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martes, 6 de mayo de 2014

PERIODISMO CULTURAL EN MÉXICO, Alejandro Alvarado


 Alejandro Alvarado
El periodismo cultural nace con el periodismo en México, en el siglo XVI, con la llegada de la imprenta. Al principio, se expresaba en las llamadas hojas volantes, algunas de éstas se refieren, entre otros temas, a los certámenes literarios en la universidad y a algunas obras plásticas de la época. Humberto Musacchio, autor de la obra México 200 años de periodismo cultural, editada por conaculta, refiere que el periodismo cultural tiene ya mucha historia en México. El primer tomo, que es el que ya se publicó, abarca de 1810 a 1910, y en él aparecen grandes cultivadores; uno ellos es Carlos María Bustamante, “un gran periodista, fundador de El Diario de México, el primer cotidiano de Nueva España. Es un periódico que, incluso, durante la Guerra Civil todavía se publicaba. Bustamante es perseguido, se enrola en las filas insurgentes y es el editor del Correo Americano del Sur”. —En la obra hago referencia también al periodismo cultural de la prensa insurgente, por la importancia que tiene; no es de mucha calidad, pero me parece que es una muestra de lo que podía hacerse en las condiciones de la guerra. Y después, ya en el México independiente, abordo varias publicaciones y le pongo especial atención a la aparición de El Iris, la primera revista propiamente cultural que se hace en México; aparece en 1826 y la funda el cubano José María Heredia y los italianos Florencio Galli y Claudio Linati, éste último es el introductor de la litografía en México. Eso permitió que El Iris fuera la primera publicación ilustrada que hubo en nuestro país, aunque hay algunos números de las gacetas del siglo XVIII, con algún pequeño grabado. Las ilustraciones profusas, importantes, son las que publica El Iris. Es una publicación cultural en toda forma, la primera que tenemos de ese carácter; luego, a mediados de los años treinta, aparece El Registro Trimestre que, aunque no era totalmente cultural, es el primero que empieza a publicar textos, lo que hoy entenderíamos como periodismo cultural. El Registro Trimestre es un suplemento de El Registro Oficial, el diario oficial de la época; lo dirige Pablo de la Llave, periodista veracruzano, y su principal colaborador es don José Justo Gómez, el Conde de la Cortina, un extraordinario intelectual que ama tanto el periodismo cultural que costea varias publicaciones y acaba yéndose a la quiebra. Este tomo, número 1, abarca de 1810 a 1910. Empieza con las publicaciones que recién comenté y se cierra con la Revista Azul y la Revista Moderna, dos grandes publicaciones”. —El segundo tomo, de próxima aparición, resume de 1910 a 1960, toda la época de los estridentistas, de los Contemporáneos, la generación de Taller, a la que pertenecen Octavio Paz, Efraín Huerta y Rafael Solana; varias publicaciones más, hasta cerrar el ciclo en los años cincuenta… —Cuando en México confluye el número mayor de grandes escritores que ha dado la literatura mexicana, casi todos los miembros del Ateneo de la Juventud: José Vasconcelos, Martín Luis Guz­mán, Alfonso Re­yes; confluyen los estridentistas, los Contemporáneos, los de Taller, los grandes novelistas jaliscienses como Juan José Arreola y Juan Rulfo, llega Emmanuel Carballo a la Ciudad de México. Son los años de los grandes éxitos de Agustín Yáñez. Dice Emmanuel Carballo que esa es la época en que se reunió el mayor número de grandes escritores mexicanos. Lo que es muy cierto y difícilmente va a repetirse. Fernando del Paso, aunque todavía no publica narrativa, da a la luz su primer poemario. Octavio Paz está en todo su esplendor. Con esa gran década es con la que cierro el tomo 2. El tomo 3 es de 1960 para acá, y, como es explicable, no tengo perspectiva, todavía no la hay para juzgar qué es lo que va a trascender y qué no. La selección tiene que ser mucho más libre, más amplia, porque si se deja fuera un texto, que en su