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domingo, 10 de noviembre de 2013

A LA MEMORIA DE DAVID GRIS, Juan Gabriel Puga

A la memoria de David Gris


David Gris en la redacción de Novedades.
Foto: archivo familiar
Juan Gabriel Puga

Hoy amaneció gris, casi negro; sólo un día antes de que se cumplan cien años de que mi padre, el periodista Raúl E. Puga, viera la luz por primera vez en el año de 1913, en Guaymas, Sonora. Su ausencia ha dejado un vacío semejante al de esos días, como el de hoy, en que lo único que uno se pregunta es si el sol volverá a salir alguna vez.

Cien años, de los cuales sesenta los dedicó al periodismo, una actividad a la que se entregó en cuerpo y alma y de la que conoció todos los secretos, desde la planeación, concepción, formación, diseño, idea y concreción de una publicación (entonces no existía la carrera de diseño gráfico que ha sistematizado estos procesos), sin omitir contenidos, pues muchas de las entrevistas, crónicas, reportajes y artículos también eran de su autoría. A su enorme entusiasmo periodístico se debe la fundación del suplemento dominical Magazine de Novedades y años más tarde asumiría la dirección de Diario de la Tarde y la creación de varias revistas y suplementos.

Yo tendría unos ocho años cuando mi padre me llevó a conocer al RatónRaúl Macías, que peleaba en Guadalajara –la pelea nunca se llevó a cabo–; yo, sin embargo, logré retratarme a bordo de una “calandria” junto al famoso pugilista. Recuerdo también que le causó enorme gracia que me llevaba las manos a los oídos ante el espanto que me produjeron los golpes que propinaba Ricardo Pajarito Moreno al punching bag en el gimnasio de los Baños Jordán. Con mi padre asistí al Cinturón de Diamante, donde mi afición por el boxeo se tornó en verdadera obsesión. Cronista también de la fiesta brava, bajo el seudónimo de Juan Galán, fue conocedor a fondo de las artes taurinas y un seguidor de las figuras de ese entonces: Lorenzo Garza, Fermín Espinosa, Luis Castro el soldado, y sus entrevistas y crónicas fueron publicadas semanalmente en El Fígaro.

A sus actividades periodísticas y literarias se añadía un talento muy especial para escribir cuentos y relatos, que datan desde sus colaboraciones enCuentos y colores, una revista tamaño Selecciones, impresa en papel de pulpa. Su novela boxística, Ángel Campeón, publicada en las páginas deNovedades, no tuvo el éxito que él esperaba. Sin embargo, para mí significó un verdadero descubrimiento, mucho tiempo después de haber sido difundida.

Conservo un vívido recuerdo de las visitas a los talleres de Novedades, del olor a tinta, del estruendo de la rotativa y de mi presencia en su despacho en espera de ser llevado a casa. En ese entonces mi padre era jefe de redacción del diario y su presencia en las instalaciones del diario era recia y grave; siempre impecablemente vestido de traje, era portador de una seriedad que imponía y que se tornaba apacible al atravesar la puerta de su casa.

A mediados de la década de los setenta, ya como director de Diario de la Tarde, me invitó a ilustrar una sección que aparecería dos veces por semana en sus páginas. “Vuelamáquina”, que tuvo su origen en el Magazine de Novedades, era una columna de casi media plana para la cual yo desarrollaba viñetas, ornamentaciones e ilustraciones referentes a los temas que trataba: acontecimientos históricos, hechos, anécdotas y personajes de la historia y la literatura de México, su paisaje, su poesía, su provincia. Sus relatos son de una especial amenidad gracias a un lenguaje consistente, un estilo sólido y una temática que a menudo requería relecturas y recopilación de datos y memorias que plasmaría, a lo largo de tres años, en lo que constituyó su último escaparate literario. Poco después de su muerte se publicó, gracias a Cristina, mi hermana mayor, una selección de artículos en una edición con el mismo nombre, en la que queda como legado la riqueza de su estilo y su temática. Fue a la capacidad de escribir “al vuelo” o a “vuelamáquina” lo que imprimió el sello característico de su periodismo.
Al cabo de años de lucha incansable, de inquebrantable responsabilidad y dedicación a prueba de todo, murió en el año de 1979, y dejó tras de sí una obra periodística considerable y valiosa. A treinta y tres años de su muerte, Raúl E. Puga (la E es por Ernesto), David GrisFígaro KidJuan Galán, es un referente histórico importante e imprescindible para la vida periodística de México. En este centenario de su nacimiento, sus hijos, sus nietos y biznietos lo recordamos con inmenso cariño y admiración.


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