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miércoles, 18 de septiembre de 2013

MARCO TULIO AGUILERA GARRAMUÑO

Marco Tulio Aguilera
Rebeldes con causa

Alejandro Hermosilla Sánchez

Marco Tulio AguileraMarco Tulio AguileraMarco Tulio Aguilera
  
Foto: Alejandro Hermosilla Sánchez
     El pasado invierno tuve una charla muy placentera con el escritor colombiano afincado en Xalapa (México) Marco Tulio Aguilera. Tanto por su calidad personal y afectiva como por la claridad y sinceridad a la hora de formular sus opiniones, definirse a sí mismo y al mundo que lo rodea. Se pueden o no compartir sus observaciones, pero en un ambiente a veces tan frío, pulcro y superficial como el literario se agradece que haya personas que no se las guarden por al temor al qué dirán sino que las expresen con rotundidad. Todos tenemos las nuestras. Es cierto. Y si las dijéramos sin una mínima reflexión, la sociedad correría el riesgo de convertirse en un patio de gallinas. Pero fijémonos cómo estamos actualmente por silenciarlas en exceso.
     No es fácil saber cómo actuar. Cada uno, supongo, debe hacerlo según le dicte su conciencia. Y me parece muy bien que igual que hay personas que opten por callar ante situaciones frustrantes, injustas o que no les complazcan, otros hablen. Marco Tulio es de estos últimos. Pese a quien le pese. Y creo que hemos de agradecérselo. Porque ayuda a despejar el panorama de falsedades, observar ciertos temas con todavía mayor exactitud y, en definitiva, pienso que hace más bien a la literatura que mal. Pues la libera de ciertas capas que la ensucian. En cualquier caso, tiene una obra lo suficientemente interesante como para prestarle atención por encima de otras consideraciones. Por lo que, de una u otra manera, un diálogo con él siempre es provechoso.

