miércoles, 19 de octubre de 2016

LA PIEDRA NEGRA Y EL PODER Y EL PODER LIBERTARIO DE ELENA GARRO, Antonio Valle (La Jornada Semanal)

La piedra negra y el poder libertario de Elena Garro

I. La obra antes que la vida y viceversa

La vida de Elena Garro es tan alucinante como su extraordinaria obra. Tal vez por eso ya no me asombra que a estas alturas, y toda vez que históricamente han quedado demostrados su enorme superioridad y talento, algunas escritoras e intelectuales me aconsejan que para escribir este ensayito “no haga caso de lo que se dice de ella, que nada es cierto, que cuando la crítica proviene de las mujeres, es por pura envidia; que cuando todavía levantan ámpulas sus declaraciones, se debe a las añoranzas de un poder político puesto en cuestionamiento; que la difamación a su obra y a su persona no es sino producto de la envidia que le tenía Octavio Paz (envidia reciclada por los incondicionales del excelente poeta, ensayista e intelectual mexicano), que cuando el ataque es a su fama como mujer libre y preciosa es porque viene de críticos y escritores machos y/o mediocres, cuando escriben o conferencian las académicas ‘dueñas’ de sus novelas”; dicen que me olvide de la vida de Elena Garro; en fin, me dicen que Elena es una feminista inmadura y que mejor me concentre en su obra.

II. Ni filias ni fobias

No es legión, pero hay quienes la defienden a capa y espada, como si Elena Garro fuera una mártir, una santa de las sufragistas o una víctima absoluta de los poderes políticos y de las mafias intelectuales. La verdad es que en pleno siglo xxi la escritora superlativa continúa provocando una especie de batalla campal cuyo objetivo es denostarla o empoderarla dentro de la nueva (eterna) escena del arte y la literatura en México. Se piensa que al hablar de su vida y “milagros” uno se ve obligado a definirse a favor de ella y en contra de Octavio Paz. Sin embargo, como dice Alejandro Jodorowsky, “estar a favor de Alfa no implica estar en contra de Omega”. Más que juzgar las actitudes de Elena es preferible entender el contexto en el que sucedieron algunos de los acontecimientos más relevantes de la vida política y cultural de México a mediados del siglo xx, período turbulento que medio siglo después puede explicarse con el famoso oxímoron de Elena Garro: los recuerdos del porvenir. Más allá de las filias categóricas y de las fobias groseras, es tiempo de abandonar los papeles de jueces edificantes o de “madre ardientes” para comprender las “causas y azares” que dieron paso a una figura y a una obra excepcionales.


III. Ave de las tempestades

“La pterodroma hasitata es una especie de ave oceánica. Realiza veloces vuelos rasantes sobre el agua batiendo las alas rápidamente, o sin moverlas, cuando aprovechan los vientos en contra. La causa de su disminución se debe a la depredación humana directa. En los sitios donde se aparea su presencia suele ser causa de creencias en seres sobrenaturales. Esto se debe a que sus llamadas producen extraños sonidos en la noche y –como son difíciles de ver– suelen ser tomadas por brujas o diablos, cosa que ha originado toponimias como La Bruja, en Cuba; o Morne Diablotín, en Haití.” (Wikipedia)


IV. 1968

Es increíble que a estas alturas de la postmoderna, hipercomunicada e inhumana realidad que vive México, a Elena Garro se le siga estigmatizando por su estilo de vida, por sus declaraciones, muchas de ellas políticamente ingenuas, así como por sus desplantes y actitudes. Estoy seguro de que a medio México le hubiera fascinado conocer “en vivo” a una mujer que, como hasta sus detractores afirman, era, además de atractiva, inteligente y subyugante. Esta escritora, verdadera ave de las tempestades, comenzó a desplegar los poderes de su pluma poco antes de que en México y en el mundo se desatara el ciclo de revueltas juveniles que transformarían algunas de las formas de vida hasta entonces conocidas en el mundo occidental, mutación cuya energía revolucionaria, social, política y sobre todo cultural, causará estragos hasta el presente. Francia, Estados Unidos, Checoslovaquia y México son algunos de los países en donde los movimientos juveniles tuvieron mayor repercusión, especialmente en torno a los temas de la transformación democrática de las instituciones, sexualidad y educación, libertades civiles (particularmente de información y expresión), en contra de la discriminación y de la intervención ideológica y militar colonialista. Durante este tempestuoso ciclo surgen movimientos ecologistas, hippies, feministas, homosexuales, guerrilleros, anarquistas, situacionistas, existencialistas y neosurrealistas. Entre otros movimientos contraculturales, se popularizan las literaturas beatnik y onderas, el happening y el pop art; es un tiempo en donde a ritmo de poesía y narrativa inédita, de rock and roll y de contratiempos jazzísticos las sociedades se tensan y destensan, se fracturan y reconstituyen, donde los movimientos juveniles tienen triunfos relativos (sobre todo en el terreno cultural) pero donde se dan los más politizados, o donde el poder es más autoritario e intolerante, son reprimidos. Tal es el caso de México, cuyas fatales consecuencias conocemos todos.

