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lunes, 15 de junio de 2015

RAMÓN LÓPEZ VELARDE: PAPELES INÉDITOS, Marco Antonio Campos



Documentos rescatados por el investigador y poeta jalisciense
Luis Alberto Navarro

Marco Antonio Campos

a Luis Alberto Navarro, por sus muchos rescates
de poesía y literatura jaliscienses
Mi excelente amigo, el poeta e investigador tapatío Luis Alberto Navarro, me hizo llegar hace cosa de dos años y medio la copia de una carta de Ramón López Velarde a su abuelo, el escritor, pintor y político jalisciense José Guadalupe Zuno. Se me traspapeló desde entonces y hasta ahora. Fechada el 22 de enero de 1919, se publicó modestamente en 1954 en el boletín bimensual Alcance, de los meses octubre y noviembre, es decir hace sesenta y un años. El boletín dependía del Patronato del Museo Ramón López Velarde jerezano, auspiciado por el gobierno de Zacatecas. En la carta se habla de otra enviada a (Juan) Ixca Farías (y Álvarez del Castillo), director del Museo del estado, ahora Museo Regional. Le pedí a Navarro hurgar en los archivos del museo y encontró tanto la enviada por López Velarde como las dos que le mandó Ixca Farías; asimismo el artículo de J. G. Zuno, donde habla sobre la inauguración del recinto. Todo el mérito del rescate de las cuatro cartas es de él. Por increíble que parezca, las breves misivas se le escaparon a José Luis Martínez en las minuciosas ediciones de las obras completas del poeta jerezano de 1971 y 1988. Alguna vez tendrán un lugar en esas páginas.

Reproducimos aquí las cartas inéditas entre Ixca Farías y López Velarde y la carta, prácticamente desconocida, a Zuno, y trataremos, en la medida de la posible, de darles un contexto. Tienen un valor especial, ante todo por las negociaciones de López Velarde en lo que concierne a la tentativa de venta de algunos cuadros del  admirable pintor aguascalentense Saturnino Herrán. Respetaré la sintaxis, puntuación y errores de dedo de los corresponsales.

La primera carta de Ixca Farías a López Velarde es del 26 de diciembre de 1918. Se observa que ya tenía conocimiento de la inquietud de López Velarde por vender los cuadros del amigo recién muerto. Por la posdata colegimos que la información le habría llegado por Zuno.

Sr. Lic. Ramón López Velarde. México. D.F.
Estimado señor y amigo:
–Me permito manifestar a Ud. que con fecha 10 del pasado [noviembre], fue inaugurado el Museo del Edo. En esta ciudad, y deseando enriquecerlo con obras de arte y de historia, me permito pedir al Sr. Lic. Aguirre Berlanga algunos de los cuadros de Saturnino Herrán y si es posible de algunos otros artistas mexicanos. Además, deseo formar una galería a rareducación (sic) de nuestro medio artístico, y conociendo las dotes intelectuales de Ud., me permito suplicarle que de acurdo (sic) con el Sr. Berlanga si a bién (sic) lo tiene, seleccionar algún contingente de esta clase que mucho he de agradecérselo. Perdone la confianza.
–Le repito su afmo. amigo y S.S.
PD. Reciba Ud. saludos de J. G. Zuno.
Dirección: Ixca Farías. Director del Museo.
López Velarde contesta a Farías el 15 de enero de 1919. En autógrafo tiene al calce su firma.
Sr. Ixca Farías. Guadalajara, Jal.
Estimado señor y amigo:
–Con algún retraso, tuve el gusto de recibir la suya del 26, en la que manifiesta el deseo de adquirir para el Museo del Estado algunos cuadros de Saturnino Herrán y contingente de otros artistas. En debida contestación, me permito indicarle que los cuadros de Herrán tienen señalados precios muy altos, y que cuando tenga yo del Lic. Aguirre Berlanga una resolución general sobre este asunto, me será grato trasladarla a usted.
Soy su afmo. servidor y amigo.

La carta está membretada con los nombres de él y de sus colegas abogados (J.Aguirre Berlanga y F. Martín del Campo) y el lugar es el de su despacho (Avenida Madero 1, es decir, donde se alza ahora la Torre Latinoamericana).  Siete días después, el 22 de enero, al no recibir aún respuesta de Farías, envía la carta a José Guadalupe Zuno, sin duda para que haga buenos oficios con el museólogo. Como nadie desconoce, Zuno fue en los años veinte gobernador de Jalisco y padre de María Esther, esposa del expresidente Luis Echeverría.
Sr. José Guadalupe Zuno. Guadalajara, Jal.