momento no pareció tan importante, y resulta que sí iba a ser muy tomado en cuenta a la vuelta de unos años, se cometería una equivocación; y al revés: seguramente voy a meter cosas que van a pasar la prueba del tiempo. —En la actualidad, ¿cree usted que existe una política cultural en México? —Diría yo que hasta la falta de política cultural es una política cultural. Pero no hay que ser pesimistas, si algo caracteriza al estado mexicano de la posrevolución es que ha sido cada vez un promotor más eficaz de la cultura mexicana. El gran mecenazgo de la cultura mexicana nace con el Estado posrevolucionario. Los anuncios que sostienen revistas, las ayudas directas, los empleos para escritores para que puedan, en su horario burocrático, cumplir su tarea literaria; la adquisición de pintura, de escultura, la promoción de la música, eso surge en el Estado revolucionario, el llamado Estado de la Revolución Mexicana, que, afortunadamente, ya no existe, y culmina con la generación de conaculta, con el sistema de becas, que no sólo es del Fonca sino que hay una gran cantidad de programas de apoyo a los escritores. —Se presume que en el siglo XIX empiezan a aparecer mafias culturales…, creo que es importante hablar sobre ello. —Las mafias culturales siempre han existido, son una especie de mal necesario. La primera que yo recuerdo es la Arcadia Mexicana, la cual está compuesta por un grupo de poetas neoclásicos que se expresaba en El Diario de México, que fundó Carlos Bustamante. Lógicamente, ellos no querían al Pensador Mexicano, ya que él los sonaba cada que podía. Las mafias pueden ser odiosas por sectarias, pero, finalmente, también contribuyen al movimiento cultural. Promueven el debate, el intercambio de ideas, la confrontación de proyectos estéticos. Todo eso es favorable para el desarrollo cultural. —Hablemos de una pieza fundamental en el periodismo mexicano: Fernando Benítez. —Fernando Benítez era director de El Nacional cuando le pide a Juan Rejano que modernice el suplemento que ya tenía el periódico. El suplemento no nació con Fernando Benítez, el propio Rejano ya lo dirigía desde antes de esta petición, pero cuando diseñan el nuevo suplemento es más novedoso, más bello. El suplemento de El Nacional antes, en diferentes épocas, ya lo había dirigido Cardoza y Aragón y un par de estridentistas también. El periódico ya tenía una historia. Existía también el Universal Ilustrado que en los años veinte era una extraordinaria revista. A mí me gustaría que tuviéramos actualmente una como ésa. —En la actualidad ¿cómo ve el periodismo cultural?, ¿está desapareciendo? —No, no está despareciendo. Creo que está a la baja, en declive. Tuvo un gran momento de los años setenta a los noventa, extraordinario, con la aparición de grandes suplementos o de secciones culturales tan amplias como la del viejo Unomasuno, que constaba de ocho páginas; el del nacimiento de La Jornada; o el suplemento Laberinto, del periódico Milenio, a mí me parece muy bueno. Pero también han cerrado varios suplementos, han desparecido secciones culturales o las han reducido. Las razones que dicen los dueños de periódicos o los directores es que el periodismo cultural no es negocio; cuando es demostrable que hoy es un gran negocio, porque tiene anunciantes de plana completa del conaculta y del inba, del inah, de editoriales españolas, del mundo de cultura, varias universidades se anuncian. Los anuncios son de media plana o de una plana. Pero eso de que no hay anunciantes es mentira; pero además nadie suprime la sección internacional porque no tiene anuncios, sigue apareciendo. Hay un prejuicio contra el periodismo cultural. —¿Y qué opina del periodismo cultural en Internet? —El buen periodismo va a hacerse en papel o en un medio virtual como Internet, y requerirá de mucho esfuerzo, de talento, de tiempo dedicado a la formación cultural de quien lo hace, y eso puede ser lo mismo en un medio impreso que en Internet.

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