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miércoles, 2 de julio de 2014

SÓLO YO TE PRESIENTO, Norma Segades-Manias


SÓLO YO TE PRESIENTO. (Libro Réquiem por los pájaros)


Rosa naciente a la que nadie mira.
Indicio de un destino desdichado donde habrás de llorar tus infortunios a fuerza de amarguras y abandonos.
Con tu madre ocupada en sus limpiezas, la Lorena rodando entre colchones y un padrastro vencido por el vino debajo de algún sauce suburbano.
Surges desde la hambruna y los harapos como un ángel de rostro candoroso.
Posándote en los lirios donde sorbes la delicia que nutre tus contornos. Tu perfil asexuado. Los ojos de carbón. Los labios frescos. Y la nariz en alto.
He sido condenado a contemplar la vida hecha capullo.
A transitar por médulas de fuego que infiernan el dolor en mi mirada.
A codiciar la traza de tus senos nonatos.
Retoño de inconsciencia negligente.
Putita seductora jugando con mi sed, con mi apetito, con mi apasionamiento, con mis ansias…
Simulando no ver, no darte cuenta que persigo tu aroma en las almohadas. Que guardo los cabellos que la hebilla va cortando a tu espalda.
Ramillete de anémonas marinas sometido a la furia de los soles y al temblor de la siesta cuando el duende cabalga en mis entrañas.
Ángel libidinoso que me enciende el amor como ninguna.
Demonio depravado que me incita a continuar andando las sendas del delirio.
Fingiendo que no sabe cuánto me hace sufrir con sus mohínes.
Con esa piel de obsceno escalofrío cuando el bigote enciende las cosquillas.
Y esa malicia cómplice con que engendras la risa.
Pequeño cervatillo, gata en celo. Fruto que estalla ante mis fantasías.
Llenándome la mente con antojos de rozar tus mejillas, el borde de tu boca, olfateando ese rastro que abandonas, o que dejas caer, como al descuido, por todos los rincones. Sumido en desvaríos donde muerdo tu nombre.
Ternura en flor abriendo en las mañanas.
Graciosa. Breve. Plena de rocío.
Dueña de los abrazos espontáneos que destrozan los sellos de mis gónadas y secretan la savia avergonzada.
Después de medianoche.
Cuando tu hermana duerme sin sospechar siquiera a quien estoy teniendo y penetrando en la enajenación de los sentidos. Y el corazón es un tambor pulsando. Y tu inocencia se me entrega. Mansa. Y el sudor. Y el espasmo.
Sólo yo te presiento tal como eres detrás de tus disfraces.
Por eso es que te llevo de paseo al borde del estanque. Junto al canto silbante de las cañas.
Y te pido que no me tengas miedo.
Y te pido que calles.
Que no grites.
Y te digo que sólo voy a amarte como nunca te amaron.
Que el resto de la gente no comprende porque son maliciosos, deshonestos.
Que esta es la forma en que me amó mi padre cuando llegaba a casa, muy borracho, todas las madrugadas.
Que no quiero golpearte.
Que no quiero.

A menos, por supuesto, que lo hagas necesario.

NORMA SEGADES-MANIAS

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