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martes, 17 de marzo de 2015

LISANDRO ALVARADO, UN GRAN VENEZOLANO, GRAN MÉDICO, Maigualida Pérez


Lisandro Alvarado

Lisandro Alvarado fue un hombre de primera. Un hombre simpático y extravagante, último discípulo de Rousseau y heredero de la tradición de Simón Rodríguez, tenía un inconformismo natural que lo convirtió en un espíritu nómada, en constante curiosidad, con ansía de lo primitivo. Quizás para su tiempo se podría decir  que era una inteligencia criolla insatisfecha entre muchos hombres satisfechos.

Nació en el Tocuyo el 19 de septiembre de 1858 y murió en Valencia el 10 de abril de 1929. Desde el 14 de mayo de 1980 sus restos descansan en el Panteón Nacional. Fue médico, naturalista, historiador, etnólogo, botánico, geólogo, polígrafo, sociólogo, filósofo y lingüista. De igual forma estudió y difundió las costumbres y modos de vida de los aborígenes venezolanos. En el tiempo que le llegó la muerte estaba aprendiendo mandarín.

El 17 de junio de 1.884, Alvarado se gradúa de Bachiller en Ciencias Médicas y su tesis de grado tuvo por título Indicaciones y Contraindicaciones de la punción en los quistes hidráticos del Hígado,para luego graduarse ese mismo año, el 2 de agosto,  de Doctor en Medicina con las tesis La Termometría como uno de los grandes adelantos de la Medicina Diagnóstico de la Hernia Inguinal.
Fue un solitario y despreocupado trotamundos con un ansia de aprender única y sin medida. El escritor Francisco Blanco en su libro Bocetos Imborrables señala: En él había un tanto de Vargas, de Juan Vicente González, de Arístides Rojas, de Baralt y todavía podía tener sitio, para llenar, de Ernest, de Gil Fortoul y de Simón Rodríguez. Se movió entre la ciencia y el folklore, con libertad y desenvoltura de estudiante, pero ocupando, siempre, su categoría de maestro.

Recorrió el país en lomo de burro, en canoa y a pie, lo que le permitió entrar en contacto directo con la realidad venezolana: los paisajes, la vegetación, la fauna, las costumbres y tradiciones populares, la manera de hablar de las personas, incluyendo los numerosos pueblos indígenas que conoció y cuya lengua pudo estudiar de primera mano. Cuentan que pocas veces usaba la cabalgadura, prefería caminar por el gusto del ejercicio y que con frecuencia solo arrastraba de la brida una mula cargada con sus pertenencias. A veces para observar sin que lo descubrieran se vestía de campesino, de peón o de soldado y colgaba su chinchorro en cualquier árbol donde le agarrara la noche.

Podía, de la misma forma leer los clásicos latinos, como repartir sus panfletos de protesta, buscar en el idioma y en la convivencia de los aborígenes el sentido y la explicación del Universo que no podían explicarle los doctores de Caracas o ponerse unas alpargatas y dejarse apresar en la recluta para conversar con los soldados en las plazas de las aldeas de Venezuela.  Defendía, ante los médicos de Caracas, a los yerbateros, porque ofrecían yerbas del campo para sanar su cuerpo sin cobrar la consulta.

En 1881 conoció al gran hombre de letras venezolano Cecilio Acosta y a través de él a José Martí. Junto con César Zumeta, Luis López Méndez y José Rafael Revenga formó la Sociedad Amigos del Saber. En 1882 dio a conocer sus primeros trabajos en La Revista Venezolana.

