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lunes, 19 de mayo de 2014

ENTREVISTA CON DIEGO FLORES MAGÓN, Jaimeduardo García

El espíritu magonista en la
Casa del Hijo del Ahuizote
entrevista con Diego Flores Magón

Fotos: MexicArte Museum
Esta historia nace de una fotografía: en la fachada del edificio donde estuvo la redacción del periódico El Hijo del Ahuizote se lee: “La Constitución ha muerto.” En el reverso aparecen los nombres y la firma de cada uno de los personajes, uno de ellos es Enrique Flores Magón. Esta misma imagen, pero en formato mural, recibe al visitante que llega a la Casa del Hijo del Ahuizote en la calle de Colombia, en el Centro Histórico, donde los puestos y el ajetreo de los comerciantes de la zona distraen la atención de los transeúntes. Pero el inmueble restaurado se impone con todo su peso histórico; es el sitio donde se imprimió una de las publicaciones más combativas y críticas del periodismo mexicano.  Diego Flores Magón Bustamente, bisnieto de Enrique (hermano de Ricardo Flores Magón) y responsable de la Casa del Hijo del Ahuizote, recuerda que el proyecto surgió a partir del acervo de su bisabuelo: “Es un archivo que heredamos y decidimos custodiar. Se compone de 15 mil documentos, entre periódicos, libros, fotografías y cartas. Hay una foto donde aparece la fachada donde estaba la redacción de El Hijo del Ahuizote. En una nota de mi bisabuelo hecha en los años treinta, después de regresar del exilio de Los Ángeles, él apunta la nomenclatura detrás de la fotografía: Chiconautla número 2, hoy calle de Colombia número 42. Esa fue la pista que seguimos y la raíz del rescate.”
Jaimeduardo García

–¿Ha habido apoyo gubernamental para este rescate?  
–En 2008 le propuse al Fideicomiso del Centro Histórico el proyecto, que afortunadamente tuvo buena recepción. En 2010 destinaron recursos para iniciar el rescate y en 2012 se concluyó la obra. El organismo aportó en dos años cuatro millones de pesos. Ha tenido una magnífica recepción del gobierno y del público, porque El Hijo del Ahuizote fue un medio de oposición a un régimen dictatorial, y emblema de la libertad de expresión. Es simbólico, mitológico, ideológico, político, sobre esa base espiritual hemos construido un proyecto cultural.

–¿Hay un vínculo entre la comunidad de origen mexicano en Estados Unidos con la actividad que realizan en Ciudad de México?
–Sí. Ese nexo lo establecieron los Flores Magón desde principios del siglo XX y lo estamos retomando. La foto de la entrada, que data de 1903, muestra el último acto de protesta del grupo, después la imprenta fue clausurada. En ese momento decidieron exiliarse; a partir de ese año toda su actividad política y editorial la hicieron en Estados Unidos.
Los siguientes veinte años su movimiento se articuló con mexicanos radicados en Texas y California, con trabajadores migrantes o exiliados políticos. Nos interesa esa vinculación histórica y hacer activismo cultural en las rutas del exilio magonista.
Estructuramos un programa con varias actividades, la más importante es con la Universidad de Texas. Natalia Mendoza Rowell, antropóloga de la Universidad de Columbia, participará en el encuentro. Ella ha trabajado en un proyecto fundamental para El Hijo del Ahuizote: el archivo de los periodistas desaparecidos recientemente. Organizamos conferencias y presentaremos el proyecto entre febrero y marzo, se abordará la herencia trasnacional del anarquismo magonista en ambos lados de la frontera.
Jacomo Castañón (diseñador industrial) trabaja en el mobiliario para el archivo, él presentará en eu su creación El Ahuizote ambulante, que es un carrito que recorrerá el Centro Histórico para atraer turistas al sitio, pues la gente que visita el primer cuadro de la ciudad nunca viene a la calle de Colombia. Debemos ir por los consumidores de cultura al Zócalo, a la Alameda, a Bellas Artes; será un anzuelo que les dará información, pretendemos romper ese cerco invisible que nos separa del Centro Histórico. Además, exportará cultura a la colonia Morelos, Tepito, Mixcalco, La Merced, llevará archivo fotográfico, publicaciones y un tallerista que impartirá actividades editoriales. Todo esto se realizará con el apoyo de Conaculta.

–¿Tienen algún proyecto comunitario?
–Publicaremos un periódico local. Daniel Hernández, periodista de San Diego, California, impartirá talleres de periodismo a jóvenes de entre dieciséis y veintiún años, residentes de la calle de Colombia y de las colonias que te mencioné, para buscar talentos y que sean reporteros de su barrio. La finalidad es proporcionarle a estas poblaciones marginadas un espacio público donde se representen a sí mismos y se reconozcan como comunidad.
El museo es otro de los ejes rectores. La primera exposición será sobre Daniel Cabrera (editor que traspasó a los Flores Magón el periódico) y El Hijo del Ahuizote. En junio o julio será la fecha de apertura del centro. Otra de las exposiciones para 2014 será sobre el traslado del cuerpo de Ricardo, y el regreso de Enrique, deportado de California en 1923, con el apoyo de Conaculta. Además, la Casa estableció un acuerdo con el Archivo General de la Nación para digitalizar el acervo que tiene sobre el magonismo, el cual se podrá consultar.
Otro proyecto es la interacción con la población vulnerable de la calle de Colombia y de la zona. En ese sentido, la labor de Génesis Rojas Flores (antropóloga social) es valiosísima. Es la cabeza de la vinculación comunitaria, realizó un diagnóstico del entorno y la población, y con ese conocimiento instrumentará un programa que establezca vasos comunicantes con los habitantes del lugar.

–¿El magonismo todavía le incomoda al discurso oficial?
–Hay algo inasimilable para el discurso oficial: el fenómeno binacional, además de su anarquismo y su conflicto ideológico con la Revolución mexicana, sobre todo de Ricardo Flores Magón, que la impugnó, y con el Estado autoritario que produjo. Él siempre estuvo en contra de Madero, de Carranza, de Obregón, de Calles, hasta su muerte. Enrique regresó a México y se reconcilió con el proyecto de la revolución cuando Lázaro Cárdenas asumió el poder. Enrique ya estaba muy viejo y le pareció muy encomiable el proyecto social de Cárdenas. Ricardo fue demasiado radical como para haber aceptado incluso a Cárdenas.

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