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domingo, 6 de abril de 2014

DELHI: UN HERVIDERO DE ARTE CONTEMPORÁNEO (I de !!), Germaine Gómez Haro

Germaine Gómez Haro
germaine@pegaso.net
Delhi: un hervidero de arte contemporáneo (I DE II)

Durante un reciente viaje a Delhi tuve la oportunidad de hacer un recorrido a vista de pájaro del panorama del arte contemporáneo que vive una efervescencia en el subcontinente asiático. Sus artistas han conquistado el mapa del arte internacional y disputan a China la atención de las últimas tendencias. Nombres como Subodh Gupta, Tejal Shah, Atul Dodiya, Hema Upadhyay, Shilpa Gupta, Bharti Kher, Ravinder Reddy o el dúo Thukral y Tagra forman parte de las principales colecciones privadas y museos del mundo. Apenas hace un par de décadas casi se desconocía en Occidente la práctica del arte contemporáneo indio, y en un instante se ha dado un boom que sorprende a propios y extraños. Y no es raro: India es un país que atrapa y seduce porque ofrece una continua sorpresa. Su milenaria y apabullante cultura ancestral ha dado lugar a la aparición de un arte postmoderno que lleva en sus entrañas el inconmensurable bagaje de una tradición que ha resistido los embates del tiempo y de la globalización. El arte contemporáneo indio está arraigado en la tradición y la vanguardia, y es espejo de una sociedad pujante que se ha erigido como una de las principales potencias emergentes. Los artistas indios reflejan la radical transformación de la realidad social y económica que están viviendo, en un territorio en el que a toda luz se aprecian los contrastes más alucinantes. Así como se viven escenas que parecen extraídas de las Mil y una noches en sitios como Chandni Chowk (el mercado más antiguo del mundo), el auge de la revolución tecnológica y la creciente explosión económica nos transportan a los escenarios más sofisticados del siglo XXI. En torno a esta paradoja se despliega el discurso de muchos de los creadores indios que están causando revuelo con un arte que exhibe el rostro contradictorio de su sociedad, toda vez que cuestiona, critica y documenta su entorno en lenguajes que se distinguen por una frescura y una autenticidad poco comunes en el panorama actual.

Hasta hace pocos años era impensable ver arte contemporáneo de primer nivel en ciudades como Delhi, Mumbai o Chennai, que en la actualidad cuentan con galerías cutting edge con sucursales en Londres, Nueva York o Berlín, así como incipientes bienales de arte que van poco a poco ocupando un sitio en el concierto internacional. La tradicional India Art Gallery ha sido el bastión en la exhibición y promoción del arte del siglo XX que tuve la oportunidad de ver en la Galería Nacional de Arte Moderno en la exposición titulada …in the seeds of time (…en las semillas del tiempo) que reunía pintura, escultura y fotografía del siglo XVIII a nuestros días. Fue interesante constatar, a lo largo de esta extensa muestra, cómo los creadores contemporáneos han dado un sorprendente salto de un arte en el que hasta finales del siglo pasado todavía predominaba la pintura y la escultura de corte conservador y muy influenciado por el modernismo occidental (especialmente el europeo), a una inagotable fuente de propuestas novedosas que incluyen todos los temas y soportes. El arte indio actual refleja la radical transformación de la realidad social y económica que están viviendo sus protagonistas.

Me propuse visitar las principales galerías de la ciudad que se han dado a conocer en las ferias internacionales y a través de su participación en las importantes exposiciones de arte indio en Occidente. La oferta de alta calidad no es muy vasta, pero hay ejemplos como Nature Morte, Vidhara Gallery, Talwar, Gallery Espace y Art Alive que cuentan con las propuestas más sólidas y reconocidas. Fue toda una aventura visitar Lado Sarai, un pequeño barrio al sur de la ciudad que hasta hace unos años era una zona marginada y se ha convertido en el centro neurálgico de las galerías que apuestan por los artistas más jóvenes y desconocidos. La sorpresa comenzó cuando, para acercarse al barrio que yo imaginaba una especie de “Chelsea neoyorquino”, hubo que atravesar a pie calles de terracería en las que los autos no podían circular por la eclosión de puestos de comida, talleres de reparación de toda clase de enseres y altares humeantes con ofrendas multicolores. Agazapados entre un mar de anuncios publicitarios que provocan un caos visual indescriptible, con dificultad se puede localizar una veintena de locales discretos y sencillos que ofrecen una amplia y variopinta selección de propuestas contemporáneas. Ahí se encuentra el hervidero del arte indio actual.
(Continuará)

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