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martes, 7 de julio de 2015

EL DESCENSO DE ORFEA MICTLANCÍHUATL, Agustín Cadena



EL DESCENSO DE ORFEA


      MICTLANCÍHUATL

AGUSTÍN CADENA

Socorro Venegas, Vestido de novia, Tusquets Editores, 2014.
Vestido de novia, nueva novela de Socorro Venegas, cuenta la historia de Laura Dumas, una viuda cuya pérdida tuvo lugar de una manera atípica: uno de esos accidentes que, al resistirse a entrar en el orden de lo trágico, resultan incomprensibles. Porque la vida y la cultura nos entrenan a los humanos para asimilar la enfermedad, el accidente laboral o callejero, el crimen, la guerra; en todos éstos aprendemos a ver la mano del destino. Pero hay sucesos tan antiheroicos, tan caseros, que la mente debe esforzarse demasiado para encontrarles acomodo en la narrativa de la vida. Este proceso, en el caso de Laura Dumas, se encuentra inconcluso al momento en que da comienzo la historia. Ella ha logrado rehacer su vida. Encontró otro hombre y ahora tiene un hijo. Ha cumplido con la misión terrenal de dar vida y nutrirla y, cuando parece que esta realidad biológica, material, es ya la única, el reclamo de su pasado viene a revelarle que a veces lo irreal no es menos real. En efecto, la novela empieza cuando ella, Laura Dumas, visita el cementerio donde no reposan las cenizas de Aldo, su difunto marido. Acude ahí sólo a pagar la anualidad, pero, una vez a merced del poder simbólico de la  necrópolis y sus habitantes, ocurre algo: recibe una oferta para vender el nicho. Entonces debe terminar lo que dejó inconcluso dentro de sí. El resto de la novela es su viaje interior.
En la historia helénica, Orfeo encarna el arquetipo del artista visionario, el que, como Dante Alighieri, desciende al inframundo, ve y regresa a la tierra para contar lo que vio. Pero Orfeo no desciende nada más porque sí. Desciende porque va en busca de su esposa muerta, con la intención de traerla de regreso.venegas
Vestido de novia, de Socorro Venegas, es una crónica contemporánea de este descenso. Sólo que aquí es la mujer quien baja al Hades en busca del cónyuge muerto. Y no va para traerlo de regreso sino para finiquitar la despedida que inició con la muerte física del hombre, 15 años antes. Los detalles que distinguen a Laura Dumas del Orfeo mítico sólo enfatizan su consanguinidad con éste. El héroe griego no volvió a casarse; Laura sí. Tiene un hijo, el hijo que no tuvo con Aldo, el hijo que no salió de él para hacerle seguir vivo en otro. Orfeo, en cierta forma, vuelve a la tierra sólo para apropiarse con la memoria de lo que escapó de sus brazos. Laura no; su viaje iniciático va de la superficie al inframundo y de regreso a la superficie, pero no para traer su sombra sino para dejarla ir. Y pareciera que no es al marido a quien vuelve; vuelve al hijo: Emilio. El hijo es quien la ancla a la vida, quien le hace evidente la terrenalidad de la vida. Quien la trae de regreso al esposo.
Este tránsito desde un hombre real, telúrico, hacia uno hecho de niebla, y de regreso, me recuerda a otra gran escritora de las cavernas interiores: María Luisa Bombal, cuya obra maestra, La última niebla, presenta este interesante paralelo con Vestido de novia. Diría uno, leyendo a estas autoras, que el amor necesita la irrealidad para ser real. De otra manera resulta vulgar: es el amor del tendero con su báscula y su caja registradora. No importa de dónde le venga la irrealidad: de la muerte, de la imposibilidad, de la distancia, de la separación…
Por supuesto, un efecto así no puede lograrse sin la participación perfectamente consciente, perfectamente controlada, del lenguaje. Como María Luisa Bombal, Socorro Venegas domina sus recursos. La suya no es una voz impostada, que haya tomado ahora en virtud de una decisión técnica. Por el contrario, su voz, como todas las voces inevitables, nació desde sus primeros libros. Esta voz contenida, tensamente sujeta, como a punto de explotar o de romperse, le sirve a Socorro Venegas para recrear un tono de mensaje ominoso que se encuentra cifrado en la figura de las mariposas negras, “alas del pasado”. El tono da la atmósfera. Y aquí nos encontramos una atmósfera opresiva, fría, gris, que va envolviendo personajes y espacios como una neblina en la cual se desvanecen las certidumbres. Las respuestas se olvidan o se esconden, haciendo aún más angustiantes las preguntas.
No es nuevo nada de esto en la obra de Socorro Venegas, quien ha sido órfica desde que nació a la literatura. Porque, ciertamente, la pérdida y la irrealidad agazapada en el realismo han sido sus temas recurrentes. Desde La risa de las azucenas escuchamos el canto de una autora que intenta decirnos algo sobre el Hades y su legión de condenados. O mejor sería decir el Mictlán. Porque a pesar del timbre francés del apellido de Laura y de cierto aire de melancolía europea que se respira ocasionalmente, el mundo de Vestido de novia es esencialmente mexicano, incluso en su estoicismo ante la muerte. Tema para estudiar algún día toda la obra de Socorro Venegas. En efecto, si bien la empleada del cementerio se antoja una nueva Perséfone, encargada de dar la bienvenida a su reino de Sombras, es la protagonista, finalmente, quien reina en él. Laura Dumas, Mictlancíhuatl: Señora del Mictlán.
  cadenaAgustín Cadena (1963) es narrador, poeta, autor de libros para niños y jóvenes, ensayista y traductor. Operación Snake (Ediciones B, 2013) es uno de sus títulos más recientes.

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