V. La imaginación es la loca de la casa: Santa Teresa

No son pocos los autores que consideran que Elena Garro padecía un delirio de persecución, espejismo que encaja con algunos síntomas de paranoia. Dice Lacan que la paranoia sumerge al sujeto en el desconcierto, delirio que va a suplir “la metáfora paterna desfalleciente, construyendo una metáfora delirante destinada a dar sentido y cohesión a aquello que carece de sentido y cohesión”. En algunas de las entrevistas que Elena Garro ofreció, podemos inferir que la presencia de su padre “desfallecía” literalmente por ausencia física, ya que durante largas temporadas Elena y sus hermanos eran dejados al cuidado de algunas trabajadoras de origen indígena que laboraban con su familia en Iguala. Su padre fue un español que Elena apenas deja ver en La semana de colores, serie de cuentos de corte fantástico, donde una niña suele desatar su poderosa imaginación narrativa bajo la mirada afectuosa, cómplice y comprensiva de algunas nanas y jardineros de la estancia familiar. Por ejemplo, en el relato “La culpa es de los tlaxcaltecas”, donde la interlocutora de Laura (heroína a quien daban por muerta) es la cocinera Nacha, a quien le confiesa que sus incesantes fugas (de la realidad) y su apostasía de lo sacrosantos valores occidentales, tiene que ver con “la traición” llevada a cabo por los tlaxcaltecas durante las guerras de conquista en México, y que, como la heroína tránsfuga tiene miedo, traiciona a su marido occidental. “La señora Laurita no era de ese tiempo, ni era para el señor”, dice Nacha. En realidad Laura pertenece al tiempo de la fuga, en este caso hacia un tiempo mítico de origen precolombino. La misma sensación persecutoria la encontramos con mayor plenitud en la novela Reunión de personajes, donde la protagonista es acosada por un tipo siniestro. En esta postmoderna historia en la que interviene el fantasma de Scott Fitzgerald, tanto los tiempos como el núcleo temático se mueven por todas partes, como el azogue. Justamente la idea del mercurio como elemento sine qua non de la hermenéutica, nos permite acceder al “sistema” de relaciones y umbrales en los que se mueven y atraviesan los personajes de la narrativa de Garro. Por ejemplo, lo que sucede con el personaje femenino de Julia en la novela Los recuerdos del porvenir, quien después de permanecer “sometida” física y sexualmente por el general que ha tomado en sus manos la vida y el destino de los habitantes de Ixpec, se las ingenia para huir con su amante en la búsqueda de su felicidad y destino. En la novela transcurren los acontecimientos que dan paso a ese porvenir que, a medio siglo de distancia, nos muestra la situación que padece un buen número de mujeres mexicanas, dentro de un escenario en el que, más allá del sometimiento del que fueron víctimas por caudillos y caciques de la revolución, todavía es más cruel por la práctica de la trata y por el feminicidio. Sin embargo, en Los recuerdos del porvenir también está latente el potencial libertario de las mujeres representadas por Julia, quien, mediante una estrategia en la que guarda silencio, logra hacer que su mente piense únicamente en lo que ella quiere y desea. Casi como si fuera una maestra budista, la heroína de Garro mantiene a buen resguardo su salud mental ante una realidad ominosa. Por otro lado, la madre de Elena Garro parece un personaje perdido en un mundo de libros del que sólo sale para acompañar a su esposo en sus viajes frecuentes. Se trata de un mundo encantado, como el del tío Boni, quien juega un papel iniciático en la vida literaria de la escritora.


