jueves, 1 de octubre de 2015

LOS CONTRASTES EN LA VIDA (Duelo de Sonetos), Milagros Hernández Chilibert y Hildebrando Rodríguez Rodríguez

LOS CONTRASTES EN  LA VIDA
 

Entre lo más funesto y lo agradable,
se mueven los contrastes en la vida
y en esa proyección tan extendida,
desfilan lo deseable y lo indeseable.
 
Que no estemos de acuerdo es muy probable
con parte de la senda recorrida,
pero se cumple todo a la medida
por acción del destino imperturbable.
 
Todo lo que le ocurre a la existencia,
se mete en un archivo de experiencia
que suele los procesos modelar.
 
Y en esa proyección de la vivencia
todo hay que recibirlo con paciencia,
para que sea más fácil continuar.
 
Hildebrando Rodríguez Rodríguez 

 
Esos son los contrastes vivenciales,
venimos desde el alba hacia la noche
y en plena oscuridad está el derroche
de estrellas y luceros celestiales.
 
Y entre las claras aguas y barriales
no debemos aliarnos del reproche,
no hay alma y corazón que no trasnoche
esperando la cura de los males.
 
Que la paciencia sirva a la esperanza
y la experiencia apoye al corazón
y el cenit de la fe sea la confianza.
 
Entre luz encendida y apagón
se concierta la bienaventuranza
y surge el claroscuro y la abstracción.
 
Milagros Hernández Chiliberti

TIERRA DADIVOSA, Ricardo Álvarez

TIERRA DADIVOSA

Ricardo Álvarez

La tierra pródiga sujeta las raíces vegetales
como una loba que nutre la boca de minerales.
Desbordada patria de aguas
donde los ríos trazan sus cauces
y bajo los espesos racimos
cursan frescos manantiales.
Eres la diadema que engarza los plumajes del aire,
el origen cuadrúpedo del puma en el follaje.
Emperatriz de suculentos lechos,
la simiente germina del vientre profundo
manifestando la riqueza variada de los cereales.

Magnifica planicie de geografía heterogénea,
soportas colosales cadenas de montañas,
ventiscas de arenas en la piel desértica,
mano poderosa donde convergen
el metal y el cemento edilicio,
en lento balance te mueves
sosteniendo la vara del equilibrio
al tráfago concurrido de la prisa.

Tú pariste el blanco trigo horneado en la maestría de la artesa,
la madura harina que ostentan las panaderías.
Eres el firmamento visceral de todo el oro acumulado en las entrañas,
La humedad que nutre la boca árida,
el terrón generoso que derrota el hambre con su panícula.



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"JOSEFINAS": LAS LOLITAS DEL XIX, Ana Clavel

“JOSEFINAS”: LAS LOLITAS DEL XIX

La autora es narradora. Su libro “Las ninfas a veces sonríen” obtuvo el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska
LA FOSA DE LA ABUNDANCIA La autora es narradora. Su libro “Las ninfas a veces sonríen” obtuvo el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska. (FOTO: )

