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domingo, 27 de octubre de 2013

EL POETA QUE NO QUISO PUBLICAR EN LONDRES, Vicente Fernández González


Foto: randomgreece.blogspot
El poeta que no quiso publicar en Londres
Vicente Fernández González
Constantinos P. Cavafis (1863-1933) nació en el seno de una próspera familia griega de comerciantes –que se arruinaría tras la muerte del padre en 1870– y pasó la mayor parte de su vida en Alejandría, en una época en la que en esta ciudad había una importante colonia griega, que convivía con la población egipcia y con otras colonias extranjeras. Cavafis, ciudadano griego –en 1885 renunció a la ciudadanía británica, que su padre había adquirido hacia 1850–, trabajó para la administración británica de Egipto hasta jubilarse en 1922. En vida, Cavafis no publicó jamás un libro completo; publicó poemas en revistas, plaquettes, cuadernos, hojas sueltas y carpetas (poemarios) preparadas por él mismo (a partir de 1912) en las que fue reuniendo las separatas que las revistas le hacían llegar de los poemas que le publicaban y, posteriormente, las hojas sueltas en que se hace imprimir los nuevos poemas. Siempre ediciones no venales, es decir, fuera de comercio, de pequeña tirada, que distribuía sistemáticamente, en mano o por correo, entre amigos y personas interesadas en su obra. Fue un pionero de lo que hoy llamamos autoedición. El primer procedimiento (plaquettes) corresponde a la fase de abandono del romanticismo por parte del poeta; el segundo (cuadernos), a la transformación estética que experimenta en los primeros años del siglo, y el tercero (carpetas), a la configuración definitiva tras 1911 (“Ítaca”) de su universo poético. El poeta ha pasado definitivamente a una poética de la objetividad y de lo fragmentario; un realismo de tono irónico, a veces dilemático, a veces paródico; de expresión clara y precisa, y enfoque complejo, dialógico y polifónico; tejido, en varios planos, en torno a personae que protagonizan la ficción y objetivan el discurso; un discurso en ocasiones próximo a lo novelesco; una estética que subvierte la tradición decimonónica de “lo poético”. A partir de 1917 el poeta, liberado de todo tipo de prejuicios y ataduras, lleva sus formulaciones realistas a extremos de gran atrevimiento y modernidad, precisando la orientación de sus poemas eróticos y proponiendo al mismo tiempo una lectura “política” más sutil y penetrante de la historia.
La poesía de Cavafis trata de la vanidad del poder y la soledad de los ciudadanos, de la dignidad de los perdedores, del amor y el placer, de la creación artística. “Una estética –en palabras del poeta colombiano Harold Alvarado Tenorio– donde lo pobre, lo sucio, el desempleo y la miseria podían ser objeto de belleza.” Sus protagonistas, situados en la Antigüedad tardía, en el mundo bizantino o en la sociedad contemporánea, se enfrentan a la misma disyuntiva, ser, de alguna manera, o entregarse a las convenciones. En palabras de Auden, “Cavafis tiene tres preocupaciones principales: el amor, el arte y la política en el sentido original griego”; tres dimensiones medulares de la experiencia humana.
La presencia de formas lingüísticas “arcaizantes” en modo diverso, más allá de lacatharévusa –formas bizantinas, helenísticas, clásicas, homéricas– junto con registros demóticos netamente coloquiales, en la obra de Cavafis, está relacionada con su poética y con la configuración textual de sus poemas. Estas formas, combinadas en un ritmo que es el corazón de la expresión poética cavafiana, son expresión de la polifonía, su plasmación léctica, manifestación del dialogismo y del plurilingüismo constitutivos del texto. La rima, cuando se da, y el metro, son en Cavafis, al igual que los acentos versales, el encabalgamiento, la aliteración, la repetición, la puntuación y la disposición gráfica, procedimientos –que confieren gran complejidad formal a sus textos– al servicio de la “idea poética” (“Darío”), no imperativo formal impuesto. Su peculiar rima, y el metro, combinados con los demás recursos, contribuyen con frecuencia al tono irónico del poema, al realce de elementos.