VI. El buen y el mal hombre

En un buen número de sus cuentos, novelas y obras de teatro vemos surgir las figuras de personajes masculinos, muchos de ellos de origen indígena, y otros como Felipe Ángeles, cuya figura masculina es la más alta y significativa en la obra de Elena Garro. Es bien conocida la anécdota en la que Felipe Ángeles cuestionó la brutalidad de los soldados haciendo un elogio del hombre de armas apegado a la legalidad institucional. Esta actitud marcó su trayectoria política y ética. No es casual que durante diversas movilizaciones agrarias, así como en el movimiento de 1968, Elena Garro manifestara su pertenencia a una estructura institucional, ya fuera a la Central Nacional Campesina o reconociendo la figura de Carlos Madrazo, quien se proponía transformar a México desde el pri. Igual que Felipe Ángeles, quien fuera criticado por iluso e irrealista, Elena Garro fue vista como un personaje fuera de la realidad y naive. Como valiente ave de las tempestades, durante muchos momentos Elena Garro pareció vivir bajo la frase más célebre de Felipe Ángeles: “Por qué temerle a la muerte, si no le temo a la vida.” Entre el ejemplo del estratega maderista honorable y los militares corruptos se desenvuelve la obra de Garro. En realidad existe una correlación entre su literatura y sus posturas políticas. Hay quienes consideran que la novela Los recuerdos del porvenirforma parte de la novela de la Revolución mexicana, cuando en realidad es una novela ferozmente crítica con dicha revolución. Por otra parte la estructura, el lenguaje poético y los recursos técnicos empleados en esta obra son inéditos. Algunos de esos hallazgos estructurales y conceptuales también se encuentran en El Llano en llamas y en Pedro Páramo de Juan Rulfo, en especial la idea supernatural de los muertos que viven y la del tiempo que vuelve. En ese sentido, la narrativa de Elena Garro se encuentra más cerca del estilo fantástico de Juan de la Cabada (a quien Elena admiraba profundamente) que a la fantasía narrativa de García Márquez; incluso su contenido es más cercano al de Borges (a quien también admiraba) y al de Bioy Casares, quien además fue el amor de su vida.


VII. El poder del silencio

Durante los episodios de Los recuerdos del porvenir, el pueblo entero parece ser la familia de Elena Garro, quien durante el episodio sangriento de la Guerra cristera (doscientos cincuenta mil muertos) sufre por la violencia machista de unas fuerzas armadas dirigidas por caudillos irresponsables. Entonces como ahora, los personajes femeninos encuentran en los poderes de la seducción una alternativa para sobrevivir, incluso para escapar de ese pueblo de muertos. Sometimiento y prostitución o rebeldía y fuga para hacerse de una realidad propia, de un destino donde a través del amor pueda reivindicarse a la mujer, dominio que tiene que ver con el deseo de libertad y plenitud sexual. Elena Garro nos dice que la liberación comienza por el pensamiento, que cada una de las mujeres es lo que piensa, no necesariamente lo que dice, estrategia de liberación fantástica para una época donde el poder patriarcal era incuestionable, poder que también es puesto en duda en las figuras políticas de caciques como Pedro Páramo, símbolo del macho alfa en el panteón de los grandes protagonistas de la novela mexicana.


VIII. La piedra angular o piedra roseta

Ciertas tradiciones hermenéuticas dicen que entre el alma y la piedra existe gran correspondencia; que la piedra bruta es andrógina, condición perfecta del estado primordial, instrumento que provoca la clarividencia de los chamanes. La Chatita Helena Paz Garro solía decir que su madre tenía mirada de hombre. La misma Elena Garro creía que el pensamiento masculino tenía una poderosa influencia en ella. Como en Shakespeare, a cuya profundidad y vastedad de inteligencia Harold Bloom vincula con la “energía” femenina que se movía dentro de su psique, es probable que en la mente de Elena Garro confluyera una energía dual de ambos signos, provocándole una plasticidad creativa muy especial, una capacidad chamánica para desenvolverse en la duermevela donde trans-curren sus historias fantásticas. Como la piedra negra y parlante de Cibeles, el palladium de Troya, la piedra negra de La Meca o la Piedra triangulada del Tajín, podemos imaginar que la piedra angular de Los recuerdos del porvenir es como el reverso de la Piedra de sol, poema del insigne Octavio Paz. Elena Garro, a quien la idea del feminismo no le atraía particularmente, dice con voz poética y masculina al principio de su obra cumbre:


Aquí estoy, sentado sobre esta piedra aparente. Sólo mi memoria sabe lo que encierra. La veo y me recuerdo, y como el agua va al agua, así yo, melancólico, vengo a encontrarme en su imagen cubierta por el polvo, rodeada por las hierbas, encerrada en sí misma y condenada a la memoria y a su variado espejo. La veo, me veo y me transfiguro en multitud de colores y de tiempos. Estoy y estuve en muchos ojos. Sólo soy memoria y la memoria que de mí se tenga 
  
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EN LO SECRETO DEL TRUENO, Pablo Armando Fernández (Cuba)

Pablo Armando Fernández

Cuba - 1930
En lo secreto del trueno
                                                                                        para Cintio Vitier