     "Historia de todas las cosas" de Marco Tulio Aguilera Garramuño—EL COLOQUIO DE LOS PERROS: ¿Cuálesson tus primeros recuerdos de la literatura?
     —MARCO TULIO AGUILERA: Recuerdo un viaje por Centroamérica en que mi madre nos leyó cuentos africanos y orientales que me marcaron mucho. Y seguramente influenciaron mi subconsciente. Pero, sobre todo, me acuerdo de los cuentos de Las 1001 noches en la versión sin expurgar, la de Richard Francis Burton, que leí cuando tenía entre 16 y 17 años.
     —ECP: ¿Pensabas cuando eras niño que tededicarías a escribir?
     —MTA: Realmente mi decisión de escribir fue espontánea. En un momento dado, escribí un ensayo sobre Beethoven y comprobé, tras finalizarlo, que podía ser escritor.
     —ECP: ¿Qué es lo primero que llamó tuatención de este arte?
     —MTA: Básicamente siempre fui lector hasta que abandoné el atletismo. Tras perder una carrera, un selectivo para los Juegos Panamericanos, la literatura se volvió una especie de obsesión, una forma de estar en el mundo y de competir. Por cierto que esto es algo que me critican mucho: que sea competitivo, que intente alcanzar ciertas metas, etc, pero la verdad es que esto me define como persona.
     —ECP: Estudiaste Filosofía. Cuéntame un poco esta experiencia, así como tu amistad con un profesor español de Estética, Francisco Jarauta, al que admiro profundamente.
     —MTA: Yo estudié Filosofía en la Universidad del Valle en Cali (Colombia) y no me arrepiento. Me dio un fundamento, un sostén interno para aquello que yo escribo que sin haberla estudiado no sé si habría conseguido. Hubo varios filósofos con los que conecté, como es el caso de Nietzsche. También con ciertos planteamientos de Bergson o Platón. Y en cuanto a Jarauta, tanto él como otro profesor español sevillano, Faustino Chamorro, que conocí en San Isidro de El General, me mostraron al hombre superior en término espiritual. Cuando uno vive en medio de gente con aspiraciones muy limitadas y ve alguna persona con aspiraciones superiores, se siente jalado y se lanza hacia allí. Y esto es lo que me pasó con Jarauta, que me animó a profundizar aún más en la literatura, donde me introduje por una decisión vocacional que me permitió reafirmar mi forma de ser. Una personalidad reconcentrada, competitiva, solitaria, agresiva, entre la cordura y la locura. Límites que he rebasado dos veces, pues tuve dos problemas de tipo psicótico. Uno a los 17 y otro a los 58 años. Algo que no considero pernicioso ni nefasto sino muy productivo en cuanto que me ha permitido gozar de iluminaciones del mundo, aceptar ciertas situaciones, así como concederme conformidad con mi existencia. Considero, por ejemplo, la pasada situación de depresión que tuve como una experiencia muy iluminadora. Hablo de ella, por cierto, en El sentido de la melancolía. Obra para cuya publicación estoy esperando la definición de algunas editoriales. Y también me refiero a ella en Sin máscara frente al espejo. Texto que estoy muy a gusto escribiendo. Porque básicamente mi gusto por escribir no radica tanto en publicar, sino que es más bien una motivación para vivir con más intensidad el presente. El placer de la escritura hace que todo lo demás sea accesorio. Escribir un libro es como tener un vínculo con algo muy importante. Hacer algo que vale la pena. Otra cosa es que se publique o no o si sale mal o no. Todos mis libros me han permitido atravesar una situación en mi vida. Leer y prepararme. Hacer que todo cobre un sentido superior.
La inevitable comparación con Gabriel García Márquez     —ECP: Escribiste tu libro Historia de todas las cosas en Costa Rica. ¿Cómo llegaste allí?
     —MTA: Mi padre murió y mi madre salió con sus siete hijos por Estados Unidos, atravesamos Centroamérica y llegué a Costa Rica. De todas maneras, hay una entrada en mi blog [mistercolombias.blogspot.mx] donde puedes leer con más extensión este viaje. Luego también estuve viviendo en Estados Unidos, de donde llegué a México para vivir tras quedar finalista en un concurso literario. Allí, en Costa Rica, como sabes, en el pueblo de San Isidro de El General encontré toda la inspiración para el pueblo retratado en Historia de todas las cosas.
     —ECP: ¿Y qué me puedes decir acerca de toda la polémica respecto a las influencias de García Márquez en Historia de todas las cosas?
