domingo, 2 de diciembre de 2012

DOCE MINIFICCIONES

Iván Navarro, The Missing
Monument for Washington
, 2007

Amante profesional
Ramón Díaz Eterovic
Romero, asesino de profesión, se vanagloriaba de ser un hombre de palabra. Al conocer a Raquel sintió una súbita comezón en su orgullo. La invitó a cenar, la enamoró y por la mañana, cuando el sol caía plácido sobre los cabellos de la mujer, le disparó entre los pechos por el simple y estúpido placer de cumplir un contrato.
Caja china
Diego Muñoz V.
En la pantalla del televisor, un ojo café, enorme, ocupando todo el espacio disponible. En la pupila se refleja un salón amplio, iluminado, repleto de gente. Entre las personas estás tú, sonriendo, vestida de blanco. En tu pensamiento estoy yo, escribiendo esta historia. Así son las cosas, simples o complejas, según quieras verlas.
Basura del desierto
Virginia Vidal
Dejo Antofagasta y penetro en el desierto más árido del planeta. El vehículo traga distancia. Casitas de ánimas y plásticos, latas, botellas decoran la vera de la ruta. Desierto convertido en basural donde pena el ánima del oro. En la Cascada de Calama, una pastora vestida a la antigua usanza guía sus llamas sorteando desperdicios en busca de pasto. La Cascada dejó huella de llanto seco en los riscos. El ojo de agua, repugnante sopa de pañales, botellas, bolsas plásticas, apenas permite un claro para admirar al pez que nada bajo la nata de inmundicia.
Balcones que no miran a La Moneda
Max Valdés
Un niño habitaba el segundo piso de un edificio de viviendas sociales del barrio Estación Central. Todas las tardes se ponía a mirar a los transeúntes que iban de un lado a otro. Era el invierno de 1983 y no tenía nada más que hacer. El chico no lograba comprender por qué la gente caminaba cabizbaja y con desgano. Al ir a sus trabajos y al volver a sus casas. ¿Por qué ellos que sí podían caminar, correr, agarrarse a puteadas con el chofer del microbús estaban deshechos, cansinos, derrotados? Entonces para despertarlos decidió lanzar trozos de pan desde su balcón como si se tratase de palomas circunspectas y vestidas a la usanza bancaria. Algunos, posados en su indiferencia no lo advertían, pero hubo otros que subían la mirada para ver desde dónde eran lanzadas esas migajas. La sorpresa venía enseguida al verificar que un adolescente colorín, montado sobre una silla de ruedas, portaba la máscara de Augusto José Ramón Pinochet Ugarte para violentar a los transeúntes ¡Vaya manera de superar la discapacidad!
Los ensacados
Gabriela Aguilera V.
Así los encontraron, diecisiete años después, en un pueblo costero del norte. Los habían metido en sacos, luego de vendarles los ojos y dispararles de frente y de espaldas. Los ejecutores ni siquiera les dieron la oportunidad de quedar mirando el mar y los arrojaron en la fosa de dos metros de profundidad. Permanecieron sumergidos en la oscuridad y la sal. Pero los muertos que no son olvidados insisten en aparecer, y cuando salieron a la luz, el grito que permaneciera coagulado en sus bocas después de la última ráfaga se escuchó en todo el país acribillado.
Parábola de los ateos y los creyentes
Pedro G. Jara
Perjurio es un pueblo ubicado en el sur profundo. La mayoría de sus habitantes son ateos, pero una minoría es creyente. El fin de semana los creyentes se diseminan por el pueblo de Perjurio propagando la voz de Dios, distribuyendo revistas, vestidos con sus ternitos grises, muy bien peinados y la Biblia entre sus manos. Tocan puertas pero los ateos, de mal talante, les dan con la puerta en las narices, los increpan y les echan los perros.
Cierto atardecer de abril, los perjurienses descubrieron con asombro una frase de nubes escrita en el cielo: “¡Ateos!... ¿Por qué no creen en mi modelo?”
Los ateos, arrepentidos, corrieron tras los pastores para salvarse, pero éstos, de mal talante, les daban con las puertas en las narices, los increpaban y les echaban los perros.
Hospital
Sebastián Amar M.
Yace en su cama, pensando, agonizando, contando sus últimos minutos, pero todavía no llega su trasplante.
Inmortalidad
Cecilia Quijada P.
Solía vivir en mundos paralelos, cambiando de un lugar a otro sin avisar, como lo hace un rayo al caer. Esto la hizo inmortal. La muerte nunca la pudo hallar.
La mujer ilustrada
Carla Svigilsky
Muy a su pesar, se fue desdibujando de a poco.
Por necesidad de la empresa
Lorena Díaz Meza
Pasó la lengua una vez más por encima de la línea roja que se formaba desde el pecho hasta el vientre cada vez que la herida quedaba expuesta, y comprobó que hasta en eso le habían mentido: su jefe no tenía la sangre tan fría.
Trabalenguas
Linda Báez L.
Érase una pasión que no tenía remedio. Érase un remedio que no encontraba enfermedad. Érase una enfermedad que no tenía cura. Érase un cura que no encontraba su religión. Érase una religión que no tenía Dios. Érase un Dios que no hacía milagros. Érase un milagro que la pasión tuviera remedio.
Buenas noticias
Fernanda Cavada
Cuando me decían que no me iba a enamorar nunca, es que no sabían que había otro como yo, ahí afuera, al que le habían dicho lo mismo.

