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lunes, 30 de junio de 2014

MEMORIAS DEL LÍBANO, Hugo Gutiérrez Vega

Hugo Gutiérrez Vega
Memorias del Líbano
Les comentaba, hace algunos bazares, que el general en jefe del movimiento estridentista, Manuel Maples Arce, había cubierto una etapa importante de las relaciones entre México y Líbano. Durante su estancia en Beirut hizo muy buenos amigos entre los escritores y los académicos, y dio varias conferencias sobre literatura mexicana en la Universidad Americana. Tal vez su mejor amigo fue el escritor Georges Schehadé, el autor de Historia de Vasco, obra teatral que pasó a formar parte del llamado teatro del absurdo debido a su estructura novedosa y a su desconfianza manifiesta en la palabrería sin ton ni son de los dueños del sistema, tanto políticos como empresarios, banqueros, jerarcas religiosos, militares y todos los que integran el “aparato de coherencia interna” del modelo capitalista. Rodolfo Usigli, nuestro dramaturgo mayor, siguió a Maples en el puesto de embajador y pasó más de siete años en Beirut. También fue amigo de Schehadé y organizó una especie de tertulia de gentes de teatro de la zona beirutí. Usigli tradujo algunos poemas de Jalil Gibran Jalil y escribió un breve ensayo sobre la originalidad poética y moral del juglar libanés. Este trabajo consolidó la posición del embajador Usigli y lo hizo muy popular en todos los medios literarios y académicos.

A mí me tocó contactar a dos escritores de excepcional valía: Amin Maalouf y Joumana Haddad. La magnífica novela Samarcanda fue mi puerta de entrada al mundo novelístico de Amin. Lo conocí en París y muy pronto Líbano nos unió. Se consideraba un exiliado, pero su nostalgia de la tierra de la infancia era muy acuciante. Pasamos largas tardes en las que me entregó una teoría personal de su patria y de sus compatriotas. Dicha teoría era afectuosa y crítica a la vez, pero le daba su color amable y benévolo la memoria de la infancia y del descubrimiento del mundo y sus contrastes que los infantes logran gracias a su inteligencia y a su sensibilidad recién abiertas.

Joumana Haddad nació en 1970 y lleva su juventud con madurez y prestancia. Su obra abarca todos los géneros literarios: poesía, periodismo, ensayo, cuento, novela y un rico y reflexivo epistolario. Editorial Vaso Roto de Madrid-Monterrey ha publicado varios libros de esta excelente poeta libanesa y, recientemente, Jeannette Clariond tradujo y publicó en su ya imprescindible sello editorial un libro que abarca varios géneros literarios y que se titula: Superman es Árabe. En este libro-mosaico, Joumana nos dice que la principal desgracia de los machos es ser machos y recuerda la excelente frase de Woody Allen: “¿En verdad el sexo es sucio? Lo es siempre que es bueno.” Joumana incluye en el libro epigramas, poemas, pequeños textos narrativos y ensayos sobre los temas feministas que ha venido tratando en los periódicos y revistas que dirige. Su feminismo es sensato y equilibrado, pero no admite concesiones. Golpea con mano inteligente al machismo árabe y lo compara con el héroe de la cultura popular, Superman. Se burla de los machos y los pone en ridículo, pero insiste en el peligro latente que el machismo significa para la mujer y para la cultura islámica.

Mis viajes al Líbano, además de ponerme en contacto con intelectuales lúcidos y valientes, me permitieron conocer a personas admirables que habían pasado la larga guerra en su país y que se habían ido adaptando a ese ritmo trágico que tienen las guerras inciviles y creadas por fuerzas venidas del exterior y dedicadas a todo tipo de actividades de política radical o de simple y llana delincuencia. Líbano ha sido una víctima que ha sufrido largamente y todavía no ve la puerta de salida. Hace poco visité el Centro Libanés de México y dije unas palabras en homenaje al doctor Nabil Moyabed, Premio Biblos 2014. Al final les di el mensaje que enviaba Joumana Haddad: “Diles a mis paisanos de México que los libaneses seguimos tercamente vivos.”

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