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viernes, 22 de agosto de 2014

FEDERICO GARCÍA LORCA, EL POPULAR POETA ANDALUZ

Federico García Lorca. El popular poeta andaluz

Federico del Sagrado Corazón de Jesús García Lorca fue un poeta, dramaturgo y prosista español que nació en el Municipio de Fuente Vaqueros en Granada el 5 de junio de 1898 y murió fusilado en su misma tierra el 18 de agosto de 1936 tras la sublevación que dio origen a la Guerra Civil Española. Fue una víctima de la intolerancia. Conoció desde niño el desprecio, la brutalidad de una sociedad homófoba, su muerte no fue sólo un crimen político, la saña de sus asesinos no la motivaba solamente sus simpatías izquierdistas. La mañana de su asesinato Juan Luis Trescastro entró en un bar granadino y dijo en voz alta para que todos escucharan: Acabamos de matar a Federico García Lorca. Yo le metí dos tiros por el culo por maricón.

Ramón Fernández Palmeral en su artículo ¿Por qué fusilaron a Lorca? hace un análisis exhaustivo del incidente. Nos señala el autor que el primero que publicó sus investigaciones en 1950 y descubrió el lugar donde asesinaron al poeta, el Barranco de Víznar en Los Pozos, donde se cree que hay un millar de muertos, fue el británico Gerald Brenan en su libro The face of Spain en el Capítulo Granada.

Se pregunta Fernández Palmeral, ¿por qué no le perdonaron la vida al poeta durante los días que estuvo preso en el Gobierno Civil de Granada, entre los días dieciséis y dieciocho de agosto a pesar de las insistentes peticiones de indulto por parte de influyentes amigos falangistas y familiares, ¿acaso le interrogaron, le torturaron y tan mal lo dejaron que ya no podían ponerlo en libertad?. Angelina Cordobilla, la mujer que le llevaba la comida al gobierno civil le vio vivo y en la entrevista que le hicieron en marzo de 1975 dijo que vio encima de una mesa un tintero, papel y una pluma, pruebas que confirman que lo tenían allí para que denunciara a otros camaradas o amigos, o quizás hacer la lista negra y escribir de su puño y letra su confesión.

Federico salió de Madrid el 13 de julio con la intención de celebrar su onomástico con su familia en Granada. Hasta allí le acompañó su amigo Rafael Martínez Nadal. El poeta le entregó un paquete cerrado y le dijo que si le pasaba algo lo destruyera y si regresaba que se lo devolviera. En el paquete estaba la obra inédita El Público, donde Federico aborda la homosexualidad.

Falangistas, cedistas y milicias de católicos radicales empiezan una cacería de brujas, los hombres con ideas políticas diferentes debían ser aniquilados, cortados de raíz para impedir cualquier resurgimiento contra el Movimiento que los pudiera desbancar de su poder. Increíblemente el odio entre hermanos llegó a tal extremo que matar a otro por tener ideas contrarias, era normal y aceptado.

El 16 de agosto es asesinado su cuñado Manuel Fernández Montesinos, médico y político, casado con su hermana Concha, que el 10 de julio había sido elegido alcalde socialista. Hay registros en la casa de Federico, nace el temor de poder ser detenido y decide ocultarse en casa de su amigo Luis Rosales Camacho. Allí estuvo ocho días hasta que llegaron a detenerlo Ramón Ruíz Alonso, Juan Luis Trescastro y Luis García Alix. Se creyó durante mucho tiempo que uno de los hermanos de Rosales delató al poeta, pero se ha descubierto que no fueron ellos los delatores, sino una indiscreción de Conchita, la hermana de Federico.

Se dice que Ramón Ruíz Alonso, al tener conocimiento de la noticia que resultó falsa, de que al Premio Nobel Jacinto Benavente lo habían ejecutado en Madrid los del Frente Popular, exclamó iracundamente: Bien, si ellos han matado a Benavente, entonces nosotros haremos lo mismo con García Lorca, ¿Por qué no va alguien y se encarga de él? No es más que un intelectual rojo, amigo de rojos y además marica.

Al poeta lo encerraron en una de las habitaciones de la primera planta del Gobierno Civil. José Valdés Guzmán desoyó todas las súplicas que le hicieron. Se dice que José Rosales llegó a encañonar al Gobernador con una pistola para que dejara a Federico en libertad y sólo se escuchó: que le den café, mucho café. Esta respuesta superior era una evidente sentencia de muerte. El 17 de agosto llegó Luis Rosales con una orden de libertad firmada por el Gobernador militar ante Valdés, éste dijo que Lorca ya no estaba allí, cuando no era cierto, no le quisieron poner en libertad. El que no se pudiera dar marcha atrás confirma de alguna forma que lo torturaron despiadadamente.