Si uno pudiera, como quien juega o sueña
las secuencias del tiempo reordenar,
y pudiera acogerse a aquellos ciclos
que sólo nos inducen a aprender,
sabiamente sabríamos eludir
las ignominias de la sinrazón.
Si uno pudiera a los juegos y sueños
atribuirles todo cuanto idearan
ingratitud, torpeza y mezquindad,
cardo y ortiga, zarza triste de la vida
que roce y trato tornan defensivos.
También el corazón tiene sus mañas.
Como un reclamo de atención, a veces
uno puede faltarle a quienes ama:
una palabra, un gesto, cualquier impertinencia,
casi siempre de efecto ponzoñoso.
Suele confiarse a veces en que el daño
acerque el ofendido al ofensor.
No hay bien ni mal. Esto también se espera.
Ahora creo haber aprendido a conocer
ciertas turbias razones que a veces urde el corazón.

lunes, 17 de octubre de 2016

"A SURCO..." DE BENJAMÍN ARAUJO MONDRAGÓN, Gildardo Montoya Castro

A SURCO DE PROPÓSITOS 
de Benjamín Araujo Mondragón

Gildardo Montoya Castro


   Cuando desde la capital mexiquense, vía internet, Benjamín Araujo Mondragón, poeta, cuentista, ensayista, periodista, promotor cultural y asimismo autor del trabajo Será mi asilo el mar. Biografía de José María Heredia y Heredia, el cual fue un poeta y libertario cubano, quien falleciera en la ciudad de México en 1839; cuando, insisto, me pidió le consiguiese un espacio para presentar su nueva propuesta poemática intitulada A surco de propósitos, en esta Feria del Libro de Chapingo, en la parte conclusiva de su mensaje apuntó: "Diles que yo fui el creador, el diseñador, de la Primera Feria del Libro en Chapingo"; y, así, al asumir la misión encomendada por mi amigo, por supuesto que no olvidé la puntilla, el énfasis final de su recado: "Diles que yo..."; pero, además, preparé en mi alocución la nutrida, diversa foja productiva en el ámbito cultural de Araujo Mondragón; dije, por ejemplo, que él, precisamente, se había desempeñado como jefe de Publicaciones en la UACh, en los años 1984-1986, cuando era Director de Difusión Cultural el también escritor Ignacio Betancourt Robles, tiempos que corresponden a la brillante gestión del doctor Ignacio Méndez Ramírez como rector de nuestra casa de estudios; señalé, a la vez, que entonces Benjamín Araujo, al frente del Departamento de Publicaciones, cumplió una destacada labor editorial al proponer y publicar obras, autores, que no envejecen. Se trataba de textos de una perdurable catadura artística, un profundo humanismo. 

     Nuestro invitado tuvo la acertada visión de introducir en una institución de educación superior, netamente agronómica, libros indispensables como Bajo el oro pequeño de los trigos, de la poeta Enriqueta Ochoa; a la par se editó una antología poética del vate chileno Juvencio Valle, y se dio a la luz un bello libro, Canto a la Tierra, de Antonio Rodríguez, que homenajea a la obra maestra que pintara Diego Rivera en la capilla que hoy lleva su nombre; o se rescató del olvido a Alberto Michel y sus Narraciones, confidencias y otros textos. Emparentado con ello, no olvido aquella ocasión que Benjamín, emocionado, se acercó a mi lugar de trabajo para mostrarme, esto si mi mala memoria no hace de las suyas, un ejemplar de la revista Vuelta, de Octavio Paz, donde aparecía un comentario del reconocido ensayista y poeta Gabriel Zaid, quien miraba con buenos ojos que una institución científico-técnica hubiese tenido el tino de volver a editar el mencionado texto de Alberto Michel... Total, que cuando expuse ante Graciela Flores, actual jefa de publicaciones de Chapingo, este nutricio, vasto recuento del paso de mi amigo por estos lares, ella, con prontitud, respondió: "Por supuesto, será un honor recibirlo".

