martes, 30 de julio de 2013

AQUÍ SE HACEN DIOSES CON PIES DE BARRO, Alberto Ruy Sánchez

AQUÍ SE HACEN DIOSES CON PIES DE BARRO

Varias semanas, meses antes y después de ella se realizan rituales que conducen espiritual, Durga Puja es la más grande festividad de Bengala, una de las más grandes de la India.
ALBERTO RUY SÁNCEZ. El autor es poeta, narrador y ensayista. Su libro más reciente es la novelaElogio del insomnio, publicada por Alfaguara (FOTO: NINA SUBIN )

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ALBERTO RUY SÁNCHEZ
| DOMINGO, 28 DE JULIO DE 2013 | 00:10
El escritor Rabindranath Tagore es una leyenda cuyas dimensiones con frecuencia alcanzan lo sagrado. La condición de brahamanes que desde el siglo XVI hacía que los hombres en su familia recibieran tratamiento de “santos señores” se multiplicó con el aprecio y la difusión mundial de su obra. Si no un dios sí una especie de sabio santón poeta. Su casa familiar en Calcuta, llamada Jorosanko, es un enorme edificio decimonónico de ladrillo rojo donde vivía todo un clan y que ahora se visita como museo. Estando ahí se percibe la vida cotidiana de corte que llevaban él y sus doce hermanos mayores y un ejército de servidores, desde mucho antes de establecer a cientos de kilómetros al norte esa sugerente utopía educativa a la sombra de los árboles que se llamó Shantiniketán. Mezcla de élite India y educación inglesa, hizo paradójicamente de su obra una reivindicación del pensamiento, la lengua, la música y la vida bengalí y eso fue fundamental en 1913 para que se convirtiera en el primer escritor no europeo en recibir el Premio Nóbel. Las fotografías de la niña preadolescente con la que fue casado como era tradición, su mirada asustada el día de la boda, y todas las huellas de la vida familiar, me dejaron una fuerte impresión de dios con pies de barro.
Al salir de esa mansión y caminar por las calles rectas hacia el cercano río Hooghly se adivina que la austera construcción palaciega alguna vez estuvo rodeada de un caserío muy modesto y de terrenos sembrados o baldíos. La retícula de pronto se transforma en una ruta laberíntica y entramos a otro barrio, mucho más antiguo, con ecos de vida rural en techos y patios. Se trata en realidad de un viejo pueblo de alfareros, Kumartuli. En cada puerta, en cada taller, y hasta en las calles, asoma una multitud de personajes impresionantes, muchos de tamaño natural o más grande, hechos de paja y luego recubiertos de barro, pintados vivamente.
Se repite obsesiva la figura de una diosa de tres ojos y diez o veinte brazos cabalgando un tigre y descuartizando a un demonio en forma de buey. Es, Durga la inaccesible, la terrible vencedora, la demoledora de obstáculos, la feroz enemiga de los demonios y esposa de Shiva. La de 108 nombres que llenan de bendiciones a quines diario los recitan y madre del universo. Dicen que cuando el mal la retó en combate ella soltó tal carcajada que tembló sobre toda la tierra y así, antes de que acabaran los ecos en el mundo de ese terremoto, pudo darse cuenta de la dimensión de sus poderes. Dicen que en las manos lleva los objetos mágicos que le regaló cada uno de los dioses y que por eso ella concentra los poderes de todos. Y aquí la vemos en cientos de versiones modeladas por este ejército de artesanos de Calcuta que son fundamentales en la celebración anual, durante cuatro días, de la Durga Puja, el carnaval de Durga donde se celebra su victoria.
Esas calles de Kumartuli, a la hora en que están abiertos todos los talleres y muchas de las figuras se secan al sol, son el más delirante de los cielos o los infiernos. Yo lo visité cada día durante una semana, con diferentes amigos y a veces solo y el pueblo nunca tuvo el mismo aspecto, ni los mismos habitantes de barro, como un caleidoscopio incesante de dioses frágiles de consistencia pero terribles en sus gestos, protagonistas de batallas absolutas  que se desbordaban del cielo hacia las calles. Abundan también las figuras de la roja diosa Kali producto de la ira del dios azul, Shiva, cuando miró dentro de sí mismo. Pero, como otra esposa de Shiva, Durga es encarnación de Parvati, diosa del amor. Y no faltan las escenas eróticas en esta gigantesca escenificación de activos dioses de barro. La visión de cientos de artesanos mezclándose pincel en mano con miles de dioses terribles, sus monturas sagradas y sus demonios insaciables es una de las más poderosas escenas que me ha sido dado contemplar.
Durga Puja es la más grande festividad de Bengala y una de las más grandes de la India. Varias semanas y hasta meses antes y después de ella se realizan rituales que conducen espiritual y materialmente a los cuatro días de celebración climática. El primer día, que es el elegido para pintar o colocar los ojos en las esculturas de barro, por medio de mantras cantados y bailados se hace una intensa invocación de los espíritus divinos. Se les suplica que desciendan a ocupar materialmente los cuerpos de cerámica que ya para entonces llenan altares familiares,  comercios, oficinas, templos y capillas. Los cantos y la música rituales, las escenas de trance y devoción no cesan hasta la culminación de la fiesta, el cuarto día: las procesiones que llevan en hombros las figuras meticulosamente creadas en Kumartuli y ya entonces plenamente poseídas son tiradas al río sagrado hasta que se disuelven en él llenando con su gracia y su protección al universo y especialmente a los devotos que participan en este desbordante ritual donde se sacrifica por agua a miles de dioses con pies de barro.
El autor es poeta, narrador y ensayista. Su libro más reciente es la novela “Elogio del insomnio”, publicada por Alfaguara (Foto: Nina Subin)

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