Foto: cyprus.com
“Los intelectuales entienden la literatura como una ‘profesión’ independiente que debería ‘rendir” incluso cuando en lo inmediato no se produce nada, y que tendría que dar derecho a pensión. Pero ¿quién decide que fulano es verdaderamente un literato y que la sociedad puede mantenerle, a la espera de una obra maestra?” (Antonio Gramsci, “Literatos y bohême artística.”) Cavafis parecería compartir el criterio de Gramsci. Construye su personaje de literato durante toda su vida, escribe su obra durante toda la vida; la primera edición reunida en un libro propiamente dicho del núcleo principal de su obra –los 154 poemas, conocidos como canónicos, que él publicó de uno u otro modo en su madurez– se imprimió en Alejandría en 1935, dos años después de la muerte del poeta, al cuidado de Rica Sengopulu. Desde 1963 la edición de referencia, revisada en 1991, es la de Yorgos P. Savidis, en dos volúmenes, en la editorial ateniense Ícaros.
Un capricho providencial
La obra del alejandrino no ha dejado de despertar el interés de las nuevas generaciones. Sin duda, en 2013 siguen siendo plenamente válidas estas palabras de Margaret Alexiou, escritas para la presentación del número monográfico deJournal of the Hellenic Diaspora dedicado a Cavafis con ocasión del cincuentenario de su muerte: “Hoy, en 1983, es sobre todo, el modernismo –o postmodernismo– de Cavafis lo que atrae a las nuevas generaciones; su habilidad de poner a prueba o cuestionar nuestros más sagrados postulados sobre religión, moralidad, arte y tradición.” (Margaret Alexiou, “Eroticism and Poetry.”)
Los Poemas son una de las obras más traducidas de la literatura europea. Impresionante la variedad y riqueza de traducciones al español a ambos lados del Atlántico. En 1959 Luis Cernuda, exiliado en México, en una entrevista epistolar concedida a la revista madrileña Índice Literario afirma que el poema “El dios abandona a Antonio”, que conoce en traducción inglesa, le parece “una de las cosas más definitivamente hermosas de que tenga noticia en la poesía de este tiempo”. Antes, en una carta a Jaime Gil de Biedma fechada el 11 de junio de 1957 en Santiago de Cuba, Joan Ferraté adjuntaba “un par de poemas, de seis que tengo traducidos, de Cavafis. Es un capricho de José Luis Cano, que quiere que le haga una antología para Adonais.” Esos dos poemas eran “Esperando a los bárbaros” y “Grises”. Jaime Gil de Biedma, de acuerdo con su propio testimonio, ya conocía a Cavafis desde 1955 por las versiones nunca publicadas del padre Pacho Aguirre, asturiano, helenista y sacerdote de rito ortodoxo, al que había ayudado en su intento el grabador griego afincado en Madrid Dimitris Papayeoryíu, al igual que Miguel Castillo Didier, que más tarde sería uno de los traductores más relevantes de la poesía del alejandrino, conoció a Cavafis en Chile en 1957 o 1958 por las versiones no publicadas de Jorge (Yorgos) Razís (cónsul de Grecia en Valparaíso).
La antología de Adonais no se publicaría nunca. “Esperando a los bárbaros” apareció, sin embargo, unos meses más tarde en la revista cubana Galería, y, junto con “Grises” y otros veintitrés poemas (y fotografías de Dick Frisell) en el exquisito volumen Veinticinco poemas de Cavafis editado por Lumen (Barcelona) en 1971. El “capricho de José Luis Cano” se había satisfecho en 1964 con la publicación en Málaga, por Ángel Caffarena y Rafael León, del volumen Constantino Cavafis, Veinticinco Poemas, en versión de Elena Vidal y José Ángel Valente. Seis meses antes, Belisario Betancur había incluido versiones en prosa (fechadas en 1958) de trece poemas de Cavafis en el misceláneo volumen El viajero sobre la tierra(Bogotá, Ediciones Tercer Mundo). Antes, la primavera de 1962, vio la luz en Barcelona, con prólogo de Joan Triadú e ilustraciones de Josep Maria Subirats, la vibrante traducción catalana de Carles Riba (Poemes de Kavafis, Editorial Teide). Sus sesenta y seis versiones constituyen la última gran aportación de Carles Riba a la renovación de las letras catalanas, y a la modernización del panorama literario español. En la versión de Riba se basaría algunos años la celebrada “Ítaca” de Lluis Llach. Las primeras traducciones del canon completo llegarían en 1976, en México (Constantino Cavafis, Poemas completos, versión de Juan Carvajal, México DF, Ediciones Casa Juan Pablos), y España (Konstantino Kavafis, Poesías completas, traducción y notas de José Mª. Álvarez, Madrid, Ediciones Peralta, Poesía Hiperión). La segunda aportación mexicana no se haría esperar (Constantino Cavafis, Poemas completos, traducción del griego de Cayetano Cantú, prólogo deF. José Férez Kuri, dibujos de Elvira Gascón, México DF, Diógenes, 1979), y desde entonces el patrimonio cavafiano en lengua española no ha dejado de enriquecerse con nuevas traducciones; desde Chile y Argentina, desde Colombia y Venezuela, desde España, desde México… Una historia de decenas y decenas de ediciones y reediciones que requiere otro artículo.