     —MTA: En Argentina se dijo que era mejor que Cien años de soledad. Divinsky, el editor del libro, en los años 70, puso esto en la contraportada desencadenando un escándalo, pues muchos críticos dijeron que era mera copia del libro. Pienso que porque la gente no acepta el éxito. Roberto Burgos presentó mi novela en Colombia y él decía que una de las razones por las cuales se me ha bloqueado mucho es porque aparecí en el tiempo de gloria de García Márquez y la gente no aceptaba que otra persona saliera adelante. Es el problema de la mezquindad sobre la gente que está trabajando. Cuando una persona descuella no sólo tiene que combatir consigo mismo, sino con la mediocridad del medioambiente. Y únicamente cuando llegas a un nivel superior la gente baja la cabeza […] Roberto Burgos dijo algo muy agudo a este respecto. Tiene un texto muy interesante en que habla de Cuba y la influencia allí de maestros como Alejo Carpentier, Lezama lima u otros, que son referentes en torno a los que se van moviendo y creciendo los nuevos escritores cubanos. Sin embargo, en Colombia estar a la sombra de García Márquez es un demérito. Y yo creo que esto es un complejo absurdo. A mí me critican mucho por la influencia de Gabo en este libro. Sin embargo, sólo se encuentra presente en mi primera novela y no es una presencia negativa sino fecunda. De hecho, considero que Historia de todas las cosas no es una novela fallida sino con cierto valor. No sólo por haber sido escrita por un joven de 24 años, sino por su valía intrínseca literaria […] En un libro mío de ensayos, Poéticas y obsesiones, puedes encontrar un artículo donde repaso toda mi trayectoria con García Márquez. Allí sitúo al final, tras una serie de charlas reales, una entrevista inventada con él. Lo usé para hacerle decir un montón de cosas que sentía era necesario expresara y se enfadó. Lo llamé por teléfono y cuando escuchó mi nombre no habló más. Me respondió porque estaba solo en su casa. De no ser así, habría comunicado con su secretaria. Le pregunté si quería hablar conmigo, le dije que había sido una persona importante para mi vida y que deseaba dialogar antes de que uno de los dos se muriera, pero no contestó y decidí colgar. […] Después de tanto revuelo en su momento, ahora que he vuelto a publicar Historia de todas las cosas le he pedido a los nuevos editores no mencionar para nada el nombre de García Márquez. Ciertamente la novela tiene su vida independiente, aunque sea una parodia de Cien años de soledad. No es García Márquez, sino parodia. Una reevaluación de la literatura hispanoamericana, que es lo que muchos no han sabido entender. Incluso se puede hallar a Borges en el libro, teniendo en cuenta que describe una especie de aleph grande."Breve historia de todas las cosas" de Marco Tulio Aguilera Garramuño     —ECP: ¿Cuál es de los personajes de Historia de todas las cosas el que más te complace y cuáles creessinceramente que son sus grandes logros ahora que la harevisado por tercera vez?
     —MTA: El personaje que más me gusta es el que nunca existió, el negro Vladimiro. Era un personaje secundario en una primera redacción del libro. Pero al pasarle el texto a un escritor cubano, Félix Luis Viera, éste me indicó que debía darle más importancia. Le hice caso y decidí darle más relieve. Sin embargo, cuando volví con los años a San Isidro (Costa Rica) me dijeron que sí existió. La gente se lo creyó. Creo que estamos ante una novela juvenil recuperada por un hombre maduro que conserva la virtud del joven con el trabajo de oficio del viejo. Alcancé un equilibrio. Es un libro que se lee con mucho deleite. E incluso mi esposa, que critica mucho lo que hago, se lo leyó en una costada. Es un libro que se deja leer. Dudo a veces incluso de lo que he hecho y me pregunto si los elogios recibidos son gratuitos. Pero cuando la releo, gozo y pienso que la novela tiene un valor. En cualquier caso, tuve que inventarme un crítico, un pseudónimo, Fernando Tasente, para hablar mal del libro y hacerle un poco la contra a tanto elogio, que me parecía un tanto desmesurado. 
     —ECP: Háblame un poco de los giros barrocos. Se nota que hay un esfuerzo lingüístico muypotente a lo largo de toda la novela.
     —MTA: Lo cierto es que no me costó absolutamente nada. Yo estaba preparado para eso. Solo faltaba que yo enriqueciera ese mundo. Tanto fue la obsesión con la novela que la reescribí en un mes.
     —ECP: ¿Y qué me puedes decir de personajes como el alcalde, Don Eutrifón o Mateo Albán?
     —MTA: La verdad es que no me gusta mucho don Eutrifón. Me parece artificial y falso. Un personaje a lo García Márquez. Pero no pude quitarlo de la novela. Me complace mucho más Mateo Albán. El hecho de que sea el narrador del libro desde la cárcel me parece un artificio literario cuya presencia no me parece inverosímil sino perfectamente comprensible. Que sea un analfabeto y luego se convierta en un erudito a partir de un azar y leer, leer y leer sin descanso, se puede entender como algo natural. Aunque yo le conservase el lenguaje de ignorante […] Realmente, muchas de estas ideas no las tiene uno al principio sino que tienden a concretarse al final. Aunque García Márquez dice que ya lo sabe todo antes de empezar el libro. Y al contrario, Vargas Llosa ha confesado en alguna ocasión que escribe mucho al principio y únicamente más tarde es que comienza a recortar. Supongo que entre estas dos opciones nos movemos todos los escritores.     —ECP: ¿Volverías a retocar el libro? 
