jueves, 3 de septiembre de 2015

JUAN CALZADILLA: EL POETA T LAS PALABRAS, David Cortés Cabán (MediaIsla Revista literaria)

Juan Calzadilla: el poeta y las palabras

Calzadilla 2DAVID CORTÉS CABÁN [mediaislaHay en la obra de Juan Calzadilla toda una dimensión que nos indica un movimiento, una concepción del acto poético que parece esperar del yo lírico mucho más de lo que implican las palabras. Algo que aunque se dice en un tono bastante directo, proyecta una voz que impacta como un boomerang
Yo no creo que el poeta sea injusto con sus emociones
porque las explote. Más bien
frente a éstas actúa con miedo y pudor,
celoso y confiado en que las palabras harán el resto,
sabiendo que más allá del limitado poder del lenguaje
querer abarcar lo imposible conlleva
derrota y humillación.
J. C.
No es de extrañar para los que se acerquen a la poesía de Juan Calzadilla (1931), enfrentar un lenguaje que transgrede el sentido de lo nombrado para conducirnos a una expresión que va más allá de lo que implica el acto creativo. No ya en el sentido absoluto de las cosas, sino en el del doble sentido o el sentido que podríamos atribuirle a las cosas que se ven a la luz del humor y la ironía, elementos de una visión de mundo que parece cuestionar nuestro modo de acercarnos a la lectura de este autor. Su libro más reciente, Poesía por mandato, Antología personal (1978-2012)[1] recoge composiciones inéditas y poemas de libros publicados entre 1962 y 2013. Más de cincuenta años de infatigable e ininterrumpida creación de un imaginario que genera siempre una postura novedosa y un modo muy particular de escribir y sentir la poesía.
Dividida en cinco apartados, y con textos que provienen de veintidós libros, esta antología nos ofrece un panorama total de la magnífica obra que ha elaborado Juan Calzadilla a través de los años. Refleja la lucidez y profundidad de un poeta que nos hace reflexionar sobre el sentido de la realidad y de la poesía misma; incluso de los valores que condicionan nuestra actitud ante el mundo. Es decir, lo que sentimos y responde a nuestra relación con el entorno. Lo que germina en nuestra interioridad, pero no decimos. La percepción de una realidad que se multiplica en infinitas y sorprendentes posibilidades interpretativas. Y es que la obra de Juan Calzadilla nunca nos deja al margen, sino al centro de una visión de mundo cuyos valores éticos y estéticos implican otra mirada, otra actitud ante el lenguaje y las cosas que sostienen su mundo. Y su mundo nos conmueve porque en cierta forma nos sentimos íntimamente ligados a lo que proclama sin regodeos ni glorias su palabra. La dimensión de una escritura que se resiste a aceptar las apariencias de lo que vemos descartando todo hermetismo para proyectar la condición del poeta y su obra. Por eso, muchas de las referencias de esta escritura las hallamos en el ámbito de la cotidianidad y en los contrastes de ese espacio exterior que la refleja. Esto es lo que demarca los límites entre lo que siente el poeta y lo que sucede más allá de esa visión sujeta al hilo de las palabras. La imagen que nace de esa mirada acaba siempre por hacernos reflexionar sobre lo que ocurre en el diario vivir y lo que adquiere su particularidad en el lenguaje. Creo que para Juan Calzadilla ─alma noble consagrada a la pintura y la escritura─ la poesía parece una esfera de múltiples referencias en las que se cuestionan sutilmente todos los aspectos de la vida comenzando, sin duda, por la suya como paradigma de su propia realidad.
Hay en la obra de Juan Calzadilla toda una dimensión que nos indica un movimiento, una concepción del acto poético que parece esperar del yo lírico mucho más de lo que implican las palabras. Algo que aunque se dice en un tono bastante directo, proyecta una voz que impacta como un boomerang al sujeto que la formula. En otras palabras, una mirada que refleja la identidad del yo como reflexión, pero también como continuidad e incertidumbre de esa realidad:
[…]
Mi movilidad es lo que hace que viva.
Es, así pues, mi carta de triunfo.
Pero ¿por qué tengo yo que ir más de prisa
y dar cuenta de los frutos de mi rápida incursión
en esta vida, de las ganancias y las pérdidas
que en el trayecto hice?
(¿Por qué tengo yo que ir más de prisa?, p. 5)
La movilidad es, en cierto modo, la revelación de esa continuidad que nos transmite el mundo exterior y la intimidad del yo lírico. Lo que nace como exteriorización de esa experiencia: las ganancias y las pérdidas ─en el sentido estético y espiritual de la palabra─ de ese mundo. Todo bajo el ímpetu creativo que proyecta la imaginación del poeta: “Deberíamos atrevernos a narrar con lujo / de detalles todo lo que nos pasa por la mente / en una especie de diario donde nada real sucede” (7). Pero ciertamente, no todo lo que “pasa por la mente” del poeta culmina en un hecho poético, aunque sabemos que esa cotidianidad contiene la esencia de las cosas que están latentes en su obra. Por eso los temas de su escritura también están marcados por la soledad y la angustia como consecuencias de esa realidad. Es ahí donde la poesía misma se convierte en una tabla de salvación. Sobre todo en la dimensión de una poesía que aunque impregnada de ironía y humor no deja por eso de manifestar un sentimiento de dolorosa incertidumbre sobre las cosas que obsesionan al escritor:
Yo tenía como ocupación habitual pasar de largo.
Dejaba atrás las ciudades, las multitudes,
las plazas, la campiña y la recta que conduce
al horizonte y su curvatura plana.
Lo cierto es que dejaba bien atrás al tiempo
como si ya no me perteneciera.
Y además, el presente, el porvenir, los buenos
y malos augurios, los muertos en sus parcelas,
las máscaras, los trajes, el exilio,
los huesos frotados por el timbre de las lluvias,
el temor, el éxito y las calamidades,
los claros entre la maleza y la muralla,
quién duda de que eran un recuerdo bien lejano.
Memoria, te nombraré de última,
ah viejo reloj estropeado.
Quién mejor que yo sabía que mi programa
era pasar de largo
y que si algo llevaba conmigo
era mi deseo de pasar de largo.
(“Incluso frente a mi vida yo pasaba de largo”, p. 15)
Calzadilla 3El sentir de ese “pasar de largo” apunta hacia un sentimiento que sitúa al sujeto lírico dentro de una visión recelosa de la vida. ¿Qué es lo que retiene ese pasar de largo en la dimensión del tiempo? Una imagen, un recuerdo, un paisaje que hace legible lo perecedero. La visión inconfundible de un yo que depende de las palabras para precisar la presencia de sus pasos. Por lo demás, la memoria ya parece sentir la vastedad del tiempo. Lo nombrado transcurre como la descripción de una figura que pasa de largo como si de este modo evitara ser objeto de atención. Pero el anhelo de “pasar” responde también a una referencia del ser ante el escenario que contempla. La imagen de ese espacio proyecta lo que existe más allá de las apariencias. De modo que lo que existe, lo que se desprende de esa visión y se fragmenta en el lenguaje es también lo que constituye su presencia. Una realidad mucho más compleja de la que percibimos. Por eso la conciencia no busca asumir una actitud que transforme el sentido de la vida o las cosas que atraviesan la cotidianidad del poeta. En esa travesía su ironía será un escudo contra la dureza del mundo y las apariencias y artificios de la cotidianidad:
El horizonte solo es accesible
a las lejanías.
Pone siempre entre él y nosotros
las distancias.
De nada vale que te precipites
a darle alcance.
Cuando llegues, ya se habrá
mudado a otro horizonte
que como tú es también voluble y errático.
(“Los horizontes son nuestros brazos”, p. 53)