Último pasaporte de Cavafis, que menciona poeta como su ocupación
La amistad entre Forster y Cavafis es uno de los mitos literarios de la contemporaneidad. En “The Poetry ofC.P. Cavafy” (The Nation and Athenaeum), Foster dibujó a Cavafis “en una posición oblicua con respecto al universo”. El volumen con la correspondencia entre ambos publicado en 2011 por Peter JeffreysThe Forster-Cavafy Letters. Friends at a Slight Angle, El Cairo, Nueva York, The American 
University in
 Cairo Press), sugiere precisamente la oblicuidad de una relación llena de matices, una posición oblicua de cada uno para con el otro: “Friends at Slight Angle.” Este conjunto de cartas (no sólo las intercambiadas por Foster y Cavafis) constituye entre otras cosas una introducción a la historia de la recepción de la poesía de C.P. Cavafis en el mundo de habla inglesa y, por extensión, de la recepción internacional de la obra del alejandrino. Resultan conmovedores los esfuerzos de Foster por propiciar la publicación de los poemas de Cavafis en Inglaterra, la publicación de un libro de poemas… y no menos conmovedora la prudencia de Cavafis, que no deja de dar largas y revisar las versiones, que devuelve el contrato que le propone en 1925 The Hogarth Press para publicar un librito de veinticinco poemas (en traducción de Yorgos Valasópulos). En su carta del 1 de septiembre, Leonard Woolf, tras confesar su admiración por los poemas que, a propuesta de Foster, había leído en traducción de Valasópulos, con mucha energía instaba a Cavafis “a permitirnos la publicación de estas traducciones en un volumen que haremos imprimir para nosotros”. Leonard y Virginia Woolf habrían sido los impresores –no simples editores– del primer libro de poemas de C.P.Cavafis. El alejandrino no dejó de agradecer educadamente el interés, pero The Hogarth Press no publicó The Poems hasta 1951, casi veinte años después de su muerte. Virginia Woolf no pudo ocuparse ya de la impresión. La traducción no fue la de Valasópulos, sino la de John Mavrogordato, “reliable rather than inspired” (“más confiable que inspirada”) en opinión de Foster, que no escribió finalmente la introducción. ¿Por qué tanta parsimonia por parte de Cavafis? Tal vez no acababa de querer ver publicados sus poemas, en libro, en inglés antes que en su lengua griega. Tal vez no deseaba el patronazgo británico que Forster encarnaba. Tal vez por una posición oblicua con respecto al imperio.

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