     Dicho esto, ahora es el momento de que abordemos propiamente el libro que nos reúne,  intitulado A surco de propósitos, texto que permitió a su hacedor entrelazar en un solo viaje los trabajos  A propósito (1981) y Surco de palabras (1984), con el agregado de versos de su más reciente etapa creativa... Pero ¿qué papel cumple la literatura, la poesía, la palabra en nuestro escritor toluqueño? Un principio de respuesta sería anotar que tiene publicados por lo menos diez títulos; indicar que ha participado con sus versos en treinta antologías; pero quizá lo más preponderante a destacar es su sólida convicción de que la palabra-palabra, aquella que va más allá del simple lenguaje, la palabra que busca imantarse en el lector, esa palabra debe sellar un compromiso destinal, definitivo, con asuntos cruciales, impostergables, que todo artista debiera atender: la belleza, la bondad, la ternura, el amor, la solidaridad y la escamoteada verdad. De ahí que exprese continuamente, en los foros donde se presenta, su disgusto, su total rechazo de lastres tan en boga en los tiempos que vivimos, esto es : la mentira, la corrupción, la falta de democracia, luego de lo cual,enfático, suele proferir: "Me parece terrible la demagogia". En ese sentido, A surco de propósitos conforma una retrospectiva vivencial, existencial, amorosa y de notable, sentida fe política. Vale señalar que Benjamín lleva en su barcarola de palabras aquellas enseñanzas reveladoras que descubrió allá en la infancia, ese luminoso instante significativo, pues tuvo la oportunidad de convivir en su entorno familiar con hombres sapientes como Ernesto de la Peña y el poeta mexiquense Heriberto Enriquez; este último, dice, le dejó una profunda influencia en su tarea formativa, en su decisión vocacional. El poeta Enriquez lo acercó a la obra de autores tutelares como Horacio, Virgilio, Ovidio, Sófocles; sin olvidar darle a conocer el brioso, explosivo impulso plasmado  por los poetas "malditos": Baudelaire, Verlaine, Rimbaud... Aquí cabe precisar que Araujo, en su libro más reciente y otros de su prolífera pluma, va dejando constancia admirativa de quienes le han obsequiado latencias, modos de ver y vivir el mundo, la condición humana. Sus homenajes, por ejemplo, a Pablo Neruda, Walt Whitman, Miguel Hernández, Efraín Huerta, Tomás Segovia, José Saramago, Facundo Cabral y tantos otros, nos hacen recordar lo dicho por Jorge Luis Borges con trazo asertivo: "Que otros se jacten de los  libros que les ha sido dado escribir; yo me jacto de aquellos que me fue dado leer."

     Al adentrarse en este trabajo es posible constatar aquello que Araujo ha dicho en alguna parte: "Mi filosofía de la vida es muy sencilla: amar"; ese poderoso sentimiento irriga vitalidad, hondura, elasticidad expresiva a su canto que no precisa una temática específica, estacionaria. Podríamos expresar aquí que al poeta Benjamín le ajusta muy bien la sentencia clásica: nada de lo humano le es ajeno; así, con esa entereza, nuestro autor, por ejemplo, puede tomar la pluma para transmitir al lector el sentir paradójico, el filo, las claves de algún infortunio:

                                  Estoy segura de la vida
                                  me dijiste un día
                                  estoy segura repetiste
                                  y lo dijiste firmemente un día
                                  y otro y otro y otro
                                  hasta convencerme
                                  y al día siguiente
                                                          no acudiste a la cita


    En el libro que nos ocupa encontramos aquí, allá, una profunda huella, maridaje, digamos, de su poesía con los intereses del autor por la política, por los aconteceres que buscaban y buscan horadar oscuridades asfixiantes; para decirlo coloquialmente: el poeta no le saca al bulto a labrar versos que más de uno podría calificar como "contestatarios" o "panfletarios". Por ello conviene citar sus propias observaciones sobre el tema en cuestión, esto cuando señala categórico: "Si el autor cree que debe tener una actitud política consciente y definida en su obra, ello de nada le servirá si, antes, no ha aclarado su compromiso con la palabra". 

            Apunté ya que son muchos los versos que parecieran trazados estrictamente por motivaciones de índole social, y sin desdecirme de lo anterior, me permito citar un poema que funde en un todo varias obsesiones del escritor mexiquense. Me refiero a lo que sucede por las calles y lo que sucede puerta adentro, esa música íntima, raíz o guía de lo que somos...  


                                    Sentado en el sofá del pensamiento
                                    aspirando a decir cosas importantes
                                    mi padre
                                    una mañana como cualquiera
                                    antes de salir
                                    de la puerta de casa
                                    me regresó
                                    no te dirijas violentamente
                                    por las calles
                                    no me culpes
                                    equivócate y no implores
                                    ni aprendas
                                    comprométete y ya
                                    yo no he podido
                        

    Un rasgo o recurso expresivo sobresaliente en este libro, es la aparición con cierta frecuencia de textos tocados por la instantaneidad; "minipoemas", los llama el propio autor, cuya eficacia radica en una irónica, lúdica, relampagueante resolución, que nos lleva inevitablemente a recordar las inaugurales propuestas de raigambre orientalista en tierra mexicana vertidas por José Juan Tablada; pero más bien, creo, los poemas de Araujo guardan parentesco con los famosos poemínimos del cocodrilo Efraín Huerta, quien solía definirlos como "una mariposa loca, capturada a tiempo y a tiempo sometida al rigor de la camisa de fuerza".