     —MTA: No sé. Tal vez dentro de veinte o treinta años. Yo sí creo eso de que las novelas se abandonan. No se terminan. He reescrito muchas de mis novelas. Y si no tengo ningún proyecto en el futuro, tal vez me animaría.
"Alquimia popular" de Marco Tulio Aguilera Garramuño     —ECP: En 1979 escribiste Alquimia popular.
     —MTA: Sí. Así es. Es un texto muy relegado en el que aparecía un escrito muy extraño que se llama Rostro con máscara. El cual se escribió a partir de un experimento con sueños que tuve a los 20-22 años. Trabajaba con los sueños que iba teniendo. Me despertaba cuando aparecían e intentaba hallarles un hilo común. A partir de aquí, creé una historia muy rara tratando de hallar un argumento no en un sueño sino en los sueños en su conjunto. No recuerdo autores que hayan realizado esto. Aunque supongo sí lo habrán hecho. En cualquier caso, el público no lo entendió. Tal vez porque no era el momento adecuado para que pudieran comprender este experimento.
     —ECP: También en Alquimia popular aparece otro texto, ‘Biografía popular de un frenáptero’, en el que terefieres por primera vez a la figura común y habitual en tuobra del frenáptero. ¿Cuándo surgió la idea y comó sedesarrolló?
     —MTA: Intentaba ver qué sucedería con un hombre renacentista en tiempos actuales. Un hombre que es músico, poeta y es bello física y espiritualmente. Este texto se convirtió en  una novela posterior llamada Los placeres perdidos. Y nació de un personaje que vi una vez  en Cali y volví a reencontrarme en mi última visita. Frenáptero (persona de mente alada) y frenólito (persona de mente petrificada) son neologismos míos creados a partir de mis estudios del griego que han progresado en la mente de muchos lectores. La novela tiene sus aires de caballería y pienso que es muy linda. Tiene una gran virtud y es que es una obra donde yo no aparezco, teniendo en cuenta que la mayor parte de las que yo he escrito son autobiográficas.
     —ECP: Por cierto, en tu novela Mujeres amadas el personaje despotricaba un tanto deCortázar.  Sugería que a Rayuela le sobran páginas. ¿Podrías aclararme esto?
     —MTA: Me molestó un poco lo que hizo Cortázar porque metió en su libro todo lo que se le ocurría. No depuró su novela. Puso capítulos prescindibles. Aunque he de reconocer que el libro sigue vigente por su capacidad de subvertir y crear mapas de lectura, lo que fue una novedad en la literatura hispanoamericana de su tiempo. Después de El Quijote, lo más grande es lo que hizo Lawrence Sterne en su Tristam Shandy. Pero su valor radica más en haber subvertido el arte de la novela que en su contenido, que es bastante dificultoso. Me parece que Cortázar hizo lo mismo. Hay una literatura con cierto aura de clásico. Pero que cuando llega a uno, comprende que tal vez no sea del todo aprovechable. Cuando escribí lo que leíste, era yo muy clasicista y no permitía ese tipo de experimentos. Me irritaban bastante. Sin embargo, Rayuela me marcó como escritor. Y me enseñó a romper los tiempos y los espacios como yo acostumbro a hacer en mis cuentos.
     —ECP: Sabes que me agradó mucho el relato ‘Fábula de amor en tus ojos’ de Cuentos para después de hacer el amor. ¿Me puedes hablar un poco de cómo surgió?
     —MTA: A mí me parece que es un cuento muy cursi. Pero el problema es que le gusta a mucha gente y por esta razón lo he respetado. En realidad es un plagio, porque me lo contó una persona. Al escribirlo, ya quedó como mío. Esa persona, afortunadamente, nunca me ha reclamado nada. Y el texto ha sido traducido a varios idiomas y aparece en blogs de medio mundo […] De todas maneras, me gusta mucho más el cuento ‘Juan Flemas despierto otra vez’. Por su intensidad. También ‘La noche de Aquiles y Virgen’. Una historia de fuerte erotismo que desprende al mismo tiempo una cierta inocencia. Y otro que se llama ‘Juegos de la imaginación’ donde una pareja que habla de hacer amor todo el tiempo pero nunca concluye el acto […] Pienso que en el relato yo he tenido más prestigio en términos de la crítica que como novelista. Hay personas que piensan que soy mal novelista y buen cuentista. Además, creo haber conseguido algo que nadie ha hecho. Realizar tres recopilaciones de relatos sobre el mismo tema con un muy buen nivel: Cuentos para antes de hacer el amorCuentos para después de hacer el amor y Cuentos en lugar de hacer el amor.