CALDERÓN Y EL COLAPSO DE LOS PRINCIPIOS, Augusto Isla


Calderón y el colapso
de los principios
Augusto Isla
Debo suponer que Felipe Calderón se formó en el canon de la doctrina social de la Iglesia romana, según la cual la sociedad debe ordenarse en provecho de todos y cada uno de sus miembros, de modo que asegure la primacía del bien común en el orden político. El origen de dicha doctrina se remonta a Tomás de Aquino (1225-1274), quien hermanó la razón aristotélica y la fe cristiana. El tomismo, nos dice Alejandro Taglavini, “se opone a la violencia como método organizador de la sociedad”. Ni siquiera es válido infligir algún detrimento a la parte –los criminales son personas, son pueblo; pueblo sin esperanza, sin brújula moral– para salvar el todo. Digamos que en la guerra, vencedores y vencidos, si los hay, están atados, por igual, a la misma miseria.
Cuando Calderón se ostentó como comandante de las fuerzas armadas nos hizo saber que no gobernaría con la justicia, sino con la potencia; que el imperio de la ley, entendida como regla de conducta proclamada por la autoridad para el bien común, cedería su lugar a un orden represivo y cruento; que, en fin, estaba dispuesto a sacrificar vidas; vidas de personas cuyo valor es inconmensurable según el espíritu cristiano, pues en cada persona brilla el esplendor divino.
De acuerdo con la filosofía tomista, si alguien es llamado a servir a la comunidad, es porque la caridad le ordena acudir a una necesidad apremiante. En el gobierno de Calderón no hubo comprensión del fenómeno con el cual lidiaba, inscrito en los abismos de la desigualdad y en la bancarrota espiritual de amplios segmentos de nuestro pueblo; no hubo caridad ni prudencia, sino impotencia y necedad.
En su encíclica Humani generis, el papa Pío XII sostiene que el tomismo es la guía más segura para la doctrina católica. Calderón la arrojó por la borda y navegó en una atroz incertidumbre; el aire angelical de los principios fue reemplazado por un pragmatismo demencial que le ha heredado a México vulgaridad, pobreza y ríos de sangre.
Hemos de recordar las palabras de Aquiles en La Ilíada: “Nada vale para mí tanto como la vida, ni todos los bienes que se dice contiene Troya, la próspera ciudad. Pues se pueden conquistar bueyes y grandes carneros. Pero una vida humana, una vez que se ha ido, nada la reconquista.”

luca lancieri: Hurt

luca lancieri: Hurt: Hurt in loving memory of c.p. Your hair, golden flowers that light up the sea. The sea welcomes your dip, perfect. As alw...

