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martes, 13 de mayo de 2014

UNA SINGULARIDAD DESNUDA DE SERGIO DE LA PAVA, César Mackenzie* (Arcadia)

Contra la injusticia

Una singularidad desnuda' Sergio de la Pava. Alpha Decay / Pálido Fuego

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César Mackenzie reseña 'Una singularidad desnuda' de Sergio de la Pava.

Por: César Mackenzie*

Publicado el: 2014-04-22

Lo primero que hay que anotar es que Sergio de la Pava, por desgracia, no es lo que se dice un escritor colombiano. Nació en Nueva Jersey en 1976 y los colombianos son sus padres. Estudió Derecho y ha sido abogado de oficio en una corte de Manhattan; es casado, tiene dos hijos. Su primera novela, Una singularidad desnuda –ese misma que fue rechazada por decenas de editoriales y que De la Pava en persona publicó y distribuyó y que en el 2013 ganó el Premio PEN a la mejor primera novela escrita en Estados Unidos– no habla de Colombia (aunque aparecen por ahí referencias a dos colombianos de apellido Escobar -Pablo y Andrés-; el aguardiente se deja ver pocas veces y los personajes comen de cuando en cuando una empanada), ni de personajes históricos; en su novela lo que hay, lo que está, lo que vive, es el enorme y auténtico desencanto de la sociedad norteamericana y de su sistema judicial.
Casi, el protagonista, una suerte de alter ego de De la Pava, descreído y escéptico, solitario, es un abogado insatisfecho que vive en Nueva York: defiende, al mismo tiempo, a vendedores y consumidores de drogas, mujeres abusadas, enfermos de sida, adolescentes fugitivos o reincidentes, vendedores ilegales. Vive cansado y duerme mal. Las primeras cien páginas de Una singularidad desnuda, ¡qué bárbaras! Conocemos a un abogado de 24 años que trabaja para el Estado gringo y para la guerra contra las drogas, la cual, diríamos, es el tema de la novela de no ser porque esta es una obra sobre la justicia. Casi mira de frente la cara humana del crimen, tan desencantado como optimista, y quisiera “hacer un juramento como los de los superhéroes de los cómics, esos que juran que nunca jamás prosperará la injusticia en su presencia”. Los escenarios son, casi en su totalidad, salas de interrogatorios, juzgados, cortes; los diálogos -que son el principal recurso literario de la novela- tienen el ritmo de las argumentaciones jurídicas (en el buen sentido, claro).
Hay virtudes que tiene De la Pava y que muchos escritores persiguen, a veces sin nunca alcanzar: la redondez y exactitud de sus historias, la habilidad para llevar a término un argumento, la originalidad de sus formas, la verosimilitud de escenarios y personajes y, desde luego, la naturalidad del lenguaje. Sin embargo, más allá de estos aspectos formales, de los cuales desde el Ulises hasta el Boom ya hemos tenido suficientes lecciones, hay una idea que define a Una singularidad desnuda: el presente es ya nuestra historia y es necesario contarlo sin ataduras; hay en Casi una heroicidad dignificante y combativa, profundamente empática, tan empática que no puede ser sino una muestra de gran literatura. Y en ese sentido es una novela ejemplar. Nos habla de la sociedad, del sistema judicial y del crimen, de la inmigración, de la soledad en las grandes ciudades y, sin embargo, y por fortuna, no tiene una visión potiliquera del poder ni de la justicia social. Más allá de la izquierda o de la derecha, a De la Pava le importa comprender a los sujetos, entenderlos en su mismidad.
A la actual literatura colombiana la falta una obra como esta, que la ponga a hablar de verdad y sin imposturas de clase sobre la violencia y el conflicto armado colombianos, sobre la impunidad y el desconsuelo de las víctimas, que ya se cuentan por millares; una novela que la saque de su largo catálogo de truculencias pseudohistóricas que se tejen y destejen a la luz de las contingencias del mercado; una novela que en realidad proponga más que una historia que enganche al inexistente lector. Una singularidad desnuda no hace de la realidad, ni de la miseria, ni de la miseria ni del drama humano su pretexto. No es un desmadre emocional. Y luego de su lectura uno se pregunta: ¿en dónde está la actual literatura colombiana? Parece que nuestra literatura colombiana no está ya en lo literario sino que, como una víctima más del conflicto, fue desplazada a la frontera invisible entre otros terrenos menos empáticos y más competitivos.

* Literato

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