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ANA CLAVEL
| DOMINGO, 28 DE SEPTIEMBRE DE 2014 | 00:10
En 1923 el escritor y periodista austríaco Felix Salten (1869-1945) dio a conocer el que sería su libro más célebre: Bambi, una vida en el bosque, cuyos derechos vendería a Disney por una modesta suma para dar origen a uno de los hitos de la cinematografía infantil. Algunos años antes, en 1906, había publicado bajo seudónimo una obra de estilo muy diferente: la biografía novelada de una conocida prostituta vienesa de la segunda mitad del XIX: Josephine Mutzenbacher (1852-1904), quien luego de retirarse del oficio hacia 1894, redacta unas memorias que confía a su médico de cabecera. El médico decide entregarlas a Salten para que las reescriba en un estilo más literario. Mutzenbacher no llegaría a ver publicadas sus Memorias pues aparecieron un par de años después de su muerte.
Así es como nos enteramos de las aventuras infantiles de Josephine, una tierna Lolita de escasos cinco años que es contemplada por un cerrajero que gusta de observar su pubis desnudo. A los siete juega a “papás y mamás” con unos vecinos apenas un poco mayores que ella, juego que después repite con sus hermanos. Su primera relación consumada la tiene a los nueve con un hombre de 50 años. La lista aumentaría con un soldado, un cervecero, un vicario, un camarero, un profesor de religión, su propio padre y un proxeneta, que conforman las aventuras sexuales de su niñez, antes de obtener su licencia como prostituta a los 12 años. (Hay que recordar que el comienzo “oficial” de la edad núbil en varios países de la Europa del XIX se definía por la llegada de la menstruación que posibilitaba una “adultez“ súbita).
El punto de vista narrativo de las Memorias de Josephine Mutzenbacher es el de la propia menor que cuenta con lujo de detalle las experiencias vividas. Al decir de Pablo Santiago, autor de Alicia en el lado oscuro. La pedofilia desde la antigua Grecia hasta la era Internet (Imagine 2004), antes de la aparición de Lolita de Nabokov en 1955, las nínfulas llegaron a ser conocidas como “Josefinas”, en recuerdo de la novela erótica de Salten que gozó de una fama clandestina pero muy extendida entre los lectores de la época.
En un ambiente represor como el victoriano, en el que las mujeres “decentes” eran mantenidas en un estado de inmadurez mental, social y sexual permanente, era frecuente que muchos hombres hicieran uso de la prostitución como una vía de escape. En particular, la prostitución infantil se incrementó porque, frente a las condiciones de poca higiene que propagaron la sífilis y gonorrea, llegó a ser creencia popular que las vírgenes no sólo no podían contagiar las enfermedades venéreas, sino que incluso las curaban. Por otra parte, en círculos más selectos, la afición de algunos hombres por tener relaciones sexuales con pequeñas vírgenes era vista como una excentricidad, no una perversión malsana. Así, Oscar Wilde refiere el caso del ilustrador Audrey Beardsley en los siguientes términos: “A él le encantaban las primeras ediciones, especialmente las de mujeres: las niñas eran su pasión…”.
A la par del abuso y explotación sexual, la época vio surgir un culto a la infancia sin precedentes. En Los hijos de Cibeles. Cultura y sexualidad en la literatura de fin de siglo XIX, José Ricardo Chaves traza un mapa literario de la polarización de las representaciones femeninas. De la devoradora femme fatale a la idealizada femme fragile, cierta  mirada masculina atormentada por la angustia encuentra en la niñez uno de los pocos reductos de pureza. Se va abriendo así el cauce para las Josefinas, las Alicias como objeto de veneración y deseo, el mito de la enfant fatale que resplandecería de manera definitiva e inquietante en la Lolita nabokoviana.

