeta Lorenzo de Miranda, personaje de esta segunda parte, quizá pierda algunas notas de su personalidad disparatada de 1605 pero sólo para ganar una locura más honda y melancólica, fatalista si se quiere, y de hecho cargada de matices contradictorios que la perfilan con mayor nitidez.
Quizá el momento donde se advierte más claramente el desencanto de don Quijote no ocurra cuando es vencido por el Caballero de la Blanca Luna ni cuando, en su lecho de muerte, trata de convencer a Sancho de que ya es hombre cuerdo y que lo disculpe por haberlo embarcado en tanta desastrosa empresa, sino cuando, cerca de la mitad de este Quijote de 1615, se da cuenta de que la “canalla malvada” de algunos molineros lo ha rescatado de morir en unas grandes aceñas, e incluso le reclama el destrozo de un barco y el apuro en que los ha metido: “Dios lo remedie”, dice don Quijote, “que todo este mundo es máquinas y trazas, contrarias unas de otras. Yo no puedo más.” Cansado más del alma que del cuerpo, fatigado porque nadie advierte que quien realmente se precipita Ebro abajo es el sentido del mundo y no la barca en que viajaba con Sancho, el protagonista de la novela se derrumba internamente sólo para seguir adelante, con su habitual y desaforada ciclotimia, en el capítulo siguiente.
Este don Quijote de la segunda parte se nos aparece, pues, como un ser mucho más elaborado y desconcertante, uno que lo mismo puede descender a la cueva de Montesinos y alegar que vio ahí a Dulcinea encantada “pasando la charola”, como decimos en México (esto es, solicitando dinero a su enamorado a través de una criada), pues “esta que llama necesidad a donde quiera se usa, y por todo se estiende, y a todos alcanza, y aun hasta a los encantados no perdona”, que el personaje capaz de proferir, contra personas soeces o librescas, vastos denuestos de las malas traducciones tanto de los libros como de la realidad.

IV

La novela de Cervantes, según el célebre elogio de Américo Castro, es verdaderamente un “observatorio y fábrica de la realidad”. Frente a la incesante propensión de la tecnología moderna a integrar la virtualidad en el mundo cotidiano, cuatrocientos años atrás Cervantes, con el solo imán de su insondable imaginación, consiguió ponerlo en jaque, hackear hasta los escondrijos de sus mecanismos más recónditos y advertir cómo la idea de la realidad de un ente sobradamente más humano que muchos de quienes habitan este planeta de siete mil millones de almas, es más poderosa que la realidad en sí misma, concepto éste, el de “realidad”, que sólo entre comillas puede tener algún significado, según lo apuntó alguna vez Vladimir Nabokov.
El sentido de la amistad, cocinado a través de las numerosas y diversas conversaciones que establecen don Quijote y Sancho a lo largo del libro –tan festejadas por Giovanni Papini–, asume sus más celebradas notas en la novela de 1615, pues es en esta parte donde, gozando de una autonomía que lo lleva incluso a ser gobernador de una aldea de “hasta mil vecinos” –que él asume como la “ínsula” largamente prometida por su amo–, el escudero se separa del caballero para seguir su sino propio. Es cierto: en la primera parte lo había hecho ya, pero sólo por muy poco tiempo y con el encargo de llevar una carta a Dulcinea. En esta segunda, en cambio, Sancho abandona a don Quijote para asumir el cargo que los intrigantes duques le han endilgado, y aunque por azares de su afán de burla los propios aristócratas ociosos dan al traste con tan agobiante gobierno, el hecho es que ambos personajes entienden que la separación puede ser larga o definitiva y la novela entonces va de uno a otro, alternando capítulos, sin que se inhiba en lo mínimo el apego del escudero, que recuerda constantemente los consejos que don Quijote le ha dado para su tarea ejecutiva.
En el Quijote de 1615, además, se consolida el recurso del narrador inventado, propio de las novelas de caballería, para constituirse en un verdadero sistema de enunciación y recreación que ninguna novela de la época había alcanzado, y aun es posible que no se haya conseguido después con tal destreza. Como sucede en algunas de las historias de entretenimiento caballeresco que le sirvieron de modelo, Cervantes se inventa, en el capítulo ix de la primera parte, justo después del conocidísimo y sobrevalorado episodio de los molinos de viento, uno que es mucho más trascendente: el que tiene que ver con la salida a escena de Cide Hamete Benengeli, supuesto narrador arábigo que escribió los manuscritos que hablan de las hazañas del protagonista. Nada se había dicho al respecto, y al desconcierto del lector se suma el hallazgo casi inmediato de unos “cartapacios” que continúan la historia precisamente donde se había detenido: en la lucha, espadas en alto, de don Quijote con un aguerrido vizcaíno. Narrativamente la obra se complica aún más cuando se nos advierte que el texto encontrado está en árabe y que hará su traducción un joven “morisco aljamiado” aparecido por ahí de manera asimismo azarosa.
La novela acumulará, a partir de este momento, numerosas referencias a Benengeli, y algunas a su poco confiable traductor, en un juego que, en la segunda parte, hará del texto el espacio de una curiosa, inquietante transubstanciación narrativa con la integración al escenario lúdico de otros dos elementos: la constante alusión al Quijote apócrifo de Avellaneda (que se transforma, hacia el final del libro, en una verdadera incorporación del texto falso y de alguno de sus personajes, que dialoga en la propia novela con los de Cervantes) y una información que, desde el inicio del texto de 1615, les provee a Sancho y a don Quijote un paisano de La Mancha: la de que sus aventuras aparecen referidas en una famosa novela escrita y publicada por un árabe de apellido Benengeli, esto es, el intranarrador del Quijote de 1605.
La conciencia de ser personajes de ficción que adquieren entonces Sancho y don Quijote multiplica y consolida no sólo sus aventuras de la segunda parte sino su noción ontológica misma. Si ya desde la primera la delirante arrogancia del protagonista lo hizo subrayar alguna vez, frente a la objeción de cierto interlocutor, el famoso “Yo sé quién soy” que, según Fernando Vallejo, lo diferencia plenamente del dubitativo “To be or not to be” de su contemporáneo Hamlet, ahora, en la segunda parte, el delirio se vuelve locura inaudita y razón de ser y motivo de angustia y argumento eficiente y despeñadero del espíritu para un hombre que, recordemos, se ha construido a sí mismo desde la primera página de la historia y ha contagiado y contaminado feliz o infelizmente a todo el mundo con su renuncia a ser un triste hidalgo, Alonso Quijano, para convertirse en nada menos que don Quijote de La Mancha, el personaje literario mejor construido de la literatura mundial.

