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viernes, 18 de abril de 2014

SECRETOS DEL CORAZÓN, Ana Clavel


Columna *A la sombra de los deseos en flor*, revista Domingo de El Universal, 6 de abril de 2014:http://www.domingoeluniversal.mx/columnas/detalle/Secretos+del+coraz%C3%B3n-2339

Secretos del corazón

Ana Clavel

Imagen digital de Juan Carlos Guarneros
Imagen digital de Juan Carlos Guarneros
En el Libro de los muertos del antiguo Egipto se representaba al corazón como una vasija. Se le colocaba en una balanza y su contrapeso debía ser una pluma de avestruz. Si el corazón pesaba más, su poseedor era condenado a la destrucción total. Era el único órgano que se reintroducía en el cuerpo embalsamado para acompañar al muerto en la hora de su juicio final, después de envolverlo en lienzos de lino aromático. En la Edad Media se usó otro tipo de vasija para representar un corazón, el de Jesús: el cáliz o Santo Grial. En la situación más crítica de su vida, el héroe babilonio Gilgamesh ofrenda un corazón a los dioses. También los aztecas extraían corazones como parte de los ritos solares a Huitzilopochtli. A lo largo de la historia se ha erigido como un símbolo en el que reposa la esencia vital, emocional y espiritual. En su interior moran los secretos más profundos del hombre. Quizá por eso Pascal reconoció: “El corazón tiene razones que la razón desconoce”.
En sus latidos en español hay resonancias etimológicas del latín cor -cordisNo deja de ser significativo que el verbo “recordar” evoque ese origen: volver a pasar por el corazón. San Agustín hablaba delcor inquietum, que se esfuerza por encontrar algo más allá de sí mismo: es el corazón deseante por sobre todas las cosas. Para los sufíes sólo el corazón habla al corazón, y en sus danzas concéntricas los derviches buscan llegar al corazón del corazón: la unión con Dios.
foto propuesta por Rocío González
Pero tal vez el mayor responsable de que le adjudiquemos esa carga simbólica, por lo menos en la cultura occidental, sea Aristóteles para quien el corazón era el motor inmóvil que se encuentra en medio del movimiento exterior de las cosas. No sólo generaba la sangre, sino que los órganos mismos habían surgido de él: era la semilla de la que brotaba todo el cuerpo. El alma gobernaba al cuerpo desde el corazón. Para el filósofo griego el corazón era el centro de la vida por ser la casa del alma.
Desde los versos de la Ilíada es el único órgano con el que los héroes homéricos dialogan para entender sus propias pasiones o debilidades. Su protagonismo lo convierte en metáfora idónea para representar los deseos más íntimos, como cuando dice Baudelaire:
 Dime, ¿tu corazón alguna vez huye, Ágata,
lejos del negro océano de la inmunda ciudad,
hacia otro océano donde el resplandor estalle,
azul, claro, profundo, como la virginidad?
Dime, ¿tu corazón alguna vez huye, Ágata?
Arte digital de Christian Schloe
Arte digital de Christian Schloe
Desde Shakespeare sabemos que el corazón tiene también sus laberintos: Macbeth y el rey Lear no dudan en mancharse las manos y asesinar el sueño por seguir los latidos de sus corazones en tinieblas. Al ser depositario de las huellas indelebles de la vida, no en balde aconseja el personaje de Malcolm: “Dad palabras al dolor, la desgracia que no habla murmura en el fondo del corazón, que no puede más, hasta que se quiebra”. Pero hay corazones que se quiebran por fallas meramente fisiológicas. No deja de ser irónico que el cirujano que realizó con éxito un primer trasplante de corazón en 1967, Christiaan Barnard, haya muerto de un infarto.
Un solo corazón de Christian Schloe
Un solo corazón de Christian Schloe
Gracias al querido Alberto Buzali supe del rabino Najman de Breslav, que con gran sabiduría dijo: “Sólo un corazón roto es un corazón entero” para destacar la importancia de la experiencia amorosa aunque sea desdichada. Frente al conocimiento racional, “corazonadas” es la expresión para señalar las intuiciones del corazón. Caminos a la sombra de las pasiones que muchas veces son acertadas aunque no siempre nos lleven a la realización de deseos felices. Pero si uno es fiel a las veleidades de su propio músculo vital, nada como este:
Epitafio del corazón
 No se culpe a nadie de mis latidos.

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