"Cuentos para después de hacer el amor" de Marco Tulio Aguilera Garramuño"Los grandes y pequeños amores" de Marco Tulio Aguilera Garramuño"Cuentos para antes de hacer el amor" de Marco Tulio Aguilera Garramuño

     —ECP: Pareciera, en este sentido, que has construido toda una literatura para saber qué esuna mujer. De hecho, el final de Mujeres amadas apunta hacia esto.
     —MTA: Una de las sensaciones más fuertes que tengo respecto a las mujeres es que siempre tienen la razón y, si no la tuvieran, habría que dársela, porque si no, no se podría vivir. Yo tengo una serie de aforismos construidos a partir de este tipo de situaciones protagonizados por un personaje llamado Maracuyá que he ido trabajando a lo largo de toda la vida.      —ECP: Por cierto, no en tus cuentos pero  en tus novelas se siente la influencia de HenryMiller. He leído un notable ensayo tuyo sobre su obra. ¿Qué me puedes decir a este respecto?
     —MTA: Henry Miller fue para mí una lectura definitiva. Me impresionó mucho. Sin embargo, quisiera establecer una diferencia, puesto que yo nunca he escrito algo denigrando a una mujer. Incluso en las peores escenas la respeto e intento entender. Miller nunca quiso comprender a una mujer porque su mundo es machista. Yo lo fui, pero al apercibirme de esto, intenté escribir como mujer. Y hay varios libros donde adopto el estilo femenino. Pero, desde luego, su presencia es evidente en mi obra. Como muchos otros autores que, a su vez, están en los libros de los demás. Es una ley universal.
     —ECP: Respecto a Mujeres amadas también me llamó mucho la atención la crítica que realizas del medio universitario.
     —MTA: Básicamente, lo que yo escribo es una visión ácida y agresiva y muy personal de la realidad. Muy coloreada por mi forma de ser. Soy de los que opina que hay que explotar el mundo, destruirlo para construir una novela. Tanto que a veces no mido las consecuencias de lo que digo. Realmente hay tanto orden en Norteamérica que uno puede aprender mucho. Es una sociedad mucho más organizada que las nuestras. Pero también un mundo muy aburrido donde todo lo diseccionan y le quitan la savia. Pueden estudiar todo de forma maravillosa pero es casi un mundo muerto. Supongo que a esto quería aludir de fondo en mi crítica a ese sistema.
"Mujeres amadas" de Marco Tulio Aguilera Garramuño     —ECP: ¿Y tu relación con el medio literario español?
     —MTA: Es una relación muy lejana. La última vez que estuve por allí, tuve una conversación con editores y escritores y les dije que la gran literatura se hacía ahora en Hispanoamérica y no lo aceptaron. Les dije que lo último que había leído de la literatura española era Emilio Pardo Bazán, Torrente Ballester, Luis Martín Santos y casi que me consideraron analfabeto. Leí algo de Reverte, pero me pareció demasiado superficial y mercantil. A Javier Marías no pude terminarlo. No soy obviamente un buen conocedor de la literatura española, pero sí que considero que en América se está creando una gran literatura. Sin embargo, hace poco leí un ensayo de José Ovejero sobre la crueldad publicado en Anagrama que me pareció muy bueno […] Entre los colombianos, William Ospina es un escritor genial. También acabo de leer a Roberto Burgos Cantor y a Tomás González, que me parecen muy buenos. Y, por supuesto, Evelio Rosero. Los ejércitos es un libro muy grande […] Respecto a Evelio Rosero tengo que decirte que está físicamente destruido. Pienso que el premio Tusquets le ha acabado afectando. Y también ha hecho que, en algún sentido, nos distanciemos. Ambos somos amigos casi de infancia literaria. Y cuando vino a Xalapa al Hay Festival, ambos nos sacamos fotos como amigos. Pero los editores le dijeron que no lo hiciera porque se mancharía al darme la mano. Estuvieron cuidando que yo no me acercara a él. Porque yo soy muy directo y digo lo que pienso sin pelos en la lengua […] Por cierto, hace poco ejercí como jurado del premio José Eustasio Rivera y premié una obra, Tríptico del desconsuelo, de una extraordinaria calidad realizada por el argentino Pedro Hernán Di Marco. Para que te orientes, es una mezcla entre Sábato y Thomas Mann. Un gran texto.
     —ECP: Sobre la influencia germánica en escritores americanos, ¿qué me dices de Andrés Neuman? ¿Qué opinas de él?
     —MTA: El libro con el que ganó el Alfaguara es de una gran riqueza y erudición. Pero si te digo la verdad, me parece el típico libro de escritor que se jacta de saber más de Europa que los propios europeos y me aburrió. Es ingenioso y muy buen publicista. Pero es que, sinceramente, Alfaguara creo que no le ha atinado a casi ningún solo libro que valga la pena. Yo fui finalista con Del amor y la muerte. Pienso que es una buena novela. Pero nunca la volvieron a publicar. Le dieron el premio a Elena Poniatowska por cuestiones comerciales.  Esa editorial publica literatura legible para un lector medio. Best-sellers.
     —ECP: Pues tal vez te hicieron un favor, ¿no crees? Abogas, según he leído, que para un escritor es mejor no ganar premios.
     —MTA: No te confundas. Yo he ganado bastante. Me refiero a esto. Algunos escritores cuando no les ponen atención, se ahogan. Se hunden. Yo recomiendo ser persistente. El fracaso, de hecho, creo que conviene a los buenos escritores. El éxito les debería llegar tras producir lo que han debido producir. Como es el caso de Pitol. Fíjate, sin ir más lejos, en el caso de García Márquez. Sus últimos textos fueron bastante flojos. Memorias de mis putas tristes no fue un gran libro. Se encontraba basado en las ideas de La casa de las bellas durmientes del japonés Kabawata. Pero él no fue, no pudo o no quiso ir más allá del tema. Como, por ejemplo, sí consiguió Nabokov con Lolita sobre la que en una ocasión realicé un pequeño ensayo. Verdaderamente, lo de los premios no es recomendable. Una vez que ganas uno, las editoriales quieren tus libros sin entender que cualquier obra tiene un proceso de maduración natural. Si lo violas, lo jodes. A un buen escritor, en definitiva, te repito, le conviene no tener éxito.