v

El Quijote de 1615 no es mejor que el de 1605: enjuiciar comparativamente la calidad de ambos libros reviste a todas luces cierta insensatez, pues una valoración de este tipo, aparte de inútil y descabellada, precisaría de un examen muy detenido, exégesis que rebasa las posibilidades de esta nota. Ni siquiera los investigadores comparatistas perderían su tiempo en aventura así de inocua. Sin embargo, es evidente que el libro que este año cumple cuatro siglos resulta más elaborado pues, en buena medida, sus méritos se cifran en una paciente y provechosa tarea de recolección de las virtudes y excesos de la primera parte para amalgamarlos en un texto aún más ambivalente, en una novela que incorpora, trasiega y trasciende los logros y las licencias de su antecedente para cohesionarlos en una obra más vasta y más libre, envalentonada como se presiente por el éxito indudable del Quijote anterior 
  
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DICES, Carmen López (Barcelona, España)

DICES





DICES


Aquí he dejado una parte,

sólo átomos fragmentados de mis huesos,

esquirlas de un corazón inocuo,

el trote de un caballo asustado y sin jinete.


El aire es una ilusión vacua

que no llega a mis pulmones

y no siente piedad por todo el resto,

esa lluvia torrencial que nunca llega.


Dices que nadie llorará en esta tumba,

y yo no he pedido ni una lágrima,

a mí me enseñaron a contemplar estrellas

y el cielo es un antojo de inocentes.


Dices que después sólo está el vacío,

lo dices con el vaso nunca lleno

y es por eso que mi alma no te cree,

¿Qué diferencia hay en estar vivo?


Dices que el calor es apariencia,

momento que no llega o que se pierde,

con los puños llenos de nieve

construyes tu glaciar del hombre muerto.


Carmen López- España


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Carmen López. Nace en Barcelona, España  en 1963,  donde cursa estudios de Bellas Artes. Es la menor de 3 hermanos,  y estos le inspiraron su amor hacia la lectura desde muy niña.  Es amante del arte en todas sus manifestaciones y su interés por la poesía le llega de la mano de Rilke y su libro epistolar "Carta a un joven poeta", que iniciará su búsqueda poética cuando tenía 18 años. Escribe desde entonces.

Se ha dedicado principalmente a  la informática  y  al software de gestión durante muchos años, hasta que en  el año 2013  se traslada a vivir a  Lérida, buscando un cambio y tiempo para desarrollar  actividades  que le permitan conectar con su lado más humano. En la actualidad posee varios negocios on-line y vive en el campo en contacto con la naturaleza donde posee también una casa de turismo rural ecuestre. En estos momentos prepara una exposición pictórica  que se complementará con varios de sus poemas.
Participa en el foro Revista Alaire, donde publica sus poemas con asiduidad desde 2013.
Entre sus poetas preferidos se encuentran Gil de Biedma, Salinas, Cernuda, Leopoldo María Panero, Chantal Maillard,  Aleixandre, Gelman, Borges, Pizarnick, Sabines, Huidobro, Elisabeth Bishop, Adrien Rich y Manuel Sánchez.