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lunes, 8 de septiembre de 2014

LOS ALEGRES Y SONRIENTES, Manuel Martínez Morales

Los alegres y sonrientes
Manuel Martínez Morales

Mané se introduce al bar El Águila de Oro, cabizbajo y pensativo, pidiendo de inmediato un sotol doble a Malaquías, el cantinero. El Chon, Sidonio y el doktor Malacates, sus compañeros de andanzas, se sorprenden y lo interrogan:

–¿Por qué esa cara, Mané? ¿Te peleaste con tu vieja o ya se te acabó la quincena?

–No me jodan, a poco quieren que ande tan alegre como los senadores que con amplia y descarada sonrisa, saludando al respetable como reinas de carnaval, aprobaron la disposición que faculta a los consejos de administración de Pemex y la CFE a establecer políticas, bases, lineamientos y procedimientos para “el desmantelamiento, la enajenación, la afectación en garantía o el gravamen de sus instalaciones industriales, sus subsidiarias o en su caso sus filiales”. Ya ni la burla perdonan. Si no me lo crees, Chon, aquí está el diario con las fotos y la información.

(“Ya vienen otra vez los mercaderes./ Ya vienen a llevarse tu riqueza,/ Tus cándidos tesoros,/ Tu color solferino,/ Tu morado rabioso/ Y únicos en el mundo, los ojos de tus niños.”)

–No, pos ora sí que con eso acaban con la poquita riqueza que nos quedaba –apuntó Malacates.

–Oyes Mané, explícame cómo está eso, pues no creo que los mexicanos seamos tan pendejos como para que nos pasen esas bolas de humo –pidió Sidonio.

Como siempre, con aires de conocedor, Mané se apresta a impartir una disertación tequilera sobre el tema:

–Iren ustedes, borrachos nada anónimos: desde 1938 nuestro país disfrutó, gracias a un presidente nacionalista, de un considerable margen de soberanía en el campo de la energía. El petróleo estatizado suministró las bases para el desarrollo industrial, el crecimiento de los sistemas de transporte y una multiplicidad de insumos empleados por el campo. Buena parte de la electricidad que consumen los hogares y las ciudades del país proviene desde entonces de los hidrocarburos nacionalizados. 
De hecho, desde los años setenta, cuarenta por ciento del presupuesto público se financia con las exportaciones petroleras. En fin, gracias al petróleo, las empresas nacionales y extranjeras no pagan los impuestos que deberían pagar para sostener la infraestructura y el equipamiento que permiten la operación de la economía que tantas ganancias les permite acumular.

(“Ya no tendrás esquinas con vueltas de cilindro,/ Ni jardines de mantos,/ Ni ventanas de celo,/ Ni serenata tierna./ Ni habrá más lotería de cartoncitos.”)

–¿Y entonces?

–Lo que sucede, compañebrios, es que con el regreso del PRI a la presidencia se echa a andar una iniciativa que desnacionaliza este patrimonio del pueblo mexicano, al romper el monopolio que tenía el Estado sobre los hidrocarburos y la producción de energía eléctrica. Y esto no puede dejarse pasar sin una amplia reflexión colectiva, pública, ciudadana, particularmente en Veracruz, que ha sido desde hace un siglo el territorio donde buena parte de la historia del petróleo ha tenido lugar. Tres de nuestras más importantes zonas urbanas prosperaron gracias a la industria petrolera (Poza Rica, Coatzacoalcos y Minatitlán), y en la actualidad la infraestructura construida alrededor de los hidrocarburos ocupa una parte significativa de nuestra entidad. Miles de trabajadores y familias dependen de este sector estratégico. También el sector eléctrico ocupa a una parte importante de nuestra población trabajadora y de nuestro paisaje, con presas, plantas nucleares y termoeléctricas que se pretende multiplicar. Ceder a la iniciativa privada la gestión y las ganancias de una actividad que a lo largo de décadas ha mostrado ser una extraordinaria fuente de riqueza no puede ocurrir sin consecuencias negativas para la población. Pueden cuestionarse muchos de los impactos generados por el manejo estatal de la industria eléctrica y del petróleo, pero más peligros que beneficios puede ocasionar la gestión privada (sobre todo extranjera), usualmente inclinada a no asumir sus costos ambientales. Por algo el presidente Cárdenas nacionalizó este recurso.

(“Escucha cómo crecen las tinieblas del odio,/ Oye cómo caminan los desiertos del hambre,/ Cómo construye firmes paraísos la fiebre/ Y murmura cuchillos la prisión de la sangre./ Ven a ver cómo lloran las escuelas./ ¡Qué cielos de amargura filtran las vecindades!/ Las mujeres con alma de montaña/ Amasan en su rostro silencios vegetales.”)

–Los cambios fundamentales a los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución representan dos pérdidas esenciales: pérdida de lo estratégico y de las rentas económicas derivadas de la propiedad originaria (irrenunciable) de los hidrocarburos y del aprovechamiento de los recursos naturales para producir electricidad. Y los senadores ríen y festejan… Cómo no voy a estar triste y encabronado a la vez –concluye Mané.
Tratando de animar a la concurrencia, Sidonio recita otros versos del poema “Hombre de México”, de Aurora Reyes:

Ven a cumplir tu entero destino, sombra clara;
Te invocamos anónimo y auténtico,
Hermano sin ayer y sin mañana,
¡Ven a morirte, Hombre de México!
Te espera la impaciencia,
Los encuentros te buscan,
Arden las multitudes,
Se queman las palabras.
Surge ya, ¡capitán de la angustia!

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