Viajó a Inglaterra como Cónsul y como Delegado Médico. En 1891 volvió a la provincia. En 1892 publica en el Cojo Ilustrado su obra Arminio y Dorotea e inició la publicación de sus trabajos de investigación: Neurosis de hombres célebres de Venezuela (1893) y Sobre las guerras civiles del país (1894). En 1.900, publicó en El Cojo Ilustrado sus obras: “Observaciones sobre la Revolución de 1.810, la primera parte de su trabajo “Sobre los Delitos Políticos cometidos en Venezuela” y“Meditación”. (sobre el Schir Haschirim). También publicó una serie de trabajos relacionados con la lingüística y la lexicografía: Ideas sobre la evolución del español en Venezuela (1903) y Alteraciones fonéticas del español en Venezuela (1922).

Como reconocimiento a su extensa labor en la investigación en 1905 fue incorporado como Individuo de Número de la Academia de Medicina. En 1922 se incorpora a la Academia de la Lengua; recibió este honor con su discurso La Poesía Lírica en Venezuela en el último tercio del siglo XIX y un año después se incorporó a la Academia de la Historia con su discurso Movimiento igualitario en Venezuela. En este tiempo formó parte como crítico literario en la revista Cultura Venezolana.

Es condecorado por el gobierno de Francia.  Recibe la Orden del Libertador en su tercera clase por el gobierno de Venezuela. Publicó su Glosario de Voces Indígenas y fue nombrado miembro honorario de la Sociedad Americanista de París.

Mariano Picón Salas señala que la curiosidad de Alvarado por el pueblo venezolano lo condujo a los estudios históricos. Y como su primera profesión fue la de médico marchó a la historia como quien va a diagnosticar una dolencia colectiva. Entre otros trabajos, Alvarado elaboró la versión en español de la obra Rerum Natura de Lucrecio, y tradujo del francés 7 de los 9 tomos dedicados a Venezuela de los Viajes a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente del barón Alejandro de Humboldt. En 1958 se comenzaron a publicar sus Obras Completas, compiladas en ocho volúmenes. Sin embargo, aún quedan algunos manuscritos inéditos en custodia de la Academia Nacional de la Historia.

Una de las descripciones más hermosas de la personalidad del sabio Alvarado la escribe precisamente Picón Salas: A pesar de su renombre de sabio, su carácter excéntrico le fijó una muy peculiar situación en el mundo, y su vida llena de improntus y peregrinas anécdotas transcurre en cierta mediocridad material que no le afectaba mucho porque —como un estoico— se había podado de necesidades. Sabía de plantas, animales, ensalmos y recetas de brujo. Era inventor y paradójico- Su cultura clásica y moderna en múltiples lenguas y disciplinas, gustaba también de lanzarse a las mágicas vertientes del alma popular. Doctor por la Universidad de Caracas insurgía continuamente contra todo tabú social y convencionalismo académico.

Haciendo vida de estudiante en una pensión de Caracas y en un cuarto heteróclito que era un pequeño laboratorio de Doctor Fausto, le conocí en su vejez, y nada le hubiera disgustado tanto como que se le tratase con formulario respeto. Estaba dispuesto a compartir con los estudiantes una copa de desenfadada cerveza juvenil, irse con nosotros de excursión y desaparecer, de pronto, del alegre convivio porque le dieron ganas de estirar más las piernas y escaparse por la carretera de Occidente.

De muchacho conversé varias veces con Alvarado, y aun él apadrinó con humor y generosidad risueña algunas de las primeras páginas que salieron de mi pluma. Más que su prosa o su arte literario (había muchos escritores venezolanos que escribían con mayor gracia o dominio estilístico) me atraía en su personalidad el propio y profundo conflicto que traslucía su espíritu; ese querer "ver más allá" del dominio conocido y límite aparencial de las cosas; su "demonismo" revestido de extravagancia. Era posible en una charla con Alvarado pasar de lo materialista a lo esotérico. Alvarado es el pequeño Aristóteles sin discípulos, en una sociedad que no lo comprende.

Lisandro Alvarado fue masón. En la Respetable Logia Concordia N° 36 de Guanare fue iniciado en 1888. La masonería proyecta a Alvarado por el camino de la interpretación del mundo cuyo derrotero es la realización personal, la perfección moral y trascendencia espiritual a través del estudio seguido sobre la base de la vinculación universal de todas las cosas.