El horizonte infinito es una imagen que sostiene la presencia del hablante en diálogo continuo con su mundo. Lo íntimo y lo lejano representado en la fugacidad de aquello que busca iluminar la palabra. Ese horizonte revelado en la condición temporal del ser recoge el transcurrir que retiene su realidad y penetra su condición humana: “El camino se recorre a sí mismo. / No eres tú el que lo recorre. / Tú te recorres a ti mismo” (p. 56) En lo íntimo de ese “recorrer” late indudablemente la reflexión que legitima la condición pasajera del ser. El horizonte cambiante y movedizo donde se desplaza su presencia. Por eso el poeta no puede permanecer inmutable, ni indiferente al tiempo y las cosas. Dice lo que siente no para sustituir una realidad por otra, sino para expresarla como sustancia de su vida en conformidad con el tiempo que le ha tocado vivir.
                                 Tú que celebras, ¿has notado alguna diferencia
de ayer a hoy? ¿Por qué tanto alboroto?
Asómate, observa la calle y dime
si en este día de año nuevo todo no continúa igual.
Tu mirada y las cosas que ves permanecen
a la misma distancia de ayer, unidas por una línea recta
a través de la cual tus ojos dan por conocido
todo lo que encuentran en esa dirección.
El cielo sigue siendo de un austero azul neutral.
No hay nada nuevo en la forma en que
el sol lame la pared de enfrente. De eso mismo
se ocupaba ayer. ¿Y acaso ha adelantado en su tarea?
¿Qué te hace pensar
que flota en el ambiente un matiz especial
de cuya condición efímera se desprenda
un estado de ánimo más optimista y diferente
al de ayer? ¿Qué es eso de salir a dar gritos
por la calle? Esta mañana los acontecimientos
sin presentarse duermen a pierna suelta.
El azar mantiene en secreto su próximo paso.
Dependemos mucho más de él que de nosotros.
Voltea y observa en tu cuarto la pared
donde el almanaque cuelga en su sitio, sin moverse,
a la par del tiempo que con su ir y venir
hace que las cosas, inmóviles también,
se resistan a cambiar, cubriéndolas
con su manto polvoriento.
El espacio que habitas es el mismo.
Tú también.
(“Poema de año nuevo”, pp. 69-70)
¿Qué es lo que notamos en este poema en el que el tiempo toma dominio absoluto de lo que vemos como si lo nombrado negara el sentido de la realidad? ¿Quién está en esa habitación y quién es el que mira a través de esa ventana? ¿Qué sugiere esa mirada que parece aceptar lo permanente como una consecuencia del azar?: “Asómate, observa la calle y dime / si en este día del año nuevo todo no continúa igual”. Lo que el hablante recoge desde esa habitación es un paisaje retenido en la mirada: el ruido, la celebración del nuevo año, el cielo azul, la mañana, los mismos acontecimientos. Toda una realidad exterior que filtra un espacio en el que las cosas proyectan su condición intransferible. El pasado y el presente fundidos en una misma imagen que se desliza en un tiempo indiferentemente y lineal. Esto es precisamente lo que sugiere el poema. Un estar en el que la materia parece resistirse al tiempo que la consume. Un tiempo ordenado por un azar insoslayable como si lo desconocido alternara con nuestro paso por el mundo y como si lo inanimado fuera parte de ese ir y venir que concreta la existencia: “El azar mantiene en secreto su próximo paso. / Dependemos mucho más de él que de nosotros”. El azar representa el territorio desconocido del acontecer humano. Un modo de reflexionar sobre el tiempo y las consecuencias de su negación. La vida misma presentada como incertidumbre y cuestionamiento de una realidad en que la certeza de lo visto se ha convertido en algo lejano y polvoriento, como si no existiera un antes ni un después, como si todo permaneciera estático en un mismo lugar:
Voltea y observa en tu cuarto la pared
donde el almanaque cuelga en su sitio, sin moverse,
a la par del tiempo que con su ir y venir
hace que las cosas, inmóviles también,
se resistan a cambiar, cubriéndolas
con su manto polvoriento.
El espacio que habitas es el mismo.
Tú también.
Este sentimiento revela la realidad del sujeto poético, su estar frente al tiempo. Esto no constituye, por supuesto, la negación de su temporalidad. Hay más de una perspectiva que caracteriza esta relación en la atmósfera de estos poemas. En ellos el conocimiento de lo que vemos parece reflejar un sentido impersonal que paradójicamente alude al vivir del poeta y la experiencia de la escritura. El lenguaje mismo será lo que sostiene su presencia dentro de esa visión de mundo. El esfuerzo por concretar una imagen que satisfaga su necesidad son indudablemente parte de esa intensidad que impone la creación: “Desconfía de lo que brota repentinamente / pero también, y aún más, de lo que necesita / mucho tiempo para madurar”, dice en estos versos (p. 76). Y más adelante: “No escribo sobre aquello que pasa por mi cabeza. / Más bien escribo sobre aquello / por lo que mi cabeza pasa. / Vivo solo encerrado en mi cuerpo. / Yo soy mi universo y mi solo firmamento”. (p. 85) Ese pasar sobre las cosas es precisamente lo que manifiesta el poema como una respuesta a lo permanente y definitivo. Una idea que rechaza el concepto de esa perfección que busca particularizar la escritura. Pues la misma experiencia y conocimiento de la realidad nos sitúa frente a una imagen poética que siempre va más allá de la razón que la sostiene. Así mismo dentro de esa perspectiva, admite más de un modo de interpretarla. De un lado está la distancia: la mirada objetiva que retiene el instante de lo contemplado; y por otro, lo que la imagen misma integra como aceptación o negación de esa experiencia. No es que exista una contradicción entre la imagen y lo que se observa, lo que importa es lo que arroja esa mirada como referencia y reflexión de esa realidad:
Cuando salgo de casa llevo conmigo a las palabras.
Entonces comienzo a descubrir las cosas,
veo esto y aquello con asombro de neófito en una ventana.
O quizás no veo ni descubro nada nuevo y asombroso
sino que nombro y nombro.
Por eso fue bueno traer conmigo a las palabras.
Fue útil tenerlas a mano, conmigo, en alguna parte
de mi mente
para comprobar
que todo lo que descubro se reduce a ellas.
                                                             II
                                Muy hermoso debe ser el paisaje
que elogias tomándote el trabajo de señalármelo
con la mano para que lo vea. Pero
yo sólo estoy viendo
aquello en lo cual pienso.
Bastante ocupado me tiene mi propio paisaje.
No un paisaje propiamente
sino un lugar en mi mente.
(“Nombro, no descubro”, p. 86)
El asunto del poema configura otra perspectiva, demanda mayor atención por la intensidad de la imagen que incorpora. No de la imagen que nace de la voluntad absoluta del poeta, sino de esa visión que se transforma como un espejismo que adquiere en la distancia otra dimensión:
¿Es que volaron antes de que nos diéramos cuenta
de que podían hacerlo sin necesidad de tener alas?
¿O fue que nuestras miradas se las prestaron?
Así el poema.
(“Los pájaros”, p. 89)
Cazadilla 1El juego intuitivo entre el vuelo del pájaro y el poema despliega una imagen que por sí misma manifiesta el proceso sutil de la creación. El cuestionamiento que orienta el trasfondo del poema refleja su estremecida realidad. Lo que aspira poseer el hablante en el plano estético del lenguaje. Allí se funde la fugacidad de ese “vuelo” cuya imagen sintetiza la naturaleza del acto poético. Parece que el sentido de la escritura se desdibuja hasta trazar la ilusión de otro paisaje. Así lo sugieren los siguientes versos: “Que se oponga pero que deje ver / Como la verja, no como la pared.” (“La realidad”, p. 96). Y así mismo la intención de los versos: “Que refleje pero que deje ver / Como el cristal, no como el espejo.” (“El poema”, p. 97). Precisamente este reflejar retiene el sentido que intenta presentar esa realidad. Las cosas que vemos o imaginamos a nuestro alrededor, lo que pasa por nuestros ojos ante la sostenida contemplación de un paisaje que busca plasmar la esencia de lo contemplado y no las apariencias:
                               Sentados en el barranco vemos la cascada
cayendo como sílabas blancas
fija sobre las grandes lajas
tal si una lengua oscura recobrara en el chorro
el uso de la palabra.
Y si enmudecemos nosotros es sólo para percibir mejor
cómo en la columna de agua una voz sin descanso
repite nuestros nombres,
insistentemente. ¿O será que la naturaleza, acaso oscuramente,
sin obtener respuesta, nos habla?
(“La cascada”, p. 105)
Esta visión que vuela como una ráfaga deslumbrando la conciencia, enriquece el sentido de esa contemplación. Nos comunica el lenguaje que el hablante descubre en la cascada. Lo que allí se percibe sugiere una realidad mucho más profunda de la que pensamos. Y en efecto, esto es lo que ─desde mi punto de vista─, busca comunicarnos la poesía de Juan Calzadilla. Este sentir lo ha advertido también el poeta Luis Alberto Crespo al señalar que: “Desde sus orígenes, dicha obra se ha orientado hacia esa determinación: convencernos de que somos unos ilusos en nuestro afán por atribuirle a las formas y a sus sombras, a lo visible y lo impalpable, a la vida misma y su tránsito metafísico, una propiedad personal que no nos merecemos y que, lo que es peor, usurpamos”.[2] Todo lo que rodea al sujeto poético proyecta una sensación ambigua como si la naturaleza misma reclamara la necesidad de ser abordada desde esa pasajera condición que constituye su esencia y su levedad. Pero la ambigüedad que opera sobre esta concepción poética vuelve sobre sí misma para cuestionar la humanidad del hablante en relación a su escritura y a la función que ésta realiza. Ambas se funden en una visión cuya claridad queda flotando sobre la palabra y las referencias que cruzan su camino. En cierto modo, es lo que deja entrever esta poesía y lo que ella proyecta como expresión de la vida:
La poesía solicita de mí mucho más
espacio del que puedo dispensarle,
y también mucho tiempo de mi vida.
Mucho más del que me queda.
Y yo no hallo qué acordarle.
Ni qué primero y qué después.
No sé si tiene sentido preguntárselo.
O si está bien que sepa
que no tener qué darle
es ya darle.
(“Solicitud”, p. 113)
La demanda de ese espacio creativo parece reflejar también un examen de conciencia. Una conciencia que no oculta el estremecimiento de la palabra y de su profunda generosidad. Por eso la poesía impondrá sus propias exigencias. Confirmará la condición humana del hablante poético en la imagen que proyecta ese lenguaje del mundo:
Un día te encontraré en la escritura.
Y ya no será un camino torcido
sino sencillamente el que conduce a ti.
Yo confío en que por ese sendero
llegue a rozar un día la posteridad.
Sé que no será un viaje corto
que garantizará después de todo
que el prodigio que me negó esta vida
será recompensado en la otra.
Puesto que como ya se ha dicho
sólo se es poeta después de morir.
(“Un día te encontraré en la escritura”, p. 116)
La poesía es la más honda expresión del ser y la huella de su transitoriedad. En el proceso de la escritura el poeta dejará también ver sus circunstancias personales. Lo que el lenguaje mismo concretará en afanoso diálogo con las cosas que lo rodean, con la realidad del momento, en el perfil que personaliza su paso por el mundo. En un mundo donde la pompa y la vanidad suelen triunfar sobre los verdaderos valores de la vida, el poeta se reserva un espacio para permanecer fiel a lo que siente. La intensidad de su palabra será un encuentro conmovedor consigo mismo, una reflexión del yo frente al olvido y/o frente al reconocimiento de esa aventura que encierra la poesía: “Yo confío en que por ese sendero / llegue a rozar un día la posteridad”. La ironía del verso responde a la percepción de nuestra época, a la imagen que sostiene el leve acontecer del poeta allí donde el silencio de su palabra lo habita y lo retiene ausente del mundo:
No puedo imaginar el tiempo,
ni el tuyo ni el mío.
Mucho menos podría definirlo
para adecuarlo a una situación
que entretanto ya habrá pasado.
Basta de pedirme que dé la cara
a fin de que la gente sepa a qué atenerse
respecto a lo que soy o no soy.
Basta de corporizarme
en cuanta ocasión se presenta
con la consabida frase:
“Soy fulanito de tal”
para que obviamente el otro
pueda formarse su opinión:
“Sí, es un bípedo, vale decir, un animal”.
Solo si trato de definirme
creo poder encerrar el tiempo
en mi idea de la medida del tiempo.
Vana ilusión. Con eso únicamente
estaré construyendo una frase.
Pero si ensayo vivir a tiempo
entonces ¿qué sentido tiene
ocuparme de la definición?
(“Del tiempo como metáfora”, p. 155)
El tiempo, “la medida del tiempo” como un acto de reflexión actúa también sobre el hablante como aventura y exploración del yo. Lo que caracteriza su presencia resume además su actitud irónica ante la vida. Pero el poema no está escrito para enfatizar la noción del tiempo, sino para burlarse de cómo definirlo. Tampoco busca despojarlo de su significado, sino más bien para contradecir la ironía de esa mirada que cree reconocer lo más recóndito del ser: “Solo si trato de definirme / creo poder encerrar el tiempo / en mi idea de la medida del tiempo”. Esta reflexión no intenta personalizar cada acto de la vida (“Vana ilusión”). El yo lírico no se distraerá con la inutilidad de este pensamiento pues reconoce que vive inmerso en el tiempo. De ahí que reconozca en el presente y el pasado una misma continuidad: la esperanza de una palabra que garantice no sólo el deseo de decir lo que siente, sino también un modo de manifestarse tal como es:
Tengo que suministrarme un origen. Un origen
que no sea aquel del cual provengo y al que aspiro.
Ni siquiera el que merezco. Un origen que como el futuro
esté adelante, silencioso y desconocido.
Un origen no consagrado por las leyes ni condicionado
por los dioses. Un origen que no mire hacia atrás.
Que no sea la fachada de un templo ni un agujero negro.
Un origen que me garantice que por fin admito
que he llegado a ser lo que soy.
(“El origen”, p. 206)
Calzadilla 4En la palabra el poeta encontrará su visión de mundo. Ésta será una forma, un método de interrogar su propia existencia: la conducta humana, las acciones de sus semejantes, la historia y la memoria, las relaciones sociales, el sentimiento y las circunstancias que dominan algunos actos inexplicables de la vida. Su origen nacerá del centro y continuidad de esa palabra. La palabra poética reflejará la libertad y hondura de su voz en el tiempo. Por ello recurrirá una y otra vez a la palabra para formular una poética del mundo que lo habita. Pero en el ámbito de esa intimidad siempre habrá un misterio interior, algo que traspasa los límites de la razón y persiste como un sueño inconcluso. Por eso sus poemas están impregnados de matices que proporcionan otra óptica, es decir, algo que no tiene necesariamente que ver con problemáticas sociales o materiales, sino con asuntos que se adhieren como un fuego invisible a la vida de cada ser. Además su visión de la vida subraya no solo las formas y valores del lenguaje, sino también la autocrítica de su condición humana. En cierto modo, esto lo ha expresado ya el mismo poeta: “…la poesía no puede quedarse exclusivamente en el plano de las imágenes, la metáfora, o el deslumbramiento por la palabra, sino que debía realizar un movimiento al interior de ella para hacer una crítica. Crítica que es doble, una al lenguaje, a sus mecanismos, y a su funcionamiento y por otro, una crítica a la poesía misma.” [3] Y es que la poesía exige una entrega total y debe ofrecer mucho más de lo que aparentemente persiste en su superficie. No basta, para el lector, con detenerse aquí o allá buscando escudriñar sus valores formales o lo que media entre lo que pensamos y lo que incorpora la visión del poeta. Siempre hay un sentido más profundo que nace del escenario que allí se presenta y nos sitúa frente a otra realidad. Ésa, que mediante la ironía o el humor, ha dejado de ser lo que pensamos para convertirse en una especie de crítica y cuestionamiento de los temas y motivos que la sostienen:
¡Ah, si me hubiese hecho alguna ilusión
hoy me sentiría defraudado!
Pero a la ilusión, como a un tercero,
la traté cortésmente,
sin tomarle confianza
ni rendirle pleitesía.
Jamás de tú a tú,
sino como a la bella desconocida
que, habiéndonos sido presentada un día,
nunca más vimos.
(“La ilusión”, p. 210)
¿A qué se asemeja esa ilusión? ¿Qué es lo que queda en el poema como una forma inaprensible en el vacío? La vida pasa igual que la realidad o las circunstancias que giran como una presencia hacia la muerte. A solas con esa ilusión el poeta comprende que la historia del hombre también vuela sobre un paisaje inasible. Y no puede idealizarlo, ni aferrarse a la vanagloria de ese mundo que contiene las máscaras de un futuro irrisorio y desconocido. Por eso el hablante poético ha asumido una actitud recelosa distanciándose de aquello que provocaría su ruina. A través de los años su relación con la poesía y aun con la realidad misma ha marcado el cuestionamiento y la reflexión de una conciencia que no se deja incitar por la ilusión. Ya desde el comienzo del poema (“¡Ah, si me hubiese hecho alguna ilusión / hoy me sentiría defraudado!”) comprende que hubiera sido un error sugestionarse con lo que acabaría colocándolo frente al engaño. De ahí la reacción del poeta ante el lenguaje, su cuidadosa percepción de la realidad, su actitud ante el tiempo y las cosas que estimulan su mirada. Ciertamente el poema contiene un sentido de desconfianza porque repudia las vanas conquistas que el lenguaje mismo pudiera proponerle. Ante esta encrucijada reconoce que tampoco quedará exonerado de ese otro plano irónico y absurdo que marca algunas situaciones de la vida:
                               Solían decirme
Con esa fachada no vas a ninguna parte
Vístete bien, arréglate
el nudo de la corbata
camina derecho,
domínate
¡ten compostura!
Y nada de sentarte a la mesa y sacar
un palillo de dientes antes de sentare a comer
cuando escuches permanece de pie
y cuando hables también
Con los zapatos sucios y como un mandril
con esa fachada no vas a ninguna parte
Ni siquiera a un burdel.
(“Consejos de familia”, p. 217)
En este poema los convencionalismos sociales actúan sobre un lenguaje que sustituye el verdadero significado de las relaciones humanas por conductas ceremoniales y elitistas. Todo el claro sentido de convivencia queda reducido a mezquinas apariencias. En ese contexto el sujeto lírico será llevado y traído por una imagen errónea de la vida que lo convertirá en víctima de una falsa moral. Desde el primer verso, el texto irá incorporando toda una serie de mandatos que particularizan cada acción humana: “vístete”, “arréglate”, “camina derecho”, “domínate”, “¡ten compostura!”. Estas acciones manifiestan no solo la realidad de ese mundo de falsas apariencias, sino también la superficialidad que reproduce lo vivido allí como una fachada que pretende cubrir los prejuicios latentes en las llamadas clases sociales de nuestros países.
Otro será el sentido que hallamos en poemas que rasgan la piel de la palabra hasta hacer de ésta una presencia iluminadora y penetrante. ¡Profundo el conocimiento y muchos los motivos que recoge la excelente obra de Juan Calzadilla! Por eso su palabra busca lo auténtico en la confección de un lenguaje que lo lanza hacia el vasto universo de la poesía: “Piensa en una poesía que, aun estando escrita, / no necesitara de palabras”, dice en un verso; y, en otro: “La tragedia del poeta consiste en que estuvo / siempre demasiado consciente de sí”. Esta paradoja es parte de ese juego irónico con que el poeta intuye su mundo: ironía y humor de una experiencia creativa que desemboca en el ámbito de una poesía siempre distinta como si quisiera transformar el sentido de la realidad: lo que pasa sobre el corazón como el vuelo de un ave nocturna que al alejarse olvida que “todo arte verdadero lo es porque habita en los límites extremos de lo real y lo irreal”, como justamente ha señalado el poeta Gustavo Pereira.[4]
Mi obra (si pudiera considerarse poesía)
puede entenderse en última instancia
como un ejercicio de emborronamiento reactivo.
Y no porque me empeñe en borrarla
una vez que la escribo, buscando proporcionarle
con esto patente de invisibilidad, sino porque al
reescribir lo ya escrito
me he dado cuenta de que lo que
he hecho con ella
es engendrar un nuevo borrón.
(“Mi obra puesta en el banquillo de los acusados”, p. 238)
He aquí el esfuerzo de esa experiencia creadora cuya burla se vierte sobre sí misma no para mofarse de lo que ennoblece el alma, sino de la imagen que acusa su vocación de poeta. Y es que en la poesía de Juan Calzadilla también existe una angustia existencial que advertimos en los diversos planos de esa realidad. Por un lado, la que el texto particularmente nos refiere y, por otro, la que consigue desviarnos del verdadero sentido de lo que allí se dice:
Nunca tuvo bastante amor propio para pensar que su
suerte pudiera llegar a ser la escritura. Por el contrario,
fue la duda lo que alimentó en todo momento las
expectativas que, respecto a su posibilidad de triunfo, se
hacía. Y así fue siempre. A tal punto que se aplicó a su
tarea con demasiado realismo, sin ninguna esperanza,
y alcanzó a ser lo que esperaba de sí: un desconocido.
(“El desconocido”, p. 275)
Comprendemos que la poesía no impide ocultar lo que el poeta conoce por experiencia: la imagen agobiante del mundo que contiene su realidad. De ahí que su obra contenga ese humor punzante que a veces se burla de todo. Y nos coloca ante una visión que podría cambiar la percepción del mundo si no estuviera tan sujeta a ésa otra que el hablante vive en sus versos. Por eso: “Es difícil apreciar las cosas sin que nos reflejemos en lo que pensamos de ellas. / ¡Cómo que ellas también nos sirven de espejo! Igual que la capa de aire interpuesta cuando miramos por el vidrio de una ventana!”.[5] Pero no le es dado a este poeta cambiar su destino; solamente expresar la poesía que amorosamente reclama su lugar en la tierra, allí donde su mirada se posa, “allí donde el tiempo no ha podido vencer”. [6]
_______________________
DAVID CORTÉS CABÁN (Arecibo, Puerto Rico, 1952). Fue profesor adjunto del Hostos Community College (CUNY). Su libro más reciente se titula Islas (2011)
[1] Juan Calzadilla. Poesía por mandato, Antología personalCaracas, Monte Ávila Editores Latinoamericana, C. A., 2014. En esta antología hallamos también tres poemas (pp. 30, 204, 221), cuyas estructuras fueron modificadas y poemas que permanecían inéditos hasta el momento de esta publicación.
[2] Vela de armas, para navegar en el viento. Juan-calzadilla.blogspot.com/search/label/Luis%20Alberto%20Crespo
[3] Véase, David Lara Ramos, “Juan Calzadilla: La poesía habita en el individuo antes de que empiece a escribirla”. [Entrevista: David Lara Ramos]. http://escribedavid.blogspot.com/2007/10/juan-calzdilla-la-poesia-habita-en-el.htm1#!
[4] Véase, La poesía es un caballo luminoso, Caracas, Fundación Editorial El perro y la rana, 1913, p. 55.
[5] Juan Calzadilla, Editor de crepúsculosCaracas, Fundación Editorial El perro y la rana, 2014, p. 23.
[6] Ramón Palomares, Antología poéticaCaracas, Monte Ávila Editores Latinoamericana, C. A., 2004, p. 7.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