           Doy dos ejemplos de esta poesía breve que Araujo muestra en su nuevo opus y en su libro precedente, Liturgia amaneceres y otros poemas :


                                   TENER

                                    Entre tener
                                                y no tener
                                     me decidí por su dulzura

                                    --------------------------------------------
                                   

                                    Pausadamente
                                    Pausadamente
                                    No lo olvides
                                                    he de encontrar
                                     tu prisa por la vida
                                             
                               
        
   Otro aspecto notable en esta poesía es el interés del autor por estimular a sus versos de una continua, incesante carga de connotación erótica, esa "poética corporal" o "sed de otredad", según  expresión de Octavio Paz. Los dos libros que contiene A Surco de propósitos despliegan, como ya dije, varios intereses o asombros temáticos, sin nunca dejar de soslayo la necesidad deseante, lo sensual como anhelo, como pérdida, donde cabe la inquietud de una pregunta :
                                                    
                                             ¿Cómo bajaba a ti sin comprenderte;
                                                para entender tu sexo porque me comprendía?

Al mismo tiempo, en el erotismo cabe un cierto sentido del humor tocado por la ironía:
                                                     

                                               Estoy seguro
                                                                        con tu mirada lo subrayas
                                                que tienes un enorme deseo
                                                                                        que no me comunicas
                                                 ...¿qué?... ¿qué no lo sabías?...


      Considero que Araujo Mondragón  ---también autor de los libros Frontera interior, (1994), Apetencias (1999) y Decires (2011)-- centra la fuerza de su lírica en aquello que pedía Nietzche a todo creador: escribir con el fulgor, la intensidad, la música, de la propia sangre; en ese sentido, ante la ausencia de su padre, precisa, testimonia, doliente unción homenajeante, a su árbol primero:

                 Ocultaste la luz,
                 tomaste el camino de la noche,
                 te vestiste de triste
                 y callaste;
                 así tu voz se hizo miel
                 de silencio
                 

       Finalmente, señalo que A surco de propósitos nos brinda la oportunidad de volver a abrazar a un entrañable amigo que, en el ya un tanto lejano 1984, trajo, brindó a Chapingo,  buenas nuevas en la difusión del fenómeno cultural y artístico. Por aquellos días nos conminó a no dejar para mañana la lectura de textos valiosos, interminables, páginas rebosantes de indiscutible universalidad. Entonces, con toda seguridad, Benjamín tenía en mente el precepto borgiano que reza: "Somos los libros que nos han mejorado". Pero también A surco de propósitos permite conocer a un poeta que parte de la idea  de que "la inspiración es sobre todo trabajo; mucha lectura, mucha escritura, mucha autocrítica". Permite también hacer nuestras la animosidad; pero también la ternura, la alegría de vivir, la sensualidad de sus versos que apuntalan la anhelada buenaventura en nuestro paso por la tierra. Decir convencidos, comprometidos: "Mi filosofía de la vida es muy sencilla: amar".

"LITURGIA..." DE BENJAMÍN ARAUJO. UN TIEMPO HECHO PALABRA, Eduardo Cerecedo

LITURGIA, AMANECERES Y OTROS POEMAS,
DE BENJAMÍN ARAUJO
UN TIEMPO HECHO PALABRA

                                                                 Eduardo Cerecedo

El hombre siempre se ha preocupado por el tiempo, él mismo es tiempo, ahora encontrado en la escritura del poeta. Con esa fuerza espiritual de quien escribe, asume la realidad efímera de soportar la historia. Así inicia un recorrido por lo que se es, por lo que ha realizado con su labor de creador. Benjamín Araujo, se pregunta, se responde mirando el poema crecer, es ahí donde se establece ese juego, vida-escritura para dar un preámbulo a la faena. Y en su recorrido por el tiempo de creación, manera de ser con su actividad cotidiana. Minipoemas y homenajes cierran de manera justa este libro cuyo valor poético se instala en la fragua de imágenes, con el pensamiento del poeta.