Muy estimado amigo: Supuso usted muy bien al calcular que yo tomaría interés porque el Museo del estado adquiriera pinturas nacionales modernas, sobre todo de Herrán, a quien nunca acabaremos de llorar como se merece. En mi carta a Ixca [Farías] le decía que los trabajos de Herrán son muy costosos, y el Licenciado [Manuel] Aguirre Berlanga me encarga decir a ustedes que a pesar de ello y de que el mismo Gobierno Federal no ha adquirido hasta hoy ninguna obra de Saturnino, él pondrá todo empeño en que aquel Museo se enriquezca con un buen contingente de arte. Tan luego como tenga yo otra noticia, se la trasladaré.

Deploro no haber recibido el dibujo que Ud. bondadosamente me ofreció el año pasado. No quite el dedo del renglón y aproveche un conducto menos distraído.

Aunque no a gritos, como [Manuel] Martínez Valadez, también yo le encargo saludar a todos y preguntar al Sr. [Juan] Labat si ha acrecentado ya su rebaño.
Cuente con la adhesión de su amigo y servidor.
Fechada el 24 de enero, Farías contesta de una manera cortés pero contundente a López Velarde:
Sr Lic. Dn. Ramón López Velarde. México. (D.F.).
Estimado señor y amigo:

Tento (sic) el gusto de referirme a su atenta fecha quince del corriente, por la cual veo que los cuadros de Herrán están valorizados muy alto y por consiguiente difícil de obtener alguno este Museo. Sin embargo, le ruego no olvidar que cuando se presente alguna oportunidad para adquirir los cuadros de Herrán o de algún otro artista renombrado que indudablemente servirán mucho para la educación artística en este lugar.
Le ruego haga presentes mis respetos al Sr. Lic. Aguirre Berlanga y a su hermano Joaquín.
Me repito su afectísimo y S.S.
El escritor jalisciense Luis García Carrillo, íntimo amigo de Zuno, miembro del Centro Bohemio y compañero de tertulia de él en la década de los diez en Guadalajara y Ciudad de México, en el prólogo a un libro del escritor, pintor y político jalisciense (José María Estrada. Padre de la Independencia de la Pintura Mexicana, 2ª. Edición, Guadalajara, 1971), cuenta que, en las postrimerías del gobierno de Venustiano Carranza, huyendo del general Manuel [M.] Diéguez, Zuno salió de Guadalajara y se refugió en la capital. En México tenía tertulia en la Fama Chiquita, al lado de la Fama Italiana, en la calle del Factor (Donceles). García Carrillo recuerda que, camino al Palacio de Cobián, es decir, la secretaría de Gobernación, donde López Velarde trabajaba entonces como secretario particular del ministro Manuel Aguirre Berlanga, recalaba en el sitio. “No recuerdo que tomara asiento en nuestra mesa, más bien lo sigo imaginando de pie tan alto como era, elegantemente vestido, a veces de jacquet y con sombrero negro ‘ligeramente mosquetero’, como escribió Rafael López. Era parco en el saludo y su voz tenía un suave –y a mí me lo pareció– tímido acento provinciano”. Cuando el joven zacatecano se aparecía por el local, Zuno le preguntaba: “¿Qué tal el tal por cual de tu jefe?” López Velarde le pedía con comedimiento que no hablara así del ministro. Según García Carrillo, Zuno y López Velarde eran “amigos entrañables” desde años atrás. ¿Una amistad entrañable? No creo, tal vez una muy buena pero lejana relación. Se percibe en la carta que López Velarde envía a Zuno, aun si le escribe de Usted, un tono de confianza, y más, se permite al final incluso un par de ironías sobre conocidos de ambos: el poeta y político Manuel Martínez Valadés y el periodista y cronista teatral Juan Labat. Por demás, Zuno e Ixca Farías no aparecen mencionados en ninguna página ni en el índice de las obras completas de López Velarde preparadas por el también jalisciense José Luis Martínez.

El 10 de noviembre de 1918 se inaugura en Guadalajara el Museo del Estado. J. G. Zuno ya está de vuelta en Guadalajara porque asistió a la inauguración y escribió la crónica del acto que apareció al siguiente día en El Informador. Hay inclusive una foto de la inauguración, donde están retratados, entre otros, el gobernador Manuel m. Diéguez, Ixca Farías, Jesús Reyes Ferreira y J. G. Zuno –lo que quizá sugiera o evidencia que, si acaso hubo una persecución por parte de Diéguez a Zuno, no existía más o no fue en ese tiempo. El Museo lo dirigió Farías desde su apertura en aquel año hasta su muerte en 1948.

