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martes, 22 de abril de 2014

UNA AMANTE DE LOPE DE VEGA, María Luisa Arnaiz

UNA AMANTE DE LOPE DE VEGA



LA BLANCURA DE LAS MANOS

María Luisa Arnaiz

Lászlo Guyás

   Lope de Vega conoció a Micaela Luján, quizás el amor más pleno de su vida, en 1595; ella, la Lucinda poética, estaba casada, tenía dos hijas y se dedicaba al teatro al igual que su marido. No cayó rendida ante el comediógrafo cuya fama de picaflor era bien conocida, sino que lo dejó consumirse mientras la cortejaba, así: “Cuando digo a Lucinda que me mata, / y que me hiela y juntamente enciende, / libre responde que mi mal no entiende”. La comedianta tardó un año en aceptarlo, “y yo... después de larga historia, / con mi fuego de amor vencer tu hielo”, momento en que el poeta firmó anteponiendo una “M” en su homenaje y el marido partió a Perú. En febrero de 1604 Micaela solicitó ser curadora para administrar los ducados que el marido le había enviado a su muerte y dijo tener siete hijos (el más pequeño, Félix, de tres meses). Aún tuvo dos con quien los dejaba por doquier: Marcela, bautizada como “de padre desconocido”, y Lope, al que sí reconoció “el fénix de los ingenios”. A partir de entonces desapareció de su vida la bella actriz y, al morir su mujer en 1613, se llevó consigo a estos dos últimos hijos. El texto que propongo es “letra para cantar” y se halla en la comedia “El caballero de Illescas”; destaco la belleza de la construcción, del contenido y del referente: Micaela.

Lászlo Guyás

Blancas coge Lucinda
las azucenas
y en llegando a sus manos
parecen negras.

Cuando sale el alba,
Lucinda bella,
sale más hermosa,
la tierra alegra.

Con su sol enjuga
sus blancas perlas;
si una flor le quita,
dos mil engendra.

Porque son sus plantas
de primavera
y como cristales
sus manos bellas.

Y ansí, con ser bellas
las azucenas,
en llegando a sus manos
parecen negras.

Lope de Vega

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