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lunes, 10 de noviembre de 2014

LA TALLA DE TU CORAZÓN, Marisa Aragón Willner


Tu nombre tiene un hálito de ave y lágrimas.
Es voz naciente al dulce despertar de tu valle
Magdalena del Migdal
Las posesiones del reino hoy se inclinan
silvestres flores abren sus pétalos como velos en alcobas
difusos secretos de la historia pugnan
hasta grabarse en las orillas del mar de Galilea.
Al transcurrir de los siglos como si cada lágrima
disolviera los filones de piedra del corazón de los hombres
Hilvanes de oro trajinan tu leyenda
Tejedoras del amanecer de Migdalia toman la fibra
Un junco alegre bendecido por rayos de sol
Para hilvanar el canto a tu memoria

Tú que María fueras bautizada, protegida de Dios
tu ligera huella sumida en el pecado de los hombres
en gradas de desilusiones tus pisadas silenciosas
elegida por manos tendidas de los hombres fugaces
Despampanante de lunas y vacíos
Enlaces de lujuria te pesaban.
Más al volver de fariseos abrazos
silenciosa y turbada, el sueño de otro amanecer
Te baña en lágrimas que a mezclarse bajan silenciosas
en las aguas del lago Tiberíades
Dicen que se reflejaron tus mejillas de sufrimiento
cuando cabellos rojos de vapor y cobre orlaban tu pena
perpleja criatura sufriente de los sapientes libros
donde los ángeles no juzgan y donde mil mujeres
comparten velos oscuros de las perturbaciones
Pero una y otra vez ellos te vieron, y eras la señalada
esa que por la ladera baja con porte de hechicera
Envuelta en la bermeja seda que a sus muslos se pega
Y le tiran cual flechas un nombre que no dais a vuestra madre
Pesa de su cuello de magnolia un corolario de piedras
Son bastas piedras del incordio de las acusaciones.
En el dolor labraste el dulce conocimiento del amor
y fue verle de pie al Maestro y mirarse en su suave agua
para ser de tus siete enemigos liberada
las siete pasiones que engendra la oscuridad
sobre el alma humana
Caíste a sus pies
con tus óleos perfumados para lavar su piel
que descalza recorría Galilea
para quitarle con tus lágrimas azules
el dolor de los caminos.
y mesar tus cabellos rojizos sobre sus plantas
rojos como estampas de hierro en las montañas
Bienaventurados los que lloran
Bienaventurados los que llegan arrepentidos
porque serán consolados
y por ser alto su amor, barrerá con todo.
ay Maria, de las muchas Marias que se enredan
para confundir las fuerzas del enemigo
tú, que te sentaste a la vera del árbol del conocimiento
que fuiste la confidente culta del señor
su alma compañera, su Anam Cará
a su lado nimbada de luz en la última cena
a su lado en su costado herido
Otra vez a los pies de la cruz, virgen en el dolor
que angustiaba sus facciones

volcaste los finales ungüentos perfumados
de sándalo y hierbabuena
para limpiar su sangre
y te fue dado ser quien lo vio surgir
de su sepulcro y corrió tu voz a llevar la nueva de resurreción
Necesitamos veinte siglos de revisión para quitar
tu principal culpa pecadora
para verte figura femenina en la aurora
de la religión, líder y culta en la armonía
¡Apóstol de apóstoles!
Correr tu pie de aquella Galilea y sobre una barca
cruzar el agua para ir a predicar la palabra.
El sol de la Provenza te abrazó y dio sobre tu espalda
sobre el rojo carmesí de tu cabello de guardiana
y sí, luego fue la expiación el acto extremo
que en soledad te confinó
hasta tu muerte en oscura penitencia.
Grabado está Maria dulce criatura del Migdal
Que la Muerte y el Amor transforman.
La que fue perdonada porque mucho amó…
Tu boca que besó con luz del alma
nos hablará de aquella Pasión del Maestro en la Cruz
¡Cuán solo quedó ante el mundo adverso
cuando sentenciado fuera injustamente!
Maria del Migdal y Maria Madre con Juan

los tres elegidos para atestiguar el sacrificio
La suma de las purezas, de amada amante, de madre y fiel hermano
Le dieran el fragor del corazón humano en tiempos de infinito desconsuelo.
Maria de Migdalia, predicadora de misiones de amor
cuyos libros sagrados te negaran por siglos
baja la flor azul en la mujer
que resguarda el valle del Migdal y cediera a la florida Provenza
en un rostro de luz acontecido de piedad y lágrimas
para recorrer con tu voz el misterio de cada enseñanza
la elegida del Maestro
la novia del Amor final , redimida y santificada
predicó las notas del Amor
humanizó lo divino
en la visionaria sabiduría femenina
que dormía acallada
De tus lágrimas
nacen puros y conmovedores
cernícalos de fuego que llevas en tus manos
cincelando insólitos paisajes de la talla de tu corazón.
MARISA ARAGÓN WILLNER
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