SONETO PACÍFICO, Benjamín A. Araujo M.

SONETO PACÍFICO

Benjamín A. Araujo M.

Aquí vivimos todos en paz
estamos felices y muy contentos
debemos volvernos atrás
y recobrar todos los talentos
Vivamos como amigos felices
tengamos encuentros con amor
viajemos con gozo y belices
y plantemos en cada árbol una flor
Miremos que todos sean lentos
veloces sean nuestros pensamientos
brillemos mucho con talentos
Y no digamos que no miento
pero veámonos contentos
y no volvamos nunca atrás

ENTREVISTA A EDWIGE RENÉE, Carlos Bajo (Wiriko)

ENTREVISTA | EDWIGE RENÉE

“Tenemos escritores talentosos en África, pero nos faltan editoriales”

Edwige Renée es una de las autoras seleccionadas para la antología Africa39 que pretendía recoger a los 39 mejores escritores africanos de menos de 40 años

  • Enviar a LinkedIn4
  • Enviar a Google +8
  • Comentarios1
La escritora marfileña, Edwige Renée Dro. Imagen cedida por la autora.
La escritora marfileña, Edwige Renée Dro. Imagen cedida por la autora.
Ella misma se definía irónicamente como una de las componentes de la nueva generación de escritores africanos en una charla de la iniciativa TED desarrollada en la ciudad marfileña de Abidjan. Y lo aderezaba con sarcasmo, modestia y realismo cuando matizaba: “Si somos la nueva generación y nadie nos conoce, tenemos un problema”. Lo cierto es que Edwige Renée Drose ha convertido en uno de esos nombres que se rifan en los festivales internacionales, a menudo impulsados por organizaciones occidentales, pero eso no hace que se muerda la lengua.
De sus palabras se desprende su convicción de que el artista debe ser comprometido, una convicción que, por otro lado, ella pone en práctica a la menor oportunidad. “Estoy de acuerdo con el escritor nigeriano Ken Saro-Wiwa, ejecutado por el gobierno de Sani Abacha, que decía ‘para un escritor en mi situación, la literatura debe ser combativa… el escritor o la escritora debe estar activamente implicado en la transformación del presente y del futuro de su sociedad”, confiesa la joven marfileña. Eso no quiere decir, sin embargo, según la escritora que sólo se pueda escribir sobre política, “podemos escribir sobre todos los temas que queramos”, matiza, aunque siempre desde una perspectiva comprometida. Ese compromiso para esta joven autora significa “entender los retos a los que nos enfrentamos” y “no ser marionetas de los hombres políticos”.
El nombre de Edwige Renée Dro ha conseguido una especial proyección desde que fue una de las autoras seleccionadas para la antología Africa39, impulsada por el Hay Festival y que pretendía recoger a los 39 mejores escritores africanos de menos de 40 años. Previamente, la joven había publicado relatos cortos y lo ha seguido haciendo después, apareciendo por ejemplo en la recopilación de relatos románticos Valentine’s Day Anthology 2015. En la despensa, esperando “los últimos retoques” está su primera novela.
Hay una característica de la actividad literaria de esta joven marfileña que la hace muy especial. Edwige Renée Dro ha conseguido superar una barrera que parece insalvable y es la que separa a los autores francófonos y anglófonos. Edwige Renée escribe indistintamente en las dos lenguas y participa en las actividades de ambas esferas, algo que muy pocos autores han conseguido. “Los escritores de estos ámbitos, así como los lusófonos y los hispanohablantes”, añade la escritora, “apenas se relacionan, no buscan formas de colaboración, no se conocen. Tengo un amigo escritor que me dice que le gustan mis escritos porque tienen un feeling francófono”, comenta divertida. Esta dinámica de división está empezando a cambiar y la joven promesa anuncia que próximamente aparecerá un volumen de la organización de escritores Jalada en la que coinciden autores marfileños, nigerianos, congoleños, kenianos o ugandeses.
Para ella lo más importante es asumir la responsabilidad y dar valor a lo que las sociedades africanas tienen como propio
En su caso, la cualidad dual, además responde a su voluntad de estar cerca de los suyos. Empezó a escribir en serio en inglés, durante su experiencia en Reino Unido. “No decidí traducir mis escritos al francés hasta que no regresé a Costa de Marfil. Lo hice para que la gente que tenía más cerca pudiese leer lo que yo escribía”, confiesa la autora.
Y es que su compromiso está siempre presente en la conversación. No es fácil que uno de los temas tratados no acabe derivando en la convicción de que la literatura no puede desentenderse de la realidad que rodea a sus autores y, evidentemente, la relación con Europa y el Norte global está muy presente. Ella misma, en el blog que escribe en la plataforma Mondoblog, aparece como una “retornada al país natal” y, por tanto, su experiencia europea ha tenido un considerable impacto y ha cimentado una visión crítica. “Si se piensa que la mayor parte de las nuevas generaciones de escritores africanos son personas que han regresado o que están en la diáspora, es porque los medios extranjeros hace, o parecen hacer, la promoción de estos autores, pero hay muchos escritores en el continente que nos son retornados”, defiende.
En cuanto a su visión crítica de la relación entre Europa y África, no deja lugar a dudas, sobre todo en referencia al hecho migratorio: “Nosotros tenemos que criticar a nuestros gobiernos, está claro, pero cuando lo que dicen los occidentales suena falso, tenemos que hablarles a ellos. Se presentan como los grandes garantes de los Derechos Humanos, pues que los apliquen, que den la asistencia necesaria a las personas que están en peligro”. Pero para ella lo más importante es asumir la responsabilidad y dar valor a lo que las sociedades africanas tienen como propio. “No entiendo por qué siempre tenemos que estar pendientes de si Occidente nos da su aval. Cuando nos empeñamos en demostrar que nosotros también tenemos bonitas playas, rascacielos, o supermercados con quesos y vinos, me da impresión de que lo tenemos es un complejo. Tenemos cosas que nos son propias, conozcámoslas y asumámoslas”, afirma contundente.
Si somos la nueva generación y nadie nos conoce, tenemos un problema
Edwige Renée Dro se lamenta de las condiciones de la industria editorial del continente. “Hay muchos africanos que están contando historias”, defiende la escritora marfileña, “pero el problema es que muchas de esas historias no se publican. Tenemos muchos escritores en el continente y muy talentosos. Lo que nos falta son editoriales, sistemas de distribución adecuados, colaboraciones o una política de márketing adaptada a nuestras realidades”. E insiste en la necesidad de romper una dependencia más bien psicológica con los países del norte global: “En la medida en la que seamos publicados en Occidente y nos conformemos con eso, no podremos afirmar que estamos contando nuestras historias”.
En cuanto al papel de la literatura Edwige Renée Dro no es más complaciente: “Hoy se habla mucho del África que se mueve, pero como dice mi colega también seleccionada en Africa39, Nana Brew-Hammond, ¿para quién se mueve África? Porque si no se mueve para todos los africanos, el discurso de crecimiento de dos cifras no valdrá la pena”. Por otro lado, esta escritora está convencida: “Si la literatura no se convierte en una actividad de salón y los escritores quieren escribir y escriben para sus sociedades, entonces conseguiremos hacer que las cosas se muevan”.
Wiriko es una asociación cultural que tiene como objetivo la difusión de las manifestaciones artísticas y las culturales africanas contemporáneas. Desarrolla actividades de divulgación a través de un magacín on line y de formación mediante un Aula Virtual.

LA FECUNDACIÓN NEGRA O LAS CUCARACHAS CORNUDAS, Ricardo Iribarren (La Agonía del Unicornio 31)


  • Ricardo Iribarren
    La Palabra Olvidada 

    La Agonía del Unicornio (31)

    La Fecundación Negra o las cucarachas cornudas

    Ricardo Iribarren

“Abrazo, penetración y eyaculación. Cada encuentro sexual con el Doble Ciego, duraba un promedio de cinco minutos. Cuando una de esas relaciones llegó a doce minutos, Gervasia siempre la recordó como “la más tierna de su vida”.”

1
Desde los inicios inmemoriales de Eunuperia, al llegar la luna llena, los miembros masculinos se ataviaban con pieles y máscaras de animales. En el crepúsculo, marchaban al cementerio más cercano donde cantaban y bailaban hasta caer en éxtasis. Cerca del amanecer, excavaban las tumbas más recientes y practicaban la vieja “Necrofilia Sagrada” con cadáveres femeninos. En vez de engendrar un nuevo nacimiento, la invasión del cálido semen a las heladas vaginas, debía lograr el regreso de las difuntas a la vida.

Los episodios de resurrección habrían sido numerosos. En un principio, el registro de los casos se trasmitió en forma oral de una generación a otra. Al crearse la escritura, los volcaron en papiros que depositaron en profundas catacumbas debajo de la actual Europa del Este y en gran parte de Rusia,

El cambio de costumbres y de religiones junto al avance de la legislación, hizo que los diferentes estados penaran las ocultas prácticas de Eunuperia. Fue inútil que los Venerables Maestros expusieran la abrumadora cifra de resurrecciones registradas durante más de cinco milenios. Ante la postura irreductible de cultos y gobiernos, se decidió ocultar la “Necrofilia Sagrada” y ejercerla al margen de la sociedad. A partir de entonces, los documentos escritos sólo fueron manejados por la cúpula de la orden y se redujo el número de miembros que practicaban los legendarios rituales.

En el año 1000, coincidiendo con las Cruzadas en Occidente, se permitió a las mujeres la entrada a Eunuperia, y un sector de ellas participó en la “Necrofilia Sagrada”. Al principio se limitaron a asistir a los hombres en su cópula con los cadáveres, hilando las mortajas de las difuntas y aprontando los elementos del ritual.

Durante la Guerra de los Treinta Años, se permitió a las damas el contacto genital con cuerpos masculinos o femeninos. Alrededor del año 1638, el Venerable Maestro de Eunuperia, recibió un mensaje místico, por el cual se requería la presencia “de la luna” en la gloriosa actividad de la resurrección. Fue interpretado como la necesidad de incorporar a las mujeres en forma activa a las ceremonias.

Desde entonces, este conjunto de rituales vinculados con las formas oscuras del amor, recibió el nombre de “Fecundación Negra”. Los sucesivos Maestros a cargo de la organización, afirmaron que los contactos genitales de una mujer con un cadáver, la preñarían en un plano sutil; que pasados doce meses, daría a luz una perla brillante. Al mezclarla con “jugo de limón y leche de unicornio”, se obtendría un elixir de inmortalidad.