   Una senda donde quien escribe maneja a la naturalidad, ritmos, imágenes, llenando de emociones cada poema, cada verso, cuyo lenguaje nos aproxima a la realidad literaria, siendo el producto, un poema en verso libre. La manera de respirar del poeta, se sostiene el versos prolongado, otros más breves, hasta llegar al minipoema, vía al homenaje de aquellos poetas que le sirvieron de base en su formación como artista del verso. Benjamín Araujo con certeza fija su manera de trabajar con cadencia, respetando la concordancia entre un oxímorom,  la prosopopeya, sinestesia vía la metáfora que se extiende según el manejo, al intercalar sensaciones de distintos registros sensoriales, en ese orden, se encamina la palabra del nacido en la capital del Estado de México en 1949.

    Con esa salud se abre camino para expresar el sentido del gusto, del recuerdo que ya es memoria en cada poema. De tal manera,  Liturgia, amaneceres y otros poemas, corresponden a ese orden, el de la memoria, cuyas perspectivas se miran desde otro tiempo, ya en calma se despliegan las maneras de la energía, ajustadas en la anécdota, la descripción, préstamos literarios que se hacen de la prosa. Así el poeta al usar esa libertad de expresión le da un sentido distinto al verso y con ello al poema. Sirva pues, la experiencia de vida con el manejo del lenguaje para decir su mundo, a veces irónico, otras no tanto, festivo en arte poética, centrando así su voz, que pide anuencia para expresar su alegría por la vida.

    Formas de convenio con el espíritu. Palabra, voz, se ratifican para decir, lo que ve con ese árbol, que se asoma por sus ojos para, así mirarse en el paisaje de lo que fue. Así vida-escritura confirman el caminar por la vida, dejando como recuerdo, la historia de cada día. Un dejo de nostalgia se deja sentir en la poesía, al decir tiempo, se complace en mirar a su alrededor.

Los temas que han acompañado al poeta surgen de manera innata, El amor, la muerte, la soledad, la problemática social, el gusto por saber observar a su alrededor, descubrirse en esa mirada, lo vuelve un tanto triste, pero la música lo levanta, lo sostiene para decidir el cambio de actividad. Ahora el poeta es un gran observador, media entre su hermano el hombre, con la fraternidad de caminar uno cerca del otro. La preocupación por los niveles sociales, se ajustan  a la necesidad de nombrar las cosas, los actos, la vida, pasar de una estancia a la otra sin mayores remordimientos que los provocados por la escritura poética. Dice la voz “Gota de agua/ que se derrite/ por amor a las nubes”. La sorpresa en los versos siempre provocará en el lector ese asombro tan anhelado en la poesía que se lee. Se puede leer en otro poema: “Estábamos a obscuras, mirando hacia la nada/ pero vino la luz, arrastró la esperanza”. Benjamín Araujo ha llegado a la madurez con su poesía, lo exquisito de sus poemas se instalan en este poemario del cual me ocupo en comentar.

Momentos de altura poética cubren este libro, para bien del poeta, escuchen” Mira mi voz,/es una flama/que se contagia con tus ojos”. Siempre aparece la voluntad de superar los momentos lúgubres, por una sonrisa, con el ánimo que desde su primer libro ha acompañado, al autor de A propósito. Así se despliega un caminar por la literatura, por el mundo de los libros, ya como creador, ya como crítico. Enhorabuena por tu trabajo creativo Benjamín Araujo.

Benjamín Araujo, Liturgia, amaneceres y otros poemas, Pról. de Raúl Cáceres Carenzo, FOEM, 2013, Colección Letras: Summa de días. Ilustraciones de Norberto Quintín Valdés López. (203 pp.)



martes, 4 de octubre de 2016

TOMAR LA PALABRA (EL MOVIMIENTO FERROCARRILERO parte I), Agustín Ramos (La Jornada Semanal)

Tomar la Palabra

Convertir la lucha en patrimonio (I DE II)