sábado, 1 de diciembre de 2012

EL MISTERIO DE UN POETA LLAMADO PESSOA


EL MISTERIO DE UN POETA LLAMADO PESSOA 
Por: Marcela Rodríguez Loreto - noviembre 30 de 2012 - 0:00 
INVESTIGACIONES, Investigaciones especiales - 7 comentarios   En vida sólo publicó Mensaje. A su muerte, se reveló lo extraordinario del oscuro oficinista que fue. Desdoblado en heterónimos, había escrito los textos más grandes del XX, según varios críticos. Falleció un 30 de noviembre Fernando Pessoa. Foto: Wikimedia commons. La oficina está en penumbra. Ha caído la noche y queda una lámpara encendida; se escucha el repiquetear de un teclado mecánico. Un empleado solitario está de pie ante el escritorio dándole a la máquina. Tiene permiso del patrón para ocupar por las noches la oficina en cosas personales. Estudió Comercio, entiéndase taquimecanografía, balance de números; desde niño aprendió francés e inglés, y por la mañana escribe y traduce cartas comerciales. En eso trabaja. Lo suficiente para el tabaco, la copa, el alquiler de un techo, las tertulias en los cafés, el Martinho da Arcada o el Basileira do Chiado. Este hombre gris, corto de vista, solterón, hijo de vecino, un don nadie, se muda de casa en más de 20 ocasiones, llega a vivir con familiares, o renta un cuarto para caballeros solos. Demasiado para una vida más bien corta y una ciudad pequeña como Lisboa. En su trajín conserva un baúl. En el baúl acumula más de 25 mil hojas manuscritas y dactilografiadas. ¡Sus poemas! ¡Sus pensamientos! Ahí se guarda lo extraordinario del oscuro oficinista que nos ocupa, quien en el nombre lleva la penitencia. Pessoa, persona en portugués, asume diversas personalidades se firma con distintos nombres, no a modo de seudónimo: él es otra persona, otro poeta, se desdobla, mantiene correspondencia con algunas de las personas que ha creado, manda a hacer tarjetas de presentación como es el caso de Alexander Search, uno de sus varios heterónimos, siendo Álvaro de Campos el primero de ellos. En vida apenas publicó Mensaje, una plaquet de poemas, y algunos sueltos en revistas. A su muerte, se destapó el arca y se descubrió el tesoro que conservaba: los poemas, para muchos, más grandes que ha dado el siglo XX. El baúl mágico de Pessoa contenía cartas, libros inconclusos, poemarios, escritos, reflexiones, diarios, confesiones, estrofas y los sobres que contenía el Libro del Desasosiego, publicado a la postre. Se sabe que Fernando Pessoa (Lisboa, 1888-1935) conoció una vez el amor. Al que renunció por otra ley, una más grande a sus ojos: la del destino que se estaba labrando como poeta para la posteridad. Ofelia Queiroz es una compañera de oficina que tiene 19 años. “Mi destino, escribe Pessoa de 31, pertenece a otra Ley, cuya existencia Ofelia no sabe, y está subordinado cada vez más, a Maestros que no permiten ni perdonan. No es necesario que comprenda esto, basta con que me conserve con cariño en su memoria, como yo, inalterablemente la conservaré en la mía”. Falleció el 30 de noviembre de 1935 en el Hospital São Luís dos Franceses, mientras pedía con desesperación que le acercaran sus lentes, no sabía qué traería el mañana, y quería ver. Es curioso, Goethe pedía con apremio, luz, más luz… EL AÑO DE LA MUERTE DE RICARDO REIS Es conocida la novela, hoy diríamos la secuela que escribió José Saramago sobre el destino final del heterónimo Ricardo Reis, a quien Octavio Paz describe como un ermitaño que pule pequeñas odas sobre el placer, la fuga del tiempo, la libertad ilusoria del hombre, la vanidad de los dioses, y que fue educado en un colegio de jesuitas, médico de profesión, monárquico, latinista, desterrado en Brasil en 1919, pagano y escéptico. A Maribel Malta Paradinha, del Camões, Instituto de Cooperación y de la Lengua del Ministerio de los Negocios Extranjeros de Portugal, se le pregunta sobre la relación que establece el Premio Nobel portugués, José Saramago, con Fernando Pessoa. “A Saramago siempre lo instigó—responde Malta Paradinha— el fenómeno Fernando Pessoa como hombre y como autor de un dispositivo literario tan complejo y tan rico como el de la heteronimia. Hay un texto muy pequeño escrito por Saramago sobre la génesis de los heterónimos de Pessoa. La disección del yo como materia etérea y fragmentada, que Pessoa esparció por sus escritos, es una preocupación que veo presente en la obra del Nobel. Saramago retoma las dudas existenciales del sujeto lírico en Pessoa”. - Háblenos, por favor, de la novela El año de la muerte de Ricardo Reis. - Pessoa inventa a Ricardo Reis y lo manda a Brasil exiliado y Saramago lo “reinventa” haciéndolo regresar del exilio a Portugal, donde el fantasma de su creador lo visita. Saramago recupera a este autor ficcional de Pessoa y lo transforma en personaje de su libro, manteniendo casi todas las características que le había dado Pessoa. Redimensionando a Ricardo Reis después de la muerte de su creador, Saramago “completa” lo que éste había dejado abierto, dándole una fecha de muerte a Ricardo Reis y jugando el mismo juego de Pessoa. Es decir, cuando el fantasma de Pessoa visita a Ricardo Reis, Saramago invierte los papeles: es Reis el que se sustrae de la imaginación de su autor para ganar materialidad y vivir como personaje de la obra de Saramago. LAS HERIDAS SENSIBLES DEL SER HUMANO - Si tuviera que presentar en unas líneas de forma coloquial a Pessoa, ¿qué diría? - Diría, tal vez, que es un loco de una lucidez genial, el hombre y el poeta mutilado, el poeta de la disyuntiva, del cuestionamiento y de la fragmentación del yo, el poeta del exilio interior, de una clarividencia aguda sobre lo más profundo e indecible del ser humano, el que constantemente se quita capas para desnudarse y al hacerlo, se va poniendo otras para protegerse. Pessoa es el poeta de las heridas sensibles del ser humano, el que se expone, guardando para él sólo su intimidad. -¿Quién es Fernando Pessoa para los portugueses? - Pessoa es muy apreciado en Portugal, aunque haya quedado algún tiempo como un poeta casi desconocido, hasta que investigadores extranjeros se interesaron por su obra. Pocos portugueses no lo conocen y no han citado alguna vez algún verso que les guste, o no se han tomado la foto con su estatua en la terraza de la “Brasileira”. Hay maestros de Primaria que piden a los niños que dibujen a Pessoa (sin haberlo leído), y lo hacen como si tuvieran una foto enfrente de ellos. Hoy es uno de los íconos de la Literatura y de la cultura portuguesas, y probablemente el único autor portugués que consigue unanimidad en Portugal. Maribel Malta Paradinha, como encargada de la Cátedra Extraordinaria “José Saramago”, en la UNAM, dice que los temas de coyuntura y la publicidad que ha tenido Saramago no tienen qué ver con que la Cátedra no lleve el nombre de Fernando Pessoa.

