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jueves, 22 de mayo de 2014

LAS MOIRAS, María Luisa Arnaiz

jueves, 22 de mayo de 2014

EL DESTINO, MARLOWE CONTRA CALDERÓN

LAS MOIRAS

María Luisa Arnaiz

Lachesi, Giuseppe Gigli

   “Creo que el destino de mi esposa es más feliz que el mío… Ningún dolor volverá a tocarla… pero yo, que he escapado a mi destino y no debería estar vivo, viviré ahora mi vida con pena” dice Admeto refiriéndose a Alcestis, la única que se ofreció a morir en su lugar cuando a él le llegó la hora (había confiado en sus padres por ser ya ancianos pero no aceptaron sacrificarse). Según la creencia popular, solo Zeus podía intervenir cerca de las Moiras para salvar a un mortal cuando el hilo de la vida, hilado por Cloto y medido por Láquesis, estaba a punto de ser cortado por Atropo. Pues bien, respecto del destino hay dos posturas enfrentadas: providencia (la vida está en manos de un ser superior) y fatalismo (la vida está predeterminada). Teniendo presente al protagonista de “Fausto”, en quien Marlowe rompe con la tradición medieval por desafiar a Dios, nos hallamos ante la predestinación; teniendo al de “El mágico prodigioso” de Calderón, nos hallamos ante la providencia. Bajo la visión marlowiana los protestantes se topan con que las personas son elegidas para condenarse o para salvarse y así Fausto tiene que pecar y no le sirve arrepentirse pues Dios no le puede ayudar; bajo la calderoniana, está la doctrina católica del libre albedrío, dependiente de la voluntad, y así Cipriano se salva porque Dios da a todos su gracia para salvarse usando la libertad.

Cloto, Giuseppe Gigli

   Aunque Roma da una definición nebulosa sobre el libre albedrío y el entendimiento no comprenda qué cosa sea la providencia divina y sí la causalidad, aquella sostiene que Dios conoce todo lo que va a ocurrir porque sabe hacia qué lado se inclinará la voluntad. Tanto es así que ya en el diccionario de Autoridades se dice de «albedrío»: “La libertad que Dios dejó a la voluntad humana para elegir lo bueno, o lo malo, de que depende el mérito o demérito del hombre”. Si el “Fausto de Marlowe encarna el mito del hombre renacentista, el “El mágico…” de Calderón no puede ser más carpetovetónico:

Pensar que hay un Dios
suma bondad, suma gracia,
todo vista, todo manos;
infalible, que no engaña,
superior, que no compite,
Dios a quien ninguno iguala,
un principio sin principio,
una esencia, una sustancia,
un poder y un querer solo;
y cuando como esta haya
una, dos o más personas,
una deidad soberana
ha de ser sola en esencia,
causa de todas las causas.
Demonio: ¿cómo te puedo negar
una evidencia tal clara?

Lachesi, Giuseppe Gigli

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