No sabemos, o mejor dicho, yo no lo sé, quienes apretaron el gatillo, quienes fueron los ejecutores directos, ¿le dieron un tiro de gracia en el ano cómo se cuenta? Ian Gibson escribe que Federico fue escoltado por guardias y falangistas de la llamada y temida Escuadra Negra.

Salió Federico esposado. Se lo llevaron en un coche a Víznar, por una carretera de curvas y subidas. Fue conducido a una cuneta del camino de Alfacar, ante un viejo olivar, cerca de la Fuente Grande, los árabes la llamaban Aynadamar, o Fuente de las Lágrimas. Allí fue fusilado y enterrado como tantos en una fosa común, sin nombre ni cruz.

El asesinato de Lorca se convirtió en uno de los principales cargos contra el franquismo. El mismo Franco declaró a un periódico mexicano: ese escritor murió mezclado con los revoltosos. Como poeta su pérdida ha sido lamentable, y la propaganda roja ha hecho pendón de este accidente, explotando la sensibilidad del mundo intelectual. Años más tarde diría: Para probar mi imparcialidad no obstante haber sido muy izquierdista García Lorca, autoricé que se editaran sus obras y que se hiciera el reclamo de la misma. La muerte de Federico le causó al régimen muchos dolores de cabeza y arrepentimientos, quizás porque desconocían la verdadera fama del poeta, escritor, dramaturgo y conferenciante, pensaban que no iba a conocerse el crimen. Fue una muerte imperdonable. Representa el paradigma máximo de la represión cultural llevada a cabo por los franquistas.

En la actualidad Federico García Lorca es el poeta español más leído de todos los tiempos. La primera descripción física del poeta quizás la debemos a Mora Guarnido en un encuentro que tuvieron en una calle de Granada. Federico tenía apenas dieciséis años de edad y corría el año de 1915…Me detuvo en la calle preguntándome: ¿es Usted Mora Guarnido? Ante mi respuesta me tendió la mano con una cordial sonrisa diciendo: Yo soy Federico García Lorca. Lo dijo sin timidez, con el énfasis del que ya siente en sí mismo la certeza de un destino resaltante, el tono del que se sabe que es alguien. Y a mí me parece estarlo viendo aún con su pálido rostro moreno, las espesas cejas y los ojos profundos y brillantes, la negra corbata de lazo mal anudada bajo el flojo cuello de piqué, el rostro agudizado hacia el mentón como un niño de vidriera bizantina y un femenino lunar sobre el labio, sello de herencia materna, una sonrisa impregnada de simpatía. Le apretaba el cabello negro y lustroso, tolerable melena de artista. Un negro sombrerito de ala tan flexible que se estremecía al viento como un ala de mariposa enorme, y vestía de oscuro, con corrección de estudiante de buena familia.

Su padre Don Federico García Rodríguez fue un  hacendado, un hombre de campo de situación económica holgada y su madre Doña Vicenta Lorca, maestra de escuela. Años después el poeta dirá: De mi padre, hombre de campo y andaluz neto he heredado la pasión. De mi madre, también andaluza y maestra de escuela, la inteligencia. Fue el mayor de cuatro hermanos: Francisco, Concha e Isabel. Desde los dos años, según uno de sus biógrafos, Edwin Honig mostró habilidad para aprender canciones populares y escenificar oficios religiosos.

La influencia de su región natal se encuentra en toda su obra. Amó siempre su tierra, sin embargo, se consideraba un miembro de la humanidad: Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más, yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista, abstracta, por el sólo hecho de que ama su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula, pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos. Desde luego no creo en la frontera política.

La familia se traslada a un lugar cercano a las tierras de Don Federico, un pueblito de una sola calle rodeado de verdes arboledas y junto a un amable recodo del Genil, de aguas humildes, que se puede cruzar sin mojarse el calzado saltando de piedra en piedra. El pueblo, sin embargo, reunía características de una extraordinaria y singular distinción. Sus pobladores en la mayor parte eran instruidos y sensibles. Campesinos que al llegar a su casa tras la tarea del día se sentaban a leer o a tocar el piano; gentes que compraban aquellos libros de a peseta. Mutiladas ediciones de Nietzsche, Tolstoy, Kropotkine circulaban entre los vecinos y eran leídas apasionadamente en las veladas. Con la lectura compartían sus preferencias: la música. No he visto en España un pueblo de tan curiosa y fina preparación autodidacta, escribe Mora Guarnido. En este pueblito de la vega granadina fue donde García Lorca pasó su niñez.