La doctora Naudy Trujillo Mascia en su Conferencia Don Lisandro Alvarado. El prohombre larense y venezolano señala: Así, el Alvarado masón se convierte en el máximo exponente de la filosofía antropológica venezolana; una libre, sin dogmas, sin fanatismo, sin superstición ni imposiciones, en la que siempre se toma en cuenta la relación entre el microcosmos humano y el macrocosmos universal en el entendimiento del desarrollo histórico evolutivo del hombre.

Por su parte Gregorio Tiskow en su libro Lisandro Alvarado. Retrato de un masón nos dice: Y tan exitoso es Alvarado en la práctica masónica que escala al grado 30 de los 33 que contempla el trayecto del Rito Escocés Antiguo y Aceptado al cual se adscribió. En este nivel, denominadoCaballero Kadósh, el masón es un hombre nuevo en quien se subliman las virtudes;  un filósofo, un ser santificado, con dones de inteligencia y sabiduría y a quien se le exige una misión casi apostólica de enseñar toda la verdad y el conocimiento que ha adquirido. Coloquialmente se les llama las bibliotecas ambulantes.
Por su condición de masón no se le permitió ser recibido en la iglesia para su responso final. El pueblo entonces lo llevó a la Plaza Bolívar y allí frente a la estatua del Libertador se le rindió su tributo final. Pascual Venegas señaló: Ha muerto el Simón Rodríguez de fines del siglo XIX y comienzos del XX. El hombre de vasta ilustración descrito por Gil Fortoul.

El Doctor Lisandro Alvarado no sólo nos dejó sus conocimientos sino también la gracia de sus leyendas y ocurrencias demostrando con ellas su gran humanidad. Una vez el sabio llegó a San Juan de Los Morros, gobernado en ese tiempo por Julián Correa. Se fue a hacer estudio de etnología y geología atraído por las puntiagudas colinas de sus morros y sus aguas sulfurosas. Y en lugar de hospedarse en el pueblo, se dirigió a uno de los ranchos cercanos al manantial y pidió posada, sin darse a conocer. Tenía varios días haciendo sus estudios cuando llegaron las lluvias y con ellas, dos epidemias, una de gastroenteritis entre los niños y otra de paludismo entre los adultos. El doctor Alvarado, con su conocimiento de las plantas que por allí se conseguían comenzó a curar a los enfermos y como no les cobraba y ellos sanaban sin gastar en medicinas, la noticia rápidamente llegó al pueblo. Tanto que, alarmado, el boticario, el más afectado por la situación porque dejaba de vender en su botica, fue con el chisme al Jefe Civil diciéndole que había un “curandero en los Baños”, que ejercía ilegalmente la medicina. Al día siguiente la autoridad fue a buscar al doctor Alvarado obligándolo a ir a la Jefatura. El médico lo hizo, se presentó ante el Jefe Civil con su cuaderno y su libro debajo del brazo y Correa, sin ofrecerle asiento y sin rodeos le dijo: Dígame amigo, ¿es cierto que usted está recetando en estos montes? Si, es cierto, respondió el doctor; he recetado y he curado a esa pobre gente que no tiene ni siquiera con qué comprar remedios. Y Correa le responde: Oiga, por ahora no lo voy a meter en un calabozo porque ninguno de sus enfermos se ha muerto, por fortuna suya se han curado, pero sepa usted, que si yo vuelvo a saber que usted ha seguido recetando, lo voy a poner en la raya. Es bueno que usted sepa que el gobierno y las leyes se respetan. De modo, amigo, que ya lo sabe, no quiero más quejas de usted. Puede retirarse. Y agradezca que no se le muriera ninguno. Cuando terminó el doctor le dijo: Pierda cuidado general, que no tendrá más quejas de mí, porque de una vez le voy a desocupar su jurisdicción. Pase muy buenos días y consérvese con felicidad.