A UNA RAMERA, Antonio Plaza



ANTONIO PLAZA: A UNA RAMERA



A una ramera



Vitium in corde est idolum in altare
San Jerónimo



            I
Mujer preciosa para el bien nacida,
mujer preciosa por mi mal hallada,
perla del solio del Señor caída
y en albañal inmundo sepultada;
cándida rosa en el Edén crecida
y por manos infames deshojada;
cisne de cuello alabastrino y blando
en indecente bacanal cantando.
            II
Objeto vil de mi pasión sublime,
ramera infame a quien el alma adora.
¿Por qué el Dios ha colocado, dime,
el candor en tu faz engañadora?
¿Por qué el reflejo de su gloria imprime
en tu dulce mirar? ¿Por qué atesora
hechizos mil en tu redondo seno,
si hay en tu corazón lodo y veneno?
            III
Copa de bendición de llanto llena,
do el crimen su ponzoña ha derramado;
ángel que el cielo abandonó sin pena,
y en brazos del demonio ha entregado;
mujer más pura que la luz serena,
más negra que la sombra del pecado,
oye y perdona si al cantarte lloro;
porque, ángel o demonio, yo te adoro.
            IV
Por la senda del mundo yo vagaba
indiferente en medio de los seres;
de la virtud y el vicio me burlaba;
me reí del amor de las mujeres,
que amar a una mujer nunca pensaba;
y hastiado de pesares y placeres
siempre vivió con el amor en guerra
mi ya gastado corazón de tierra.
            V
Pero te vi… te vi… ¡Maldita hora
en que te vi, mujer! Dejaste herida
a mi alma que te adora, como adora
el alma que de llanto está nutrida.
Horrible sufrimiento me devora,
que hiciste la desgracia de mi vida.
Mas dolor tan inmenso, tan profundo,
no lo cambio, mujer, por todo el mundo.
            VI
¿Eres demonio que arrojó el infierno
para abrirme una herida mal cerrada?
¿Eres un ángel que mandó el Eterno
a velar mi existencia infortunada?
¿Este amor tan ardiente, tan interno,
me enaltece, mujer, o me degrada?
No lo sé… no lo sé… yo pierdo el juicio.
¿Eres el vicio tú? … ¡Adoro el vicio!
            VII
¡Ámame tú también! Seré tu esclavo,
tu pobre perro que doquier te siga.
Seré feliz si con mi sangre lavo
tu huella, aunque al seguirte me persiga
ridículo y deshonra; al cabo, al cabo,
nada me importa lo que el mundo diga.
Nada me importa tu manchada historia
si a través de tus ojos veo la gloria.
            VIII
Yo mendigo, mujer, y tú ramera,
descalzos por el mundo marcharemos.
Que el mundo nos desprecie cuando quiera,
en nuestro amor un mundo encontraremos.
Y si horrible miseria nos espera,
ni de un rey por el otro la daremos;
que cubiertos de andrajos asquerosos,
dos corazones latirán dichosos.
            IX
Un calvario maldito hallé en la vida
en el que mis creencias expiraron,
y al abrirme los hombres una herida,
de odio profundo el alma me llenaron.
Por eso el alma de rencor henchida
odia lo que ellos aman, lo que amaron,
y a ti sola, mujer, a ti yo entrego
todo ese amor que a los mortales niego.
            X
Porque nací, mujer, para adorarte
y la vida sin ti me es fastidiosa,
que mi único placer es contemplarte,
aunque tú halles mi pasión odiosa,
yo, nunca, nunca, dejaré de amarte.
Ojalá que tuviera alguna cosa
más que la vida y el honor más cara,
y por ti sin violencia la inmolara.
            XI
Sólo tengo una madre. ¡Me ama tanto!
Sus pechos mi niñez alimentaron,
y mi sed apagó su tierno llanto,
y sus vigilias hombre me formaron.
A ese ángel para mí tan santo,
última fe de creencias que pasaron,
a ese ángel de bondad, ¡quién lo creyera!,
olvido por tu amor… ¡loca ramera!
            XII
Sé que tu amor no me dará placer,
sé que burlas mis grandes sacrificios.
Eres tú la más vil de las mujeres;
conozco tu maldad, tus artificios.
Pero te amo, mujer, te amo como eres;
amo tu perversión, amo tus vicios.
Y aunque maldigo el fuego en que me inflamo,
mientras más vil te encuentro, más te amo.
            XIII
Quiero besar tu planta a cada instante,
morir contigo de placer beodo;
porque es tuya mi mente delirante,
y tuyo es mi corazón de lodo.
Yo que soy en amores inconstante,
hoy me siento por ti capaz de todo.
Por ti será mi corazón do imperas,
virtuoso, criminal, lo que tú quieras.
            XIV
Yo me siento con fuerza muy sobrada,
y hasta un niño me vence sin empeño.
¿Soy águila que duerme encadenada,
o vil gusano que titán me sueño?
Yo no sé si soy mucho, o si soy nada;
si soy átomo grande o dios pequeño;
Pero gusano o dios, débil o fuerte,
sólo sé que soy tuyo hasta la muerte.
            XV
No me importa lo que eres, lo que has sido,
porque en vez de razón para juzgarte,
yo sólo tengo de ternura henchido
gigante corazón para adorarte.
Seré tu redención, seré tu olvido,
y de ese fango vil vendré a sacarte.
Que si los vicios en tu ser se imprimen
mi pasión es más grande que tu crimen.
            XVI
Es tu amor nada más lo que ambiciono,
con tu imagen soñando me desvelo;
de tu voz con el eco me emociono,
y por darte la dicha que yo anhelo
si fuera rey, te regalara un trono;
si fuera Dios, te regalara un cielo.
Y si Dios de ese Dios tan grande fuera,
me arrojara a tus plantas ¡vil ramera!



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LA LUNA SE HA INSTALADO EN TU EMPEINE DESNUDO; Ricardo Versolari

La Luna se ha instalado en tu Empeine Desnudo 

(De "Cantigas Herejes")


Se abre el día
como el vestido de una novia;
el valle, las laderas, el viento
sueltan buitres invisibles
encargados de beber los enjambres de muertos 
que nos siguen en la mañana blanca.


La luna lejana
se ha instalado en tu empeine desnudo:
un silencio que brilla,
y cada huella que dejas en la calle
 mezcla la tierra con la luz
 entre azul y plateada.

Y en el día que se abre,
el sol juega a tus pies:
cachorro lento y tibio
escurriéndose en tus plantas y en tu sexo;

Ahora
te toma de la mano y te sumerge 
entre las  bestias violetas de la tarde.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Noon_resting_by_JunKarlo