El poeta debe empezar el Bachillerato y en lugar de enviarlo a un internado, toda la familia se traslada a Granada. Mora Guarnido también describe la casa del poeta en esa ciudad: Una casa de pueblo bien acomodada, de gentes que saben vivir sin privaciones ni necios alardes de opulencia, donde se hacía una existencia sencilla y tranquila. Entramos sin encontrar a nadie en la casa grande y confortable, dejamos a un lado el patio con maletones de laureles y palmeras, subimos la ancha escalera con pasamanos de madera tallada y me introdujo en la sala, amplia habitación donde las conversaciones se escuchaban como abatidas por la sordina de cortinas, alfombra y muebles sin estilo, pero que armonizaban delicadamente en un conjunto grato, una sala que podía ser muy bien la decoración de Doña Rosita la soltera con cuadros antiguos, retratos familiares, gran lámpara de cristal envuelta en gasa rosada, cornucopia y consola junto a una de las paredes, un piano en el espacio entre los dos balcones que daban a la calle, a cada lado del piano un butacón y un anaquel con partituras y cuadernos de música.

Perteneció García Lorca a la Generación del 27 que tuvo gran auge en la literatura española. La componían un grupo de poetas y literatos que se unieron en el año 1927 después de hacerle un homenaje a Luis de Góngora en el Ateneo de Sevilla por el tercer centenario de su muerte. Todos ellos actuaron siempre como un grupo, no sólo de poetas, sino de amigos. Entre sus miembros estaban Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Rafael Alberti, Juan Larrea y otros.  Existe a su vez, otro gran poeta que continúa la línea creadora del grupo del 27. Se trata del alicantino Miguel Hernández que también fue encarcelado y murió preso. Fue a su vez, un grupo poco homogéneo. Entre ellos también había cineastas, pintores, filólogos, caricaturistas, escultores, compositores y arquitectos: Luis Buñuel, K- Hito, Salvador Dalí, Remedios Varo, Ángeles Santos, Benjamín Palencia, Jesús Bal y Gay, Gustavo Pittaluga y muchos más. Las diferentes posturas dentro del grupo tenían la intención de romper con la tradición y forjar nuevas tendencias creativas. Ellos representaban la nueva generación, la más rabiosa modernidad, eran provocadores e irreverentes.

A Federico le gustaba mucho la música y en su adolescencia estudió piano. No la abandonó jamás. Luis Cernuda comenta años más tarde una entrevista con el poeta: Se puso al piano que tan bien manejaba. No tenía lo que se dice una buena voz. No era guapo, acaso fuese lo contrario, pero ante el piano se transformaba, sus rasgos se ennoblecían. Había que quererle o que dejarle; no cabía ya término medio. Eso lo sabía él y siempre que deseaba atraer a alguien se ponía al piano o recitaba sus propios poemas.

En 1914 se matriculó en la Universidad de Granada en las carreras de Filosofía, Letras y Derecho. Dos años después realiza una serie de viajes por España con sus compañeros de estudio, conociendo en uno de ellos a Antonio Machado. En mil novecientos dieciocho costeado por su padre, publica su primer libro en prosa: Impresiones y Paisajes que dedica a su viejo profesor de música el catedrático Berrueta.

Al año siguiente se traslada a Madrid y se instala en La Residencia de Estudiantes, coincidiendo con numerosos intelectuales y literatos, se hace amigo de Salvador Dalí, Luis Buñuel, José Moreno Villa, Emilio Prados y Rafael Alberti quien más tarde escribe: Fue el pintor Gregorio Prieto quien me lo presentó en la Residencia de Estudiantes. Él llegaba a Madrid de los montes subidos de su Sierra nevada, de las torres, el agua y los jardines de una Andalucía oculta, secreta, misteriosa tierra adentro, profunda. Moreno oliváceo, ancha la frente, en la que le latía un mechón de pelo empavonado; brillante los ojos y una abierta sonrisa transformable de pronto en carcajada, aire de gitano, sino más bien de campesino, de ese hombre, fino y bronco a la vez, que dan las tierras andaluzas.