 “Estoy de acuerdo, opina, que la máquina publicitaria es importante para la visibilidad de los autores. Pudo haberse llamado Camões, que es considerado el poeta nacional. El feriado nacional en Portugal, por ejemplo, no señala ninguna fecha de independencia o de constitución de Portugal como nación, sino que señala la fecha de la muerte de Camões (10 de junio). “Pessoa es muy leído en México y haría todo el sentido que la cátedra llevara su nombre. El primer homenaje que se hizo en el marco de la cátedra “José Saramago”, fue justamente un homenaje a Pessoa en 2009. Según la anterior responsable de la cátedra, que acompañó el proceso desde el inicio, “Fernando Pessoa” fue la primer propuesta de nombre. Pero me atrevería a decir que Saramago se involucró con México como se involucró con Portugal, su país natal, y con España, su país de adopción”. DRAMA EN GENTE El poeta Eduardo Langagne, director general de la Fundación para las Letras Mexicanas, ha sido un estudioso de la obra de Pessoa, de quien ha traducido 35 Sonnets, y un enamorado del idioma portugués, que une a nuestra búsqueda de Pessoa: “Uno de los datos interesantes para el público mexicano, puede ser el del día de su nacimiento, en junio de 1888, separado por unos días de diferencia del nacimiento de Ramón López Velarde, prácticamente la misma semana. Con ese dato, puede el público de aquí, situar a Pessoa en el tiempo. “En segundo lugar, Pessoa es un muchacho… A la muerte de su padre (Pessoa tenía cinco años), su madre se vuelve a casar y se van a vivir a Sudáfrica; el inglés se vuelve su idioma. Muchos años después, cuando regresa a Lisboa, su trabajo en una empresa mercantil naviera es escribir cartas en inglés. Después de regresar de Sudáfrica, se queda en Lisboa el resto de su vida. Yo creo que dentro de sí, estaba seguro que tenía esa enorme tarea de escribir”. - ¿Qué distingue a Fernando Pessoa? - Nos enseña que el Yo de la poesía, no necesariamente es el Yo del poeta. Pessoa dice algo muy bonito, que Shakespeare no era Lady Macbeth, no era Julieta, pero podía hacer que cada personaje hablara con su propio lenguaje. Esa es una explicación que da en relación con lo que llamó heterónimos. Un seudónimo es el nombre falso, un heterónimo es otra persona, otra personalidad escribiendo. Si un lector lo ve como locura, lo es. - 