"Agua clara en el Alto Amazonas" de Marco Tulio Aguilera Garramuño "Los placeres perdidos" de Marco Tulio Aguilera Garramuño


     —ECP: Ahora que has mencionado los concursos, leí una vez una anécdota tuya de cariz sexual que te ocurrió con José Donoso mientras dabas un premio. ¿Podrías corroborarla?
     —MTA: Sí. Claro. Con Donoso compartí quince días como jurado de un concurso en Colombia. Yo quería hacerle una entrevista bien hecha. Pero dado todos los eventos que teníamos, no podía. Nunca llegaba el momento. Hasta que me propuso ir a mi cuarto donde, tras confesarme lo que le gustaban los muchachos, intentó besarme. Obviamente, terminó durmiendo en la cama sin rozarme. Por entonces estaba casado y andaba por allí con su mujer Pilar, a la que recuerdo llamando a la habitación y preguntándome por él. Me dijo que sabía que estaba ahí e insistió hasta que Donoso le contestó. Cuando me despedí de él me dijo que no me invitaba a Chile por si me cogía a su hija, quien, como sabrás, se suicidó tras leer sus memorias, descubrir que hablaba muy mal de ella y que era homosexual. Él tenía miedo de que esto sucediera y su predicción se cumplió. Algo terrible. La hija escribió un libro con el que intentaba correr un tupido velo a toda esta historia y después se suicidó.
     —ECP: Bufff. Espeluznante. En fin. Te propongo ahora un pequeño juego con algunas de tusnovelas. Te digo el nombre de una y tú intentas definirme en una pequeña frase qué es lo que te parece o te dejó. Comenzamos con El amor y la muerte.
     —MTA: Un intento de comprender la muerte.
     —ECP: Mujeres amadas.
     —MTA: Un currículum genital.
     —ECP: Paraísos hostiles.
     —MTA: Una novela escrita con absoluta disciplina.
     —ECP: El juego de las seducciones.
     —MTA: Mi primera novela sobre mi primera visita al infierno.
     —ECP: Los placeres perdidos.
     —MTA: La recuperación de un hombre renacentista en tiempos actuales.
     —ECP: El libro de la vida.
     —MTA: Una evaluación total de mi vida.