Poseía García Lorca unas condiciones de narrador extraordinarias. Allí, en La Residencia solía representar delante de sus compañeros a la muerte: se tendía en la cama, cerraba los ojos y comenzaba a contar las horas de su agonía y la semana siguiente su fallecimiento. Su gesto se volvía terrible cuando remedaba la progresiva descomposición de la carne. Al quinto día lo sepultaban y él describía el cierre del ataúd, antes de subirlo al coche fúnebre. Luego imitaba el paso del carruaje por las calles enguijarradas de Granada, camino del cementerio. De pronto, sus rasgos se dulcificaban y el poeta sonreía. Se producía entones una suerte de apoteosis. De un brinco se ponía en pie y liberaba a los amigos de la angustia con una carcajada brutal y el destello de sus dientes blancos. Rafael Alberti expresa: Había magia, duende, algo irresistible en todo Federico. ¿Cómo olvidarlo después de haberlo visto o escuchado una vez? Era en verdad, fascinante: cantando, solo o en el piano, recitando, haciendo bromas e incluso, tonterías.

Por su parte Dámaso Alonso explica: Sus imágenes ponen en el umbral de nuestra fantasía los paisajes, el hombre, el ambiente.

Para Moreno Villa el poeta es un inmenso caracoleo, un manojo de cintas de colores, pero también una honda guitarra y un chato de manzanilla. Y Salvador Dalí escribe en su autobiografía que cuando conoció a Lorca el fenómeno poético en su integridad y en crudo, se presentó por sí mismo ante mí, súbitamente, en carne y hueso, confuso, rojo de sangre, viscoso y sublime, tremulante con mil fuegos de oscuridad y de biología subterránea, como toda materia dotada con la originalidad de su propia forma.

Pero no todos opinaban de esa forma del poeta. César González Ruano en su libro Mí medio siglo se confiesa a medias expresa: A mí Federico García Lorca no me acabó de ser nunca simpático como le fue a casi todo el mundo. Era como un chico de pueblo ordinario que se hubiera puesto un lazo de seda en el pelo y sentado frente a un piano a hacer gracias. Federico era feo, agitanado y con cara ancha de palurdo. Vestía de forma cursi y presumía de ser gracioso, espiritual y mariquita del sur. Tres o cuatro veces intentamos, sin ningún entusiasmo una relativa amistad que quedó en nada. Nunca nos llamamos de tú y un día coincidiendo con amigos comunes se habló de ir a casa de no sé quién para oír algunas canciones al piano, yo dije que no podía acompañarles, él, tomándolo como una desconsideración dijo: Usted tendrá citada una de esas Mata Haris que meriendan bocadillos de jamón y yo respondí: ¡Hombre Federico! Es que Usted solo conoce marineros que meriendan nardos.

En 1920 se estrenó en teatro su obra El maleficio de la mariposa. La obra fue puesta en escena bajo la dirección de Gregorio Martínez Sierra. El vestuario fue diseñado por el pintor uruguayo Rafael Baradas y el espectáculo incluía bailes de La Argentinita, Encarnación López Júlvez, una bailarina, coreógrafa y bailaora de flamenco hispanoargentina. La obra fue un fracaso de público. Valle Inclán lo consolaba diciéndole: Todo Madrid acabará asistiendo a su teatro, a lo que Lorca replicaba: Lo que me temo es que vengan de uno en uno.

Al año siguiente publicó su primer libro de versos Libro de Poemas que obtiene una calurosa crítica. Ya empezaba el poeta a trabajar en las poesías que compondrán su Poema del cante jondo.

Y dos años después organiza su Teatro de Cristobitas, teatro de muñecos. El estreno se realizó en la misma casa del poeta, se presentaron varias obras La niña que riega la Albahaca y el Príncipe preguntón de Lorca, el entremés de Cervantes Los dos habladores y Amor de Don Perlimplín con Belisa en el jardín también de Lorca. Buscaba, junto con su amigo Manuel de Falla, que se encargaba de la música, llevar el teatro a la calle.

 En 1927 publica Canciones En mil novecientos veintiocho junto a un grupo de intelectuales granadinos edita y publica la revista Gallo, de la cual salieron solamente dos ejemplares y El Primer Romancero Gitano.

García Lorca escribe tanto poesía como teatro donde participa no sólo en su creación, sino también en la escenificación y montaje. En su teatro lo visual es tan importante como lo lingüístico, predominando siempre el dramatismo.

