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lunes, 19 de mayo de 2014

EL CUERPO HUMANO DE PAOLO GIORDANO UNA BUENA NUEVA NOVELA, Jorge Gudiño

Paolo
Giordano
y el éxito
literario
Jorge Gudiño

Cuando llegó a mis manos El cuerpo humano, la segunda novela de Paolo Giordano, la recibí con sentimientos encontrados. Como muchos lectores, tengo cierta propensión a desconfiar de los bestsellers. Sólo que éste no lo es, al menos no del todo.
Quizá sea necesario explicar la suspicacia inicial. La soledad de los números primosvenía acompañada de un cintillo en el que se aseguraba que había vendido millones de ejemplares sólo en Italia; se había traducido a más de una veintena de idiomas y era un éxito mundial. Más aún, el autor estudió Física y apenas tenía veintiséis años cuando publicó el libro. El colmo: fotografiaba bien.

Sé que para muchos lectores esos datos podrían resultar suficientes, pero para otros habrían sido disuasorios. La explicación es simple: las librerías están saturadas de fenómenos literarios de este tipo: una primera novela, un autor salido de la nada, un título un tanto desconcertante y una gran campaña publicitaria en torno.

No siempre me quedan claras las razones por las que leo un libro y no ahondaré en ellas por ahora. Baste decir que a veces es suficiente una recomendación o existe algo sugerente en el mismo. El asunto es que leí la primera novela de Giordano. Me sorprendió para bien.

En ella se da cuenta de la vida de Mattia y Alice, dos personajes muy cercanos al estereotipo. Al menos en un primer momento. El arranque, además, resulta afortunado pese a su peligrosa cercanía con el melodrama. Estos dos elementos bastan para justificar la algarabía del público: una historia de amor y sufrimiento entre dos seres incomprendidos que apenas se tienen a ellos mismos para lograr salir adelante. Nada fuera de lo común hasta ese punto.
Las cosas pronto empiezan a cambiar. Giordano despoja a sus personajes de su carácter predecible, vistiéndolos de emociones complejas, de pensamientos elaborados. Su estrategia inicial se basa en generar una empatía inmediata a partir del melodrama simple: lo necesario para atrapar a los lectores incautos. Sin embargo, conforme desarrolla la historia consigue llevar a los personajes a situaciones más complejas: aquéllas que no tienen una respuesta evidente ni salida fácil. Entonces la novela se vuelve poderosa.

Hacia el final, el libro deja un extraordinario sabor de boca y algunas dudas. La primera de ellas relacionada con la profesión del autor: es muy probable que no publique nada más, entregado como está a los problemas de la Física, algo que se vislumbra dentro de La soledad de los números primos en la profesión de Mattia. La segunda, sobre si no era suerte de principiante. Además, la juventud del autor y su éxito lo ponían en una posición vulnerable: bien podría escribir apresurado su próxima novela con tal de perpetuar su fama y su fortuna.
Por eso, cuando llegó a mis manos El cuerpo humano, la recibí con sentimientos encontrados. Las probabilidades de que fuera una gran novela eran pocas, pero no podía evitar leerla.

En ella se narra la vida de un pelotón de soldados italianos en Afganistán. Están comandados por el subteniente Antonio René, quien completa sus ingresos comostripper. Superior en la jerarquía castrense, el teniente Egitto es sólo el médico de la base y el verdadero protagonista de la novela. Un capitán y un coronel completan el cuadro de los oficiales. Y es ahí, en pleno desierto, donde los personajes entran en conflicto con sus propias naturalezas. No sólo porque son jóvenes y están lejos de casa. También, porque están armados y sus vidas se encuentran en peligro. Por último, la base está cercada y salir de ella significa un acto de verdadero heroísmo.

Es gracias a estas circunstancias que Giordano vuelve a poner en práctica la mayor de sus virtudes literarias: se da el lujo de explorar en la conciencia de sus personajes; desde las razones por las que se encuentran ahí hasta sus padecimientos más ocultos. A diferencia de su novela anterior, ésta no inicia con un gran golpe de efecto. De hecho, muchos lectores podrán acusar cierto cansancio ante una larga primera parte. Resulta morosa porque se ocupa de dibujar con precisión a cada personaje. Una vez logrado esto llega la acción. Es como detonar una bomba de tiempo: la paciencia es un requisito. Gracias a ella, la explosión conseguirá estragar al máximo. No es lo mismo lastimar a un desconocido que a una serie de personajes que ya nos son cercanos. He ahí el gran acierto de esta novela.

Pese a ello, es justo decir que El cuerpo humano no es La soledad de los números primos. No tiene esa seductora intimidad, que en ésta se diluye entre demasiados personajes. Pero existen elementos en común. De entrada, se notan las apuestas del autor. No es sencillo trabajar con personajes tan peculiares. Antes que la complejidad propia de sus personalidades, era necesario definirlos con precisión, insertarlos en situaciones verosímiles, hacerlos entrar en conflictos diseñados para ellos. Una vez ahí, debían enfrentarse los problemas. ¿Cuántas veces no hemos visto que un autor le da la vuelta a los conflictos, resolviéndolos como por arte de magia, apostando a la tranquilidad de los lectores y no a la lógica de la narración? Paolo Giordano no cree en estas soluciones fáciles. Por eso se adentra en los recovecos de sus conciencias. Y es ahí donde los vuelve reales.

Entonces no es difícil asegurar que Giordano corre riesgos y eso, en sí mismo, resulta plausible. Su capacidad para resolver sus propios planteamientos lo aleja de la literatura simplona, de los bestsellers antes mentados. Es cierto, el libro se ha convertido en un producto y la mercadotecnia ha sustituido a la calidad literaria como argumento de venta. Sin embargo, en medio de la turba de libros que presumen ventas millonarias y lectores satisfechos, existen algunos que mucho valen la pena.

Cuando la tercera novela de Paolo Giordano llegue a mis manos, la recibiré con más dudas, temeroso como estaré de que termine decepcionándome. Es el pacto necesario para dignificar a un autor que me entusiasma.

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