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jueves, 19 de junio de 2014

UN CAFÉ CON HÉCTOR D'ÁLESSANDRO EN BUENOS AIRES, Pablo Di Marco


Por: Pablo Di Marco especial para Libros y Letras.
El mundo de los escritores suele ser interno. A fin de cuentas un escritor brinda lo mejor de sí mismo en la más absoluta soledad, sin más compañía que un lápiz y un papel. Sin embargo, hay excepciones como el uruguayo Héctor D’Alessandro, cuyo talento para la escritura no va a contramano con una desenvoltura e histrionismo que le permiten ser capaz de escribir una novela “en vivo y en directo” para las cámaras de televisión. De esto, de su maravilloso libro El cucaracho y otros cuentos, y otros temas, hablamos en esta entrevista.  
   —Gracias por recibirme, Héctor. Te pido un favor: contale a nuestros lectores la particularísima experiencia que llevaste a cabo el mes pasado en una librería de Xalapa, México.
   H: Entre el día 21 de marzo y el 19 de abril escribí en público y ante cámaras que transmitían el evento online, una novela que acabó titulándose Los ojos de mi madre. A lo largo del horario en que escribía (entre las diez de la mañana y las seis de la tarde) interactuaba con el público en vivo. Fue una performance que titulé, por varios motivos, “literatura líquida” y cuyos contenidos se pueden encontrar en un blog del mismo título.
   —Tenés pensado repetir la experiencia en otros países, ¿no es así?
   H: Debido al entusiasmo inicial surgieron propuestas y yo mismo me dirigí a diferentes personas con el ánimo de repetirlo. Lo que luego se atravesó en el camino fue el surgimiento de diferentes proyectos en la propia ciudad de Xalapa, que acogió mi actividad y me amparó desde las instancias del gobierno municipal. Algo que agradezco enormemente y que significó un motivo de mucho ánimo.
   —El éxito de El cucaracho y otros cuentos (libro elogiado por autores de la talla de Marco Tulio Aguilera), ¿es un aliciente o un obstáculo a la hora de emprender un nuevo proyecto literario?
   H: Al comienzo fue un llamado a la responsabilidad, ante mí mismo y ante los lectores, sientes que no puedes bajar de ese nivel en que te has situado y te han situado. Eso se manifestó en un llamado que me hice a mí mismo a cuidar mucho más lo que escribo y lo que publico. Creo que es un resultado muy positivo.
   —Me encanta intercambiar libros con mis entrevistados. Acá te regalo el mío: Historias de familia, novela repleta de hermosos recuerdos del escritor colombiano de Luis Ángel Sánchez. ¿Qué tenés para regalarme, Héctor?
   H: Te regalo cualquier antología de Felisberto Hernández que incluya “El cocodrilo” y “La casa inundada”. Y un abrazo.
   Gracias, Héctor. Vamos con las dos últimas y clásicas preguntas de Un café en Buenos Aires: alguna vez Mario Vargas Llosa dijo que el día más triste de su vida fue cuando Jean Valjean murió en Los miserables. ¿Cuál fue el día más feliz de tu vida?
   H: Tengo muchísimos días felices. Uno fue el 4 de agosto de 1984, día en que mi mamá me dio dinero para comprar todos los ejemplares que pudiera de un periódico titulado Opinar que publicaba un cuento mío ganador del primer concurso literario en que participé. Veinte días luego ella murió, pero antes de irse me pude ver triunfar en mi profesión de escritor.
   —Precioso recuerdo, Héctor. Gracias por compartirlo. Ahora vamos con la última: te regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Contame quién sería, a qué bar lo llevarías, y qué pregunta le harías.
   H: A Stendhal. Lo llevaría a tomar café a un club que hay en Sitges donde se reúnen los tradicionales del pueblo, y le preguntaría todo sobre La Cartuja de Parma y sobre su juventud en la guerra y sobre la cantidad de seudónimos que utilizó, cómo se le ocurrieron, para qué los usó, porque creía que tenía que usarlos. Y le daría las gracias por haber escrito esa novela.

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