Cuando a principios del siglo XX, Lisístrato Eunucio, el militar científico, rompiera la regularidad de la orden asesinando en forma ritual al último Venerable Maestro, los nuevos miembros continuaron estas excursiones a los cementerios. El contacto erótico con los muertos permitía obtener salud, fuerza sin límites y longevidad.


2
La enfermera Gervasia Artigas que formaba parte del Segundo Anillo de Eunuperia, fue iniciada en la Fecundación Negra cuando contaba con quince años. Ahora, protegida por el poder, la nueva organización accedía en forma oficial e irrestricta a los cementerios. Los miembros tenían acceso a los datos de los cadáveres; edad, características anatómicas; fecha y hora del entierro. En cada uno de los decesos, un grupo de médicos forenses, miembros de la organización, calculaban las etapas de la muerte, teniendo en cuenta demoras en casas funerarias y otros imponderables. Los momentos precisos de la macabra cópula, serían las primeras veinticuatro horas del deceso; antes del inicio del rigor mortis,.

A diferencia de las prácticas originarias de la orden, ya no se procuraba devolver la vida a los cuerpos. Desde la nueva fundación por Eunucio, la organización afirmó “no tener objetivos filantrópicos.”. Antes de morir y luego de la aplicación de la tortura, el último Venerable Maestro habría entregado todas las fórmulas y los actos rituales con los que se podía devolver la existencia a un cuerpo muerto. Los integrantes de la nueva Eunuperia, los destruyeron y conservaron sólo la parte de las fórmulas que garantizaban salud y larga vida para ellos mismos.

En su carrera, Gervasia Artigas se especializó en la atención de enfermos terminales y aplicó sus conocimientos a los rituales de la “Fecundación Negra”. Como exigencia de la práctica, aprendió a manejar el pico y la pala con la misma eficacia que los hombres para desenterrar a los occisos. Dado el poder obtenido por la organización, hubieran podido recurrir a formas mecánicas de remover la tierra, pero las exigencias rituales reclamaban aquellos instrumentos que los monjes de Eunuperia utilizaran desde los inicios del hombre. La práctica original requería palas de madera con los mangos recubiertos por miga de pan. Con el paso del tiempo y según se consignara en unos escolios a los documentos originales, se aceptaron instrumentos de metal. La condición era que no tocaran el féretro y mucho menos los restos cadavéricos.

Luigi Luscenti y sus hombres detonaron una bomba en el hospital clandestino de Eunuperia. Aprovechando la confusión, lograron secuestrar al escritor unicornio. Pedro Villarreal, el jefe local de la organización, a quien llamaban el Doble Ciego, ordenó a la enfermera Gervasia ir a la casa del doctor Petrov y recuperar al paciente. El polvo de cuerno y huesos que surgiría del cadáver de la bestia, ya estaría comprometido con los militares maduros que requerían “la revitalización de sus penes como una cuestión de estado”.

En el momento de reafirmar la orden, el Doble Ciego tomó a Gervasia del cuello hasta casi colgarla de una de las paredes. Una vez más la enfermera debió usar la bufanda violeta para ocultar las marcas de los dedos del psiquiatra. Ante la asiduidad de los ataques, disponían de una gran cantidad de estas prendas; los accesos de furia siempre se dirigían al cuello de las víctimas y los colaboradores del Doble Ciego las lucían al recibir una agresión. Recibir esta chalina, era una condecoración: el agredido había sido elegido por la sagrada furia del psiquiatra, y luego del trauma inicial, la lesión se convertía en una profunda bendición. A veces el propio Villarreal otorgaba la bufanda en una solemne ceremonia y cada prenda llevaba en el dorso pequeñas réplicas del rostro del Doble Ciego en los tres gestos básicos: reír, llorar y “presenciar el alma del semejante que está ante mí”. Para esto último, el médico tenía la habilidad de abrir los ojos hasta casi sacarlos de las cuencas.

Durante dos semanas, la enfermera se ocupó de espiar la casa de Petrov. Asesorada por los chamanes de Eunuperia, abarcó los tres ámbitos de la enorme mansión: el físico, el mental y el espiritual. Las observaciones iniciales negaron la presencia del unicornio en la residencia. Convencida de lo contrario, Gervasia profundizó la investigación hasta que de pronto, la prensa anunció la muerte del paciente secuestrado. Eunuperia consultó a los servicios de inteligencia del estado , quienes confirmaron la veracidad de la especie: de la residencia de Petrov habría salido un cadáver con todas las características del escritor..

Los miembros de la organización discutieron entre ellos. Algunos sospechaban que la muerte era un invento. Otros alegaban que el hombre, al ser secuestrado se hallaba en estado de coma, con un importante deterioro de las funciones vitales, de modo que el deceso era una posibilidad inminente. Ante las manifestaciones públicas que preparaban los opositores civiles al gobierno militar, se tomaron medidas de seguridad en torno al velorio y al entierro. El Doble Ciego y los jerarcas de Eunuperia, concluyeron que correspondía hacer las constataciones de rigor una vez que el cadáver fuera depositado en la tumba.

La nueva orden que recibiera Gervasia incluía abrir el supuesto sepulcro del unicornio, examinar los restos y recoger muestras de ADN para compararlo. El poder de Eunuperia, permitiría a la enfermera contar con la complicidad de las autoridades del camposanto, así como del personal de vigilancia y de la misma policía. La zona fue liberada de controles y el gerente del cementerio puso a su disposición una cuadrilla que la ayudaría a remover la tierra La orden de Villarreal precisaba que la tumba debía abrirse con el marco ritual de la “Fecundación Negra”. Esto exigía que la propia Gervasia utilizara los instrumentos. Tratándose de un unicornio, no aconsejaban el contacto genital con el cuerpo. Con esto respetaban la regla original de Eunuperia que impedía el contacto sexual entre humanos y bestias, así en la vida como en la muerte.

3
Los cabellos de Gervasia Artigas eran rubios con numerosas mechas azules. Este detalle no era resultado de un tinte, sino que nació con esa pigmentación. Muchos pensaban que su origen era indio, ya que un lunar en el entrecejo simulaba el “bindi” o tercer ojo. Quizá fuera esa mancha de nacimiento, o los ojos negros siempre entornados, los que acentuaban la atmósfera de misterio casi palpable que rodeaba a la enfermera. Consciente de ello, la mujer jugaba y seducía con esta cualidad que emanaba del aspecto y de los gestos.

Mientras conducía al cementerio del sur, pensó en Pedro Villarreal. No podía separar la relación que mantenía con el psiquiatra de la “Konanañaga”, nombre que daban a la iniciación brindada en Eunuperia. En el idioma original, que según la tradición sería el mismo que hablaran los primeros hombres, la expresión significaba “cambio de cabeza” y exigía la sumisión total del miembro a los dictados de la organización.

Luego de graduarse con honores, Gervasia realizó pasantías en importantes hospitales de América y Europa. Al recibir la “Konanañaga”, rechazó becas y ofertas de trabajo y prefirió el magro sueldo del hospital clandestino de Eunuperia que la obligaba a vivir en un mísero cuarto de pensión, al que acudía una vez por semana. La mayoría de su tiempo y esfuerzos, los dedicaba a la organización.

Era frecuente que el Doble Ciego la agrediera en forma brutal, o la obligara a mantener relaciones sexuales intensas, fugaces y poco satisfactorias en los closets del hospital. Alegando la necesidad que Gervasia mantuviera viva la práctica de la “Fecundación Negra”, exigía que permaneciera largas horas en la morgue. Cuando Villarreal llegaba para supervisarla, ordenaba que se desnudara y permaneciera abrazada a un cadáver durante una hora o más, mientras él la contemplaba. Si se oponía a estas órdenes, el Doble Ciego la sostenía del cuello hasta casi asfixiarla y durante largos minutos murmuraba en su oído.

