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domingo, 6 de julio de 2014

DEMOCIOS, Norma Segades-Manias (Argentina)


DEMONIOS. (Libro Vitrales en tinieblas)

rones de la estancia, ofician de anfitriones, el domingo. Un pretexto cualquiera para relacionarse con la dueña del diario, el intendente, el cura del poblado.
-Cuando esta jauría de sacrílegos que se definen como pluralistas, se atreve a desafiar instituciones, se vuelve más temible. Por eso es necesario cerrar filas. Apoyarnos los unos a los otros. Ya estoy harta de tantas crispaciones. De tanto cotidiano enfrentamiento. Del odio que atraviesa nuestras vidas. De la discordia y la desavenencia. A la luz de las lámparas antiguas, sentados todavía frente al mantel desierto, los dignos invitados saborean una infusión traída por las criadas, mientras que las astillas de sus frases resquebrajan el aire.
Cansado de caricias que extenúan su identidad indócil, los pelos espinosos y el rabo levantado, el compañero escapa en busca de un refugio que lo aleje de amores irritantes. Dejándolo, de pronto, abandonado, absorto ante las llamas. Infierno que no alcanza para fundar el miedo en las rojas mejillas de su infancia.
-Lo que es a mí, un par de advenedizos sin conciencia moral o religiosa no van a convencerme con discursos. Nadie dice que sea reprochable multiplicar ganancias. Es cuestión de efectuar comparaciones entre oferta y demanda. Y si mal no recuerdo, no soy yo la persona que deba preocuparse por la soberanía alimentaria.Quitándose el flequillo de los ojos, observa de soslayo los bordes del mantel ornamentado con plenos ramilletes de flores en capullo.
Sonríe para sí, imaginándolo entre la corpulencia de las sillas. Tratando de pasar inadvertido junto a esa seriedad de extremidades que superponen gestos y posturas solemnes, respetables.
Esquivando los ojos correctores y las probables recriminaciones se desliza, furtivo, tras las huellas.
Lo descubre acechando en la penumbra. Lomo arqueado. Alertas las orejas. Las pupilas brillantes, dilatadas. Los bigotes erguidos.
-Almas sin salvación y sin escrúpulos timoneando el destino de los pueblos. Pero el señor es grande en su clemencia. Hay que pensar un sitio de reconciliación definitiva. Proponer la concordia. Orar por el perdón de los pecados que hasta la santa madre ha cometido a través de sus hijos. Hombres de fe que erraron el camino. Daños colaterales de una guerra que sembró el desaliento, la sospecha y nos veda el olvido.Evitando ser visto, se traslada de hinojos, apoyado en las palmas.
Luego de acostumbrarse a la penumbra, una señal de hedores amarillos, un efluvio a nidada corrompida, siseando, a ras del suelo su estricta pestilencia, lo toma por asalto.
El animal está aterrorizado. Avasalla exaltado su regazo, en busca de un pasaje que lo aleje del sitio donde el frío se torna insoportable.
Asido al crucifijo, casi petrificado en su sorpresa, ninguno de sus breves arañazos le arrebata un gemido. Ni siquiera un suspiro que pueda delatarlo.
Ha observado, surgiendo de las sombras, los cascos destronados, las pezuñas cabrías.

NORMA SEGADES-MANIAS

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