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miércoles, 15 de febrero de 2017

EL DESPERTAR MUNDIAL EN LA ERA TRUMPO, David González


‘¡Stand up!’: el despertar de la sociedad civil en la era Trump

El polémico presidente de Estados Unidos ha despertado una fuerte ola de resistencia a pesar de no haber cumplido ni siquiera un mes en el cargo. Hablamos con algunos de los participantes de las manifestaciones.

2017/02/13

DAVID GONZÁLEZ M.

Marione Ingram, de 81 años, sobreviviente del Holocausto nazi y refugiada alemana en Estados Unidos, se paró frente la Casa Blanca luego de las largas marchas contra las políticas migratorias del presidente estadounidense Donald Trump del domingo 22 de enero y alzó un cartel de cartón: “Una sobreviviente dice nunca más a una prohibición”.
Ingram es la autora del Best Seller The hands of war y vive en Washington D.C. Tiene la piel endurecida por el frío, unos amables ojos negros y ni siquiera el invierno que le agita el pelo blanco, le hace perder la compostura por un segundo. –“Yo creo que este presidente es mentalmente enfermo y está rodeado de gente muy poderosacon agendas propias”-. No tiene pelos en la lengua para hablar de Trump y su política de prohibir la entrada al país de emigrantes de siete países que él considera peligrosos: Siria, Irak, Irán, Sudán, Libia, Somalia y Yemen.
La orden ejecutiva de Trump estuvo en vigor hasta el pasado tres de febrero cuando un juez federal la suspendió y la declaró inconstitucional. Para entonces 100.000 visas ya habían sido revocadas, decenas de residentes con Green Card habían sido detenidos en los aeropuertos y, lo que es peor, nada hacía prever que la decisión del juez fuera a detener las acciones de Trump. Días después, cuando el magistrado de Seattle James Robart la detuvo temporalmente, el presidente publicó en Twitter: "La opinión de este supuesto juez, que fundamentalmente arrebata la aplicación de la ley de nuestro país, es ridícula y será anulada".
Ingram dice que se sumó a las protestas porque entiende el miedo, lo vivió en carne propia cuando creció en la Alemania Nazi. La mayoría de su familia fue exterminada en los hornos crematorios y sólo ella junto a su madre, pudieron huir en medio del bombardeo a Hamburgo de 1943. Desde entonces juró dedicarse a la lucha social. En los sesenta se unió a las protestas por los derechos civiles en Estados Unidos y a los movimientos feministas. “La gente olvida, pero ya hemos resistido”.
La prohibición de Trump del ingreso de personas por el solo hecho de ser de un determinado país, movió a miles a protestar. Unió a personas de corrientes políticas muy diversas, desde las izquierdas más liberales hasta conservadores católicos. Uno de estos últimos es Christopher Jolly Hale, director ejecutivo de una organización que promueve la misión del Papa Francisco y la iglesia en Estados Unidos.
Jolly creó un grupo en Facebook titulado ‘En masa a la Casa Blanca por los refugiados musulmanes’ y convocó a más de un centenar de creyentes a la plaza Lafayette. Desde allí anunció que impulsará, con apoyo de algunos congresistas, medidas legislativas que aseguren que a nadie se le prohíba el ingreso al país por razón de su religión. Un cura realizó una misa esa tarde a la que se sumaron cristianos blancos, migrantes latinos, familias iraníes y un solitario refugiado sirio que sostenía un cartel: “Yo soy sirio, no terrorista”.
Luego del anuncio de la medida, decenas de abogados y traductores fueron a los principales aeropuertos del país en Boston, Washington y Nueva York a dar asesorías legales a quienes fueran detenidos. Uno de ellos fue la abogada Alexandra Ribe, hija de refugiados rusos y docente de la escuela de leyes de la Universidad de Georgetown.
Ribe vio en sus redes sociales que necesitaban abogados en los aeropuertos  y no lo dudó. “No sabía que podía hacer, pero sentí que tenía que ir.” Al llegar al aeropuerto se sintió movida por la cantidad de personas y donaciones que habían copado las salas de espera del Dulles en Washington.
“Hablé con refugiados sirios que llegaron directamente al aeropuerto  de Dulles, no puedo imaginar su dolor. Escapan finalmente de la guerra, llegan a suelo americano ¿y les damos la espalda? Eso debe ser devastador.” Explica Ribe. Agrega que Estados Unidos es un país construido por migrantes, que creció en la diversidad, por eso la medida ha sido una bofetada directa al espíritu americano.
No le cabe duda que los hispanos van a ser el siguiente chivo expiatorio a perseguir. De hecho, agrega, “Los hispanos ya son considerados el asunto a tratar”.
Sin embargo, tiene algunas razones para ser optimista y es que la gente está comenzando a hablar en voz alta, a protestar en las calles. –“Hay que ver cuántas personas fueron a la marcha de las mujeres, cuantas de estas se replicaron a lo largo del mundo. Trump no la va a tener fácil”-.
Ingram es la única junto a un grupo de otras seis personas que permanece frente a la Casa Blanca con su pequeño cártel el día después de las grandes marchas.  Dice que la gente puede hacer mucho por resistir y que le anima ver que cada vez más gente joven se suma a las manifestaciones de forma pacífica. -“Esto solo se puede hacer a través de la no violencia. Cada vez que ellos hagan algo contra la sociedad humana, tenemos que hablar más alto”.  
No le cabe duda que van a venir más persecuciones, pero así mismo también la protesta civil va a seguir creciendo. Incluso, dice, “Hay gente que cree que esto no tiene que ver con ellos, pero si van por tus vecinos y no haces nada, tú serás el siguiente. El silencio nunca te va a salvar, lo se por experiencia.”
Esa mañana de invierno hay más policías y agentes del servicio secreto  que manifestantes frente a la Casa Blanca. Incluso, las rejas que se instalaron para alejar los ciudadanos de los invitados de honor el día de la toma presidencial, las rejas que separan el edificio de una calle que es usualmente de libre circulación, permanecen en su sitio. Algunos creen que esas rejas frente a la Casa Blanca permanecerán durante todo el gobierno de Trump.   
Ingram, frente a una de esos muros metálicos, se guarda del frío con una bufanda de colores. Y dice en medio en medio de la nevada: “Hay que resistir toda forma deracismo y fanatismo, hay que levantarse por la otra gente, es nuestra responsabilidad humana: ¡Stand up!”.

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