¿Cuáles son los aportes que hace Pessoa a la poesía? - La posibilidad del desdoblamiento, lo que llama “drama en gente”, pensando en que pone poesía lírica en distintos personajes. Es un poeta múltiple, nunca mejor dicho. Pero sobre todo aporta una calidad expresiva singular. Yo creo que después de Pessoa, las generaciones que se acercan a la poesía, tienen a un clásico universal más. Es un clásico universal reciente, no se han cumplido ni 100 años de su muerte. Es un poeta fenomenal, fuera de serie. - ¿Se puede hablar de una filosofía de Pessoa? - Claro. Todos los poetas tienen filosofía. El poema es para mí filosofía cantada. Hay varias líneas de pensamiento y estudio de Pessoa. La astrológica; en aquellos primeros años del XX, hay un acercamiento hacia ciertas formas espiritistas; el propio Madero practicaba en la esquina siguiente de donde estamos (calle Liverpool, en la colonia Juárez), el espiritismo, decía que Benito Juárez le hablaba. Pessoa se acerca a estudios médicos, neurológicos. Yo creo que él sabe que es un genio y no sabe cómo entenderse. Para un genio el mundo no es sencillo. NO TENEMOS LUSITANISTAS EN MÉXICO  El traductor de la obra de Pessoa, publicada por la editorial mexicana Verdehalago, Miguel Ángel Flores, académico de la Universidad Autónoma Metropolitana, refiere que “cada uno de los heterónimos expresa un aspecto de la condición humana; esta interrogación sobre el Ser, la existencia, el destino, el sentido de la vida… Me asombra Ricardo Reis, que habla de forma contundente sobre lo efímero de la vida; Alberto Caiero que se refiere al destino y los actos del hombre en comunidad; Álvaro de Campos, el poeta de la épica, que va a la conquista de un montón de asuntos, entre ellos la conquista de su propia vida. Pessoa como ortónimo, refleja un mundo desencantado, no encuentra respuesta a las interrogantes que le ha planteado la vida”. - ¿Como profesor, cuál de las obras de Pessoa recomendaría a un muchacho? - Yo diría que lo más atractivo sigue siendo Álvaro de Campos. Porque él es el poeta desbordado, con los sentidos a flor de piel, que quiere tomar posesión del mundo; es un poeta del asombro. Hay poemas de Pessoa como ortónimo, que pueden resultar  muy atractivos. Visto a profundidad, son como vasos comunicantes, en un juego de ingenio hace préstamos de versos de poeta a poeta. - Hay referencias cruzadas y distintos niveles de lectura… - Sí, yo encuentro que hay demasiada ignorancia en el conocimiento de Pessoa. No se le ha leído. Se le conoce por un puñado de poemas nada más. No tenemos lusitanistas en México que nos hayan podido dar marcos referenciales para una lectura más rica de Pessoa. Pessoa tuvo una inteligencia genial. Uno no se explica cómo, en un lapso breve, vivió 47 años, pudo haber escrito y reflexionado tanto. Tener una cultura y pensamiento sólidos. Llama la atención que un hombre tan dotado intelectualmente haya tenido una vida conflictiva consigo mismo. Una vida triste, un fracaso en el aspecto social y profesional. A pesar de que tenía conciencia de la importancia de lo que estaba escribiendo, sentía una inseguridad enorme respecto al valor de lo que hacía. - ¿Habrá tenido qué ver su genialidad con su disfunción social? - No lo sé. Entraríamos a los terrenos de la psicología. Basta leer El libro del desasosiego para tener un retrato de la complejidad de su psique. Fue varias personas al mismo tiempo, obsesionado por la privacidad con que mantuvo su vida. Se reunía en una tertulia, pero no había más allá con sus amigos, se limitaba a la reunión del café. Era un hombre encerrado en sí mismo, una personalidad muy extraña. 

EL ASTRÓLOGO PESSOA                                                          Pessoa hace previsiones astrológicas y horóscopos. Su acercamiento al ocultismo le dejó una anécdota de antología: escribió al inglés Aleister Crowley, considerado un mago satánico, señalándole un error que Crowley había cometido en su propio horóscopo. Éste viajó a Lisboa para conocer a tan entendido hombre en Astrología. El encuentro fue breve, pero Pessoa y un amigo periodista filtraron la falsa noticia de que Crowley se había quitado la vida en un lugar de Lisboa, cosa que, no por ser falsa, dejaron de tragarse los periódicos. La travesurilla debió divertir mucho al poeta, que decía de sí, “probablemente soy un histérico-neurasténico, y esto explica el origen orgánico de los heterónimos”. Octavio Paz, quien como dice Eduardo Langagne, trajo a Pessoa a México refutó a quienes aventuraron que los heterónimos eran una mistificación: “Hay algo terriblemente soez en la mente moderna; la gente, que tolera toda suerte de realidades y mentiras indignas en la vida real, no soporta la existencia de la fábula. Y eso es la obra de Pessoa: una fábula”




Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX

ESPEJO PARA POETAS (Juan Ramón Jiménez. Pasíon perfecta). Rafael Alarcón Sierra


Espejo para poetas («Juan Ramón Jiménez. Pasión perfecta», de Rafael Alarcón Sierra)