La poesía de García Lorca conmueve profundamente. Al leerla  se sienten fuertes emociones y sufrimientos que van más allá de lo personal. Sus letras tienen intensidad, ritmo y maravillosas imágenes, sin dejar de ser profundamente contemporáneas a su época.
Era un artista múltiple. Rafael Alberti refleja lo siguiente en sus escritos: Lo primero que sorprendía en García Lorca era su simpatía semejante a una puerta por la que entraba un mar que arrebataba todo: inmediatamente, su entusiasmo, su deliberante pasión por aquellas cosas principales de que estaba dotado: que eran, sobre todo, la poesía y la música.

Sigue el poeta escribiendo y editando, aparece su libro Canciones y se estrena la obra de teatro Mariana Pineda. Romance popular en tres actos en el Teatro Fontalba en la Gran Vía de Madrid con la Compañía de Margarita Xirgú y decorados de Salvador Dalí. La obra fue un éxito que lo consagró como Dramaturgo. Edita también el libro que lo llevó al tope de la popularidad: El romancero gitano.

Desde 1929 hasta fines del verano en 1930 se traslada a Nueva York y a Cuba. Viaja con quien fuera su maestro y ahora su amigo Don Fernando de los Ríos. Trabaja arduamente. Da conferencias en la Universidad de Columbia, realiza una nueva versión de La Zapatera prodigiosa, escribe dos obras teatrales y allí nace su libro Poeta en nueva York el cual se publicará en México después de su muerte con prólogo de José Bergamín y el famoso poema de Antonio Machado alusivo a la muerte de Lorca El crimen fue en Granada. Esta edición contiene cuatro dibujos del autor. Bergamín expresa: Con el recuerdo siempre vivo y punzante de sus abandonados paraísos de agua y cielo, su voz adquiere, de repente, sinuosidades de sollozo, cadencias de suspiros. Y se ahonda, con su mirar, en simas adecuadas a su angustia, a su terrible afán interrogante. Como si el poeta popular andaluz, perdido en la ciudad extraña, se volviese más niño y quisiese gritar, sin conseguirlo, en su inmensa pesadilla de muerte. Sus versos, sus pases se enredan, como en un sueño, en blandas densidades plomizas.

Regresa a España y vive años de gloria y plenitud. Aprovecha que su amigo Fernando de los Ríos es Ministro de Instrucción Pública y lo interesa en un proyecto teatral que lleva por nombre La Barraca, la idea es un teatro estudiantil ambulante. Aceptan su propuesta y recorre las aldeas más olvidadas de España, representando al aire libre, a los clásicos españoles. El poeta satisfecho comenta: Yo espero para el teatro la llegada de la luz de arriba, del paraíso. En cuanto los de arriba bajen al patio de butacas, todo estará arreglado. El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana.

Desde el año 1931 sigue con su profundo trabajo: estrena Bodas de Sangre. Ediciones Ulises publica El Poema del Cante Jondo. Aparecen Llanto y Yerma. Graba junto a La Argentinita cinco discos que contenían una canción en cada cara. Ella puso la voz, el zapateado y las castañuelas y él la música de piano, el éxito fue inmediato. En ese tiempo el poeta conoce al excelso peruano César Vallejo. Hoy en día Peter Boyle, un reconocido poeta, catedrático y traductor australiano los ha traducido a ambos y expresa: Hay una fuerte afinidad en cuanto a su visión de lo que la poesía es, o debería ser, la búsqueda de la inocencia dentro de la poesía, el tono íntimo del no mentir, decir una verdad al mismo tiempo personal y social y una preferencia por la simplicidad, la franqueza de la infancia, unen a los dos poetas. Conoce también a Pablo Neruda que se impacta al conocerlo y lo conmueve hasta la dicha. El chileno expresa: Era un relámpago físico, una energía en continua rapidez, una alegría, un resplandor, una ternura completamente sobrehumana. Su persona era mágica y morena, y traía la felicidad.

En 1933 visita Buenos Aires y tuvo un éxito clamoroso. Aparecía en todos los diarios. El mayor apogeo de un poeta de nuestra raza, declaró Neruda.

