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jueves, 12 de noviembre de 2015

EL IMPRESCINDIBLE TOLEDO, Germaine Gómez Haro (La Jornada Semanal)



Foto: Jorge A. Pérez Alfonso/ La Jornada
El artista plástico, activista, luchador social, ambientalista,
promotor cultural y filántropo de la “voz chiquita”

Germaine Gómez Haro
La cita con Francisco Toledo en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) era a las 10 horas. Al acercarme cinco minutos antes me encontré con una fila de niños perfectamente alineados que aguardaban su entrada al recinto. Era un grupo de primero de primaria de la Escuela Benito Juárez, según me informó una de las profesoras. Qué maravilla que tengan esta oportunidad, pensé. El iago es un espacio lleno de vida, y es muy estimulante ver siempre a un numeroso público de muy diversas edades consultando su fabulosa biblioteca, integrada por más de 50 mil volúmenes, la cual crece literalmente día con día gracias al amor que el Maestro profesa a los libros y su persistencia por conseguir los títulos importantes recién publicados en el mundo. Toledo me recibió en el exuberante patio del fondo, donde había unas mesas preparadas para acoger a los niños después de su visita. La cita era para conversar sobre sus proyectos recientes. El Maestro no tiene tregua. Que si la protesta contra el maíz transgénico, que si Ayotzinapa, que si la defensa de las lenguas zapotecas, que si el atentado contra el área natural en el Cerro del Fortín… Y todavía tiene la cortesía de aceptar una entrevista, con lo poco que le gustan.

–¿De dónde saca tiempo para estar al frente de tantos proyectos?
–Ahora que tengo barba blanca y canas, ¡ya no tengo tanto tiempo! Ya son setenta y cinco años y están pesados.
¡Qué va! El Maestro se da tiempo para todo y todo lo lleva a cabo con una energía contagiosa. Por eso ha conformado un contingente de discípulos, colaboradores y cómplices que lo acompañan en sus contiendas sociales y políticas, y lo apoyan en la realización de sus aventuras filantrópicas y artísticas. Por eso también habla siempre en plural, nunca da el crédito a su persona. Lo suyo es un trabajo con y para la comunidad.
–Ya se ha publicado mucho todo lo que hacemos, sólo me repito –me dice con su voz suavecita.
–No, Maestro. En Oaxaca pasan muchas cosas, se pelean y se ganan muchas batallas. Es un ejemplo para el resto del país. No hay que cansarnos de difundir todo lo que con tanto esfuerzo y esmero se hace aquí.
Los niños llegan al patio, saludan al Maestro y con sonrisas luminosas agradecen los cuadernos que les han regalado. En sus portadas vemos imágenes de grabados antiguos: un xoloitzcuintle, una víbora de cascabel, una tortuga, elegantes figuras finamente impresas. Nada más alejado de los diseños de dibujos animados o mujeres encueradas que aparecen comúnmente en los cuadernos escolares. Este es uno de los proyectos que el Maestro está luchando por concretar: la producción de estos hermosos y finos cuadernos para distribuirlos gratuitamente en las escuelas públicas. Ya circulan en algunas regiones, pero se necesitan patrocinios para llegar más lejos.
Toledo pinta un papalote para la exposición colectiva del Centro
de las Artes de San Agustín, Etla, Oaxaca, 31 de octubre de 2008.
Foto: Roberto García Ortíz/ La Jornada

–No tenemos nada en contra de las mujeres encueradas que aparecen en los cuadernos –comenta Toledo entre risitas–, pero estamos tratando de mostrarles a los niños una estética diferente. Éstas son láminas antiguas y en la contraportada se incluyen textos en zapoteco y en español. La idea es que lleguen a las cuatro zonas de habla zapoteca donde se están realizando talleres de enseñanza y divulgación de estas lenguas que no se entienden entre sí. Parte de este esfuerzo se ha financiado con la impresión de esta carpeta.
Me muestra el facsímil del libro Esopo, editado originalmente en Oaxaca en 1849, y ahora bellamente reproducido por Juan Pascoe, acompañado por un grabado del Maestro y contenidos dentro de una elegante caja forrada de lino. Una joya bibliográfica realizada por Ediciones Toledo y la Fundación Alfredo Harp Helú con cuya venta se patrocina el programa de los cuatro talleres.