Espejo para poetas («Juan Ramón Jiménez. Pasión perfecta», de Rafael Alarcón Sierra)
CARLOS X. ARDAVÍN [mediaislaRafael Alarcón Sierra ha intentado con éxito cubrir todas las facetas de una personalidad heteróclita y compleja como la de Juan Ramón, en un apretado volumen de poco más de trescientas páginas, y ha logrado una síntesis adecuada y útil
Una de las primeras evidencias contenidas en esta biografía de Juan Ramón Jiménez, escrita por Rafael Alarcón Sierra, es que vida y obra en el poeta de Moguer son hechos estrechamente vinculados, imposibles de desligar. En este sentido, en la introducción, el biógrafo nos da las claves o el marco interpretativo de su libro: “La vida de Juan Ramón fue la de un  en perpetua lucha consigo mismo: con su carácter y personalidad (la extrema sensibilidad, la suspicacia, irritabilidad e intransigencia de todo gran creador) y su  (su neurosis depresiva, trufada de numerosas obsesiones y trastornos psicosomáticos); con sus circunstancias vitales,  e históricas (que le llevaron a sufrir un largo exilio), y con la exigencia desmesurada de su propia escritura, su verdadera pasión, una lucha por dar una forma acabada, unitaria, perfecta, definitiva, a toda su Obra” (p. 15).
A detallar y examinar esta voluntad de perfección, esta pasión de escritura y pensamiento se dirigen los esfuerzos críticos y biográficos de este libro, publicado por Espasa Calpe en su colección “Biografías”. Tal empresa se acomete con una batería ingente de datos, citas, referencias literarias y documentos, que reconstruyen con suma fidelidad el contexto sociopolítico, cultural y literario en el que se desarrollaron la vida y la obra de Juan Ramón Jiménez en  y más tarde en el largo exilio americano. Precisamente en este punto reside  de los mayores méritos de este estudio biográfico, pues como hemos indicado la existencia de Juan Ramón estuvo consagrada de forma absoluta a la minuciosa elaboración de su escritura.
Con exactitud y en prosa amena se pormenorizan los años de  literario, las influencias y lecturas formativas (entre ellas, de manera singular, la amistad y tutela de Rubén Darío y el modernismo), los decisivos años en Moguer (una especie de paraíso terrenal en el que el poeta vivió ensimismado en la contemplación de la belleza, interrumpida por la súbita muerte de su progenitor), la conquista de Madrid, la funesta experiencia de la guerra civil, los numerosos , las relaciones con la generación del 27 (no siempre cordiales, e incluso conflictivas en el caso de Jorge Guillén y Luis Cernuda), y las vicisitudes del exilio, transcurrido en distintas ciudades de EE.UU. y en Puerto , donde el poeta y su esposa mueren rodeados del respeto y de la admiración de los puertorriqueños, y en cuya universidad el poeta dictó su famoso curso sobre el modernismo. Un itinerario, una trayectoria no exenta de frustraciones y estrecheces económicas, de crisis afectivas, de soledad y profunda nostalgia por la patria perdida.
Rafael Alarcón Sierra ha intentado con éxito cubrir todas las facetas de una personalidad heteróclita y compleja como la de Juan Ramón, en un apretado volumen de poco más de trescientas páginas, y ha logrado una síntesis adecuada y útil dada la frondosidad bibliográfica que rodea la  del poeta andaluz.
Es de agradecer, en este sentido, la exploración que se realiza de la intimidad del poeta, sin caer en fáciles psicologismos y  freudianas; una intimidad que en el caso de Juan Ramón estuvo marcada por la cotidiana y disciplinada labor de la escritura, por la corrección de sus  anteriores y por la eficiente lectura y comentario de los libros publicados por las nuevas generaciones de poetas españoles e hispanoamericanos. Se evidencia nuevamente, en estas páginas de Alarcón, el alto sentido crítico que poseía Juan Ramón, su sofisticada sensibilidad para valorar la poesía propia y la ajena con precisión y justicia, sin complacencias.
La imagen del poeta que este libro elabora y propone es la imagen de un escritor exigente consigo mismo y con los otros, autocrítico y únicamente preocupado por la poesía, entregado a su esmerado cultivo y sin otra ambición que la literaria. En tiempos en que la poesía parece ser oficio de diletantes y escritores de domingo, este libro viene a ser un excelente espejo especialmente diseñado para los que comienzan a interesarse de forma seria en el antiguo mester de la poesía. En pleno siglo XXI, el ejemplo de Juan Ramón no podía ser más conveniente, útil y necesario.
Como colofón a esta excelente biografía, se incluyen una cronología, una selección de documentos y una muy completa bibliografía. Con este libro, Alarcón Sierra ha contribuido de manera significativa a rescatar y revalorizar al poeta español más importante del siglo XX, hecho que cada vez se muestra más evidente y que explica la actual publicación de obras y antologías juanramonianas (véase a este respecto la preparada por Antonio Colinas para Alianza). Trátase, sin duda, de un interés plenamente justificado. | cxat, san antonio, tx, cardavin@trinity.edu