"Amoreros" de Marco Tulio Aguilera Garramuño "Eroticón frenáptero" de Marco Tulio Aguilera Garramuño

     —ECP: OK. Bien. Sobre otra novela tuya, Agua clara bajo el alto Amazonas, debo decirte queme interesa bastante. Te diría que me recuerda a César Aira porque, en cierto sentido, me parece una parodia —consciente o no— de la parodia. Una especie de búsqueda de un fantasma, ese Amazonas que funciona aquí como pastiche. Una sombra que ya nadie puede mirar con ojos vírgenes, conocer y, en el fondo, poco importa. No sé qué piensas.
     —MTA: Lo que dices me parece interesante. Y, sobre todo, muy válido para un tipo de lector, aunque para otro puede ser molesto. Realmente no tenía esa intención cuando la escribí, pero me parece bien que la hayas visto así. Es una lectura particular tuya que me parece bien.
     —ECP: Respecto a El libro de la vida es necesario aclarar que se trata de un proyecto queconsta hasta ahora de tres libros publicados (Las noches de VenturaLa pequeña maestra de violín y La hermosa vida), otro terminado sin publicar (El sentido de la melancolía) y un último en el que trabajas ahora, Sin máscara frente al espejo. ¿Te está mereciendo la pena el esfuerzo decompletar este proyecto de dimensiones en su longitud parecida a En busca del tiempo perdido?
     —MTA: Sí. Sí merece la pena. Aunque pienso que su evaluación se ha de realizar cuando lo termine. La idea no es tanto realizar un libro largo, sino captar una esencia vital a lo largo de un amplio recorrido. No estoy llenando páginas y páginas para alcanzar un número de ellas. Creo que no escribo paja. Todo responde a una necesidad interior.
     —ECP: Y sobre la novela en la que estás trabajando actualmente, Sin máscara frente al espejo,y última parte de este proyecto ¿Qué me puedes decir?
     —MTA: He intentado crear una novela en que se refleje cómo funciona un cerebro. Se encuentra basada en los últimos adelantos de la neurología. Los recuerdos son conexiones neuronales que están extendidos en el cerebro. La infancia, por ejemplo, está repartida en todas las cavidades. No en un único hueco. Y teniendo en cuenta que los recuerdos no están situados en un solo lugar sino que se encuentran desperdigados por todos los dispositivos del cerebro, uno puede pasar de un tema a otro sin tener por qué pedir disculpas. Puedes moverte de 1982 a 1995 y de ahí a 2002 sin que haya problema. Toda la novela es lo que sucede en la cabeza de un escritor. Lo bello, lo terrible. Cualquier cosa. Por eso esta novela está saliendo muy grande. Yo le puse un límite de 1400-1500 páginas a partir de las que comenzaría a corregir confiando en dejar un texto de 400 páginas valioso. Y sabiendo, por otra parte, que las 1000 sobrantes tal vez puedan tener valor en el futuro. Y pueda yo volver a ellas. Yo tengo perfecta conciencia de que lo que cuento en el libro es interesante. Junto ahí todo: mis viajes, historias amorosas, el conocimiento de García Márquez, Rubem Fonseca, José Donoso. Cualquier cosa. Quiero contar lo bueno o lo malo. Incluso lo vergonzoso. He vivido situaciones complicadas. Y quisiera confesar cosas que hacen y piensan los escritores y nunca dicen.

