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lunes, 23 de junio de 2014

DEBIMOS RESPIRASR MÁS LENTAMENTE, Ronald Bonilla


Debimos respirar más lentamente, acompasar el corazón
y sus vestigios,
no tener la fogosidad del estallido,
atemperar el pulso
y ser el latido invernando
detrás de las paredes que musgosas
se tendían cobijando nuestros sueños.

Debimos respirar tan quedo,
no agitarnos como besos insolentes
llamando a Eros
con los poros opuestos
estallando.

Debimos dejar
a esta sangre de leones
apaciguar sus dentelladas ígneas
en su noche lúbrica, inicial
de transparencias y presagios.

Ni siquiera debimos respirar
para no amarrarnos a espacios tan remotos,
a las palabras agitadas del recuerdo,
a esta memoria que nos succiona desde el viento,
y nos obliga a ser los peregrinos
de un abrazo indeleble
de poemas.

Pero digamos por qué no
si ya lo hicimos.
Lanzamos nuestras lenguas al abismo.
Y ahora debemos encontrarnos otra vez,
en los bosques ateridos
o en las costas tropicales
o en tus cúspides de plata.
Salgamos a la noche de los lobos
con su jadeante cicatriz,
anudando las manos y las piernas
al territorio ineludible del abrazo.

Sí,
ya no te queda, Lisístrata perdida,
más que aliviarte de este miedo
con mis llamas abruptas,
con mi luna incompleta,
mis cábalas hambrientas,
el aliento y el vaho
de la orfandad que se erige
desde adentro.
lo hicimos y debemos otra vez
respirarnos ciegos, olernos,
alcanzarnos,
pasajeros de esta ardua caravana
de viejas soledades y deseos.


de mi libro DESPUÉS DE SOÑARTE
Editorial de la Uned, 2008

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