EL CLIMA Y LA HISTORIA



El clima y la historia
NIEVES Y MIRO FUENZALIDA [mediaislaLa crisis climatológica está aquí y puede que exista más allá del capitalismo como parte de la vida del planeta. Es cierto que el cambio climático tiene que ver profundamente con el capitalismo. Pero, una crítica que solo se centre en el capitalismo no es suficiente.
Inmediatamente después de la súper tormenta Sandy que devastó la de EEUU, la antropóloga Shirley J. Fiske, profesora de la Universidad de Maryland, dirigió una  abierta a los candidatos presidenciales recordándoles que este  de cosas son las que tenemos que esperar con el calentamiento global y los llamaba a poner de vuelta el cambio climático en la agenda política.
Hasta no hace mucho, los que se dedican a las cuestiones históricas o políticas hablaban de las consecuencias del fin de la guerra fría y la desintegración de la Unión Soviética. Hoy día, como dice el historiador contemporáneo Chakrabarty (“The climate of history: four thesis”) de lo que se habla es de los procesos de globalización y el calentamiento global y su significado en la comprensión del  y la .
Si aceptamos la explicación antropogénica del presente cambio climático, y lo cierto es que no hay razón para no hacerlo, la vieja distinción tradicional entre historia  e historia humana tendrá que dejarse de lado. La idea del humanismo modernista —de que solo podemos tener conocimiento propio de las instituciones políticas y civiles que nosotros mismos creamos— ha sido parte del bagaje común de los dos últimos siglos. La naturalezaza no tiene  por tanto los eventos que en ella ocurren son solo eso, meros eventos, actos sin agentes. La historia propiamente tal, en cambio, es la historia de los asuntos humanos y la labor del historiador es la de imaginar los pensamientos de los agentes que ejecutan las acciones sociales. Que una acción humana sea histórica o no depende de qué es lo que la determina. Los impulsos y los apetitos son parte de nuestra naturaleza animal y no de interés para el historiador. Su preocupación son las costumbres sociales que el ser humano crea con su propio pensamiento porque ellas son las que mediatizan y satisfacen los apetitos. Solo la historia de la construcción social del cuerpo, y no la historia del cuerpo como tal, puede ser estudiada. No hay necesidad de mezclar las dos. A través de todo el siglo XX, incluyendo el marxismo y los historiadores más materialistas, se continúa justificando la separación de la historia humana de la historia natural. El ambiente cambia, pero tan lentamente que la historia de la relación del ser humano con el medio natural aparece como algo casi intemporal, como un trasfondo pasivo y silencioso a las narrativas históricas que no juega ningún activo en el moldeamiento de las acciones humanas, a pesar de los esfuerzos que Fernando Braudel hizo en su obra Mediterráneo para cambiar la conversación.
La climatología contemporánea ha empezado a presentar una imagen bien diferente en los últimos años. El calentamiento global nos ha obligado a reconocer que el  y el ambiente natural pueden alcanzar un punto crítico en donde lo que aparece como un aparente trasfondo intemporal para la acción humana puede, de pronto, transformarse a sí misma con tal rapidez que solo puede acarrear consecuencias sociales devastadoras.
La historia natural y la historia humana —nota Chakrabarty— presentan una visión del ser humano bastante diferente. Para esta última, el punto de partida es el agente humano. La primera, en cambio, propone la biológica. El hombre antes que ser africano, cristiano o consumidor es una entidad biológica. Y no hay momento en la historia en que no lo haya sido. Pero, los teóricos que escriben sobre la actual crisis climática van más allá al afirmar que el ser humano históricamente ha llegado a ser algo mucho más que un simple agente biológico. Desde la revolución industrial es una fuerza geológica, individual y colectiva, capaz de cambiar los procesos físicos más básicos de la tierra como la  de la atmósfera, por ejemplo. No un mero agente natural, sino un verdadero agente geológico con una fuerza similar a la fuerza que en otros tiempos causó extinciones masivas. Si hay alguna duda solo miremos la actual pérdida de la diversidad de especies cuya intensidad es similar a la que ocurrió 65 millones de años atrás  cuando desaparecieron los dinosaurios.
¿Estamos al final del Pleistoceno? Algunos científicos dicen que sí y llaman a reconocer el comienzo de una nueva era geológica. Paul Crutzen y Eugene Stoermet, Premios Nobel en química, dicen que debido al impacto global de la actividad humana en la tierra y la atmósfera  sería más apropiado enfatizar el papel que la especie humana tiene hoy en la geología y ecología, y llamar a la época geológica actual “Antropoceno” que, dicen, empezó en el siglo XVIII de acuerdo a los análisis del hielo polar que es cuando comienza la concentración global de dióxido de carbono y metano debido a la invención del  a vapor y el desarrollo del capitalismo industrial. En el 2008 la Sociedad Geológica de América reconoce la nueva definición y fecha del Antropoceno para esta  nueva era geológica. Es el momento en que la geología se enlaza con la historia, obligándonos a confrontar los resultados de nuestras acciones.
