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miércoles, 13 de abril de 2016

"CUANDO ME HABLAN DE UN RESTAURANTE FRECUENTADO POR ESCRITORES, LO EVITO": Herman Koch (ABC/ España)

Herman Koch: «Cuando me hablan de un restaurante frecuentado por escritores, procuro evitarlo»
El escritor holandés Herman Koch conoce a fondo nuestro país y su escena literaria, pero huye de los ambientes «establecidos». En su última novela , «Estimado señor M.», construye una historia de trazas minimalistas

Herman Koch, autor de «Estimado señor M.» - Inés Baucells

Casado con una española y asiduo de Barcelona, donde reside la familia de su esposa, Herman Koch (Arnhem, 1953) conoce bien nuestro país. Si en «La cena» (2010) se inspiró en la quema de una indigente por dos adolescentes en un cajero bancario para revelar nuestros demonios familiares, su «Casa de verano con piscina» (2012) estaba habitada por el adulterio, la pedofilia y unos padres e hijos de la burguesía que se observan como extraños: ese momento, según sus propias palabras, en que los jóvenes «ya no ven a sus padres como adultos que los guían de la mano, sino como obstáculos en su desarrollo». Admirador de Michel Houellebecq, el escritor holandés amplía su campo de batalla en «Estimado señor M.» (Salamandra). De la sombría trastienda de las familias aparentemente felices, a la sordidez de los institutos de enseñanza y las servidumbres del mundo de la edición. Como ejemplos, el plúmbeo Boekenbal (Baile de los libros) que abre cada mes de marzo la temporada, o los cócteles de la editorial: «El editor de M. se movía entre todo esto como un cumpleañero en su fiesta, un cumpleañero que no puede pasárselo bien porque tiene que repartir su atención, a partes iguales entre todos los invitados. Una charla aquí, una carcajada allí, no despachar demasiado rápido al periodista del suplemento literario, no alargarse con el autor superventas, que nadie pueda pensar que no lo toman en serio…»
«Estimado señor M.» es una disección del oficio de escribir…
Llevo treinta años en esto conozco muy bien el mundo literario. No he querido retratar solamente a los escritores, sino al sector editorial. Más que satirizar he procedido a una disección, como usted dice (sonríe).
«Si reúnes a cien escritores en una fiesta, el evento se convierte en otra cosa; en ningún caso será una fiesta», escribe. ¿Cómo lleva eso que se llama vida literaria, con tantos egos en competición?
Siempre que me hablan de un restaurante muy frecuentado por escritores procuro evitarlo. Cuando voy a un bar prefiero compartir ese momento con gente de otros ámbitos. Los pocos amigos que son escritores son más amigos que escritores. La amistad prima sobre el oficio. No hablamos de nuestras novelas.
«No estoy de acuerdo con la distinción entre refugiados económicos y refugiados de guerra»
¿Y no ha mantenido alguna controversia con otro escritor como la que describe en su novela?
Algunas de las cosas que cuento tienen base real y me atañen personalmente. El señor M. podría ser Harry Muslich, un escritor que no se puede ver conCees Noteboom. Aparentemente, ambos son amigos, pero siempre están compitiendo entre sí. Cuando hablan con una tercera persona desprestigian la obra del otro, o le dedican sarcasmos como «finalmente le han dado el premio que yo gané hace dos años».
Su señor M. triunfa con una novela, «Ajuste de cuentas», sobre un hecho real donde dos jóvenes aparecen como asesinos. En «La cena», se inspiró en un suceso acaecido en Barcelona y «Casa de verano con piscina» transcurría en la Costa Brava. ¿La realidad puede acabar frustrando una buena historia?
Hay un guiño a «La cena», pero en aquella novela los hechos reales sólo eran un pretexto para desarrollar una ficción: el encuentro de unos padres en un restaurante y el sentimiento de culpabilidad por las acciones de sus hijos. La mayoría de las veces, cuando un escritor se basa en la realidad para construir una narración, los lectores se acaban creyendo la versión del escritor. Si se presentan unos personajes como asesinos y luego no lo son, la memoria popular los sigue codificando como asesinos.
«Aspiro a crear novelas literarias que se valen del enigma del género negro para alcanzar reflexiones complejas»