"El juego de las seducciones" de Marco Tulio Aguilera Garramuño "Las noches de ventura" de Marco Tulio Aguilera Garramuño


     —ECP: También eres escritor de cuentos infantiles. ¿Cómo trabajas con este género? Yoúltimamente tuve que explicar cómo funcionaba y encontré muchas similitudes con el absurdo.¿Estás de acuerdo?
     —MTA: Sí. Básicamente, los niños son capaces de creer cualquier cosa. Lo puedes verificar si convives con uno de ellos. Te hacen preguntas como quién echó tanta agua al mar, creen que pueden abrir una puerta con una llave de plastilina, etc. Además, si a un niño le dices que un pollo puede transformarse en dragón, él se lo cree. El absurdo no existe en su mente. Y esto es lo que permite a los escritores entrar en este tipo de lógica. La polémica y lo políticamente correcto no va con los niños. Tampoco el didactismo. Les gustan las cosas naturales. Princesas, cosas que vuelan porque conservan intacta la posibilidad de creer en cualquier cosa.
     —ECP: Asimismo, tengo curiosidad por tu trabajo en la Universidad Veracruzana.
     —MTA: Yo sólo doy una clase de Lectura y Redacción. Básicamente intento que los alumnos escriban literatura. No me ocupo de las reglas gramaticales. Mi trabajo también consistía hasta ahora en ser lector de la Editorial. Aunque ahora estoy de sabático.
     —ECP: Has escrito también artículos en revistas y periódicos. ¿Me puedes hablar mejor de loque supuso ‘Sábado’, el suplemento literario del diario Uno más uno?
     —MTA: Hubo un tiempo en que el suplemento simbolizó el esplendor de la heterodoxia en México. Escribieron allí la gran parte de los heterodoxos, como un joven Guillermo Fadanelli. Todos los que estaban fuera de la institución mexicana. Escribían fuerte. Agresivo. Lo que no sucede ahora. Porque todos los escritores quieren ser políticamente correctos. Todos están dentro de grupos de poder. Y ya no hay piezas sueltas. Como es mi caso.  Porque yo he ejercido la crítica muy fuerte contra mucha gente. Yo he hablado contra Juan García Ponce, Elena Poniatowska, Carlos Fuentes. A Ponce le dije queCrónicadelaintervención me parecía una novela muy enrevesada. Y me escribió llamándome imbécil. Aunque más tarde se arrepintió. Ahora los escritores mexicanos están comprados y captados por las becas y esto les impide ser creativos y, sobre todo, críticos. Hubo un tiempo en que esto no fue así. Para mí ‘Sábado’ es un resumen de esa época. Que no sé si volverá. Vivimos tiempos fatuos y flácidos donde todos guardan lo que piensan. La obsesión del saber estar y el quedar bien. Pero llegará un momento en que esto solo no baste. Abogo por la lucidez de la locura. El abismo atractivo.

Marco Tulio Aguilera

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