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lunes, 7 de diciembre de 2015

LA MUERTE SE RÍE, Leonardo Ibáñez Valenzuela (USA)

La muerte se ríe

La tragedia de San Bernardino.



Hemos vivido una de las grandes tragedias de este país vivo en Loa Ángeles muy cerca de la ciudad de San Bernardino, y estas son mis palabras por el dolor causado:

La muerte se arrastra en el barro
me pisotea, se ríe de mi quimera
me hunde las balas en los huesos
refriega su inmunda vestidura
entre los espacios de mis dedos
cubriste el cielo de San Bernardino
con el nauseabundo olor del odio,
del miedo arrinconado en los patios,
de la sangre disuelta en el pavimento
de las iras fluyendo de las alcantarillas.

La muerte me arrastra en la podredumbre
sigue la pelota pateada, el niño inocente
mira a su otro,
la luna pálida dice al espacio
¿No están muertos?
los corazones negaron la verdad,
volvieron al fondo de los cántaros
tomaron el camino de los que luchan
por las verdades de la vida
la muerte se arrastra sin desparpajo
entre los enrejados, prisión de los habitantes,
el fuego se regocijaba de los creadores
de la muerte,
el sol miro disgustado los cuerpos
diseminados, con sus rostros grabados
llenos de preguntas,
todos buscan los cadáveres,
otros perdidos en los mall
preguntan ¿Qué sucede?
los teléfonos inteligentes se vuelven tontos
diciendo todo estará bien una vez que se asiente el polvo.

La muerte se arrastra en el barro
me pisotea, se ríe de mi quimera
me hunde las balas en los huesos
refriega su inmunda vestidura
entre los espacios de mis dedos
cubriste el cielo de San Bernardino
con el nauseabundo olor del odio,
del miedo arrinconado en los patios,
de la sangre disuelta en el pavimento
de las iras fluyendo de las alcantarillas.

La muerte me arrastra en la podredumbre
sigue la pelota pateada, el niño inocente
mira a su otro,
la luna pálida dice al espacio
¿No están muertos?
los corazones negaron la verdad,
volvieron al fondo de los cántaros
tomaron el camino de los que luchan
por las verdades de la vida
la muerte se arrastra sin desparpajo
entre los enrejados, prisión de los habitantes,
el fuego se regocijaba de los creadores
de la muerte,
el sol miro disgustado los cuerpos
diseminados, con sus rostros grabados
llenos de preguntas,
todos buscan los cadáveres,
otros perdidos en los mall
preguntan ¿Qué sucede?
los teléfonos inteligentes se vuelven tontos
diciendo todo estará bien una vez que se asiente el polvo.


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