 Y exactamente dos meses antes de su muerte termina La casa de Bernarda Alba de la cual Torrente Ballester ha dicho: la casa de Bernarda Alba es el drama formalmente más perfecto de todo el teatro español contemporáneo. El poeta no llegó a ver la puesta en escena de la obra por Margarita Xirgú a quien Lorca había dejado el manuscrito. Se estrenó en la década del cincuenta en el Teatro Avenida de Buenos Aires. Rafael Alberti que asistió al estreno cuenta que al bajar el telón nos sentimos ahogados en el silencio final, que se prolongó durante unos minutos, como si todos esperáramos una aparición. Pero el poeta no podría aparecer nunca más en el palco escénico de los éxitos.

Federico García Lorca se llevó a la tumba muchos secretos. Su homosexualidad, que él quiso secreta, no se reduce a un momento de su vida que por pudor podemos dejar a un lado. Contemos sin críticas lo que se sabe: que sus enemigos se aprovecharon siempre de su condición sexual para denigrarlo y que sus amigos la ocultaron por mucho tiempo para protegerlo. Su biógrafo Ian Gibson ha contribuido más que nadie a que se sepa la verdad y lo ha vuelto más humano sin disminuir en nada su grandeza. El hispanista traza en su libro Lorca y el mundo gay. Caballo azul de mi locura un perfil de Lorca desde su juventud hasta el momento de su muerte y se muestra convencido que su homosexualidad es una de las claves para entender el mundo creado por el poeta. El libro, igualmente, ha servido para descubrir el gran amor imposible del joven Lorca por María Luisa nátera, una joven de quince años que conoció cuando él tenía dieciocho. Nos dice Gibson que en su juventud el poeta luchaba contra su condición, lo que lo llevó a buscar un gran amor y esa imposibilidad de establecer una relación lo hizo sufrir una terrible angustia que impregnó sus primeras poesías. Para el autor su libro no es oportunista, sino oportuno. El subtítulo del libro Caballo Azul de mi locura está sacado de uno de los poemas creados en nueva york y hace referencia a la relación frustrada con el escultor Emilio Alardrén, el cual se casó con una inglesa cuando Federico le confesó su amor. Cuentan que el escultor no tenía demasiado talento y se aprovechó de la amistad del poeta para promocionarse.

En la España que conoció García Lorca sólo se imaginaba el amor entre un hombre y una mujer. El poeta fue muy pudoroso en lo referente a su vida personal y sobre todo sexual, en la Residencia de Estudiantes todos sabían de su homosexualidad, pero todos callaban dada la represión de aquellos tiempos. José Moreno Villa en sus memorias dice: no todos los estudiantes le querían. Algunos olfateaban su defecto y se alejaban de él. No obstante, cuando abría el piano y se ponía  a cantar, todos perdían su fortaleza.

Gibson igualmente profundiza en la intensa relación que se produjo entre García Lorca y Dalí, aunque precisa que el profundo temor del pintor al ver que la relación iba en serio les llevó a distanciarse. El poeta y el pintor tuvieron una constante amistad epistolar. De las cartas de Federico a Salvador se conservan siete y de Dalí a Lorca cuarenta. En una de ellas expresa: Tú eres una borrasca cristiana y necesitas de mi paganismo. Yo iré a buscarte para hacerte una cura de mar. Cuando murió la esposa de Salvador, una enfermera declaró que Dalí con 34 kilos y negándose a comer sólo decía: Mi amigo Lorca.

Con Rafael Rodríguez Rapún, la última pareja de Lorca antes de su asesinato, tuvo una relación que dejó una profunda huella en el poeta quién le escribe desde Argentina: Me acuerdo muchísimo de ti. Dejar de ver a una persona con la que ha estado uno pasando, durante meses, todas las horas del día, es muy fuerte para olvidarlo. Máxime si hacia esa persona se siente uno atraído tan poderosamente como yo hacia ti.

María Teresa León, escritora y esposa de Rafael Alberti contaba que Rapún quedó completamente afligido, roto, cuando se conoció la noticia del asesinato de Lorca. Se alistó en el ejército y murió justo el día que se cumplía un año de la muerte de Federico.
Oscuro o magnífico, pobre o espléndido, nuestro ayer es la matriz del presente y del futuro y sin conocerlo y comprenderlo nunca podremos enterarnos del todo de lo que somos y representamos, ni de lo que deben ser y representar aquellos que nos antecedieron y los que nos sucederán en los lugares que vivimos.


La obra de Federico García Lorca perdurará porque su belleza es producto de una honda armonía espiritual, de una fuerza íntima que se desprende de sus letras con un olor de tentaciones que nace de un alquimista de la vida.

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