Toledo filántropo y activista social
La reivindicación de la lengua zapoteca ha sido una de las prioridades del artista desde que regresó a Juchitán en 1965, tras una estancia de un lustro en París. En 1972 creó la Casa de la Cultura de Juchitán, su primera incursión como promotor cultural. Ahí también sembró la semilla de la biblioteca y la colección de gráfica internacional que hoy cuenta con más de 12 mil obras que forman parte del acervo del iago. Su pasión por los libros lo impulsó a apoyar un proyecto editorial bajo el sello del Ayuntamiento Popular y la revista Guchachi Reza (Iguana rajada, en lengua zapoteca). En 1983 surgió Ediciones Toledo, donde se publicaron importantes trabajos de historia, arte y literatura, y desde 2006 encabeza la editorial Cálamus. En Juchitán hizo sus pininos como activista social y político al incorporarse a la Coalición Obrero-Campesino-Estudiantil del Istmo (COECI), que luchaba por el poder municipal y estaba ligada al movimiento cultural generado por la Casa de la Cultura. También ahí sufrió en una manifestación la primera agresión por pronunciarse contra la corrupción priísta en la zona, un hecho violento que propició su salida definitiva de Juchitán y su regreso a la ciudad de Oaxaca.
Francisco Toledo trabajando en una cerámica de alta temperatura engobe
y policromada. Foto: Ezequiel Leyva/ La Jornada

En 1988, Toledo fundó elIAGO, centro neurálgico de su actividad filantrópica y social, al que le siguen el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO), el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo, la Biblioteca para Ciegos, Jorge Luis Borges, la Fonoteca Eduardo Mata, el Cine Club El Pochote, el Taller Arte Papel, y quizás su proyecto más ambicioso, al que ha dedicado los últimos diez años y que hoy en día es –sin temor a equivocarme– el centro cultural más importante de nuestro país: el Centro de las Artes de San Agustín (CaSa) en Etla, donde se imparten talleres de gráfica, fotografía, literatura, danza contemporánea, teatro, cine. CaSa recibió el año pasado a más de 5 mil alumnos provenientes de diez países y veinticuatro estados de la República, aunque la mayoría de los beneficiados vienen de las comunidades oaxaqueñas. Se han organizado en este Centro exhibiciones de creadores mexicanos y extranjeros del más alto nivel en artes visuales, diseño, arquitectura y artes populares. Es un centro interdisciplinario que incluye en su programación cursos y talleres teóricos y prácticos, con la presencia de destacados artistas e intelectuales que vienen de diversas latitudes.

En el contexto de la defensa del patrimonio artístico y ambiental –no nada más en Oaxaca, sino en el resto del país–, Toledo creó en 1993 el Patronato Pro Defensa y Conservación del Patrimonio Natural y Cultural del Estado de Oaxaca (PRO OAX) apoyado por un grupo de artistas y personalidades influyentes, un organismo a través del cual se han librado numerosas luchas como la defensa a migrantes desamparados y a mujeres indígenas encarceladas injustamente; la protesta contra la instalación de McDonalds en el Centro Histórico de Oaxaca; la protección de la zona arqueológica de Monte Albán; el rescate del río Atoyac que atraviesa la ciudad; la irresponsable tala de árboles centenarios y la presencia de horribles bancas de concreto en el zócalo; la construcción del Walmart en Teotihuacán; la mediación en el conflicto político-social de 2006 entre el gobierno y la APPPO, el intento de rescate del exconvento de Santa Catalina de Siena (hoy convertido en hotel), la intromisión ilícita de Casas Geo en las comunidades y, en tiempos más recientes, la denuncia del maíz transgénico, de la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa y del desastre ecológico que supone la construcción del Centro de Cultura y Convenciones en el Cerro del Fortín, por cuya protesta fue agredido violentamente en días pasados, hecho que ha consternado e indignado a todos los que sabemos que tiene toda la razón y exigimos una respuesta responsable e inmediata por parte del gobierno del estado. A lo largo de todas estas batallas –y las que haya faltado mencionar–, Toledo ha sido sujeto a todo tipo de calumnias e intrigas, pero nada ha sido capaz de quebrantar su postura ética y moral que lo ha convertido en el activista cultural y social más respetable que tiene nuestro país.
 
Francisco Toledo con su hija Sara. Foto: Carol Patterson
 
En su estudio de París, circa 1961
Tuve el gran privilegio de formar parte del equipo de producción de la película El Informe Toledo, de Albino Álvarez, estrenada en 2010 y en la que ha quedado plasmada su vocación de servicio a la comunidad. Nunca dejaremos de agradecerle las incontables horas que nos regaló para la filmación de este testimonio visual de su admirable actividad humanista. Con la sencillez que lo caracteriza, comenta en el filme: “Cuando yo participaba en Juchitán en los ochentas, Tamayo me decía: ‘Ya deje de hacer esas cosas y póngase a trabajar. Usted es pintor, no político. Con esa voz que tiene tan chiquitita no va a hacer gran cosa.’ Y bueno, debí de haberlo escuchado. Pero no, hay algo que me jala para otro lado.”

Qué fortuna que no le hizo caso a Tamayo. Con esa “voz chiquitita”, Toledo ha llegado lejos y los resultados están a la vista. Es un líder imprescindible, toda vez que en ningún momento ha dejado de ser un extraordinario creador.