El ferrocarrilero fue el último movimiento social del México contemporáneo que tuvo la suficiente fuerza de clase para una verdadera transformación de raíz. Y aunque su potencial no bastó para eso, permanece en la memoria, en novelas grandes como las de Del Paso y la Garro, y también, desde luego, en las ciencias sociales, donde hay un libro que reúne el rigor científico, la belleza literaria y lo biográfico intransferible. Entonces la historia podría empezar así: “Era. Era un hombre. Era un hombre de cabello encarrujado y entrecano. Tenía cuántos años. Treinta y cinco, cincuenta. Cincuenta y cuatro trenes salen todos los días de la vieja estación de Buenavista y yo los cuento como cuento sus años.”
O así: llegamos a esa estación como José Trigo, pero a las cinco y media de la tarde de treinta años después. El Jarocho salía a Veracruz en punto de las seis. Mis hijas lo apodaron “Lindo pulgoso”, porque los antes suntuosos asientos de pullman eran ahora criadero de alimañas. Corrían los años del desmantelamiento de México y sus ferrocarriles de pasajeros corrían a la extinción con el paso arrullador de siempre; por eso Sexy Lou quiso que las niñas viajaran así aunque fuera una vez en su vida: en tren de veras, no como turistas. Y tuvo razón, porque aunque llegamos a las siete de la mañana piqueteados y encamorrados a donde también llega María Rojo en la película Danzón, disfrutamos uno de los últimos trayectos en los que las estaciones intermedias –primero hasta el anochecer unánime, Xometla, Otumba, Apan, Tetlapayac Apizaco, y luego con la aurora, Tejería, Tembladeras, Paso del Macho, Rinconada, Aljibes– se convertían en ferias fugaces cuando los lugareños de donde paraba el tren subían a los vagones a pregonar su mercancía.
O podría empezar como empieza el etnólogo Ricardo Romano, quien “recaba entre ex trabajadores del ferrocarril… de la región de Apizaco” esta historia. En tres capítulos, su libro titulado La vida en rielesresponde –en coautoría omitida con Carmen Macías González– las preguntas relativas a la importancia de este transporte, su aparición en un sitio agrario y los hechos de 1910 y siguientes que lo marcaron… En el capítulo segundo, subcapítulo 2, trata del episodio obligado de cualquier lenguaje cuyo tema ande en las vías del México contemporáneo: “La huelga de 1959 y el desmantelamiento del Ferrocarril Mexicano”. Así, muy bien contextualizadas, los apizaquenses relatan sus vivencias en esta lucha:
“Llene usted un jarrito de agua, a ver si no lo llena. Ahora, una coladera, ¿la llenaría usted? ¡Pues no! Eso pasaba en ferrocarriles, había muchas fugas por todos lados, mala administración, malos manejos…” (Daniel Reyna) “Era una oposición para que vieran que podíamos parar. Así inició, ¿y qué hizo el gobierno? [...] Hubo muertos, hubo golpeados […] les echaban chapopote a los huelguistas y luego plumas. Fue algo tremendo, lo permitió el gobierno. Las demandas eran justas…” (Cristóbal Montiel) “En el ‘59 parecía como una película de esas de la segunda guerra mundial. Se soltaron avionetas sobrevolando Apizaco. ¡Qué feo! Porque a todos los trabajadores los corrieron, los sacaron, los encarcelaron, se hizo todo eso…” (Arturo Stevenson) “Ya con el ejército, en un pueblito me escondí, salí disfrazado con el sombrero de mi suegro porque me andaban buscando. Estuve quince días casi prófugo. A Vallejo ya lo habían encarcelado […], estuvo once años […] Me dijeron, desde este momento deja usted de ser ferrocarrilero […], fui a ver al maestro mecánico y me dijo: –Eres agitador y no se puede que te demos trabajo…” (Cristóbal Montiel) “Mi papá ahora sí que les hizo la chillona, porque pues tenía seis hijos –y decía: -¿Qué hago, qué voy a hacer? Yo no los voy a dejar así, cómo voy a dejar morir a mis hijos de hambre. Y le decían: –Bueno, hay dos opciones, o te liquidamos o te vas a trabajar a México. Entonces él decidió irse a trabajar a México…” (Héctor Schiaffini) “Apizaco tenía muchas cosas del ferrocarril, en el almacén había desde una aguja hasta de todo para abastecer el taller… la desgracia del ferrocarril [es] que fue saqueado, desde el de más arriba hasta el de más abajo. Una broquita mal puesta, pues la ocupaban y se la llevaban. Los de arriba robaron a manos llenas. Cuando López Portillo le encargó a su hermana que deschatarrizaran, fue cuando tiraron la casa redonda, y sentías feo, eran millones, miles de toneladas… (José Vargas Rossano).”
(Continuará.)

#AY, Julio Cortázar



Amargo precio del poema,
las nueve sílabas del verso;
una de más o una de menos
lo alzan al aire o lo condenan.
Somos el ajedrez de un río,
el naipe siempre entre dos lumbres;
caen las caras y las cruces
a cada curva del camino.
Cae en el verso la palabra,
en el recuerdo llueve el llanto,
cae la noche, cae el pájaro,
todo es caída amortiguada.
¡Oh libertad de no ser libre,
golpe de dados que desata
la sigilosa telaraña
de encrucijadas y deslindes!
Como a tu boca la manzana,
como mis manos a tus senos,
irá la mariposa al fuego
para danzar su última danza.
Julio Cortázar, Salvo el crepúsculo.