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jueves, 20 de noviembre de 2014

EL ALMA, Raquel Rueda Bohórquez (Barranquilla, Colombia; leído en la Librería Carámbano de Metepec durante la presentación de "Liturgia...", el 19 de noviembre de 2014)

EL ALMA

Apareció en medio del bosque,
 La vi tan diminuta y pensé:
¿Su alma será como la mía?,
Cabe el mundo en una hormiga
Y en una gota de rocío mi madre.

Y la hormiga se quedó viéndome
 Con sus ojos mínimos,
Arrastrando  una hoja
Que pesaba más que mi propia ignorancia,
Se alejó... persiguiendo a otras
Tendiendo la mano en ese camino ensortijado
Donde la buena suerte se bendecía con una sonrisa
Siendo cosecha el amor y la esperanza.

Seguí  caminando yadvertí  un elefante…
¡Uich!, ¿este animal tendrá alma?
Ha de ser muy grande, y a Dios le dio pereza fabricarla,
-Elefante: ¿tienes alma? –le pregunté
Y él huyó de mí, cual si peste fuera.

¡Qué raro!, no tienen alma,
Lo dije mientras observaba una garza en vuelo
En tanto, un gorrión apresaba un favor en el viento
Y yo, pobre tonta engreída de la vida
Tomé un fruto, el mejor de todos,
Para que un ave peregrina no me ganara,
Disfrutándola a pesar de que sabía de sus ojos
Que como diamantinas joyas
Me veían asustada.

¿En dónde estará el alma de la flauta?
¿Será que tiene alma?, es un algo invisible
Ninguna cosa o animal tiene alma,
¡Jajajaja! Y me reí de la brisa
Cuando el sol pegaba en mi rostro
Y me iluminaba.

El alma me hablaba, me besaba
Éramos un solo espíritu en la voz del bosque
En las alas de las aves,
En el bufido del toro en el matadero,
Todo el mundo era el alma del  Creador
Y yo, ilusa y perversa, vanidosa y corrupta,
Imaginando que era la única que tenía alma.

Se quedó atrapada en la blancura de las nubes
El alma del músico, del ruiseñor, del elefante
No había tamaño, era la vida como la muerte
Igual para todos, como lo era también
Ese ente translúcido,
Que nos provocaba el meditar
Y parecía caer como una cascada
Brotando de su manantial.

Ajustando la mirada a la montaña
Descubrí el alma del universo…
Cada suspiro regalado del viento,
Esencia pura, nuestra barca, el brillo de todos
En la espesura de un bosque pálido
Lleno de moles y grietas,
Que el tiempo invencible
Se encargaría atrapar
Con las raíces de enormes caminantes y viajeros
Que las esparcían  y permitían al Dios vida,
Hacer su obra, por medio de sus manos
Sus arrugadas manos curtidas,

Abrazadas de las quimeras del día y la noche
Bendecidas con la hostia de un beso en el cielo
Colgadas por hilo invisible,
Junto a esas doncellas enormes,
Que ante nuestros ojos
Pequeñas parecen,

En un infinito azul… muy azul…
Contaminado de almas que no regresarán
Y sembrado de rosas que retornarán
En tiempos mejores,
Cuando el vicio del ahora desaparezca,

Olvidándonos del poder y la gloria
Pues toda gloria y poder, son hojas
Que la brisa se lleva y transporta
Hacia el mundo de los necios.


Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, noviembre 18/14


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