Recuerda Gervasia que el destino, el tuyo, el mío, no se limita a esta burda existencia. Nuestras acciones vibran en los confines del universo. Cuando me obedeces, no me obedeces a mí, sino que te entregas a la fuerza que crea y destruye estrellas en galaxias lejanas Sabes que en las mismas se encuentra tu hijo; no surgido de tus entrañas, sino engendrado por tu espíritu como un mechón de luz…

La voz tenue y sugerente de Villarreal en el oído de la enfermera, se acompañaba con la presión de la mano derecha en el cuello de la mujer. Esto la llevaba al borde de la asfixia y producía en la enfermera un despliegue de visiones. Estrellas creciendo en lejanos espacios; quásares como arañas plateadas vibrando en el cielo negro del vacío. Terminaba accediendo a los caprichos del Doble Ciego. Estaba convencida que una parte de su ser en la tierra, pertenecía y controlaba los hechos en los espacios remotos. Estas visiones la animaban a seguir cumpliendo con las exigencias del psiquiatra. Sodomía; masturbación dirigida, o las prácticas más bizarras relacionadas con beber y comer excremento o alimentarse de inmundicias.

Abrazo, penetración y eyaculación. Cada encuentro sexual con el Doble Ciego, duraba un promedio de cinco minutos. Cuando una de esas relaciones se prolongó doce minutos, Gervasia siempre la recordó como “la más tierna de su vida”.

La enfermera procuraba evitar la relación directa con el psiquiatra y prefería satisfacer las tendencias voyeurísticas de Villarreal. En algunos momentos calificados como tranquilos, el psiquiatra la obligaba a realizar sus tareas habituales completamente desnuda. Otras veces exigía que, también despojada de ropas, leyera frente a los demás cuentos perversos redactados como informes científicos. Los otros médicos y compañeros de Gervasia, nunca intentaron seducirla a pesar de su belleza. La consideraban “La mujer del Doble Ciego”, y esto la convertía en algo prohibido.

4
Gervasia detuvo el automóvil en la entrada del cementerio. Como estaba previsto, la recibió un empleado jerárquico que, luego de una profunda reverencia, abrió las puertas centrales y ofreció la entrada. El escritor había sido enterrado en un sector de tumbas que albergaba a difuntos de clase media. En uno de los árboles cercanos, instalaron un fuerte spot a fin que la enfermera desentierre el cadáver con facilidad. Mientras Gervasia alistaba el equipo, el jefe de la cuadrilla que esperaba un poco más allá, se acercó a ella.

―Señora, si necesita nuestra ayuda, estaremos a unos metros. Bastará un gesto para que acudamos de inmediato.

Gervasia agradeció y afirmó que no sería necesario. Calzó los guantes de esparto, tomó el pico y dejó de pensar en su vida y en el Doble Ciego para concentrarse en romper los terrones. A pesar de los blancos y delicados brazos de la enfermera, su fuerza era superior a la de un hombre. A los tres minutos de excavar, gotas de traspiración cayeron sobre la tierra. Llevaba una cantimplora con agua pero no se detuvo a beber. Más allá, los obreros la observaban. El promedio que demoraba un peón de cementerio en cavar una tumba era de diez minutos. Ella podía hacerlo en ocho

A poco de llegar a los tres metros, ya cerca de la tapa del cofre, con la punta del pico trazó en la tierra el diseño ritual exigidos por la “Fecundación Negra”: una estrella de cinco puntas con un círculo en el centro. Desde allí, excavó primero de norte a sur y luego de este a oeste
.
A los siete minutos, según su cronómetro, Gervasia había separado toda la tierra. En el hueco surgió la cubierta brillante del ataúd.

Protegida por la máscara, la enfermera tomó el equipo que llevaba y con la autógena empezó a quitar la soldadura de la plancha metálica que cubría el interior del féretro.

Surgió la silueta del cuerpo: boca arriba, con las manos cruzadas sobre el pecho. La enfermera debía tomar muestras y comprobar el ADN con un equipo que guardaba en la mochila. En caso de ser positivo el resultado, cargaría el cadáver en su van, y lo conduciría a la sede de Eunuperia, Allí la esperaban con el equipo necesario para moler el cuerno y los huesos.

Bajo la potente luz del spot, la silueta en el interior de la tumba pareció vibrar. Gervasia descendió al pozo y al ver de cerca el supuesto cadáver, comprobó que no era un cuerpo, sino un enorme enjambre de cucarachas suspendidas en un vuelo constante. La formación imitaba la silueta de un hombre acostado Al recoger uno de los insectos, comprobó que tenía un cuerno tan grande como el cuerpo. Gervasia no conocía ejemplares con esas características y menos que se alimentaran de carroña. Si habían devorado el cadáver, la prueba de ADN a una de esas cucarachas, podía ser significativa.

Siguiendo el protocolo, la mujer conectó el detector de unicornios: un aparato con forma de antigua fonola. En uno de los lados disponía de un cuerno. La enfermera lo apuntó a la nube de insectos. Al encenderlo, funcionó con un leve rumor. Pasados un par de minutos, las cifras en los contadores digitales corrieron hasta detenerse. La enfermera las anotó. Conocía las escalas y podía prever los resultados, pero para asegurarse, buscó las tablas. Aquellas cucarachas, que formaban una figura con forma humana en el interior de la tumba, eran unicornios. Así lo establecían esa máquina que brindaba más precisiones: tanto los insectos por separado como el enjambre completo, formaban un ejército de aquellas bestias.

Gervasia tomó otra cucaracha, la colocó con cuidado en una plancha de vidrio y abrió el vientre con un pequeño escalpelo. De allí recogió la muestra con la que completaría los procesos para determinar el ADN.

5
“He cumplido con lo establecido. Me constituí en el cementerio del norte a las 12:30 AM. Al abrir la tapa del ataúd, descubrí el nicho repleto de “cucarachas unicornio”. Las llamo así porque al aplicar el detector, el resultado fue positivo. También como estaba previsto en el protocolo, he tomado una muestra de ADN y las he comparado con el barrido bucal que disponemos del hombre unicornio. La coincidencia es del 99.9 por ciento. Cabe señalar que en este porcentaje hay algunas variaciones. Las mismas están medidas y ajustadas de acuerdo a las variables de los unicornios. En resumen: Se trata del propio escritor al que aparentemente habrían devorado las cucarachas”.

A las tres de la mañana, el equipo médico del hospital clandestino de Eunuperia estaba reunido en el salón central para escuchar el informe de la enfermera. El Doble Ciego permanecía recluido en la celda de autocastigo. Él mismo había ordenado levantar la habitación; una cámara rectangular, con las paredes cubiertas de grillos, cilicios y otros instrumentos de tortura. Con ellos se castigaba ferozmente a sí mismo en la espalda y las nalgas. Nadie sabía el por qué de esas puniciones ni de la reclusión que solía durar semanas. Algunas veces como aquella, exigía a un par de enfermeros que lo encierren en un chaleco de fuerza,

La ausencia física de Villarreal disminuía la tensión entre los colaboradores. El Doble Ciego podía comunicarse verbalmente con el equipo y eran de prever gritos e insultos, pero al menos se evitaba la agresión directa.

Un monitor trasmitía la imagen del psiquiatra; bajo la poca luz de la celda de castigo, sólo se distinguía la silueta corpulenta vestida con una túnica clara que resaltaba apenas entre la poca luminosidad. Con tono profesional, Gervasia , completó el informe de su tarea

…según los resultados del detector de unicornios, cada una de estas cucarachas está formada por una gran cantidad de dióxido de azufre. Recuérdese que este elemento se encuentra en los tejidos, los huesos y principalmente en el cuerno, así como todas las características groseras y sutiles que definen a una de estas bestias. Del cuerpo del escritor no hay rastros. He tomado fotos: ellas diseñaban la silueta de un hombre, pero eran tan solo insectos. En la tumba no hay restos humanos.

En un silencio absoluto, todos esperaron la respuesta del Doble Ciego. En la pantalla vieron agitarse levemente las vestiduras blancas. El chaleco de fuerza que lo cubría, vibró apenas. Se comentaba que durante los períodos de autocastigo, Pedro Villarreal era capaz de separarse del cuerpo, volar hasta donde se encontraban sus enemigos, meterse en la sangre y desatar terribles enfermedades. Desde el sistema computado, la voz del psiquiatra fue inesperadamente gentil.

―Querida Gervasia. Debo admitir que realizaste un excelente trabajo Me faltaría saber lo que has averiguado en la mansión de Petrov.

El escritor no se encuentra allí. No he completado la investigación de las barreras, por cumplir con la observación de la tumba. Tan sólo he llegado a comprobar que en uno de los cuartos de la biblioteca hay una doble valla de invisibilidad tejida con sangre. La disolví con los hechizos del fuego y constaté que el lugar estaba vacío. A pesar de la falta de resultados en la indagación, puedo afirmar que Petrov oculta algo. No sabemos dónde.

