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viernes, 20 de junio de 2014

ENTREVISTA CAPOTIANA A LUIS ARMENTA MALPICA, T. M.

VIERNES, 20 DE JUNIO DE 2014

Entrevista capotiana a Luis Armenta Malpica


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Luis Armenta Malpica.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Un lugar puede ser tan grande como un continente o tan pequeño como un armario. Sin embargo, dado que no salir de él implica dimensiones más bien pequeñas (en comparación con el universo o la Tierra) optaría por mi casa.
¿Prefiere los animales a la gente?
No, con todo y sus complicaciones e intolerancias, prefiero a la gente.
¿Es usted cruel?
Todos lo somos en algún grado y momento, pero en lo general procuro no serlo más allá de algunas bromas o críticas que realizo más por juego perverso que por crueldad real.
¿Tiene muchos amigos?
Los suficientes para acompañarnos en las buenas y malas experiencias de la vida.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Complicidad en las emociones y generosidad en las sensaciones, inteligencia y excelente sentido del humor (de cualquier tipo), talento artístico o sensibilidad al mismo, franqueza y honestidad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
En algunas ocasiones, dado que soy muy exigente con ellos y sobreestimo sus alcances o prerrogativas. No me gusta la falta de lealtad o consideración de algunos, pero si son mis verdaderos amigos (muy cercanos o no) y la falta no la considero grave, no pasa a mayores.
¿Es usted una persona sincera? 
Algunas personas dicen que exagero en la franqueza; para mí solamente se debe ser sincero y soy bastante mesurado con las llamadas “mentiras piadosas”. En todo caso, prefiero no opinar a decir alguna mentira.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Acostumbro leer, escuchar música y salir con amigos. Menos que antes, ir al cine, al teatro, a ver un espectáculo de danza o presentación de libros. La relación con mi pareja es tan compacta que nos bastamos y nos sobra que hacer, aunque sea mirar juntos la televisión, tomar un café, charlar o cenar maravillosamente.
¿Qué le da más miedo?
La enfermedad, sea que se presente en mis padres, mis amigos o alguno de mis hermanos y seres queridos. Me angustia no saber resolver las cuestiones más básicas de una espera en el hospital, ya que soy muy desesperado (poco paciente con la burocracia, por ejemplo).
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La corrupción y la falta de respeto hacia los demás, sean peatones, vecinos o gente desconocida. El abuso de autoridad, la sumisión, la apatía hacia los derechos civiles y humanos también me resultan escandalosos. Soy idealista y todavía creo que podemos ser mejores seres humanos y, por tanto, una mejor sociedad: diversa y democrática en serio, no sobre un papel o con votos amañados que así lo indiquen.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
En realidad no me concibo lejos de alguna manifestación artística: estudié algo de música (canto), ballet clásico y teatro. Caí de manera fortuita en la literatura y me siento realizado en ella. Con la poesía y la edición de libros soy muy feliz y estoy pleno, pero creo que igualmente podría haber sido un buen cantante o coreógrafo. No lo digo con presunción sino porque, como en la literatura, soy empeñoso y tenaz, disciplinado y con enorme curiosidad hacia el oficio: herramientas que aprecio y valoro tanto como el talento natural o las facilidades genéticas.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Acudo al gimnasio varias veces por semana y, cuando se puede, hago buceo en aguas abiertas.
¿Sabe cocinar?
Lo mínimo. El que mi pareja sea experto en la cocina ha facilitado mi desentendimiento de las artes culinarias. Y mejor, porque adoro la buena mesa y, sin ser gourmet, son de las ocasiones en que creo en la felicidad casi completa.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Crecí leyendo esta revista, así que lo pensé varias veces: mi bisabuela (tía abuela) ha sido un personaje entrañable y quien motivó indirectamente mi afición a la lectura y a las historias. Ella sería, sin duda alguna, el personaje inspirador de un artículo, como lo ha sido para algunos poemas.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Mañana: implica la posibilidad de ver el nuevo día, de estar allí, de contar lo que ocurra. Una palabra, en lo personal, es: tú. Me ofrece lo mismo que el mañana, pero de forma inmediata y cercana, íntima, digamos.
¿Y la más peligrosa?
En estos momentos la palabra más peligrosa es “patria”, ya que se le veja y maltrata todo el tiempo, no me deja tutearla (se impone el usted, los otros) y tampoco sé qué le depara el mañana.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Por supuesto. Nunca ha pasado del pensamiento efímero o de algún poema.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Tiendo más a la izquierda, aunque me tiene tan decepcionado como el partido en el poder. Con quienes no concilio es con el partido de derecha (extrema, radical) por sus dogmatismos religiosos y su arbitrariedad ante todo lo que no sea reconocido (bien visto) por esa ala conservadora y retrógrada.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Una piedra: me parece un ser perfecto, ya que está en el mundo y no necesita moverse siquiera para eso. Está en éxtasis, digamos, en la absoluta contemplación.
¿Cuáles son sus vicios principales?
La buena mesa (lo advertí antes) y los placeres de la carne (un buen traje, ropa de cama, etc.) entre los vicios cotidianos. Los viajes y lo que deparan en lo insólito y lo esperado.
¿Y sus virtudes?
La generosidad y la disciplina, me parece. La pulcritud podría ser tanto vicio (obsesión) como virtud. Mi sentido del humor y saber apreciarlo en los demás.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Aunque es una muerte espantosa (por asfixia), como practico buceo no deja de parecerme una manera más de aproximarme al enorme azul, a la profundidad del mundo, a esa luz más allá de nosotros. Entonces, más que pensar en algo, creo que estaría fascinado por integrarme a todo lo que he visto cerca, pero no tan cerca; dentro de mí, pero no tan mío.

T. M.

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