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miércoles, 4 de junio de 2014

EL DOCTOR OTHO RINO CERONTE, Mario Iván Suárez Caamal

EL DOCTOR OTHO RINO CERONTE
El joven Otho Rino Ceronte
quiere ser otorrinolaringólogo,
nunca paleontólogo
y menos litigante.
¡Que joven tan elegante
cuando el cuero de su ropa
lo limpia con una estopa
y le da brillo al instante!
Otho se ha puesto a estudiar
los fluidos y gargantas
de todo el reino animal.
Se sueña rico cuando su paciente
sea la señora jirafa.
Se compró una escalera
por la que baja y sube,
por la que sube y baja
para que la doña saque la lengua
y diga AAAAaaaaa…
En la facultad de la selva
para aclarar el gaznate
le enseñaron trabalenguas:
Otorrino es el camino
que camino sin andar.
De una roca y un comino,
te conmino:
¿con cuál he de tropezar?
Adivinar da trabajo,
Abulón abulululeque.
¿Dónde es arriba y abajo,
caracol tembeleque?
El catarro del cotorro
debe bailar un jarabe,
y si no, que se jorobe;
pues si no baila, lo corro.
Cuchara y cucaracha,
cachucha y cucharón.
Chácara, cháchara, chícharo
el hacha agacha la cacha,
el hacha, ¡qué cosa gacha!,
achicharra el chicharrón.
Don Otho Rino Ceronte
en la pared exhibía
con orgullo su diploma
cuando llegó una paloma
que afónica lo veía.
“Una cuchara de miel,
cuatro gotas de ricino
y váyase por donde vino
a cantar a toda ley.”
“Al elefante trompón
que tiene feo catarro,
tres golpecitos de marro
y una jarra de limón.”
“Para usted, doña jirafa,
mi paciente favorita,
una infusión de eucalipto
le preparé en la marmita.”
“Al güero de la melena
que tirita en la sabana,
emplasto de lodo y hierbas.
Le garantizo que sana.”
“A la iguana, una tableta
con rezos de campamocha.
Si no se cura y trasnocha,
que repita la receta.”
A don Otho Rino Ceronte,
doctor graduado con honores,
lo llevan a dar cátedra
en circos y zoológicos.
A tantos, tantos enfermos
y tantos hipocondriacos:
monos, cebras, hipopótamos
y otro animales escuálidos
Don Otho les receta
una pizpireta
como salvación.
Don Otho,
es tan remoto
sanar en la prisión.
Mejor ponga en su receta
libertad completa
para toda población:
Esa es la mágica tableta.
Don Otho se entristece.
No parece
que haya salvación.
No les doy ningún placebo,
su tristeza me la llevo.
Parece que en este viaje
le quitaron su blindaje
a mi alegre corazón.
MORALEJA:
Fracasa el que se deja.
Y

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