―Está bien. Repito que has realizado un buen trabajo. Ahora quiero que te olvides de la objetividad del informe, y me des tu opinión acerca de los insectos, las cucarachas unicornio como las llamas.

No puedo explicar cómo han llegado a su tumba. Si lo han hecho desde afuera, o si el propio cadáver se ha transformado en ellas. Mi conclusión es que poseen la quintaesencia del unicornio con las propiedades eróticas que buscamos. Si licuáramos una porción, podríamos compararla con las muestras de otros unicornios que están en el laboratorio para saber si el resultado es el mismo. Quizá de este modo se pueda lograr con menos esfuerzo la bebida erótica que reforzará la vitalidad de militares ancianos.

Otro momento de silencio. A través de la proyección vieron que Villarreal hacia un gesto a un costado. Alguien aumentó la intensidad de la luz y acercó la cámara al rostro del Doble ciego.

―Gervasia, quiero que te acerques.

La enfermera obedeció.

―Mira mis ojos, Gervasia, míralos profundamente. Allí verás el cielo que te pertenece. Te pertenece por haberlo creado. Me dices que las cucarachas son la quintaesencia del unicornio. Que ellas guardan en sus cuerpos el principio activo. Que si las licuamos tendremos la bebida que tanto nos cuesta conseguir. ¿Es eso lo que dices?
―Es eso.
―Bien. Entonces la probaremos. Tú serás la encargada de determinar su eficacia.

La luz del cuarto de castigo se apagó de pronto. La pantalla quedó a oscuras. Gervasia suspiró. La “Konanañaga”, la iniciación de Eunuperia que cambiaba la cabeza, la forzaba a cumplir cualquier orden que llegara del Doble Ciego.

martes, 1 de septiembre de 2015

NO QUIERO VIVIR EN LA NOSTALGIA, Beatriz Ojeda

YO NO QUIERO VIVIR 
EN LA NOSTALGIA
Yo no quiero vivir en la nostalgia
ni serán los recuerdos
un embrujo de diana
Mi alborada de amante
se erguirá con sus alas
y lloverán mil besos de cristal filigrana
sobre tu piel ardiente
que espera en la orilla del canto ilusionado
un resurgir de soles
Yo quiero ir con mi diadema de azucenas
a pintarte las noches de impacientes anhelos
y mirarte en silencio
con latidos de luces
Penetrar tu cabaña desolada
quedándome en tu hacienda proclamando
el fulgor de este hechizo.
Quiero cantar al cielo un himno nacarado
vitoreando la hazaña de vivir sin recato
este amor de sigilos que ha sido liberado.
BEATRIZ OJEDA 
COPYRIGHT 2013
DERECHOS RESERVADOS

LA CULTURA EN LA BASURA, Daniel de Cullá (Semanario Las Nueve Musas)


AGO312015

LA CULTURA EN LA BASURA

     libros   ¡Qué bueno¡ Paseo con mi amigo la Avenida de la Paz en Burgos, yendo desde Avenida de Cantabria a Plaza de España.

No hemos andado cuatro pasos, cuando vemos a tres personas, un hombre y dos mujeres, moviéndose nerviosos y revolviendo  manojos de libros metidos en cajas de cartón y fuera, lo menos trece o doce. Alguien les ha dejado sueltos y caídos, muchos, junto a los contenedores de basura; otros están en sus cajas abiertas.
        Nos hemos puesto a hurgar, también, y mirar en las cajas para ver de qué clase de libros se trataba, por si alguno nos interesa. Justo en este momento pasa un joven de buen ver, aunque con greñas y tatuajes, que de soslayo nos mira y dice entre dientes:
—”La Cultura en la Basura”, y je,je ríe caminando.
—¡Qué triste, dije yo, ver la Cultura por los suelos.
        Las dos mujeres y el hombre marchan con una brazada de libros cada uno. Los libros, muchos antiguos y otros modernos,  son, en su gran mayoría, de religión. También había y hay, porque muchos libros se quedaron cuando nosotros nos fuimos, libros de la Universidad de Educación a Distancia, libros de Ciencias Naturales, novelas y episodios milagrosos.
—Parece que estos libros fueran propiedad de un cura o beata, dijo mi amigo.
        Entre las páginas de los libros hay estampitas religiosas, plumas de raras aves y, también, hojas del calendario de mesa, o taco,  del Mensajero del Corazón de Jesús.
        Yo me he llevado unos cuantos, porque no podía con todos. De la pena que me daba el dejarlos, he llamado a una Biblioteca para que supieran de ellos y por si querían venir a recogerlos.
Los elegidos por mí son:
  1. “Poesía Lírica del Siglo de Oro”, de Ediciones Cátedra, 1979, comprado en 1980, y está firmado. Le abro y veo una hoja del taco calendario, 10 de febrero de 1933, luna llena a las 13,0 entre las páginas 338-339, poema 545 de Poemas Satíricos, y estos versos que leo de Quevedo en “Apolo siguiendo a Dafne”;
“Volvióse en bolo Júpiter severo;
Levantóse las faldas la doncella
Por recogerle en lluvia de dinero”
  1. “Mi Cicerón. Los Oficios, los Diálogos, las Paradojas”, en piel, de Aguilar 2ª Edición, 1949 firmado y con una dedicatoria: “Recuerdo de los alumnos de 4º Curso de Bachillerato”. Lo hojeo de rápido. Caen plumillas de raro pájaro, exótico, muy lindas.
  2. “Guerra de las Galias (Texto latino y versión castellana anotada) Julio César. Tomo primero, 2ª Edición, 1943. Clásicos latinos. Librería Santaren, Valladolid (18 pesetas), también firmado.
Se me viene a la memoria los latines que tuve que aprender en el Seminario menor, y los disgustos que me trajo.
  1. “Los Cartujos, Diálogos en Miraflores”, de Rosendo Roig, S.J. regalo de Caja Círculo. Tercera Edición 2007, con un “Imprímase” esta 3ª edición, Fr. Marcellinus, Prior de la Gran Cartuja. En su interior hay fotos simpáticas. También, está firmado.
  2. “De Bardulia a Castilla”, de Carlos de la Sierra. Bugati 1988. “Comprado, como se escribe debajo de la firma, en 1989 “Fiesta de la Epifanía”. La presentación es de Virgilio Mazuela. El germen de esta historia da mucho de sí. Es la historia de Castilla desde los hispanogodos, pasando por los cántabros y los astures Se describen personajes, condes y reyes del Romancero Tradicional seleccionados con buen tino, casi imperecederos y atractivos para el interés bueno o malo del hombre.
Yo no había leído nada de este autor, y me ha hecho gracia el encontrarle en la calle.
6.”Historia de la Literatura Universal, a través de la crítica y los textos”, de Guillermo Díaz Plaja, primer premio Nacional de Literatura, 1935. Edición ilustrada. Ediciones la Espiga, Barcelona, 1945.
Dentro, y en su Capítulo I, he encontrado otra hoja del Taco, 20 de Junio de 1944, con unas “Curiosidades del Calendario”, por detrás. 19 pesetas, también firmado.
7.”Miguel Angel. Todas las Obras”, de Luciano Berti, comprado y firmado en Florencia, 1975 “Año Santo”. Bonechi Edizioni, 1967.
Miguel Angel “sumo Artista en todas las tres Artes”. “El Divino”. Pisa oro, pisa plata, `pisa puntas de alfiler, que en el camino le han dicho “qué bueno que está usted”. Envidia de los papas enamorados de él, y de los duques a la hora de beber y a la hora de comer.
Ahora, hoy en día, Siglo XXI, era de la pobreza extrema, del bandolerismo institucionalizado, la desidia y el Master Chef, es bueno recordar, saber y conocer los tres menús, uno para él, y dos para las visitas y huéspedes:
  • Pan dos, un jarro de vino; un arenque; buñuelos. 2) Una ensalada, cuatro panes; un jarro y un cuarto de vino asperillo; un plato de espinacas; cuatro anchoas y buñuelos. 3) Seis panes; dos sopas de hinojos; un arenque.
Miguel Angel, para mí, fue un Artista de bajo relieve, dominante y alucinado, absorto en los presagios con sus obras. Atrapado en un fundamentalismo religioso con ansias de libertad, necesitado de un amor homosexual para experimentar más en esa modulación delicada de la forma humana que tan bien hizo.
El dejó dicho: “El papa miente a dios mientras folla”.