Y Alvarado se fue, a pie, como de costumbre, con su magnífica humildad y sin darse a conocer buscó el camino que lo conducía a Caracas.

En otra ocasión andaba el doctor estudiando la flora de los cerros de Guanare. Y lo vieron las tropas que cruzaban los matorrales. Al ver un hombre vestido de modo tan raro (casimir y zapatos de patente) lo tomaron por  un espía sospechoso  y lo detuvieron, más al revisar sus papeles con números y anotaciones raras que ellos no comprendían. Algunos hasta opinaron que fuera pasado por las armas de una vez. Al final decidieron llevarlo en presencia del General que los comandaba, quien al verlo, dijo: Tenemos poco tiempo, aquí no hay nada que hacer. Mientras se averigua y pensamos, denle un chopo y un fusil para que nos acompañe que bastante necesidad tenemos de soldados. Y al día siguiente estaba el doctor Alvarado subiendo y bajando cerros por estrechos caminos, con su arma al hombro y en el pecho dos morrales, uno con las medicinas que regalaba y otro con sus libros y apuntes. Al llegar a los pueblos cercanos a su tierra las personas comenzaron a reconocerlo, a pesar de verlo con su ropa sucia y casi descalzo. Se corrió la noticia y al puesto militar fue una comisión compuesta por el Jefe Civil, el cura, algunas señoras y señoritas y le pidieron al General Guerra la libertad o la licencia para el sabio médico que tenía en sus filas. El General inmediatamente le dio la libertad diciéndole: reciba mis excusas por el proceder equivocado que se había observado con un hombre de tan altas condiciones, cuyo nombre es una gloria para la patria. El doctor se despidió de esta forma: General, no tiene porque excusarse. Yo, más bien le quedo muy agradecido, porque me proporcionó la oportunidad de conocer de cerca y en carne propia la vida del vivac de nuestras contiendas intestinas.

Andrés Eloy Blanco, nuestro insigne poeta, en una clase en la Universidad les contó a sus alumnos esta anécdota del sabio Alvarado: Existía una volcánica amistad entre Gil Fortoul y el sabio Lisandro Alvarado, ambos del Estado Lara. Llegó Gil Fortoul por fin al extremo de sentir espantarse en él sus propias malas pulgas, que bastante tenia, y llamando a alguien que le servía de portero, le dijo: Usted me va a buscar a don Lisandro y me lo trae preso al ministerio, y la escena fue verdaderamente original. Se insultaron. Lisandro Alvarado lo insultaba: ¡Claro!, como usted es ministro, usted se cree con derechos a poner preso a todo el mundo; y el otro insultaba: ¡cómo es posible que a usted no se le encuentre por ninguna parte! ¿Acaso que usted es un vago?; y el otro le contestaba: Es que yo no soy un empleado que anda fiesteando. Pero bueno, yo lo necesito para esto, y le dice la cosa, y todo entre gritos; y acepte usted; y el otro le dijo, lo acepto, pero no me moleste más. Así se entendían ellos”.

Lisandro Alvarado fue un hombre adelantado a su tiempo. Su cultura era como un tesoro. Lamentablemente la Venezuela de su época no pudo suministrarle todo lo que necesitaba para su sed de conocimiento. En el monótono y  trágico clima de las tiranías, en el azar sin orden de un convulsionado devenir se marchitan grandes inteligencias cayendo sobre ellas un destino de misantropía y soledad. Es quizás, una historia permanente, la del idealista que no alcanza  a convertir su ideal en acción.

Gracias por tu lectura. Y recuerda: no se trata de ti, ni de mí; ni de tu pueblo, ni de mi pueblo. La historia de un hombre de América es la historia de todos los americanos.

10 de marzo de 2015. Día del Médico venezolano

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