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lunes, 30 de junio de 2014

CHICO BUARQUE ENTRE EL ARCO Y LA LIRA, Jorge Luis Casar

Chico
Buarque
entre El arco y la lira
Jorge Luis Casar
Foto: Sergio Fonseca, fuente: Flickr (CC BY-NC-ND
La inspiración es lanzarse a ser, sí, pero también y
sobre todo es recordar y volver a ser. Volver al Ser

Octavio Paz, “La inspiración”
Chico Buarque de Hollanda salta al campo. De cara al sol retoza con su botín de fuego. Dispara la primera línea. ¿Qué cielo va a disputarle la noche en esta playa escondida? Entre el arco y la lira galopan diez caballos salvajes, llegan hasta el Ser. La luna –y una joven trigueña– brillan en la palma de su mano. Como las cuerdas de la escala viva, así es la selva del amor y el ajedrez.
Estava à toa na vida // o meu amor me chamou // pra ver a banda pasar // cantando coisas de amor…
La palabra poética es ritmo […] es imagen que abraza
los contrarios, vida y muerte en un solo decir

Octavio Paz, “La revelación poética”
En los vestidores los dioses se desnudan. Instruyen a los guerreros y al guardián del culto. Hace tiempo, en los altares de un circo romano, los mismos héroes; gemelos, también divinos, dieron la vida. Desde entonces la eterna trenza dorada espera el día de la resurrección. ¿Escuchas cómo todavía trinan nuestros muertos? El chico de la favela, el de los pies alados, bebe en la copa de la pasión. Chico Buarque echa a rodar la historia de Brasil. La samba que inventó el scratch du oro sólo amarga al dictador.
Amanha vai ser outro día.
Y esta virtud de ser ya para siempre presente
Octavio Paz, “La consagración del instante”
Acróbatas y esclavos le cantaron a la rebeldía. En las galeras del circo murmuraban que el dios del juego, el constructor, estaba de regreso. Más allá de los espasmos mortales y las fuentes sagradas, pusieron manteles largos para la carne ofrecida. El rey feo –el cancerbero– y sus muchachos fueron a ensalmarse con las devotas de Dionisos. Chico Buarque toca la lira y canta; ya nadie tiene por qué vivir con vergüenza o soledad. En la puesta de sol sigue invicto el juglar y la música y el vértigo.
O que será que me dá// que me queima por dentro, será que me dá// que me perturba o sono, será que me dá…
La armonía universal se cumple en la libertad del hombre
Octavio Paz, El mundo heroico
Dios dibuja un ajedrez imaginario sobre la grama fina. Se imanta, como el Ser, el balón de fuego. Una miríada de espíritus se extiende por el campo. El azar engaña al dios de los adversarios ancestrales. Ha llegado el tiempo de tomar el área prohibida y construir. La zaga demoníaca se enfrenta con el pequeño dios de ojos azules. El torcedor del Fluminense bebe un trago de aguardiente, canta y se duerme entre el arco y la lira.
Subiu a construção como se fosse máquina// ergueu no patamar quatro paredes sólidas// tijolo com tijolo num desenho mágico...
Todo poema es apetito por negar la sucesión
y fundar un reino perdurable

Octavio Paz, “Los signos en rotación”
Ni cojo, ni hinchado, ni vulnerado, traza el pie del jugador un túnel. Ruedan por el campo las líneas que estructuran a la bóveda celeste. Abajo, como los Borgia o los Tudor, la oligarquía deja correr el vino y la sangre. Entonces los poetas inventaron canciones secretas. Pero al término del carnaval siguió corriendo el tiempo de jugar o de morir. Ahora que todo es posible, no dejes que tu corazón se detenga en el umbral. El niño dios con su uniforme azul vuelve al inmortal campo de batalla.
Eu perjunto a Voce // Onde vai se esconder da enorme euforia.

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