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martes, 20 de agosto de 2013

BOSQUE MÓRBIDO, Benjamín Adolfo Araujo Mondragón


BOSQUE MÓRBIDO
Un viento que no es de este mundo
Recorre el bosque de robles,
Cuyas mórbidas ramas se ahogan
En una maraña de delirante muérdago,
Porque éstos son los poderes de las tinieblas, que perviven
En las tumbas de la raza perdida de los Druidas.
H. P. Lovecraft
En el sueño todo es válido;
válidos los vapores, los balidos de las vacas,
los mujidos de un tren o un autobús,
los zumbidos de abejas, otra vez los vapores
del sueño, de la somnolencia, de los barcos
de viaje a ningún lado…o a todos lados
de bruces, o de frente, de espaldas, de cabeza,
de picada, de improviso, de caída mortal o
pecaminosa; con maña o con fuerza
todo es posible en el sueño.

Los sueños que no se apropian se exportan,
o se impelen, se expropian, se repatrían,
caminan al vacío o a la nada inmensa
al infinito; al mundo de los sueños:
Alicia en mis sueños, mi patria redimida
por las caricaturas de mis lecturas tempranas
o indecentes, un poco más tarde, no mucho,
sólo un poco: mis sueños prohibidos,
sabrosos, picantes, pecadores;
no lo que se imaginan, lectores cerdos,
esos, esos son sus propios sueños,
no los míos…mis sueños prohibidos
son a colores, technicolor, pantallas
luminosas, amplias, plenas, sin restricciones
ni excusas, sin premisas, ni conclusiones,
llenos de inmensas perversiones,
sin cálculo, ni bardas, ni excusas,
ni mañanas, todo en un hoy infinito:
como todo en un primer plano,
todo bello, sabroso, prohibido
pero apetitoso, carnal, sexual,
como en la plenitud como orgasmo celestial…

En mis sueños, una mórbida rama
me atrapa, me asfixia: son mis culpas
cristianas, mis cristianas culpas
que nunca me dejaron respirar
las que me provocaron, en mi infancia,
enfermedades respiratorias,
bronquitis asmático, y esas experiencias
caóticas infames pero siempre culposas.
Oh esas ramas mórbidas creciendo
en torno de mi infancia,
de mi infantil cuna, cama,
de mis campamentos infantiles,
como después de una opípara cena,
antes del dolor de estómago
y el vómito, con culpa por pecar
contra los malsanos apetitos
carnales: empezando por la gula.

No era sólo un árbol, un bosque de culpas
en pañales, culpas en crecimiento,
en desarrollo, culpas infantiles,
luego culpas genitales,
culpas preadolescentes,
culpas sin par, sin límite,
culpas as, el as de todas las culpas:
la culpa por lo desconocido:
el conocimiento como culpa;
la sabiduría como pecado;
la ignorancia como virtud
en un mundo de ignorantes
los virtuosos son ciegos;
espirituales sólo espíritu sin carne.

¡Váyanse mucho a la chingada,
pesadillas de mierda; no me culpen!
Déjenme solo con mi cuerpo un rato;
dobléguense a mis sueños insensatos
permítanme que la libertad flote y me haga flotar
ya no hay averno; no por el momento,
no cuando menos aquí, ni en este momento.
Párense delante del pecado y confiesen
sus imposibilidades, sus impotencias
y dejen desfilar a las impacientes
ovejas de las potencias inflamadas de gozo
ya sin culpa; que se reproduzcan que crezcan
y que se vayan al infinito de la creación
al cosmos al que pertenecen:
¡Sean libres por siempre! ¡Crezcan!
¡Sean! Diviértanse y dejen que todos
vayan a la patria de la libertad personal.

¡Ya despierten! Despierten:
¿En qué estábamos…?

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