Utilizando el viejo dicho periodístico, «que la realidad no te estropee un buen titular...»
¡Claro! Cuando contamos algo lo hacemos según nuestro criterio y utilizamos todos los recursos de la imaginación para hacerlo atractivo. Nos importa más la literatura, que la veracidad de los hechos. Truman Capote fingió que ayudaba a los convictos de «A sangre fría», pero necesitaba que la pena de muerte se cumpliera para no fastidiar su historia.
Distingue dos grupos de escritores: los que buscan la aventura, al estilo de Hemingway, y los que no se mueven de su casa. ¿A qué grupo pertenece Herman Koch?
Viajo bastante cuando he de promocionar mis libros pero no soy una persona que vaya en pos de apasionantes historias en Tailandia o Indonesia. Prefiero la vida rutinaria, porque te permite mantener un ritmo de trabajo. Estuve en Barcelona a finales de los ochenta y ahora resido en Ámsterdam. Como mucho, he pasado por cinco casas a lo largo de mi vida.
También diferencia los géneros «Burger King» del «thriller del foie» de la excelencia crítica. ¿A qué saben sus novelas?
«Cuando un escritor se basa en la realidad, los lectores se acaban creyendo la versión del escritor»
Un poco a cada categoría. Aspiro a escribir novelas literarias que se valen del enigma del género negro para alcanzar reflexiones complejas. El suspense es un pretexto…
Además de los escritores, usted se ceba con los profesores progres que van de buen rollo con los alumnos. Los tacha de mediocres y cobardes.
Cuando era estudiante ya distinguíamos entre profesores populares y autoritarios. Los que querían ser populares se venían con nosotros a tomar copas hasta las tres de la madrugada... Y los alumnos nos preguntábamos qué querían de nosotros. Al principio te caían simpáticos. Finalmente, tenías más respeto por el profesor que no se bajaba de la tarima y ejercía de profesor. Es lo que ocurre con esos padres que se empeñan en ser amigos de sus hijos en vez de ejercer de padres.
También se mete bastante con los hombres que se casan con mujeres muchos más jóvenes. En «Casa de verano con piscina» se daba un festín a costa de un director inspirado en Polanski y en «Estimado señor M.» con el profesor que seduce a la alumna…
«Al contrario que Houllebecq, no veo a Francia dominada por un gobierno de mayoría islamista»
Cuando la diferencia de edad es tan escandalosa, siempre subyace una desigualdad: poder económico o abuso de poder.
Entre los subtemas de la novela, el turbio papel de Holanda durante la ocupación nazi. ¿La resistencia holandesa bebe del mito como la francesa?
El protagonista tiene un padre colaboracionista -en eso se parece al escritor Harry Muslich. La verdad es que en Holanda los resistentes al nazismo eran una minoría. La cantidad de judíos que acabaron en los campos de exterminio fue más elevada que en otros países.
Y ya que mentamos la turbulenta crónica europea. ¿Qué opina de la actitud de la Unión Europea ante los refugiados?
No estoy de acuerdo con la distinción entre refugiados económicos y refugiados de guerra. En Holanda están aislados en centros de acogida y no se les permite buscar trabajo. También entiendo que en un pueblo holandés de quinientos habitantes produzca inquietud encontrarse de golpe con dos mil personas recién llegadas.
¿Comparte la tesis de Houellebecq en «Sumisión», ese gobierno islamista en la Francia de 2020?
En esta novela no me lo tomé muy en serio. Creo que pretendía provocar. No veo a Francia dominada en tan poco tiempo por un gobierno islamista.
Pero el Frente Nacional sigue subiendo en Francia, al igual que la extrema derecha holandesa…
Lo que sucede ahora en Holanda resulta sumamente curioso. En Ámsterdam la convivencia con los inmigrantes va bien, pero en los sondeos la extrema derecha crece. Considero que ese crecimiento se produce más en el ámbito rural que en el urbano.
La última vez que conversamos acerca de «Casa de verano con piscina» corría el año 2012. Dijo que las épocas de decadencia producen buenas novelas… ¿El declive del mundo occidental, le sigue inspirando historias?
Estoy acabando una novela: el protagonista es un alcalde imaginario de Ámsterdam casado con una mujer no holandesa -tal vez de los Balcanes o rumana. Cuando sospecha que ella le ha sido infiel aflora la xenofobia…

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