Toledo, el artista
La pintura de Toledo fue celebrada desde su primera exposición en la galería de Antonio Souza en 1959, cuando éste le sugirió abreviar su nombre de pila –Francisco Benjamín López Toledo– y firmar Francisco Toledo. Su soltura y espontaneidad innatas fueron la piedra de toque de una creación artística que abarca pintura, dibujo, gráfica, escultura, cerámica y, en los últimos años, el desarrollo de un variado corpusde piezas realizadas en conjunto con excelsos artesanos: bordados, lámparas en papel, diseños en vidrio, joyería, tapices y objetos en felpa, mosaicos hidráulicos, tejidos en hilo de cobre con aplicaciones, rejas en hierro forjado, vitrales, diseños elaborados en placas radiográficas, todo esto en combinación con los artesanos a los que invita a trabajar en el CaSa, donde también participan renombrados artistas que incursionan en una plataforma de experimentación entre la tradición y el arte contemporáneo. Siguiendo al Maestro, los artistas donan sus diseños y regalías a CaSa para dar continuidad a otros proyectos y hacer autofinanciables los talleres.
Omití mencionar al Maestro que nuestra charla tenía como objetivo este texto para conmemorar sus setenta y cinco años. A él no le gustan las celebraciones, y mucho menos ser el foco de atracción. Pero esta fecha es sólo el pretexto para recordar, subrayar y divulgar su incesante dedicación, durante más de cinco décadas, al trabajo social. Este país sería otro si existiesen muchos Toledos, y no hay que cansarse de decirlo, como tampoco hay que cansarse de agradecerle su infinita generosidad, su encomiable ejemplo de humanismo y solidaridad. Para fortuna de nuestro atribulado país, Toledo no se cansa y no se derrota. Según sus propias palabras: “Sigue la mata dando…”


Autorretrato, 1990
“Si hubiera un Toledo en cada estado, el país sería otro.” Creo profundamente en lo repetidamente dicho por muchas voces, a las que me uno, con admiración al Toledo artista, al Toledo promotor, al Toledo solidario, pero sobre todo al Toledo humanista. Pienso en la imagen de Leonardo da Vinci, El hombre de Vitruvio, el dibujo que se ha convertido en un símbolo universal en cuya perfección y armonía miro a Toledo, y en él al hombre reconfigurado en un ser espiritual, centro sagrado del universo, donde se refunda una nueva generación de hombres libres que basan su existencia individual en la convivencia colectiva, con respeto a la diversidad, a las identidades y a la tolerancia.
Tuve la fortuna de crecer cobijado por las iniciativas del maestro Toledo; primero en la Casa de la Cultura de Juchitán y después como estudiante de artes de laUNAM, con mis visitas periódicas al Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, donde complementaba mi formación visual. En 2006 fundé el Centro Cultural La Curtiduría, un espacio en la ciudad oaxaqueña que no podría existir sin el aliento y ejemplar seguimiento con las implícitas enseñanzas del maestro Toledo, quien me inculcó que las artes y la cultura humanística nos brindan la posibilidad de tener seres más justos, que contengan la esencia de sus pueblos, de su memoria histórica y de las múltiples dimensiones de la vida y de los sueños que encarnan.
Han pasado veinticinco años desde que tuve el privilegio de visitar al Maestro en su casa, posteriormente convertida en el cine club conocido como El Pochote. Lo vi trabajar sin decir palabra alguna entre nosotros durante horas en su Jardín de las Delicias. Esta vivencia me motivó a estudiar artes y empezó una admiración profunda hacia el maestro Toledo, que crece día a día.
Felicidades, Maestro.
Demián Flores, artista visual
 



Toledo vuela un papalote en el Centro de las Artes
de San Agustín, Etla, Oaxaca.
Foto: Roberto García Ortíz/ La Jornada
El Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, el iago, ha sido el motor de toda la vorágine cultural que se vive en Oaxaca. Soy producto de esta maravillosa biblioteca y si a Toledo le decimos Maestro, yo me considero su discípula. He tenido la fortuna de caminar junto a él, y aunque cada uno hace sus proyectos, siempre somos aliados. Él descubrió el hilo negro de servir a la sociedad a través del arte. Cuando llegué a Oaxaca sentía la vocación de servir a la sociedad, pero no sabía cómo. A través del Maestro encontré el camino. México es un país muy creativo, lleno de arte: una tierra que late, y estamos sedientos de espacios como los que ha generado el Maestro, donde la comunidad tiene acceso y participa. Proyectos plurales en los que las puertas están siempre abiertas para todo el mundo. La biblioteca está al día y el Maestro no escatima un centavo para tener las mejores novedades. Todo lo que hace está enfocado en cómo beneficiar a la sociedad, a su comunidad. Es un artista y tiene la sensibilidad a flor de piel, por eso le duele todo lo que pasa. Para mí ha sido un gran estímulo. No se predica más que con el ejemplo.
María Isabel Grañen Porrúa
presidenta de la Fundación Alfredo Harp Helú
 

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