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viernes, 6 de febrero de 2015

CATACLISMOS, Ronald Bonilla (San José, Costa Rica)

I
Casi todo pretende derrumbarse,
ahora,
sobre nuestro lecho.
No hay un gato en el cielo,
solo el agua que vadeó
todos los escollos.
Nos abrazamos aún...
Y postergamos las ganas.
Dime si debo decir un poema
en una feria,
en un absurdo festival
donde las palabras son apenas apuradas.
Todo se habrá derruido mañana,
se entorpecieron las paredes.
El tejado no tuvo
la resistencia requerida.
Un ojo desde el espacio
acaso quiso señalarnos,
nos envió noviembre con su lluvia de estrellas
musicales,
nos envió un eclipse que no miramos,
nos derritió los iceberg y viró
los puntos cardinales;
fue abrupto y terco en el invierno.
Éramos parte del cataclismo:
las fallas que teníamos
no preservarían nuestra cintura
contra el miedo, la ínfima pobreza,
las ganas de llover...,
el ojo del huracán andaba entre nosotros.
Pudiésemos absortos escuchar a Mozart,
llorar a Miguel, recordar a Pablo,
morir junto a Vallejo y renegar
de la gramática,
pero en el fondo ya advertíamos
que nos iba hundiendo
como al Titanic
la roca de la desolación...,
el caracol de la pobreza,
la desesperanza,
la última línea de combate
arrasada por diestros enemigos.
Y como dijo Li Po
solo la pasividad es capaz
de restablecer el horizonte.
II
Después del terremoto,
de que pasaran fundamentalistas
de todo signo,
y del panegírico buscado,
de que un poeta al otro lado del mundo
nos haga llorar con los versos escritos hoy mismo.
Después del destete,
después del destecho,
después de tu despecho,
más allá del olvido,
más acá de la pasarela absurda,
después del domo resquebrajado,
después de que muriese mi primera bisabuela
con las mejillas redondas y el pelo blanco,
después de ser niños
y no alcanzarnos la infancia,
después de ser padres y luego percibir
la soledad,
después de prometer fidelidad
a sabiendas de no cumplir,
después de ser en fin uno mismo,
ordinario, burdo,
a veces genial;
llegar al aposento...
dejar en la silla un poco del aliento y la bufanda,
pensar que las hormigas se alborotaron
con tu zapato encima...
llegar al aposento, cerrar un libro,
una película mala, las pestañas.
Después del terremoto, apagar la t.v.,
decirte buenas noches...
Y ver que hay un boquete en nuestro cielo
y no tener en la despensa un vino,
siquiera un vino.
Siquiera una despensa.
De mi libro APUNTES PARA UN GRAFITI
PREMIO UNA PALABRA 2013
Editorial de la Universidad Nacional, 2014

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