Si Zuno comentó con Farías sobre los cuadros de Saturnino Herrán, debió haber conversado antes con López Velarde en Ciudad de México sobre la probable compra de los cuadros luego de la muerte de Herrán el 8 de octubre y antes de la inauguración del museo en noviembre de aquel 1918. Zuno debió haber hablado del Museo y López Velarde sobre la posibilidad de la venta de los cuadros de Herrán y de un “contingente” mexicano, con apoyo sustantivo en moneda de Manuel Aguirre Berlanga. Eso debió haberle repetido Zuno a Farías. ¿Zuno fue alguna vez a la casa de Herrán a ver los cuadros? Lo ignoramos. ¿Los vio Ixca Farías? Me parece del todo improbable.
El 8 de octubre de 1918, como dije, Saturnino Herrán murió en Ciudad de México, en su casa de la calle de Mesones. Tenía treinta y un años. López Velarde lo consideraba su mejor amigo. Con la de su padre en 1908 y la de Josefa de los Ríos (Fuensanta) en 1917, fueron sin duda las muertes que más lo afectaron en su fugaz paso por la Tierra. Cuánto sería el afecto que le tendría a Herrán que le dedicó el conmovedor poema “El minuto cobarde” y escribió sobre él tres inolvidables textos, publicados póstumamente el año de 1923 en El minutero: “Las santas mujeres”, divertido y a la vez trágico; “El cofrade de San Miguel”, en el que interpreta a su manera el cuadro del mismo nombre, y “Oración fúnebre”, retrato entrañable del amigo.


Saturnino Herrán, Los ciegos, 1914
Pero ¿qué hay detrás de la solicitud de López Velarde a Ixca Farías? Según deduzco: primero, lo hacía para apoyar a la familia de Herrán, es decir, a la viuda (Rosario) y al pequeño hijo, que estaban en la pobreza; segundo, pese a que Herrán era aún muy poco conocido y había muerto relativamente joven, al destacar López Velarde lo costoso de los cuadros, estaba seguro de su indiscutible valía y, por ende, que a causa de eso podía proporcionarles más dinero a la viuda y al hijo; tercero, buscaba que los cuadros llegaran a un museo de toda ley y no acabaran malbaratándose con particulares, y para eso aun creía contar con el apoyo económico del ministro de Gobernación, porque es sabido que Herrán prefería guardarlos a mal venderlos a cualquier hijo de vecino que no los apreciara. ¿Por qué no aceptó Farías y por qué no sirvió la mediación de Zuno (si la hubo luego de la última carta)? Es difícil responderlo, pero tal vez no le gustó ni lo dicho ni el tono de la carta del 15 de enero de López Velarde, en especial en estas líneas, ligeramente arrogantes, donde se entrevé que no hay certeza de que el ministro de gobernación apoyaría la compra: “En debida contestación, me permito indicarle que los cuadros de Herrán tienen señalados precios muy altos, y que cuando tenga yo del Lic. Aguirre Berlanga una resolución general sobre este asunto, me será grato trasladarla a usted.” Es muy probable que Farías no considerara para su compra cuadros de un artista recién fallecido, todavía sin prestigio en el mercado, el cual se valorizaba “muy alto”, ni que creyera, como se lee entre líneas, que Aguirre Berlanga los fuera a pagar, y educada pero drásticamente cortó por lo sano y dejó todo para una mejor ocasión que nunca llegó. La carta de López Velarde a Zuno, enviada dos días antes de la negativa de Ixca Farías, debió de llegar días más tarde, y no influyó para que Zuno convenciera después al amigo museólogo, si acaso lo intentó. Todo hace parecer que López Velarde, luego de la respuesta de Farías, no volvió a insistir. Por lo demás, el Museo Regional, como Zuno refiere en su artículo, contaba aún con escaso acervo pictórico y, como dice Ixca Farías en su carta, su presupuesto era reducido.

En 2010 por tres meses se exhibieron en Guadalajara 107 obras de Herrán, al que podríamos llamar como llamaban a Andrea del Sarto, “el pintor sin errores”, ante todo por un buen número de admirables piezas de caballete. Las piezas para la exposición provenían de diversos museos, como el de Aguascalientes (de manera significativa), de la Pinacoteca del Ateneo Fuente de Saltillo, del IPN y de la colección Blaisten de laUNAM. No hubo ni hay (lo comprobó Luis Alberto Navarro) ninguna pintura de Saturnino Herrán en las colecciones permanentes del hoy Museo Regional. La solicitud de López Velarde cayó en el vacío entonces y después. Una lástima. Los jaliscienses fueron los únicos que perdieron.

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