Los geólogos y climatólogos, dice Chakrabarty, pueden darnos una explicación de porqué el actual calentamiento planetario es distinto de los que han ocurrido previamente. La crisis que se nos viene encima solo podemos comprenderla si nos damos a la tarea de imaginar sus consecuencias. La crisis climatológica está aquí y puede que exista más allá del capitalismo como parte de la vida del planeta. Es cierto que el cambio climático tiene que ver profundamente con el capitalismo. Pero, una crítica que solo se centre en el capitalismo no es suficiente. Según Chakrabarty la única manera de entenderla es mirar el desarrollo humano como parte de la historia de la vida de este planeta. Una larga mirada hacia las profundidades de la historia para comprendernos como especie y asegurarnos un futuro. Si así lo hacemos la amenaza del calentamiento global se nos revela,  no como una amenaza a la geología del planeta, sino a las condiciones biológicas y geológicas que permiten la sobrevivencia de la vida humana tal como se desarrolló en el pleistoceno.  Ubicar históricamente la crisis del cambio climático requiere, por tanto, de la unión de estas dos diferentes actitudes intelectuales que tradicionalmente se han mirado con bastante desconfianza. En un influyente ensayo de 1995 “World history in a global age” los autores dicen, por ejemplo, que la humanidad ya no es solo una especie o una condición natural. Por primera vez, afirman, los humanos, colectivamente, nos hemos constituido a nosotros mismos y adquirido la responsabilidad de nuestras vidas. Los científicos que favorecen la idea del Antropoceno, en cambio, están diciendo algo muy diferente. Para ellos, los humanos, al adquirir el estatus de fuerza geológica, se han transformado en una condición natural.
Si la revolución industrial es la que nos metió en el problema, ¿por qué molestarnos con la historia profunda o con el concepto biológico de especie? La narrativa del capitalismo y su crítica provee el marco suficiente para comprender y transformar la situación actual. Los altos niveles de consumo energético del capitalismo y socialismo industrial ciertamente crearon y, ciertamente, luego profundizaron la crisis ecológica. Pero, lo que no se puede ignorar, dice Chakrabarty, es que la crisis actual también ha hecho visible otras condiciones necesarias para la existencia de la vida humana que no tienen conexión con la lógica capitalista o socialista. Ellas están conectadas con la historia geológica y biológica de este planeta, de cómo diferentes formas de vida se conectan unas con otras y como la extinción masiva de una especie es una amenaza para otra. Miremos solo el origen de la agricultura, 10 mil años atrás. Esta, la verdad de las cosas, no fue la simple expresión de una creación humana. Fue posible, como hoy sabemos, por ciertos cambios en el dióxido de carbono en la atmósfera, por una cierta estabilidad climática y por un aumento de temperatura que se dieron al final del Pleistoceno independientemente del control humano, que hicieron posible el crecimiento de pasto (trigo y barley). El fin de la Época del Hielo fue el resultado del cambio de la relación orbital entre la tierra y el sol. Sin este largo verano en la historia del planeta la agricultura y la industria no hubieran sido posibles. Esto significa que cualquier conjunto de valores o proyectos económicos y tecnológicos que elijamos no pueden correr el riesgo de desestabilizar las condiciones que funcionan como parámetros de la existencia humana. Ellas han permanecido estables lo suficiente para transformarnos en la especie dominante. El problema es que ahora nos hemos transformado en un agente geológico que empieza a modificar catastróficamente los parámetros que mantienen las condiciones de nuestra existencia. El aumento de la temperatura promedio del planeta, de la acidez y de los  niveles del océano, junto con la destrucción de la cadena alimenticia, van en contra de nuestros intereses. La especie humana, como especie, depende de otras especies y ciertamente es parte de la historia natural.
Sería imposible entender el calentamiento global sin considerar lo que los científicos contemporáneos vienen diciendo. Pero, nuestra caída en el Antropoceno no puede divorciarse tampoco de la historia del capitalismo. Sin la historia del industrialismo moderno el Antropoceno no hubiese sido posible. ¿Cómo reconciliamos estas dos perspectivas?
El biólogo Edward O. Wilson cree que como mejor podemos servir nuestro futuro colectivo es a través de nuestra autocomprensión como especie. El problema es que entendemos  el concepto intelectual de  “especie” pero, como humanos, nunca nos experimentamos como tal. E, incluso, el concepto mismo de humanidad es problemático. La noción de la humanidad, la de un sujeto humano global, la de un nosotros, según los críticos, es una ficción porque nos presenta actores políticos sin tensiones, contradicciones o conflictos internos que niegan la heterogeneidad y el antagonismo radical que configura a todo sujeto político real. El nosotros siempre se contrapone a otros. Como nota Chakrabarty esta deconstrucción crítica es útil cuando tratamos con formaciones de dominación nacional o global. Pero no para tratar con la crisis del calentamiento global. Es posible que no nos percibamos como agentes geológicos, pero a nivel de especie aparecemos lo somos. Y sin este conocimiento, que desafía la comprensión histórica, no es posible encontrarle sentido a la crisis que nos afecta a todos.
El capitalismo, sin lugar a dudas, aumentará la desigualdad y, por algún tiempo, algunos lo harán mejor a expensas de otros. La crisis, sin embargo, es más grande que el capitalismo. Aquí, a diferencias de las crisis capitalistas, no hay salvavidas para los ricos ni para los privilegiados. El cambio climático nos obliga a hablar de colectividad humana, a apuntar a una figura de lo universal que surge de una catástrofe global común. El fin del capitalismo, tal como lo conocemos, es una condición necesaria para confrontar la crisis… pero ¿es suficiente? |nymf, ottawa, on nievesmiro@sympatico.ca

FIDEL, LA HISTORIA NO CONTADA